Eris, el planeta de la discordia

En enero del 2005 el equipo norteamericano de astrónomos Michael Brown, Chad Trujillo y David Lincoln Rabinowitz descubren a partir de imágenes tomadas en octubre del 2003 la existencia de un nuevo planeta. El anuncio el día 29 de Julio de 2005 por otro grupo en España del descubrimiento de un cuerpo celeste llamado 2003 EL61 (hoy Haumea), llevó al grupo norteamericano a acusar el grupo español de falta de ética y obligarlo a anunciar, de forma precipitada, su descubrimiento de 2003 UB313 (Eris) y de 2005 FY9 (hoy Makemake), provocando confusión en la prensa por la serie de descubrimientos importantes a la vez.

A pesar de haber sido descubiertos previamente grandes objetos en el Cinturón de Kuiper, eran todos menores en dimensión cuando se les comparaba con Plutón. Por el contrario, Eris se reveló mayor que el propio Plutón (unos 2400 km contra los 2350 de Plutón), lanzando el debate sobre su categoría como décimo planeta, tal como era pretendido por sus descubridores. Eris resultó ser el mayor cuerpo celeste conocido más allá de la órbita de Neptuno, mayor que Plutón. Tal como Plutón, está compuesto de una mezcla sólida de hielo y roca. Ambos pueden ser vistos como objetos del Cinturón de Kuiper o como planetas helados, por llegar a la frontera exterior del cinturón se piensa que Eris se había formado en la parte interior del cinturón, pero posteriormente fue expulsado a una órbita más distante debido a una posible influencia gravitacional con Neptuno.

Eris tiene un período orbital de unos 560 años y actualmente se encuentra casi a la máxima distancia posible del Sol (afelio), a unas 97 unidades astronómicas (1 UA = distancia de la Tierra al Sol). Igual que Plutón, su órbita es muy excéntrica y en su perihelio de 35 UA entra dentro de la órbita de Plutón (la distancia de Plutón al Sol varía entre 29 y 49,5 UA, mientras que Neptuno órbita a unas 30 UA). Al contrario que el resto de los planetas gira en un plano de 44° respecto a la elíptica.

Eris (cuya denominación provisional fue 2003 UB313) tuvo problemas en ser nombrado; para ese entonces, con la aparición de varios cuerpos de tamaños similares a Plutón se volvía a discutir si este y todos esos cuerpos podían ser llamados propiamente planetas.

Michael Brown apodó al planeta con el nombre “Xena“, personaje de una serie televisiva: “Xena, La Princesa Guerrera“; pero la posibilidad de ser un planeta obligaba a un nombre de la mitología griega. Se barajaron varios nombres, entre ellos Perséfone/Proserpina, la mujer de Hades/Plutón; finalmente la Unión Astronómica Internacional escogió casi por unanimidad el nombre de Eris, nombre de la diosa griega de la discordia que según la mitología inició con sus acciones los acontecimientos que llevarían a la guerra de Troya.

Este nombre le fue otorgado al planeta debido a que su descubrimiento produjo un tenso debate sobre la definición de planeta. Otros aspectos ayudaron, su brillo ceniciento producto del metano helado, indicaba que la superficie de Eris era bastante similar a la de Plutón y su satélite Caronte y el satélite de Neptuno, Tritón (que es para mucho por su movimiento contrario a la rotación del planeta un objeto del Cinturón de Kuiper capturado por Neptuno); ser descubierto en la constelación de Aries (regida por Marte, el dios de la guerra) reforzó la idea ante la comunidad de la llegada de la compañera/hermana de Ares/Marte a los cielos.

El 10 de septiembre de 2005 el equipo norteamericano descubre que Eris tiene un satélite; conocido como S/2005(2003 UB313)1 fue apodada inicialmente como Gabrielle, una barda compañera de la guerrera Xena en la serie televisiva; y finalmente llamado Disnomia, una hija de la diosa griega Eris. El diámetro de Disnomia se estima en torno a los 350 km, cerca de un octavo del diámetro de Eris. Disnomia, era la divinidad de la anarquía. Como dato la actriz que daba vida a Xena era Lucy Lawless, cuyo apellido (Lawless) significa en inglés “sin ley = en estado de anarquía”.

