Espectros y fantasmas de mi tierra (4) Tierra de ánimas

Las ánimas, como se cito antes, se tratan de almas de hombres y/o mujeres que por sus actos fueron condenados al Purgatorio y donde los creyentes les rezan para pedirles favores a cambio de velas y oraciones; son en su mayoría fantasmas condenados a hacer, tras la muerte, el bien que no hicieron en vida. En otros se trata de almas que en vida fueron piadosos y como si fueran santos (fuera de la Iglesia) los creyentes les piden favores. Entre las más conocidas ánimas de Venezuela tenemos:

Francisca Duarte, el ánima de Taguapire

Quizás la ánima más conocida en los llanos y en oriente; la creencia ubica sus orígenes en una humilde trabajadora de un Hato llamado Barrialito, en Santa María de Ipire, estado Guarico, que perteneció a Natalio González Hurtado. María Francisca (Panchita) Duarte, llamada popularmente como ‘Mama Pancha‘ o ‘Pancha Duarte‘ fue una mujer bondadosa, responsable, decente y de un carácter recio que no aceptaba el tuteo como fórmula de tratamiento. Se dice que era partera o comadrona y que murió de paludismo, desconociéndose el día y año exacto de su muerte. Su cuerpo encontrado muerto en su chinchorro, fue llevado en el mismo para darle cristiana sepultura, pero una crecida del río impidió cruzar y los deudos colocaron su cuerpo debajo de un árbol de taguapire (llamado también espino carbón, un árbol/arbusto delgado de muchas ramas largas, con espinas en cada hoja); al día siguiente las aguas habían bajado y los deudos quisieron cruzar el río, pero el cuerpo se puso tan pesado que no pudieron levantarlo; así que lo enterraron en el sitio, al pie del árbol.

Ocurrió tiempo después que un llanero descansando bajo el árbol le pide al ánima difunta que le ayude a recuperar su ganado, a cambio él le haría un cercado de palma para que nadie la pisara. El milagro se cumplió, pero el hombre no pagó su promesa, por lo que el ánima se manifestó a través de una aparición, causándole un gran espanto. Así asustando el llanero le construyó un túmulo de ladrillos en el sitio donde fue enterrada y hoy hay una pequeña capilla, donde rezan los creyentes del Ánima de Taguapire.

José Zambrano, el ánima de Pica Pica

Un humilde hombre que trabajaba en el correo, cuando no habían carreteras asfaltadas y estos se recorrían en mulas; ese era el trabajo de José Zambrano, y su ruta de encomiendas cubría desde Zaraza (Edo. Guárico) a Villa de Cura (Edo. Aragua). Pero eran tiempos duros y agarrar la malaria, fiebre amarilla o el dengue era muy común en esos años. José Zambrano contrajo la fiebre amarilla, y casi finalizando su ruta, cerca de la población de Chaguaramas, se sintió muy enfermo y se sentó a descansar con su mula, mientras sus compañeros continuaban el recorrido. El sitio era en ese entonces el Hato Monte Azul y el dueño, un terrateniente de apellido Belisario, que se encontraba buscando un ganado que se encontraba perdido, terminó encontrando los restos de José Zambrano. Cubrió al difunto con ramas del árbol y le dijo que si encontraba su ganado, el volvería a darle cristiana sepultura. Así ocurrió y el dueño regresó sepultando al José Zambrano y construyendo un pequeño rancho (vivienda de barro) sobre su tumba.

Los viajeros de aquellos caminos rurales al pasar por el lugar pedían al ánima del difunto una travesía tranquila y segura en el viaje. Con el tiempo los favores fueron cada vez más frecuentes llevando el culto más allá de la región donde murió el pobre mensajero. Hoy le rezan los que desean curas de enfermedades tropicales, los chóferes piden protección en esas carreteras abandonadas de los llanos guariqueños y los enguayabados (borrachos) que les permitan llegar a salvo a sus casas.

