Los Loas y la religión haitiana (6) Los mitos africanos originarios (Shangó y sus esposas)

Shangó (Sango, Xangó o Changó, y en algunas tradiciones sustituye a Jakuta, un antiguo dios del rayo) es quizás uno de los más populares orishas, también conocido como el dios del rayo, del relámpago y el trueno; y cuando el rayo alcanza la tierra y enciende la sabana, tenemos también un dios del fuego. Shangó es el padre del cielo y el dios trueno entre loas y orishas, es un rey y líder de gran presencia y entusiasmo. Él es un mago que controla el mundo, así como portador de las tormentas y de la justicia rápida, a menudo duras sobre aquellos que han hecho mal. También cuenta con una de las mayores congregaciones de fieles entre su panteón, ya que su veneración continúa en África para el día de hoy, además de ser generalizada en el Caribe y las Américas. Él es un dios de la potencia increíble, ya que representa la virilidad sexual agudeza mental o el liderazgo en la batalla.

Shango

Los ascendentes de este dios, como la mayoría sus parientes son confusos y se prestan a distintas interpretaciones; por un lado los mitos lo ponen como hijo de Yemanja y Aganjú, hermano de Orungan; los más comunes lo ponen como hijo de Obbatalá y Odudua o Yembo; siendo Yemanja y Aganjú quienes lo cuidaron como hijo adoptivo, en otras versiones Shangó quiso reemplazar en su reino a Aganjú, de quien era aprendiz, y el dios del fuego lo expulsó por esa traición. La expulsión de Shangó por parte de Obbatalá obedece a que este quiso castigar con la muerte a todos sus hijos varones, cuando Yemanja fue violada por su propio hijo, Orungan; así la mezcla de versiones son tantas que termina Yemanja siendo la esposa de Obbatalá y no una de sus hijas, otras versiones ponen que Shangó fue criado, tras la expulsión, por su hermana mayor, la diosa Daddá, quien es puesta como su equivalente femenino, y que al igual que la diosa Yemanja es la diosa de la infancia y la enseñanza.

En una tradición se señala que Obbatalá, el dios de la razón, el orden y la justicia, caminaba un día hasta que llego a un gran río. Deseó a cruzarlo, por lo que llamó a Aganjú, el dios del fuego, que había inventado recientemente los barcos y navegaba por el río. Pidió que lo ayudara a cruzar, pero cuando explicó que no tenía nada con qué pagar, Aganjú se negó y este le dijo que tendría que nadar. Obbatalá se dio la vuelta y se escondió cerca, y por el uso de la brujería se convirtió en una mujer hermosa, cuando regresó al río, Aganjú no lo reconoció y aceptó cruzarla a cambio de pasar una noche con él. Esto fue acordado y Obbatalá pudo finalmente cruzar el río, pero al llegar al otro lado descubrió que estaba embarazada y se vio obligado a permanecer como mujer hasta el nacimiento de Shangó, así el hijo de dos padres, nació, después de lo cual Obbatalá regresó a su cuerpo masculino.

Cuando, Shangó fue adolescente, descubrió que Aganjú era su segundo padre, y estuvo decidido a darse a conocer a él. Mientras que él tenía la mente razonable de su padre Obbatalá, también era ardiente y temperamental como Aganjú, y él juró que no volvería a casa hasta que el dios del fuego le reconociera como su hijo. Cuando llegó a casa Aganjú, los dos dioses pelearon y Aganjú declaró que no tenía ningún hijo y que nunca había tenido uno, ya que Obbatalá nunca le había hablado de su embarazo. Shangó, decidido a forzar Aganjú a reconocerlo, construyó una enorme hoguera y se arrojó sobre él, y cuando se levantó de nuevo, intacto y con ojos furiosos ardiendo Aganjú se dio cuenta de que sólo un hijo suyo podría hacer tal hazaña; así que este hecho debía ser su hijo y le dio la bienvenida.

