Los números – Naturaleza, alegorías y más (Segunda Parte)

Números binarios mayores de 21

Después del veintiuno pocos números han alcanzado importancia o simbolismo. Los números compuestos binarios se definen entre el 10 y el 99, su simbolismo obedece entendiendo que el primero actúa como el dominante y el segundo como el que apoya o acentúa al anterior. Los números formados por dígitos iguales se llaman números maestros y refuerzan el significado del dígito; muchas veces magnificando sus consecuencias o malas influencias.

El veintidós, el número de los caminos
El veintidós representa el número de los caminos, en la Cábala; los 10 sefirots (centros de poder/fuerza) se unen con 22 caminos. Hay 22 letras en los alfabetos hebreo, fenicio, etrusco, copto, caldeo, y otros alfabetos antiguos del oriente.

Es el segundo número maestro; el doble dos potencia lo femenino; la intuición, la capacidad de probar lo nuevo.

El Corán fue dado al profeta en el trascurso de 22 años, del 610 a 632 d.C.

22 son las cartas de los arcanos mayores, si se incluye la carta del Loco, cuyo valor es 0, quien no sabe nada, o 22, quien tras aprenderlo todo busca algo más.

22 representa en la Biblia la desobediencia y el desorden, al duplicar el 11 (el pecado y la transgresión). Ejemplo fueron los reyes israelitas Jeroboam I y Acab, quienes reinaron cada uno 22  años, ambos fueron reyes terribles y pecaminosos, re-introduciendo cultos de dioses semitas en el pueblo de Israel.

El veintitrés, el número hermético
El veintitrés es el primo más pequeño para el que la suma de sus dígitos es un primo impar; y el número primo más pequeño formado por dos dígitos consecutivos. El alfabeto romano tenía 23 letras (no incluía la J, U y W).

Los humanos tienen 23 pares de cromosomas, la Tierra tiene una inclinación cercana a 23°, con 23 puñaladas mataron a Julio Cesar, por eso y más cosas el 23 obsesiona hoy a muchos buscando su presencia en relaciones ocultas 23 en todo.

En oriente es el número del caos y la desintegración; es la casa que sin darnos cuenta tiene grietas y puede caernos encima sin saberlo.

 
El veinticuatro, el número de la totalidad
  El veinticuatro es el doble de la cantidad cósmica (12), hay 24 horas de un día completo (12 día y 12 de noche). Se relaciona con la disciplina, la severidad y el poder. Representa a la Iglesia completa: las 12 tribus de Israel y los 12 apóstoles. Hay 24 ancianos sentados alrededor del trono de Dios en el Apocalipsis.

La biblia hebrea tiene sólo 24 libros; de los 33 milagros de Jesús, 24 fueron curaciones; por ello y más, se toma al 24 como signo de la totalidad.

El alfabeto griego tiene 24 letras y hay 24 runas.

24 quilates señalan que es oro puro.

Los japoneses, chinos y persas dividían el año en 24 partes de 15 días.

El cuerpo humano contiene 24 elementos.

El veinticinco, el número del movimiento
El veinticinco es el cuadrado del cinco; como los cuadrados potencian, el 4 (cuadrado de dos) potencia la creación dando origen a la materia, el 9 (cuadrado del tres) potencia lo espiritual dando origen a la imaginación; el 16 (cuadrado del cuatro) potencia lo material, el 25 potencia al hombre y a la vida; implica movilidad, libertad y búsqueda del ser (de descubrir quien eres). Se identifica con el argonauta; que es el viajero que afronta las dificultades y sale adelante en las pruebas que depara el destino.

25 años de matrimonio son las Bodas de Plata, era (en tiempos antiguos) la primera vez que una pareja celebraba su aniversario con la comunidad, para marcar el logro del primer cuatro de siglo juntos.

Abraham esperó 25 años el nacimiento anunciado de Isaac.

