Hijos de la Noche (8) Eris, la discordia

Eris era la diosa o espíritu (Daimona) de la lucha, la discordia, la contención, la rivalidad y el odio. Fue a menudo representada específicamente como el demonio de las luchas en la guerra, que rondaba el campo de batalla y se deleitaba en el derramamiento de sangre humana. Su nombre romano fue Discordia.

Debido a la naturaleza desagradable Eris fue la única diosa que no sería invitada a la boda de Peleo y Tetis. Cuando fue de todos modos, se le negó la admisión y, en un gesto de furia, arrojó una manzana de oro entre el grupo de diosas presentes, diciendo —Para la más hermosa—. Tres diosas reclamaron la manzana, y su rivalidad provocó los acontecimientos que condujeron a la guerra de Troya. Hera, Atenea y Afrodita, reclamaron el honor del reconocimiento de su belleza, como Zeus no podía intervenir (una era su esposa y las otras sus hijas) ordenó a Hermes que las escoltara con el mortal Alexandros [París], para ser juzgado la disputa por el joven. Se le ofrecieron a Alexandros dones: Hera dijo que si ella era elegida la mujer más bella de todas, le haría el rey de todos los hombres, Atenea le prometió la victoria en la guerra, y Afrodita le prometió Helena en el matrimonio. Alexandros recibió y escucho a las diosas y concedió la manzana a Afrodita, que había sobornado al ofrecer a la mujer más bella del mundo —Helena— como su novia. Con la ayuda de Afrodita, la reina Helena fue seducida y raptada a Troya por París, la chispa que empezó la guerra de Troya.

Eris era otra de las hijas de Nix y Érebo, pero al estar estrechamente identificada con la diosa de la guerra Enio (hija de Zeus y Hera) se la ha hecho hermana de Ares (dios de la guerra). De hecho Homero utiliza los nombres indistintamente. Ella también estaba relacionada con Ma, una diosa de Anatolia y con Bellona, la diosa romana de la guerra.

Según Homero, Eris que vaga, al principio pequeña e insignificante, pero pronto levanta la cabeza hasta el cielo. Como amiga y hermana de Ares, se deleita en el tumulto de la guerra y en el aumento de los quejidos de los hombres. Es insaciable en su deseo de derramamiento de sangre, y después de todos los otros dioses se han retirado del campo de batalla, todavía sigue regocijándose por los estragos que ha hecho.

Esopo, (fábula griega de siglo VI a.C) nos cuenta:

Heracles se dirigía a través de un estrecho paso. Vio algo que parecía una manzana en el suelo y trató de romper con su masa. Después de haber sido golpeado por la masa, esta aumentó hasta el doble de su tamaño. Heracles golpeó de nuevo con su masa, incluso más duro que antes, y la cosa se extendió luego a un tamaño tal que le cerraba el paso de Heracles. Heracles soltó de su masa y se quedó asombrado. Atenea le vio y dijo: —Oh Heracles, no estes tan sorprendido! eso lo ha provocado su confusión aporía (contencioso) y Eris (la Discordia). Si usted lo deja como está, se queda pequeña, pero si decide luchar contra ella, entonces se hincha de su pequeña dimensión y aumenta de tamaño—.

Cuenta el griego Coluto de Licópolis en su poema El rapto de Helena (siglos VI a.C a V a.C) lo siguiente:

Vos las Ninfas de Troya, hijas del río Xanthus que a menudo aparecen en las playas de arenas de su padre, atando sus trenzas y jugando con sus sagradas manos, listas para el baile en Ida, vengan acá, dejen al sonoro río, y cuéntenme a mí (Helena) lo que el pastor como juez decidió; díganme de que colinas el vino, (…) por qué pastores deben hacer de jueces a inmortales (…)

Así entre las altas y puntiagudas colinas del Haemonians (Tesalia), la canción de la boda de Peleo era cantada mientras, a la orden de Zeus, Ganimede vertió el vino. Y toda la raza de los dioses se dio prisa para hacer honor a la novia vestida de blanco (Tetis) , la propia hermana de Anfítrite, Zeus del Olimpo y Poseidon del mar (…) Y después de él, Hera, la hermana de Zeus, siguió; (…). Afrodita igual, rezagada vino de los bosques (…) después de haber formado una corona nupcial, llevando su carcaj el astuto Eros. Y Atenea se quitó su casco poderoso de su frente y siguió al matrimonio, aunque del matrimonio ella era no enseñada. Ni hizo la hija de Leto, Artemisa, hermana de Apolo, el desdén dejar de venir, (…) Y Ares feroz, sin casco, ni alzando la lanza bélica, (…) Pero Eris hizo Quirón deja sin el honor; Quirón no la consideró y Peleo no la consideró.

Y cuando solo alguna vaquilla vagaba por la pastura en la cañada (…) Eris, superada por las punzadas de celos y enfadado, vagó en busca de una manera de perturbar el banquete de los dioses. (…) Ella golpeó con violencia con su mano el pecho de la tierra y no respondió la piedra. Frustrada quería ella de soltar las barras y cerrojos de las hondonadas tenebrosas y despertar a los titanes del hoyo inferior para destruir el cielo, el asiento de Zeus que gobierna desde lo alto. (…) Y ella pensó despertar el fragor del sonido de escudos, feliz de que ellos podrían brincar en el terror ante al ruido. Pero de ella pensó astutamente más tarde, también, que ella se retiraría ante el miedo de la furia de Ares, el guerrero escudado.

