Huyá (Huya), el planeta de las vidas pasadas

Huyá (38628 Huya / 2000 EB173) fue descubierto por Ignacio Ferrin el 10 de marzo de 2000 con un telescopio del Observatorio de Venezuela, y recibió su nombre de un dios de la lluvia, de la etnia Venezolana Wayúu —Pueblo indígena de la Guajira— en agosto de 2003. Fue considerado el mayor y más brillante objeto transneptuniano conocido hasta esa fecha, con un diámetro estimado de 500 km, un cuarto del tamaño de Plutón. Su perihelio de 28,5 UA apunta a Escorpio, tiene un afelio de 50 UA y un periodo de traslación de 246 años, que lo ubica como un plutino. Huyá parece tener un color rojo oscuro, a semejanza de otros cuerpos del cinturón de Kuiper. Las órbitas de Plutón y Huyá son prácticamente iguales, salvo por el hecho que giran en planos distintos, el nodo ascendente de Huyá se ubica a 19° virgo, mientras que el Plutón a 20° Cáncer; y en la actualidad ambos cuerpos se encuentran separados unos 120° aproximadamente.

Breve cosmogonía Wayúu

Los Wayúu son gente de arena, sol y viento y han resistido durante siglos en la árida península de la Guajira (entre Colombia y Venezuela).

Según los mitos una primera generación estaba constituida por los “dioses”, todos fenómenos portentosos y auto suficientes, eran ellos: Maleiwa, el primero y creador de las cosas, habitaba en el cielo azul, era el firmamento —aquí equivale a Urano—; sus hermanos fueron Kaí, el dios Sol, que para muchos es la hoguera de Maleiwa que calienta al mundo y que ha existido siempre y Kashi, un dios de la Luna, que era la lampara de Maleiwa. Inicialmente trabajaron juntos pero finalmente Kaí trabajó de día y descanso en la noche, cuando trabajaban Maleiwa y Kashi. Kaí tenía una hija llamada Warattui (Claridad = Aurora) y Kashi otra hija llamada Pluushi (oscuridad = crepusculo); hijas de esta última son las estrellas.

Debajo de Maleiwa se encontraban: Mma, la Tierra y Palaa/Palachi, la mar, Mannuuya, dios de la niebla y el rocío; Weinshi, dios del tiempo, es sinónimo de eterno y uno de los tantos amante de Pulowi; finalmente Maitos o Jimatuui, diosa de la calma (sin viento); y debajo de ellos finalmente un inframundo, un mundo de cavernas y aguas estancadas poblado por seres conocidos como Akalakui, que tienen la estatura de niños pequeños, van en grupos numerosos y atacan a los hombres de muchas maneras (demonios/duendes).

Palaa/Palachi y Maleiwa serían los padres de Huyá (se lee y escribe también como Juyá) y sus hermanos, y estos llenarían el espacio entre el cielo —Maleiwa— y la tierra —Mma—; estos nuevos dioses reinaban sobre la lluvia y los vientos. El dios principal de las tormentas es Huyá, la lluvia poderosa, también llamado Wawai, el huracan; lo acompañan sus hermanos: Simirriuu, la fuerte tormenta; Iruwalaa, la lluvia copiosa; Iiwa, la lluvia incipiente, Jonoi/Joutai, la lluvia devastadora; Ommala, la lluvia fuerte y Atchaperraa, la lluvia terminante; para muchos solo son manifestaciones/nombres del mismo dios. Otros dioses del viento son: Japichikua, dios de las brisas, que desposo Iiwa, diosa de la primavera y hermana de Huyá; y Pulowi, diosa de la sequía y el viento seco, esposa de Huyá. Pulowi y Japichikua serán hijos de Mma y Maleiwa; vinculados, la primera a la tierra desértica y a la costa caribeña; y el segundo a las montañas; vientos que van hacia el mar sin humedad y que arrastran arena y polvo.