La herencia de ambos ‘padres’, se observa en los colores de Shangó, el rojo (color de Aganjú, dios del fuego) y el blanco (Obbatala, dios de la humanidad), quienes son puestos como sus padres y/o maestros, y su símbolo más conocido es el oshe (un hacha de doble hoja). Shangó es un dios guerrero, pero también de la danza y la pasión. Él es el epítome de todas las cosas masculinas, también un dispensador de la justicia en nombre de los agraviados; representa la necesidad y la alegría de vivir, la intensidad de la vida, la belleza masculina, la pasión, la inteligencia y las riquezas.

Shangó es el Zeus entre los Yoruba, y al igual que su equivalente griego, muchos de sus mitos se vinculan a la relaciones que tuvo con sus muchas mujeres. Se le describe como un hombre trabajador, valiente, buen amigo, adivino y curandero, pero también, algo mentiroso, mujeriego, pendenciero, jactancioso y jugador. Es un buen padre mientras el hijo sea obediente; y no admite hijos invertidos o cobardes.

Shangó fue en la tradición Yoruba el cuarto Alafín (rey) de Oyo, esta es la segunda dinastía de Oduduwa luego de la destrucción de Katonga, la primera capital administrativa del imperio Yoruba. Shangó llegó en un momento trascendental de la historia de este pueblo, que se había olvidado de las enseñanzas de Dios. Shango así fue enviado con su hermano gemelo por Oloddumare para limpiar la sociedad y que el pueblo siguiera nuevamente una vida limpia y acorde con las enseñanzas del Dios único. Luego de que se hizo rey, Shangó amplio el reino y con sus conquistas el imperio Yoruba se extendió desde Mauritania hasta Gabón. Pero esa expansión y constantes guerras provocaron que el pueblo comenzara a decir que Shangó era muy estricto e incluso tirano. Shangó terminó con su vida ahorcándose, pero regresó en su hermano gemelo Angayú (Aganjú), que con el uso de la pólvora acabó con los enemigos de Shangó, y posteriormente lo divinizó como Señor de los Truenos (por el ruido de la pólvora seguramente). Por ello Shangó tiene el poder de ayudar a ganar guerras, derrotar a los enemigos y ganar poder sobre los demás. Él asegura la victoria sobre todas las dificultades. Es al igual que Oggun, un dios de la masculinidad y la fuerza. Por su reforzamiento de la fe, se le vincula también como el dueño del sistema religioso de Osha-Ifá (Oráculo), es el adivino e intérprete y tiene una relación especial con el mundo de los Eggun (las almas de los muertos).

Aunque Shangó fue el primer awó (adivino), luego cambiara el ashé de la adivinación con Orungan (Orunla) por el de la danza, por esto es muy importante en el culto Ifá para los babalaos, para quienes la danza es importante en las sesiones de culto. Por otra parte, Shangó es hermano de corazón con corazón de Babalu Ayé (dios de las pestes), se llama a Shangó primero ya que es quien lo ayudó a curar de sus enfermedades. Y aunque parezca raro una de sus imágenes católicas es Santa Barbara (cuya fiesta el 4 de diciembre se vincula también al dios). Otras imágenes son San Juan Bautista, San Marcos y San Miguel Arcangel (quien es visto como el ángel justiciero que vence al mal)

Las amantes de Shangó son innumerables, aunque sus esposas oficiales fueron a saber tres hermanas, una tras otra son: Obba, Oyá y Oshun. Los parentescos de estas tres diosas varían, en algunas versiones se las hace hijas de Obbatalá y Yembó, siendo así hermanas de Yemanja y Yewá (Yegguá, Ewa, Iyewa la diosa de río Yewá en Nigeria); en otras son las hijas de Yemanja. Ellas eran originalmente diosas de los ríos, al igual que la Yemanja original se le ponía como diosa del río Ogun, Oyá (llamada también Yansa) era la diosa del río Niger, Oshun (Ochun, Oxum) era la diosa del río de igual nombre Oshun y Obba (Obá) la diosa del río Obá. Los papeles de todas estas diosas variaron al ser desposadas por Shangó y con su llegada a América, donde no existían esos ríos.

