Grandes Cuentos de Hadas (20) Caperucita Roja

Mi idea inicial era realizar una recopilación de cuentos de hadas clásicos, similar a lo hecho en “Cuentos clásicos de miedo, terror y horror” realizado en septiembre del presente año. Me encontré con un problema, existían múltiples versiones “tradicionales” de esas historias, cada una adaptada a su tiempo y a su contexto histórico. Decidí por tanto trabajar con las diferentes versiones de cada historia, mostrar un poco de cada una de ellas, comentar algo sobre la misma y el mito moderno.

Inicio esta nueva secuencia de entradas con Caperucita Roja, hoy por hoy uno de los más conocidos cuentos de hadas infantiles. La historia de Caperucita se inicia en el mundo medieval, es un recordatorio a los niños de los peligros de alejarse de la aldea y adentrarse en los oscuros bosques, llenos de bestias y misterios, lugar de hadas, brujas y duendes. Si bien el único elemento “mágico” del cuento es un lobo que habla (no hay hadas, brujas, ogros, etc.).

Desde el punto de vista literario hay dos grandes versiones, la primera es parte de una recopilación de cuentos en 1697, del francés Charles Perrault, cuento que destacaba por tener un final cruel, comparado con el resto de las historias recopiladas. Esta versión trata de dar una lección de moral para que las niñas (ya no tan niñas) eviten hablar con extraños (evitando así los peligros de un embarazo fuera del matrimonio).

Poco más de un siglo después, en 1812, los alemanes Jacob Grimm y Wilhelm Grimm (los Hermanos Grimm) reformaron la historia, reduciendo los elementos sexuales de Perrault, y dando un final feliz (más propio de la época), introduciendo la figura del leñador/cazador que mata al lobo y extrae vivas de la panza de la bestia a la abuela y la niña; siendo esta la versión que ha perdurado hasta nuestro días.

Hoy pululan versiones sobre el cuento, y cuentistas modernos han dado su propia versión, entre ellos Roald Dahl, famoso autor ingles del siglo XX, que entre sus libros más populares están Charlie y la fábrica de chocolate, James y el melocotón gigante, Matilda y Las brujas, y toca en su obra “Cuentos en verso para niños perversos” de 1982 los cuentos infantiles tradicionales (incluida Caperucita).

Por motivos de comparación incluimos a continuación cinco versiones de la historia:

Los personajes básicos de la historia son: en primer lugar la madre desnaturalizada, que sabiendo de los peligros del bosque envía a su hija a recorrer el estrecho camino a casa de su madre (abuela de la niña), una niña algo inocente (idiota de mi punto de vista a no ver la diferencia entre una anciana decrépita y un lobo), un lobo aun menos listo, ya que siendo señor del bosque no devora a la niña tan pronto la encuentra dentro de sus dominios sino que prefiere entrar en dominios humanos (casa de la abuela) y para colmo disfrazarse de anciana; y una abuela que vive “sola” dentro de un bosque, uno siendo mal pensado podría pensar que se trata de una bruja, únicas habitantes de los oscuros bosques.

La versión de los hermanos Grimm introduce a un leñador/cazador, personaje complentario adicional que pone más falta de sentido lógico dentro de esta historia, ya que al abrir la panza del lobo extrae vivas a la abuela y la niña (el lobo debió haber sido enorme para tragarlas enteras sin masticar para ablandar la carne, se pregunta uno ¿cómo respiro la abuela dentro de la panza esa hora de espera a que llegara la niña y no haber sido disuelta por los jugos gástricos?).

Resumen del cuento es más o menos el siguiente: una niña recibe de su madre el encargo de llevar una cesta a su abuela enferma que vive en el bosque, advirtiéndole que no hable con desconocidos. Pero por el camino se encuentra un lobo y se para a hablar con él, dándole detalles de lo que va a hacer. El lobo aprovecha para engañar a caperucita y llegar antes a casa de la abuelita, a quien se come, y luego ocupa su lugar para engañar a caperucita y comérsela también. Afortunadamente, un leñador que andaba por allí descubre al lobo durmiendo tras su comida, y rescata a caperucita y su abuelita de la tripa del lobo, sustituyéndolas por piedras que hacen que el lobo se ahogue al ir a beber al río.

Conocimiento oculto

Analizando la obra hay que ver algunos detalles que entran de los “cultos o conocimientos mistericos”, se trata de una niña (sin nombre) que es sometida a una prueba (recorrer un camino), el color rojo de la niña indica el peligro al que estará sometida, el lobo es una figura que estimula al cambio, el bosque implica ir a descubrir secretos ocultos, y la muerte y resurrección implican alcanzar un nuevo nivel de conocimiento.

En las primeras versiones medievales se trata de mantener alejado a los niños de los peligros del bosque, más modernamente evitar que las niñas/niños hablen con extraños que pueden tener otras intensiones, por ello es que este cuento ha perdurado tantos siglos, los cuentos son una forma de educar a los hijos, enseñarles moral, costumbres, pero también normas y reglas que deben cumplirse, puede parecer un fastidio sentarse con los hijos a leerles cuentos antes de dormir, pero estos siempre serán más ilustrativos y didácticos que dejarlos al libre albedrío de la televisión y el internet.

La película “En compañía de lobos” de Neil Jordan (1984) lleva al cine algunos de los relatos de la escritora Angela Carter recogidos en la antología: La cámara sangrienta y otros cuentos (The Bloody Chamber and Other Stories, 1979); una almágana de historias inconexas, en su mayoría inspiradas en cuentos infantiles tradicionales pero pasadas por un tamiz feminista acerca del rol de la mujer en este tipo de narraciones.

