Hombre lobo en la ficción (1) Del mito al romance

La idea de hombres lobo se remonta a la antigüedad; posiblemente como una forma de asustar a sus enemigos, los guerreros antiguos de tribus ancestrales se cubrían con piel de lobos, el mayor depredador europeo, para así provocar miedo y zozobra en sus adversarios

En el siglo V a.C., El historiador griego Herodoto, inspirado seguramente en esos hechos, relata que entre los habitantes de las orillas del Mar Negro había magos muy inteligentes, capaces de transformarse a su antojo. En aquellos tiempos lejanos, estas mutaciones extrañas eran el resultado de humanos que practicaban el canibalismo, y tomaban la apariencia de un lobo como un modo de satisfacer sus apetitos monstruosos. De esta imagen se pasa al mito y la transformación. El rey Licaón y varios miembros de su familia fueron transformados en lobos, por el delito del canibalismo. El hombre lobo surge así, ya no como un acto de transformación voluntaria, sino como un castigo divino. Los romanos dan al mito una razón distinta, es un acto voluntario y no hay explicación de la causa por la cual ocurre; la obra del Satiricón de Petronio (en el 61 d.C.) Narra en pocas letras el cuento de un soldado que viajando con un compañero en la noche este se trasforma en lobo.

Logré que uno de mis compañeros de hostería —un soldado más valiente que Plutón— me acompañara. Al primer canto del gallo, emprendimos la marcha; brillaba la luna como el sol a mediodía. Llegamos a unas tumbas. Mi hombre se para; empieza a conjurar astros; yo me siento y me pongo a contar las columnas y a canturrear. Al rato me vuelvo hacia mi compañero y lo veo desnudarse y dejar la ropa al borde del camino. De miedo se me abrieron las carnes; me quedé como muerto. Lo vi orinar alrededor de su ropa y convertirse en lobo. El lobo, se rompió a dar aullidos y huyó al bosque. Fui a recoger su ropa y vi que se había transformado en piedra. Desenvainé la espada y temblando llegué a casa. Melisa se extrañó de verme llegar a tales horas. —Si hubieras llegado un poco antes —me dijo— hubieras podido ayudarnos; un lobo ha penetrado en el redil y ha matado las ovejas; fue una verdadera carnicería; logró escapar, pero uno de los esclavos le atravesó el pescuezo con la lanza. Al día siguiente volví por el camino de las tumbas. En lugar de la ropa petrificada había una mancha de sangre. Entré en la hostería; el soldado estaba tendido en un lecho. Sangraba como un buey; un médico estaba curándole el cuello.

Si bien los romanos estaban influidos por esa noción de castigo y canibalismo del mundo griego, los lobos no eran seres tan terribles; uno de sus mitos principales era la historia de Romulo y Remo. En el mito el rey Numitor de Alba Longa fue encarcelado por su hermano Amulio, el cual procedió a matar a todos sus sobrinos con excepción de la única mujer, Rea Silvia. Con tal de que esta no tuviera descendencia, la obligó a dedicarse al culto de Vesta. Un día, mientras Rea dormía en la orilla de un río, el dios Marte la dejó embarazada y de esta unión nacieron los gemelos Rómulo y Remo. Sabiendo que si su tío se enteraba del hecho también los mataría, Rea puso a los recién nacidos en una cesta y la dejó en el río Tíber. La cesta se cruzó en el camino de la loba Luperca, quien los amamantó, y más tarde fueron recogidos por el matrimonio de pastores Fáustulo y Aca Larentia. Los gemelos crecieron y descubrieron su origen. Buscando venganza, volvieron a su ciudad natal para matar a su tío abuelo y reponer en el trono a su abuelo Numitor. Éste, en agradecimiento, les entregó los territorios al noroeste del Lacio; y decidieron fundar una ciudad justo donde la loba los encontró, la hoy ciudad de Roma.