Maximiliano González, el ánima de la Yaguara

Son los tiempos tras las lucha de la independencia; Maximiliano González es correo del ejército patriota entre la ciudad de Valencia y la población de Tinaquillo en el Estado Cojedes. Su don de gente y solidaridad hizo que fuera muy querido por los vecinos de la zona por donde viajaba. Al igual que las ánimas anteriores, en uno de sus viajes la fiebre amarilla lo aquejó, la diarrea, la deshidratación y la fiebre lo consumieron y murió en un paraje solitario ubicado entre la quebrada de Barreras y el pueblo de Tocuyito. Sus restos fueron encontrados después de varias semanas debajo de un árbol de yaguaro donde había buscado cobijo para resguardarse. Para sorpresa de todos su cuerpo no se corrompió, ni fue devorado por los ánimales; el sol lo disecó. Fue sepultado en el sitio donde fue encontrado y las mentes campesinas vieron en la conservación del cuerpo un acto milagroso; que originó el culto al ánima del yaguaro, o de la yaguara. A poco de haber sido enterrado, una peste se presentó entre el ganado y un criador viendo el peligro en sus reces rezó al ánima de Maximiliano González. Cuando su ganado se salvó el criador trasladó los restos mortales de Maximiliano González a su hato y construyó una pequeña capilla, donde aun reposan. Años más tardes se construyó una pequeña iglesia al frente de la capilla donde se realiza la misa de los domingos. Pero la cripta de Maximiliano González no ha sido descuidada y siempre se encuentra llena de flores y velas por los favores concedidos.

Se cuenta que muchos años después de su muerte, un conductor pasaba por el lugar y por una lluvia su carro quedó varado en el lodo. Para poder sacarlo el conductor recibió la ayuda de un lugareño que empujo el vehículo junto con el conductor. Tras sacar el carro, el conductor se vuelve para dar las gracias, pero se encuentra solo; tras seguir su camino pregunta por él y descubre que era Maximiliano González el ánima de la yaguara.

Juan Salazar, el ánima de Güigüe

Son los años veinte, Venezuela vive bajo la dictadura militar del General Juan Vicente Gómez; y el país está lleno de cuarteles y prisiones. La población de Güigüe, a 30 km de Valencia, estado Carabobo, era propiedad de Gómez. Para el año de 1926, Güigüe con 9.300 habitantes, solamente 2.213 se dedicaban a la actividad agrícola y 1.873 eran desempleados; ya que para la actividad agrícola utilizaba el dictador la mano de obra de los soldados (reclutas), acantonados en el cuartel Naverán, ubicado en la localidad. Juan Salazar, nativo de San Juan de los Morros, es soldado en Naverán. En una de sus salidas demora su regreso y viendo lo tarde que era, tiene miedo al castigo que aplican a los desertores. En esos tiempos se castigaba a los soldados desertores con cárcel de seis meses, encerrados en aislamiento, con poca comida y agua, con azotes y torturas. Juan Salazar decide escapar y se oculta en la montaña (selva) consciente de que alguna patrulla de militares lo estaría buscando y que su cobardía sería severamente castigada. Dice la leyenda que unas señoras que cortaban leña por el fundo “San Rafael” cercano a una siembra de cacao, le encuentran desnudo y hambriento, con una vara del fruto citado en la mano. Más pudo el piedad cristiana y esas mujeres ayudaron al joven dándole agua y comida. Un soplón delató al desertor y unos soldados lo trasladaron moribundo a Naverán. Allí moriría tres días después el 3 de diciembre de 1928. Hubo que esperar al 28 de febrero de 1937 para que se le diera en Santa Iglesia Parroquial y un funeral en honor al extinto joven, a quien el cura párroco, Miguel Palao Rico, refirió como un devoto de la Virgen del Valle. A los veinticinco años de su muerte, en 1953, la señora Matilde Gutiérrez, devota del ánima de Juan Salazar hace construir una capilla para los restos del mismo, capilla que hoy en día es visitada por muchos fieles creyentes a rendirle tributo y dar gracias por los favores concedidos.

Las ánimas de Guasare

En la península de Paraguana, en Guasare, cuentan los lugareños de una procesión de ánimas dolientes, que rezan en voz alta y llevan antorchas encendidas. Guasare es un punto en el istmo de los médanos, que une a la Península de Paraguaná con tierra firme en el Estado Falcón. El nombre viene de un árbol cactáceo que abundaba en la zona. Dista unos diecisiete kilómetros al norte de la ciudad de Coro y, aun cuando hoy en día se le conoce por la capilla donde se veneran las ánimas de Guasare, anteriormente era sitio importante de pesquería artesanal, lugar de cría de chivos y ovejos, e importante sitio de posada y trueques entre viajeros de la ruta Coro a Paraguana.

El origen de las ánimas de Guasare tiene dos fuentes, la primera se refiere a la lucha entre el Coronel Juan Crisóstomo Falcón, Jefe Militar del Gobierno en Coro durante la hegemonía de los Monagas, y las fuerzas rebeldes comandadas por el Coronel Juan Garcés. En esa batalla, ocurrida el 16 de Julio de 1854, perdió 1a vida el jefe rebelde, Garcés, prócer de la gesta libertadora y antiguo compañero de armas del propio Falcón. Así las ánimas de Guasare son las almas de combatientes de ambos grupos que muertos en ese entonces.

