Ángeles y arcángeles (3) Miguel Arcángel

El termino “arcángel” sólo aparece dos veces en la Biblia, y sólo en el Nuevo Testamento, donde el prefijo (arc-), traduce del antiguo griego “que gobierna, dirige, comanda, o lidera”; así los arcángeles indican supremacía, son los primeros en su clase; arcángel traduciría a “Líder de los ángeles”. Por su parte Miguel que traduce del hebreo “Quién como Dios” y es conocido por los musulmanes con el nombre de Mijaíl o Mikail; y es para las tres grandes religiones judía, islámica y cristiana quien ocupa el cargo de Jefe de los Ejércitos de Dios.

Miguel es un arcángel en la tradición judía, la cristiana, y en las enseñanzas islámicas. Los católicos romanos, anglicanos, luteranos y se refieren a él como San Miguel Arcángel o simplemente como San Miguel. Los cristianos ortodoxos se refieren a él como el Arcángel Miguel. En hebreo, Miguel significa “quién como Dios“, que tradicionalmente se interpreta como una pregunta retórica: “¿Quién como Dios?“, y se espera una respuesta en sentido negativo, dando a entender que nadie es como Dios. De esta manera, Miguel se reinterpreta como un símbolo de humildad ante Dios.

Las fiestas en honor a Miguel varían según las distintas tradiciones cristianas; así el 08 de noviembre en nuevo calendario de las Iglesias Orientales Ortodoxas y 21 de noviembre en el antiguo calendario Iglesias Orientales Ortodoxas, 29 de septiembre para la Iglesia Católica, Anglicana y Luterana; y otras tantas fechas en muchas fiestas locales e históricas.

Miguel es santo patrono de la Iglesia Católica y protector del pueblo judío. Bajo su papel de patrón especial del pueblo elegido en el Antiguo Testamento, se volvió también el guardián de la Iglesia, no se vio raro que el ángel fuera reverenciado por las órdenes militares de caballeros en la Edad Media junto con San Jorge, ello lo convirtió en el santo patrono de la caballería y ahora también es considerado el santo patrono de policías, militares y paracaidistas.

Es patrón también de los bodegueros o vendedores de verduras, aunque no se aclara el por que de ello. En la Iglesia Ortodoxa lo pone como el patrón de los enfermos y los que sufren. Basado en una leyenda de su aparición en el siglo VIII en el Mont-Saint-Michel (que lleva por ello su nombre), en noroeste de Francia, el arcángel es el patrono de los marineros en este famoso santuario. Después de la evangelización de Alemania, donde las montañas que se dedicaban a menudo a los dioses paganos fueron “cristianizadas” colocado muchas bajo el patrocinio del arcángel, y numerosas capillas de montaña aparecieron por toda Alemania, Miguel se convirtió en el patrón de Alemania. Él ha sido el santo patrono de Bruselas, desde la Edad Media y la ciudad de Arkhangelsk, en Rusia debe su nombre del arcángel. Ucrania y su capital Kiev también consideran Miguel su santo patrono y protector; así como el San Jorge lo es de la ciudad de Moscú, en ambos caso son los santos que vence al dragón.

El Rabí Eliezer ben Jacob señala a Miguel como uno de los tres hombres (ángeles) que visitaron a Abraham para anunciarle el nacimiento de Isaac, este es único hecho mencionado en el Coran sobre Miguel. Mikail como lo conocen los pueblos islamicos sólo se le menciona en la azora 2:98, y en la 11:72 y 11:69 donde se dice que era uno de los tres ángeles que visitaron a Ibrahim (Abraham) para anunciar el nacimiento de Isaac y Jacob. La tradición judía lo señala como uno de los ángeles que anunciaron a Lot la destrucción de Sodoma y Gomorra.

Para los judíos fue Miguel quien rescató a Abraham del horno donde había sido arrojado por Nimrod (o Nemrod). Este hecho es sin embargo imposible ya que Nimrod era bisnieto de Noé y el constructor de la torre de Babel (Babilonia). Entre ambos personajes existe una separación de diez generaciones; pero en la edad media la tradición rabínica creo este encuentro en el cual se repiten hechos similares a la vida de Moisés y Jesús. En estas versiones presentan a Nimrod como un hombre opuesto a Dios. Algunos señalan que se autoproclamó dios y que fue adorado por sus súbditos; así en ocasiones su leyenda se entremezcla con la de Nino, el mítico fundador de Nínive.

