Numsipode

En Brasil, la ciudad de Teresina, capital del estado norteño de Piau, es única en muchos aspectos. Fue la primera Capital de Estado planeada en Brasil, su proyecto se asemeja a un tablero de ajedrez, con calles cruzándose perpendicularmente. Substituyó a la población de Oeiras como Capital del Estado debido a su situación privilegiada a las márgenes de dos ríos, Parnaíba y Poty. Es también la única no situada en la línea costera en la región Nordeste, es la Capital de Estado más caliente de Brasil y la tercera ciudad del mundo con la incidencia más alta de relámpagos, que le ha valido el sobrenombre de Ciudad de los Relámpagos. Sus calles y plazas exhiben mansiones neoclásicas, palacios griego-romanos, cines art-decó, iglesias que datan del siglo XIX. Largas avenidas y modernos edificios comparten espacio con construcciones antiguas y calles estrechas; aunque es una ciudad joven, ya que fue fundada en 1882.

El estado de Piau es reconocido por las bellezas naturales reconocidas de sus playas, casas de campo arqueológicas y formaciones rocosas y ofrece misterios, emociones, aventuras para todos los gustos, siendo el avistamiento de ovnis uno de sus incentivos turísticos.

Pero los parapsicólogos y cazadores de fantasmas también tienen sus espacios. Cuentan los viejos que en la plaza de la iglesia de Nuestra señora de los Dolores, después de la medianoche hasta cerca del amanecer una mujer de paso muy rápido aparece por detrás a los caminantes que a esas altas horas de la noche regresan a sus casas, vestida con un trapo más blanco que un sudario, asustado a la victima que apenas si puede hablar al ser detenido por la mujer que pareció salir de la nada. Mientras dura el susto la mujer le pide fuego para encender su cigarro; mucha veces sin esperar respuesta, o mientras la victima saca su encendedor o sus fósforos, ella crece y llega a ser tan alta que puede encender el cigarrillo en los faroles que iluminaban la pequeña plaza. Si la víctima no huye es devorada por el espectro. No se puede hacer frente a este espanto, que esparce un temor indescriptible y que los lugareños llaman “Num-Si-Pode” (Não-se-Pode = No se puede)

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