El Pombero

El Pombero o Pomberito es un personaje imaginario de la mitología guaraní. El origen del nombre parece ser la voz local usada cuando se enviaban espías a vigilar a los enemigos. También se usa el vocablo guaraní “Py-ragüe” (pies con plumas) que aluden a su pisada insonora; en Paraguay le llaman “Karai-pyhare” (señor de la noche) al ser las horas en que deambula por la selva y los campos; en otras versiones, menos generalizadas, le llaman “Kuarahy-Yara” (léase Cuarahú-Yará, el dueño del Sol) y es descrito en esta forma como un viejo de piel roja con un solo ojo en el medio de la frente, con dientes de perro, brazos largos y manos muy grandes. La razón de este último nombre está vinculada a su aparición mayor en los meses de octubre y noviembre, cuando empieza el calor en la zona guaraní. Como parte del mito se le hace llama “Dueño de Octubre” y el primero del mes se come en honor del duende hasta atragantarse; aquel que no lo haga se arriesga al azote con un rebenque (látigo) por parte del Pombero. Es igualmente familiar el nombre de “Chopombe” (abreviatura de Cho = que equivale a la expresión castellana “Don” y Pombero).

La descripción de este duende combina varios aspectos de otros duendes sudamericanos. En Paraguay se lo describe como un niño rubio que anda por los árboles con un bastón en la mano, equivalente al Yasí-Yateré paraguayo, incluida su predilección por secuestrar niños.

En otras descripciones es un ser alto, moreno y enjuto. En todas las descripciones se le pone un sombrero de paja, viste andrajoso. Tiene la boca grande, dientes blancos, y ojos grandes y chatos de mirada fija como los de la lechuza o el sapo.

Es por lo general en la mayor parte de las historias descrito como un hombre de baja estatura, o un enano, fornido, moreno y rechoncho, con abundante vellosidad (similar al Caipora o al Curupira, según versiones) y brazos tan largos que los arrastra. El roce con esos largos vellos de sus manos peludas puede provocar en las víctimas que la persona se torne zonza, muda o experimente temblores.

Una característica extra es que los pies están volteados para atrás, para la caminar despistar a los que pretendan seguirlo. Sus pies volteados es algo que comparte con otros duendes sudamericanos, no sólo con el Yasí-Yateré, sino también con el Curupira y con el Caipora, estos dos de origen brasileño.

Se le describe con un gran pene, tan largo como serpiente o un lazo, con el que hechiza y ata a las chicas que se adentran en sus dominios; aquí se le compara a otro duende paraguayo, el Kurupi o Curupi (hermano del Yasí-Yateré); y aunque similar en nombre al Curupira, ambos duendes son distintos. También se le equipara al Trauco chileno por su alto deseo sexual. Todos estos duendes comparten un característica común, ser guardianes de la selva y sus animales.

Se dice que habita en el monte, pero también en casas de campo deshabitadas o taperas. Como guardián del monte y los animales salvajes se enoja muchísimo si algún cazador mata más presas de las que consumirá. Lo mismo sucede con el pescador, o aquel que corta árboles que no utilizará.

El Pombero en sus inicios era el genio protector de los pájaros de la selva, sin embargo a través del tiempo y la evolución del mito fue adquiriendo las más diversas habilidades; entre ellas poder mimetizarse con facilidad, hacerse invisible, deslizarse por cualquier ranura u orificio; o metamorfosearse en cualquier animal, apareciendo incluso como un asno sin cabeza (vinculado así a otro mito argentino-brasileño, el de la Anima-Mula). Para castigar al malhechor se transforma en cualquier animal e induce al infractor a internarse a lo profundo de la selva donde se pierde.

Puede correr en cuatro patas, es ventrílocuo y puede imitar el canto de todas las aves de preferencia las nocturnas, el silbido de los hombres y de las víboras y el grito de los animales. Busca asustar a la gente piando como ciertas aves después de que cae el sol. También suele imitar voces de animales salvajes. Así el Pombero anuncia su presencia por un silbido agudo en medio de la callada noche, a semejanza de El Silbón de los llanos venezolanos. Los que están enemistados con el duende, en las noches, suelen escuchar pasos y voces en los alrededores del rancho, como si alguien caminara por el patio en las noches.

En algunas regiones del Paraguay los campesinos le dejan tabaco, miel y caña (un tipo de bebida alcohólica) para que al igual que con el Caipora apaciguar al duende. Si se le piden favores para el cuidado del campo y sus animales, son treinta días continuos de ofrendas. Al igual que muchos duendes europeos, no se debe pronunciar su nombre en voz alta; y menos nombrarlo de noche y no soporta que silben de noche. Las acciones de este duende puede ir desde tirar piedras, hacerse invisible para mover las ramas de los árboles, desordenar la casa, extravíar los objetos, romper o descomponer los aparatos, dispersar a los animales, robar tabaco, miel, huevos o gallinas, desparramar el maíz, espantar a las aves de corral y abrir las tranqueras dejando escapar al ganado, tirar al jinete de su montura y asustar a la cabalgadura.

