El planeta de los Simios (1) Genesis

Pierre François Marie Louis Boulle (1912 -1994); fue un escritor francés que tuvo una vida interesante y que plasmo parte de sus vivencias en muchas de sus novelas. Su juventud la paso como técnico ingeniero en las plantaciones de caucho en el sur oriente de Asia.

En la segunda guerra mundial sirvió como un agente secreto y ayudó el movimiento de resistencia en China, Birmania, e Indochina francesa; acciones por las cuales estuvo en campo de prisioneros. Tras su liberación, algunas condecoraciones al valor y algunos años más en las plantaciones de caucho, regresa finalmente a Francia a donde vive su hermana y empieza a escribir en 1949, ayudando a mantener a su joven sobrina.

Su éxito con la novela “El Puente encima del Río Kwai” (1952); una historia de ficción basada en hechos reales, de cuando los japoneses obligaron a los prisioneros aliados a construir unos 400 km férrea y qué fue conocida como la “Vía férrea de Muerte”, ya que cobró la vida de 16000 prisioneros y 100000 asiáticos; y su posterior llevada al cine en 1957 lo volvieron un escritor conocido.

Pero sería la obra de ciencia ficción “El Planeta de los Simios” (1963), obra en la que plasmaría su crítica al las ideas preconcebidas sobre el hombre y su lugar en el mundo la que daría origen a una de las series más importantes de la ciencia ficción moderna.

La obra de ficción narra las experiencias de Ulysse Merou en el año 2500 y sus aventuras en un planeta que gira alrededor de la estrella Betelgeuse, en la constelación de Orión, y como único superviviente de la expedición, Ulysse trata de sobrevivir en un mundo donde los grandes simios (Orangutanes, Chimpancés y Gorilas) son las razas inteligentes; mientras que los hombres son simples bestias animales, cazados por diversión o enviados a laboratorios para experimentación científica.

En una sociedad simia similar a la humana de los años 50-60; las tres razas marcan de alguna manera la preconcepción de la época sobre los grandes simios; se define a los gorilas como violentos; los orangutanes como conservadores y por ello el autor los define como pedantes y a los chimpancés como los intelectuales y amigables, ya que eran lo más parecido al hombre, lo que no conocía el autor es cuán parecido somos.

Si bien el libro no es gran cosa desde el punto de vista literario; la película de 1968, protagonizada por Charlton Heston (Taylor), y con algunas modificaciones menores (por problemas de presupuesto), iniciaría una saga que hoy es considerara todo un clásico dentro del cine.

Es interesante señalar que este clásico de la ciencia ficción ocurrió con la llegada del hombre en la Luna, la Guerra Fría en su mayor apogeo y fue el mismo año de otro clásico de la ciencia ficción; la película de Stanley Kubrick “2001 Odisea Espacial“.

Entre las diferencias importantes entre el libro y la película señalamos que los simios montan caballos y no carros o camiones; y aunque sus casas y muebles parecen de la edad de piedra, tienen rifles y armas de fuego modernas, y pueden hacer cirugías muy avanzadas.

Los hombres, aunque salvajes y sin poder hablar —como en el libro— no andan desnudos, sino que se cubren con taparrabos como cavernícolas —la moral no permitiría que se les mostrara desnudos—; otro aspecto interesante es que el protagonista no se llama Ulysse Merou, sino Taylor; otros personajes siguen igual al libro: Zira y Cornélius son dos chimpancés que tratan de ayudar a Taylor; el Dr. Zaius, un orangutan que es la “ciencia oficial” y que sabe más de lo que todos creen; Nova (Linda Harrison), una joven humana que se vuelve compañera de Taylor; y un final que todos tratan de descubrir y otros a su vez evitar que se descubra.

En el libro Ulysse descubre que la civilización simia es muy antigua, pero que no ha habido cambios significativos y hay un periodo oscuro que no se conoce; el propio inicio de la civilización simia y cuando crearon lo que ha sido igual para ellos desde siempre. Cornélius, tras ciertos hallazgos arqueológicos ha planteado una nueva teoría en contra de toda la “ciencia establecida”; el Dr. Zaius ve en ello el peligro de los humanos, Ulysse y Nova escapan en la nave espacial para ponerse a salvo.