Según el mito un día Huyá empezó a caminar y conoció a Mma y se enamoró de ella; de su unión brotaban del vientre de Mma todas las plantas, que forman la segunda generación. Huyá es sinónimo por excelencia de masculinidad; se muestra ante los Wayúu de diversos modos, pero su presencia se asocia generalmente a la lluvia y a los relámpagos. Huyá representa la movilidad, recorre el mundo en forma de lluvia, representa la vida, es maestro de los cazadores, y se le asocia al frío. Cuando llegan las primeras lluvias, la tierra es fertilizada, renace toda planta muerta y se desarrolla todo lo que ya vive; un poco la imagen de Urano que fertiliza a Gaya/Gea en el mito griego. Las plantas que surgieron de la unión de Huyá y Mma tenían muchas formas y tamaños, pero todas eran quietas y no se movían. Mma se puso muy triste porque ella quería hijos que caminaran y se movieran, y fueran de un lugar a otro.

Maleiwa viendo la tristeza de Mma, creó a los animales, la tercera generación, pero estas criaturas se depredaban entre sí. Entonces, el demiurgo Maleiwa, en un momento de ira, decide perfeccionar su creación y en una cuarta generación crea a los hombres; seres conscientes y con el don de la palabra; y les da las leyes que los rigen; entre ellas asigna cada animal a una familia o clan —tótem—. Pero a media de que los hombres se dispersaron por la tierra, Maleiwa se dio cuenta que no dejó un lugar para que reinara su hija Pulowi, entonces hizo brotar del mar a la Península de La Guajira; y en ella se asentaron luego los Wayúu.

Huyá era como todo gran dios, un dios de muchas mujeres; entre ellas estaba Siichi; una joven mortal a la que Huyá embarazó con solo tocarla; de esta unión nacieron dos gemelos —un mito muy común en las culturas prehispánicas—; los chicos llamados Mayui y Ulapule crecieron y entre sus muchas aventuras vencieron a un demonio femenino que habitaba entre las lagunas.

Wolunka, era una hija de Huyá con Pulowi, y era conocida como ‘la mujer de la vagina dentada’. Wolunka disfrutaba de bañarse en las lagunas; se desnudaba y coqueteaba a los hombres y los invitaba a bañarse con ella; luego se zambullía en la laguna y salía, y cada vez que los hacía, los dientes de la vagina, hacían ‘Kuruchi… Kuruchi…’.

Los mellizos al observarla se enamoraron de la sirena, pero el problema era no ser devorados por aquella boca inferior; finalmente ellos hicieron varias flechas y un día uno de ellos se colocó de frente con las flechas en la mano, mientras el otro nadaba y jugaba con la sirena en el agua, manteniéndola a raya con otro arco y flechas. Los dientes le sonaban al hacer contacto con el agua; y mientras el segundo distraía a la sirena, el primero vio su oportunidad y disparo su flecha rompiendo los dientes mortales. Tras ello se acostaron con la sirena y de esta unión nació una nueva generación de humanos, los Wayúu, que se asentaron en la Guajira.

Pulowi fue la esposa oficial de Huyá, a la cual abandona por su esterilidad. Pulowi era hija de Maleiwa y su padre le dio como reino la Guajira; así Pulowi queda atada a una tierra seca, por un lado fija y por el otro con su soplo (viento) que lleva solo polvo y calor o que hace que las olas que golpean con furia las costas Guajira con furia, así vinculada a la tierra y al mar, no es móvil, sino múltiple en aspectos.

Pulowi está asociada a la sequía; la sequía aquí emana de la tierra. En los lugares donde se encuentra Pulowi hay siempre mucho viento y este viento es responsable de la deshidratación del suelo. Como la Guajira es una tierra estéril, su vegetación es espinosa y fauna hostil. Pulowi esta vinculada también al arcoiris y al final de las lluvias. Según los mitos, el arcoiris es la lengua o aliento de un gran dragón/serpiente, o el dragón mismo; una de las muchas formas de la diosa, que aparta a su marido finalmente de su lecho.

Los Wayúu le han dado un sentido a la vida y muerte, y en este dualismo dominan el pensamiento Pulowi y HuyáHuyá es el amo de las aguas del cielo, simboliza la vida que renace, la fecundidad; vinculado a los cultivos y la cría de ganado, hace germinar las semillas y reverdecer el pasto. Es lo masculino, único, móvil como las lluvias torrenciales que todos los años inundan las tierras indígenas, como hombre polígamo que visita a sus esposas diseminadas por un ancho territorio. Es también el amo de la caza. Su arma infalible es el relámpago.

