Hombres pulpo (4) Davy Jones

Inspirado en el famoso Cthulhu, Davy Jones es una mezcla de criaturas marinas y forma humana. Su cabeza tiene apariencia de pulpo, y los tentáculos asemejan su barba. Su mano izquierda es una tenaza de cangrejo y el dedo índice de su mano derecha es un tentáculo muy largo. Su pierna derecha es una pata de cangrejo que recuerda a una pata de palo y su cuerpo está cubierto de algas, respirando a través de un sifón en el lado izquierdo de su cabeza, que además tiene forma de saco en la nuca bajo el sombrero, pues sería así la cabeza de un pulpo estándar.

Davy Jones es un personaje creado por Disney para su serie de películas “Piratas del Caribe”; nombrado en la primera y desarrollado en la segunda y la tercera película. Y aunque Piratas eran obviamente marineros, la leyenda de Davy Jones es una leyenda de marinos, no de piratas. Disney combinó en sus películas varias leyendas no relacionadas entre si;  la historia de Davy Jones,  la del holandés errante (el barco fantasma), a Calipso, una Diosa griega del mar que se enamoró del extraviado Ulises/Odiseo y la leyenda del Kraken.

Disney retrata a Davy Jones como un pirata que formó parte de la primera cofradía o Hermandad pirata. Las películas narran que Dave Jones estaba enamorado de la diosa marina Calipso, y ella, a semejanza del Ulises de Homero, se enamoró del marino. Para compartir su inmortalidad la diosa lo hace Capitán del barco que transporta las alma de los difuntos en el mar; un poco a semejanza del barco Caleuche de los mitos Chilotas, y le da el poder de viajar entre los dos mundos (vivos y muertos) como el Caronte griego. Parte del trato era que cada diez años el barco fantasma y Davy Jones podían tocar tierra, y los amantes podrían reunirse de nuevo. Claro que diez años de ausencia y celibato no los aguanta ni una diosa, y cuando regresa el marino la encuentra con otro.

Davy Jones toma venganza y convence al resto de la hermandad pirata de quitarle los poderes a la diosa, la cual es transformada en una mortal, una bruja de los pantanos conocida como Tía Dalma. Para no repetir su error, Davy Jones se arranca su corazón, que le confiere su mortalidad y lo entierra en una isla abandonada. Inmortal y convirtiendo el barco en una prisión para los muertos en el mar, el barco fantasma se va convirtiendo en un barco espectral, que no sólo va sobre las aguas, sino bajo ellas, dándole el aspecto de podredumbre y cubierto de algas, conchas marinas y corales.

El origen del mito es sin embargo más antiguo; por un lado al morir alguien en el mar era “sepultado” lanzando su cuerpo por la borda, con pesos para hundirse profundo en las aguas. Los marinos y piratas señalaban que los restos iban al “deposito/casillero/pañolero de Davy Jones (Davy Jones Locker)”.

Para marineros y piratas, Davy Jones es como un rey del mar; un ser que los atrapa y los lleva a las profundidades, pero también un espíritu que controla las tormentas y lanza grandes olas. La idea parece provenir de la época en que los barcos de esclavistas transportaban su oscuro y terrible cargamento humano. Los esclavos negros que iban muriendo por las condiciones insalubres e inhumanas eran botados al mar; algunos sugieren que el nombre Davy proviene de Duffy, una antigua palabra usada por los negros esclavos para designar a los espíritus o fantasmas. Otros señalan que Jones es otra forma de Jonah, (Jonas) el profeta que fue tirado en el mar, como si el fuera el diablo (Davy) por el mal tiempo que trajo desde que se montó en el mismo. Así Davy Jones hace referencia adonde fue lanzada el alma/diablo judío; al fondo del mar. Por otra parte los muertos son enterrados en cajas; con los muertos lanzados al mar esa se convierte en su caja/casillero. Otros señalan que el nombre Davy es una contracción de David, y San David es el patrón de los marineros de Gales; por tanto al enviar un muerto por la borda era encomendado al santo patrón.

