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Changeling, cuando las hadas roban niños
En Gales la palabra inglesa ‘Silly‘ hace referencia a varias hadas. ‘Silly‘, que en el ingles moderno traduce ‘tonto’ tiene su origen la palabra Seely (feliz, con suerte, o bendito) del ingles medio (ingles hablado durante los siglos XII a XV cuando los normandos influyen sobre los pueblos anglo sajones —que hablaban el hoy conocido ingles antiguo— y se separan el ingles y escocés). En ese periodo el término ‘Seely‘ se registra en numerosas obras de la literatura de este inglés medio, y muchas baladas y cuentos hablan de los ‘Seilie wichts‘ un término que en las tierras bajas escocesas se usa para referirse a las hadas.
La más conocida estas hadas es una llamada Sili go Dwt, y en ella se repite, en términos, galeses la leyenda alemana de Rumpelstinski (narrada por los hermanos Grimm). En la versión galesa una pobre mujer recién viuda, y con un bebe, ha sufrido el robo de unos ladrones del dinero de la posada que administraba, así como del ganado que poseía. Desesperada la viuda llora su desgracia cuando golpean a su puerta; en la misma una anciana vestida de verde le pregunta por su llanto y la mujer explica sus penas. La Dama Verde le dice que deje de llorar, mostrando en su mano un saco con monedas de oro como pago por posada; más a cambio por el oro pide a la viuda que el entregue a su hijo. La mujer le ofrece cualquier otra cosa, incluso a ella misma, pero la Dama Verde no se inmuta; finalmente la dama le indica que volverá en tres días, si para esa fecha ella descubre como ella se llama, la viuda podrá quedarse con el oro y el niño. La mujer corre con unos parientes a contar su desgracia, pero nadie puede ayudarla; ya de regreso y desconsolada, en medio del bosque escucha un canto y se acerca a mirar; en un circulo de hadas, una pequeña hada canta y baila frenéticamente, cuando más se acerca la mujer escucha: «como la viuda se reiría, si ella supiera que Sili go Dwt es mi nombre»; la mujer escucha esto y retrocede en silencio. Llega el tercer día y la Dama de Verde se presenta y la viuda empieza a nombrar todos los nombres en inglés que recordaba, y los viejos nombres galeses como: Garmy, Gorasgwrn, Rhelemon, Enrydreg, Creiddylad, Ellylw. Gwaedan, Rathtyeu, Corth, Tybiau, Cywyllog, Peithian. Pero el dama movió en negación la cabeza a cada uno. Entonces dijo la viuda: «Tengo un nombre más. ¿Es su nombre el nombre Sili go Dwt por casualidad?» El hada se acercó a la chimenea en una llama de fuego, tal era su rabia y decepción. Dejó en el oro detrás a la viuda compensado el alquiler y el ganado robado, y había más que suficiente para vivir bien por mucho tiempo. El niño creció sano y fuerte y cuando fue adulto entro a la guardia y a los bandidos que a su madre habían robado finalmente capturó y los colgó el verdugo.
En otros cuentos galeses se menciona un hada llamada Silly Ffrit; en estas historias una mujer da vueltas alrededor de un lago, o gruta llamando al hada de dicho nombre y pidiéndole ayuda para poder tejer en su rueca de hilar (en las culturas de ese entonces se pensaba que las hadas vendrían en ayuda del hilador, —recordemos los cuentos irlandeses de duendes que ayudan a los zapateros—; pero también se tenía respecto por esas señoras hadas, que como las antiguas Moiras tejían en sus ruecas el destino de hombres y dioses). La rueca es un símbolo primitivo de la renovación y el cambio, las antiguas diosas de la primavera en el mundo celta tenían ruecas y tejían los pastos verdes que cubren las montañas al terminar el invierno. La rueca también aparece en la historia de Rumpelstinski, el duende malvado alemán salva a la joven chica al hilar en su rueca la paja de un granero y trasformarla en oro, a cambio pide el recién nacido que tendrá la joven campesina con el príncipe que desposa luego; y para salvar a su futuro hijo de ser arrebatado la chica debe descubrir el nombre del duende; los paralelismo entre estas historias denotan una raíz común, aunque es difícil para los historiadores establecer cuál fue el cuento original.
La rueca aparece en muchos otros cuentos de hadas, uno de los más conocidos es el cuento de la Bella Durmiente; condenada a dormir cien años al cortarse con el huso de una rueca, por designio de una hada ofendida, como castigo a los padres de la chica por no haberla invitado al bautizo. En algunas versiones los padres invitaron a doce hadas, dejando a la decimotercera fuera ya que el número era de mala suerte (un problema que se remonta a la idea del Jesús rodeado por doce discípulos hace trece personas en una mesa y ya sabemos lo que paso al que invitaba la cena).
Los cuentos de robo de niños por partes de las hadas son muy comunes; eran una forma de explicar la muerte infantil en esas épocas oscuras. Se conocía como ‘changeling‘ (cambiados) al acto de intercambiar niños mortales con niños de las hadas (y estos últimos morían a las pocas horas o ya estaban muertos al cambiarlos). Por lo general, los niños eran robados por curiosidad o porque las hadas les han cogido un ojo al niño (agarrarle mala sangre a niño). A veces los roban como una broma o como un acto de venganza. Se dice que las hadas hacen este cambio, si los padres del niño humano han provocado en el mundo de las hadas un delito grave, o si las hadas han sido atacadas de alguna manera por los padres. Rara vez son los niños llevados por el hada por causas románticas (está enamorado del niño o niña); sin embargo, es una posibilidad. Los niños a veces se roban y se venden a otras hadas en una especie de servicio de esclavitud.
Por lo general el niño que dejan las hadas es una muñeca hecha de ramas y hierbas que se parecerse a un niño humano. Estos seres tienen una vida útil muy corta, sin embargo, en algunas historias, estas muñecas crecer en la sociedad humana hasta adultos y se convierten en los grandes artistas de su tiempo. Las hadas también a veces llevan a la personas mayores a su reino. Por lo general, lo hacen si una cualidad específica acerca de la persona las atrae. Una vez en el reino de las hadas, duendes, trolls, elfos, etc.; los humanos se vuelven generalmente siervos o animales domésticos.
En ciertas mitologías, el tiempo pasa de manera diferente en el mundo de las hadas; y son ellas quienes determinan la rapidez con que crecen estos niños. Como niños por lo general sólo jugar, mientras las hadas los observan. Cuando se vuelven adultos, las hadas los transforman en su siervos (aunque siempre son bien amado), en artistas para su disfrute (cantantes, músicos….), y a veces en amantes; aunque algunas veces las hadas se han aficionados especialmente a ellos que los convierten en un adorno. A veces las hadas mantienen los seres humanos como mascotas o como sus propios hijos, aunque esto es raro. Los changelings que viven con las hadas casi nunca quieren dejar a sus amos y les son muy leales.
Hay cuentos de una niños raptados por las hadas y que muchos años después regresan a su hogar natal. Cuentan algunas historias que una niña fue llevada por las hadas, y el tiempo que paso con las mismas fue tan largo que los nietos de sus hermanos hablaban a sus nietos de su tía que había ido a vivir con las hadas. Una noche a la puerta de la vieja casa donde había vivido la chica, una hermosa joven golpeó la puerta y pidió posada; mientras las niñas la peinaban, sus cabellos se volvían canos y su piel se arrugaba, y al poco tiempo murió de vieja. Situación similar plantea el cuento de Rip Van Winkle de escritos norteamericano Washington Irving; un flojo granjero se escapa de su mujer, trabajo e hijos y se va a los bosques a disfrutar lejos de las obligaciones del hogar; sin querer se encuentra con unos enanos/duendes, con quienes disfruta una fiesta; finalmente, tras despertar de la borrachera, descubre que ha dormido durante veinte años, su mujer a muerto y sus hijos están felizmente casados y con hijos; y ya nadie lo recuerda; ese fue el castigo por haber entrado en el reino de las hadas.
La magia del mundo de las hadas cambia la naturaleza de los seres humanos que llegan a vivir allí de cierto modo; incluso si se las arreglan para escapar, ya no son completamente humanos. El tipo de cambio que les sucede depende de quien era su amo (hadas, elfos, duendes, goblins, etc.) y lo que hicieron allí mientras estuvieron en el reino de las hadas. Ellos casi siempre tienen una débil comprensión intermedia de las mágicas hadas cuando se van conserva cierta capacidad de glamour y el poder hacer otras cosas (algo de magia simple).
Existían métodos para repeler a las hadas de las cunas de los infantes, entre los más comunes se tenía dejar un par abierto de tijeras de hierro en la cama del bebé, el hierro es algo que las hadas no toleran; por ello para evitar que espíritus malignos entraran en las casa era común colocar herraduras de hierro en las puertas. Por otra parte para saber si un niño había sido cambiando, se podían ver algunos los síntomas; entre los aspectos negativos del changeling se tenían rasgos desagradables en el cuerpo de niño, extraña palidez en la piel y ha veces un tinte verde (las historias de los niños y hombres verdes), mal genio, y un apetito voraz; como rasgos positivos se incluían un vocabulario extenso a una edad temprana, lo que significaba que la inteligencia del niño había cambiado. Los niños sospechosos de haber sido cambiados eran perseguidos y/o asesinados, y los responsables rara vez eran culpados o castigados; triste destino les esperaba a los cambiados que llegaron a vivir entre los hombres.
Faetón, el mundo destrozado por Júpiter
La ley de Titius-Bode, incluso pudiendo ser solo una curiosidad matemática, tuvo una gran importancia en el desarrollo de la Astronomía de finales del siglo XVIII y principios del siglo XIX. Así en 1766 Johann Daniel Titius y posteriormente en 1772 el director del Observatorio de Berlín, Johann Elert Bode encontraron una regla simple matemática que daba de forma muy exacta la distancia de los planetas respecto al sol en Unidades Astronómicas; aunque algunos dicen que el primero en proponerla fue Christian Wolff en 1724.
La hoy conocida como ley de Titius-Bode señala que la distancia ‘a’ obedece a la relación: a=[(n+4)/10]; con n igual al doble del número anterior, empezando en 0 para Mercurio, 3 para Venus, 6 para la Tierra y así sucesivamente.
| Planeta | Posición respecto al sol | n | Distancia calculada | Distancia oficial |
| Mercurio | 1 | 0 | 0,4 | 0,39 |
| Venus | 2 | 3 | 0,7 | 0,72 |
| Tierra | 3 | 6 | 1,0 | 1,00 |
| Marte | 4 | 12 | 1,6 | 1,52 |
| Ceres (1801) | 5 | 24 | 2,8 | 2,77 |
| Júpiter | 6 | 48 | 5,2 | 5,20 |
| Saturno | 7 | 96 | 10,0 | 9,54 |
| Urano (1781) | 8 | 192 | 19,6 | 19,20 |
| Neptuno (1846) | 9 | — | — | 30,60 |
| Plutón (1930) | 10 | 384 | 38,8 | 39,44 |
Cuando originalmente se publicó, la ley era satisfecha por todos los planetas conocidos, desde Mercurio hasta Saturno, con un hueco entre el cuarto y quinto planeta; este hecho se consideró interesante, pero de ninguna importancia hasta el descubrimiento de Urano en 1781, que estaba a 19,18 UA, y qué encajó pulcramente en la serie y no hizo más que confirmar la ley publicada solo tres años antes; lo que llevó a pensar que faltaba un planeta, en el quinto lugar a 2,8 UA. Basado en su nueva credibilidad, Bode inició la búsqueda del quinto planeta.
En el congreso astronómico que tuvo lugar en Gotha, Alemania, en 1796, el francés Joseph Lalande recomendó su búsqueda. Entre cinco astrónomos se repartieron el zodiaco en la búsqueda del quinto planeta y finalmente el 1 de enero de 1801, en el Observatorio de Palermo el monje Giuseppe Piazzi, que no pertenecía a la comisión de búsqueda, descubrió Ceres, el primero de los asteroides. Carl Friedrich Gauss, el gran matemático, cálculo de la órbita de Ceres con los pocos datos de la órbita conseguidos por Piazzi. Calculada su órbita, resultó se un cuerpo que orbitaba entre Marte y Júpiter; es decir, el cuerpo que faltaba según la ley de Titius-Bode.