Cuentan que una señal en los astros anunció a Nimrod y a sus astrólogos el nacimiento de Abraham, quien pondría fin a la idolatría. Así que Nimrod ordenó matar a todos los niños recién nacidos. Sin embargo, la madre de Abraham escapó y dio a luz secretamente. Al crecer Abraham confrontó a Nimrod y le dijo que desistiera de su idolatría, por lo cual Nimrod mandó que fuera quemado. Dicen que se recogió madera por cuatro años para quemar a Abraham en la hoguera más grande que jamás se hubiera visto. En todas Abraham es echado al fuego y sale caminando. Nimrod entonces declara la guerra a Abraham y se presenta al mando de un enorme ejército, pero Abraham trae un ejército de insectos que destruye el ejército de Nimrod. En algunas versiones dicen que un mosquito entró hasta el cerebro de Nimrod volviéndolo loco (lo mismo dice la tradición judía que sucedió con Tito, el emperador romano que destruyó el Templo de Jerusalén).

Se dice que Miguel fue el ángel que impidió que Isaac fuera sacrificado por su padre y llevó un carnero para tomar su lugar; Miguel salvó a Jacob, aun desde el vientre de su madre, de ser asesinado por Samael. Más tarde, Miguel impidió a Labán hacer daño a Jacob; y fue Miguel quien luchó con Jacob y que después le bendijo. Es Miguel quien habría sido el interlocutor inmediato de Moisés en el Monte Sinaí y es el ángel que protegió al pueblo de Israel durante su marcha por el desierto. Algunos describen a Miguel como el maestro de Moisés durante el Éxodo, además de ser quien protege a los israelitas frente al ejército del Faraón antes de cruzar el Mar Rojo.

Miguel actuó como defensor de Israel, y algunas veces tuvo que luchar con los príncipes de las naciones y en particular con el ángel Samael, el acusador de Israel. La enemistad de Miguel con Samael data de la época en la que fue arrojado del cielo y Samael agarró las alas de Miguel a quien quiso traer con él en su caída; pero Miguel fue salvado por Dios.

Miguel ejerce la función de abogado de los hebreos, cuando Samael (su adversario) acusa a los israelitas de idolatría y declara que constantemente murmuraban haber deseando haber muerto junto con los egipcios en el Mar. Es por ello que el Judaísmo invoca a Miguel como el protector de Israel y patrono de la sinagoga, y abogado de Israel frente a su acusador Samael o Satanás, por tanto tiene el papel de defensor de los hebreos, desde los tiempos de los patriarcas bíblicos. La idea de que Miguel era el abogado de los judíos se hizo tan popular que a pesar de la prohibición rabínica en contra de apelar a los ángeles como intermediarios entre Dios y su pueblo, Miguel llegó a ocupar un lugar determinado en la liturgia judía.

En escritos apócrifo se menciona que Samael (Satán) reclamó el alma de Moisés para sí, argumentando que el profeta provocó la muerte de muchos egipcios. Razón por la cual el arcángel se enfureció y luchó contra él, venciéndolo; y aún cuando el arcángel Miguel disputaba con el diablo, la posesión del alma Moisés, no se atrevió a decir maldición sino que dijo: —El Señor te reprenda.

En el libro de Enoc a Miguel correspondió llevar a cabo la destrucción del mundo, acabando con los hijos de los vigilantes (los gigantes), es por tanto el ángel del diluvio universal que limpio la tierra de toda maldad. En el “Paraíso perdido” de John Milton (1608-1674), publicado en 1667 le corresponde a Miguel expulsar a Adán y a Eva del paraíso; en el camino Miguel relata a Adán el futuro de sus hijos y la lucha en los cielos de los ángeles contra los demonios.

Miguel ayudó a Josué en Jericó y a Daniel contra el rey de Persia. En el libro de Josué se nombra al arcángel Miguel, no por su nombre, sino como “Capitán de los Ejércitos del Señor”, tras encontrarse con Josué, cerca de Jericó; (Josué 5:13-15):

Sucedió que estando Josué cerca de Jericó, levantó los ojos y vio a un hombre plantado frente a él con una espada desnuda en la mano. Josué se adelantó hacia él y le dijo: —¿Eres de los nuestros o de nuestros enemigos?—, Respondió: —No, sino que soy el jefe del ejército de Yahveh. He venido ahora—. Cayó Josué rostro en tierra, le adoró y dijo: —¿Qué dice mi Señor a su siervo?— El jefe del ejército de Yahveh respondió a Josué: —Quítate las sandalias de tus pies, porque el lugar en que estás es sagrado—. Así lo hizo Josué.

