El origen de las Hadas

La palabra “Hada” proviene del vocablo “Fata“, que a su vez procede de “Fatum“, que significa destino; por ello cuando hablamos de hadas, hablamos del universo de la ilusión y del destino, los personajes involucrados con estos seres están de alguna forma predestinados a cumplir ciertas vivencias y labores sobrenaturales. Las hadas suelen ser asociadas con seres de pequeño tamaño y que poseen poderes mágicos, en los mitos nórdicos y germanos dicen que las hadas, enanos y elfos surgieron de la sangre derramada por el gigante Ymir, al ser derrotado por Odín y sus hermanos.

Una leyenda irlandesa, teñida ya por el cristianismo, cuenta que Eva estaba bañando a sus hijos en el río, cuando Dios le habló. Asustada ocultó a los hijos que no había terminado de bañar. Dios le preguntó si estaban con ella todos sus hijos, a lo que respondió que sí. En castigo por su mentira, Dios le señaló que aquellos que había ocultado, quedarían ocultos para todos los hombres. Los hijos y descendientes de estos niños ocultos serían los padres de las distintas razas de elementales, incluidas entre ellas las hadas.

Otra historia cristiana señala que cuando Lucifer y sus ángeles rebeldes (futuros demonios) pelearon por el control cielo contra los ángeles de Dios, un grupo de ángeles no tomó partido, y se les castigó con permanecer en la tierra, lejos del cielo (y del infierno que se creó después).

En algunas versiones cristianas dicen que muchos de estos elementales son en realidad las almas de hombres paganos que, no fueron lo suficientemente buenos para ir al cielo, ni tan terriblemente malos para entrar en el infierno y que quedaron atrapados en el mundo terrenal.

Otros cuentos hacen a las hadas herederas y descendientes de la Diosa Dana, llegada a la Islas Británicas por el 3000 A.C.[1] y cuyos hijos lucharon contra las razas de los Formorianos y Firbolgs (gigantes e criaturas de las tinieblas que habitaban el lugar). Con el tiempo ambas razas de dioses –los hijos de Dana por la luz y orden, y los hijos de los Formorianos por la oscuridad y el caos– se relacionarían creando una sola raza de dioses. El poderoso dios celta Lugh es nieto tanto de Dana, como del ciclope Balor, rey de los Formorianos. La llegada de la raza de los hombres a las islas obligó a estos dioses a retirarse al interior de la tierra (el subsuelo, el inframundo, el otro mundo, al reino de los muertos), encogiéndose para vivir en las cuevas del subsuelo.

Quizás el origen más cierto de todos estos seres esté en las tradiciones de los pequeños pueblos rurales y no en las grandes ciudades, ni en los palacios reales donde se adoraban a los grandes dioses: Zeus (Júpiter), Odín, Lugh, Ra, Quetzalcóatl, etcétera. Tal vez en los caseríos, donde los campesinos dependían de que las cosechas crecieran y los animales de granja prosperaban, necesitaban la ayuda de pequeños dioses locales. Con la llegada del cristianismo, los grandes dioses pasaron a formar parte de grandes obras literarias, mientras que los pequeños dioses locales, se transformaron en los elementales seres que habitan en el aire, el agua, la tierra y el fuego.

[1] Lease A.C. “Antes de la era Común“, para no insultar otras creencias distintas a la fe cristiana, (ni a las hadas por supuesto).

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