La gran disputa

La palabra planeta eran para los antiguos sinónimo de errante; estrellas que se movían contra el fondo fijo de estrellas en la noche. Hasta principios de la década de 1990, había poca necesidad de una definición, ya que los astrónomos sólo tenían una muestra pequeña del Sistema Solar con la que trabajar, y ésta era lo bastante pequeña para que sus muchas irregularidades se pudieran abordar individualmente. Sin embargo, desde 1992 y el descubrimiento de una miríada de mundos pequeños más allá de la órbita de Neptuno, planteó la necesidad de una definición de planeta más precisa. El problema llegó a un punto crítico en 2005 con el descubrimiento de Eris, un cuerpo mayor que el más pequeño de los planetas aceptados hasta entonces, Plutón.

Los inicios de estos problemas se remontan a la Ley de Titius-Bode; dada en 1766 por Johann Daniel Titius y en 1772 Johann Elert Bode; aunque algunos dicen que el primero en proponerla fue Christian Wolff en 1724. La ley es una fórmula simple que permite calcular distancias de los planetas en (AU); y la expresión tiene la forma:

a = (4+K)/10; K = 0, 3, 6, 12, 24, 48, 96, ….

Ello da origen a la siguiente tabla:

Planeta n 2n K=3×2n Distancia Calculada (a) Distancia real (UA)
Mercurio 0 0,4 0,39
Venus 0 1 3 0,7 0,72
Tierra 1 2 6 1,0 1,00
Marte 2 4 12 1,6 1,52
Ceres 3 8 24 2,8 2,77
Júpiter 4 16 48 5,2 5,20
Saturno 5 32 96 10,0 9,54
Urano 6 64 192 19,6 19,20
Neptuno No aplica 30,06
Plutón 7 128 384 38,8 39,44

El descubrimiento de Urano por William Herschel en 1781, que estaba a 19,20 UA, no hizo más que confirmar la ley publicada sólo tres años antes y llevó a pensar que en el quinto lugar, a 2,8 UA faltara un planeta. Finalmente, en 1801, Ceres, un mundo tan pequeño que casi era invisible para los telescopios de la época, fue hallado justo en el lugar correcto del espacio. El objeto fue declarado como planeta. Luego, en 1802, Heinrich Olbers descubrió Palas, un segundo “planeta” más o menos a la misma distancia del Sol que Ceres. La idea de que dos planetas pudieran ocupar la misma órbita fue una afrenta al pensamiento de la época. Unos años después se descubrió otro mundo en una órbita similar, Juno. A partir de entonces los descubrimientos se aceleraron. William Herschel sugirió que se les diera una clasificación separada a estos mundos, llamarlos asteroides, que significa “parecido a una estrella“, ya que eran demasiado pequeños para que tuvieran una forma esférica.

Posteriormente se han añadido a la serie los planetas Neptuno y Plutón, pero en estos casos no se ha cumplido la ley, ya que aunque le corresponderían las posiciones de 38,8 UA y 77,2 UA las posiciones reales han sido de 30,0 y 39,4, aunque los que tienen una fe ciega en la ley de Titius-Bode han llegado a sugerir que el siguiente planeta de la serie debería ser Plutón (38,8 que es casi igual que 39,4) y que en realidad Neptuno es un intruso, un planeta que se ha salido de su órbita y se ha colocado en un lugar que no le correspondía.

El largo camino seguido por Ceres desde la consideración de planeta a la pérdida de tal está reflejado en la historia de Plutón, que fue designado como planeta poco después de su descubrimiento en 1930. Plutón era una anomalía: un mundo pequeño y helado en una región de gigantes gaseosos con una órbita que lo eleva muy por encima del plano de la elíptica e incluso lo introduce dentro de la órbita de Neptuno. Sin embargo, era único, que se supiera. Luego, a principios de 1992, los astrónomos empezaron a detectar un gran número de cuerpos helados más allá de la órbita de Neptuno que eran similares a Plutón en tamaño y composición. Concluyeron que habían descubierto el hipotético cinturón de Kuiper (a veces llamado cinturón de Edgeworth-Kuiper), una franja de escombros helados que es la fuente de los cometas de “periodo corto” como el Halley, con periodos orbitales de hasta 200 años.