Sin embargo, en 1802 el astrónomo Heinrich Wilhelm Matthäus Olbers descubrió y nombró a otro objeto en la misma órbita general que Ceres, se trataba del asteroide Palas. Olbers propuso que estos nuevos descubrimientos fueron los fragmentos de un planeta alterado que anteriormente había girado en torno al sol. También predijo que más de estas piezas se encontrarían. El descubrimiento del asteroide Juno (1804) por Karl Ludwig Harding y Vesta (1807) por Olbers lo que reforzó la hipótesis de un planeta originario destrozado.
Así durante el siglo XIX, a medida que los asteroides eran descubiertos, estos nuevos objetos celestes eran considerados planetas. Júpiter paso a ser el sexto planeta tras el descubrimiento de Ceres. Entre 1845 y 1851, once asteroides adicionales fueron descubiertos y Júpiter se había convertido en el planeta número veinte. En este punto, los astrónomos empezaron a clasificar los nuevos cuerpo como asteroides (similares a estrellas). Después de la reclasificación de los asteroides en su propio grupo, Júpiter volvió a ser el quinto planeta una vez más. Con la nueva definición del término planeta en 2006, Ceres ya no es un asteroide, sino que entra en el conjunto de planetas enanos, siendo el único en esta categoría dentro del sistema solar interior.
El descubrimiento de los distintos asteroides del cinturón principal hizo que los científicos buscaran explicaciones lógicas para su origen y tratar de mantener la ley de Titius-Bode no como una curiosidad matemática, sino como algo cierto entre los cuerpos celestes; pero el descubrimiento de Neptuno en 1846, fuera de las predicciones de la Ley ya ponían en duda la veracidad de la misma. Pero la ley de Titius-Bode aún persistía en la mente de los científicos; el descubrimiento de Plutón en 1930 parecía corresponder con la posición que debería tener Neptuno, así la explicación era que Neptuno era un cuerpo extraño al sistema solar. Hoy nadie considera la ley de Titius-Bode salvo como algo más que un recurso mnemotécnico y no como un cálculo astronómico exacto; aunque se han hecho modificaciones a la misma, estas buscando relaciones logarítmicas entre los planetas, y en los gigantes gaseosos en sus grandes lunas encontrándose buenas correspondencias; pero ello bien lejos de la ley original.
Pero fuera de esta discusión sobre la veracidad o no de la ley de Titius-Bode, había que dar una explicación al origen del cinturón principal de asteroides; la propuesta inicial fue la existencia de un planeta entre Marte y Júpiter que existía en donde hoy se ubica el cinturón de asteroides, ello se conoció como la ‘Teoría de la Interrupción‘. Esta teoría afirma que hubo una vez un planeta importante dentro del sistema solar que circulaba en la brecha actual entre Marte y Júpiter, que fue destruido cuando se desvió demasiado cerca de Júpiter y fue destrozado por la poderosa gravedad del gigante de gas, otros proponen que este cuerpo fue golpeado por otro gran cuerpo celeste. En el siglo XX, el investigador sobre meteoritos ruso, Yevgeny Leonidovich Krinov, que participaba en la investigación del suceso de Tunguska, sugirió que el planeta que explotó en la teoría de Olbers debía ser nombrado Faetón (Phaeton, Phaethon) en referencia al hijo del dios del sol de la mitología griega, que trató de conducir el carro solar de su padre un día con resultados desastrosos y que fue finalmente destruido por Zeus (Júpiter).
Hoy, la hipótesis Faetón se ha sustituido por el ‘Modelo de acreción‘. La mayoría de los astrónomos creen que los asteroides en el cinturón principal son los restos del disco protoplanetario, y que en esta región la agrupación de remanentes protoplanetarios para formar uno o más planetas fue impedido por la gran perturbación gravitatoria inducida por Júpiter durante el período de formación del sistema solar. Pero la hipótesis del mundo Faestón sigue siendo defendida por algunos no científicos. Un defensor notable es Zecharia Sitchin, quien ha propuesto, basado en su lectura de la antigua mitología Sumeria, que el planeta conocido por los sumerios como Tiamat fue destruido por un planeta errante llamado Nibiru y resultado de ese choque nacieron la Tierra, la Luna y el cinturón de asteroides; pero esta obra es ampliamente considerada como pseudociencia. Otras propuestas son en 1988, Donald W. Patten que escribió un libro titulado ‘El catastrofismo y el Antiguo Testamento‘ aquí un pequeño planeta que llamo Astra se acercó a Marte y, al llegar al límite de Roche, se rompió al igual que el cometa Shoemaker-Levy 9 hizo cuando se acercó a Júpiter en 1994, pero esta propuesta está también dentro de la pseudociencia ya que el tamaño de Marte hace que su límite de Roche se encuentre casi a un radio del planeta.
La idea de la existencia de un quinto planeta no ha sido del todo abandonada por la ciencia; tras el descubrimiento de los primeros planetas extras solares se observó que la mayoría eran cuerpos gaseosos similares a Júpiter, pero, a diferencia de nuestro gigante gaseoso, estos mundos giran muy cerca de la estrella, fueron llamados Júpiter calientes, y están a distancias incluso menores que nuestro Mercurio del Sol, donde no era posible que esos mundos se formaran, y se postulo que tras la formación de estos gigantes gaseosos, los mismos iban perdiendo momentum angular al chocar con los distintos cuerpos del disco protoplanetario original de sus sistemas solares. El frenado hacía que los planetas entraran en orbita espiral hasta alcanzar órbitas muy cercanas a sus respectivos soles. En 2002 los científicos John Chambers y Jack Lissauer plantearon la propuesta del Planeta V; un cuerpo que debió haber existido entre Marte y Júpiter, y al igual que los planetas extrasolares, desarrollo una orbita excéntrica e inestable producto de las colisiones con los restos del disco protoplanetario, el resultado es que hace unos cuatro mil millones de años este cuerpo terminó entrando dentro del sistema solar interior hasta terminar cayendo dentro del Sol; hechos que ocurrieron justo con el periodo de bombardeo pesado tardío; aunque este mundo no tuvo nada que ver con la formación del cinturón de asteroides; su existencia apunta a resolver situaciones como la existencia del Helio-3 en la superficie solar; el Helio-3 es un isótopo raro en las estrellas, pero común en los gigantes gaseosos; y otros problemas similares.
Faetón en los mitos
Faetón (Phaeton o Phaethon, que traduce brillante) forma parte de una genealogía distinta a la rama de los dioses olimpicos (hijos o familiares de Zeus). Sus padres eran el titán Helios (el dios sol, hermano de Semele, la diosa de la Luna y Eos, la diosa de la Aurora) y la oceanide Climena/Merope (nombre que traduce Fama/La que gira el rostro, y con este segundo nombre se relaciona con otra ninfa Clitia (Gloria), que al perder el amor del sol, aquí Apolo, se volvió un girasol, cuya flor lo sigue en el cielo; pero hay que tener cuidado de no confundir con otra ninfa de igual nombre Climena/Asia, esposa del titán Japeto y madre del Prometeo, Epimeteo, Atlas y Menecio, quien aquí se refiere a la oceánida que habitaba en Anatolia y que dio nombre a todo el continente al oriente de Grecia). Los abuelos por parte paterna de Faetón fueron Hiperión (fuego astral, el dios sol en la época de los titanes), el titan que gobernaba oriente y Tea (Theia, la diosa de la vista —oráculo, astrología—).
Así Faetón era en principio hermano de las ninfas Heliades; aunque otras versiones le ponen como madre a la ninfa Rodas (Rhode, también llamada Halia = sal marina), siendo por esta rama hermano de los Heliadae (genios marinos que sacaron a los Telequines, daimones marinos, de su isla y se dieron a su madre, isla que paso a llevar su nombre y donde la ninfa instauró el culto a su amante celeste, resultando en la construcción del Coloso de Rodas). Su padre Helios tiene entre sus otros nombres el de Febo (Phoebus = resplandeciente), mismo epíteto dado al dios Apolo, por ello ambos dioses (Helios y Apolo) se confunden muchas veces como padres de Faetón. Otras medio hermanas famosas de Faetón fueron la bruja Circe que transformó a los hombres de Odiseo/Ulises en cerdos y Pasifae la reina cretence esposa de Minos y madre del Minotauro; estas son algunas de hijas que el dios Helios tuvo con otra ninfa llamada Perces.
Fuera de estas discrepacias y otros parentescos en su ascendencia el mito de este joven titán se refiere a pedir a su padre manejar el carro del sol, con consecuencias funestas para todos. Según las historias Epafo (hijo de Zeus e Io) reinaba en Egipto, donde su madre había huido de la furia de Hera, y tenía gran amistad con Faetón, pero aunque eran amigos, las disputas por su ascendencias se presentaban entre ambos; tuvo la mala fortuna Epafo que llegó a reprocharle a Faetón de que era hijo de padre desconocido; ya que su madre ya lo cargaba cuando desposo con Merope (aquí un rey de Etiopía), él cual que había adoptado a Faetón.
Ante esta ofensa Faetón fue donde su madre y pidió que le revelara el verdadero nombre de su padre, así como consejo para perpetrar una venganza o hallar algún modo de recuperar el honor perdido. Climena reveló a su hijo que su padre era el increíble dios del sol, y le aconsejó a su hijo que solicitara el permiso de su verdadero padre para conducir su carro aunque sólo fuera por un día para así demostrar a todo el mundo la verdad de su nacimiento. Faetón acudió a Helio para comprobar si era verdad, el dios al saber lo ocurrido reconoció su paternidad y juro por la diosa de laguna Estigia (lo que convertía el juramento en irrevocable) que ayudaría a su hijo a cobrar la afrenta; fue cuando su hijo, siguiendo el consejo de su madre, pidió a su padre en manejar el carro del sol por un día. Imposibilitado de no poder romper el juramente Helios tuvo que ceder ante los ruegos de su hijo, consciente de los peligros que implica conducir el carro solar y se dispuso a preparar el carro para el siguiente amanecer.
Faetón había montado ya en el carro, pero antes de que emprendiera el vuelo, Helios le aconsejó que no subiera demasiado al cielo, pero que tampoco estuviera muy cerca de la tierra, pues ambas cosas resultarían muy peligrosas. Pero la juventud de Faetón fue pronto notada por los briosos corceles, y el joven fue incapaz de mantener el control de las riendas y de los caballos. El carro dejó su curso acostumbrado, y primero se apartó y atravesó el cielo, prendiéndole fuego, las marcas de ese incendio celeste aún son visibles en lo que hoy se llama la vía láctea, y después el carro trajo los rayos abrasadores a muchas partes de la tierra habitada y quemado la tierra misma, así surgió el desierto del Sahara, y sus gentes se volvieron de tez oscura; secó entonces los ríos, y Poseidón surgió de las aguas con su tridente a tratar de detenerlo, pero no pudo con el intenso calor y se vio obligado a bajar a las profundidades del mar que ya empezaba a evaporar. La tierra (Gaia) gimió de desesperación y pidió a Zeus que detuviera tal tormento. Zeus, enojado por lo que había sucedido, hirió Faetón con un rayo y envió a su hijo Apolo a que llevara al carro del sol a su curso acostumbrado.
Faetón, que cayó a la tierra en un torbellino hasta golpear contra la desembocadura del río Erídano, llamado en esas tierras con el nombre de Pados (el actual río Po, al norte de Italia). El sitio donde cayó su cuerpo calcinado oscureció las aguas dando origen al betún del río, aguas que hasta hoy día se ven afectadas hasta el punto de agotamiento por el olor nauseabundo que dejó el cuerpo humeante de Faetón.
El rey Cicno de los Ligures (en el norte de Italia) fue hasta el lugar para tratar de ayudar a su amigo y rescatar el cuerpo; pero la pena de su muerte pudo más que sus fuerzas, apenas logró llegar a la orilla, sus llantos envolvieron el lugar, y los dioses lo transformaron en cisne, que desde entonces odia el fuego y el calor, por ello los cisnes migran al norte escapando del sol ardiente del verano.
Sus hermanas, las Helíadas, finalmente llegaron y recogieron su cuerpo, le rindieron honores fúnebres y lo enterraron. Sumidas en la tristeza sus lágrimas constituyeron el ámbar que se encuentra aún en ese río y después, fueron metamorfoseadas en álamos. Por su parte Helios perdió no solo a su hijo, sino el carro solar, que pasó por orden de Zeus a su hijo Apolo, que desde entonces es el dios que conduce el carro solar. La moraleja de esta leyenda es que los padres deben aprender a no ser excesivamente permisivos con los caprichos de sus hijos, porque, como en este caso, podrían procurarle la muerte.
