Espectros y fantasmas de mi tierra (6) Fantasmas sin cabeza

Las historias de jinetes sin cabeza forman parte del folklore local de muchos pueblos. Entre los celtas irlandeses existía en el mundo de las hadas un ser conocido como Dullahan o dulachán (hombre oscuro), que es descrito con apariencia humana, cabalga sobre un caballo negro y sostiene en una de sus manos su cabeza, para así poder ver mayor distancia, y con la otra lleva un látigo hecho de la columna vertebral de un cadáver humano; y cuando detiene su carrera lo hace para nombrar al próximo difunto y luego seguir su desbocado camino. Las historias más modernas ubican al jinete sin cabeza conduciendo un carruaje, sin caballos, o con caballos con crines en llamas; en estas versiones el chófer hace el mismo papel de Dullahan; quien recolecta las almas.

Entre los escoceses se tiene que en una batalla de clanes en Glen Cainnir en la Isla de Mull, uno de los guerreros que aspiraba convertirse en el próximo líder, de nombre Ewen, al perder la lucha, él su caballo fueron decapitados; desde entonces cabalga en su montura cerca del lugar de la lucha, ambos sin cabeza.

Entre los ingleses y sus historias de los Caballeros de la Mesa Redonda tenemos el cuento de Sir Gawain y el Caballero Verde; según el relato en una noche de celebración del año nuevo, reunidos todos los caballeros se presentó un gigantesco caballero sobre igual corcel, todo, caballero y cabalgadura, ropajes, pelo y piel, eran verdes. El caballero retó a los presentes a cortar su cabeza con su hacha; y aquel que lo hiciera recibiría el mismo destino al siguiente año. Arturo se ofrece a defender el honor de su corte; pero es detenido por Sir Gawain, quien hace el intento y al cuarto hachazo corta la cabeza del misterioso personaje. Para sorpresa de todos el descabezado recoge su testa del suelo y se la pone en su lugar, recordándole a Sir Gawain su destino el próximo año, y que lo busque en la capilla verde. Sir Gawain al acercarse la fecha debe cumplir con su honor y parte en busca de la misteriosa capilla. Tras muchas andanzas llega a un castillo, donde pese a ser atendido con hospitalidad, la esposa del señor del sitio le empieza a hace ojos y le declara su amor. Sir Gawain no acepta los avances de la señora del castillo y parte del mismo, pero acepta llevar un cinturón de seda verde que le regala la mujer como prueba de su amor, ya que según ella tiene poderes mágicos. Al llegar a la capilla verde (un campo desolado en verdad) se reencuentra con el gigante verde y se inclina para recibir el hacha. Cuatro veces el hacha cayó sobre su cuello a gran velocidad, salvo la última vez que le hizo un pequeño corte, en ninguna tuvo mayor daño; era una prueba para demostrar que los caballeros de la corte del rey Arturo eran honestos y de palabra. Sir Gawain regreso a Camelot y conservó el cinto verde, ese había sido su única debilidad y por ello la marca del corte en su nuca por el hacha. Historias como la anterior se inspiran en el misticismo celta (el gigante verde) que representa los ciclos de muerte y resurrección de cada año, el final del año es el invierno —muerte— y el nuevo año (en la naturaleza) se inicia con la primavera —resurrección—.

Entre las leyendas alemanas de los hermanos Grimm se tienen cuentos de un jinete sin cabeza; en el primero una mujer de Dresde sale temprano un domingo por la mañana para recoger bellotas en un bosque. Oye un cuerno de caza varias veces y cuando voltea ve a un hombre sin cabeza con un largo abrigo gris, sentado en un caballo gris, no digamos lo que le paso a la mujer. En el segundo en la población de Brunswick, un jinete sin cabeza, llamado ‘el salvaje cazador’ hace sonar un cuerno de cazadores, advierte así no salir al día siguiente de caza al bosque, ya que quien lo haga no volverá. Leyendas como esta se inspiran en los mitos del dios celta Cernunnos; el dios astado (las astas o cuernos del ciervo). Vigilante de los bosques, dios de las bestias y en muchos casos del inframundo; este dios se fundió tras la llegada del cristianismo en mitos como el de cazador con astas; donde un cazador furtivo fue castigado y colgado, o decapitado, por el rey; hoy el cazador y el y sus perros negros con lenguas de fuego vagan por los bosques (al igual que Cernunnos), sonando su cuerno cuando andan de cacería, y pobre del que se cruce en el camino del cazador.