Suele rondar cerca de mujeres embarazadas o de madres con bebés pequeños no bautizados. Como es muy lascivo, acecha a las mujeres, especialmente a las que no han sido bautizadas para poseerlas, y viola a aquella esposa que públicamente pone en tela de juicio la virilidad de su marido. Algunos creen que el Pombero puede preñar a las mujeres, solo apoyando el dedo en su vientre. Esto ocurriría si la dama solitaria, sin bautismo, al ser visitada en la noche por el duende, ella no le invita tabaco, miel o cigarrillos. Como ocurre con el Trauco chileno era una manera de explicar los nacimientos extramatrimoniales, hecho muy repudiado en la cultura guaraní y aún en las sociedades campesinas latinoamericanas actuales.

Entre los relatos del Pombero tenemos la siguiente historia (fuente aquí):

Roberto nos contó que una vez un nene de 5 años, a la hora de la siesta, se escapaba muy seguido al monte… a veces desaparecía por días y días… los padres preocupados salieron a buscarlo y lo encontraron dando vueltas en el medio del monte… lo agarraron y se lo llevaron con ellos, el nene les contó que se lo llevaba todas las tardes un señor con gorro de paja, que lo alimentaba, le daba regalos y lo cuidaba… los padres del chico hicieron lo posible para que no se vaya en las horas de la siesta… pero un día volvió a desaparecer… lo encontraron sentado bajo un árbol con una flor tallada en madera entre sus manos… estaba distante, como perdido en su mente… lo alzaron y le preguntaron que le pasaba… pero el nene no dijo nada… al tiempo, ya en la escuela, la maestra del chiquito, preocupada por su falta de concentración le empezó a preguntar que era lo que le pasaba… entonces el nene contó su historia con el Pombero y le comento que éste le había hecho jurar que jamas contaría nada, pero ya no aguantaba más… al instante, el chiquito perdió la memoria y se volvió “loco”… jamas volvió a ser el mismo que antes…

Visto así el Pombero que es un duende maligno que se roba a los nenes en sus  siestas, ¿para que?, no sé sabe; era posiblemente una manera de que los padres asustar a los niños para que no vagaran por las noches, evitando su encuentro con animales ponzoñosos y una forma de que los niños se comportaran, haciendo el duende las veces de “El Coco” español; y aunque algunas personas lo vinculen con algún diablo (por su lascivia),  como protector de la naturaleza esta relación no es posible, en algunas regiones rurales todavía se usa al duende como excusa para hechos no muy respetables; cuenta José Ramón Farias lo siguiente (fuente aquí):

El Pombero nada tiene que ver con el Diablo. Esta es la concepción cristiana del mal, por lo tanto no debe asociarse al duende guaranítico con Satanás. La lujuria, característica común a ambos entes, está presente en todas las civilizaciones. A Lucifer no le preocupa el equilibrio ecológico, porque realiza el mal por el mal mismo. Digo esto, porque cuando el sonado caso de la supuesta aparición de un Pombero en el Barrio Santa Teresita de Presidencia Roque Sáenz Peña, en ocasión de entrevistar a la joven que afirmaba haberlo visto y sido golpeada por él, advertí la presencia de mujeres munidas de Biblias, representantes de un culto evangélico del barrio. Como se negaron a hablar conmigo, no pude intercambiar ideas con ellas. Esta actitud, culturalmente irresponsable, crea mayor confusión en cuanto a la interpretación de la mitología popular. Porque la mujer no estaba poseída, según la concepción del cristianismo, estuvo simplemente bajo los fuertes síntomas de una histeria, provocada por el temor hacia el Pombero, inculcado desde niña en su hogar. Si esas mujeres hubieran conocido nuestra cosmovisión, seguramente no hubieran confundido con tanta liviandad conceptos tan dispares.

Famosa es la artista Mercedes Sosa que canta una canción de Antonio Tarragó Ros sobre el Pombero; y narra el deseo y la escusa de una mujer sola que desea un hijo. La canción se titula “María va…”

Mirar rasgado, patitas chuecas, María va,
pisando penas, la arena ardiente, María va.
Calcina el monte un sol de fuego, María va,
temor Pombero, palmar estero, María va.

Quiso la siesta ponerle un niño a su soledad,
de trigo y luna y de su mano, María va.
Por el tabacal, tu paso, María va,
y se bebe el sol que huele a duende, María va…

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Textos originales y referencias: aquí, aquí, aquí, aquí y aquí

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