Por su parte Pulowi es soberana de las profundidades donde dominan los animales salvajes y las plantas silvestres, como una Artemisa, señora de las bestias salvajes, Pulowi se asocia a la muerte, la sequía y la oscuridad, también lleva en silencio sus propias penas. Los sitios donde Pulowi habita están en los huecos de la tierra y las cuevas; y estas son entradas al inframundo, el pasadizo entre el mundo de los vivos y el mundo de las sombras de los muertos.

Será producto de las infidelidades de su esposo, o que ella misma es en esencia infiel; Pulowi adquiere formas diversas y como mujer seductora atrae y hace desaparecer a los hombres más viriles (suerte de Artemisa y Afrodita que seduce y mata a los que entran en sus tierras silvestres), o cuando Pulowi se le aparece por la noche al que se encuentra perdido, bajo la apariencia de una serpiente se lo traga y lo desaparece. Así Pulowi arrastra a los hombres a su mundo subterráneo para poseerlos ejerciendo una irresistible atracción o seducción sobre ellos, ejerciendo un poder absoluto, excluyéndolos del mundo de los vivos; y este inframundo pasa a llamarse como su ama.

Puede ser la soledad del mar o en la silenciosa mansión de las profundidades que habita Pulowi, el desamor de su esposo o sus propias traiciones lo que hacen de la diosa tener su carácter sombrío; pero ella no está sola en estas oscuras cavernas, la acompañan poderosos emisarios portadores de males, son los Wanuluu, deidades maléficas por excelencia. Estos asumen una apariencia humana, Wayúus vestidos de negro que en la noche lanzan sus flechas invisibles, matan o hieren gravemente a los humanos, los enferman. 

Huyá y Pulowi, dotados de virtudes opuestas y aparentemente incompatibles, son sin embargo marido y mujer. Su complementariedad y sus relaciones conflictivas representan las paradojas y los movimientos del mundo natural y social, alternancia de las estaciones, tensiones conyugales, oposición entre economía y ecología, etc.

Estos aspectos cíclicos de muerte y resurrección hacen que astrológicamente que Huyá se le relacione con la transformación de patrones fijos que se repiten, son las vidas pasadas que se muestran iguales y a su vez diferentes, cambiantes, flexibles. Huyá parece indicar la conciencia de que algo falta, el ecologismo, así como la falta de atención. Huyá nos habla de cambio y de disputas familiares; de relaciones de pareja, de insconstacias y adulterios.

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Nota: se tomaron en los mitos algunas libertades literarias en virtud de las múltiples versiones, para así dar uniformidad a la historia.

Los cambiaformas (5) Las Metamorfosis

Los dioses tiene por su naturaleza la posibilidad de cambiar de forma y apariencia; los mortales que están sometidos a sus designios no tanto, en los mitos griegos el cambiar forma implicaba, con raras excepciones, ir a una forma y nunca más volver. Los caprichos de los dioses iban desde premiar a sus favoritos o a castigar cruelmente a sus caídos de la gracia divina. Entre los cuentos griegos destacan:

Los desgraciados amoríos de Apolo.

Apolo era el dios del orden, la luz, las artes, la verdad; su padre de dio el don de la profecía y las musas le hicieron la corte. A diferencia de su padre, sus amores nunca fueron correspondidos, y a semejanza también del mismo, sus amores estuvieron signados por la desgracia; aunque por razones distintas. La más conocida es su aventura con una dríade —ninfas de los bosques y los arboles— llamada Dafne, que era hija de un dios río (Ladón de Arcadia o Peneo de Tesalia).

Según el mito Apolo se burló del joven Eros, indicándole que el arco y las flechas eran armas de hombres (que eran también sus armas) y no de un niño. Eros, que si bien tenía apariencia de niño, era un protogenos (un primero) y un daimon, que fue traído a carne con ayuda de los amores de Afrodita y Ares, no dijo nada pero su venganza no fue menos que terrible.

Mientras Apolo disfrutaba un paseo por el bosque, en una de sus tantas cacerías con su hermana Artemisa, vio a la joven Dafne, que acompañaba en el cortejo; Eros apuntó una flecha dorada al corazón del dios y este prendado de la driade la persiguió. Sobre Dafne la flecha de Eros fue de plomo, y un asco y desprecio se prendió en la joven driade contra el apuesto dios.

Mientras más corría Apolo por alcanzarla, más huía Dafne, que al llegar a la orilla del río de su padre pidió su ayuda y él la transformó en un arbusto de laurel. Las hojas del árbol desde entonces coronan a Apolo, a los héroes y a atletas vencedores.