 
El veintiséis, el número de la expansión
  El veintiséis es el número de letras del alfabeto latino moderno; que tomo 21 letras del alfabeto etrusco (tenía 22 como los fenicios) y de los griegos añadieron la ‘Y’ y la ‘Z’; en la Edad media se sumaron la ‘J’, ‘U’ y ‘W’ para completar las 26 actuales. No se cuentan letras especiales en idiomas particulares como la ‘Ñ‘ española, la ‘ß‘ alemana, la ‘£‘ polaca, la ‘Ç‘ portuguesa, la ‘Æ‘ francesa, la ‘Ø‘ noruega, o las ‘þ‘ y ‘Б del antiguo ingles; por citar ejemplos. No tiene ningún simbolismo especial, pero se asocia con la expansión, valido si de considera que el alfabeto latino es el más usado y conocido en el mundo.

Entre Adán y Moisés hubo 26 generaciones.

Se especula que Jesús tenía 26 años cuando murió su padre José .

El veintisiete, el número de la espiritualidad
El veintisiete es el resultado de 3x3x3, es la segunda cantidad cubica, que lo relaciona así con la espiritualidad; también se vincula con la salud, la sanación, y las medicinas alternativas. Se refuerza la idea con el hecho de que hay 27 libros en el Nuevo Testamento y son los días que tardan las células humanas en regenerarse.

Es el número de días que la Luna hace un periodo orbital sideral completo; y no confundirlo con el periodo entre Luna Llena y Luna Llena que dura 29,5 días.

Según Mateo, hubo 27 generaciones entre David y Jesús. (Aquí no todos se ponen de acuerdo, variando las cifras entre 26 a 28 generaciones, según cómo y quién las cuente).

 
El veintiocho, el número de la consumación
  El veintiocho es cuatro veces siete, se asocia al ciclo lunar completo (de Luna Llena a Luna Llena) y el ciclo de menstruación femenino. Es el segundo de los números perfectos (igual a la suma de sus divisores 1+2+4+7+14=28) y el resultado de sumar los primeros siete números (1+2+3+4+5+6+7=28); estar asociado al ciclo lunar hizo pensar a muchos que debía ser algo más que simple coincidencia, y que estaba en ello la mano de Dios.

El alfabeto árabe tiene 28 letras.

Cada 28 años se repiten las mismas fechas; la explicación es que a dividir 365 días entre los 7 días de la semana sobra un día; y cada año el calendario avanza un día; así que cada siete años deberían repetirse las fechas, pero al haber años bisiestos cada cuatro año, el calendario se mueve dos días esos años; luego el mínimo común múltiplo de siete y cuatro es 28. (Años normales se pueden repetir cada 5,6 u 11 años según los años bisiestos atravesados)

El treinta, el número de días de mes
Treinta son los grados de cada signo zodiacal en el cielo (12×30°=360°); el treinta tiene siete divisores naturales (1, 2, 3, 5, 6, 10, 15).

Treinta días dura el mes promedio, y entre los pueblos antiguos (egipcios, babilonios, y otros) tenían doce meses de 30 días y al final del año se agregaban cinco para celebrar el nuevo año.

A los treinta minutos las manecillas del reloj, tras haberse cruzado se encuentra apuntando en direcciones opuestas.

Es el inicio de la tercera decena (3×10) potencia la auto-expresión, el empuje, la intuición y la ambición.

Es la edad a la que Jesús empezó su ministerio; David empezó a reinar en Israel; y José salió de la cárcel para gobernar Egipto; como todas las decenas indica un comienzo, este asociado al 3×10, se vincula a un cambio en la espiritualidad.

 
El treinta y dos, el número de la amistad
  El treinta y dos es el resultado de multiplicar: 4×8; la materia y el equilibrio; es la primera cantidad multiplicada cinco veces: 2x2x2x2x2 = 25.

Se vincula a las relaciones sociales, las amistades y los negocios.

En oriente en el I Ching lo vincula también las relaciones, siendo el número de duración, el hombre noble no se desvía ni por el viento, ni por el trueno en su ruta, que son eventos pasajeros, pero siempre presentes.

