Espectros Femeninos de America

Aunque se han descrito varias criaturas fantásticas del viejo mundo, el nuevo mundo no se queda corto con sus propios ejemplos de hadas, duendes y espectros. Estos últimos son herencia de las antiguas religiones de las civilizaciones precolombinas y producto del mestizaje de los pueblos indígenas originarios con los conquistadores y sus esclavos traídos de África. Así los antiguos dioses de la muerte se mezclaron con las historias y dramas de una sociedad en buena medida rural. Muchos son fantasmas que persiguen a los borrachos, los abusadores, pero sobre todo a los maridos infieles. En una América Latina donde el machismo prevalece y la mujer es relegada a la casa y la cocina; ellas, ocultas entre las sombras, supieron defenderse usando los mitos para lograr mantener a sus maridos a buen resguardo de otras y de ellos mismos:

La Llorona: es el alma de una mujer que perdió a sus hijos, y aunque las versiones cambien con las distintas regiones de Sudamérica, la versión más común es una joven chica que quedado embarazada, para evitar que los suyos se enteraran, tan pronto nació la criatura, la ahogó a orilla de un río; arrepentida volvió a buscar al niño, y aún en el otro mundo perdura esa búsqueda sin fin.

La Sayona de los llanos de Venezuela es el espíritu de una mujer joven que asesino a su marido e hijo, quemándolos vivos en sus choza y luego mató a su madre por creer que tenía un romance con su marido; su madre antes de morir la maldijo. Desde entonces persigue a los hombres infieles para llevarlos al otro mundo. En otra versión se trata de una joven mujer casada, que por chismes e intrigas el marido cree que la mujer le ha sido infiel y el hijo de ambos no es de él; en este caso es el hombre quien le prende fuego a la choza con la mujer adentro, ella sale corriendo al ver las llamas, pero olvida al niño en la vivienda encendida, con el consiguiente final.

La Dientona o la Muelona como se la conoce en Colombia, se trata de una hermosa mujer de grandes dientes que busca jóvenes chicos que andan de farra, sobre todo a los chicos enamoradizos y borrachos, para devorarlos (literalmente hablando). En algunas versiones la llorona, la dientona y la Sayona son formas del mismo espectro. En otros ejemplos tenemos las siguientes versiones locales:

En Nicaragua tenemos la versión de La Mocuana; mujer hermosa, que tenía un hijo, al que abandonó porque se lo pidió un joven de otro pueblo, del que ella se enamoró. La Mocuana busca a los niños recién nacidos en reemplazo del que abandonó, al llevárselos deja como recuerdo de su presencia oro a los desconsolados padres.

En Chile se tiene una versión conocida como la Lola, es una mujer que mató a su marido minero por celos y ahora se la ve arrastrando el ataúd, de su marido. Los mineros que la ven saben que es un anuncio su muerte (una especie de Banshee chilena).

La Bola’e fuego o Candileja: es otro espectro de los llanos colombianos y venezolanos; es una mujer que mata a su marido por celos en presencia de sus hijos, a los cuales obliga a enterrar al difunto; luego, ya viuda y los chicos crecidos, se enamora del menor; quien escapa de los amores contra natura de su madre. En esta versión el espectro adopta la forma de una llama que los caminantes del llano siguen pensando que se trata de una fogata cercana, extraviándose luego en las sabanas (algo similar a los fuegos fatuos).

En Colombia existe también a La Patasola; mujer con una sola pierna, terminada en una pezuña, y un solo seno, boca enorme y nariz de gancho. La versión popular dice que la Patasola era una mujer bella, pero que por libertina le amputaron una pierna con un hacha y la arrojaron a una hoguera hecha con tusa de maíz; por eso, no puede ver el hacha, la candela, ni las mazorcas de maíz. Le gusta comerse a los hombres, de los que deja sólo los huesos. En otras versiones es equivalente a las Driadas griegas, su larga cabellera enmarañada recuerda las copas de los arboles y su única pierna el tronco; a su canto los hombres que se adentren en el bosque jamas regresaran.

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