Coronis era una joven griega pretendía y amada por Apolo; pero que era deseada también por un joven de la región de tesalia (los diversos autores no se ponen de acuerdo con el nombre del chico); para vigilar a la amada Apolo deja un cuervo, pero este viendo una posible pareja se distrae de sus labores. Para ocultar su falta el cuervo miente sobre la relación entre el chica y el joven de tesalia. Molesto Apolo vuelve negras las blancas plumas del cuervo y castiga no sólo al ave, sino a toda su raza por ser un ave que trae malos augurios; luego baja a la tierra y disparas sus flechas en la joven, que estaba embarazada del dios. Tarde descubre el dios su error y haciéndole la cesárea rescata al bebe quien será llamado Asclepio, y quien se convertirá en el dios de la medicina.

Otras de sus “casi amantes” fue Casandra, princesa troyana a quien dio el don de la profecía a cambio de ser su amante, pero la chica después de recibir el don se negó a pagar el resto del trato; al no poder quitar un don dado, Apolo la maldijo escupiéndole en la cara y nadie creería sus predicciones. El don ahora convertido en maldición la termino casi por volver loca; cuando predijo que su hermano —París— traería la destrucción de su pueblo, nadie le creyó; que el caballo de madera destruiría Troya, nadie le creyó. Su familia creía que estaba loca y la mantenían encerrada en la casa.

Una vez concluida la guerra de Troya, durante el saqueo de la ciudad, Áyax (el menor, ya que hubo dos héroes de igual nombre luchando en Troya), encontró a Casandra refugiada bajo un altar dedicado a Atenea y la princesa se agarró a la sagrada estatua de la diosa para evitar ser violada, cosa que no pudo evitar y como castigo a la violación de su templo, Atenea pidió a Poseidón que hundiera la nave de Áyax.

La nave se hundió con la tormenta, pero Áyax terminó sobre unas piedras. Una vez que la tormenta pasó y Áyax despertó, comenzó a burlarse del dios que por más esmero no había conseguido matarlo. Poseidón surgió de las aguas y sosteniendo su tridente y se lo arrojó. El arma atravesó el pecho de Áyax y se ensartó a la roca, matándole al instante. Tan pronto como su alma le abandonó, el tridente y su cuerpo se transformaron en piedra y allí quedaron, como una roca alta que sobresale de las aguas del mar Egeo para el resto de los días.

Volviendo a Casandra, fue convertida en esclava-concubina de Agamenón; y cuando le dijo al rey de su pronta muerte por traición, este tampoco le creyó, el rey y Casandra morirían pronto a manos de la reina Clitemnestra y su amante Egisto.

La madre de Casandra, la reina Hécuba, según algunos mitos fue transformada en una perra, que aúlla en la noche lamentándose de la muerte de sus hijos en la guerra.

Leucótoe y su hermana de Clitia estaban enamoradas de Apolo. Al ganar Clitia el puesto de amante, su hermana le contó a su padre los amores de su hija. Órcamo ordenó que Leucótoe fuese enterrada viva. Apolo intentó devolverle la vida pero no pudo, así que la transformó en una planta de incienso. Clitia no fue perdonada por Apolo y ésta desesperada estuvo nueve días sin comer, sólo viéndolo pasar por el cielo (Sol), hasta que los dioses por compasión  la convirtieron en girasol; aun así el girasol sigue todos los días mirando y siguiendo el paso del  sol.

Aunque hubo más chicas, Apolo no tuvo mejor suerte; viendo a su padre traer a Ganímedes al Olimpo como amante, Apolo decide probar suerte con los efebos y se enamora del joven espartano Jacinto. En unos juegos para demostrar su poder Apolo realiza un lanzamiento de disco; pero otro dios está también interesado en el joven espartano. Céfiro, el viento del oeste, molesto por haber sido rechazado sopla y el disco termina en la testa del joven Jacinto, que cae muerto. Apolo no permitió que los emisarios del Hades se llevaran el alma y transformó al amante en la flor de jacinto, que desde entonces se usa como señal de luto. En castigo a Céfiro, Apolo lo convirtió en una suave brisa.

Los castigos de Artemisa

Las diosas más que premiar castigaban muchas veces; al hermana de Apolo fue una de las más crueles; Artemisa era diosa de los bosques vírgenes; era la naturaleza misma; diosa de la caza recorría los bosques acompañadas por innumerables ninfas; Afrodita diría que era sólo virgen de hombre.