Una segunda explicación es que se trata de los muertos en la hambruna de 1912 y que acabó con gran parte de la población de Guasare. Los testimonios coinciden al reseñar las penurias de los años 1911 y 1912 como un ‘mal divino’ insoportable para cualquier mortal. La sequía azota todo el país. El dictador Juan Vicente Gómez, permanece en Maracay, mientras en Caracas, la fiebre amarilla la peste bubónica y la viruela diezman a la población. El General Ramón Ayala, Presidente del Consejo de Gobierno creado en 1910, asume por segunda vez la Presidencia de la República, encargado por Gómez. En Guasare los que tratan de sobrevivir migran a la sierra falconiana y aquellos con lanchas pesqueras se arriesgan a ir a otras costas para probar más suerte.

Hay una tercera versión, más terrenal y práctica, se señala que el culto a las ánimas de Guasare no se inició sino hasta mediados de los años cuarenta, época en que el boom petrolero movió de los campos a muchos campesinos a los pozos en Zulia y los llanos. Guasare para sobrevivir simplemente crea el culto a las ánimas, como una parada ‘turística religiosa’ que permita mantener vivo el pueblo; se habla de unos esqueletos encontrados durante una excavación para construir una carretera y sobre esos restos, presumibles de la época de la hambruna, se construye para ellos una capilla. La capilla en Guasare es hoy punto obligado de devotos y viajeros, quienes sin distinción de clases sociales o económicas, detienen su viaje para rezar una oración a las ánimas de Guasare, encender velas y velones, pagar promesas, además de dejar limosnas. Las limosnas son administrada por la Diócesis de Coro en ayudas a programas sociales. En singular también existe el ánima de Guasare; en este caso se hace referencia a un conductor de camión muerto en un accidente en 1960 y al que le rezan los conductores.

El ánima de José Gregorio Rivera

A mediados del siglo XIX, en el estado Mérida, un rico hacendado llamado José Gregorio Rivera se niega al abandono de su esposa, quien se ha recluido en un convento. Rivera logra entrar y asesina a su mujer y hiere a una de las monjas que la protegían. Logra escapar y al llegar a su casa se arrepiente de sus actos e implora perdón. Esa noche se le aparece el fantasma de su difunta esposa, le indica que se le va a dar una oportunidad de redimirse; debe a partir de ahora y hasta el día del juicio ayudar a todos sus semejantes. A la mañana siguiente Rivera es encontrado muerto, sin causa aparente. Desde entonces la gente de Mérida lo ha visto aparecerse ayudando a los que están en peligro y en necesidad.

El ánima de Juan Bautista Morillo

En 1920 un campesino humilde que solía llevar verdura y agua de un caserío a la ciudad en una carreta de burro; su nombre era Juan Bautista Morillo y sufrió una muerte trágica al tener un accidente con un automóvil. Fue sepultado en 1920 en la entrada a Puerto Cabello entre El Palito y el aeropuerto. Los viajeros piden protección en el viaje; pero los devotos llaman a Morillo para que los ayude en el juego, prometiendo repartir las ganancias con él. Morillo castigas severamente a los ladrones y no ayuda a especuladores. Los devotos llegan a la capilla, encienden velas y dicen: —Vamos a jugar, Morillo, si ganamos te traeremos tu parte—. Hoy el culto a Morillo ha tenido en esta época de santeros gubernamentales un gran apoyo y lo usan como excusa para atacar a la oposición, como si a las ánimas les importara quien gobierna.

El ánima del Padre Magne

En 1859 se inicia en Venezuela la Guerra Federal; la disputa entre las élites conservadoras y los reformistas liberales provocaron una de las guerras internas más largas y duras en el país tras su independencia. En 1962 la dictadura de José Antonio Páez (su tercer periodo) entra en su caída; y en esta época de revueltas la ciudad de Cumaná, estado Sucre, partidarios del partido liberal, encabezados por el Padre José Magne, luchaban contra tropas del ejército nacional. Cuando los rebeldes perdieron la lucha y Magne fue fusilado por los soldados y sepultado en el sitio de la batalla. Cuenta la leyenda que el sacerdote tomó la muerte con resignación y serenidad y sus últimas palabras fueron: —mi sangre hará brotar luchadores federales por todas partes—, y, efectivamente, muchos hombres se juntaron a los liberales y un año después, 1963, cae Páez y termina la Guerra Federal.

