Los vientos (5) Céfiro, el Viento del oeste

Céfiro era el más suave de todos los vientos, viento de la primavera y las flores. Esto último por sus amores con Cloris (la Flora de los romanos). La ninfa fue objeto de los deseos de Bóreas y Céfiro, pero al final Bóreas de antojo de Oritía, quedando la ninfa sólo para Céfiro, quien la convirtió en la diosa de las flores. De sus amores nacerá Carpo, brisa cuyo soplo suelta los aromas de las frutas, cuyo equivalente romano es Pomona, diosa de la frutas.

Otra de su amantes fue la arpía Podarge (Celeno) que tuvo a Balio y Janto, los caballos de Aquiles. Céfiro intervine en dos eventos importantes, en el primero transporta a la joven Psique al palacio de la bestia (Eros disfrazado de monstruo), en el segundo Apolo y Céfiro disputan los amores de un joven príncipe espartano.

Jacinto prefiere a Apolo, y mientras juegan al lanzamiento de discos, Apolo para demostrar su poder divino lanza fuertemente un disco, Céfiro aprovecha el lanzamiento y lo desvía con su soplo contra la testa del joven, que muere al instante. Apolo castigó a Céfiro transformándolo en brisa, quitándole su poder de soplar tan fuerte como sus hermanos. Por ello su nombre romano es Favonio (Favonius, ‘favorable’).


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