De los mitos celtas de irlandeses, alemanes y escoceses se pasa a tierras americanas y Washington Irving las conjuga en su cuento ‘La leyenda de Sleepy Hollow‘; en el cuento, ubicado a final del siglo XVIII, un desgarbado y muy supersticioso maestro de escuela de Connecticut, llamado Ichabod Crane, compite con Abraham Van Brunt, por la mano de la joven Katrina Van Tassel, única hija de un rico hacendado. En una fiesta, Abraham narra la historia de que fue en una noche de otoño perseguido por el Jinete sin Cabeza, quien es supuestamente el fantasma de un soldado de Hesse que perdió su cabeza por una bala de cañón durante la guerra de independencia americana, y que lleva una calabaza encendida en lugar de cabeza; Abraham dice que se salvó por lograr cruzar un puente en el camino que el fantasma no puede cruzar. Asustado por la historia, Ichabod regresa a su casa para encontrarse que es perseguido por el espectro. A la mañana siguiente no hay rastros del maestro, y sólo aparece una calabaza rota cerca del puente.

Aunque esta historia es pura ficción, ha servido de modelo para el resto de historias sobre el jinete sin cabeza en toda América. Uno de los fantasmas sin cabeza que más se pasean por toda la América Latina es la del cura sin cabeza; herencia de mitos europeos, cada pueblo latinoamericano le pone su sazón particular a la historia. En la mayoría de las versiones el cura sin cabeza se trata un cura, monje o sacerdote católico que (1) no fue muy honesto con sus acciones (roba los diezmos, o fornica con las mujeres de la población) y en castigo por sus actos se le condena a vagar como fantasma descabezado el resto de sus días. (2) Algún cura que fue ajusticiado injustamente y tras ser colgado o decapitado sigue apareciendo en el sitio de su martirio. (3) Algún accidente (caer una campana que lo decapita o algo similar).

En Brasil esta leyenda se combina a la leyenda de la ‘Mula sin Cabeza‘; siendo esta mula la mujer que fornicaba con el cura y que fue castigada bajo esa apariencia. Aunque la mula descabezada es propia del Brasil, la idea de una mujer pecadora transformada en mula viene de Portugal y la leyenda de Muladona o Donamula, una mujer que fue transformada en mula por iguales pecados; y que en Argentina se conoce con el nombre de Almamula o Mulánima.

En México la leyenda del Jinete sin Cabeza tiene varias versiones. Una primera es una historia de traiciones y venganzas; se cuenta que en 1856 en una población cercana a Monterey vivía la bella Margarita, y era pretendida por dos rivales: Ponciano Arriaga y Federico Loera; para mala suerte de los dos en disputa un tercero conquistó a la joven y una noche ambos escaparon. La felicidad de Margarita y el joven Lorenzo Antonio no duró mucho; el padre de la chica molesto por el rapto de su hija contrata a los dos rivales para eliminar al secuestrador. Los antes enemigos, ahora aliados, van al rancho donde están los amantes y cuando en la noche Lorenzo Antonio sale, al escuchar ruidos, no imagina la suerte que le espera. Es golpeado innumerables veces por los hombres y sus quejidos despiertan a Margarita, que sale y al abrir la puerta observa como uno de los hombres saca un machete, mientras el otro sostiene a su amado; la cabeza de Lorenzo Antonio cae y rueda hasta los pies de la chica. Los misteriosos hombres se retiran y Margarita es luego llevada donde su padre por las personas que se aproximaron al rancho para enterrar el cadáver del chico. Margarita poco a poco se marchita; y no paso una semana cuando un corcel negro cabalga en la noche, los que se asoman ven a un jinete sin cabeza y se encierran en sus casas. A las pocas horas se encuentran los restos decapitados de Ponciano Arriaga, Federico Loera y el padre de Margarita; la chica nunca más fue encontrada.

