Los hombres pez (4) Pesce Cola o Peje Nicolao

La creencia de hombres pez viene sustentada por la habilidad de ciertas personas para poder nadar grandes distancias o poder sumergirse a grandes profundidades; habilidad que servia no sólo para pescar y extraer ostras, perlas, esponjas y coral; sino para ir y venir de barcos a la costa sin necesidad de soltar botes y remar.

Entre las historias de estos hombres con grandes habilidades se encuentra la de Nicolao, un siciliano, natural de Catania, que vivió hacia la segunda mitad del siglo XV. Sus habilidades en el nado fueron tales que se te termino llamando: «Peje Nicolao» (Pez Nicolás) o en diminutivo «Pesce Cola».

La historia del Pez Nicolás es relatada por la obra “Criaturas del más allá” de la serie “mundo Insólito” como sigue:

…cuentan en sus escritos Joviano Potano, Alejandro de Alejandro y Pedro Mexía: el caso de «pesce Cola» o «peje Nicolao».

Nicolao fue un siciliano, natural de Catania, que vivió hacia la segunda mitad del siglo XV. Este hombre, …, según parece era capaz de salvar grandes distancias a nado, por lo que le empleaban como correo marítimo entre los puertos del continente y las islas. Aún en días de tormenta, cuando los marineros no se atrevían a salir a la mar, «pesce Cola» se zambullía en el agua y llegaba a su destino.

Nicolao era capaz de permanecer hasta una hora debajo del agua sin salir a respirar, lo que le permitía vivir con holgura de la pesca de ostras y coral. Se había dado el caso de que «pesce Cola» siguiese nadando a un barco hasta alta mar, lo abordase y después de comer en él, se brindase a llevar noticias de los marinos a sus familiares de tierra. Los prodigios acuáticos de Nicolao llegaron a su fin cuando el rey Federico de Napóles y Sicilia quiso comprobar la certeza de su leyenda. El monarca, para ver hasta dónde llegaba la intrepidez y resistencia del siciliano, lo llevó hasta el famoso remolino de Caribdis, situado en el lugar más angosto del estrecho de Mesina, y arrojó al agua una copa de oro, diciendo a Nicolao que si la recuperaba era suya. «Pesce Cola» se lanzó al agua y permaneció bajo ella tres cuartos de hora, hasta que finalmente salió con la copa en la mano. Interrogado por el rey sobre lo que había visto en tan temido lugar, Nicolao contó tremendas visiones de monstruos marinos, moradores de profundas cavernas. El rey, entusiasmado por el relato, quiso saber más detalles y le prometió igual recompensa si bajaba de nuevo. Nicolao se mostró remiso a cumplir los deseos del monarca, por lo que éste le estimuló con una bolsa de oro, además de otra copa que arrojó al agua. «Pesce Cola» consintió y se sumergió de nuevo para no aparecer más.

Hasta aquí la historia referida, sin embargo existen escritos de buceadores similares muy anteriores al personaje del siglo XV; tenemos así que a fines del siglo XII, Walter Mapes, un inglés que había vivido en Italia, describía a un Nicolas Pesce, «el buceador», acostumbrado a vivir en el agua y que podía predecir las tempestades; llevado a la corte del rey Guillermo de Sicilia, donde languideció hasta morir, al hallarse separado del mar. También en el siglo XII el poeta provenzal Raimon Jordan, menciona al mismo buceador.

En 1210 Gervacio de Tilbury alude a un Nicolás, originario de la costa de Apulia, que pedía aceite a los pescadores para descender más fácilmente en el agua. (Los buceadores de combate romanos o “urinatores”, según Plinio el Viejo, se llenaban la boca de aceite que iban soltando lentamente mientras buceaban, sin duda para facilitarse la visión). Los habitantes de la Marina Alta (Pais de Valencia) capturaban pulpos en el mar echando aceite sobre el agua, lo que les permite ver el fondo del mar y el lugar donde se esconden sus presa.

Jovianus Pontanus escribió en el siglo XV: «Nicolás recibió el nombre de Pez, porque no sólo había abandonado las costumbres de los hombres, sino casi también su rostro; era lívido, escamoso, horrible».

Teseo y el anillo de Minos

Aunque las leyendas hacen se refieren a la existencia en Sicilia de un buen buceador, es posible que el origen de la misma se remonte más atrás, hasta los mitos griegos; donde según el mito Anfítitre, esposa de Poseidón, ayudó al héroe griego Teseo a recuperar del mar un anillo de oro lanzado por el rey Minos.