El planeta Vulcano, un fantasmal mundo entre el Sol y Mercurio
En 1840, François Arago, director del Observatorio de París, sugirió al matemático francés Urbain Le Verrier que trabajaran en el tema del movimiento orbital del planeta Mercurio alrededor del Sol. El objetivo de este estudio fue construir un modelo basado en las leyes del movimiento y la gravitación de Sir Isaac Newton. En 1843, Le Verrier publicó su teoría provisional sobre el tema, que se probó durante un tránsito de Mercurio a través de la cara del Sol en 1843. Al final resultó que, las predicciones de la teoría de Le Verrier no lograron igualar las observaciones.
Le Verrier renovó su trabajo y, en 1859, publicó un estudio más exhaustivo del movimiento de Mercurio. Esto se basó en una serie de observaciones meridianas del planeta, así como catorce tránsitos. El rigor de este estudio significaba que cualquier diferencia entre la observación y los calculos serían causados por algún factor desconocido. De hecho, todavía quedaba alguna discrepancia. Durante la órbita de Mercurio, su perihelio avanza una pequeña cantidad cada órbita, técnicamente el fenómeno fue llamado precesión del perihelio. El fenómeno era algo predicho por la mecánica clásica, pero el valor observado difería de el valor predicho por la pequeña cantidad de 43 segundos de arco cada siglo.
Le Verrier postula que el exceso de precesión podría explicarse por la presencia de un pequeño planeta dentro de la órbita de Mercurio, y propuso el nombre de Vulcano para este objeto. En la mitología romana, Vulcano era el dios del fuego, la herrería y los volcanes, por lo que era un nombre adecuado para un planeta tan cerca del sol. Reciente éxito de Le Verrier en el descubrimiento del planeta Neptuno utilizando las mismas técnicas prestó veracidad de su afirmación, y los astrónomos de todo el mundo trataron de observar al nuevo planeta, pero nunca se encontró nada.
En diciembre de 1859, Le Verrier recibió una carta de un médico francés y astrónomo aficionado llamado Edmond Modeste Lescarbault, quien afirmó haber visto un tránsito del planeta hipotético que a principios de año. Le Verrier tomó el tren hasta el pueblo de Orgères-en-Beauce, a unos 70 kilómetros al suroeste de París, donde Lescarbault había construido un pequeño observatorio. Le Verrier llegó sin previo aviso y procedió a interrogar al hombre.
Lescarbault describe en detalle cómo, el 26 de marzo de 1859, se dio cuenta de un pequeño punto negro en la cara del Sol, que estaba estudiando con sus modestos 3,75 pulgadas (95 mm) refractores. Pensando que era una mancha solar, Lescarbault no estaba sorprendido primero, pero después de algún tiempo había pasado se dio cuenta de que se estaba moviendo. Habiendo observado el tránsito de Mercurio en 1845, supuso que lo que estaba observando era otro tránsito, este un cuerpo que no había sido descubierto. Tomó algunas medidas precipitadas de su posición y la dirección del movimiento, y el uso de un reloj viejo y un péndulo con el que tomó el pulso a sus pacientes, se estima que la duración del tránsito en 1 hora, 17 minutos y 9 segundos.
Le Verrier pensó que estaba convencido de que Lescarbault había visto el tránsito de un planeta desconocido. El 2 de enero 1860 se anunció el descubrimiento de Vulcano a una reunión de la Academia de Ciencias de París. Lescarbault, por su parte, fue galardonado con la Legión de Honor y el invitado a comparecer ante numerosas sociedades científicas. Sin embargo, no todo el mundo acepta la veracidad de ‘descubrimiento’ de Lescarbault. Un eminente astrónomo francés, Emmanuel Liais, que trabajaba para el gobierno de Brasil en Río de Janeiro en 1859, afirmó que había estudiando la superficie del Sol con un telescopio el doble de potente que Lescarbault en el momento en que Lescarbault dijo que observó a su misterioso tránsito. Liais, por lo tanto, estaba en condiciones de negar, de la manera más positiva, el paso de un planeta sobre el sol en el momento indicado.
Basado en ‘tránsito’ de Lescarbault, la órbita de Le Verrier calculada para Vulcano señalaba que debía girar alrededor del Sol en una órbita casi circular, a una distancia de 21 millones de kilómetros (0,14 unidades astronómicas). El período de la revolución fue de 19 días y 17 horas, y la órbita se inclinaba a la eclíptica de 12 grados y 10 minutos (un increíble grado de precisión). Así visto desde la Tierra, la más grande elongación de Vulcano respecto al Sol era de 8 grados.
Numerosos informes —no todos ellos fiables— comenzaron a llegar a Le Verrier de otros astrónomos aficionados que afirmaron haber visto tránsitos inexplicables. Algunos de estos informes hace referencia a las observaciones hechas muchos años antes, y muchos no pudieron ser fechados correctamente. Sin embargo, Le Verrier continuó jugando con los parámetros orbitales de Vulcano con cada nuevo avistamiento reportado que llegaba. Con frecuencia anunciando fechas para futuros tránsitos de Vulcano, pero estos no se materializaban. Así desde mucho antes de la propuesta de Vulcano, a inicios del siglo XIX, hasta casi finalizar el siglo se reportaron múltiples observaciones del objeto, pero ninguna definitiva.
En 1877 Le Verrier murió convencido de haber descubierto otro planeta. Con la pérdida de su principal defensor; sin embargo, la búsqueda de Vulcano amainó. Después de muchos años de búsqueda, los astrónomos dudaban seriamente la existencia del planeta. En 1915 la teoría de la Relatividad de Albert Einstein da un enfoque totalmente diferente para entender la gravedad de una forma distinta a la mecánica clásica, resolviendo el problema. Las ecuaciones de la relatividad predicen exactamente la cantidad observada de avance del perihelio de Mercurio sin recurrir a la existencia de un hipotético Vulcano. La nueva teoría modifica las órbitas predichas no sólo de Mercurio, sino de todos los planetas, pero la magnitud de las diferencias con respecto a la teoría de Newton disminuyen rápidamente a medida que uno se aleja del sol. Además, la órbita bastante excéntrica de Mercurio hace que sea mucho más fácil de detectar el desplazamiento del perihelio que en el caso de las órbitas casi circulares como la de Venus y de la Tierra.
Cuando en 1915, cuando Albert Einstein explicó satisfactoriamente la aparente anomalía en la órbita de Mercurio, la mayoría de los astrónomos abandonaron la búsqueda de Vulcano. Unos pocos, sin embargo, siguieron convencidos de que no todas las supuestas observaciones de Vulcano eran infundadas. Entre ellos fue Henry C. Courten, del Dowling College, New York. estudiaron las placas fotográficas del 1970 eclipse solar, él y sus colaboradores detectaron varios objetos que parecían estar en órbitas cercanas al sol. A pesar de lo que representaban los objetos, Courten sintió que al menos siete de los objetos eran reales. La aparición de algunos de estos objetos se confirmó por otro observador en Carolina del Norte, mientras que un tercero observador en Virginia vio a uno de ellos. Courten cree que existe un planetoide intra-Mercurial de entre 130 y 800 kilómetros de diámetro en órbita alrededor del Sol a una distancia de alrededor de 0,1 UA. Otras imágenes en sus placas de eclipse lo llevaron a postular la existencia de un cinturón de asteroides entre Mercurio y el Sol.
Pero al igual que con Vulcano, ninguna de estas afirmaciones nunca se ha probado después de cuarenta años de observación. Se ha conjeturado, sin embargo, que algunos de estos objetos dentro de la órbita de Mercurio pueden existir, tratándose de cometas o pequeños asteroides desconocidos. Hoy en día, continúa la búsqueda de estos denominados asteroides Vulcanoides, que se cree que existen en la región en la que Vulcano alguna vez fue buscado. Ninguno de ellos ha sido encontrado todavía y búsquedas han descartado asteroides mayores de 6 km.
Hoy el planeta Vulcano sólo existe en la imaginación, su nombre se usa dentro el universo de Stak Trek para el mundo de la raza de donde la lógica es más importante que las emociones, y su mayor exponente es el celebre Sr. Spock. Este mundo no se encuentra en el sistema solar, sino en 40 Eridani (también conocida como Omicron Eridani, o con el nombre árabe de Keid = Concha), un triple sistema estelar a menos de 16,5 años luz de distancia de la Tierra. Otras obras que hacen referencia al Vulcano dentro del sistema solar son: Taller de Vulcano (Astounding Stories , junio de 1932), cuento de Harl Vincent sobre una colonia penal que se encuentra en Vulcano. En el Centro de Gravedad ( Astounding Stories , junio de 1936), tenemos otro cuento, este por Ross Rocklynne donde narra como dos personas se encuentran atrapados dentro de un Vulcano hueco. Las Crónicas de Sten (ocho libros entre 1982 a 1993) de Allan Cole y Chris Bunch; aquí Vulcano es un planeta artificial; originalmente una estación espacial industrial que crece mediante la adición de nuevas instalaciones de producción y por lo tanto se acerca a proporciones similares a un planeta; y que muestra una critica política vista en los ojos de los obreros que trabajan en la estación. También la serie de ciencia ficción Dr. Who en el capitulo ‘El poder de los Daleks‘ (1966), hace referencia a una colonia terrestre en el siglo XXI, pero no si está claro si este mundo Vulcano en un sistema solar cercano o dentro del propio en el Sistema Solar.
Vulcano/Hefesto, el dios de la forja
En la antigua religión romana Vulcano es el dios del fuego y la forja, pero también es el patrón de los oficios relacionados con hornos (cocineros, panaderos, pasteleros) como se atestigua en las obras antiguas que ponen al dios como cocinero en la boda de Eros y Psique. Como el herrero divino, forjador de los rayos de Júpiter se le representa a menudo con un martillo de un herrero (que es su avatar), pero también se incluyen el yunque y un par de pinzas, así como el avatar de Venus es el espejo y los de Marte son el escudo y la lanza. Su equivalente griego es el dios Hefesto y entre los etruscos se le identifica con el dios Sethlans.
Gérard Capdeville (1964-) sugiere que el origen Vulcano como dios romano del fuego se remonta al dios cretense Velchanos, ello principalmente bajo la sugerencia de la similitud de sus nombres. Entre los cretenses Velchanos es un joven dios maestro del fuego y compañero de la Gran Diosa (ambos llegados del cercano oriente). La concepción prehelénica de Velchanos lo pone como un joven sentado frente a un árbol (el dios y la diosa madre que se representaba con el árbol sagrado), ello denota que se trata de un dios de la vegetación y la primavera; el árbol es el símbolo de la unión del Cielo y la Tierra y de su poder generador. En Creta Velchanos era el dios de las prácticas de iniciación de los jóvenes, y se le vincula al culto al toro (las imágenes de jóvenes brincando sobre los toros). Esta vinculación al toro recuerda a Zeus que transformado en toro trajo a la princesa fenicia Europa desde su tierra natal a Creta, fundando el reino minoico. Pero también el culto al toro venido del cercano oriente y anatolia lo identifica con Teshub, dios de las tormentas que cabalga sobre toros; y cuyo origen se remonta a dios sumerio Adad. Todo esto pone a Velchanos, el primer ancestro de Vulcano, equiparable al mismo Zeus griego o Júpiter romano; un poderoso dios de los cielos y las tormentas y el renacimiento de la naturaleza; y el fuego divino no es otro que los rayos y relámpagos, que al caer a la tierra la encienden.
Otro equivalente venido de oriente se encuentra en la tradición cananea/ugarita, aquí el dios Kothar-wa-Khasis (que traduce ‘el Hábil y Listo’) es un dios herrero, artesano, ingeniero, arquitecto, e inventor; también es adivino y hechicero, creador de palabras sagradas y los hechizos. Los mitos señalan que Kothar ayuda a Baal (dios del las tormentas) en sus batallas fabricándole armas (rayos). También fabrica hermosos muebles adornados con plata y oro como regalos para Asherah (la diosa madre de los cananeos); y construye un palacio de plata, oro, lapislázuli, y madera de cedro fragante para Baal; desde donde el dios de los cielos puede ver la tierras bajo sus pies. La morada de Kothar está en Egipto, y ello lo equipara al dios artesano y constructor, el poderoso Ptah.