Una segunda versión nos cuenta la historia de un campesino llamado Carmelo, acompañado de su perro que ladra al escuchar los pasos de un caballo que se acerca y pero al voltear no hay nadie a su alrededor. Pasan los días igual y cada vez más atemorizado; hasta que finalmente bajo un árbol aparece finamente el caballo blanco y su extraño jinete; un charro cuyo cuerpo terminaba en los hombros. Asustado Carmelo pregunta al espectro que desea de él. El jinete responde y dice llamarse Joaquín Murrieta y que custodia un tesoro; tesoro que Carmelo podrá desenterrar, siempre que lo haga él solo. Carmelo tan entusiasmado estaba que contó su historia en el pueblo y pronto se vio acompañado por muchos hombres a cavar en el sitio. Rápidamente se encontraron los arcones con joyas y oro; pero aparece el jinete sin cabeza y Carmelo recuerda la instrucción del mismo. Con un brinco del caballo la tierra se abre y traga a todos y el tesoro; Carmelo suplica que los perdone a ellos y lo lleve a él, pero es tarde. Regresa a su hogar y se sienta mirando la puerta; ya no come y bebe más y muere a los pocos días.

Quizás la versión que más se repite, después de la del cura, en toda América, es la del soldado decapitado; en México en las luchas de la independencia, a inicios del siglo XIX, los revolucionarios y conservadores pelean por el control de México. En el camino que conducía a la capital en una de esas tantas escaramuzas las tropas conservadoras atraparon a un joven revolucionario; para dar escarmiento y ejemplo decapitaron al joven y llevaron su cabeza a la capital. Al regresar por el cuerpo y el caballo del mismo, no los encontraron. Hoy en las noches oscuras, por el camino cerca del puente y el viejo árbol donde decapitaron el revolucionario se pueden oír los golpes de un caballo, y ver al jinete sin cabeza buscar su testa.

En Guatemala la versión se remonta a la conquista, según se cuenta en el municipio de Sumpango, uno de los conquistadores llamado Santiago Azurdia se separa de su grupo y forma su propio grupo de soldados, con los cuales ataca poblaciones y caseríos indígenas; finalmente es apresado y para dar ejemplo, evitando el alzamiento de los indígenas a los españoles, es decapitado en la plaza. Antes de morir Santiago dice que el volverá por las almas de todos lo que presenciaron su muerte. Aún hoy el alma de ese soldado español recorre las calles de su pueblo, en busca de los descendientes de las personas que observaron su castigo para cortarles la cabeza, reclamar sus almas. Pero hay quienes se apropiaron de la leyenda y asustan a los pobladores para así alejar miradas de asuntos más terrenales en las noches oscuras.

En Argentina a inicios del siglo XX, cuando el ferrocarril era ampliado para llegar a la cordillera, en la provincia de Mendoza, muchos extranjeros llegaron a la región buscando trabajo; entre ellos un ingles de apellido Foster, a quienes los locales llamaban el Futre, modismo que significa ‘bien vestido’. Según las versiones Foster tenía a su cargo el pago de la nomina a los jornaleros y en una de sus llegadas para pagar fue atacado por unos ladrones y robado. La historia señala que el cuerpo fue encontrado sin cabeza y se pensó en un ajuste de cuentas, incluso que habían sido los propios jornaleros cansados de su trato, pero nada pudo ser probado. Desde entonces, el Futre se aparece a caballo, sosteniendo su cabeza entre las manos, dispuesto a atropellar o a matar del horror a aquél que se interpone en su camino. El Futre se aparece a quienes tienen alguna cuenta pendiente que pagar, principalmente, con la justicia. Por ello se dice que el Futre no está entre las gentes, sino está en la conciencia sucia de los malhechores.

En Venezuela tenemos entre las leyendas de seres sin cabezas las siguientes:

El Descabezado de Sabaneta.

Sabaneta es una población rural del estado Barinas, como toda población de los llanos está llena de encanto, hospitalidad y tradiciones. En las largas noches de ese eterno verano los pobladores mayores se entretienen contando antiguas historias a sus nietos; entre ellas se cuenta que cuando sopla el Barinés (un viento frío ocasional que baja de la cordillera y sopla de oeste a este, lo contrario a los vientos que soplan en los llanos venezolanos, poco antes de que lleguen las lluvias) y son noches sin luna, ese viento helado suena como un lamento espectral.

Muchos dicen que se trata del lamento del ‘Descabezado de Sabaneta‘; un hombre que murió decapitado por un machete hace más de medio siglo, en una pelea con un rival por el amor de una bella mujer. Las apariciones del fantasma ocurrían en su mayoría cerca de una antigua hacienda, hoy desaparecida al crecer la población; y entre los corredores de aquella antigua vivienda colonial el descabezado se aparecía preguntando a los presentes si habían visto su cabeza.