En una de tantas, el príncipe tebano Acteón estando de caza con su perros en el bosque la vio mientras se bañaba con sus chicas en una laguna; Artemisa furiosa lo transformó en un ciervo que fue devorado por sus propios perros. Otro joven tuvo mejor suerte, Sipretes era un muchacho cretense que vio accidentalmente a Artemisa bañándose desnuda, ésta lo transformó en una chica.

Como diosa de la caza Artemisa apoyaba a los héroes cazadores, pero castigaba a aquellos que se desviaban de sus deberes y votos. Adonis se debatía como amante de Afrodita y Perséfone; Zeus dictamino que pasaría cuatro meses del año con cada diosa y cuatro eran libre para él. Los cuatro meses restantes los dedicaba a la caza, eso hasta que prefirió pasarlos con la diosa del amor. La diosa de caza lo castigo por su desprecio, según otros como represalia a Afrodita por la muerte de Hipolito;  enviándole un jabalí que lo mató, aunque algunos dicen que era el propio Ares disfrazado por pretender a su amada.

Afrodita roció néctar sobre su cuerpo, de forma que cada gota de su sangre se convirtió en una flor roja llamada anémona. Cuando Afrodita corrió a socorrerle se hirió con unas zarzas y sus gotas de sangre se transformaron en unas flores parecidas a las rosas que se llamaron adonis.

Orión era según los mitos un hijo de Poseidón, creció alto y fuerte y se volvió un gran cazador; tanto fueron sus ínfulas que dijo que podía matar a cualquier bestia; Gea/Gaya —la madre Tierra— por un lado y Artemisa por el otro, se molestaron con el cazador y en castigo le enviaron un pequeño escorpión que lo mato al picarlo en el pie, aunque otras versiones lo hacen un poco más grande. Los dioses subieron a Orión, sus perros y al escorpión a los cielos, ubicándolos en antípodas y eso explica porque nunca son visibles al mismo tiempo en los cielos.

Oto y Efialtes eran dos gemelos hijos de Poseidón y fueron conocidos como los Alóadas. Crecían cada año un codo a lo ancho y una braza a lo alto. Eran agresivos y buenos cazadores. Oto pretendía a Artemisa y Efialtes a Hera, para tomarlas como esposas. Artemisa se transformó en una cierva y al saltar entre los dos, los Alóadas, para evitar que huyera, arrojaron sus lanzas y se mataron uno al otro.

Aunque Artemisa, por ser virgen no fue madre, cuidaba y protegía a las niñas; cuando Agamenón quiso sacrificar a su hija menor Ifigenia para tener vientos favorables, transformó a la chica en cierva; y cuando Atalanta era una bebe abandonada en el bosque, envió una osa para que la cuidara y amamantara. Al crecer Atalanta tras muchas aventuras evitaba el amor, por considerar que ningún hombre podía vencerla; Afrodita ayudó a Hipomenes en una carrera contra Atalanta para ganar la mano de ésta, dándole tres manzanas con las que la distrajo. Sin embargo, como la pareja no dio las gracias a Afrodita y ésta los convirtió en leones.

En Tebas, Níobe la reina de Tebas y esposa de Anfión, alardeó haber sido mejor madre que Leto porque había tenido catorce hijos, siete varones y siete mujeres, mientras Leto había tenido solo uno de cada. Apolo y Artemisa los mataron a todos con flechas. Al ver a sus hijos muertos, Anfión se suicidó y Níobe devastada fue convertida en piedra cuando lloraba su pena.

A Artemisa se culpa de la transformación de Calisto en osa y cuando su hijo con Zeus, Arcas, en una cacería casi la mata; Zeus los subió a ambos a los cielos. Calisto se convirtió en la constelación de la osa mayor y Arcas en la constelación de en la constelación Boötes. Otros afirman que el chico fue transformado en osezno y es la constelación de la osa menor. Sin embargo otros mitos señalan que la osa menor es en realidad otra ninfa amante de Zeus, llamada Fenice,  también castigada por la diosa; que tenía afición por los  ciervos y los osos.

Finalmente Aura era la diosa griegas de las brisas de los días fríos y como Artemisa era una cazadora y se enorgullecía de su castidad. Un día, afirmó que el cuerpo de Artemisa era demasiado “femenino” y dudó de su virginidad. Artemisa hizo que Aura fuera violada por Dioniso. Aura enloqueció, convirtiéndose en una asesina peligrosa.

