Hijos de la noche (11) Erinias, Furias, Diras, Euménides, las oscuras

Las Erinias eran tres diosas del inframundo que castigaban los crímenes contra el orden natural. También se les llamaba Euménides (benévolas), para evitar su ira cuando se pronunciaba su verdadero nombre. Las Erinias (así nombradas en el inframundo) fueron conocidas por los romanos como Furias (cuando diosas estaban en la tierra) o Diras (cuando estaban en el cielo en compañía de Zeus). Los nombres de estas diosas son:  Alecto (implacable), que castiga los delitos morales; Megera (seductora), que castiga los delitos de infidelidad y Tisífone (vengadora), que castiga los delitos de sangre.

Las Erinias son representadas como mujeres feas, aladas con el pelo, los brazos y cinturas entrelazados con serpientes venenosas. Ellas usaban látigos y vestían túnicas negras y largas. Esquilo las ve como a las Gorgonas, sus cuerpos visten de negro, y serpientes se retuercen en su pelo, goteando sangre de sus ojos, con serpientes o antorchas en sus manos; Euripides y otros poetas más tarde los describen como los seres alados, con alas de dragones.

Ellas estaban particularmente vinculadas con los homicidios, los crímenes filiales, crímenes contra los dioses y el perjurio. Una víctima que busca la justicia podría llamar la maldición de las Erinias. La más poderosa de estas maldiciones era la de los padres sobre los hijos, ya que mito las hace hijas de la sangre de Uranos, caída sobre Gaia, cuando fue castrado por su hijo Cronos, aunque otros dioses primigenios se les achaca el honor de ser sus padres, entre ellos: Nix y Érebo. Eran las diosas sirvientes de Hades y Perséfone en el infierno dónde ellas vigilaban la tortura de delincuentes en los Calabozos del inframundo (donde algunos poetas antiguos las  hacen hijas de Hades y Perséfone). Como divinidades más antiguas que los dioses olímpicos no estaban bajo las normas de Zeus, aunque ellas lo honraban y estimaban. Ellas habitaban en la oscuridad profunda del Tartaro, temidas por dioses y hombres

La ira de las Erinias se manifiesta de varias maneras. La más severa de éstas era la locura atormentadora infligida en un parricidio o matricida. Los asesinos podrían sufrir enfermedades y pestes; incluso cubrir de males la nación de un delincuente, que podría sufrir la carestía, hambre y enfermedad. Sólo podría aplacarse la ira de las Erinias con ritos de purificación y la realización de alguna tarea para la expiación.

Las Erinias eran similares, pero no iguales a otras ninfas del inframundo, suelen confundirse y no diferenciarse de las Arai (las maldiciones) y las Maniai (las locuras y el frenesí); también algunos hablan de las Poinas, para describir a los espíritus vengadores de los homicidios que representaba la venganza y el castigo por matar a un hombre, eran según los mitos todas hijas de Nix y Érebo, o hijas de Éter y la Gaia. Se usaba el término Poina (Poena, Ultio en Roma) para denominar el dinero que entregaban los asesinos a la familia de la víctima con el fin de expiar su crimen. Una Poina fue llamada por Apolo para vengar la muerte de uno de sus hijos, está adoptó la forma de un dragón y fue asociada luego con una Lamia o con Equidna (ambas mujeres con torso humano y parte inferior de serpiente).

A las Erinias  se les aplicaba el epíteto Praxídiceas, pero estas también son tres diosas (daimonas) de la justicia en el inframundo. La principal y de la que deriva el nombre del grupo es Praxidike (literalmente: praxis: aplicación; dike: justicia, es la diosa de la justicia estricta), esta diosa es identificada luego con la diosa Perséfone, es acompañada y forma la triada con sus hijas Arete (la Virtud) y Homonoia (la Concordia) —hijas de Zeus con la joven diosa—. En otras tradiciones sus nombres son Thelxineia, Alkomeneia y Aulis, y era hijas del Rey de Beotia (Reino de Tebas). Al parecer las dos tradiciones se solaparon.

Hay que señalar que en el Olimpo hubo otras diosas de la justicia, la más importante es Temis, que con Zeus será madre de las Horas, diosas del orden natural y las estaciones,  sirvientes de Hera y quienes abrían los cielos a Apolo, entre las más conocidas de estas diosas son: Eunomina —el orden—, Irene —la paz— y Dike (Astrea para los romanos) —la justicia—; pero también se citan nombres vinculados a la germinación y los frutos: Auxo/Auxesia (crecimiento, equivalente a Perséfone), Carpo/Damia (Fruta, equivalente a Demeter) que aparecen como Carites formando trío junto con Talo/Hegemona (germinación, equivalente a Artemisa), otro trío también vinculado a la germinación son: Ferousa (sustancia), Euporia (abundancia), Ortosia (Prosperidad).