Y ahora ella pensó en de las manzanas doradas del Hesperides. Eris entonces tomó la fruta que debía ser el heraldo de la guerra, (…) Girando su brazo ella lanzó en el banquete la semilla original del tumulto y perturbó al coro de diosas. Hera, gloriándose de quien era esposa y que compartía la cama de Zeus, miró asombrada, y la habría rápidamente agarrado. Y Cypris (Afrodita), como ser más excelente que todas, deseó tener la manzana, como tesoro de los Amores. Pero Hera no la dejaría y Atenea no se rendiría.

Y Zeus, viendo la riña de las diosas, y llamando su hijo Hermaon (Hermes) que se sentaba debajo de su trono le digo así: —Acaso hijo mío, usted ha oído hablar de un hijo de Priamo, Alexandro (París), de juventud espléndida que cuida sus manadas en las colinas de Troya, de a él la manzana; (…) Y le permite escoger quien tendrá la fruta famosa para llevarse el premio de la más hermosa (…) Así el padre, hijo de Cronos, Hermaon obedeció. Y él al escuchar la orden de su padre y llevó las diosas y no consideró más.

Y cada diosa buscó hacer su belleza más deseable y justa. Cypris de consejos astutos desplegó sus trenzas y deshizo el broche fragante de su pelo y destrenzó sus cabellos de oro, sus rizos dorados fluyeron. Y ella vio a sus niños, los Amores, y los llamó. —¡El concurso está a mano, estimados niños! Abracen a su madre que lo alimentó. Este día se me juzga la belleza. Yo temo a quien este pastor otorgará la manzana. Hera, a quien ellos la llaman a la madre santa de las Gracias, dicen ellos que ella maneja la soberanía y sostenimientos de cetros. Y Atenea, a quienes ellos alguna veces llaman a la reina de las batallas. Yo sólo, Cypris, soy una diosa que no le gusta la guerra. Yo no tengo ninguna nave como la reina de los dioses, ni manejo ninguna lanza bélica, (…) Y los Amores errantes oyeron la orden de su estimada su madre y se dieron prisa en su ayuda. (…)

Él (Paris) miró de lejos a Hermaon el mensajero. Y en el miedo él brincó y buscó huir del ojo de los dioses. Él se apoyó contra un roble su coro de cañas musicales y verificó su disposición que no tenía mucha labor todavía. Y él en su miedo escuchó al maravilloso Hermes hablar así: —(…) venga acá y dé decisión como juez de las diosas de cielo. Venga acá y decida quién es la belleza más grande, y a la más hermosa y encamtadora dé esta manzana—. (…)

Antes de que él diera el juicio, Atena lo agarró, sonriendo, por la mano y le habló a Alejandro (Paris) así: —¡Venga acá, hijo de Priamo! no deje a Afrodita, reina de las glorietas nupciales y a la esposa de Zeus y escuche sin alabo que Atenea ayuda a las proezas de los hombres. (…)Venga acá, y yo le haré el duro salvador de su ciudad a los hombres; para que nunca en su vida Enio (la diosa de la guerra) de ira dolorosa caiga pesadamente en usted. Escúcheme y yo le enseñaré la guerra y sus proeza—.

Atena así llorada sus muchos consejos, y Hera la de blancos brazos subió y dijo así: —(…) demé a mí la fruta de la más hermosa, yo le haré el señor de toda el Asia. Desdeñe los trabajos de batalla. ¿Qué tiene un rey que hacer con la guerra? Un príncipe da ordenes los valientes. No siempre se es escuderos de Atenea. Veloz es la sentencia y la muerte de los sirvientes de Enio!—

(…) Y alzando con sus manos el cinto meloso de los amores ella desnudó todo su pecho (…) Y sonrientemente ella habló así al pastor: —Acépteme y se olvida de guerras: tome mi belleza y deje el cetro y la tierra de Asia. Yo no sé los trabajos de batalla. ¿Qué tiene Afrodita para hacer con los escudos? Porque la belleza es por mucho la mayor ventaja de las mujeres. En lugar de la proeza varonil, yo le daré una novia encantadora, y, en lugar de majestad, entrara en usted la cama de Helena (…)

No había todavía dejado de hablar y él le dio la manzana espléndida, la belleza era ofrecida como gran tesoro a Afrodita, (…) Y ella, sosteniendo la manzana en su mano, profirió su voz y burla a Hera y a la varonil Atena: —Ríndanse ante mí, acostumbradas como vos a guerrear, ríndame la victoria. La belleza yo he amado y la belleza me sigue. Ellos dicen que usted, la madre de Ares, reina de las Gracias. Pero hoy ellas todas se le han negado y no usted no ha encontró su ayuda. (…) ¡Y cómo vano es tratar de jactarse, Atrytone (burla a Atenea por no haber tenido madre)! (…) cómo su cuerpo se cubre en las túnicas de latón, usted huye del amor y busca los trabajos de Ares, no enseñado de armonía y no acostumbrada a la concordia. (…) Así habló Cypris y de Atenea se mofo. Así que ella consiguió el premio de belleza que iba a traer la ruina de una ciudad, rechazando a Hera y Atena indignadas.

 

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