Mitos Tamanacos (1) Amalivaca, dios de las aguas.

Entre los pueblos indígenas que habitaron desde las costas del Mar Caribe en la hoy Venezuela, hasta las selvas amazónicas, hubo un pueblo, hoy extinto, que habito las riveras del río padre de Venezuela —el Orinoco— y que hoy conocemos como “Los Tamanacos“.

Tamanaco es realmente el nombre un cacique, que tras la muerte del cacique Guaicaipuro, trató de reunificar las tribus de la costa venezolana para luchar contra los conquistadores españoles. En 1570 fue vencido y preso. Condenado a morir en la horca como su predecesor, un capitán español le ofrece la libertad si logra vencer a su perro. Tamanaco moría en el intento por la mortales mordidas de aquella bestia que tenía por nombre “Amigo” y que a dentelladas le destrozó la garganta al bravo cacique. Su cabeza fue cortada luego y colgada en una viga. Así el valiente cacique se convirtió en una leyenda para los demás pueblos indígenas.

Para los Tamanacos existían tres mundos. El superior donde moraba el Dios Sol y los demás dioses celestes: El Trueno, El Rayo, La Lluvia y El Viento. Un estrato medio donde vivían en armonía los hombres, las plantas y los animales que habitaban la Madre Tierra. El Tercero era un mundo inferior, subterráneo y subacuático; habitado por demonios, duendes, los muertos, los dueños de las aguas, y los animales acuáticos.

En este mundo subterráneo y acuático habita una enorme anaconda de las aguas, Lalikilpará, y en cierto momento, cansada del ruido de los hombres que habitaban las riveras de su dominios provocó un gran cataclismo, un enorme diluvio que inundó toda la tierra, destruyendo a los hombres, sus templos y ciudades. Las montañas, que eran lugares sagrados por estar sus cumbres más cerca del cielo, se volvieron los únicos lugares para escapar de la gran inundación.

Dos jóvenes que sobrevivieron al gran cataclismo preguntaron a los dioses qué debían hacer para poblar de nuevo la tierra y evitar otra calamidad de la misma magnitud. Eran Amalivaca (también conocido por otras tribus como: Amaruaca y Amarivaca) y su hermano Uochi. Los dioses le encomendaron a los jóvenes la tarea de repoblar el mundo sembrando las semillas de Moriche que habían traído en su canoa, desde las tierras del sur.

Los hermanos sembraron las plantas de Moriche y de sus semillas nacieron hombres y mujeres que repoblaron el territorio; crearon los ríos —incluyendo al Orinoco— para que las aguas bajaran hasta el mar; poblaron los ríos de peces y la tierra de animales y aves. Plantaron a su vez cacao, maíz, papas, yuca, etc. Los nuevos hombres ahora pescaban y recolectaban sin maltratar la Madre Tierra —podemos a semejanza del mito bíblico asumir que la causa de aquel primer cataclismo fue un mal comportamiento de los hombres con la tierra—.

Con el río Orinoco los hermanos pelearon ya que deseaban que en el río mayor sus aguas circularan en ambos sentidos (río abajo y río arriba), para que los remeros de las canoas pudieran subir y bajar sin problema: Al final desistieron de tamaña empresa; pero en verano es tan bajo el nivel del Orinoco y dado lo plano de las tierras por las que circula que en algunas partes parece devolverse.

En los tiempo anteriores al gran cataclismo los dioses habían creado a los hombres inmortales —como en la edad de oro griega, los hombres eran eternos y cuando era dorada acabó terminaron transformados en genios y hadas—. Amalivaca y su hermano Uochi, al ser los únicos hombres que sobrevivieron, tenían el don de la inmortalidad y los nuevos hombres reconocieron en estos hermanos a seres superiores y los consideraron similares a los dioses; es por ello que Amalivaca para muchos de esos pobladores era visto como un dios de las aguas.

En otra versión Amalivaca decidió regresar en canoa al otro lado del mar, de donde había venido y adonde supuestamente iban las almas de los hombres después de la muerte. Cuando estaba listo para irse les dijo a los tamanacos “uopicachetpe mapicatechí” (mudarán únicamente la piel); a semejanza de las serpientes que mudan la piel y parecen rejuvenecer, les daba así el don de la inmortalidad a los nuevos hombres; pero una vieja mujer dudó de lo que decía Amalivaca; por lo que héroe divinizado molesto dijo con firmeza “mattageptchí” (morirán). La muerte, al igual que la perdida del paraíso, por alguna razón los hombres se la han achacado siempre a las mujeres —Eva, Pandora, etc.—.

El que Amalivaca fuera descrito como un hombre supuestamente blanco y cuando terminó su misión tomo su canoa y retorno a su hogar al otro lado del mar; es una imagen que tiene paralelismo con el dios Quetzalcóatl que era descrito también como un hombre de piel blanca y cabello rojo. El mito de la gran inundación es común en muchas culturas y entre aztecas y mayas, así como en otras culturas de América se habla de hermanos gemelos que salvaron al mundo. ¿Qué pasó con Uochi? Eso no se sabe, podemos suponer que a semejanza del mito mesoamericano de Quetzalcóatl y su hermano Tezcatlipoca, el segundo deseo eliminar al primero, logrando que regresara al otro lado del mar; y quedándose Tezcatlipoca con los hombres, como dios de la muerte y la traición.

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Referencia y textos originales: aquí, aquí y aquí.

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