Con el final de la Guerra Federal, Antonio Guzmán Blanco en representación de los federalistas y Pedro José Rojas en representación de los centralistas firman un acuerdo de paz; se crea un congreso mixto y para poner orden a la nación que designa a Juan Crisóstomo Falcón como Presidente de Venezuela y la Vicepresidencia a Guzmán Blanco. Guzmán Blanco aprovecha las ausencias del presidente Falcón y logra promover el voto universal (solo hombres) para elegir los poderes ejecutivo y legislativo; eliminar la pena de muerte y la presión por deudas. En 1866 Falcón se retira y designa a Manuel Ezequiel Bruzual, sucesor interino. José Tadeo Monagas busca recuperar el poder y arma la Revolución Azul, Falcón y Guzmán salen del País. Un año después Guzmán regresa con un gran ejercito liberal y es la Revolución de Abril. El triunfo de Guzmán lo pone como el gran hombre que regirá buena parte del final del siglo XIX en Venezuela.

En Cumaná el nombre del Padre Magne llegó con el tiempo a ser un símbolo para el pueblo. Pronto su tumba se convirtió en santuario para la gente humilde y se construyó una capilla, que siempre estaba llena de velas y flores. Los campesinos de la región pedían éxito en sus empresas, prendiendo una vela para el Padre Magne y cuando moría un niño sin bautizo en los caseríos vecinos, enterraban el cadáver cerca de la tumba del Padre Magne, creyendo que eso bastaba para borrar de su alma el pecado original.

López Chirinos, el anima del chaparro

López Chirinos regresaba de su mina acompañado por su perro. Tenía fiebre y no podía seguir más, estuvo enfermo varios días y a la sombra de un árbol de chaparro se puso a descansar, sin ayuda, por fin se murió. El perro estuvo defendiendo su cadáver de los zamuros hasta que lo encontraron. Los pobladores de El Manteco contrataron a un joven albañil de Upata que iba por esos lados buscando trabajo y los piadosos recogieron dinero para encargar al albañil de hacer la tumba para el desconocido que había muerto en el lugar. La sorpresa acompañó al joven en su trabajo, cuando al mover los restos humanos, encontró las riquezas que el muerto había traído de las minas de oro. Y en su suerte no olvidó poner algo de su parte para agradecer el obsequio. Así se construyó el mausoleo, donde los devotos siguen con su culto al ánima del chaparro.

Flores Brito

En la isla de Coche, Estado Nueva Esparte, en una colina del pueblo de San Pedro se encuentra una capilla que contiene una cruz. El dueño de esta cruz era Flores Brito, quien murió hace 40 años. Era curandero de gran fama en la isla. Según la leyenda, la cruz le dio grandes poderes, porque era una cruz milagrosa. Después de su muerte, los adeptos invocaron su ánima para curar enfermedades. En ocasión de la fiesta de la cruz de mayo celebran una fiesta en la capilla en honor de Flores Brito. No es solamente el protector de los enfermos sino también de los deportistas. Antes de competir, los deportistas rezan a él y luego colocan los trofeos en la capilla, dando gracias al ánima para su victoria.

Jacinta Flores

Jacinta Flores, oriunda de Camaguán, estado Guárico, hizo su vida en Maracay; nunca aprendió a leer y escribir, y de sus nueve hijos sólo sobrevivieron dos. Sabía preparar remedios caseros, guarapos e infusiones, y por ello agarró gran fama; se decía que Dios la escogió para hacer milagros. Cuando muere en 1960 fue enterrada en el cementerio de Maracay. Dos años después se atribuye su primer milagro; un niño enfermo fue traído a un centro curativo espiritual y Jacinta Flores se manifestó en un médium, indicando los remedios para salvar la vida del bebé. Desde entonces las hijas de Jacinta Flores perpetúan el culto y se convirtieron en espiritistas después de la muerte de su madre. Jacinta Flores se manifiesta en sueños a los creyentes, y en su tumba en el cementerio se encuentra una capilla revestida de placas conmemorativas; así como la dirección de las hijas, y su horario de trabajo (vaya negocio con la fe).

El ánima del Samán Llorón

Por las tierras llaneras de San Fernando de Apure, en la época de las luchas por la independencia, los llaneros de Páez luchan contra los realistas. Uno de los tantos soldados del centauro de los llanos muere peleando en el lugar. Para otros se trató de un soldado que luchaba contra la dictadura de Juan Vicente Gómez. Lo cierto es que el difunto permaneció varios días enredado en los hilos de una empalizada, bajo un gran samán; lugar donde fue enterrado. Para muchos  la devoción al anónimo soldado como un ánima intercesora entre los pobladores del Apure se debe a que el cuerpo no había sido ni tocado por los zamuros, y ello hizo crecer la idea de milagro. Durante muchas décadas los fieles prendieron velas en el lugar, pidiendo ayuda al ánima. Hoy día el tronco del samán aún se encuentra en la salida de San Fernando de Apure hacia los llanos, pero ya no existe más la devoción. Los viejos adeptos se murieron y los jóvenes ya tienen otras ánimas que imploran para recibir ayuda. Este es un ejemplo de la desaparición de un culto.