Yewa

Yewá (que traduce Eva) es en la mayoría de los mitos hija de Obbatalá, se decía que era de gran belleza y cuando esta noticia llegó a los oídos de Shangó, el dios apostó que la volvería suya. Mientras Yewá arreglaba unas flores, miró por la ventana, vio a Shangó y se enamoro del dios. Él se acercó y quiso ganar su amor; pero Obbatalá sabiendo que se trataba de una apuesta envió a su hija lejos donde ningún hombre podría verla. Obbatalá volvió a Yewá la reina de los muertos, y se la puede encontrar sólo en los cementerios. Así Yewá permaneció virgen; es por ello diosa de la soledad, la contención de los sentimientos, la castidad femenina, la virginidad y la esterilidad.

Existe una segunda versión sobre los amores de Yewá y Shangó; en ella ambos tuvieron relaciones, pero habiendo logrado su propósito, Shangó se fue; pronto Yewá descubrió que estaba embarazada. Temiendo la furia de su padre Yewá se realizó un aborto y ocultó los resto del feto en el suelo, retirando las flores que ahí crecían, y plantando otras. Obbatalá se dio cuenta del cambio de flores y preguntó a su hija por el mismo; Yewá trató de mantener la mentira, pero finalmente su padre descubrió la verdad y la condeno a reinar en los cementerios y recibir sólo flores como ofrenda, que le recuerdan su pecado. Yewá se sincretiza con ‘Nuestra Señora de los Desamparados‘.

Babalú Ayé

Pese a su soledad, Yewá estaba acompañada en el mundo de los muertos por hermano Babalú Ayé. Los mitos señalan que Babalú Ayé fue criado por Yemanja. Babalú Ayé fue castigado con la muerte por Olodumare, cuando el nieto se acostó con una mujer en un día consagrado al dios de la creación. La diosa Oshun rogó por su vida y cual historia de Lazaro, este regresó del mundo de los muertos. Pero su regreso no fue en su forma original, Olodumare lo transformó; quedó con la apariencia de un mendigo ciego con muletas que suele estar acompañado por un perro que lo guía; de su estancia en el mundo de los muertos trajo las pestes y las enfermedades, de las que se convirtió en el dios, así Olodumare garantizaba como castigo que nadie quisiera estar cerca de Babalú Ayé otra vez. En algunas tradiciones Shangó lo curó, y por ello toda curación pasa o inicia con el dios de las tormentas. Pese a todo lo anterior, Babalú Ayé es un dios poderoso, puede dar riqueza, salud y prosperidad a sus seguidores, o dar castigos rápidos y violentos a sus enemigos.

Obba

Obba fue la primera esposa oficial de Shangó, es descrita como la más bella de las tres hermanas, pero sufría enormemente ante las infidelidades de su marido. Como la Hera griega o la Juno romana, Obba se la volvió la diosa de los matrimonios y la fidelidad; ya que pese a tener muchas aventuras, Shangó siempre volvía con ella, su favorita. Eso fue hasta que Oyá la engaño. Aunque las versiones varían, se dice que Obba consultó a Oyá, que era conocida también como una gran hechicera, y la preguntó cómo retener a su marido. Oyá, aconsejó a su hermana de que sirviera un plato con un encanto a su marido, pero que para provocar el encanto debía sacrificar una parte de su cuerpo. Obba siguió la sugerencia y preparó el plato, el cual completó con una o ambas de sus orejas. Cuando Shangó volvió le preguntó del por que se cubría la cabeza y su hermoso pelo (ocultando su mutilación). Obba no tuvo suerte con su intento, antes de probar el plato con el encantamiento, Shangó descubrió que su mujer se había cortado la oreja, despreció la comida señalando que hacia brujería y la expulsó para siempre. Obba repudiada y avergonzada se puso a llorar; y lloró tanto que originó los lagos, pantanos y lagunas; volviéndose la diosa de las aguas estancadas. Obba terminó refugiándose con Yewá y habitando los cementerios.

