Hijos de la Noche (18) Las Hespérides (diosas del atardecer)

Las hespérides son las diosas de la tarde y la luz dorada de ocaso. Las tres ninfas (en otras versiones cuatro, siete o nueve) eran hijas de o Nyx (Noche), conocida también como Hesperis (quien encierra al día, el crepúsculo) en estas historias y de Érebo; o de Atlas el Titán que sostiene al cielo, incluso se las hace hijas del Hespero/Fosforo/Lucifer el dios que representa al planeta Venus y marca el inicio del ocaso y las llegada de las estrellas. A ellas les confiaron el cuidado del árbol de las manzanas doradas dado como presente de boda por su abuela Gaia (la Tierra) a la diosa Hera en su matrimonio con Zeus. Gaia (la Tierra) produjo las manzanas doradas de Hesperia (el Oeste) para celebrar la boda de los dioses celestiales Zeus y Hera. Éstos confiaron su cuidado a las Hespérides, hijas de la diosa Nyx (Noche), quienes anunciaron la boda de estos dioses con la luz dorada de ocaso. Las manzanas, en la tradición griega, eran un símbolo de amor. Ellas eran ayudadas en su tarea por un dragón guardián de cien cabezas llamado Ladon.

En las leyendas más tempranas, estas ninfas habitan más allá del río Océano, en el extremo oeste del mundo; pero los esfuerzos por ubicar sus moradas y la posición geográfica de sus jardines ha llevado a poetas y geografos ubicar su residencia en partes diferentes de Libia, en las montañas Atlas, o en islas en la costa occidental de Libia; incluso en el extremo norte de la tierra, más allá de donde habita el viento Bóreas, sobre Hiperborea.

Entre los nombres de estas diosas tenemos: Ægle (el fulgor del sol), Eritia (la roja), Aretusa (rápida luchadora), Hesperetusa (rápido atardecer), Hespera o Saraesa (brisa de la tarde), Hesperia (atardecer), Crisotemis (la dorada), Lipara (perseverante) y Asterope (con la frente llena de estrellas)

El único hijo conocido de estas diosas es Euritión, hijo de Ares y de la hespéride Eritia, que nació a orillas del río Tartesos. Cuidaba de los bueyes rojos de Gerión, junto con el perro bicéfalo Ortro (Ortos),   en la fabulosa isla de Eritia o bien en la costa atlántica de Iberia. Euristeo encomendó a Heracles como su décimo trabajo el apoderarse del ganado del monstruoso Gerión sin pedírselo, ni pagarlo. Al primero con que se topó el héroe en su misión fue con Ortos, que había olido su presencia. Heracles lo mató con su clava, e hizo lo propio con Euritión cuando acudió a ayudar a su perro. Según los mitos el lugar donde habitaba este gigante y su siervo era un sitio cercano al país de las Hespérides, ubicado cerca del río Baetis [Guadalquivir] entre la celebre Tartessos y Gadeira [Cádiz]; cuyas aguas que alimentaban a la antigua ciudad estado ibérica eran del color de la plata. Por eso tras cruzar el ‘río Oceano’ se encuentran las islas Canarias, que es considerado por muchos del lugar como la casa de las hespérides.

Las Hespérides son también las diosas que anuncian la noche nupcial. Ellas asisten a la boda de Peleo y Tetis, y sirviendo la ambrosía de los dioses en la fiesta de boda. También aparecen en la boda de Cadmo y Harmonía, donde las hespérides hacen una canción para ellos, mientras Afrodita junto con Eros engalanan la cama de la boda, colocando la fruta dorada [las manzanas] del jardín de las ninfas como presente digno para la novia.

Era también las diosas que custodian los tesoros de los dioses, cuando Perseo dijo que devolvería el ojo y el diente a las Grayas, después de que ellas le dijeran donde habitaban las ninfas [las Hespérides] que tenía en su poder las sandalias del vuelo y el kibisis (una mochila) y el casco de Hades. Cuando estas llevaron a Perseo con las ninfas, él les devolvió su diente y su ojo. Acercándose a las ninfas él explicó por que había venido. Perseus devolvió luego las sandalias, kibisis, y casco a Hermes, y la cabeza del Gorgona se la entregó a Atena; y Hermes luego devolvió los artículos mencionados a las ninfas.

