Vodyanoi, Vodnik

El Vodianoi (o vodianoy) es un espíritu masculino de las aguas de origen eslavo. Los checos, eslovacos y polacos lo llaman Vodnik. Se les considera seres especialmente malévolos. Son el equivalente masculino de las rusalkas rusas, son nadadores que se han ahogado por su arrogancia, o audacia, al tratar de nadar en ríos alebrestados. En otras versiones son las almas de hombres muertos que han cometido suicidio, o se trata de niños sin bautizar, o incluso de hombres que mueren sin los últimos ritos sacros y de forma violenta. Su apariencia es variable, pero en la mayoría de las versiones son como un anciano desnudo, hinchado, peludo y cubierto de lodo; a veces con cola de pescado como los tritones mediterráneos; otras son similares a la gente pez, con cuerpo humano cubierto de escama y rostro de pescado, cabellos y piel verde, que los asocian a las algas de las aguas turbias donde habitan. Hay quienes señalan que su apariencia va cambiando con las fases de la luna, son niños cuando la luna pasa de nueva a llena y van tomando la apariencia de anciano a medida que la luna va menguando.

Los Vodyanoi tienen la capacidad de transformarse en peces, preferiblemente en lucios; pero también pueden ser troncos a la deriva, con los que engañan a los bañistas que tratan de agarrarse de algo en las aguas revueltas, pueden ser niños que juegan en las aguas para atraer, a los que los ven jugar felices en el agua, invitándolos a las victimas desprevenidas a  meterse a nadar, también se disfrazan como caballos, que cuales selkies arrastran a los incautos hasta las aguas cuando se atreven a montarlos. Son criaturas que gobiernan sobre los peces, deciden el destino de pescadores, marineros, nadadores y bañistas que se atreven a cruzar su morada; morada que se encuentra en el lecho de ríos, lagos y pantanos, pero tiene una especial predilección por las corrientes de agua creadas por los molinos, a veces son estos molinos la causa de ira, ya que con las represas y los molinos se corta el curso normal del río donde habitan.

Los vodianois suelen ahogar a aquellos con los que están enojados o a quienes los insultan. Son espíritus particularmente caprichosos.  Los vodyanoi rara vez vienen a la tierra, pero cuando lo hacen, es generalmente con malas intenciones hacia los seres humanos, se les reconoce por las pisadas mojadas que van dejando al andar. Quieren vengar reales o imaginarias lesiones, tomar represalias contra los que nadan en su territorio o simplemente lo cruzan. Otras veces salen de sus refugios acuáticos para entrar en el bosque a pelear con los espíritus del lugar, con los cuales no suelen tener buen trato. Sin embargo a veces sólo gastan terroríficas bromas a los pescadores, tales como hacerse pasar por un ahogado, y al ser subido al bote, vuelven a la vida, asustando a los que se encuentran en el bote.  Sus victimas pasan a formar parte de su corte de sirvientes en lo profundo del río, donde es acompañado por alguna rusalka como compañera.

Las únicas personas que en general están a salvo de la ira de los vodianois son los molineros y los pescadores. A los molineros, en particular, se consideraban tan cerca del vodianoi que a menudo son visto como encantadores de estos espíritus. Esto es influenciado por la creencia de que cerca de los molineros se ahoga cada año un borracho transeúnte, algo que se asume como una ofrenda al vodianoi, para calmar la ira del voldianoi al construir la represa y el molino que corta la corriente natural del río. Con los pescadores es algo menos  espeluznante, el pescador ofrece en sacrifico la primera de sus capturas al espíritu de las aguas. Si el vodianoi acepta el obsequio, llena de peces las redes del pescador.

 

Para evitar ser victima de un vodyanoi deben respetarse algunas reglas, entre ellas no bañarse tras la puesta del sol, en algunas fechas igualmente vedadas, como la semana de la fiesta del profeta Elijah (Elías), y nunca entrar en el agua sin llevar un crucifijo al cuello. Campesinos, pescadores y molineros para evitar las iras del vodyanoi suelen realizar ofrendas, en especial al inicio de la primavera, ya que tras el deshielo de los ríos el espíritu despierta con renovadas energías. Estas ofrendas incluyen desde verter aceites perfumados hasta sacrificar un caballo, arrojándolo al río con las patas atadas y con una piedra de molino para que su hunda y ahogue rápido en las oscuras aguas.

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