María Francia

La tradición señala que María Francia era una bella estudiante universitaria, estudiante de derecho; quién vivía en Caracas con sus padres. Casi por concluir sus estudios iba a realizar el sueño de toda chica, casarse con el novio de toda su vida. Aquí se dan dos versiones, aunque la causa real de su muerte realmente no sea conocida. La primera es que preparando su ajuar de novia, tocan a la puerta y le entregan un hermoso ramo para su boda; al agarrar el ramo una culebra la pica y muere por el veneno. En la segunda versión es que sale al patio de su casa a buscar flores para armar su ramo, con igual suerte. La primera versión se presta incluso a una añadido, el ramo lo había enviado una antigua amante del novio, que molesta y despechada se cobró su rabia en la joven chica. Lo cierto es que muerta y sin cumplir sus metas (terminar sus estudios y casarse) María Francia fue enterrada en el cementerio de Caracas y los padres al poco tiempo abandonaron el país.

Hoy los estudiantes rezan a la pobre chica, le piden ayuda para pasar sus exámenes y alguna que otra ayuda en asuntos del amor. El culto a María Lionza ubica a la joven María Francia en la corte estudiantil.

Las ánimas de la Corte Cale o Malandra

El culto a María Lionza se ha formado en la creencia en los espíritus; entre los más bajos de las distinta cortes que acompañan a la diosa de Yare tenemos la corte Cale; de formación más reciente, y conformada por delincuentes que murieron entre los sesenta y setenta a manos de la policía, o en disputas entre ellos mismos. Los más conocidos de este grupo son: Ismael Sanchez: originario del barrio Lídice de Caracas murió apuñalado en una pelea en la parroquia 23 de enero. Según han dicho en algunos rituales, los barrios Guarataro y Pinto Salinas también eran parte de su territorio. Se dice que era un ladrón inofensivo, defendía su zona de la incursión de otros malandros y robaba bancos para repartir el botín entre los vecinos más necesitados. En varias ocasiones, amenazaba a los dueños de abastos y supermercados mientras los pobres saqueaban el local y huían cargados de alimentos. Machera, nacido en Mérida en 1956, hijo reconocido, se crió con su madre y, por cosas de la vida, se entregó a la delincuencia. Murió a los 21 años de edad en 1977. Todos lo tenían por un valiente y era muy diestro en el manejo de las armas de fuego; de ahí el mote o Apodo de “Machera“. Machera era El malandro de Santa Anita, un barrio de la ciudad de Mérida, Venezuela. A sus 21 años era el líder de la banda más dura de la ciudad. Plomo y sangre marcaron su vida. Según el informe policial fueron 33 balazos los que fulminaron a Luís Enrique Cerrada Molina, alias Machera, de 21 años de edad, solicitado desde hace meses por el ministerio público y fue “víctima” de uno de los operativos más brutales hasta la fecha.

Isabelita: figura líder de la Corte Malandra. No se tiene seguridad sobre su verdadera procedencia pero cuentan que pertenecía a una familia adinerada y fue violada a los 12 años de edad. Se casó con un hombre negro, de Barlovento, estado Miranda, que le fue infiel con una amiga. Por esa razón juró vengarse de todos los hombres. Su estatuilla no puede estar en un altar santero que también tenga la figura de algún negro. Tiene amplio poder para resolver toda clase de problemas. Tomasito: Murió de 132 tiros (sin contar la balas que pasaron por el mismo hueco) durante un intento frustrado de robo a un banco. Sus cómplices (que creía sus amigos) lo dejaron solo al llegar la policía. Jhonny: Muchacho de buena familia. Vivía en un apartamento que sus padres le compraron en Los Chaguaramos. Su pecado fue no cumplirle a unos jíbaros que le dieron muerte. Se dice que es el más pacífico de la Corte. Elizabeth: Su estampilla reza: “De recia personalidad y esbelta figura, Elizabeth irradia dominio y poder. Invóquela en momentos difíciles y logrará un gran apoyo. Téngala con usted en algún lugar visible de su hogar. Ofréndele velas rojas“. No es la misma que salía en televisión.

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Para más referencias y textos originales puede consultar: aquí, aquí, aquí, aquí, aquí y aquí