El hipocentauro

Para efectos simples se trata de otro nombre aplicado a los centauros, en las primeras versiones estas bestias poseían un torso humano y patas de caballo, (un equivalente a las descripciones de los primeros silenos), con el tiempo asumieron la forma conocida de torso humano y parte inferior cuerpo de caballo. El hipocentauro es para algunos el nombre dado a los príncipes y reyes centauros. Hoy surge una nueva modificación y se trata de centauros con cabeza de caballo, lo que imaginarios artistas modernos de habla inglesa denominan Equitaur.


La siguiente historia ilustra un poco esta idea.

Hipocentauro: el príncipe de los centauros

Se dice que los centauros eran excelentes cazadores y guerreros. Estas criaturas estaban provistas de una inteligencia y destreza humana, pero también de la velocidad de un corcel de carreras. Al ser mitad humano y mitad caballo podían aprovechar lo mejor de cada una de esas especies para llevar a cabo sus tareas cotidianas y bélicas.

En general eran seres belicosos, que trataban de penetrar en el bosque dominado por minotauros. Si bien poseían armas y corazas de acero, jamás lograban vencer a la fuerza bruta de los minotauros, quienes eran capaces de resistir el impacto de lanzas y dagas.

A través de los años, su impulso por adueñarse del llamado “bosque taurino” fue en aumento. Y cada vez eran más y más los centauros que se transformaban en víctimas de los minutauros, los cuales eran menos belicosos, pero a la vez muchísimo más destructivos cuando tenían que defenderse cuerpo a cuerpo.

Es así como la guerra entre minotauros y centauros se fue haciendo infructuosa para estos últimos: por cada minotauro muerto, perecían casi una decena de centauros. Ello era explicable por la descomunal potencia de los minotauros, los cuales no necesitaban armas para tener que luchar con sus oponentes.

El “bosque taurino” era la causa de los enfrentamientos entre ambos bandos. De este lugar se podían obtener alimentos, ya que todos los árboles producían sabrosos frutos, ideales para la población eminentemente herbívora de centauros y minotauros. También, dicho bosque era sinónimo de seguridad, pues era un lugar muy recóndito y difícil de penetrar, por su abundante vegetación de plantas venenosas. Y quien lograra dominar ese territorio, era capaz de tener un bastión inexpugnable y también asegurarse no pasar hambrunas.

Un día apareció un centauro con una capacidad de liderazgo, fuerza física y una destreza en usar las armas que ningún otro centauro poseía. Pero este ser tenía una particularidad: si bien la mitad inferior de su cuerpo era la de un equino y la superior era humana (al igual que todos los centauros), su cabeza era de caballo y no de humano. Una extraña mutación que no dejaba de llamar la atención entre sus compañeros. Por eso, este mutante era conocido simplemente como “Hipocentauro”.

Dentro de los centauros iba tomando fuerza la idea de que fuera Hipocentauro quien los podría guiar a un triunfo sobre el ejército de minotauros, y que así de una vez por todas podrían apoderarse del bosque taurino. Hipocentauro se entrenó bien: quería ser el mayor guerrero que haya existido y convertirse en el líder indiscutido de su pueblo.

Un día, Hipocentauro paseaba muy cerca del límite donde comenzaba el bosque taurino. Y, estimulado por un extraño instinto, se adentró en el frondoso paraje. Una vez ahí, de inmediato empezó a sentirse observado. Cada vez que avanzaba, con su elegante galopar, sentía que quien lo estaba mirando estaba más cerca. En eso se le aparece un joven guerrero minotauro. Hipocentauro saca su arma y lo encara. En eso, el minotauro le dice “no me ataques, tú no eres como el resto de los centauros”. Hipocentauro parece hacer caso omiso y se lanzó sobre el taurino, haciéndole un corte en el brazo. El minotauro rugió con fuerza, y le volvió a repetir “No me ataques, eres de los nuestros”.

Hipocentauro se extrañó y lo dejó hablar. “Tú no tienes ese lado humano de la codicia que tienen los centauros. Eres un ser diferente, un hipocentauro. En nuestro pueblo hay una antigua leyenda que dice que un día llegará un Hipocentauro, que tiene va a tener más de animal que de humano, y que será el que va a unir a ambos pueblos. Nosotros los minotauros somos pacíficos, los centauros son los belicosos que quieren apoderarse de nuestro hogar. Lo que hacemos es defender lo que nos pertenece”, argumentó el taurino.

En ese momento, Hipocentauro comprendió que estaba entrenándose para una guerra sin sentido: una guerra que no tenía motivo de existir y en la cual tampoco habían posibilidades de triunfo. Así que, en ese instante, decidió no volver adonde los centauros, pues jamás lograría convencerlos de lo contrario, ya que eran criaturas que necesitaban siempre estar peleando. Pero, para no sentirse un traicionero de su pueblo, tampoco se iría con los minotauros. De esa forma, partió a conocer nuevas tierras, nuevos horizontes, para vivir en paz, y alejado de las batallas entre culturas que no tenían el por qué ser enemigas entre sí.

El hipogrifo y su simbolismo

Entre las criaturas relacionadas con los grifos se encuentran  los hipogrifos, supuestamente son la descendencia de un grifo y una yegua. Es el corcel natural de los magos (Ver Harry Potter). Igual al grifo tiene la cabeza de una águila, las garras y las alas cubiertas de plumas y pero el resto de su cuerpo es de un caballo.