Teseo, honor de Atenas, era oficialmente hijo de Egeo, rey de Atenas; Egeo tuvo muchas nupcias, pero con ninguna descendencia; buscó ayuda en el oráculo de Delfos y el oráculo le dio una respuesta que él no pudo descrifrar: “no abras la boca de tu repleto odre de vino, ¡oh el mejor de los hombres!, hasta que llegues al punto más alto de Atenas“.

Decepcionado por la enigmática contestación de la sibila, Egeo inició su viaje de vuelta a Atenas, parando en Trecén y quejándose de su desdicha al rey de la ciudad, Piteo, que le hospedó. Sin embargo éste sí entendió la respuesta del oráculo y, emborrachando a Egeo, le incitó a yacer con su hija Etra; así nacería Teseo.

Según el historiador Plutarco, sin embargo, Teseo era hijo de Poseidón y Etra, a quien el dios había violado cuando hacia ofrendas en la isla de Esferia por su futura boda.

Pero volvamos a la historia que nos interesa; según la leyenda Androgeo, un hijo de Minos y Parsífae era un atleta sobresaliente que participaba de unos juegos en Atenas; Egeo envidioso por las victorias del joven le invitó a que fuera a matar al toro de Maratón. El joven aceptó pero fue muerto por la bestia. A causa de ello, Minos invadió el Ática y tras vencer en la contienda, impuso a Atenas el tributo de siete jóvenes y siete muchachas que debían ser inmolados cada nueve años al Minotauro del laberinto.

Teseo se presentó voluntariamente en el tercer envío ante su padre para que le permitiera ser parte de la ofrenda y le dejara acompañar a las víctimas para poder enfrentar al Minotauro. Las naves en las que viajaban llevaban velas negras como señal de luto, por lo que Egeo le pidió a Teseo que si regresaba vencedor, no olvidase cambiarlas por velas blancas.

Durante la travesía, Minos, que iba también en la expedición, se enamoró de una joven llamada Eribea. Minos quiso unirse a ella por la fuerza y Teseo se le opuso. En la consiguiente disputa, Minos indicó a Teseo su filiación divina, y obtuvo de su padre Zeus truenos y relámpagos. Teseo replicó que él también tenía filiación divina, puesto que en realidad era hijo de Poseidón. Para probar esta filiación, Teseo tuvo que tirarse al agua y encontrar un anillo de oro que el rey Minos había arrojado al mar. Teseo, en el mar, fue conducido por delfines a presencia de Anfítrite, esposa de Poseidón, que le dio el anillo y una corona.

Al llegar a Creta, la princesa Ariadna se enamoró de Teseo y le propuso ayudarle a derrotar a su medio-hermano (el Minotauro era hijo de Parsífae y un toro mágico regalado por  Poseidón a Minos) a cambio de que la llevara con él de vuelta a Atenas y la convirtiera en su esposa. Teseo aceptó.

La ayuda de Ariadna consistió en dar a Teseo un ovillo de hilo, que éste ató por uno de los extremos a la puerta del laberinto, y una espada mágica. Con la ayuda de Ariadna y la corona que le había regalado Anfítrite, la cual emitía un resplandor; Teseo entró en el laberinto hasta encontrar al Minotauro y al que dio muerte. A continuación recogió el hilo y salió del laberinto acompañado por el resto de los atenienses y por Ariadna, embarcó de vuelta a Atenas, tras hundir los barcos cretenses para impedir una posible persecución. A Ariadna la abandono en la isla de Naxos; si la joven era capaz de traicionar a su patria, Teseo pensó que con más facilidad lo podía hacer con él, no iba a cometer el error de Jasón con Medea.

El final de esta historia tiene una nota dolorosa ya que al llegar a Atenas la nave no había cambiado las velas y Egeo al ver las negras telas se lanzó desde un despeñadero al mar.

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Textos originales y otras referencias: aquí, aquí, aquí, aquí, aquí y aquí

Otras fuentes de los textos:  J. Bord y C. Bord;  P. Costello; A. Shine; I. Woodward; J. Lomar, I. Knight y G. fuller “Criaturas del más alla –  Serie “El mundo de lo insolito” 1984/1986. Circulo de Lectores. Ediciones Internacionales Futuro. España.    Paginas 81 y 82

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