Los premios y castigos de Afrodita

Afrodita era diosa del amor y la lujuria, cuando Arsínoe, una hija de rey de Chipre, que tuvo un pretendiente tan enamorado de ella que se suicidó al ser repetidamente rechazado. Cuando el funeral paso frente a la casa de Arsíone, ella fue tan cruel que no derramó una sola lágrima, lo que enojó tanto a Afrodita, que la convirtió en pedernal.

Y lo opuesto hizo luego, cuando Pigmalión un escultor que no había hallado mujer alguna digna de su amor. Las mujeres de la ciudad de Pigmalión deseaban como esposo tan apuesto escultor, pero él las rechazó a todas; ellas pidieron la ayuda de Afrodita a que le obligase escoger. Afrodita aceptó y fue a ver a Pigmalión y le dijo que escogiera él o ella lo haría. No queriendo casarse, Pigmalión le suplicó más tiempo, pidiéndole que le permitiese hacer una escultura suya antes de que tuviese que elegir novia. La diosa halagada, aceptó.

Pigmalión por mucho tiempo hizo pequeñas esculturas de arcilla para poder elegir la pose adecuada, eso hasta que la diosa lo apuró. Cuando comenzó a hacer la escultura real lo hizo rápido, incluso sabiendo que tendría que casarse con alguien al hacerlo. La razón era que se había enamorado de la escultura.

En el mismo momento en que Pigmalión se separó de la escultura terminada, Afrodita apareció y le dijo que eligiera novia. Pigmalión eligió la estatua, a lo que Afrodita respondió que no podía ser. Pigmalión abrazó la estatua y pidió a Afrodita que le transformase en estatua para así poder estar con ella. Afrodita en vez de esto infundió vida a la estatua, a quien llamaron Galatea.

En una de las tantas aventuras de Zeus, la ninfa Eco ayudó distrayendo a la celosa Hera con su charla; molesta Hera al descubrirlo condeno a la ninfa sólo repetir las últimas palabras de alguien más. Condenada así Eco vagó por los bosques hasta que vio al joven Narciso, cuya hermosura ya había hecho estragos entre feminas y varones.

En una historia helénica el joven Ameinias ama a Narciso pero es rechazado cruelmente por él. Como una forma de burlarse de Ameinias, Narciso le entrega una espada, espada que Ameinias utiliza para suicidarse ante las puertas de la casa de Narciso, mientras reza a la diosa Némesis —la venganza— pidiéndole que Narciso un día conozca el dolor del amor no correspondido.

Narciso era hijo de la ninfa Liríope, que preocupada por la actitud de su hijo decidió consultar al vidente Tiresías sobre el futuro de su hijo. Tiresías le dijo a la ninfa que Narciso viviría hasta una edad avanzada mientras nunca se conociera a sí mismo.

Volviendo a Eco, un día, mientras Narciso estaba cazando ciervos, la ninfa siguió sigilosamente al joven a través de los bosques, pero era incapaz de hablar primero. Cuando finalmente Narciso escuchó sus pasos detrás de él pregunta:

—¿Está alguien ahí?

—¡Ahí! —repitió Eco, lo que sorprendió a Narciso, pues nadie estaba a la vista.

—¡Ven! —¡Ven! —¿Por qué me eludes? —¿Por qué me eludes? —¡Unámonos aquí!

—¡Unámonos aquí! —repitió Eco, y corrió alegremente del lugar donde estaba oculta a abrazar a Narciso. Pero él sacudió la cabeza rudamente y se apartó.

—¡Moriré antes de que puedas yacer conmigo! —gritó.

—Yace conmigo —suplicó Eco.

Pero Narciso se había ido, y ella pasó el resto de su vida en cañadas solitarias, consumiéndose de amor y mortificación, hasta que sólo quedó su voz.

Para Afrodita (en otras versiones fue Artemisa, Némesis o la misma Hera) fue demasiado y cuanto Narciso un día sediento se acerco a un lago para tomar agua, al ver su reflejo tan esplendoroso se enamoro de sí mismo, por lo que no se atrevió a beber por miedo a dañarlo y no fue capaz de dejar de mirarlo. Finalmente acabó arrojándose a las aguas. En el sitio donde su cuerpo había caído, creció una hermosa flor, que hizo honor al nombre y la memoria de Narciso; pero el alma de Narciso, según algunos, es atormentada en el Inframundo contemplando un reflejo que no se corresponde a su amor.

