Hombre lobo en la ficción (4) Nace y renace el mito.

Para las primeras décadas del siglo XX la imagen del hombre lobo empieza a tomar fuerza; el origen de la criatura se ubica en algunos elementos clásicos de otras eras: un castigo por romper tradiciones, una maldición familiar, usar un amuleto u objeto mágico, un pacto con el diablo, estados de locura mental; estamos lejos aún de ideas de contagio y heridas que transmiten la enfermedad; pero el hombre lobo de este nuevo siglo va a cambiar de manera drástica no solo en su concepción, sino en su propia apariencia.

La Puerta Irreal” (1919) de Gerald Biss; recuerda un momento en que uno de los temas clásicos del horror —el del hombre lobo— aún no había sido forzado a un molde rígido, y cuando la trama del cuento de terror se veía limitado por nada más que la imaginación de autores, el autor no estaba trabajando dentro del tipo del estrecho patrón que limitaba a los muchos escritores de cuentos de vampiros en los años siguientes a la publicación de Drácula.

En la obra una serie de sucesos misteriosos ocurren en la carretera de Londres a Brighton, eso ha aterrorizado al condado de Sussex, y la policía está completamente pérdida en poder dar cuenta de las desapariciones y las lesiones que están teniendo lugar. Burgess Clymping y su hermana Ana, que vive cerca del lugar de los hechos, pronto se ven envueltos en el asunto, lo que comienza como un misterio sencillo, pronto adquiere un significado más siniestro. Con la ayuda de su amigo, Lincoln Osgood, el trío se las arregla para armar el rompecabezas, para revelar una terrible verdad: una que pone en peligro las vidas y almas de todos los que toca.

Según cuentan algunos, el escritor del terror cósmico, H. P. Lovecraft, escribió una carta publicada en Weird Tales (una revista seriada de historias de miedo de inicios del siglo XX) sugieriendo que alguien escribiera una historia de hombres lobo desde el punto de vista del hombre lobo. H. Warner Munn aceptaría el reto y escribiría ‘El hombre lobo de Ponkert’, en realidad dos historias seriadas inicidadas en 1925, y recopiladas en 1958. La primera historia es sólo eso, la historia de cómo un hombre ordinario fue de mala gana de servir a un culto satanico como parte de un grupo de hombres lobo. Cuando intenta convencer al resto de la ‘manada’ en ir en contra de su maestro. El maestro hace un terrible ejemplo de él. Que lo entrega a las autoridades religiosas y seculares, y hace una confesión completa que se imprime en su piel desollada después de su ejecución. La segunda historia trata de su hija superviviente, que aunque no es una mujer lobo, es considerada como una bruja por la ciudad. La única razón por la que no le han quemado aún es que el oficial que arrestó a su padre le ha tomado a su cuidado, y él no es alguien con quien se juega. Un gitano se enamora de ella, a pesar de las advertencias de la adivina que ha sido como una madre para él. Mientras tanto, el Maestro de la primera historia es dando vueltas, todavía tan vengativo hacia el hombre lobo que él está tratando de organizar la muerte más horrible que pueda para la hija.

Otras obras de la década son la de Hugh Seymour Walpole, quien escribe en 1933 “Tarnhelm“, en ella un talismán es capaz de transformar a su portador en un animal, metamorfoseando a un noble inglés en un espantoso perro amarillo. O “El Lobo de San Bonnot” (1930) de Seabury Quinn es parte de las aventuras de otro famoso investigador psíquico, Jules de Grandin; quien debe luchar contra Giles Garnier, un licántropo famoso del siglo XVI, que regresó al mundo de los vivos.