En la tradición americana quien engañó a Obba fue Oshun. Según esta versión Shangó tenía tres esposas (polígamo), a las que visitaba con igual regularidad, eso hasta que Obba se sintió abandonada por el dios, ya que comía primero donde Oshun y luego en su casa apenas probaba bocado, sintiendo que él entraba, apenas comía y se iba, dejándola muy sola. Obba preguntó a Oshun como conseguía mantener a Shangó en su casa, y esta ofendida por la investigación, se llenó de resentimiento. Oshun le contó su secreto, una mentira realmente, el cuento de la oreja cortada, secada, hecha polvo y servida en la comida del esposo; Obba regresó a su casa e hizo lo indicado, pero Shangó descubrió la trampa y pensó que quería envenenarlo, expulsándola para siempre por bruja, y mientras la perseguía con el oshe; Obba se convirtió en el río que lleva su nombre.

Aprovechando la salida de Obba, Oyá se convierte en la segunda esposa, y a diferencia del carácter tranquilo de su hermana, Oyá es una amazona, no se queda en la casa, va con su esposo de viaje, y se la acusa de haber robado los secretos de su marido, convirtiéndose así en la diosa de los vientos, la centella y la tempestad. A diferencia de Obba que se aguantaba las infidelidades de Shangó, Oyá cuando se enfurece se muestra desenfrenada y terrible, se llena de maldad y se convierte en un torbellino de furia que todo lo destruye (ciclones o tifones). Pero tras la destrucción siempre viene la reconstrucción. Oyá es entonces vista como una diosa del cambio.

Oya

La joven esposa de Shangó, Oyá, era descrita como un ardiente diosa de la guerra, con un genio que coincidía con la del dios; quien se enamoró de su rápido ingenio y lengua afilada, y con frecuencia se dirigía a la batallas con ella a su lado. Un día, Shangó al ver que los otros dioses se levantaban de la tierra, decidió que tenía que aumentar su poder y envió un mensaje a Eshu (en su apariencia de Kalfu), el dios de la magia, pidiendo un medicamento que lo hiciera más poderoso y que llenara de miedo los corazones de todos los hombres. Eshu acordó hacer esto por él, pero insistió en que se enviara a la volátil Oya para recogerlo, afirmando que si Shangó se acercaba y consumía la pócima estando él demasiado cerca y tendría miedo de permanecer en su presencia. Cuando llegó Oyá, le dio el paquete de la medicina y le advirtió a ella sobre la fuerza, el poder y la importancia de la entrega. Le hizo tanto hincapié a la diosa que ella se llenó de curiosidad y abrió el paquete de camino a casa, sin saber de que se trataba el encanto. Cuando nada pasó, ella continuó a su casa y entregó el paquete a Shangó, quien se alegró de verla, y cuando ella abrió la boca para hablar con él, sin embargo, la medicina que había consumido hizo que disparara de su boca rayos; Shangó supo que ella había robado algo de la poción. Enfurecido la persiguió a través de toda África, blandiendo su hacha y lanzando rayos, truenos y relámpagos tras sus talones, hasta que fue acorralada y se convirtió ella misma en una oveja con el fin de esconderse de él en un rebaño. La población local pidió Shango no destruir todas las ovejas, que eran su medio de vida, así que dio media vuelta y regresó a su reino, declarando que Oyá no debía poner un pie allí de nuevo si apreciaba su vida. Oyá fundó su propio reino, en los límites con el otro mundo, acompañando a Yewá y a Obba. En la medida de lo posible allí se escondió de Shangó, y allí practica la magia que aprendió al robar el poder de su marido.