El treinta y tres, el número del sacrificio
El treinta y tres es el tercer número maestro; después del 11 y el 22; si el primero refuerza el individualismo, el segundo lo femenino; este vinculado al tres divino refuerza lo espiritual, nos habla del amor, y el amor se mide en la entrega, el sacrificio y la compasión. 33 era edad de Jesús al morir y Jesús realizó durante su ministerio un total de 33 milagros. Entre los musulmanes la edad de los habitantes del cielo es en un eterno 33. El alfabeto ruso tiene 33 letras.

Es la edad que José tenía al casarse con María; y vivió hasta la edad de 60 años. (Otras fuentes apócrifas señalan que tenía 90 años y vivió hasta la avanzada edad de 110 años; algo dudoso dadas las crónicas y seguramente se le confunde con José, el hijo de Jacob).

 
El treinta y cuatro, el número de la melancolía
  El treinta y cuatro es en el I Ching el número del poder; el rayo que cae e ilumina los cielos; en occidente se ve también como el número asociado al poder de la realización del hombre; pero se asocia además a la tristeza y el aburrimiento.

En la obra la Melancolía de Durero se pone un cuadrado mágico esotérico de 4×4, este tiene por constante mágica 34; hay 440 soluciones posibles y era un recurso que los médicos recomendaban a los pacientes para mantenerlos ocupados (el Sudoku de la época).

El treinta y cuatro fueron los años del ministerio de Pedro el Apóstol.

Como curiosidad en la obra de Dante, la Divina Comedia; el cielo y el purgatorio tiene 33 cantos, pero el infierno tiene 34, juntas todas completan cien cantos.

El treinta y cinco, el número de la tentación
El treinta y cinco es el resultado de multiplicar el cinco humano con el siete divino. Durante el ayuno de Jesús, en su día treinta y cinco, permitió al demonio que se le acercara para que lo sedujera, de ahí su significado en occidente es el de la tentación.

En el I Ching de oriente el treinta y cinco simboliza el progreso, es el fuego (sol) que se eleva presuroso por el horizonte, naciendo por el horizonte de la tierra.

 
El treinta y seis, el número del cielo
  El treinta y seis es el resultado de multiplicar el número cósmico (la docena) por la trinidad (3); representa el cielo mismo. Es el sexto de los números cuadrados (6×6 = 36); es la perfección y el equilibrio multiplicados por si mismo; por tanto se vincula a la paz y la tranquilidad.

Treinta y seis es el número de cartas de la baraja germana (alemana).

Los números sumados del 1 a 36 dan 666, por ello a veces se asocia esta cantidad con el demonio.

La astrología china cuenta con 36 estrellas beneficiosas y 72 estrellas maléficas, su suma da el número sagrado en oriente, el 108.

El treinta y nueve, el número de la maternidad
El treinta y nueve es el resultado de sumar los primeros cinco primos impares consecutivos (3+5+7+11+13); y es el producto del primer y último primo de la secuencia (3×13) y el resultado de sumar el tres elevado a 1, 2 y 3: (31 + 32 + 33 = 39). Es el número de semanas de gestación de una mujer; por tanto se vincula a la maternidad.

Entre los judíos hay treinta y nueve trabajos que no pueden realizarse en sábado.

 
El cuarenta, el número de la purificación
  El cuarenta es una frontera de tiempo para el cambio, la purificación y la iluminación. Por 40 días y 40 noches llovió sobre la tierra; 40 días permaneció Moisés en el monte Sinaí por las tablas de la ley; 40 años vagaron los israelitas por el desierto; 40 días ayunaron Jesús y Buda en antes de empezar sus ministerios.

40 años gobernaron David y Salomón (otras fuentes señalan al primero 44 y al segundo 36 años).

40 años tenían Buda y Mahoma al iniciar su predicación.

Hay 40 días entre el final de las fiestas de carnaval y el inicio de la pascua, es la cuaresma.

Hoy se mantiene como norma 40 días de cuarentena.

El cuarenta y dos, el número sagrado del antiguo Egipcio
El cuarenta y dos es el producto de seis por siete; y tuvo importancia en el antiguo Egipto, que estaba dividido en 42 provincias, y había 42 jueces juzgando el alma del difunto tras su muerte; y 42 preguntas debía responder el alma en su viaje por el más allá. En Japón se considera un número de mala suerte por sonar igual a su palabra muerte.