Pero si Vulcano tuvo a dioses tan poderosos entre sus iguales, como terminó siendo uno de los menos agraciados y respetados entre sus congéneres; ello ocurre por que su culto se identifica con el dios Hefesto de la mitología griega, aquí es donde Velchanos se transforma en el Vulcano fabricante de armas y joyas de varios dioses y héroes, principalmente de los rayos de Júpiter. Los mitos de ambos dioses se funden de tal manera que el antiguo dios cretence pierde su atractivo juvenil por otro menos agraciado, el de cojo y deforme dios que es despreciado por los otros dioses; algo raro si se considera que en su ascendencia se tiene que Hefesto/Vulcano es hijo de los reyes de los dioses: su padre es Zeus/Júpiter y su madre Hera/Juno.
Según algunos de los mitos Hera/Juno estaba embarazada de su primer hijo; hacia poco tiempo atrás dos bastardos de su marido habían nacido de la amante de turno Leto/Latona; Apolo/Febo y Artemisa/Diana eran todo lo que unos dioses podían ser, hermosos y brillantes; pero sería la envidia de la reina de los dioses y su persecución sobre la amante de su marido lo que provocó consecuencias; quiso el destino (Fatum) equilibrar las cosas y cuando su hijo nació, Hera/Juno quedó asqueada de lo oscuro y poco atractivo de su primer vástago; era pequeño y feo, con una cara roja que no paraba de berrear. Hera/Juno estaba tan horrorizada que arrojó el pequeño bebé desde el Monte Olimpo.
Hefesto/Vulcano cayó durante un día y una noche desde el cielo, aterrizando en el mar. Por desgracia, una de sus piernas se rompió al golpear el agua, y nunca se desarrolló correctamente. Desde la superficie, Hefesto/Vulcano se hundió como una piedra en las profundidades azules y frescas, donde las ninfas marinas, Tetis (madre de Aquiles) y Eurinome lo encontraron y lo llevaron a su cueva bajo el agua, criándolo como un hijo propio.
Hefesto/Vulcano tuvo una infancia feliz con delfines como sus compañeros de juego y las perlas como sus juguetes. Al final de su infancia, encontró los restos del incendio de un pescador en la playa y se fascinó con un carbón que seguía al rojo vivo y brillante. Hefesto/Vulcano cerró cuidadosamente este precioso carbón en una concha de almeja y lo llevó a su gruta submarina e hizo un fuego con él. En el primer día después, el joven dios se quedó mirando el fuego durante horas y horas. Al segundo día, descubrió que cuando hacía el fuego más caliente con ayuda de un fuelle, ciertas piedras sudaban hierro, plata y oro. En el tercer día con el metal enfriado hizo pulseras, cadenas, espadas y escudos. Hefesto/Vulcano hizo cuchillos y cucharas para su madre adoptiva con mango de nácar; y una carroza de plata para sí mismo que iba guiada por caballos de mar para transportarse rápidamente.
Tuvo Tetis que dejar luego su gruta submarina para asistir a una cena en el Monte Olimpo; llevaba un hermoso collar de plata y zafiros, que Hefesto/Vulcano había hecho por ella. Hera/Juno admiraba el collar y le preguntó de dónde podría conseguir uno. Tetis nerviosa tuvo que reconocer la verdad; por fin la reina de los dioses descubrió que el bebé que una vez había rechazado se había convertido en un talentoso herrero.
Hera/Juno estaba furiosa y exigió que Hefesto/Vulcano regresara al Olimpo, una demanda a la que el joven dios se negó. Sin embargo, él envió a Hera/Juno una silla hermosa hecha de plata y oro, con incrustaciones de madre perla. Hera/Juno estaba encantada con este regalo, pero, tan pronto como se sentó en ella su peso soltó resortes ocultos y bandas de metal brotaron atando a su ocupante. Cuanto más gritó y luchó, con mayor firmeza el trono mecánico se apoderó de ella, la silla era una trampa inteligentemente diseñada. Durante tres días Hera/Juno estuvo atrapado en la silla, no podía dormir, no podía estirarse, no podía comer. Los demás dioses rogaron a Hefesto/Vulcano que volviera al Olimpo y la dejara ir, pero él se negó, diciendo: —No tengo madre—.
Hefesto/Vulcano fue el único de los dioses, que expulsado del Olimpo, regreso finalmente a su casa. Le correspondió al joven Dioniso/Baco el trabajo de ir a buscarlo y llevarlo finalmente de regreso. Para lograr su cometido compartió su vino intoxicante con el dios herrero, y lo llevó de vuelta al Olimpo a lomos de un mulo acompañado de sus juerguistas, mientras Dioniso/Baco sostiene el freno del animal y lleva las herramientas de Hefesto/Vulcano, incluyendo el hacha de doble filo.
Zeus/Júpiter finalmente intervino, prometió a Hefesto/Vulcano que si soltaba a Hera/Juno le daría por esposa a Afrodita/Venus, la diosa del amor y la belleza. Hefesto/Vulcano siendo el más inquebrantable de los dioses, se doblegó al dársele la mano de Afrodita/Venus en matrimonio. Zeus/Júpiter pensaba que así también reducía los conflictos que provocaban los otros dioses al disputar la mano de la ardiente diosa, debido a su inmensa belleza; ya que desde la llegada de la diosa nacida de la espuma del mar, ella había sido causa de disputas entre los dioses; y por ello la casó con Hefesto/Vulcano, matando dos problemas al mismo tiempo. Hefesto/Vulcano estaba tan contento de haberse casado con la diosa de la belleza que forjó para ella una hermosa joyería y una faja que la hacía incluso más irresistible a los hombres.
Finalmente en el Olimpo, Hefesto/Vulcano construyó su propio palacio, con su taller, yunque y fuelles que trabajaba en su fragua; aquí fabricó gran parte de las magníficas armas de los dioses. Diseñó el casco alado y las sandalias de Hermes/Mercurio, el Aegis peto (la famosa faja) de Afrodita/Venus; las armaduras de Aquiles y las armas de Heracles/Hercules, el carro del Helios, los arcos de Apolo, Artemisa/Diana y de Eros/Cupido; el tridente de Poseidón/Neptuno y el Casco de la invisibilidad de Hades/Plutón; el carro de Ares/Marte, y el carro solar de Helios/Sol. Entre sus artesanías más conocidas se encuentran la diadema de Ariadna (esposa de Dioniso/Baco) y el collar maldito de Harmonía.
A Hefesto/Vulcano le correspondió apresar en el Caucaso a Prometeo por castigo por robar el fuego y dárselo a los hombres, así como fabricar a Pandora y la caja que contiene los males; donde los dioses encerraron a las pestes y plagas. Se dice que el águila gigante del Caucaso que todos los días devoraba el hígado de Prometeo era también una creación del dios.
Otras de sus creaciones fueron: Talos, un gigante de bronce que Zeus/Júpiter dio a Europa para que protegiese las costas de Creta. Las Kourai Khryseai (doncellas doradas) eran dos autómatas de oro con la apariencia de jóvenes mujeres vivas que se decía que poseían inteligencia, fuerza y el don del habla y atendían a Hefesto/Vulcano en su palacio del Olimpo. Para el rey Eetes (el padre de la bruja Medea) de la Cólquida, creó dos perros guardianes, uno era de oro y otro de plata; así como un par de toros de bronce que echaban fuego por la boca y a los que tuvo que vencer Jasón cuando viajó con los argonautas ha este reino para robar el vellocino de oro. También se le atribuye la creación de dos caballos de bronce y hierro para dos de sus hijos, los Cabiros.
Pero el matrimonio arreglado al fin tuvo sus consecuencias. La infelicidad de Afrodita/Venus con su matrimonio la hizo que buscase la compañía de otros, y la diosa rápidamente puso amantes en su cama matrimonial. Por ella pasaron Hermes/Mercurio, con quien fue madre de Hermafrodito (joven del que la ninfa Salmacis se enamoró y al ser rechazada se fundió con el joven, dando origen a un ser con los dos sexos) y Peito (dios de la persuasión), con Dioniso/Baco fue madre de Himeneo (dios de las bodas) y Priapo (el dios de la perenne erección); pero con quien más engaño la diosa a su esposo fue con el hermano menor del mismo, el ardiente y belicoso Ares/Marte; fruto de esos amores fueron: Eros/Cupido (el dios del amor sexual); Anteros (el gemelo opuesto de Eros, dios del amor sentimental y vengador del amor no correspondido), Himero (dios del deseo), Fobos y Deimos (Miedo y Terror, dioses que acompañaban a su padre en sus batallas) y finalmente Hamonía (la única de sus hijas, de belleza igual que la madre y diosa de la concordia; ella fue dada como esposa al príncipe fenicio Cadmo, fundador de Tebas; en su boda Hefesto/Vulcano regaló a su hijastra un hermoso collar, salvo que la hermosa prenda estaba maldita y traía desgracias a su poseedor, siendo la más conocida de sus maldiciones la historia de Edipo, quien mata sin saber a su padre y se acuesta con su madre; provocando más tragedias luego en sus hijos e hijas, así como otros familiares por la disputa posterior del reino). Entre los amantes mortales de la diosa se encuentran el príncipe fenicio Adonis (quien también compartía cama con la diosa infernal Perséfone/Proserpina, y que fue muerto por un jabalí salvaje), el príncipe troyano Anquises, de quien tuvo a Eneas, fundador de Roma; y Buto (un hijo de Poseidón/Neptuno que acompañaba a los argonautas, cuando pasaron cerca del sitio donde reinaban las sirenas, fue el único que no pudo resistir su canto y se lanzó al mar, donde la diosa lo salvo)
Hefesto/Vulcano fue informado del adulterio que su esposa mantenía con Ares/Marte por Apolo, quien estaba entre los pocos dioses con los cuales no se acostó la diosa. Como venganza, el dios de la herrería, atrapó ingeniosamente a los amantes con una red de finas cadenas que había dispuesto sobre el lecho para que cayeran al más mínimo contacto. Atrapados en una inquebrantable red tan pequeña como para ser invisible, el dios los arrastró hasta el monte Olimpo para avergonzarlos delante de los demás dioses por venganza. Entonces llamó a todos los dioses para mostrar el adulterio y pedir el divorcio; sin embargo, las diosas se quedaron en sus templos, todas se excusaron por vergüenza. Por otra parte la mayoría de los dioses se rieron al ver a los amantes desnudos. Hefesto/Vulcano se sintió nuevamente menospreciado por los demás dioses, ya que incluso alguno que otro comentaba desenfadado que no le habría importado sentir tal vergüenza. La risa duro hasta que Poseidón/Neptuno convenció a Hefesto/Vulcano de liberarlos a cambio de una garantía de que Ares/Marte pagaría una multa por el adulterio; pero al levantarse la red ambos escaparon y no mantuvieron su promesa.
Hefesto/Vulcano se mudo nuevamente fuera del Olimpo; se construyó otra fragua, esta vez bajo el monte Etna en la isla de Sicilia. El divorcio nunca le fue concedido; y ya era para todos evidente que el dios no podía mantener quieta a su esposa; y cada vez que Afrodita/Venus le era infiel, Hefesto/Vulcano enojado golpeaba el metal al rojo vivo con tal fuerza que las chispas y el humo se elevan desde la cima de la montaña, creando la erupción volcánica. Afrodita/Venus y Hefesto/Vulcano nunca tuvieron hijos, aunque la paternidad legal de Eros/Cupido se le atribuye al dios; y para quien el dios le fabricó su arco, carcaj y fechas, y trato como un hijo. Hefesto/Vulcano tuvo amores con una ninfa menor; Aglaea, una de las Carites (hijas de Eurinome), diosas que servían a su esposa; de esas relaciones nacieron: Eucleia (Reputación), Eutenia (Prosperidad), Eufemia (Alabanza) y Filofrosina (Acogida).
Aunque nunca tuvo relaciones con la diosa virgen Atenea, estuvo enamorado de la diosa de la artes y la guerra. Según los mitos se dice que Atenea visitó el dios herrero Hefesto para solicitar algunas armas, pero Hefesto estaba tan abrumado por el deseo por la diosa de que trató de seducirla en su taller. Decidida a mantener su virginidad, Atenea huyó, perseguida por Hefesto. A pesar de la cojera logro atraparla y trató de violarla; durante la lucha, su semen cayó sobre el muslo, Atenea se logró librar y con disgusto sacudiéndose el semen este cayó sobre la tierra, impregnando a Gaia/Tierra, que posteriormente dio a luz a Erictonio. El joven Erictonio fue criado por Atenea hasta convertirse en uno de los grandes reyes de la ciudad de Atenas.