Para la alta edad media, el hombre lobo adquiere una nueva dimensión, el amor romántico y caballeresco pone al hombre lobo frente al amor por una amada y la traición de esta. En el siglo XII, tenemos los ‘Lais de Marie de Francia‘ (Poemas/cantos de María de Francia), una serie de cantos octosilabos notables sobre todo por su celebración del amor, su originalidad y la viveza de sus descripciones, la identidad real de la autora (Marie) es desconocida y algunos asumen que se trata de María de Champagne, una hija de Leonor de Aquitania y hermana del famoso Rey Ricardo Corazón de León. Dentro de los poemas tenemos a “Bisclavret“, un relato sobre un hombre lobo. Bisclavret, barón de Bretaña, desaparece tres días por semana sin que nadie sepa dónde se esconde. Cuando su mujer le implora que le confiese su secreto, él le cuenta que es un hombre lobo, y que esconde sus ropas en una roca hueca para poder volver a su forma humana. Cuando el barón vuelve a irse, ella envía tras él a un caballero enamorado de ella para que robe la ropa de su marido; cuando éste no vuelve, la mujer se casa con su amante. Un año después, el rey, que era amigo de Bisclavret, se lo encuentra en forma de lobo durante una cacería, y éste le pide ayuda. El amante de la mujer de Bisclvret visita el castillo del rey, y el lobo lo ataca ferozmente. El rey luego lleva al bosque a la mujer y el lobo la ataca y le arranca la nariz. Tras interrogar a la mujer, bajo tortura, ella confiesa y devuelve la ropa robada; el lobo recupera entonces su forma humana, el rey le devuelve sus tierras, y manda al exilio a la mujer, cuyos hijos nacen desde entonces sin nariz, como castigo. Nuevamente no se aclara la causa del cambio; pero se introduce un nuevo elemento, que será muy común en toda la literatura posterior, el lobo siempre termina atacando a la amada, quien por lo general lo traiciona con un amante.

Otro lai anónimo de origen bretón del siglo XIII, cuenta la historia de Melion, un caballero que sirve el Rey Arturo, que se transforma en un hombre lobo por amor a su esposa, quien lo traiciona. Era la era del amor cortés, Melion hace votos de que nunca se casará con una mujer que ha amado a otro hombre. Así le es casi imposible encontrar a una mujer en la corte. Un día, mientras cazaba, Melion conoce a la hija del rey de Irlanda, quien le dice que ella nunca ha amado a un hombre que no sea él. Se casan y tienen dos hijos. Tres años más tarde, Melion, su esposa, y un escudero ven un ciervo hermoso, del que se antoja la mujer. Para cazarlo Melion se transforma en lobo usando un anillo mágico. La mujer roba la ropa de Melion y el anillo, y ella se fuga a Irlanda con el escudero. Melion como lobo caza, junto con otros lobos, a gente y los animales. La gente se queja de que el rey, que persigue los lobos hasta que solo queda Melion. A la llegada del Rey Arturo, el lobo es dócil y amigable. En visita al rey de Irlanda, Melion ve al escudero y lo ataca, este confiesa y la mujer es obligada a traer el anillo mágico para devolver la forma humana al lobo. Después de convertirse en un hombre nuevo, Melion considera castigar a su esposa por transformarlo en un lobo, pero en cambio, él la deja y vuelve a Inglaterra con el rey Arturo.

Otro anónimo poema romántico del siglo XIII, este de origen francés, es ‘Guillaume de Palerme‘ (Guillermo de Palerne o Willian of Palerne en ingles); escrito por encargo de la condesa Yolande (que generalmente es identificada como Yolanda, hija de Balduino IV, conde de Hainaut). En la historia, Guillermo, un expósito (huérfano/abandonado) fue criado en la corte del emperador de Roma, y ama a Melior la hija del emperador, que está destinada a un príncipe griego. Los amantes huyen a los bosques, disfrazados con pieles de oso. Alfonso, que es primo hermano de Guillermo y príncipe español, ha sido transformado en lobo por los encantamientos de su madrastra. Alfonzo proporciona alimento y protección a los fugitivos. Guillemo finalmente triunfa sobre el padre de Alfonso, y gana para si su reino. El benevolente hombre lobo es desencantado tras vencer a la madrastra, y se casa con la hermana de Guillermo. El hombre lobo recuerda al mito romano de Romulo y Remo, fundadores de Roma, los amantes fugitivos son protegidos por un lobo; pero ya se ve influenciado por las historias de otros poemas de la época cuando el hombre lobo ataca a su malvada madrastra para así librase de la maldición.

La última de estas historias caballerescas, otra vinculada nuevamente al famoso rey Arturo, es la leyenda de Sir Marrok, que forma parte de la gran obra de Thomas Malory, Le Morte d’Arthur (La muerte de Arturo) (1469-1470). En la leyenda artúrica, un hombre lobo requiere quitarse toda su ropa antes de hacer su gran transformación, pero no será capaz de volver a su forma humana a menos que tenga su ropa de nuevo. Para Sir Marrok encontrar su ropa y cambiar de nuevo a su forma humana se le hizo un poco más difícil cuando su esposa la escondió durante siete años, lo que le obligó a permanecer como un lobo durante tanto tiempo. No tener la ropa para volver a un ser humano era uno de los peores destinos que le podía pasar a un hombre lobo de esa época.

Para los hombres lobos de la antigüedad y del alto medievo su drama no era la compulsión por cambiar a lobo sin control; estos cambios ocurrían a voluntad o por maldiciones; usando objetos o no; el problema real para todos estos lobos desafortunados era regresar a ser humanos.

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