En el libro de las Revelaciones de Juan (Apocalipsis), 42 meses (3 años y medio) la bestia reinara sobre la Tierra.

Como cosas curiosas: en 42 minutos se recorren en caída libre y sin fricción la distancia entre dos puntos cualesquiera que atraviesen la Tierra; el primer libro impreso, la Biblia de Gutenberg tenía 42 líneas por pagina; un Maratón se corren 42 km y 42 galones americanos son un barril de petróleo.

 
El cuarenta y cinco, el número de la solidaridad
  El cuarenta y cinco es la suma de todas las cantidades escrita con un dígito: 0+1+2+3+4+ 5+6+7+8+9 = 45. Es el resultado de 5×9, lo humano multiplica lo espiritual; se vincula con la solidaridad y la ayuda al prójimo.

El cuarenta y cinco grados marcan la mitad del ángulo recto; y en la rosa de los vientos las direcciones intermedias: Noreste, Noroeste, Sureste y suroeste; se traduce que los asuntos de la materia (lo horizontal) y el espíritu (lo vertical) no se encuentran dominados, y que hay desequilibrio entre ambos aspectos.

Como cosa curiosa la palabra ‘fidelidad‘ es mencionada 45 veces en la Biblia.

El cuarenta y ocho, el número del más allá
El cuarenta y ocho es el resultado de multiplicar el cuatro terrenal con el 12 divino; se le vincula con lo subterráneo y los mensajes del más allá. También es el producto del seis perfecto y el ocho del equilibrio.

En la antigüedad había 48 constelaciones, 24 en el hemisferio norte, 12 en el zodiaco y 12 en el hemisferio austral; y la astrología era (y es) un arte adivinatorio inspirado en los movimientos de los objetos en los cielos divinos.

Es el número completo de cartas de la baraja española (la versión pequeña omite el 8 y 9, quedando un paquete de 40).

 
El cuarenta y nueve, el número de la ley
  El cuarenta y nueve es el resultado del cuadrado del siete; lo divino y el conocimiento multiplicado por si mismo, representa el final de un ciclo completo elevando a su máxima energía. Es el saber mismo llevado al desarrollo máximo, en lo material es la ley física, y en lo humano es la ley jurídica.

En el I Ching el 49 representa la muda, la revolución; arriba el lago, abajo el fuego, cada uno tratando de acabar con el otro.

49 años tenía María a la muerte de Jesús.

El cincuenta, el número de las metas alcanzadas
El cincuenta es 10×5; representa así el alcanzar un logro muy deseado en la vida, es el número de años de las Bodas de Oro; es llegar al medio siglo como pareja, es el segundo aniversario que una pareja celebra con sus amigos y la comunidad; todos los otros son sólo con la familia. En el I Ching representa a la caldera, lugar donde se cocina y preparan los alimentos; es el fuego alimentado por la viento abajo; representa el sacrificio dado a Dios.

El escape de la sagrada familia a Egipto duro cincuenta días.

En los mitos griegos 50 eran las Nereidas, 50 fueron los héroes que viajaron en el Argos a buscar elvellocino de Oro; 50 hijos tuvieron los reyes: Príapo, Lycaón y Egipto, y 50 hijas tuvo el rey Danao.

 
El cincuenta y dos, el número de semanas del año solar
  Cincuenta y dos es el resultado de multiplicar 13×4 = 52; el es el número de cartas de la baraja francesa/inglesa (eso sin incluir los dos comodines que introdujeron a la baraja los norteamericanos); y es la baraja más conocida del mundo. Su suma da siete (5+2 = 7) por eso se le vincula con la buena suerte, el desterrar lo malo; el poder predecir y actuar en consecuencia.

En oriente es la imagen de dos montañas, lo inmóvil, principio y final de todo movimiento; donde se lleva a cabo la meditación.

Hay 52 semanas en un año solar.

Entre los pueblos de Mesoamérica hay un ciclo de 52 años donde el calendario solar se igualaba al calendario lunar.