Como Vulcano propiamente se le atribuye la paternidad de dos hijos: el primero es Caco, un gigante escupe fuego que fue muerto por Hércules cuando el gigante se atrevió a robarle algunas cabezas de ganado que el propio Hércules había robado al gigante Gerión en su décimo trabajo. El segundo fue Caeculus, un chico que fundó la ciudad de Praeneste (actual Palestrina, Italia); su naturaleza divina se descubrió en un incendio donde salió sin daño de las llamas, salvo por haber perdido la vista (su nombre significa pequeño ciego)
Tuvo amores el dios con otra ninfa, Cabeiro, una hija del dios marino Proteo (el cambiante); fruto de esa relación nacieron dos gemelos llamados colectivamente como los Cabiros, dos chicos de nombres Alcon y Eurimedonte (en las versiones iniciales los Cabiros eran Axiocerso y Cadmilo, padre e hijo respectivamente y dioses locales de la fertilidad del mar, en versiones posteriores son descritos como dos gemelos hijos de dios herrero, y más tarde se incluyen otro par de gemelas: Axiocersa y Axíero; o incluso se habla de toda una tribu). Todos estos dioses menores eran de naturaleza daimones ctonicos (representaban los géiseres de los volcanes); y acompañaban en la fragua a su padre; ademas de ayudar a marinos. Los mitos cuentan como los Cabiros alojaron en su isla (Lemnos) a los argonautas en su viaje y los invitaron a una orgía alcohólica. En Sicilia, estos seres ctonicos eran conocidos como los Palicus (otro par de gemelos), aquí eran hermanos de Talia, la hija dios herrero con ninfa Etna (la diosa de la montaña de igual nombre, donde el dios construyó su segunda fragua).
Los principales compañeros en la fragua fueron sin embargo los tres Cíclopes ctonicos, hijos de Gaia (la Tierra): Brontes (Trueno), Estéropes (Rayo) y Arges o Pyraemon (Relámpago); con ellos fabricaba el arma de su padre, el poderoso rayo. Cuando Apolo molesto por la muerte de su hijo Asclepio/Esculapio por el rayo de Zeus/Júpiter, mató a los cíclopes, Zeus/Júpiter tuvo que devolverlos a la vida (traerlos del reino de Hades/Plutón), y conceder la subida al cielo desde el infierno al hijo de Apolo; así de importantes eran para el rey de los dioses los encargados de fabricar en la fragua de Hefesto/Vulcano su poderosa arma.
Pese a todas sus desventuras, Hefesto/Vulcano fue un dios muy apreciado entre los mortales, no solo era dios del fuego y los metales, fabricante de maquinas y herramientas, del horno y las comidas, él simbolizaba el progreso y la técnica, y pasó a ser considerado el dios de la civilización traída a la Tierra por Prometeo a través del fuego; así el dios que tuvo el encargo de castigar al titán que trajo el fuego a los hombres, enseñaría a los hombres el poder creador de mismo, manteniendo y mejorando el legado de su predecesor. Hefesto/Vulcano era el único dios que trabaja y pasaba su tiempo forjando bellas creaciones a golpe de martillo sobre un yunque. Es curioso cómo el dios que era considerado el más feo, es el que construía las cosas más bellas.
El planeta X, el mundo nunca encontrado
En la década de 1840, el matemático francés Urbain Le Verrier utiliza la mecánica newtoniana para analizar las perturbaciones en la órbita de Urano, y plantea la hipótesis de que eran causadas por el tirón gravitacional de un planeta aún por descubrir. Le Verrier predijo la posición de este nuevo planeta y envió sus cálculos al astrónomo alemán Johann Gottfried Galle. El 23 de septiembre de 1846, la noche siguiente a su recepción de la carta, Galle y su estudiante Heinrich d’Arrest descubrieron Neptuno, exactamente donde Le Verrier había predicho; ello era un gran logro para la mecánica de Newton. Pero aún quedaban algunas pequeñas discrepancias en las órbitas de estos dos nuevos gigantes gaseosos. Estas fueron tomadas como indicios para indicar la existencia de un nuevo planeta orbitando más allá de Neptuno.
Pero incluso antes del descubrimiento de Neptuno, algunos ya especulaban de que un planeta por sí solo no era suficiente para explicar la discrepancia original de Urano. El 17 de noviembre de 1834, un astrónomo aficionado británico, el reverendo Thomas John Hussey, informó de una conversación que había tenido con el astrónomo francés Alexis Bouvard. Hussey señaló en conversación con Bouvard sobre el movimiento inusual de Urano; este último señalaba que había mantenido correspondencia con Peter Andreas Hansen, director del Observatorio Seeberg (Suiza), sobre el tema; en opinión de Hansen un solo cuerpo no podía explicar adecuadamente el movimiento de Urano, y proponía que dos planetas existían más allá de Urano.
En 1848, Jacques Babinet propuso una observación con los cálculos de Le Verrier, alegando que la masa observada de Neptuno era más pequeña y su órbita más grande que la que Le Verrier había predicho inicialmente. Postuló así que otro planeta de aproximadamente doce veces la masa terrestre, al que llamó ‘Hyperion‘, debía existir más allá de Neptuno. Le Verrier rebatió la hipótesis de Babinet, diciendo: —No hay absolutamente nada en lo que se podría determinar la posición de otro planeta, salvo supuestos juegos en una imaginación en parte demasiado grande—.
En 1879, Camille Flammarion señaló que los cometas 1862 III y 1889 III tenían un afelio de 47 y 49 UA, respectivamente, lo que sugería que podría marcar el radio de la órbita de un planeta desconocido que los había arrastrado a una órbita elíptica. El astrónomo Georges Forbes llegó a similar conclusión, basándose en el hecho de que cuatro cometas conocidos poseían afelios alrededor de 100 UA y otros seis con afelios en torno a las 300 UA, postulando no uno, sino dos planetas, debían existir más allá de Neptuno. Estos elementos concordaban sugestivamente con las realizadas de forma independiente por otro astrónomo llamado David Peck Todd, lo que sugería que la afirmación podría ser válida. Sin embargo, los escépticos argumentaron que las órbitas de los cometas en cuestión eran aún demasiado inciertas como para producir resultados significativos.
En 1900 y 1901, el Observatorio de Harvard director William Henry Pickering dirigió dos búsquedas de planetas más allá de Neptuno. La primera fue iniciada por el astrónomo danés Hans Emil Lau quien, después de estudiar los datos sobre la órbita de Urano desde 1690 hasta 1895, llegó a la conclusión de que un planeta trans-neptuno por sí solo no podría explicar las discrepancias en su órbita, y postuló que dos planetas, en su opinión, eran los responsables. La segunda busqueda se inició cuando Gabriel Dallet sugirió que un solo planeta trans-Neptuno ubicado a 47 UA podría explicar el movimiento de Urano. Pickering acordó examinar las placas para cualquier planeta sospechoso. En ninguno de los casos se encontró ninguno.
Ya desde 1894 Percival Lowell un rico bostoniano, con la ayuda de William Pickering, había fundado el Observatorio Lowell en Flagstaff, Arizona. En 1906 Lowell estaba convencido de que podía resolver el enigma de la órbita de Urano y comenzó un amplio proyecto para buscar un planeta trans-Neptuno, que llamó Planeta X. (La ‘X’ en el nombre representa una incógnita y se pronuncia como la letra, sin comparación con el número romano para 10; en ese momento, el Planeta X habría sido el noveno planeta). Esperanza de Lowell en la búsqueda del Planeta X era re-establecer su credibilidad científica, que lo había eludido gracias a su creencia ampliamente ridiculizada de que características visibles en la superficie de Marte eran canales construidos por una civilización inteligente (idea que dio origen a obras de ciencia ficción como las aventuras de John Carter en Marte de Edgar Rice Burroughs, el mismo autor de Tarzan). Lowell primero centró su búsqueda en la eclíptica, el plano que abarca el zodiaco donde los otros planetas del Sistema Solar giran. Utilizando una cámara fotográfica de 5 pulgadas, examino manualmente más de 200 exposiciones de tres horas con una lupa, y no encontró planetas; en ese momento Plutón, por su elevada inclinación estaba muy por encima de la eclíptica para entrar en las fotos.
Por otra parte, en 1908, Pickering anunció que, mediante el análisis de las irregularidades en la órbita de Urano, había encontrado evidencia de un noveno planeta. Su planeta hipotético, que calificó de ‘Planeta O‘ (debido a la letra que sigue después de ‘N’, es decir, Neptuno), poseía un radio medio orbital de 51,9 UA y un periodo orbital de 373,5 años. Pero en las placas tomada en su observatorio en Arequipa, Perú, no encontró ninguna evidencia para el planeta predicho, y el astrónomo británico P. H. Cowell reveló que las irregularidades observadas en la órbita de Urano prácticamente desaparecían una vez que el desplazamiento del planeta de longitud se ha tenido en cuenta. Lowell, a pesar de su estrecha asociación con Pickering, desestimó ‘Planet O‘, diciendo: —Ese planeta está muy bien en denominarse ‘O’, una forma de decir ‘cero’, o que no es nada en absoluto—. Sin saberlo Pickering, en cuatro de las placas fotográficas tomadas en la búsqueda de ‘Planeta O‘ por los astrónomos del Observatorio de Monte Wilson en 1919 capturaron imágenes de Plutón, aunque esto fue sólo reconocido años más tarde. Pickering llegó a sugerir muchas otros posibles planetas trans-Neptuno hasta el año 1932, a los que llamó P, Q, R, S, T y U, ninguno se detecto nunca.
En 1909, Thomas Jefferson Jackson See, un astrónomo con una reputación de ser un egocéntrico, opinó que —sin duda hay uno, probablemente dos, y posiblemente tres planetas más allá de Neptuno—. Tentativamente nombró al primer planeta ‘Oceano‘, no dio nombre para los siguientes dos, y los colocó a distancias respectivas de 42, 56 y 72 UA del sol; pero no dio ninguna indicación en cuanto a la forma en que determino su existencia, y no hubo búsquedas conocidas para localizarlos.
En 1911, el astrónomo indio Venkatesh P. Ketakar sugiere nuevamente la existencia de dos planetas tras-Neptuno, que él nombró ‘Brahma‘ y ‘Vishnu‘, al volver a trabajar en los patrones observados por Pierre-Simon Laplace en los satélites planetarios de Júpiter y su extrapolación a los planetas exteriores. Las tres lunas internas galileanas de Júpiter: Io, Europa y Ganímedes, están enfrascadas en una complicada 1:2:4 resonancia, que se denomina Resonancia de Laplace, y que se caracteriza porque nunca se puede producir una triple conjunción. Ketakar sugerió que Urano, Neptuno y sus hipotéticos planetas trans-Neptuno estaban encerrados en resonancias laplacianas. Aunque no está claro cómo Ketakar llego a estas cifras, Sus cálculos predijeron una distancia media de ‘Brahma‘ de 38,95 UA y un periodo orbital de 242,28 años terrestres (3:4 resonancia con Neptuno), pero no hizo predicciones sobre la distancia media y periodo de ‘Vishnu‘. Cuando Plutón fue descubierto 19 años después, su distancia media de 39,48 UA y un período orbital de 248 años de la Tierra estaban cerca de predicción de Ketakar (Plutón en realidad tiene un 2:3 resonancia con Neptuno); pero su segundo planeta, ‘Vishnu‘, nunca fue localizado.
Para 1914, después de revisar sus pronosticadas posibles ubicaciones, Lowell realizó una segunda búsqueda entre 1914 hasta 1916. En 1915, publicó en su trabajo sobre un planeta trans-Neptuno, donde concluía que el Planeta X tendría una masa aproximadamente siete veces la masa terrestre, aproximadamente la mitad de la masa de Neptuno y se ubicaba a una distancia media del Sol de 43 UA. Asumió que el Planeta X sería un objeto baja densidad (como los otros gigantes gaseosos) y con un alto albedo. Como resultado tendría un disco con un diámetro de aproximadamente un segundo de arco y una magnitud aparente de entre 12 y 13 lo suficientemente brillante para ser vistos con los equipos existentes en la época.