En la Biblia hebrea, y por lo tanto en el Antiguo Testamento, el profeta Daniel experimenta una visión después de haber pasado por un período de ayuno. En la visión de Daniel (10:13-21) un ángel identifica a Miguel como el protector de Israel (y de las naciones). Más tarde, en la visión Daniel (12:01) es informado sobre el papel de Miguel durante el “tiempo del fin”. Aunque las tres referencias a Miguel en el libro de Daniel indican que Miguel actuará de manera similar en los tres casos, los dos primeros se refieren a la hora local en Persia y la última al fin de los tiempos (Apocalipsis).

En el Nuevo Testamento de Miguel lleva los ejércitos de Dios a contra las fuerzas de Satanás en el libro del Apocalipsis, donde durante la guerra en el cielo que derrota a Satanás. En la Epístola de Judas, Miguel es específicamente referido como un “arcángel“. En el Apocalipsis Miguel es el ángel que tocará de la trompeta del arrebatamiento (1° Tesalonicenses 4, 16), y es el encargado de frustrar a Satanás, enemigo principal de Miguel por ser el arcángel de los ángeles caídos o del mal (Apocalipsis 12:7-9). Esta imagen hace representarlo como un ángel con armadura de general romano, amenazando con una lanza o espada a un demonio o dragón. También suele ser representado pesando las almas en la balanza, pues según la tradición, él tomaría parte en el Juicio final. En Apocalipsis 12, 7-9:

Hubo un gran combate en los cielos. Miguel y sus ángeles lucharon contra el Dragón. También el Dragón y sus ángeles combatieron, pero no prevalecieron y no hubo ya lugar en el Cielo para ellos. Y fue arrojado el Dragón, la Serpiente antigua, el llamado Diablo y Satanás, el seductor del mundo entero; fue arrojado a la tierra y sus ángeles con él.

En el siglo IV d.C. Miguel apareció en santuarios cristianos, cuando fue visto por primera vez como un ángel de la curación, y luego con el tiempo como un protector y el líder del ejército de Dios contra las fuerzas del mal. La devoción en el siglo IV d.C. al Arcángel Miguel fueron generalizadas tanto en las Iglesias de Oriente y Occidente.

Aunque hubiera sido natural para Miguel, defensor del pueblo judío, ser defensor de la Iglesia, dándoles la victoria en contra de sus enemigos, los primeros cristianos reconocieron a algunos mártires como sus jefes militares: san Jorge, san Teodoro, san Demetrio, san Sergio, etc.. A Miguel se le asignó el cuidado de los enfermos. En Frigia, donde fue venerado por primera vez, su prestigio como sanador angelical oscureció su interposición en asuntos militares.

La tradición relata que en los primeros tiempos, Miguel hizo una aparición medicinal en un santuario en Frigia (hoy Turquía), donde fueron curados todos los enfermos que se bañaron allí invocando a la Santísima Trinidad y a Miguel. Para la Iglesia Ortodoxa la imagen de Miguel es vestido con túnica como cualquier otro ángel; pero porta una espada y en la otra un globo transparente, coronado por una cruz, que representa el universo sobre el que Miguel tiene poder en nombre de Cristo. En las Iglesias Orientales se le considera defensor de la pureza y santidad de Dios, frente a las potencias falsamente luminosas. Es el ángel de la noche mística, “allí donde Dios despliega la luz verdadera”.

El primer santuario del antiguo cercano oriente se asoció con aguas curativas. El Michaelion fue construido en el siglo IV d.C. por el emperador Constantino en Calcedonia después de que Constantino derrotó a Licinio en el año 324 cerca de allí, llevando eventualmente a la iconografía estándar del Arcángel Miguel como un guerrero santo matando al dragón. El Michaelion fue una magnífica iglesia y en el tiempo se convirtió en un modelo para cientos de otras iglesias de la cristiandad oriental que se extendió la devoción del arcángel. En el siglo sexto, el punto de vista de Miguel como un sanador continuó en Roma, cuando ayudo a los enfermos de una plaga que dormían en la noche en la iglesia de Castel Sant ‘Angelo.