La órbita de Plutón atraviesa este cinturón y su estatus de planeta se puso en duda. Se repetía lo ocurrido a Ceres. La cuestión no gustó mucho a los norteamericanos, ya que Plutón era el único “planeta” descubierto por los estadounidenses. Mike Brown, sugirió que debería redefinirse “planeta” como “cualquier cuerpo del sistema solar que tenga más masa que la masa total de todos los demás cuerpos que tengan una órbita similar”. Pero ya habían varios objetos que se aproximan al tamaño de Plutón, como Quaoar y Sedna, que siguieron minando los argumentos a favor de que Plutón era excepcional en comparación con el resto de la población transneptuniana. El 28 de julio de 2005, Mike Brown y su equipo anunciaron el descubrimiento de un objeto que se confirmó como mayor que Plutón, y sus descubridores (y mucha gente de los medios de comunicación) lo llamaron inmediatamente el décimo planeta.

Varios astrónomos, como Alan Stern, sostenía que el tamaño, y no una órbita única, era el criterio adecuado para definir a un planeta. El límite potencial más debatido es cuando un objeto se hace esférico por su propia gravedad. Muchos astrónomos favorecen esta definición, porque permitiría a Plutón conservar su estatus de planeta. Una definición como esta le daría la vuelta a las nociones convencionales de nuestro sistema solar; ahora se sabe que Ceres, antes un mero punto de luz, es esférico, y por tanto, con esta definición, recuperaría su estatus de planeta. Pero la composición química de un cuerpo espacial (roca o hielo) hace variar su densidad; así tamaño y masa no guardan relación; Ganimedes (luna de Júpiter) por ejemplo es mayor en tamaño que Mercurio; pero tiene menos de la mitad de su masa.

En octubre de 2005, un grupo de 19 miembros de la UAI que ya habían estado trabajando en una definición desde el descubrimiento de Sedna en 2003, redujeron sus opciones a una lista de tres, permitiendo a cada miembro votar a más de una opción. Estas definiciones eran:

(1) Un planeta es cualquier objeto en órbita alrededor del Sol con un diámetro mayor de 2000 km. (once votos a favor) que sería una definición esencialmente cultural/histórica, reconociendo la identidad histórica de Plutón como planeta al establecer un límite arbitrario inmediatamente por debajo de su diámetro. Bajo esta definición, los únicos planetas conocidos de nuestro sistema solar serían los nueve actuales más Eris

(2) Un planeta es cualquier objeto en órbita alrededor del Sol cuya forma es estable debido a su propia gravedad (ocho votos a favor); la segunda proporciona una base más científica para el límite, y también evita el límite de “redondez”. Mediante este criterio, docenas de objetos de nuestro sistema solar serían considerados como planetas.

(3) Un planeta es cualquier objeto en órbita alrededor del Sol que sea dominante en su vecindad inmediata (seis votos a favor). La definición final solo dejaría ocho planetas en nuestro Sistema Solar, quitando a Plutón al estatus de planeta ya que su órbita entra en el cinturón de Kuiper. Quizás por esta razón resultó ser la menos popular.

Como no se pudo alcanzar un consenso general, el comité decidió trasladar el problema a una discusión más amplia, que se debía alcanzar en la Asamblea General de la UAI que se celebraría en Praga en agosto de 2006. La propuesta apoyaba en cierta medida por la segunda opción considerada por el comité en 2005 fue la siguiente:

Un planeta es un cuerpo subestelar que (a) tiene suficiente masa para que su propia gravedad supere las fuerzas de cuerpo rígido de manera que adquiera una forma (prácticamente redonda) en equilibrio hidrostático, y (b) está en órbita alrededor de una estrella, y no es una estrella ni el satélite de un planeta.