La razón de su gran rareza es que los grifos consideran a los caballos como presa y comida. El hipogrifo es por consiguiente un símbolo del amor imposible.

El hipogrifo es más fácil de domar que un grifo. Es normalmente la mascota de un caballero o un hechicero. Hace un corcel excelente, que puede volar tan rápido como el relámpago. Se dice que el hipogrifo es un omnívoro, capaz de comer plantas o carne.

El hipogrifo aparece en literatura en el poema extenso de Orlando el Furioso, escrito por Ludovico Ariosto en 1516. A pesar de ello, en la literatura clásica muchos nombres prefiguraban ya esta invención, el Hippelaphus mencionado por Aristóteles podía referirse a algún tipo de antílope africano (desconocido por los europeos), así como ocurrió con el hippagros identificado luego con el ñu; o el onelaphos que quizás era el orix. Imaginarios eran el Hippalectryon de la mitología griega, que se trataba de una criatura fantástica con la parte anterior de un caballo y de que la parte posterior de un gallo con: alas, patas y cola incluida. Lleva un plumaje de color amarillo. Aunque está representado en la pintura de los antiguos jarrones, montado por un jinete; las leyendas sobre esta criatura son desconocidas. También tenemos por Luciano de Samósata (siglo II) que imagino a los Hippogypoi (los jinetes de buitres) capitaneados por el mitológico Endimion (amante de Selene – la Luna), en guerra contra los hipomyrmekes (jinetes de las hormigas), dirigidos por Faetonte (el sol), luchando por el lucero del alba (Venus), una obra de ciencia ficción donde la luna es el campo de batalla casi dos mil años antes que Julio Verne  escribiera su obra “De la Tierra a la Luna”.

La idea de un caballo volador no era extraña a los griegos, ya tenían a Pegaso; así que el Hipogrifo es un grifo en el que las partes de león están sustituidas por las equivalentes partes de caballo, y por consiguiente resulta un caballo dotado de alas y cabeza de águila.

El grifo y su simbolismo heráldico

El grifo es una criatura legendaria con el cuerpo de un león, con la cabeza y a menudo las alas de una águila. Cuando el león era considerado el rey de las bestias y el águila el rey de los pájaros, se pensaba que el grifo era una criatura especialmente poderosa y majestuosa. Los grifos son normalmente conocidos por proteger tesoros. Son desde la antigüedad un símbolo de poder divino y un guardián de lo divino. Grifo representan la nobleza, la vigilancia, la virtud, la fuerza y la justicia. En antiguas tumbas de piedra, los grifos son los guardianes y protectores de la vida que dan protección incluso en el más allá.

En el siglo IX se afirmaba que los grifos eran estrictamente monógamos, y si un compañero muere, el otro continuaría el resto de su vida solo sin un nuevo compañero. El grifo paso así a ser un del matrimonio en Iglesia. Como unión de una bestia terrestre y un pájaro etéreo, también pasó en la Cristiandad a ser un símbolo de Jesús Cristo, que era humano y divino.

Se creía que la garra de un grifo tenía las propiedades medicinales y que sus plumas podían restaurar la vista. En la Edad media y el Renacimiento los grifos se pintaron como la parte del escudo de armas de Génova.

La mayoría de las ilustraciones contemporáneas dan las piernas delanteras del grifo como las piernas de una águila con las garras, aunque en algunas ilustraciones más viejas sus cuatro patas son de león, es llamado en este caso Opinico (opinicus) o león grifo, nombre dado por los editores del Diccionario Oxford de inglés.

Muy pocas veces a grifo se le retrata sin las alas. Es a partir del siglo XV que en la heráldica a esta bestia sin alas se le conoce como Keythong, quien es considerado el macho de la especie, y que a menudo tiene el lomo y la cola espinosa. El keythong presenta un balance de lo bueno y lo malo; en la realidad todos los hombres tenemos cosas tanto buenas como malas. Al centrarse en nuestros puntos fuertes, somos capaces de gestionar en torno a nuestras debilidades, si estas son mayores predominan las razones egoístas, trae la gula, la venganza, la ferocidad y la violencia. Todas cualidades negativas de la energía masculina, que el guerrero debe superar.

El nombre de grifo a tenido varias variantes ortográficas en ingles: gryphon es la más común, ganando popularidad tras la publicación de las Aventuras de Alicia en el País de las maravillas pero variantes menos comunes incluyen: gryphen, griffen, gryphin, gryphus y griffon.

Otra criatura similar relacionada y más moderna (Yugi-Oh) es el hieracosphinx, una bestia mítica encontrada en esculturas egipcias y la heráldica europea, similar a un opinico, pero con la cabeza de un halcón, y es tomada por algunos como un augurio del mal.

El Alphyn

Es una criatura heráldica rara, su nombre viene de la palabra germánica para “cazador” o  “lobo”, su fisonomía tiene dos versiones, en la primera es ser con cuerpo similar al tigre heráldico, pero es más rechoncho ya que tiene una melena espesa y una lengua delgada larga. Otra característica notable es su cola mostrada como un león y anudada como modelos celtas, puede relacionárselo al grifo, ya que veces sus patas delanteras se pintan como las garras de un águila, en una segunda versión se trata de un ser con cuerpo de lobo y patas delanteras de dragón. Otras veces son como en una cabra. y las garras anteriores de águila; De vez en cuando los cuatro pies se muestran como las garras de un león. Del alphyn deriva el nombre de la pieza de ajedrez árabe, el alfil, que es un elefante.