En la angelología del Pseudo-Dionisio, del siglo VI d.C. se le dio a Miguel un rango en la jerarquía celestial. Más tarde, en el siglo XIII, otros, como Buenaventura lo ubicaron como príncipe de los serafines, los primeros de las nueve órdenes angélicas; pero para Santo Tomás de Aquino es el Príncipe del coro de la última y la más baja, los ángeles.

La Iglesia Católica enseña que San Miguel tiene cuatro funciones principales. Su primer papel es el líder del Ejército de Dios y el líder de las fuerzas del cielo en su triunfo sobre los poderes del infierno. En su segunda función, Miguel es el ángel de la muerte, llevando las almas de todos los difuntos al cielo; a la hora de la muerte, Miguel desciende y da a cada alma la oportunidad de redimirse antes de morir. En su tercera función, que pesa las almas en su balanza perfectamente equilibrada y su cuarto papel, San Miguel, es el patrón especial del pueblo elegido en el Antiguo Testamento y el guardián de la Iglesia.

Se cuenta que el 13 de octubre de 1884 el papa León XIII experimentó una visión en la cual vio a Satanás y a sus demonios desafían a Dios, diciendo que podían destruir su Iglesia si querían. El pontífice pensó vio entonces aparecer a Miguel y lanzar a Satanás y sus legiones en el abismo del Infierno. Llamó a su Secretario para la Congregación de Ritos. Le entregó una hoja de papel y mandó que se enviara a todos los obispos del mundo, indicando que la oración que había escrito en honor al ángel tenía que ser recitada después de cada misa. Después del Concilio Vaticano II (1959), el mandato de recitar esta oración al finalizar la misa fue revocado, pero se puede continuar con esta práctica a manera de devoción.

En diferentes visiones de la Virgen María se suelen incluir alguna manifestación de la presencia del arcángel. Una de las apariciones más atestiguadas fue la de Fátima (Portugal) en 1916, donde el arcángel era visto postrándose, llevó el mensaje a tres niños pastores (Lucía, Jacinta y Francisco) invitando a orar de la siguiente manera: —Dios mío, yo creo, adoro, espero y te amo. Te pido perdón por los que no creen, no adoran, no esperan y no te aman.

La Iglesia Copta ha mantenido íntegramente la Septuaginta como su Antiguo Testamento, sin extraer ningún libro, por eso la Biblia Copta posee más libros que las Biblias de los demás cristianos. En estos libros que permanecieron solo en la Biblia Copta San Miguel ocupa una buena parte. Por ejemplo en el Libro de Enoc, se le menciona varias veces como “Gran Capitán”, el misericordioso y muy paciente; y el ángel encargado de la mejor parte de la humanidad y del pueblo.

Algunas iglesias, surgidas directamente en tiempos de la reforma protestante, como la anglicana o la luterana, comparten la mayoría de las ideas sobre el arcángel Miguel con las Iglesias católica, copta y ortodoxa. Pero no es así con los cristianos restauracionistas (como los Santos de los Últimos Días o mormones, adventistas y los Testigos de Jehová), cuya teología respecto a este arcángel difiere de la teología de las demás corrientes cristianas tradicionales.

En la teología de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, Miguel vivió una vida mortal siendo Adán. Por lo tanto, Miguel y Adán son considerados como el mismo personaje. Bajo el nombre de Adán fue conocido mortalmente y con el nombre de Miguel se conoció en la vida preterrenal; Miguel es, por ende, el nombre angelical de Adán. Así que todos los descendientes de Adán son descendientes terrenales de Miguel.

Por su parte los Testigos de Jehová creen que tanto Miguel como Jesús son una misma criatura angelical antes de venir a la Tierra, como después de regresar al cielo. Para Los Adventistas del Séptimo Día la concepción es muy similar a la de los Testigos de Jehová, asegurando que Jesucristo y el Arcángel Miguel son el mismo ser con la excepción de que los consideran como un mismo ser divino y no como un ángel.

Señala M. González W. lo siguiente:

Miguel es el símbolo de la justicia perfecta. Su nombre significa, “El que es como Dios”. Se le considera el más grande de todos los ángeles, tanto en el Judaísmo y el Cristianismo como en el Islam. Es por eso que se dice de él, que esta sentado al lado de Dios en su trono y que a menudo se identifica con Metratón y con la Shekina. Miguel también se identifica con San Pedro, ya que se dice que ambos tienen las llaves del cielo. Y algunas autoridades encuentran paralelos entre San Jorge y Miguel porque ambos vencieron al dragón, que es el símbolo de Satanás en el Cristianismo,

Los antiguos persas veneraban a este gran arcángel como Beshter, el protector de la humanidad. Miguel es el ángel incorrupto e incorruptible, es decir, imposible de corromper, tal es su perfección y su pureza. Es el ángel preferido del Creador y el más poderoso. La tradición Judeo-Cristiana enseña que la venganza le pertenece a Dios, quien crea el balance perfecto de la justicia a través de la balanza de Miguel.