Hay otras historias oscuras referidas al personaje; según algunos cuentos hablan de un David Jonas de fines del siglo XVI que era dueño de una taberna en Inglaterra; a viajeros y extraños que entraban y bebían mucho; el tabernero los terminaba de embriagar y narcotizar. Los metía luego en un barril y cuando despertaban estaban como marinos esclavos en algún barco ya en alta mar. A inicio del siglo XVII, se reconoce la existencia de un pirata llamado David Jonas, si bien no era muy famoso, se cuenta que disfrutaba poner a sus víctimas a caminar por el tablón hasta hacerlas caer al mar.

Estos cuentos se fueron sumando y David Jonas derivó en Devy Jones y se empezó a conocer como el espíritu del mar, aunque a estas alturas no había asumido las connotaciones de infortunio y desgracias, eso llegó con la literatura del siglo XIX; la imagen del “Davy Jones Locker” es mostrada  entre grandes escritores tales como: Robert Louis Stevenson en su obra “La Isla del Tesoro“:

Perfectamente —dijo el capitán—. Ahora me va a escuchar usted a mí. Si todos vosotros os presentáis aquí, uno a uno, desarmados, yo os garantizo que os pondré grilletes y os llevaré a Inglaterra para ser juzgados. Y sino lo hacéis así, por mi nombre, que es Alexander Smollett, que he izado los colores de mi Rey y he de verlos a todos con Davy Jones. No podéis encontrar el tesoro. No sabéis gobernar el barco, ninguno de vosotros sirve para ello. No podéis vencernos.

Gray y yo estábamos sentados en una esquina del fortín, lo suficientemente alejados para no escuchar, por discreción, las deliberaciones de nuestros jefes. Al ver al doctor alejarse, Gray, que estaba fumando, dejó caer su pipa asombrado:

—¡Por Davy Jones! ¿Qué sucede? —exclamó—. ¡Se ha vuelto loco el doctor Livesey!
—No lo creo —dije—. En toda esta tripulación no hay hombre de mejor juicio.
—Pues si es así, compañero —dijo Gray—, si él no está loco, entonces el que debe estarlo soy yo.
—Debe tener algún plan —le dije—, no te quepa duda. Y si no me equivoco, creo que va en busca de Ben Gunn.

La referencia en “La isla del tesoro” es a una vieja imagen, que significa “tumba en las profundidades”, los cadáveres eran arrojados al mar ya que no podían ser conservados dentro de los barcos, por los procesos de descomposición que implicaban. Igual ocurre con la obra de Herman Melville, “Moby Dick” donde:

—Deja, déjate de eso, Bildad, deja de echar a perder a nuestro arponero —gritó Peleg—. Los arponeros piadosos nunca son buenos navegantes; eso les quita la fuerza, y no hay arponero que valga una paja que no sea muy fiero. Ahí estaba el joven Nat Swaine, que en otro tiempo fue el más valiente en la proa de todas las lanchas balleneras de Nantucket y del Vineyard: empezó a ir a la capilla, y no llegó nunca a ser nada bueno. Se puso tan asustado por su alma viciada que se echó atrás y se apartó de las ballenas y por temor a las consecuencias en caso de que le desfondaran y le mandaran con Davy Jones.

—No tengáis miedo, mis botes de manteca —gritó Stubb, lanzándoles una ojeada pasajera al adelantárseles— ya se os recogerá… ¡Muy bien! He visto unos tiburones a popa…, ya sabéis, perros de San Bernardo…, alivian a los viajeros en apuros. ¡Hurra!, éste es ahora el camino para navegar. ¡Cada quilla es un rayo de sol! ¡Hurra! ¡Allá vamos, como tres latas en la cola de un puma enloquecido! Esto me hace pensar en cuando se ata un elefante a una calesa, en una llanura… Hace volar los radios de las ruedas, muchachos, cuando se le ata así; y hay también peligro de que le tire a uno fuera, cuando se ataca una cuesta. ¡Hurra! Así es como se siente uno cuando se va con Davy Jones… ¡corriendo cuesta abajo por un plano inclinado sin fin! ¡Hurra!, ¡esa ballena lleva el correo de la eternidad!