Muerte súbita de Lowell en 1916 suspendió temporalmente la búsqueda del Planeta X. El no encontrar el planeta, según un amigo, —casi lo mató—. Constanza Lowell, la viuda de Percival Lowell, posteriormente envolvió el observatorio en una larga batalla legal para asegurar su porción del millón de dólares de la herencia de Lowell para sí misma, lo que significa que la búsqueda del Planeta X no pudo reanudarse durante varios años. En 1925, con fondos de George Lowell, hermano Percival, el observatorio cambió sus discos de vidrio por nuevos de trece pulgadas, lo que permitió para continuar la búsqueda. En 1929, el director del observatorio, Vesto Melvin Slipher, sumariamente entregó la tarea de localizar al planeta a Clyde Tombaugh, un chico de 22 años de edad, de una granja de Kansas que acababa de llegar en el Observatorio Lowell después de Slipher había quedado impresionado por una muestra de sus dibujos astronómicos.
Tombaugh tuvo la tarea era capturar sistemáticamente secciones del cielo nocturno en pares de imágenes. Cada imagen de cada un par se tomaba con dos semanas de diferencia. Se colocan entonces las dos imágenes en una máquina llamada de parpadeo, que crea rápidamente la ilusión del movimiento de cualquier cuerpo planetario. Para reducir las posibilidades de que un rápido movimiento (y por tanto más cerca) el objeto se confundiese con el nuevo planeta, Tombaugh fotografió cada región cercana de su punto de oposición, a 180 grados del Sol, donde el movimiento aparente retrógrado de objetos más allá de la órbita de la Tierra es más fuerte. También tomó una tercera imagen como un control para eliminar los resultados falsos causados por defectos en una placa individual. Tombaugh decidió fotografiar todo la franja del zodiaco, en lugar de centrarse en aquellas regiones sugeridas por Lowell.
A principios de 1930, la búsqueda de Tombaugh había llegado a la constelación de Géminis. El 18 de febrero de 1930, después de buscar durante casi un año y examinar cerca de 2 millones de estrellas, Tombaugh descubrió un objeto moviéndose en las placas fotográficas tomadas el 23 de enero y 29 de enero de ese año. Una fotografía de menor calidad tomada el 21 de enero confirmó del movimiento. Tras la confirmación, Tombaugh entró en el despacho Slipher y declaró: —Doctor Slipher, he encontrado su Planeta X—. El objeto estaba a solo seis grados de una de las dos ubicaciones para el Planeta X que Lowell había sugerido; por lo que parecía que por fin se había reivindicado. Después de que el observatorio obtuvo fotografías más confirmatorias, la noticia del descubrimiento fue telegrafiado al Observatorio del Harvard College el 13 de marzo de 1930. El nuevo objeto fue posteriormente pre-descubierto en las fotografías que se remontan al 19 de marzo de 1915. La decisión de nombrar el objeto Plutón estaba destinado en parte para honrar a Percival Lowell, según sus iniciales formaban la palabra las dos primeras letras. Después de descubrir Plutón, Tombaugh continuó buscando en la eclíptica otros objetos distantes. Encontró cientos de estrellas variables y asteroides, así como dos cometas, pero no más planetas.
Pero Plutón no era como se esperaba, para decepción del observatorio y sorpresa de muchos, Plutón no mostró un disco visible, sino que aparece como un punto, no es muy diferente de una estrella, con una magnitud 15, ello era seis veces menos brillante que lo que Lowell había predicho, lo que significaba que era muy pequeño o muy oscuro. Los astrónomos pensaron entonces para apoyar la ideas de Lowell que Plutón debía ser muy masivas para perturbar los planetas y que tendría un albedo de 0,07 (es decir, que refleja sólo el 7% de la luz que lo golpeaba), casi tan oscuro como el asfalto y similar a la de Mercurio, el planeta menos reflectante conocido; ello apoyaba el nombre asignado a Plutón, que era el dios del inframundo y la oscuridad. Bajo esta premisa se daba a Plutón un diámetro de unos 8.000 kilómetros, o aproximadamente el 60% de la Tierra.
Las observaciones también revelaron que la órbita de Plutón es muy elíptica, mucho más que para cualquier planeta. Ello hizo que algunos astrónomos expresaran su escepticismo por los resultados. Poco después de su descubrimiento en 1930, Armin O. Leuschner disputó el status de Plutón, sugiriendo que por su oscuridad, excentricidad orbital e inclinación, era de hecho más similar a un asteroide o un cometa. En 1931, Ernest W. Brown afirmó, usando una fórmula matemática, que las irregularidades observadas en la órbita de Urano no podía ser debido al efecto gravitacional de un planeta más distante, y por lo tanto la predicción de Lowell era ‘puramente accidental’.
A lo largo del siglo XX, las estimaciones de la masa de Plutón fueron revisadas, y siempre a la baja. En 1931, Nicholson y Mayall calcularon su masa, basado en su supuesto efecto sobre los gigantes de gas, para 1949, las mediciones del diámetro de Plutón llegaban a la conclusión de que era de la mitad de tamaño entre Mercurio y Marte, y que su masa era más probable de alrededor de 1/10 masas de la Tierra. En 1976, Dale Cruikshank, Pilcher Carl y David Morrison, de la Universidad de Hawai, analizaron el espectro de la superficie de Plutón y determinó que éste debía contener metano helado, lo cual es muy reflectante. Esto significó que Plutón, lejos de ser oscuro, era de hecho excepcionalmente brillante, por lo que probablemente no era más que la masa de la Tierra 1/100.
Tamaño de Plutón se determinó finalmente de forma concluyente en 1978, cuando el astrónomo estadounidense James W. Christy descubrió su luna Caronte. Esto le permitió, junto con Robert Sutton Harrington del Observatorio Naval de los EE.UU., para medir la masa del sistema Plutón-Caronte directamente al observar movimiento orbital de la luna alrededor de Plutón. Se determinó la masa de Plutón era de 1,31 × 1022 kg; aproximadamente un quinto centenario de la Tierra o una sexta parte la de la Luna, demasiado pequeño para explicar las discrepancias observadas en las órbitas de los planetas exteriores. La predicción de Lowell había sido solo una coincidencia; y si había un Planeta X, no era Plutón definitivamente.
Estimaciones de tamaño para Plutón
| Año | Masa | Autor | |
| 1931 | 1 Tierra | Nicholson & Mayall | |
| 1948 | 0,1 (1/10 Tierra) | Kuiper | |
| 1976 | 0,01 (1/100 Tierra) | Cruikshank, Pilcher, y Morrison | |
| 1978 | 0,002 (1/500 Tierra) | Christy & Harrington | |
Después de 1978, una serie de astrónomos iniciaron una nueva búsqueda del Planeta X de Lowell, convencidos ya de que Plutón no es un candidato viable, un décimo planeta invisible debía perturbar a los planetas exteriores. Entre las décadas de 1980 y 1990, Robert Harrington lideró una búsqueda para determinar la causa real de las aparentes irregularidades. Calculo que el Planeta X estaría aproximadamente tres veces la distancia de Neptuno al Sol, su órbita sería muy excéntrica, y fuertemente inclinada en la eclíptica, en un ángulo de 32 grados con respecto al plano orbital de los planetas conocidos. Esta hipótesis fue recibida con una recepción mixta. Por otra parte Brian Marsden, del Centro de Planetas Menores de la Universidad de Harvard era más escéptico y señala que estas discrepancias eran cien veces más pequeñas que las anotadas por Le Verrier, y fácilmente podría ser debido a un error de observación de la época.
Mientras que su misión no implicaba una búsqueda del Planeta X, el observatorio espacial IRAS llegó a los titulares brevemente en 1983 debido a un ‘objeto desconocido’ que al principio fue descrito como ‘posiblemente tan grande como el planeta gigante Júpiter y posiblemente tan cerca que sería parte de este Sistema Solar’. Un análisis más detallado reveló que varios de los objetos no identificados, nueve eran galaxias distantes y el décimo fue ‘cirrus interestelar’, y no se encontraron cuerpos dentro del Sistema Solar
En 1988, A. A. Jackson y R. M. Killen estudiaron la estabilidad de la resonancia con Neptuno Plutón mediante la colocación de prueba de un ‘Planeta X‘ con diferentes masas y a varias distancias de Plutón. Órbitas de Plutón y Neptuno están en una resonancia 3:2, lo que evita la colisión o incluso cualquier acercamiento, a pesar de su separación en el eje z. Se encontró que la masa del objeto hipotético tenía que superar 5 veces la masa terrestre para romper la resonancia, y el espacio de parámetros es bastante grande y una gran variedad de objetos podrían existir más allá de Plutón, sin alterar la resonancia.
Harrington murió en enero de 1993, sin haber encontrado el Planeta X. Seis meses antes, E. Myles Standish había utilizado los datos de la Voyager 2 de 1989 al sobrevolar Neptuno, había revisado la masa total del planeta a la baja en un 0,5%, una cantidad comparable a la masa de Marte, para volver a calcular su efecto gravitatorio sobre Urano. Cuando está recién determinada masa de Neptuno se utilizó en el Jet Propulsion Laboratory de Desarrollo Efemérides (JPL DE), las supuestas discordancias de la órbita de Urano desaparecieron, y con ellas la necesidad de un Planeta X para explicarlas también desapareció. No existen discrepancias en las trayectorias de las sondas espaciales como la Pioneer 10, Pioneer 11, Voyager 1 y Voyager 2 que se puedan atribuir a la atracción gravitatoria de un gran objeto desconocido en el Sistema Solar exterior. Hoy en día, la mayoría de los astrónomos están de acuerdo en que el Planeta X, como Lowell lo definió, no existe.
Después del descubrimiento de Plutón y Caronte, no hubo más objetos trans-Neptuno (TNO) hasta que se encontró (15760) 1992 QB1 en 1992. Desde entonces, cientos de estos objetos han sido observados. La mayoría son ahora reconocidos como parte del cinturón de Kuiper, un enjambre de cuerpos congelados sobrantes de la formación del Sistema Solar que orbitan cerca del plano de la eclíptica más allá de Neptuno. Aunque ninguno fue tan grande como Plutón, algunos de estos distantes objetos transneptunianos como Sedna, fueron descritos inicialmente en los medios de comunicación como ‘nuevos planetas’.
En 2005, el astrónomo Mike Brown y su equipo anunciaron el descubrimiento de 2003 UB 313 (más tarde llamado Eris por la diosa griega de la discordia y la contienda), un objeto trans-Neptuniano cuyas primeras lecturas lo ponían apenas más grande que Plutón. Poco después la prensa describió al objeto como el ‘décimo planeta’. Eris nunca fue clasificado oficialmente como un planeta, y la definición de planeta de 2006 redefinió tanto a Eris como a Plutón no como planetas, sino como planetas enanos porque no han limpiado sus órbitas, ya que ambos forman parte de una población de objetos de tamaño similar.
Un número de astrónomos, especialmente Alan Stern, el director de la misión NASA, New Horizons (Nuevos Horizontes) que viaja a Plutón, sostienen que la definición de la IAU es errónea, y que Plutón y Eris, y todos los grandes objetos transneptunianos, como Makemake, Sedna, Quaoar y Varuna, deben ser considerados planetas en su propio derecho. Sin embargo, el descubrimiento de Eris no revivió la teoría del Planeta X, ya que era demasiado pequeño como para tener efectos significativos en las órbitas de los planetas exteriores.