Más premios y castigos

Enumerar a la cantidad de mortales e inmortales que fueron transformados por los dioses sería una labor de nunca acabar; sin embargo mencionaremos a Medusa transformada en monstruo por Atenea por haber hecho el amor con Poseidón en su templo; a la ninfa Escila, a quien la bruja Circe transformó en otro ser monstruoso al no ser correspondida por Glauco.

Cuando Urano fue castrado por Cronos, entre los muchos seres que nacieron se encuentran las ninfas melíades; que fueron transformadas en fresnos, cuando sus hijos —los hombres de la edad de bronce— fueron acabados por los dioses con una gran inundación.

Hermafrodito era uno de los tantos hijos ilegítimos de Afrodita; cuando el chico creció en una de sus cacerías se baño en la laguna de la ninfa Salmacis, quien prendada del joven lo atrapó y no quiso soltarlo; Salmacis al ver que el joven se le rehuía pidió a los dioses que los fusionaran, surgiendo un ser con los dos sexos.

El joven dios Vertumno se transformó en una anciana para engañar y enamorar a Pomona, diosa de los frutos.

Por su parte Alcíone al saber la muerte de su esposo, Ceix, muerto en el mar se arrojó del precipicio a la costa. Los dioses transformaron a la pareja en martines pescadores. Cicno se lanza al río para rescatar el cuerpo de su amigo Faeton, llorando su pena hasta el final de sus días, los dioses convirtieron en cisne, dejándolo en el agua y lejos del temible fuego abrazador del sol que tanto odio; y a las hermanas de Faetón, las Helíades, que lloraron su muerte durante cuatro meses y los dioses las convirtieron en álamos y a sus lágrimas en ámbar.

Filemón y Baucis, un par de viejos y pobres campesinos dieron alojamiento a Zeus y Hermes, que disfrazados de mortales pidieron un lugar para pasar la noche. En agradecimiento Zeus les ofreció un deseo, el matrimonio deseó estar unidos para siempre y morir juntos y a su muerte, Zeus los convirtió en dos árboles que se inclinaban uno hacia el otro: Filemón en roble y Baucis en tilo.

Las Piérides eran nueve jóvenes doncellas orgullosas dotadas con un excepcional talento para la música, el canto y la poesía. Estaban tan orgullosas que se atrevieron a retar a las Musas; tras perder, como era lógico ante diosas, fueron transformadas en urracas, y bajo ésta forma conservaban aún el mismo temperamento de charlatanas e inoportunas.

Aracne era una gran tejedora que alardeó de ser más habilidosa que Atenea y la diosa se presentó ante ella, tomando la figura de una vieja con bastón, para aconsejarle que desistiera de medirse con una diosa. La respuesta de Aracne fue retar a Atenea a probarse en una competición. Abandonando su disfraz, la diosa se presentó con todo su esplendor. Enfrentadas en distintos telares, fueron tensándose las finas urdimbres y se entretejieron la púrpura, los oros y los delicados matices de la transición de los colores. Atenea creó un tejido en que los dioses aparecerían soberbios y centrales en su augusta majestad. Pero Aracne dibujó a las deidades con sus debilidades más carnales, en un trabajo tan brillante y delicado, que la diosa, fuera de sí, rompió su obra y golpeó a su rival. Viendo la furia divina que había provocado su insana soberbia, la joven mortal intentó terminar con su vida pasándose un lazo por la garganta. Atenea no lo permitió. Vive, sí, pero cuelga, le dijo. Y rociando a Aracne con los jugos de una hierba, maldijo su destino y su descendencia. La convirtió en una araña tejedora cuya misión es pender y tejer eternamente.

