Hijos de la noche (21) Caronte (Kharon/Charon) El del feroz brillo.

Caronte es un hijo de Érebo (dios de las tinieblas) y Nix (diosa de la noche), es el barquero de los muertos, un daimon (espíritu) del infierno al servicio de Rey Hades. Él recibe las sombras (almas) de los muertos que Hermes recogió del mundo superior y las guió a las orillas del río Aqueronte o Aquerón. Caronte las transporta en su barca a su lugar de descanso final en tierra de los muertos. La cuota para su servicio era un obolos (moneda) que se colocaba en la boca de un cadáver en su entierro. Aquéllos que no habían recibido el entierro debido no tenían la moneda y no habían sido capaces de pagar su cuota estaban condenados a vagar el lado terrenal del Aquerón, frecuentando el mundo superior como los fantasmas.

Caronte es retratado como un hombre feo, barbado con una nariz corva, llevando un sombrero cónico y túnica. Él se mostraba de pie en su esquife (barca) sosteniendo un palo (remo) para recibir las sombras (almas) de Hermes.

Esquilo (siglo V a.C.) describe que navega en el viento de los lamentos sobre su cabeza, y con golpes rápidos de sus manos lleva a los muertos, ese golpe que siempre navega con flojera, la nave negra pasa encima del Aquerón a la tierra donde Apolo no camina, la tierra sin luz que recibe a todos los hombres.

Ovidio (siglo I d.C) en sus Metamorfosis cuenta como Orfeo ruega en vano para que se le permita cruzar el arroyo de Estigia una segunda vez para volver nuevamente por Euridice. El barquero se negó. Aun así durante siete días se sentó en la banca, desaliñado y ayunando, con angustia, pesar y lágrimas, maldiciendo al hijo de Érebo por su crueldad.

Apuleius (siglo II d.C.), cuenta de Psique su jornada en el infierno.

Llegará al río inanimado [el Aquerón] sobre el que Caronte preside. Él exige el pago de la tarifa terminantemente, y sólo cuando él la recibe transporta a los viajeros con destreza de la orilla extensa —Incluso entre los muertos, la codicia disfruta; incluso ese gran dios Caronte recoge los impuestos para Hades, no hace nada por nada. Un hombre pobre en el punto de muerte debe tener su pago, y nadie le permitirá respirar su último hasta que él tenga su cobre listo—. Usted debe permitirle a este superior escuálido tomar por pago una de las monedas que usted lleva, pero él debe quitarla de su boca con su propia mano. Entonces mientras usted cruza el arroyo quieto, y el hombre viejo ahora la lleva a usted, levantando sus manos deterioradas le pedirá que le ayude a mover el barco; pero usted no debe moverse, ni por un sentido de piedad, eso no se permite … Cuando usted haya obtenido eso de ella [Persefone], usted debe volver atrás … usted debe darle una moneda, que usted ha guardado para el ávido marinero, y una vez más por el río usted debe desandar sus pasos más tempranos y debe volver a la armonía de las estrellas en de cielo.

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