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Y entre las imágenes de las estaciones tenemos también los nombres de: Kheimon (el invierno personificado) que es representado como un joven con alas envueltas en una capa, con una bandeja de frutas secas; se le asocia como un aspecto de Boreas, el viento del norte. Phthinoporon (el otoño de personificado) lleva una cesta de frutas de otoño en el hombro; un aspecto de Euros, el dios alado del viento del este. Theros (el verano personificado) tiene un haz de espigas de trigo y un cuchillo de la cosecha en sus manos, es un aspecto de Notos, el dios alado del viento del sur; y Eiar (la primavera personificada) sostiene una cesta de fruta verde en la mano; que es un aspecto de la Cefiro, el dios alado del viento del oeste.

Esquilo (siglos VI a.C al V a.C.) narra en la tercera parte de la Orestíada, y donde aparece por primera vez el nombre de Euménides, como las Erinias persiguen a Orestes por la muerte de su madre Clitemnestra. La escena se desarrolla en el santuario de Delfos, principal templo de Apolo, donde se encuentra el ombligo del mundo y luego pasa a Atenas donde Orestes, Apolo, y las Erinias comparecen ante un jurado de atenienses en el Areópago (colina de Ares) donde el tribunal de homicidios de Atenas celebraba sus sesiones, para decidir si el asesinato de Clitemnestra por parte de su hijo, Orestes, le hace merecedor del tormento que le han infligido. Orestes por instigación de su hermana Electra y el dios Apolo, había matado a su madre Clitemnestra, quien a su vez había asesinado a su esposo (padre del chico), el rey Agamenón, en venganza porque este había matado a su hija Ifigenia (hermana del chico). Orestes se refugia en el templo de Apolo en Delfos, y el dios le aconseja su huida a Atenas, bajo la protección de Hermes, para someterse al juicio de la diosa Atenea. El dios lanza un conjuro sobre las Furias que lo persiguen, para retrasarlas; pero el fantasma de Clitemnestra despierta a las durmientes Erinias, instándolas a que sigan persiguiendo a Orestes. La escena se traslada a Atenas. Cuando las Erinias localizan a Orestes en Atenas, Orestes ha abrazado a una pequeña estatua de Atenea como suplicante. Las Erinias lo rodean. La diosa aparece en escena y decide que un jurado de doce atenienses juzgue al suplicante. Las Erinias que aceptan que se realice un juicio y dicte sentencia, protestando no obstante por el hecho de se dicten leyes nuevas que impidan el castigo inmediato y sin contemplaciones de los crímenes de sangre.

Esta idea da una explicación mítica a un progreso social: la sustitución de la venganza por la justicia. De automática y sin miramientos en los inicios de la civilización, la justicia pasa a ser un instrumento para introducir la razón en los procesos de culpabilidad al tiempo que ha de ser administrada por un poder delegado de la comunidad.

Apolo actúa de abogado de Orestes mientras las Erinias actúan como abogado de la fallecida Clitemnestra. Las Erinias, diosas de la venganza de sangre, sostienen que, si no se condena a Orestes, en la ciudad cualquiera se sentirá libre de cometer cualquier tipo de acto por venganza propia. Apolo indica de que en un matrimonio el marido es más importante que la mujer (machismo del más puro) señalando que por que el hijo tiene la misma sangre que el padre que lo ha generado, tiene el derecho de vengarse, cortando así por fin la cadena de crimen, venganza, crimen,… mediante un juicio donde intervienen, jueces humanos y no la implacable venganza sin consideraciones de los dioses. Después del recuento, los votos son iguales en cada lado, pero Apolo convence a Atenea para que sea ella el voto de desempate. Atenea declara que en adelante los empates entre los jurados deben resolverse en beneficio del acusado, siendo Orestes absuelto, puesto que la misericordia debe prevalecer siempre sobre la severidad e insta a las Furias de que acepten su decisión. Las Erinias, increpan a Atenea por vulnerar viejas leyes; pero, al final se someten. Atenea entonces les da otro nombre, Euménides (Benevolentes), quienes se comprometen a mostrar su lado más benigno a Atenas. Las Erinias serán entonces honradas por los ciudadanos de Atenas para asegurar su prosperidad.

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