El jinete sin cabeza y el ahorcado del samán

En San Carlos, estado Cojedes, se cuenta una historia que se remonta a los inicios de la guerra de Independencia; allá por el año 1814, las tropas del terrible Boves se acercaban a San Carlos. Y hay dos versiones de los hechos, la primera se refiere a que un joven patriota, llamado Francisco Contreras, que regresaba de una de sus tantas conquistas. Aunque era un soldado fuerte, inteligente y luchador, tenía un gran defecto, no podía ver las faldas de una mujer. Francisco ve a las tropas de Boves acercarse, el soldado espolea con fuerza su cabalgadura para ir a avisar a sus compañeros. Fue perseguido por un soldado realista, quien de un machetazo le corto la cabeza, pero el caballo siguió corriendo con lo que quedaba de su jinete aferrado a sus riendas. El caballo nunca regresó y nunca se encontró el resto del jinete. Desde entonces el jinete sin cabeza galopa los llanos de Cojedes y se le ha visto iniciar su carrera en la plaza de San Carlos.

La segunda versión es más propia de historias de traiciones, venganzas, tortura y muertes; en esas mismas fechas, los patriotas celebraban un pequeño triunfo sobre las tropas realistas y Francisco Contreras en la fiesta se encapricha por primera vez de una mujer casada, Teresa, la esposa del jefe militar de San Carlos, el general Eduardo Zambrano, hombre de abolengo, muy poderoso y sobre todo vengativo. Lo avances de Francisco fueron correspondidos por Teresa, quien aprovechando que su marido tuvo que salir fuera de la ciudad por reuniones con otros generales, mete en su cama a su amante. Pero para mala suerte de los amantes, el marido regresa, avisado por algún soplón y confirma la traición de su mujer y su subalterno. Eduardo al día siguiente, lleva a Francisco a las afueras del pueblo, la excusa es prepararse para una batalla que pudiera venir. Lejos de todas las miradas, Eduardo golpea a Francisco, quien cae y es sometido a terribles torturas hasta que finalmente Francisco muere decapitado. Eduardo regresa a casa y le muestra la testa del soldado a su mujer. Teresa aterrada se suicida. Al poco tiempo Eduardo empieza a ver visiones, sus crímenes lo persiguen y finalmente una noche se le aparece el jinete sin cabeza. Eduardo huye del espectro hasta llegar al pueblo; no encontrado más refugio que las ramas de un samán donde se enreda con unas cuerdas y ahorca, tratando de escapar del jinete. Desde entonces del jinete sin cabeza que vaga por las llanuras de San Carlos, montado en un caballo que más bien parece que vuela; y en el pueblo el alma del ahorcado aparece penando por sus crímenes.

El arreo de la sabana

En Maturín, estado Monagas, se cuenta la historia de un ganadero de recio carácter llamado Papá Juán Ruiz; según los narradores, era una noche en la que el ganadero y sus peones iban llevaban su ganado de mulas; a lo lejos escuchan que se acerca otro grupo que lleva sus propias mulas, por los rebuznos que se escuchan; pero mientras más se acerca la otra comitiva, los rebuznos parecen ser risas infernales, más fría se pone la noche, las estrellas y la luna se ocultan bajo oscuras nubes como de aguacero; y al ser visible los peones de Juan tiemblan al contemplar que la otra comitiva es precedida por un jinete sin cabeza, y pronto no es sólo el jinete, sino toda la comitiva: mulas y peones, no tienen cabeza.

Juan no se amedrenta y dispara su rifle para espantar a aquellos espantos, pero uno de los peones descabezados monta a sus espaldas y el caballo y sus jinetes salen disparados a la llanura. De Papá Juan Ruiz no se supo más, y los peones señalaron que lo único contra el arreo fantasmal es rezar a la Santísima Trinidad, y quién es víctima de espectral cortejo no se le vuelve a ver ni la pata.

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Referencia: Mercedes Franco (2001/2007) Diccionario de Fantasmas, Misterios y Leyendas de Venezuela. Libros de El Nacional. Editorial CEC, S.A. Caracas. Venezuela.

Para más referencias sobre los jinetes sin cabeza y textos originales puede consultar: aquí, aquí, aquí, aquí, aquí, aquí y aquí

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