Espectros y fantasmas de mi tierra (1) El tirano Lope de Aguirre

En muchas creencias se señala que los fantasmas son las almas de aquellos muertos que no descansan en paz. Almas de hombres y mujeres que tuvieron un final violento en sus vidas, que aún no encuentran reposo en el más allá y permanecen entre los vivos para atormentarlos. Venezuela tiene entre sus poblaciones más tradicionales y en aquellos barrios heredados de tiempos coloniales sus cuentos de fantasmas. Historias de conquistadores, soldados, víctimas de las guerras de independencia y las posteriores guerras federales, fantasmas que cubren casi todo pueblo del país. Uno de los más antiguos fantasmas es de uno de los conquistadores en la época de la conquista española, cuyo recuerdo aún asusta a los pobladores que habitan en las costas de la isla de Margarita, la isla de las perlas.

Entre 1511 a 1512 nace en el Valle de Aráoz, hoy parte del país vasco pero en ese entonces perteneciente al Reino de Castilla, Lope de Aguirre. Siendo hijo segundón de una familia hidalga acomodada pero no rica, cuya herencia era para su hermano mayor, Aguirre no tiene muchas opciones: el sacerdocio o buscar fortuna en la ciudad capital o en América. Vive un tiempo en Sevilla donde escucha las historias del conquistador Francisco Pizarro que volvía del Perú con las noticias de los fabulosos tesoros. Aguirre, con 21 años entonces, se anima a alistarse en una expedición de 250 hombres, bajo el mando de Rodrigo Buran, y viaja hacia Perú en a 1536 o 1537. Durante unos veinticinco años aproximadamente intervino en campañas militares de la corona deteniendo rebeliones y levantamientos, o participando en las mismas. Con casi cincuenta años (un anciano para la época) Aguirre se ve sin fortuna, ni gloria, tullido y deformado por las continuas batallas. Su única familia es una hija, Elvira, mestiza y de madre desconocida.

En 1559 se enrola en la expedición que el virrey del Perú, bajo el mando del navarro Pedro de Ursúa, envía en busca del mítico ‘El Dorado‘. La expedición parte en 1560 y a Aguirre lo acompaña su hija Elvira. La expedición desciende por los ríos del Perú hasta alcanzar el Amazonas. Un año de infructuosa búsqueda en el ancho Amazonas; la perdida de embarcaciones, hombres y falta de alimentos provocan el descontento de la tropa. Ursúa que viajaba con su amante, Inés de Atienza; una mestiza de la que los soldados decían tenía embrujado a Ursúa. Finalmente Aguirre asesina a Ursúa; y poco después de su sucesor, Fernando de Guzmán, convirtiéndose en el líder del grupo. Aguirre y sus hombres alcanzaron el Océano Atlántico (probablemente por el Río Orinoco) causando estragos entre las poblaciones nativas a su paso. El 23 de marzo de 1561, Aguirre instó a 186 capitanes y soldados a firmar una declaración de guerra al Imperio español que le proclamaba príncipe de Perú, Tierra Firme y Chile. Le mandó una carta a Felipe II explicándole sus planes de libertad y autogobierno firmada con el sobrenombre de el traidor. Se deshizo de Inés matándola, al haber disputas entre sus hombres por estar con ella.

Planea reconquistar el Perú volviendo por Panamá. Llega a la Isla de Margarita, movido por la riqueza de la isla, instalándose ante las miradas de los insulanos en Paraguachí, lo que hoy se conoce como Puerto Fermín o el Tirano. Engaña al gobernador, bajo el pretexto de haberse perdido. Pidió protección, la cual le fue concedida por el incrédulo gobernador. Se le dio de todo lo que en el pueblo había, y le curaron todos sus enfermos. Cuando Aguirre y sus secuaces recuperaron fuerzas, arremetieron contra todo aquel que les dio ayuda, asesinando y violando sin compasión alguna, quemando las casas e iglesias y robando todo lo que a su paso encontraron. El derrocado gobernador fue desarmando, y junto con su tropa y encarcelados todos. Allí les esperaba la tortura y posterior muerte a esos desafortunados. Desde la isla envía más cartas al rey Felipe II, proclamándose Príncipe del Perú, Tierra Firme y Chile; firma sus misivas con los nombres de Príncipe de la Libertad, Peregrino y otras formas que muestran su sanidad mental.

Tras saquear la isla, Aguirre cruza las aguas y llega a tierra firme en Venezuela, por donde trata de volver al Perú. Asalta cuanto pueblo encuentra a su paso. Toma la ciudad de Valencia y siembra el terror en toda la región. Pero su mandato se tambalea y los roces con los marañones (hombres) son cada vez más frecuentes. Los españoles ofrecen perdón a sus hombres si lo detienen, finalmente fugitivo, con pocos hombres fieles, es acorralado en Barquisimeto. Ahí mata a su hija a puñaladas, para impedir que la violen tras su muerte. Dos de sus marañones lo matan finalmente con sus armas de fuego. Los restos de Aguirre fueron desmedrados y enviados a varios rincones de Venezuela. Su cabeza fue enviada dentro de una jaula al Tocuyo para un juicio post morten; y lo que pudo haber quedado fue dado a los perros.

Lope de Aguirre se convirtió en una de los personajes más atractivos e inquietantes de la historia de la conquista de América. Sus hazañas escritas con sangre, traición y destrucción dieron paso a una leyenda cuyo fascinación a cautivado a historiadores a lo largo de los siglos. Incluso Simón Bolívar, el Libertador, lo cita como el primer grito de independencia de América. Pero sus terribles crímenes han quedado grabados en la memoria colectiva; y quien fue llamado en su vida como: Loco, tirano, rebelde, traidor, o peregrino; ha pasado al imaginario de muchos pueblos. En la Isla de Margarita, la bahía donde desembarcó se llama todavía la del Tirano, y los pobladores en recuerdo a su paso cruel, cuya maldad es considerada por muchos sobrenatural, ven en las noches sin luna luces rojas (fuegos fatuos) y que son su fantasma y el de sus hombres. En Tocuyo se celebra su muerte con una procesión el 27 de octubre. En Barquisimeto cuentan que su espíritu aún se aparece a medianoche cerca de donde murió; y en plena selva peruana está el Salto de Aguirre, donde estando en peligro grabó sobre una piedra unos misteriosos símbolos, los visitantes al sitio aún se persignan y rezan.

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