No obstante, este borrador no fue el finalmente adoptado por la UAI ya que no limitaba automáticamente el Sistema Solar a 12 planetas (los nueve conocidos, más Ceres, Caronte y Eris). esta definición podría terminar incluyendo a 53 planetas en nuestro sistema, con cientos o incluso miles aún por descubrir. Finalmente, el 24 de agosto de 2006 se llevó a cabo la votación para decidir la propuesta oficial de la UAI, resultando aprobada por unanimidad la propuesta siguiente:

(1) Un planeta es un cuerpo celeste que (a) está en órbita alrededor del Sol, (b) tiene suficiente masa para que su propia gravedad supere las fuerzas de cuerpo rígido de manera que adquiera un equilibrio hidrostático (forma prácticamente redonda) y (c) ha limpiado la vecindad de su órbita.

(2) Un planeta enano es un cuerpo celeste que (a) está en órbita alrededor del Sol, (b) tiene suficiente masa para que su propia gravedad supere las fuerzas de cuerpo rígido de manera que adquiera un equilibrio hidrostático (forma casi redonda) y (c) no ha limpiado la vecindad de su órbita y (d) no es un satélite.

(3) Todos los otros objetos que orbitan al Sol se deben denominar colectivamente “Cuerpos Pequeños del Sistema Solar”.

(4) Aún falta decidir qué separa a un planeta de una estrella enana marrón.

El 13 de septiembre de 2006 el planeta 2003 UB313, apodado Xena y su Luna Gabrielle recibieron por unanimidad su denominación definitiva: Eris y Disnomia. Bastantes problemas y disputas trajo su descubrimiento. Así Eris pasó a ser el planeta menor más grande conocido del Sistema Solar, por delante de Plutón. [Hoy mediciones más precisas ubican el tamaño de Eris en 2320 km; aun Plutón sigue siendo el mayor cuerpo tras Neptuno]

Astrología y mito

Eris es descubierta el 21 de Octubre de 2003, justo cuando el Sol ingresaba en el signo de Escorpio, en ese momento el “nuevo planeta/astro” transitaba a 20º2′ el signo de Aries. Ambos hechos aparentemente casuales conducen directamente al planeta Marte.

Eris estaba en su punto más alejado del Sol (afelio), el 16 de marzo de 1977, en Aries. 1977 fue un año interesante; seis días antes se descubrían los anillos en el planeta Urano, sacudiendo nuestra realidad, dejándonos saber que Saturno no era el único planeta anillado. Y a finales de ese año, el 01 de noviembre, Quirón fue descubierto, entre Saturno y Urano.

Retrocediendo en el tiempo, Eris estaba más cerca del Sol (perihelio) el 7 de julio de 1699, en Libra. El perihelio de un planeta es, en muchos sentidos, el comienzo de su ciclo orbital. Nos encontramos en el final del siglo XVII, y entrabamos al siglo XVIII; conocido como el siglo de la Razón. Podemos apurar a pensar que Eris en Libra, influyó en signo de la balanza, que rige el equilibrio, la equidad, la ley y la justicia, marcando el inicio de un ciclo donde la ciencia y la razón empezaron a dominar al mundo, por encima de la fe y la supertición.

Falta probar si estas ideas son ciertas; lo cierto es que su lento paso parece genera cambios y renovaciones al igual que Plutón, que afecta a toda la humanidad en varias generaciones. Su influencia astrológica aún ha de ser estudiada.

La imágen mitológica de Eris como Diosa de la Discordia y el hecho de retar mediante el provocador acto de lanzar la manzana dorada para dirimir una disputa, no dejan de ser actos inequivocamente marciales. Sabemos que Marte tiene dos domicilios zodiacales: Aries (diurno) y Escorpio (nocturno), éste último lo comparte con Plutón/ Hades.

Observando la conocida figura de las regencias tradicionales de los planetas sobre los signos, no podemos negar que por simetría parecen faltar regencias dobles para algunos, vemos como Sagitario, Capricornio y Aries son gobernados por un sólo regente, mientras Escorpio, Acuario y Piscis lo son por dos, y todo hace apoyar la hipótesis de que en Aries la doble regencia es compartida por Eris y Marte.