Aunque la mayoría de los astrónomos aceptan que Planeta X de Lowell no existe, algunos de ellos han revivido la idea de que un gran planeta invisible que podría crear efectos gravitacionales observables en el Sistema Solar exterior. Estos objetos hipotéticos se refieren a menudo como ‘Planeta X’, aunque el concepto de estos objetos puede diferir considerablemente de la propuesta por Lowell. Así se tiene que el cinturón de Kuiper termina de repente, a una distancia de 48 unidades astronómicas (UA) del Sol (en comparación, Neptuno se encuentra 30 UA del Sol), y ha habido cierta especulación de que esta repentina bajada, conocido como el ‘acantilado Kuiper‘, puede atribuirse a la presencia de un objeto con una masa entre la de Marte y la Tierra situado más allá de 48 UA. Pero la presencia de un planeta como Marte en una órbita circular a 60 AU es incompatible con las observaciones de los TNO; ya que afectarían severamente la población de Plutinos. Pero los astrónomos no han excluido la posibilidad de un objeto con una mayor masa a la Tierra como planeta situado más allá de 100 UA con una excéntrica e inclinada órbita. Las simulaciones por ordenador de Patryk Lykawka de la Universidad de Kobe han sugerido que un cuerpo con una masa entre 0,3 y 0,7 la de la Tierra, expulsado hacia el exterior por Neptuno a principios de la formación del Sistema Solar y que en la actualidad tiene órbita alargada entre 101 y 200 UA desde el Sol, podría explicar el acantilado Kuiper y los peculiares objetos separados del cinturón de Kuiper tales como Sedna. Algunos astrónomos han apoyado con precaución estas afirmaciones, otros los han tachado de ‘artificial’. Algunos señalan argumentos de simple probabilidad; si la órbita de Sedna de 12000 años es tan excéntrica que es sólo visible durante una pequeña fracción de su periodo orbital alrededor del Sol, o sea que su descubrimiento fue un simple accidente, es probable que haya una población considerable de objetos más o menos del diámetro de Sedna que aún no se han observado. Mike Brown, descubridor de Sedna, señalaba en 2007 que Sedna es sólo tres cuartas partes del tamaño de Plutón. Si hay al menos sesenta objetos de las tres cuartas partes del tamaño de Plutón, entonces probablemente hay cuarenta objetos del tamaño de Plutón… Si hay cuarenta objetos del tamaño de Plutón, entonces hay probablemente diez que son el doble del tamaño de Plutón. Probablemente hay tres o cuatro que son tres veces más grande que Plutón, y el más grande de estos objetos… es probablemente del tamaño de Marte o de la Tierra.
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Los Loas y la religión haitiana (12) La familia Ghede
Mientras la familia Rada se mueve con la magia blanca y la familia Petro es movida por la magia negra; otra familia importante también se mueven dentro de la magia negra; ellos son los miembros de la familia Ghede; pero donde los Petro usan la violencia, el miedo, el odio y el dolor; los Ghede trabajan directamente con la muerte en todas sus formas. Aún así, pese a su naturaleza sombría y tétrica, los casi treinta miembros de esta familia se caracterizan por ser más bien fiesteros, se mueven al ritmo del tambor y la danza; usan el lenguaje obsceno, con el cual se burlan de los que aparentan ser respetuosos y decorosos; disfrutan del ron y el tabaco; pero sobre todo del sexo y los placeres carnales. Su origen se encuentra en aquellos viejos cultos de muerte y resurrección anual de la naturaleza; entre la siembra y la cosecha, la lluvia y la sequía, la luz y la oscuridad; pero aquí Haití y el resto de América han adquirido un carácter propio, desligado de los mitos originales y donde nos recuerdan simplemente que la vida es breve y hay que disfrutarla.
La familia Ghede (a veces escrito Guédé) son miembros de una corte de espíritus familiares liderados por Papa Ghede, más conocido como Barón Samedi; quien preside sobre todos sus miembros. Los Ghede son especialmente muy queridos por sepultureros, enterradores, así como por las trabajadoras del sexo y los hechiceros vudú encargados de elaborar filtros y pócimas letales. Los Ghede suele poseer una iconografía benéfica, y a menudo aparecen como protector de los inocentes, los niños, y los locos en general. Las víctimas de los trabajos de esta familia son generalmente transformados en zombies; y se dice que en ocasiones los Ghede ‘encarnan’ momentáneamente en los cadáveres para realizar acciones indignas, así como para alimentarse o embriagarse. Durante las ceremonias en su honor suelte tomar posesión de sus devotos, en especial aquellos que utilicen las ropas que el difunto usaba durante su estadía en el plano terrenal. Se los suele ver vagando por los cementerios llevando un largo bastón de hueso, anteojos oscuros y sombrero (de copa por lo general). Quienes se han cruzado con algún miembro de la familia Ghede y han tenido la fortuna de sobrevivir a ese encuentro, denuncian la tremenda fuerza sobrenatural de los mismos; y a aquellos que oigan un silbido poco armonioso, en las calles cercanas a los cementerios, se les recomienda mejor cambiar su rumbo inmediatamente, ya que esto es señal de que algún Ghede está buscando algo más que una vianda nocturna, ello incluye algo con que aplacar su hambre de sexo.
El jefe de la familia es Papa Ghede, quien es descrito como un hombre de baja estatura, moreno, con un alto sombrero en la cabeza (algo muy común en muchos miembros de la familia, para indicar que se trata de un señor, y por ello muchos de ellos llevan el título de Barón —Señor/Lord—, razón también por la cual es a veces difícil de separar a los distintos miembros, muchos de los cuales se les consideran como manifestaciones del mismo Loa), un cigarro en la boca, y una manzana en la mano izquierda; usa un monóculo, el ojo que utiliza para proteger la comida de los ladrones, ya que tiene un gran apetito.
Papa Ghede es como todo miembro de su familia, ante todo un psicopompa (un guía para de las almas de los difuntos al otro mundo); se señala que espera en las encrucijadas para tomar las almas y llevarlas al más allá. Se le considera una contrapartida benéfica del Barón Samedi (Señor del Sábado). Si un niño está muriendo, es a Papa Ghede a quien se le ora, y quién protege a los más pequeños; ya que por lo general Papa Ghede no le gusta ver que los niños mueran, y no tengan una vida plena; es por ello que es el Loa al que se recurre a la hora de buscar ayuda para un niño enfermo. Papa Ghede es el señor de la muerte misma, y es también el último recurso para la curación, ya que es el que decide si acepta a la persona enferma, permitiendo que se recuperen o que descancen en paz.
Papa Ghede y Legba, son ambos son guardianes de las encrucijadas, el lugar donde el mundo de los espíritus se cruzan con nuestro mundo. Si los consultados son otros loas, es Legba quien saluda y quien permite el encuentro; pero si se busca hablar con los difuntos; le corresponde a Papa Ghede y a otros de los miembros de la familia ser los intermediarios. A diferencia del Vudú haitiano, Papa Ghede rara vez viene a atender consultas en la vecina República Dominicana.
Papa Ghede es más conocido en su versión más joven, Ghede, llamado más comúnmente Barón Samedi (Señor del Sábado), que es a quien más de le reza en esta familia. Barón Samedi es el señor de la vida y la muerte, es quien maneja las fuerzas oscuras del más allá y quién da el poder para crear a los zombies y permite que los brujos cambien en animales. Barón Samedi es también el loa del erotismo; que está más allá del bien y del mal, ya que es inevitable. Lo divierte la presencia universal del sexo y la constante necesidad de los seres humanos de fingir que es otra cosa diferente a los que realmente es. Cuando Barón Samedi monta a alguien (entra en el médium), él sabe como ridiculizar, avergonzar y exponer (en más de un sentido) el puritanismo; principalmente el de los blancos por las costumbres propias de censura de la cultura occidental; así Barón Samedi es conocido por su hablar en maldiciones y su honestidad cruda y sin tapujos.
Es Barón Samedi el más reconocible de la loa de la familia Ghede. Él es bien conocido por su carácter bullicioso; y a pesar de ser un dios de la muerte y del viaje al inframundo, es mucho más probable que se le encuentre bebiendo, fumando o de juerga con las mujeres, y todo ello lo hace con un abandono constante. Él es un dios de la salud y el cuerpo humano, especialmente en materia sexual, y se sabe que tiene el poder de la resurrección en sus manos huesudas. Junto con su esposa, Maman Brigitte, es guardián de los muertos y los caminos que conducen a ellos, sobre todo de los cementerios y las encrucijadas cercanas, él es el sepulturero, el guía y el animador escandaloso en el camino hacia los reinos sin luz.
Barón Samedi lleva un bastón y se ve más a menudo fumando un cigarro; usa un abrigo negro, sombrero de copa y gafas oscuras por lo general con una lente que falta. Recordando la imagen de un antiguo enterrador. El uso del sombrero de copa, frac negro (esmoquin), gafas de sol, y tapones de algodón en las fosas nasales, lo hacen parecerse a un cadáver vestido y preparado para el entierro al estilo haitiano. Su cara la tiene pintada de color blanco, con frecuencia con la imagen de la calavera (en realidad tiene un cráneo de una cara) y habla con voz nasal. Le encanta fumar y beber, y rara vez es visto sin un cigarro en la boca o un vaso de ron en sus dedos. Barón Samedi se puede encontrar en la encrucijada entre los mundos de los vivos y los muertos. Cuando alguien muere, él cava su tumba y saluda a su alma después de haber sido enterrada y lo que lleva a los infiernos. A él se le consagra el primer muerto de todo cementerio; así como a su mujer (Maman Brigitt) se le consagra la primera muerta; su símbolo es la imagen de la cruz sobre una tumbas con ataúdes a ambos lados.
Barón Samedi es bien conocido por la interrupción, la obscenidad, el libertinaje, y que tiene un especial cariño a tabaco y ron; es además el Loa de la resurrección, y es el segundo con la capacidad de curar; y a menudo se recurre a él por la salud de los que están cerca de la muerte, ya que es sólo el Barón Samedi puede aceptar a una persona en el reino de los muertos; así Barón Samedi es también un dador de la vida; él puede curar cualquier mortal de cualquier enfermedad o herida, si cree que vale la pena. Sus poderes son especialmente importantes cuando se trata de maldiciones vudú y magia negra. Incluso si alguien se ha visto afectado por un hechizo que lo lleva al borde de la muerte, no morirá si el barón se niega a cavar su tumba.
Barón Samedi además de ser maestro de los muertos, hace de juez; determina la culpabilidad o la inocencia de quienes son llevados ante él. Si alguien es víctima de la magia malévola y si se le invoca por ayuda, y él ve que la persona es inocente, la persona no podrá ser asesinada. Pero si se le invoca para castigar a un malhechor, él mismo enviará los espíritus de los muertos al cuerpo del delincuente, y el malvado morirá de una muerte lenta. Barón Samedi también asegura que todos los cadáveres se pudran en el suelo para evitar que cualquier alma sea traída de vuelta como zombie. Lo que exige a cambio depende de su estado de ánimo, a veces se contenta con pequeños regalos de puros, ron, café negro, cacahuetes tostados o pan; en otras pide algo más fuerte y sustancioso.
Barón Samedi pasa la mayor parte de su tiempo en el reino invisible de los espíritus y es conocido por su conducta escandalosa, jurando continuamente y haciendo chistes sucios a los otros espíritus. Aunque casado con otro espíritu poderoso, Maman Brigitte, aún así a menudo persigue a las mujeres mortales. Barón Samedi, es conocido como el Loa patrón de New Orleans; y él ama absolutamente a los niños a los protege con todo su poder. Pese a su carácter Barón Samedi es conocido por ser muy sabio y honesto en sus respuestas a los que buscan su ayuda.
Entre los cuentos del Barón Samedi tenemos que un día que el Barón estaba cuidando las vacas de su hermano, como un favor, cuando un ladrón de vacas vino y las robo de debajo de su nariz. El ladrón de vacas era muy grande, muy feo y muy aterrador, y el Barón no quería enfrentarse a él directamente. Así el Barón fue a donde su hermano y le contó lo que había sucedido. Él embelleció la historia hasta que fue una historia de grandes obras, en las que había estado a punto de morir en defensa de las vacas y que el ladrón había sido un monstruo merodeador de tamaño inconmensurable y brutalidad. Indignado por la audacia del ladrón en el robo de las vacas y por haber amenazando al Barón, su hermano fue inmediatamente a seducir a la hija del ladrón, cosa que hizo, poniendo en marcha una cadena de acontecimientos que finalmente condujeron a una guerra por todo el lugar, con la participación todos los dioses y enviando a muchos de ellos a su fin. El mismo Barón, sin el menor interés en ser parte de la guerra que había comenzado, partió hacia tierras desconocidas y permaneció allí en adelante.
Los hermanos más conocidos del Barón Samedi son el Barón Cimetiere (Señor del Cementerio) y el Barón La Croix (Señor de la Cruz); ambos con funciones psicopompas. El Barón La Croix (Señor de La Cruz), también Bawon Lakwa en criollo, es otro de los Loas de la muerte y la sexualidad. Tiene un carácter más filosófico de la muerte, les señala a todos (ricos y pobres) que la vida hay que disfrutarla ya que no importan como vivan, la muerte tarde o temprano los alcanza a todos. Como su hermano Barón Cimetiere suele ser descrito como culto y elegante. Barón La Croix tiene la función de buscar las almas de aquellos que mueren en paz (por vejez). Descrito como sus hermanos, con traje oscuro, sombrero de copa, delgado y con la figura de un anciano cansado y triste. A su servicio hay una serie de Ghedes que llevan el apellido La Croix (La Cruz); la mayoría de ellos fueron mortales que tras su muerte este señor de los infiernos los elevó a la categoría de Loas.