En “La aventura del negro pescador” de Washington Irving ya la referencia cambia y el personaje adquiere poderes sobre las tormentas:

Mientras aquellos notables comerciantes reflexionaban sobre estas cosas, sentían la terrible convicción de que la existencia es algo sumamente incierto, y cada uno de ellos creyó que aquel ejemplo quitaba estabilidad al mismo suelo que pisaban. Sin embargo, como cada uno de ellos poseía esa valiosa filosofía que permite a muchos hombres soportar con paciencia las desgracias de sus vecinos, pronto se consolaron del trágico fin del veterano. Particularmente el tabernero se felicitaba de que el pobre muerto hubiera pagado su cuenta antes de irse; hasta hizo un discurso de circunstancias:

—Llegó durante una tormenta, se fue en una tormenta; llegó una noche y se fue una noche; vino nadie sabe de dónde y se fue nadie sabe adónde. Por lo que sé, se ha ido al mar en su cajón. ¡Que vaya a molestar a otras gentes al otro lado del mundo! Aunque es gran lástima que no haya dejado su cajón aquí…

—¡Su cajón! ¡San Nicolás bendito nos proteja de todo mal! —exclamó Peechy Prauw—. No tendría en mi casa ese cajón ni por todo el oro del mundo.

Estoy seguro de que su espíritu se aparecería todas las noches en busca de él. En lo que respecta a su viaje por mar montado en un cajón, me acuerdo de lo que le pasó al barco del capitán Onderdonk, en su travesía desde Amsterdam. Murió el contramaestre durante una tormenta, por lo que lo envolvieron con su coy, lo metieron en su propio cajón y lo arrojaron por la borda; pero tenían tanta prisa que se olvidaron de rezar las oraciones del servicio de difuntos; la tormenta se hizo más violenta y durante ella vieron al muerto sentado en su cajón utilizando su coy como vela, persiguiendo de muy cerca al barco, mientras el mar se rompía a su alrededor en olas que parecían de fuego. Así siguieron durante días corriendo la tormenta, con el contramaestre muerto detrás de ellos, esperando hundirse de un momento a otro. Todas las noches veían al contramaestre que parecía mandar hacia ellos olas enormes de la altura de una montaña, que se hubieran tragado al barco, si no fuera por las velas de los difuntos; así siguieron hasta que le perdieron de vista en las nieblas de Terranova, donde ellos creen que cambió de rumbo, y se dirigió a la isla de Los Hombres Muertos. Todo eso ocurre por no rezar las oraciones de los difuntos cuando se tira un muerto al mar.

Edgar Allan Poe en su cuento de terror “El Rey Peste” hacen referencia al personaje como si se tratara de la misma muerte:

En lo que respecta —siguió— a vuestra pregunta, relativa a los asuntos que nos traíamos aquí en consejo, nos sería ocioso responder que tales asuntos conciernen a nuestro interés real y privado y, así pues concerniéndonos a nosotros mismos, no tienen en absoluto importancia si no es para nosotros. Pero, en consideración al trato que ustedes podrían reivindicar en su calidad de huéspedes y de extranjeros, no desdeñaremos decirles que estamos aquí esta noche —preparados por profundas búsquedas y cuidadosas investigaciones— para examinar, analizar y determinar perentoriamente el espíritu indefinible, las incomprensibles cualidades y la naturaleza de estos inestimables tesoros de la boca, vinos, cervezas y licores de esta excelente metrópoli, para, al hacerlo así, no solamente alcanzar nuestro objeto sino también para aumentar la verdadera prosperidad de este soberano que no es de este mundo, que reina sobre todos nosotros, cuyos dominios no tienen limites, y cuyo nombre es: ¡la Muerte!.

—¡Cuyo nombre es Davy Jones! —exclamó Tarpaulin sirviendo a la dama sentada a su lado un cráneo lleno de licor y sirviéndose otro para él.

En Peter Pan y Wendy de J. M.Barrie los piratas cantan:

Mientras hablaban oyeron un ruido lejano. Vosotros o yo, al no ser criaturas salvajes del bosque, nohabríamos oído nada, pero ellos sí lo oyeron y era la espeluznante canción:

Viva, viva la vida del pirata,
un cráneo y dos tibias en la bandera.
Viva la alegría y una buena soga
y viva el buen Davy Jones que nos espera.

Al instante los niños perdidos… ¿pero dónde están? Ya no están ahí. Unos conejos no podrían haber desaparecido más rápido.

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Textos originales aquí y aquí

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