El foro Astrodestino señala sobre Eris lo siguiente:

La clasificación de Eris como “planeta enano” en un grupo con Plutón y Ceres es extremadamente significativa. Plutón simboliza el mundo terrenal, todo lo que intentemos enterrar y negar. También representa el lugar oscuro al que todos tenemos que ir periódicamente, a algo de nosotros que sólo nosotros conocemos más a fondo y más perceptiblemente que los otros.

Ceres se amplía sobre ese tema, representando el crecimiento y la sustancia nueva que vienen de haber estado en ese lugar oscuro, experimentando la muerte, o algún tipo de muerte y emerger renovado. O, pensar en ella como la energía que surge cuando podemos manifestar algo nuevo. Curiosamente, cuanta más energía creemos perder en nuestra zona de sombra, más resulta que la hemos invertido bien y nos encontramos con espectaculares recompensas.

Eris lanza una llave inglesa en los planes de dioses y de hombres. Que ella eligiera una manzana es toda una pista. La manzana se asocia al mundo terrenal, que es donde viven todos nuestros impulsos subconscientes. Eris representa qué sucede cuando rechazamos entrar a nuestro inframundo o reconocer lo que hemos reprimido.

La verdad es que, ninguno de nosotros, esta totalmente seguro de ninguna cosa, y no importa cuánto ni cómo muchos de nosotros podamos decir lo contrario. En alguna parte, profundamente adentro, hay siempre una pequeña voz de “disensión”. A veces es muy ruidosa, y la desatendemos de todos modos. Cuando intentamos suprimir esa voz, se hace particularmente desagradable.

La historia de Eris es una metáfora para las emociones difíciles que reprimimos porque consiguen que nos boicoteemos a nosotros mismos y a nuestros deseos y sueños, o simplemente porque nos hace sentir terriblemente incómodos. Algunos de nosotros no deseamos admitir ciertas sensaciones, porque nos gusta pensar que somos “mejores” que los que sienten, piensan o hacen “eso”. Pocos de nosotros desearíamos admitir los celos o a la lujuria, o nuestro deseo hacia personas “incorrectas” por ejemplo, el mejor amigo de nuestro marido o, peor, el hijo adolescente de nuestra mejor amiga.

Símbolos de Eris

Las insignias asignadas a la diosa Eris varían y con la aparición del nuevo planeta muchos ha propuesto símbolos para el recién llegado; una de las primeras imágenes asociadas a la diosa es la manzana dorada con la palabra “Kallisti = καλλίστη” —que en griego sería superlativo de bella; “la más bella”—.

Así la manzana con la letra Kappa (la K griega) es el primer símbolo asociado a la diosa. Sobre esa idea surge un circulo que encierra la letra K; que muchos asocian con caos (kaos), pero que tiene que ver realmente con la palabra Kallisti. Otra sugerencia ha sido colocar la “k” sobre la cruz de la materia; por lo general la cruz era usada como base o apoyo de los símbolos asociados a los asteroides; y la “k” aparece invertida mirando a la izquierda como una forma de denotar contracultura y caos. Otros sugieren que la manzana sea el hieroglífico y sobre este contorno se inserta la letra “e”, para nombrar a la diosa.

Como compañera de Marte/Ares algunos la identifican como su equivalente y sugieren un símbolo similar, pero invertido; la flecha ya no apunta al cielo; sino que va en caída. Los astrólogos Polacos asocian a Eris un inverso de Venus/Afrodita; la cruz de la materia corona a circulo del espíritu; pero esta es una cruz potente o potenzada (con los extremos de sus brazos adornados con potenzas, que son unas pequeñas piezas con forma de letra “T” mayúscula); que representan las cuatro esquinas del Mundo o a los cuatro elementos (según gustos). Esta cruz fue utilizada por los Cruzados en sus campañas.