Procne estaba casada con era el héroe Tereo de Tracia y a quien el de dió un hijo llamado Itis. Pero Procne sentía nostalgia de su hermana Filomela y pidió a Tereo que le permitiera verla. Este accedió pero con la condición de que el encuentro se llevara a cabo en Tracia. Así Tereo marchó a Atenas para buscar a Filomela y llevarla a Tracia. Pero la juventud y la hermosura de Filomela provocaron la pasión de Tereo que al llegar a Tracia la violó, y para que no hablara le cortó la lengua y la encerró en una solitaria prisión. Luego dijo a Procne que su hermana había muerto. Filomela en su solitaria prisión tejió su triste historia y la hizo llegar a su hermana Procne, que así se enteró de que su esposo la había engañado. Procne se recató a Filomela y par acastigar a su marido ambas mataron a Itis y se lo sirvieron a Tereo. Cuando este preguntó por su hijo, Procne le dijo que estaba en su estomago mientras le mostraba su cabeza. Enfurecido, Tereo inició la persecución de las asesinas, pero los dioses acabaron con la cadena de actos crueles transformando a los tres en aves: a Filomela en ruiseñor, a Procne en golondrina, y a Tereo en la abubilla, semejante a un guerrero con penacho y agudo pico.

Los primeros hombres lobo

Licaón era un rey de Arcadia, era muy religioso, muy querido por su pueblo, pero su apasionada religiosidad le llevó a realizar sacrificios humanos; llegando al punto de sacrificar a todos los extranjeros que llegaban a su casa a los dioses, violando la sagrada ley de la hospitalidad. Enterado de esta aberración, Zeus se hizo pasar por un peregrino y se hospedó en su palacio. Licaón se preparó para asesinarle, pero alertado por algunas señales divinas, quiso asegurarse antes de que el huésped no era un dios, como afirmaban sus temerosos súbditos. Para ello hizo cocinar la carne de su propio hijo Níctimo; y se lo sirvió a Zeus. Éste montó en cólera y transformó a Licaón en un lobo, incendiando después el palacio que había sido testigo de tanta crueldad.

Los hijos de Licaón no tuvieron mejor suerte ya que ayudaban a su padre y por ello Zeus fulminó a algunos con su rayo, a otros los convirtió en lobos —como a su padre— y algunos tuvieron que exiliarse para siempre. Después devolvió la vida a Níctimo, que se hizo cargo del reino de Arcadia. La hermana de Níctimo fue Calisto —la del cuento de la osa—, y su hijo con Zeus, Arcas sucedió a su tío en el trono. Estos hechos de canibalismo fueron los que provocaron el diluvio de Deucalión, del que sólo se salvaron Filemón y Baucis.

Hijos de la Noche (1) Introducción – Genealogía

En la mitología griega, Nix o Nyx era la diosa primordial de la noche. También es llamada Nicte, y en los textos romanos que tratan este tema griego, su nombre se traduce como Nox.

Érebo (en latín Erebus) era un dios primordial, personificación de la oscuridad y la sombra, que llenaba todos los rincones y agujeros del mundo. También se le llamaba Skotos. Se decía que sus densas nieblas de oscuridad rodeaban los bordes del mundo y llenaban los sombríos lugares subterráneos.

Según Hesíodo, Nix y Erebo eran descendientes del Caos. En la versión de la tradición órfica se afirmaba que Érebo era hijo de Cronos (el tiempo) y de  Ananké; siendo Ananké (llamada en la mitología romana Necessitas (necesidad)) en esta tradición órfica, la madre de las Moiras y la personificación de la inevitabilidad, la necesidad, la compulsión y la ineludibilidad.

Ananké surgió de la nada al principio de los tiempos formada por sí misma como un ser incorpóreo y serpentino cuyos brazos extendidos abarcaban todo el universo. Desde su aparición Ananké estuvo entrelazada con su compañero, el dios del tiempo Cronos. Juntos rodearon el huevo primigenio de materia sólida (nacido de Nix y Erebo) en su enlace constrictivo y lo dividieron en sus partes constituyentes (tierra = Gaya/Gea, cielo = Urano y mar = Ponto), provocando así la creación del universo ordenado. Ananké era raramente adorada hasta la creación de la religión mistérica órfica. En esa tradición se la hacía hija de Hydros (el Océano primigenio) y Thesis (la primigenia Tetis) [se retoma la versión de Homero de que el Océano y Tetis son los padres de todas las cosas], Ananké fue madre, con Cronos, de Caos, Éter (la luz) y Érebo (las tinieblas), y de  Fanes (equivalente al  Eros primogénito).

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El siguiente esquema resume a los hijos de la noche (Nix) [Versión Hesiodo], y los hijos de sus hijos, todos principales  descendientes de su unión con Érebo (dios primordial de las tinieblas)