Entre los más conocidos tenemos a Ti Charle La Croix (Tío Carlos de La Cruz), también conocido como Arapice La Croix; según los cuentos se trato de un simple mortal, un pobre haitiano llamado Antoine Jean Pierre, que vivió a principios del siglo XX; cuando Haití había sido invadida por USA. En este periodo de la historia haitiana habían regresado las persecuciones a aquellos que practicaban los rituales vudú, y eran muy fuertes los castigos; y muchos ocultaron sus costumbres de los intrusos; pero otros usaron esa época de miedo para incrementar su poder sobre sus vecinos, ante el temor de estos de ser denunciados; así eso fue suficiente para que algunos abusaran del poder. Tuvo la mala suerte Antoine Jean Pierre de caerle mal a un verdugo; su muerte fue rápida y sin juicio; nadie pudo reclamar justicia por su pronta muerte a los veinticinco años. Un año después Barón La Croix sacó su alma de los infiernos y lo volvió uno de sus siervos; a quien llamo Arapice La Croix; desde entonces este Ghede ha protegido a soldados que defienden las causa justas; pero castiga duramente a aquellos que no pagan las promesas con él contraídas. Otros miembros de la familia La Croix son: Ghede Brave (valiente) La Croix que es otro de los guardianes del cementerio; mantiene las almas de los muertos dentro y las almas de los que viven fuera. Ghede Secretaire (secretario) La Croix, que tiene una función de archivador de las almas que llegan, etc…
Barón Cimetiere es el guardián de los cementerios, se diferencia de sus hermanos en ser más tranquilo y sosegado. Al atender los llamados de los invocantes tiene modales más finos y pausados; que contrastan seriamente con el resto de la familia. Aunque físicamente no se diferencia su aspecto del Barón Samedi, al usar esmoquin y sombrero de copa, salvo por ser descrito como un hombre negro, algo mayor en edad y de gran tamaño; tamaño que requiere para proteger los huesos de los muertos de aquellos que buscan robarlos en los cementerios.
Al Barón Cimetiere se le reconoce más por sus gustos caros: fumar puros y bebe vino o licores finos. En la República Dominicana se le conoce como Papa Candelo (masculino de candela = fuego); llamado también Candelo Cedife o Viejo Candelo. Es descrito como un Loa poderoso, humilde y estricto; y como muchos en su familia ayuda a los niños, a los que protege de la envidia. Se le representa entre las imágenes cristianas con la estampa de San Carlos.
Entre las historias de la República Dominicana vinculadas a Papa Candelo tenemos la leyenda de su compañera, Candelina, la Morenita. Cuentan los mitos que Candelina estaba embarazada e iba a tener un hijo sin marido; todo esto durante el tiempo en que eso era tabú y se castigaba con la muerte a aquella mujer soltera que diera a luz a un niño. Candelina ocultó su embarazo durante todo el tiempo que pudo, pero pronto creció su estómago, y su encubrimiento fue descubierto. Así, su castigo fue ser quemada viva en la hoguera con su hijo por nacer. En una mañana fría a principios de febrero, la chica estaba atada a la estaca de madera y le llevaron la antorcha. Candelina levantó la vista hacia el sol de la mañana y le pidió al buen dios que la salvara, porque alegaba ser virgen y estaba concebida por intervención divina. Candelo viendo el evento hizo que el fuego cortara las amarras y la chica salto de las llamas; los hombres la persiguieron por bruja, y Candelo en una gran llamarada se les apareció, haciendo que huyeran. La chica agradeció la ayuda y abrazó al Loa, que nunca había conocido el amor de otro ser; desde entonces están juntos, y mientras Candelo es el incendio que todo lo envuelve, Candelina es la llama de las velas que se prenden en los rezos a los difuntos, pero cuidado, incluso ella puede arder incontrolable. Candelina es reverenciada con la imagen de la Virgen de la Candelaria.
Entre los Barones (Señores) de la Ghede, tenemos también a Barón Kriminel (Señor de los Criminales), que es un espíritu temido dentro de la religión haitiana. Las leyendas señalan que se trato en vida de un asesino condenado a muerte. Ya desde el otro mundo esta alma es llamada por los consultantes para buscar castigos (muerte) contra aquellos que han realizado crímenes violentos contra otros. La posesión por parte del Barón Kriminel es difícil y peligrosa; si no esta a gusto con las ofrendas puede morder a la persona poseída y devorar la carne de la misma. Él trabaja por un salario, y se señala que él suele cobrar sus ‘trabajos’ el día de todos los santos (02 de noviembre), si no se cumple, seguro se puede espera su presencia para cobrar al día siguiente, cuando golpee su puerta y frente a usted este aquella figura enorme envuelta en cadenas; suele sicretizarse con la imagen de San Martín de Porres, tal vez porque su fiesta es el 03 de noviembre. Para invocar a este Loa se suelen sacrificar gallinas negras, a las cuales se les rocía gasolina y se les prende fuego vivas; los gritos de las aves al ser quemadas tratan de apaciguar la naturaleza cruel del Barón Kriminel, ya que a lo mejor le recuerdan su propia muerte.
Con una naturaleza menos temible tenemos a Ghede Nibo; según la tradición un apuesto joven que fue asesinado violentamente. Después de la muerte, fue transformado en un espíritu o loa por Baron Samedi y Maman Brigitte, para quienes se volvió su ‘hijo’. Nibo es concebido como chico atractivo, dandi por un lado y afeminado por otro. Suele llevar un abrigo de montar negro y bastón. Como sus ‘padres’ suele ser llamado para ayudar a sanar, en esas invocaciones suele tomar ron blanco mezclado con hierbas medicinales y fumar cigarros. Su atractiva apariencia juvenil es sicretizada con la imagen católica de San Gerardo. Si por un lado el Barón La Croix busca la almas de los que mueren de viejos, Ghede Nibo recoge las que los que mueren jóvenes. Entre sus labores es ser un intermediario entre los vivos y los muertos; dando voz a los espíritus de los muertos que no han tenido el debido entierro y reposo.
En este punto se señala que dentro del Vudú la homosexualidad no es algo que implique la exclusión en los rituales y desprecio por parte de los practicantes de la fe afro-caribeña. En esta religión los gays y lesbianas pueden ser Houngans y Mambos sin menosprecio por su condición sexual, ambos grupos (gays y lesbianas) adoran a la diosas Freda y Dantor como sus protectores respectivamente. Ante ello Nibo es el primero (pero no el único) de estos Loas a los que la sexualidad no se limita a personas del sexo opuesto. Cuando entra en posesión de un invocador el ambiente se llena de lasciva sexualidad en todo el alrededor. Ghede Nibo suele ser acompañado por otro Loa descrito como transexual o andrógino, Ghede Masaka; quien es reconocido por su camisa negra, chaqueta blanca y pañuelo blanco.
Por otro lado, hablando de loas gays, en el sentido estricto, tenemos a los Barones (señores) Lundy y Limba, quienes son conocidos como ‘Los Amantes‘. Esta pareja de Loas masculinos son los primeros abierta y sexualmente gays entre los misterios haitianos. Su origen se encuentra seguramente entre aquellos dioses gemelos, tan comunes en la mayoría de las familias originarias de loas; pero que en la familia Ghede terminaron de ser dos hermanos convertidos en dos amantes.
Otros personajes fuertes en la familia Ghede son los capitanes; cuyas funciones recuerdan un poco a la del dios griego Caronte; mientras los distintos miembros buscan las almas en el mundo mortal, estas al llegar son enviadas a su lugar de destino final con ayuda de estos capitanes. El más conocido de ellos es Capitán Debas (también Debard, Deebat) que es como un coleccionista almas, guiando almas en el inframundo, sobre todos a los muertos en el mar. Suele ser descrito como un capitán de navío, nave en la que seguro transporta las almas recolectadas, de ahí su semejanza con Caronte.
Otro de estos ‘capitanes’ es Ti Jean Quinto (Tío Juan Quinto), que es descrito como un cruel Loa que asume la forma de un oficial de policía y del que se dice que disfruta de pasar tiempo bajo los puentes y se manifiesta a menudo cerca de ellos. Las ofertas adecuadas a Ti Jean Quinto son las comidas picantes, los chiles y el ron. Hoy no se sabe si Ti Jean Quinto era un policía muerto en deber o si se disfraza de uno. Sin embargo algunas historias dicen que en las noches a los transeúntes se le aparece un policía, quien de alguna manera, haciendo uso de la autoridad investida, logra de los mismos que le regalen algo de licor. Los transeúntes se dan cuenta de que algo no esta bien cuando al alejarse el oficial ven que sus zapatos no eran botas de oficial, sino que usa unas sandalias gastadas y tiene puesto un viejo y descolorido pantalón vaquero (jeans).
Po otro lado, como herencia de viejos cuentos africanos, entran en esta familia Ti Malis (Tío Malicia) y Ti Bouki (Tío Bobo); los cuentos de estos dos personajes abundan en Haití y en otras países de América; por lo general Ti Malis es un pobre golpeado por la vida, que usando su astucia vence y engaña al fuerte pero bruto Ti Bouki. El origen de los personajes deriva directamente de las historias africanas de la Libre y la Hiena; donde la astuta e indefensa Libre, engaña a la poderosa pero bruta Hiena. En Venezuela los cuentos de Tío Conejo y Tío Tigre muestran lo arraigado de esas viejas historias africanas en toda la población venezolana y latino caribeña. El tío Conejo ha pasado a representar parte de la idiosincracia local y del pueblo latino en general, que ante la adversidad y la fuerza de los brutos que manejan el poder él siempre se enfrenta con astucia y algo de trampa o engaño; pero sobre todo con buen humor, ya que nos podemos reír de todo, incluso lo malo que nos ocurre.
No todos los miembros de la Ghede se mueven y promueven la muerte, algunos tienen como función avisarnos de peligros y daños; sobre todo en los niños. Destaca en este grupo Ghede Linto; un loa que conocido por realizar milagros; y aunque muchos piensan que es un niño pequeño, debido a su cortesía, Linto es realmente un viejo de gran altura y piel muy oscura; con bastón, gafas y un viejo sombrero negro. Este Loa educado y dócil le encanta cantar y disfruta con el ron, el agua florida, los cigarrillos y el fuego. Suele al aparecer dar regalos a los niños de la casa, que a veces incluyen anillos y cadenas de oro. Linto hace estos milagros para asegurarse que los niños están en buenas manos. El trabajo de Linto es competente, directo y preciso, suele avisar de problemas hasta con seis meses de anterioridad; a fin de las familias se preparen, prevengan y protejan a sus hijos.
Otros miembros menos conocidos de esta familia son: Ghede Doubye (del suave adiós); del que se dice que dota a sus protegidos con el don de la clarividencia; Ghede Loraj (de la tormenta) es un espíritu que por lo general sólo se manifiesta durante las fuertes tormentas; Ghede Babaco (¿tabaco?) es el hermano menos conocido del Papa Ghede; tiene un papel similar en la función psicopompa, pero no tiene las habilidades especiales de su hermano para devolver la salud y curar a los moribundos; Ghede Oussou (borracho) se muestra una chaqueta negro o malva, con una cruz marcada en la parte posterior y un pañuelo negro o malva; recibe este nombre por su gusto por ron blanco; mientras que Ghede Zaranye (el del fino arte) reconocido por su gusto por la danza y el ritmo del tambor, Ghede Plumaj (plumaje) suele llevar una pluma en su sombrero de copa; Ghede Wawe (vista); etc.; todos posiblemente manifestaciones de Ghede (Barón Samedi) mismo. También entran en esta familia Jean Zombi (Juan Zombie), que describimos en la familia Petro como aquel mulato que en la revolución haitiana dio muerte horriblemente a varios de los blancos que quedaban en Haití tras alcanzar su libertad de Francia.


















































