En la versión del cine, Taylor no tuvo que aprender el idioma y la escritura simia; todos hablan ingles (no francés); y cuando el Dr. Zaius pretende castrar y someter a una lobotomía a Taylor, él huye con Nova hasta la excavación arqueológica de Cornélius, ubicada en una región llamada desde siempre “la zona prohibida“, que ha sido tabu para los simios aunque actualmente los simios no conocen las causas del mismo.

Una muñeca humana parlante plantea a todos una respuesta nueva, los humanos gobernaron el planeta antes que los simios y en la película al final Taylor y Nova se interna en “la zona prohibida“, descubriendo el secreto, no es otro mundo sino que es la propia Tierra. Las palabras finales de Taylor y la imagen de la Estatua de la Libertad enterrada en la costa muestran la realidad de 1968 y aún nos asusta escucharlas:

“He vuelto… estoy en mi casa otra vez. ¡Durante todo este tiempo, no sabía que estaba en ella! ¡Maniáticos! ¡Os maldigo a todos! ¡Maldigo las guerras! ¡OS MALDIGO!”

A continuación incluimos la obra literaria en cuestión:

(para leer la obra pulsar la imagen)

Critica general

Pese a que la película de 1968 abrió un universo por derecho propio; tanto a la obra escrita, a la propia película y a las siguientes, hay que hacerles algunas observaciones de simple lógica.

El libro plantea que los viajes a las estrellas son posibles y que las distancias se pueden recorrer en pocos meses; por ejemplo el protagonista Ulysse (Ulises en español) del libro viaja de regreso desde el planeta Soror que gira alrededor de la Estrella Betelgeuse a una distancia de casi 600 años luz de la Tierra en poco menos de un año; eso es físicamente imposible, contradice la segunda ley de la relatividad de Einstein, en la cual nada, absolutamente nada, puede superar la rapidez de la luz.

Hablemos de posibilidades; suponiendo una evolución similar en ambos mundos Soror y la Tierra; no es posible que la evolución siga la misma secuencia y en ambos mundos haya humanos, chimpancés, gorilas y orangutanes; y de paso el terrícola Ulises se pueda unir sexualmente a la humana Nova de Soror y tener descendencia. La probabilidad de eventos geológicos que ocurrieron en la Tierra para que surgiera el hombre y los grandes simios son tantos que para que ello se repita igual en otro mundo es tan improbable que sólo se puede calificar de imposible.

La película de 1968 muestra algo más de lógica respecto al ultimo aspecto, no es un mundo distinto; se trata de la misma Tierra en el futuro. Los problemas de presupuesto describieron una sociedad simia que sería comparable evolutivamente a una sociedad humana en la época de las antiguas civilizaciones (China, Babilonia, Roma, Egipto,…), salvo por las armas de fuego; pero bueno eso ya la habían inventado los chinos cuando los romanos recién construían los primeros acueductos, así que eso es posible; un poco más dudoso son las cámaras fotográficas, pero no discutiremos los logros de la civilización simia, en América nunca conocieron la rueda y no por ello los mayas e incas no dejan de ser civilizaciones.

Hay sin embargo algunas incoherencias absurdas; George Taylor (en ninguna parte de la película se le llama George) encuentra un mundo donde los simios hablan ingles; podemos entender en este mundo moderno que el ingles es el idioma internacional más importante (aunque no el más hablado); pero no hay forma que un idioma se conserve invariable en el tiempo y espacio, más cuando han transcurrido cerca de dos mil años. Que Taylor crea que está en un mundo distinto, aunque todos hablen ingles nos hace pensar seriamente en su salud mental. Claro que los estadounidenses son muy egocéntricos y creen que América son solo ellos, y que Canadá es un arrimado, no hablemos de todo lo que existe al sur del Río Bravo hasta la Patagonia; seguramente juran que no sólo el mundo, sino el universo entero habla el idioma de la reina.

El autor tampoco difiere mucho en este aspecto; el libro se inicia con unos viajeros de una nave espacial recogiendo una botella en el espacio que lleva un manuscrito en francés y que los tripulantes de la nave leen sin problema.