El circulo (infinito) que encierra la punta de una flecha y el punto (origen/caos) fue sugerido como símbolo por el astrólogo Zane B. Stein; que es conocido como la principal autoridad astrológica del mundo sobre la influencia astrológica de Quirón. Este diseño se inspira en la imagen del “ojo de la providencia”; o el “ojo de Dios” que mira desde una pirámide al mundo entero.

Mucho antes del descubrimiento del planeta, surgió en 1957 una “religión/secta” que adora a la diosa Eris. La diosa ha logrado lo que ningún dios griego antiguo; ser adorada en una era de ateísmos y escepticismo. El Discordianismo se inicio hace unos cincuenta años; al parecer todo empezó una noche cuando dos jóvenes californianos, Greg Hill y Kerry Thornley (fueron luego conocidos como Omar Ravenhurst y Malaclypse el Joven), que eran compañeros de secundaria y aficionados a la ciencia ficción, la poesía y la filosofía, se reunían con otros amigos; ambos tuvieron una revelación en la que el tiempo se detuvo y un chimpancé les mostró un pergamino con un diagrama dibujando de una especie de Ying-Yang con un pentágono de un lado y una manzana con la inscripción ‘Kallisti’ (para la más bella) del otro, imagen que representaba el orden y el desorden complementándose. Esto fue suficiente para moverles el piso (así sería la droga que se fumaron). Unos días después, en un sueño, a los nuevos Mesías se les presentó la diosa misma y les hablo:

He venido a decirles que son libres. Muchos años atrás, mi consciencia dejó al hombre, para que pudiera desarrollarse. Vuelvo a encontrar esta conclusión acerca del desarrollo, pero obstaculizada por el miedo y la incomprensión. Ustedes han construido por sí mismos trajes psíquica de la armadura, y vestido con ellos, su visión es limitada, sus movimientos son torpes y dolorosos, su piel es golpeado, y su espíritu a la parrilla en el sol. Yo soy el caos. Yo soy la sustancia de la que sus artistas y científicos construyen ritmos. Yo soy el espíritu con el que sus hijos y se ríen en feliz anarquía payasos. Yo soy el caos. Estoy vivo, y te digo que eres libre.

Era evidente que a Malaclypse y Omar no les quedaba más remedio que crear una religión a partir de estos hechos extraordinarios. El Discordianismo gira alrededor de los conceptos del orden y el desorden como partes de una misma cosa: el Caos. El caos no considerado como algo malo, sino el verdadero principio del universo. El caos como el cambio constante necesario para vivir ya que todo lo que se rehúsa a cambiar, muere. El caos como esa flor que nace en una grieta en el cemento del estacionamiento. Así Omar Ravenhurst y Malaclypse el Joven escribieron un libro sagrado, el Principia Discordia (el Principio de la Discordia) que se considera la Biblia de los Discordianos.

Esta religión, como todas ellas, tiene su dogma, aunque es bastante menos complicado que el de muchas otras. Por ejemplo, para convertirse al Discordianismo solo hay que seguir un sencillo ritual, descrito en el Principia Discordia: Se requiere que el Discordiano salga solo un viernes y disfrute gozosamente de un perrito caliente. Esta ceremonia es una protesta en contra de los paganismos más populares de la actualidad: el de los católicos (no comer carne los viernes), el del Judaísmo (no comer carne de cerdo), el del Hinduismo y Budismo (no comer carne de ningún tipo).

Independiente de su origen y sus practicas de provocar el caos contra todo lo que se intente poner orden (desbarata los planes del otro); dos símbolos quedaron asociados a esta religión/secta satirica; el primero el famoso dibujo ying-yang mostrado por el mono; y el segundo la llamado “La mano de Eris“; una imagen de dos medias lunas unidas por su vértice, abiertas a lados opuestos y atravesadas por una espada/flecha/palo/vara. Imagen con que algunos identifican ahora al nuevo planeta; e incluso la hacen atravesar por otra vara perpendicular a la primera, para asemejarse a dos letras “e” divididas por un espejo. Otros inspirados en el símbolo del “Caos” proponen una estrella formada por cinco flechas que parten de un centro único, la “explosión” (big bang) de la que surgió  todo.

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