El cincuenta y cinco, el número de la Virgen
Cincuenta y cinco es el quinto número maestro binario; representa la vibración de la magia y del hombre. Es el tiempo en años que trascurrió entre la anunciación a María del nacimiento de Jesús hasta su asunción, y fueron esos los dos momentos de mayor sorpresa en su vida.

Los rosarios a la Virgen y a la Sagrada familia suelen tener 55 piedras, en honor a María.

 
El cincuenta y seis, el número de la experiencia humana
  Los cuatro palos de la baraja del Tarot esta formada por los número del 1 a 10 más cuatro cartas reales o figuras (siervo, caballero, dama y rey), esto es 14×4 = 56; ello se asocia y representa la experiencia humana. La baraja anterior redujo para jugar una figura (la dama en las barajas españolas y germanas, y el caballero en la francesa-inglesa), quedando 52 barajas en el paquete.

Los españoles vieron que el rey valía ahora 13, para evitar eso, eliminaron el 10, quedando su baraja con 48 cartas; lo alemanes fueron más lejos quitando además el 2, el 3 y 4, y su baraja termino con 36 cartas.

El sesenta, el número de minutos y segundos
Sesenta es la base de un sistema numérico de origen sumerio, que tuvo ventaja sobre el decimal (de base 10), por su cantidad de divisores, que lo hacia muy útil con las cantidades quebradas; hoy los restos de este sistema lo tenemos al dividir las horas y los grados en 60 minutos y los minutos en 60 segundo. En el triangulo equilátero todos sus ángulos miden 60°; y es el producto de 3x4x5.

En oriente el I Ching define al sesenta como el número de los limitado; es el lago que se desborda al entrar más agua a su cuenca.

Sesenta discípulos tuvo Buda, que se dispersaron por el mundo para difundir su palabra.

Es el número de años del ciclo completo del calendario lunar chino; vinculado a los animales del zodiaco chino (12) y los cinco elemento en oriente (agua, fuego, aire, madera y metal)

 
El sesenta y tres, el número de casillas del juego de la Oca
  Sesenta y tres es el resultado de multiplicar el siete del conocimiento por el nueve de lo realizado (7×9 = 63); se ve como el final de un ciclo de aprendizaje y a un paso de entrar en el 64; que es la totalidad del conocimiento en el oriente (I Ching) y la vuelta a empezar.

Hay sesenta y tres casillas en el juego de la Oca, cada una con un significado masónico. Este juego que se juega con la piedra cúbica (dado), que es un símbolo masón y las sesenta y tres casillas representan las diferentes etapas de la vida humana.

El ganso representa el alma humana destinada a convertirse en el último cuadro en el cisne, símbolo hindú de la liberación kármica.

El sesenta y cuatro, el número del encuentro
Sesenta y cuatro es el resultado de la permuta de dos elementos (línea continua – línea quebrada) agrupados en grupos de seis. (26=64), es el tercer cubo (4x4x4) y el equilibrio multiplicado si mismo (8×8).

Sesenta y cuatro son los hexagramas en el I Ching; un método de adivinación chino inspirado en el Yin-Yang; que es la combinación en pares de los ocho trigramas chinos.

En el I Ching el 64 es la combinación del fuego sobre el agua, el primero sube, el segundo baja; los poderes elementales se alejan uno de otro; es volver a comenzar.

Sesenta y cuatro casillas tiene el tablero del juego de ajedrez; que es el lugar para el intercambio y la batalla.

 
El sesenta y cinco, la edad de la jubilación
  Sesenta y cinco es el número natural más pequeño que puede ser escrito como la suma de dos cuadrados enteros distintos: 82+12 = 72+42 = 65. También es igual a: 15+24+33+42+51 . El cuadrado mágico esotérico de 5×5 tiene por constante mágica al 65.

En la mayoría de los países, 65 se toma como la edad de la jubilación.

El sesenta y seis, el número de Alá
Sesenta y seis es el sexto número maestro binario. Entre los judíos el seis se vincula a lo inacabado, por ello el sesenta y seis aumenta esa sensación y se refleja en la tradición judía como una perdida en la fe.

