El Silbón

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El Silbón: es un personaje legendario de los llanos de Venezuela. Se trata, según la leyenda, de un muchacho que asesinó a sus padres y quien está condenado a vagar con un saco lleno de los huesos de sus progenitores. Tiene un silbido característico que se asemeja a las notas músicales do, re, mi, fa, sol, la si, en ese mismo orden subiendo el tono hasta fa y luego bajando hasta la nota si. Se dice que cuando su silbido se escucha muy cerca no hay peligro, ya que el silbón está lejos, pero si se escucha lejos es porque el silbón está cerca. También se dice que escuchar su silbido es presagio de la propia muerte. La leyenda del Silbón nació a mediados del siglo XIX y algunos estudiosos creen que era una forma de control social que la tradición creó para evitar las infidelidades de los hombres en una Venezuela rural y sin energía eléctrica.

El Sací

El Sací, también de las selvas de Brasil, conocido también como Trique, Sazura o Pereré, es un alegre muchachito moreno, que posee una sola pierna, usa un gorro rojo mágico, fuma una pipa y como cualquier duende travieso le gusta de hacer bromas. Entre las más comunes suele indicar el camino errado a los viajeros para perderlos o asustar a los caballos. Suele desaparecer en un remolino de viento. Para vencerlo hay que agarrarle el gorro, el Sací hará cualquier cosa por recuperarlo, pero entonces el único deseo que hay que pedirle es que se marche y que deje de hacer travesuras.
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Genios y Hadas con los pies volteados

Existen en Latinoamérica varios genios con los pies volteados, así en el Brasil tenemos al Curupira, de pelo rojo y piel verde. Este genio del bosque protege sus dominios de extraños, llamando a las bestias del monte y lanzándolos contra los cazadores hasta que estos retroceden. También es conocido como Caipora. Se representa como un indio pequeño, ágil, desnudo, que fuma una caña y le gusta el ron blanco. Monta sobre un cerdo salvaje. Los indios creen que teme a la claridad, así que ellos se protegen del Caipora caminando con las teas encendidas durante la noche. Hay un medio de tratar con él, dado que el duende aprecia el tabaco, antes salir a cazar en la selva, el cazador deja tabaco en el tronco de un árbol diciendo “toma, Duende, permite que yo regrese de la selva”. La suerte buena de algún cazador también se atribuye a los regalos que a él se ofrecen.
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Las Ciguapás de República Dominicana son ninfas del bosque con apariencia de bellas chicas, pero que tienen los pies volteados (apuntan hacia atrás), de manera de confundir a quienes las persiguen, suelen salir de noche para robar maíz de las siembras y si son descubiertas se llevan para siempre al que logró mirarlas a los ojos.
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Espectros Femeninos de America

Aunque se han descrito varias criaturas fantásticas del viejo mundo, el nuevo mundo no se queda corto con sus propios ejemplos de hadas, duendes y espectros. Estos últimos son herencia de las antiguas religiones de las civilizaciones precolombinas y producto del mestizaje de los pueblos indígenas originarios con los conquistadores y sus esclavos traídos de África. Así los antiguos dioses de la muerte se mezclaron con las historias y dramas de una sociedad en buena medida rural. Muchos son fantasmas que persiguen a los borrachos, los abusadores, pero sobre todo a los maridos infieles. En una América Latina donde el machismo prevalece y la mujer es relegada a la casa y la cocina; ellas, ocultas entre las sombras, supieron defenderse usando los mitos para lograr mantener a sus maridos a buen resguardo de otras y de ellos mismos:

La Llorona: es el alma de una mujer que perdió a sus hijos, y aunque las versiones cambien con las distintas regiones de Sudamérica, la versión más común es una joven chica que quedado embarazada, para evitar que los suyos se enteraran, tan pronto nació la criatura, la ahogó a orilla de un río; arrepentida volvió a buscar al niño, y aún en el otro mundo perdura esa búsqueda sin fin.

La Sayona de los llanos de Venezuela es el espíritu de una mujer joven que asesino a su marido e hijo, quemándolos vivos en sus choza y luego mató a su madre por creer que tenía un romance con su marido; su madre antes de morir la maldijo. Desde entonces persigue a los hombres infieles para llevarlos al otro mundo. En otra versión se trata de una joven mujer casada, que por chismes e intrigas el marido cree que la mujer le ha sido infiel y el hijo de ambos no es de él; en este caso es el hombre quien le prende fuego a la choza con la mujer adentro, ella sale corriendo al ver las llamas, pero olvida al niño en la vivienda encendida, con el consiguiente final.

La Dientona o la Muelona como se la conoce en Colombia, se trata de una hermosa mujer de grandes dientes que busca jóvenes chicos que andan de farra, sobre todo a los chicos enamoradizos y borrachos, para devorarlos (literalmente hablando). En algunas versiones la llorona, la dientona y la Sayona son formas del mismo espectro. En otros ejemplos tenemos las siguientes versiones locales:

En Nicaragua tenemos la versión de La Mocuana; mujer hermosa, que tenía un hijo, al que abandonó porque se lo pidió un joven de otro pueblo, del que ella se enamoró. La Mocuana busca a los niños recién nacidos en reemplazo del que abandonó, al llevárselos deja como recuerdo de su presencia oro a los desconsolados padres.

En Chile se tiene una versión conocida como la Lola, es una mujer que mató a su marido minero por celos y ahora se la ve arrastrando el ataúd, de su marido. Los mineros que la ven saben que es un anuncio su muerte (una especie de Banshee chilena).

La Bola’e fuego o Candileja: es otro espectro de los llanos colombianos y venezolanos; es una mujer que mata a su marido por celos en presencia de sus hijos, a los cuales obliga a enterrar al difunto; luego, ya viuda y los chicos crecidos, se enamora del menor; quien escapa de los amores contra natura de su madre. En esta versión el espectro adopta la forma de una llama que los caminantes del llano siguen pensando que se trata de una fogata cercana, extraviándose luego en las sabanas (algo similar a los fuegos fatuos).

En Colombia existe también a La Patasola; mujer con una sola pierna, terminada en una pezuña, y un solo seno, boca enorme y nariz de gancho. La versión popular dice que la Patasola era una mujer bella, pero que por libertina le amputaron una pierna con un hacha y la arrojaron a una hoguera hecha con tusa de maíz; por eso, no puede ver el hacha, la candela, ni las mazorcas de maíz. Le gusta comerse a los hombres, de los que deja sólo los huesos. En otras versiones es equivalente a las Driadas griegas, su larga cabellera enmarañada recuerda las copas de los arboles y su única pierna el tronco; a su canto los hombres que se adentren en el bosque jamas regresaran.