En la versión de cine Rosaleen acaba de vivir su primera menstruación. Tras presenciar la muerte de su hermana en las garras de un lobo, Rosaleen regresa a casa bajo la severa mirada de su abuela (Angela Lansbury), lugar donde ella acostumbra a contar historias a cerca de hombres lobos y del peligro que entrañan los hombres con una sola ceja, su abuela no para de repetirle prohibiciones: —Nunca te apartes del camino, nunca comas una manzana caída del árbol y nunca confíes en los hombres que tienen una sola ceja—. Como cualquier niño, Rosaleen no puede evitar sentir una cierta atracción por lo prohibido, mezclado con rechazo. Su madre es la que intenta que vea las cosas como son en realidad, pero la influencia de la abuelita es demasiado grande, y como bien dice su madre, —si bajo la piel del hombre hay un lobo oculto, también lo hay bajo la de la mujer—.

Los sueños de Rosaleen se intensifican con todas estas historias hasta que, de pronto, algunos de ellos empezarán a hacerse realidad. Rosaleen emprende un viaje iniciático al mundo de la sexualidad a través de un sendero plagado de peligros. El bosque, la tentación de la naturaleza, simboliza aquí al sexo, un terreno desconocido y poblado de bestias al que no hemos de acceder si seguimos las normas marcadas por la rectitud de la mujer sumisa. En una de las visitas de Rosaleen a su abuela, se encuentra a un joven en el camino. Harán una apuesta para ver quién llega antes a la casa de la abuela, pero Rosaleen no se percatará de un pequeño detalle: el joven tiene las cejas juntas.

El alegato feminista de la obra es más que evidente: Rosaleen debe aceptar su sexualidad pero lo hace sin inclinarse, adoptando una posición de igualdad. En compañía de lobos nos habla en definitiva de la inocencia perdida. Con la madurez, llega la hora de abandonar la seguridad del pueblo y lanzarse al mundo, aunque el viaje no esté exento de riesgos. La habitación de Rosaleen, ese refugio de infancia abarrotado de cuentos y juguetes, cede finalmente al lobo que lo invade convirtiéndolo en añicos.

Aqui tenemos el mito transformado, ya no es preocuparnos de un extraño, extraños somos ante los cambios que trae el volverse adultos y descubrir la propia sexualidad.

Algo de humor con el tema

  • Inciclopedia nos pone los siguientes detalles a colación:

Érase una vez en algún… eh… ¿reino? …¿feudo?… Un pueblo, vaya, en el que una niña es enviada a comprar unos víveres a la tienda de la esquina. De paso, se encuentra un depravado sepsual al lobo feroz, muy temido en la villa esa. La niña es advertida por el Lobo para ir por otro camino. Entonces, el tío este se va por el camino que lleva a casa de la abuela de la niña esta, mientras ella se va por un camino mas largo… El lobo se come a la abuela, se pone su gorro y convence a la caperucita de que es la abuela. Así que luego se la intenta comer, pero llega el leñador o cazador (depende de la versión), quien está sin camisa y brilla al sol cual fisicoculturista engrasado y mata al lobo malo. En agradecimiento, la pequeña Caperucita Roja le dice: Hazme tuya, le da algo de comida que inicialmente era para la abuela, quien misteriosamente salió de la panza cercenada del lobo.

Mucho se ha teorizado sobre este cuento desde antes de que Charles Perrault escribiera su colección de cuentos y luego fueran plagiados por Los hermanos Grimm. Estos relatos fueron ligeramente modificados de su versión original por las altas cantidades de degeneración y zoofilia imágenes que podrían dañar las impresionables mentes de los infantes de marina.

Entre sus diferencias con las historias originales, se destacan las siguientes:

  1. La edad de la niña nunca se concreta, aunque generalmente se la representa como una niña de unos 10 años de edad o quizá menos. La gente anteriormente se imaginaba a la Caperucita como toda una señorita
  2. El lobo en su versión original era un Hombre Lobo.
  3. El Hombre lobo no tenia tendencias homosexuales que le llevaran a disfrazarse de la abuela, en vez de eso descaradamente se la tragaba y se metía después en la cama. Cuando llegaba la Caperusita, este le decía: Quítate la ropa y métete conmigo en la cama.
  4. La niña no pedía ayuda, discretamente se metía en la cama con el Lobo, quien después de disfrutar como loco tener a la niña cerca, se la comía a besos.
  5. No había cazador o leñador cerca para matar al pedofilobo feroz.

Entre algunas versiones cortas sobre el tema tenemos:

Una vez Caperucita Roja fue a visitar a su abuelita sin saber que a su abuelita se la había comido el lobo, entra a la casa y dice:
—Abuelita, que ojos tan grandes tu tienes.
Y la abuelita dice:
—Es para verte mejor.
Nuevamente, Caperucita mira a su abuelita y dice:
—Abuelita, que orejas tan grandes tu tienes.
Y la abuelita dice:
—Es para escucharte mejor.
Caperucita vuelve a insistir:
—Abuelita, que nariz tan grande tu tienes.
Y la abuelita le dice:
—Es para olerte mejor.
Abuelita que boca tan grande tu tienes.
Y la abuelita contesta ya cansada de sus preguntas:
—¿A que viniste, a visitarme o a criticarme?

Al amanecer, el último lobo del bosque y una niña con caperuza roja fueron encontrados muertos. El comisario toma las huellas a una anciana de mirada furtiva. —Planeaban meterme en una residencia y vivir del cuento sin mí—, le explica, mientras se limpia la enagua de sangre. —Justicia, esto es justicia. ¿Me entiende usted?— El comisario de tez blanca y gesto turbio oculta los ojos bajo unas gafas oscuras, abre la boca y muestra las cicatrices de sus colmillos recién extirpados. —La entiendo, la entiendo. Si yo hubiera actuado antes… Los cuentos ya no son lo que eran querida, ya no…—.

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