Cuando el río Aqueloo luchó con Heracles ganar Dejanira en el matrimonio, el dios del río se transformó en un toro. Hércules arrancó su cuerno, presentándolo a las Hespérides, y las diosas lo llenaron de frutas y lo llamaron la Cornucopia (el Cuerno de Abundancia).

Heracles fue enviado sacar las manzanas doradas del Hespérides como uno de sus doce labores. Prometeo, tras ser liberado por Heracles le dice como llegar donde las hespérides. Para lograr su tarea Heracles engañó a Atlas para que recuperase algunas manzanas de oro ofreciéndose a sujetar el cielo mientras iba a buscarlas (en esta historia Atlas sería el padre de las hespérides). Al volver con las manzanas, Atlas decidió no volver a cargar los cielos, pero Heracles le engañó de nuevo pidiéndole que sujetase el cielo un momento para que pudiera ponerse su capa como almohadilla sobre los hombros, a lo que éste accedió. Entonces Heracles tomó las manzanas y se marchó. Según una versión alternativa, Heracles habría matado a Ladón. Heracles fue la única persona que logró robar las manzanas, aunque Atenea las devolvió más tarde a su lugar apropiado en el jardín.

Los Argonautas pusieron a babor su nave por el desierto Libio. En busca de agua llegaron al hogar de las hespérides. Tuvieron miedo del dragón. Pero el dragón muerto antes por Heracles, con su sangre derramada sobre la tierra había envenenado todo el lugar. Cerca, con sus brazos blancos echados encima de sus cabezas doradas, las Hespérides estaban lamentándose mientras los Argonautas se acercaban. Orfeo viendo en esto, dirigió una oración a ellas en nombre de sus camaradas. Orfeo sollozó y oró por agua. Las ninfas tuvieron piedad de los sufridos hombres. Ellas forjaron un milagro. Primero, el pasto salió de la tierra, entonces los retoños largos aparecieron en el césped, y en un momento tres arboles, altos, rectos y llenos de hojas estaban creciendo. Hespere se volvió un álamo; Eritia un olmo; Ægle un sagrado sauce. Ahora los Argonautas escucharon de Ægle su voz mansa que les dice lo que ellos deseaban saber.

Ustedes han sido afortunados—, ella dijo. Un hombre malo aquí ayer mató al dragón que nos cuidaba y robó nuestras manzanas doradas, y se ha ido. A nosotras trajo dolor indecible. Él era un bruto salvaje; un hombre cruel, con ojos brillantes y cara frunciendo un ceño. Él llevaba la piel de un león enorme y flechas con las que disparó a nuestro monstruo aquí. Como ustedes, había venido de pie y muerto de sed. Porque él se apresuró sobre el lugar en busca del agua; pero sin el éxito, él encontró la piedra que usted ve allí cerca de la albufera de Tritón. Entonces ocurrió que golpeó la base de la piedra con su pie, el agua chorreó fuera, y él se cayó en sus manos y pecho y bebió avariciosamente con su cabeza abajo como una bestia en los campos, él lleno su barriga—. Con esa información los argonautas fueron deprisa felices hacia el lugar dónde Ægle les había señalado.

El dragón que guardaba las manzanas doradas del Hespérides después de que Hércules lo mató, fue puesto por Hera entre las estrellas. Considerado el vigilante usual de los Jardines de Hera. La constelación de la Osa Menor sólo fue considerada como constelación después del siglo VI a.C., momento en el que se pensó que era como un osezno. Hasta entonces se había considerado que eran siete hermanas [las hespérides], quienes formaban el ala de la constelación del dragón [Draco]. Esta es parte de la razón por la que se piensa que las hespérides viven en el rincón más al norte del mundo.

La constelación de la Osa Mayor que se encuentra entre la Osa Menor y Libra era como en un manzano, siendo  sus frutos [las estrellas más brillantes], en lo que hoy se considera la cola de la osa. Así entre Osa Menor y la Osa Mayor está la constelación del dragón esta protegiendo las «manzanas» [la Osa Mayor] y siendo la línea de defensa de las estrellas de la Osa Menor [las hespérides]. El Dragón mira amenazador hacia el sol cuando éste está en Libra y hacia la constelación de Hércules [Heracles] que se ubica la lado de la constelación de Boötes.

