Mitos del oriente próximo (12) Como Caín y Abel

Los mitos cuentan que antes que los hombres aparecieran e hicieran sus ofrendas a los dioses, los dioses crearon dos hermanas gemelas: Lahar, diosa del ganado, y Ashna, diosa de los cereales; un día, sin embargo, después de haber bebido demasiado vino, las dos hermanas comienzan a pelear en las granjas y los campos.

Cada una resalta sus virtudes y aportes a los dioses y se considera superior a la otra; cuando Ashna habla de que su grano sale el pan que alimenta a los dioses; Lahar le dicen que se debe alabar es al dios panadero; así insultos van y vienen; eso hasta que interviene En-Lil y señala que los granos también alimentan al ganado. Era más importante la agricultura que la ganadería para los pueblos de la región. Con la llegadas de los hombres las diosas enseñaron la crianza del ganados y como hacer los cultivos.

La historia se repite tiempo después con otros dioses; En-Lil, dios del aire, ha decidido traer abundancia y la prosperidad a la tierra. Con este fin crea a los hermanos Enmesh y Enten. En-Lil asigna a cada uno funciones específicas. Enten plantó arboles para cosechar sus frutos, hizo canales, aró y sembró en los campos a los cereales y creó los silos para guardar el grano y Enmesh se encargó de la reproducción del ganado, las aves (de corral) y los peces; crió abejas por su miel, y construyo establos para las bestias. Una vez cumplidos estos menesteres, los hermanos se dirigen a En-Lil y le presentan algunos regalos que simbolizan sus logros. Enmesh le ofrece lana, leche, miel; Enten le lleva granos, algodón, frutas. Pero empiezan a discutir sobre quién de los dos tiene más mérito, y piden a En-Lil que lo decida. El gran dios declara que Enten, que tiene a su cargo la cuestión del riego, base de la agricultura sumeria, puede llamarse con toda justicia “agricultor de los dioses”. Los hermanos acatan el juicio. Enmesh se arrodilla ante Enten, cruzan regalos y hacen ofrendas en honor a En-Lil.

Hubo otro dos dioses gemelos; estos creados por En-Ki, enviados a construir las ciudades; Mushdamma o Musdama era el dios al que se puso a cargo de las edificaciones y basamentos. Kapta, su hermano era el dios de los ladrillos, creador de los picos y las palas. Podemos suponer lo que paso luego.

Quizás la mayor pelea entre dos dioses ocurrió no por sus obras, sino por una chica. Dumuzi/Talmuz, el dios de los pastores y Enkidu, un ser poderoso creado por los dioses para vencer al héroe Gilgamesh y que estuvo asociado a la agricultura. Lo más probable que la pelea ocurrió entre Dumuzi/Talmuz y su primo Ninurta, dios de la agricultura. Pese a la preferencia evidente de la diosa por el agricultor Utu/Shamash, su hermano, aconseja a la diosa de tomar por esposo al pastor por encima del agricultor. Una explicación posible de la razón de ello es que Ninurta es el dios que provocó el destierro de Anzu/En-Zu (Nannar/Sin) su padre.

El porqué Inanna/Isthar prefirió a final a Dumuzi/Talmuz y sobre el dios agricultor y este acepta la resolución de la diosa y le regala a la pareja dotes y bienes del campo es algo que no entra en la lógica de los pueblos agrícolas de Mesopotamia, sobre todo cuando en todas las historias anteriores ganaba la agricultura. La razón hay que buscarla nuevamente en la historia. Los asirios era un pueblo de base semita; adoradores del sol, la luna y las estrellas (más que las nubes y la tierra); estos pueblos basaban su economía en la ganadería; para muestra recordemos que en la Biblia, Abraham y sus descendientes criaban cabras. Hecho se compara con el cuento bíblico de Caín y Abel, donde ahora Yahvé (En-Lil) aprueba al pastor sobre el agricultor, y a diferencia de las historias anteriores esta no termino con reconciliación como las otras. En la versión asiria y fenicia, el agricultor mata al pastor (Caín mata a Abel) e Isthar desciende a los infiernos para rescatarlo.

La tablillas de barro cuentan el gran amor y pasión de Inanna/Isthar por Dumuzi/Talmuz, como la joven habla con Geshtinanna/Belili, hermana del pastor, en una visita de la diosa de las uvas a palacio real; y como la princesa del cielo le cuenta su pasión por el joven. La hermana corre con la noticia a donde su hermano, y cual Celestina clásica ayuda al encuentro de los enamorados. Tras la boda vino la luna de miel y con ella los primeros problemas; la princesa nunca había cocinado, tejido, lavado y cuidado de una casa; el joven esposo, sin embargo la reconforta; buscara sirvientes para esas y otras labores; a la larga una mujer bella pero inútil es como un jarrón costoso, al que ni flores se le pueden colocar, porque se daña.