En la tradición islámica, el nombre de dios (Alá) (Al-lah) vale 66; por ello hay un cuadrado mágico de 3×3 con constante mágica 66 que se usa como amuleto en todo el cercano oriente.

Baal el gran duque del infierno, manda sobre sesenta y seis legiones de demonios, el resto de los jefes infernales apenas si supera las treinta y rara vez llegan a más de cuarenta; es sólo superado por el rey Belethcon 85 legiones y el príncipe Bitru con 70 legiones.

 
El sesenta y nueve, el número del placer compartido
  El simbolismo del sesenta y nueve (69), se ve o interpreta como una pareja, con las cabezas de cada una girada a los pies de la otra; lo que traduce que ambos se dan y reciben el mismo placer; y esta asociación nace en la Europa de finales del siglo XIX pero toma importancia en el siglo XX, al finalizar la década de la liberación sexual (los años sesenta).

Como nota curiosa es el mismo símbolo que representa al signo zodiacal de Cáncer girado 90° e invertido en espejo; siendo este un signo zodiacal vinculado a la Luna, las emociones, la familia, la introspección.

El setenta, el número total del naciones (tras el Diluvio)
Setenta fueron los pueblos que se dispersaron tras el diluvio, hijos y nietos de Noé. Simbólica-mente San Lucas dice que Jesús eligió a 70 discípulos para enviarlos a todos los lugares, es una referencia a lo anterior, dispersar la fe por todos los pueblos del mundo.

Según las escrituras Jacob se mudo con toda su familia a Egipto, y eran un total de setenta.

Setenta años duro el cautiverio en babilonia.

Setenta años era la edad de María al ocurrir la Asunción.

La presentación de Jesús al Templo ocurrió a la semana setenta después de la anunciación.

Setenta vírgenes atendieron a Buda tras su nacimiento.

La momificación entre los egipcios tardaba e completarse setenta días.

 
El setenta y dos, el número de la confusión
Setenta y dos es el producto del ocho del equilibrio y el nueve de la inspiración (8×9 = 72), entre el orden antiguo y el caos de lo nuevo, dando por resultado una cantidad que se vincula a eso, la confusión; así setenta y dos fueron los idiomas tras la caída de la torre de Babel (según una tradición posterior); también es el número de los nombres de Dios según la cábala.

El ángulo en las puntas de la estrella de cinco puntas vale 72°.

Cada setenta y dos años la Tierra se mueve un grado respecto a las estrellas fijas por su movimiento de precesión.

Setenta y dos son las estrellas consideradas malévolas en la tradición china; y ese era el número de los discípulos de Confucio.

Setenta y dos fueron los cómplices que ayudaron a Seth a matar a Osiris.

El setenta y seis, el número del cometa
Setenta y seis es el número de años que en promedio tarda el cometa Halley en regresar de nuevo al sistema solar interior. Halley es el único de período corto que es visible a simple vista desde la Tierra, y también el único que quizás aparece dos veces en una vida humana.

La órbita del cometa Halley es muy elíptica, su distancia más corta al Sol es de 0.6 UA, entre las órbitas deMercurio y Venus, mientras que su mayor distancia al Sol, es de 35.3 UA, casi la distancia de la órbita media de Plutón.

Es una curiosidad por su órbita retrógrada, orbita en dirección contraria a los planetas, y pese a ser un cometa de periodo corto, su origen esta en la Nube Oort, quedo atrapado en el sistema solar interior por la gravedad de los gigantes gaseosos.

El estudio del Halley validó las leyes de Newton y permitió el avance de la ciencia y la física.

 
El setenta y siete, el número del perdón
  Setenta y siete es el séptimo número maestro binario; y es el producto del 11 del pecado con el 7 divino. Jesús dice que se deben perdonar hasta setenta y siete veces las faltas de los hermanos (algunas traducciones dicen setenta veces siete).

El evangelio de Lucas enumera setenta y siete generaciones desde Adán a Jesús.