Íntimamente asociada con este grupo de constelaciones está la constelación de Boötes (el boyero, quien cuida los bueyes), situada entre ellas y Libra. Las leyendas antiguas sobre la constelación de Boötes recogen el hecho de que partes de ella quedaban cerca de Polaris, la estrella polar, y como tal, se consideraba que era el hombre que sujetaba los cielos, [Atlas]. Sus tres grupos de siete hijas serían las pequeñas constelaciones de siete estrellas: las Hespérides [osa menor], las Híades [cuernos del toro Tauro] y las Pléyades [también hoy en Tauro]. Boötes parece estar dirigiéndose hacia la Osa Mayor y la Menor (que es el motivo por el que hoy se le conoce como «Guardián de las Osas»). En esos tiempos los griegos no consideran a Libra una constelación separada [la incluían como parte de Escorpio, siendo las pinzas del monstruo]. Dado que la constelación de Boötes, no está realmente en la elíptica, pero su tamaño y cercanía en el lugar hacían que ocupara el puesto del zodiaco vacante. La presencia del gigante Gerión en algunas versiones de la historia puede ser indicativa de una segunda razón sobre el nombre de Boötes (el que cuida bueyes), quien modernamente fue acompañado por dos perros de caza [la constelación de  Lebreles] .

Las constelación de la Osa mayor ya era imaginada por los pueblos de Asia menor, en Grecia fue asociada al mito de Zeus enamorado de la ninfa Calixto, pero Hera transformó a la joven en osa en castigo, y le advirtió a Zeus que si le decía algo al hijo de ambos, Arcas, sufriría igual fin. Cuando creció Arcas se volvió cazador y mientras este recorría los bosques encontró una osa, no reconociéndola como su madre se dispuso a dispararle una flecha, Zeus intervino diciéndole la verdad; Hera lo transformó como había dicho y Zeus los puso a ambos en los cielos, siendo hoy la osa mayor y la osa menor (el osito). La imagen de la osa mayor es de origen mesopotámico.

Por su parte Boötes también evolucionó, Dioniso entregó la primera vid al mortal Eneo, e Icario fue el primero en hacer con ella vino. Mientras recorría Ática, ofreció a probar su vino sin rebajar con agua a unos pastores con los que se encontró, los cuales bebieron y bebieron hasta quedar embriagados y dormidos. Como estaban echados, medio muertos, y hablaban de un modo extraño, el resto de pastores pensaron que Icario los había envenenado para robarles los rebaños y lo mataron. Los que habían bebido se quedaron dormidos, y al despertar dijeron a sus compañeros que nunca habían dormido tan bien. Sus asesinos, avergonzados por el crimen cometido, huyeron. La hija de Icario, Erígone, extrañada por la tardanza de su padre empezó a sospechar que algo terrible había sucedido, e inició su búsqueda. La perra de Icario, Mera, aullando, como si llorara la muerte de su amo, volvió junto a Erígone. La perra tenía entre sus dientes una prenda de Icario, y tirando del vestido de Erígone, la condujo hasta su tumba. Tan pronto como su hija lo vio, decidió quitarse la vida colgándose del árbol a cuyos pies estaba enterrado su padre. La perra Mera, con sus lamentos a causa de la muerte de sus amos atrajo a la gente para que les dieran sepultura y luego se quitó la vida, arrojándose al río Anigro, y según contaban las tradiciones de entonces, desde entonces nadie bebió nunca jamás de esas aguas. Zeus se conmovió por esas muertes, así que decidió elevarlos junto a las estrellas. A Icario como el Boyero, a Erígone como Virgo, y a la perra la transformó  en la estrella más brillante de la constelación del Can Menor, y la llamaron Procyón: que quiere decir “por delante del perro” (Can mayor). La constelación de Libra era de origen babilónico y del cercano oriente, los romanos la adoptaron luego porque su presencia en los cielos marcaba el inicio del equinoccio de otoño (igual duración de los días y las noches), y asociaron la balanza a Virgo, que para los romanos era la diosa Astrea (la justicia).

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