En la iconografía cristiana Miguel se representa vestido de rojo y verde con sandalias y armadura romana. En una mano tiene la balanza de la justicia y en la otra una espada. Una de sus sandalias está firmemente plantada en el cuello del dragón que es Satanás, como símbolo de su vencimiento del Adversario de Dios en la batalla angelical.

Miguel es uno de los príncipes regentes de tres de los coros angelicales: los Serafines, las Virtudes y los Arcángeles. Es también regente del Cuarto Cielo, uno de los seis ángeles del arrepentimiento, ángel de la rectitud, de la compasión, de la santificación y príncipe de la Divina Presencia. Es también el ángel tutelar de Israel y de Alemania y se dice que fue él que dio las tablas de los 10 mandamientos a Moisés en el Monte de Sinaí.

El nombre de Miguel proviene del caldeo, igual que Rafael. Se dice que es el autor del Salmo 85, el cual se reza en su nombre para pedirle un milagro. En las enseñanzas sagradas Miguel se identifica a menudo con el Espíritu Santo, debido a su gran pureza.

De acuerdo a la tradición musulmana, las alas de Miguel son color esmeralda y cada uno de sus cabellos, rojos como el fuego, están cubiertos de millones de caras, cada una de las cuales implora en distintas lenguas el perdón de Dios para la humanidad. Se dice que Miguel llora continuamente por los pecados de los fieles y que de sus lágrimas se formaron los Querubines. Los musulmanes, que lo conocen como Mikail, dicen que cuando el gran arcángel llora sus lágrimas se convierten en piedras preciosas.

Miguel es regente del planeta Mercurio, del signo de Leo, del Sur y del elemento fuego en la magia ceremonial, y entre sus títulos está: Príncipe de la Luz, Príncipe de las Virtudes, Príncipe de los Arcángeles, Guardián de la Paz, Protector Divino, Comandante en Jefe de las Huestes Celestiales, Ángel Guardián de la Iglesia Católica, Ángel Guardián de Israel, Ángel de la Tierra y Príncipe de Dios, además del Archiestratega Divino. Es también el ángel que se le apareció a Moisés en el Arbusto Ardiente y el que rescató a San Pedro de la prisión y al profeta Daniel de la guarida de los leones. Se dice que es Miguel también él que ha de bajar del Cielo en el Juicio Final con la llave del Abismo sin Fondo, donde encerrará a Satanás durante mil años.

El nombre secreto de Miguel es Sabathiel. Algunas tradiciones lo visualizan en el Séptimo Cielo rodeado de las huestes angelicales. En el Cristianismo Miguel se venera como el ángel benévolo de la muerte a través de quien es posible alcanzar el perdón de Dios y la inmortalidad. Es el ángel que guía las almas de los fíeles a la luz eterna y también el que pesa las almas en el Juicio Final.

Miguel es el ángel que según la tradición bíblica salvó a Meshach, Shadrach y Abednego, los compañeros del profeta Daniel, del fuego del horno a donde los lanzara el rey Nabucodonosor por negarse a adorar a sus ídolos. Es también el ángel que se arrodillara frente a la Virgen María, con un cirio encendido en la mano, para anunciarle su próxima muerte. Cuando la Virgen le preguntó su nombre, Miguel le contestó, “Grande y Poderoso”.

Miguel es el patrono de los bomberos, de los policías, de los marineros, de los soldados y los bodegueros. Una forma de pedir un milagro a Miguel es quemando una manzana roja con laurel en el fuego mientras se reza el salmo 85. Las cenizas luego se colocan en una bolsita roja la cual se carga encima hasta recibir el milagro. Esto debe hacerse un martes en luna creciente. Después que el milagro es realizado, las cenizas se esparcen en la tierra alrededor de la casa de la persona para recibí protección del arcángel.

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Referencias: “Angelorum, el libro de los ángeles” Migene González Wippler (1999) Llewelyn Wolrd Wide – USA.  Pag 125-126

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