Olvidemos la primera película y vayamos a la tercera; tres monos regresan en el tiempo, producto de la energía de la explosión que destruye la Tierra en el 3955. Bueno aquí otra vez contradecimos las leyes de la física; aunque en teoría es posible viajar al futuro; las mismas leyes hablan de la imposibilidad de viajar al pasado.

Quizás la más absurda es la cuarta película; los perros y gatos se extinguen en 1984 y para 1991 han sido remplazado por los grandes simios. En menos de una década las especies simias se han multiplicado y evolucionado de tal forma que hay más simios que humanos. Bastaron sólo siete años para que la población simia pasara de casi extintos a crecer tanto como la población humana, y con un sólo simio evolucionado para que todos pudieran aprender con el ejemplo a hablar.

Veamos la realidad, las hembras chimpancés son sexualmente maduras a los 8 años, los machos a los diez, cada cuatro o cinco años tienen una cría con un periodo de gestación de ocho meses y una hembra puede tener en su vida activa unas cinco a seis crías. Actualmente su número es de apenas 12000 sujetos en todo el mundo; hay un 10% en zoológicos, circos, institutos de investigación y otras actividades humanas. Los orangutanes tienen un número similar y los gorilas en todo el mundo no llegan a mil sujetos. Asumiendo periodos de cría similares en las tres especies, para tener una población de un millón de simios, partiendo de la suma de individuos de las tres especies hoy harían falta (asumiendo también una alta tasa de crecimiento demográfico) unos 100 años. Si quieren alcanzar el tamaño de la población de los Estados Unidos actual se requerirían unos 250 años, no hablemos de la población mundial actualmente se acerca rápidamente a los 7 mil millones.

Otra incongruencia común en todas las películas es que todas las razas simias tiene tamaño similar al humano; cuando en realidad los chimpancés y orangutanes apenas superan el metro, como mucho alcanzan el metro y medio; y los gorilas son más altos que los humanos. En todas las películas no hay ninguna gorila o orangután hembra (salvo en la cuarta película que aparece una orangután); los chimpancés son los únicos con hembras y machos.

El final de cada película y libro nos muestra el egocentrismo de los autores, en el libro Ulysse, en su regreso a la Tierra, observa la Torre Eiffel; Taylor descubre los restos de la Estatua de la Libertad (regalo de Francia a USA) y Leo en su retorno a la Tierra encuentra que la estatua de Abraham Lincoln en Washington  está ahora sustituida por la de un simio. No podemos culpar a los norteamericanos de su ya nombrado egocentrismo; si la película hubiera sido en otro país; seguro que cada cual había puesto su icono nacional.

Tanto en el libro, como en las dos películas (1968 y 2001), la incongruencia mayor era cómo los simios eran los dueños del planeta. El autor a inicio de la novela plantea explicaciones tales como: “los simios al tener cuatro manos eran más hábiles que el hombre que tiene dos; o al permanecer en los arboles podían manejar el espacio tridimensional, a diferencia del hombre que camina y sólo piensa bidimensionalmente“; cuestiones como estas, o como la existencia del alma y la conciencia; hacen en el autor replantear al hombre su lugar en el mundo, y con el trato que sufre Ulysse y sus congeneres como animales de circo o de investigación científica se criticaba lo que hacemos con los animales nosotros mismos.

A medida que avanza la obra aparecen los problemas claves y un replanteo de la hipótesis; las sociedades simias parecen haber surgido de la nada y desde ese oscuro origen no haber evolucionado, cuestionado así la inteligencia de los simios como creadores de sus propias obras; son unos diez mil años en el libro; unos dos mil años en la película de 1968 o unos pocos siglos en la de 2010. La explicación se encuentra siempre en “las antípodas”, “la zona prohibida” o el “templo prohibido”; al final los simios no evolucionaron por su libre cuenta; son productos del error humano, (un virus espacial, una guerra nuclear, la experimentación genética, etc.), el hombre sigue siendo el motor creador de todo.

La obra plantea una distopía; un mundo futuro que por su naturaleza el hombre mismo a creado lejos del ideal de utopía. Hay que por supuesto entender al autor y su obra; no sólo vivió los horrores de la segunda guerra mundial; sino también tuvo que vivir la era de la guerra fría, en el que el mundo casi se destruyo a si mismo.

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Para más referencias puede consultar: aquí, aquí, aquí, aquí, aquí, aquí y aquí.

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