Cuentos de miedo (5) Frankenstein y los vampiros.

A fines del siglo XVIII el Romanticismo que se reveló en contra el neoclasicismo, proclamado que los sentimientos eran más importantes que la razón. Así en una noche de tormenta, cuatro amigos Lord Byron, Polidori, Percy Shelley y Mary Shelly (su esposa) recluidos la villa Diodati (Suiza), pasan la noche leyendo historias de espantos, que no asustan, y se proponen entonces escribir cada uno historias de verdadero terror. Sólo dos cumplirían el trato de esa noche de 1813. La joven Mary Wollstonecraft Shelley, de tan sólo 20 años traería a la luz a una de las obras más famosas “Frankenstein o el Moderno Prometeo” (1818) su historia se basó en una pesadilla de su infancia en la que un “estudiante de ciencias impías” creaba un ser viviente con partes de cadáveres. Agregó a su sueño los datos de relación al galvanismo y la capacidad de reanimar partes de cadáveres mediante la utilización de electricidad y nació así la que probablemente sería la primera novela moderna de Ciencia Ficción.

El segundo en cumplir la apuesta fue John Polidori quien presentaría la primera historia de los no-muertos, “El vampiro” (1819) de Polidori reformaría la imagen tradicional, alejándola del no-muerto de apariencia cadavérica de las leyendas europeas. Su personaje Lord Ruthven es un bebedor de sangre que se pasea por los círculos más selectos. Otros autores siguieron este ejemplo y convirtieron al vampiro en la figura más representativa de la novela gótica.

En Drácula (1897) de Bram Stoker narra las aventuras jóvenes heroicos, de chicas bellas y virtuosas en peligro y un villano adecuadamente malvado. Su trama imita a un romance caballeresco en la que Jonathan Harker y sus compañeros serían el grupo de caballeros y Van Helsing una suerte de mago Merlín. Los factores que captaron la atención del público fueron: que Transilvania era un lugar misterioso y poco conocido. El sexo y no el amor están presentes, Drácula transforma a las puritanas chicas en bacantes desenfrenadas. Algo en contra de la rígida moralidad de la época. [Chovinismo victoriano del más puro].

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