El carruaje de Doñana Jansen

En los primeros tiempos de Brasil, quienes tenían de grandes fortunas poseían la administración con mano de hierro del estado. Entre estas personas ricas de Sao Luis do Maranhao (población en costa brasileña al sur de la desembocadura del Amazona), se encontraba Ana Joaquina Pereira Jansen, más conocida como Doñana Jansen, una poderosa comerciante, por lo que ejerció una fuerte influencia, incluso en los ámbitos político, administrativo y social de la ciudad.

Ana Jansen nació en Sao Luis, en Maranhao en 1787. Tuvo 11 hijos, en primer lugar, antes de casarse con el coronel Isidoro Rodrigues Pereira, uno de los hombres más ricos de la época, con quien tuvo seis hijos. Después de la muerte del coronel en “viudez”, tuvo cuatro hijos más y se casó nuevamente, esta vez con el comerciante Antonio Xavier da Silva Leite, con quien tuvo ningún hijo.

Durante su vida, Anna Jansen sufrió muchas falsedades, intrigas y calumnias. La llamaron arrogante, sin experiencia y analfabeta. Sin embargo, llegó a ejercer una poderosa influencia en las luchas políticas y en la vida administrativa de la provincia. Luchas por patentes de compra y los títulos de nobleza formaron parte de su vida. A pesar de todo su poder, también sufrió muchas derrotas. Una de ellas fue cuando el Emperador Pedro II, le negó el título de “Baronesa de Santo Antonio“.

Ana Jansen murió en 1869 a los 82 años de edad. Y su fortuna por valor de 128.169.000,oo reales fue distribuida entre sus hijos, nietos y bisnietos. La viuda también dejó una gran fortuna en bienes raíces. Entre ellas: la noble casa, ubicada en la calle Río Branco, n° 80; una gran residencia situada en Grand Street, en la esquina del carril Sineiro, apartado 40, la cantera; hoy  hospicio y muchas otras propiedades y edificios.

Cuando murió, pidió en su testamento que si moría en Sao Luis, su cadáver debía ser envuelto en el hábito de la Orden de Nuestra Señora de la Merced, y el prelado se hizo cargo los ritos fúnebres fuera de la misma orden. Este por la salvación de su alma, oró por la intercesión de la Santísima Virgen, los angeles, Santa Ana y todos los santos, pagadas todos los ritos por una limosna de más de 200.000,oo reales.

Entre la información oral, hay historias como la del rico comerciante Antonio Meireles, que para desmoralizar a Doñana Jansen, ordenó a cientos de patos (orinales) en Inglaterra, con la imagen de Doñana estampada en la parte inferior del objeto. Todos los orinales fueron vendidos, pero fueron todos ellos comprados por Doñana Jansen, a través de intermediarios. Un día, mandó a los esclavos a romper los objetos mezclados con cocos en la misma puerta del comerciante.

Otro sabotaje sería llevado a cabo contra la compañía de tanques de agua que llevaría el suministro de agua a Sao Luis por parte de una empresa de la capital de Maranhão. Antes el agua corriente a la ciudad era vendida de puerta en puerta por los vagones de Doñana Jansen; después de perder el mercado, Doñana puso gatos muertos en los depósitos de la empresa que competía por la distribución del agua. Sin mencionar el nombre de Doñana, la historia fue realmente registrada en documentos oficiales de la Compañía de Agua y Alcantarillado del Estado de Maranhão.

De ella se dice que era perversa al extremo y que sometía a sus esclavos a sesiones de barbaras torturas, torturas tan grandes que por lo general terminaban matando al esclavo. De ahí que un cierto punto en el nombre de esta señora llegó a ser no se pronunciado con respeto, sino con signos evidentes de miedo o pavor.

Años después de la muerte de Doñana Jansen, los residentes de Praia Grande, donde se tenía que la casa que habitaba, se comenzó a comentar que en la noche del viernes, sobre todo en oscuridad, un carruaje tirado por caballos  sin cabeza y guiado por un esclavo también decapitado, desfilaban en precipitada carrera por las calles de San Luis, llevando en el interior del fantasma de la empresaria como pago por los pecados, excesos y atrocidades que cometió en vida, y para los que no había encontrado el perdón.

Dice la leyenda que si algún desafortunado tiene la desgracia de encontrarse con el carruje de Doñana Jansen en las calles de San Luis, debe rezar una oración por el alma de la malvada criatura; de lo contrario, recibirá, cuando se acueste, una vela de cera entregada por el fantasma de la difunta, y cuando se rompa el día, este cirio se habrá transformado en un delgado hueso humano.

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Textos originales : aquí, aquíaquí

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