La gran obra de hombre lobo, equivalente a Drácula para las historias de vampiros, es “El hombre lobo de París” (1933) de Guy Endore. Cita Judex:

Su principal personaje, Bertrand Caillet, está inspirado en Bertrand, un joven oficial que profanaba cementerios para alimentarse de cadáveres y cuyo caso, acaecido en París, está documentado como uno de los más espeluznantes ejemplos de licantropía: la historia de Bertrand está minuciosamente recogida en ‘El libro de los hombres lobo (información sobre una superstición terrible’ del estudioso Sabine Baring- Gould. Guy Endore desarrolla las posibilidades del mito ampliando notablemente el abanico, a diferencia del vampiro, el hombre lobo, pasa por ser un individuo atormentado que destruye aquello que ama. Partiendo de la irrefrenable sed de sangre del enfermo, Endore, construye una excelente metáfora sobre el pecado, lo irracional de la libido y las posibilidades del sadismo. El hombre lobo de París es una novela que explora el mito haciendo especial hincapié en sus particularidades antropofágicas; por primera vez nuestra idea del hombre lobo se convierte en la de un atractivo depredador que, aunque irracional, encarna el prototipo de hombre maldito capaz de corromper el alma de una bella dama. Otra de los aciertos de esta novela estriba en situar a Bertrand en un marco histórico convulso, la guerra franco-prusiana (exactamente en la proclamación de la Comuna de 1871 en París). Este contexto histórico sirve al escritor para reflexionar sobre la crueldad del hombre y minimizar las arbitrarios asesinatos del licántropo, un contrapunto argumental estimulante. La novela de Endore, de indisimulada inspiración gótica, resulta mucho más valiente que otras obras que provienen de esa tradición y tanto en el lenguaje como en aspectos morales resulta irónicamente trasgresora. El hombre lobo de París serviría de inspiración para la excelente película de Terence Fisher (1961), ‘The Curse of Werewolf’ (la maldición del hombre lobo), que, aunque mucho más contenida, recogería con precisión tanto su espíritu fatalista como su valiente reflexión sobre la violencia. Años después de escribir El hombre lobo de París, Guy Endore, trabajaría como guionista en Hollywood, pero, ironías del destino, al igual que su personaje Bertrand Caillet acabaría cayendo en desgracia: su nombre sería incluido en la lista negra del Comité de actividades Antiamericanas por gracia de Marín Berkeley (fecundo delator macarthista). Antes de ser víctima de la caza de brujas, Endore, sería artífice de libretos como La marca del vampiro (Mark of the vampire, 1935), Muñecas diabólicas (The Devil Doll, 1936) de Tod Browning, o El Cuervo (The Raven, 1943), de Gregory Ratoff entre otros títulos.

El resumen de la historia es que Bertrand nace en una víspera de Navidad de una mujer que había sido abusada sexualmente por un sacerdote. Bertrand crece con extraños deseos sádicos y sexuales que se expresan normalmente en forma de sueños. A veces los sueños son los recuerdos de experiencias reales en la que se había transformado en un lobo. Su tío/padrino, Aymar Galliez, atienden al niño (junto con su madre y un sirviente). Bertrand huye a París, después de un asalto a una prostituta, una incestuosa unión con su madre y un asesinato en su pueblo natal. Aymar intenta encontrar Bertrand y estudia los detalles de los crímenes locales, cadáveres destrozados y asesinatos varios. Bertrand se une al ejercito durante la guerra franco-prusiana, encontrando el amor en una chica que trabaja en una cantina. Sin embargo, Bertrand y su amor, Sophie, se ven obligados a lidiar con su enfermedad. Aymar encuentra Bertrand en París durante la Comuna de París, pero pensando que el amor ha curado Bertrand, decide no tomar medidas. Ante el temor de que, accidentalmente, matará a Sophie, Bertrand sale una noche para alimentarse de otra persona. Sin embargo, es atrapado tratando de atacar a un hombre después de la transformación en lobo. Aymar evita que Bertrand sea quemado en la hoguera, y lo condenan a un manicomio. Bertrand escapa y finalmente se suicida saltando desde el edificio con una chica a la que erróneamente cree que es Sophie, a la que vio con otro hombre. Sophie comete luego suicidio, incapaz de lidiar con la perdida de Bertrand.

Si bien la novela es para muchos algo ilógica en la narrativa, insulsa y sin  secuencia de eventos congruentes, esta obra muestra ya elementos clave para los hombres lobos modernos: su incapacidad para impedir el cambio y el deseo incontenible de sangre, pero siempre en todas las historias que seguirán el hombre lobo provoca directa o indirectamente la muerte de la amada.

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