Oyá como diosa del río Niger es conocida como la diosa de los nueve rostros (alusivas a las nueve desembocaduras del río Niger). El Niger era la entrada y salida del comercio en la región, por tanto Oyá es vista también como la diosa del mercado o comercio, pero en la tradición americana Oyá es vista como la que conecta a los afroamericanos con la tierra madre (África); en este caso el comercio y la negociación se ven como la relación con los ancestros; por ello Oyá se vuelve además en la única diosa con la fuerza de detener a los Eggun (espíritus de los muertos), ello la vuelve también una diosa infernal y guardiana de las puertas del cementerio (la entrada al mundo de los muertos). Por otra parte Oyá como diosa atmosférica es la primera en enterarse de lo que acontece en la tierra y se convierte en la mensajera de Olodumare, llevándole noticias de todo lo que acontece. Oyá como bruja es falsa y mentirosa, y no es una mujer fiel, tuvo amores con Oggun y otros dioses; eso según algunos provocó la rotura de su matrimonio. Aunque algunos señalan que sigue acompañando a Shangó cuando el dios de las tormentas sale por los cielos, pero que ya no es su esposa oficial.

La última de las esposas de Shangó fue Oshun, ella es la Venus entre los Orishas. Diosa de lo femenino, la belleza, la coquetería, la gracia, la sensualidad femenina y el amor. Mientras Yemanja se identificaba cada vez más con la imagen de la madre y se volvía diosa de las costas marinas, y sus hermanas pasaban a gobernar los lagos y las lluvias; Oshun se quedó como diosa de las aguas dulces que fluyen en el mundo, los arroyos, manantiales y ríos, personificando la fertilidad, la vida (el agua es vida); viviendo en los ríos y asistiendo a las parturientas. Como sus hermanas Oshun era considerada una bruja; capaz de resolver tanto, como de provocar riñas entre los Orishas y los hombres, al igual que Afrodita que despertaba pasiones entre hombres y dioses. Es amiga íntima de Eshu/Eleggua, quien la protege; y ella siempre acompaña a Yemanja. Se la representa como una mulata bella, simpática, buena bailadora, fiestera y eternamente alegre, con el persistente tintineo de sus campanillas.

Oshun

Oshun es en la mitología Yoruba la diosa del amor, la intimidad, la belleza, la riqueza y la diplomacia. De acuerdo a los ancianos, Oshun es la ‘madre invisible presente en todas las reuniones’, porque ella representa las fuerzas cosmológicas del agua, la humedad y la atracción. Por lo tanto, es omnipresente y omnipotente. Según los antiguos, era la única mujer entre los 401 enviados desde el reino espiritual para crear el mundo. Como tal, es venerada como la dulce madre de todos nosotros. Según algunas tradiciones cuando los varones se burlaron de la femineidad de Oshun, ella quitó el aché (el poder del nacimiento, gestación, creación) a todos los hombres. Estos arrepentidos suplicaron a la diosa, y la creación no comenzó hasta que Oshun dio a luz a su primer hijo. Este hijo se convirtió en Eleggua, el gran conducto de aché en el Universo y también lo eterno y lo finito o mortal. Así Oshun es madre de todas las cosas.

Oshun es llamada ‘la que tiene orejas‘, debido a la rapidez y eficacia que responde a las oraciones. Cuando ella entra en sus seguidores, ella baila, coquetea y luego llora, porque nadie puede amar lo suficiente al mundo y no ver la belleza que ella sabe que podría ser. Oshun es benéfica y generosa, y muy amable, pero tienen un temperamento terrible, aunque es difícil provocar su ira. Oshun gobierna las aguas dulces (ríos y arroyos). Sus ofrendas preferidas son la miel, joyería de cobre o monedas en múltiplos de cinco. Ella está asociada con Santa Cecilia, y en el Lucumí con la Virgen de la Caridad del Cobre, la protectora de Cuba. Sus colores son amarillo y oro. En el vudú, Oshun ha sido reemplazada por Erzulie. A diferencia de su predecesora Erzulie usa colores en tonos de color rosa. Erzulie tiene un aspecto más vengativo, es de naturaleza más despiadada cuando se enoja, pero sobre esta diosa trataremos más adelante con más detalle.

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