Tras el asesinato de su hermano, Caín tuvo miedo de que otros lo asesinaran, y Dios dijo que esos serían castigados siete veces; uno de sus descendientes, Lamec, el primer polígamo bíblico (tuvo dos mujeres) les dijo a sus esposas que aquel que atentara contra él, por haber matado a un hombre y a un joven que lo agredieron, serían castigados, no siete, sino setenta y siete veces; justificando que a diferencia de su ancestro, él no mató por un acto deliberado, sino por defensa propia y es algo que estaba dispuesto a repetir.

El setenta y ocho, el número de la suma de todo el conocimiento
La suma de las cartas de los arcanos menores (56) más las veintidós cartas de los arcanos mayores (21 figuras, más el Loco (0) (que equivalente al comodín que agrego luego a la baraja inglesa) da un total de setenta y ocho cartas. Es la suma de los enteros del 1 al 12; interpretándose como el número motor de todo el cosmos (el conocimiento divino)

Los arcanos mayores representan el conocimiento en lo material, mental y espiritual; mientras que los arcanos menores son aspectos de la experiencia humanidad en sí; sus cuatro palos representaban: los oro a los negocios, las copas a la religión, las espadas a la política y las ideas, y los bastos al trabajo.

 
El ochenta, el número de los malos augurios
  Ochenta eran las edades de Moisés cuando hablo con el faraón, y de Daniel cuando fue llamado por Baltasar o Belshazar (Bel-Sharra-Usur), príncipe de Babilonia.

Las escrituras señalan que Baltasar profanó los vasos del templo de Jerusalén, para usarlos como servicio de mesa para sus cortesanos, se le apareció una misteriosa mano que dejó escritas sobre la pared unas palabras ininteligibles.

Daniel leyó el anuncio y que tal soberbia sería castigada con la muerte de Baltasar y la caída de su reino, cosa que ocurrió a las pocas horas con la invasión del rey persa Ciro el Grande.

Así en ambos casos el ochenta se vincula a la caída de un reino por la soberbia de sus gobernantes y a las voces no escuchadas que advierten sobre una desgracia inminente.

El ochenta y uno, el número de lo extraviado
Ochenta y uno es 9×9 y la segunda cuarta potencia (3x3x3x3=34); son las artes, la imaginación y la búsqueda de algo nuevo multiplicada por si misma; representa esa especie de exploración por algo que no se encuentra, pero sabemos que esta cerca; es el final de la conciencia, la perdida de algo.

En USA el 81 son las letras H y A, que son usadas como siglas para los Hell’s Angels (Ángeles del Infierno) un grupo de motociclistas.

En Japón es el número del casillas en el tablero del Shogi (el ajedrez japonés).

En China es un número perfecto, el nueve cocinado por nueve días da la píldora de la inmortalidad; en el mito al arquero Houyi los dioses le regalan dos píldoras (o pociones) de la inmortalidad; su mujer la bebe sin saber y asciende a los cielos, dejando a su esposo atrás, y ella se trasforma en la diosa de la Luna. (El 81 es el espejo del 18, el número de la Luna).

 
El ochenta y ocho, el número de las preparaciones
  Ochenta y ocho es el octavo número maestro, el ocho se vincula a lo infinito (el símbolo del infinito es un ocho girado 90°); el 88 simboliza los dos sentidos de lo infinito, lo infinitamente pequeño y lo infinitamente grande. También señala que una fase de la vida esta a punto de terminar, y hay que prepararse para la próxima.

Para lo chinos significa la buena suerte o fortuna, ya que suena como su palabra riqueza; también significa adiós en forma reducida en los mensajes de texto de celulares, (escribir 88 en vez de 8181 que es como suena ‘adiós’ en chino mandarín)

Hoy se tiene ochenta y ocho constelaciones en el cielo; y el periodo de traslación del planeta Mercurioalrededor del Sol es de 88 días.

El noventa, el número del equilibrio
Noventa grados miden el ángulo recto; si un circulo se divide en cuatro partes, cada parte mide 90°; el cuadrado tiene lados que forman 90° entre si. Indica que se ha alcanzado un equilibrio entre la materia (lo horizontal) y el espíritu (lo vertical).

En un cambio en la dirección es girar a la derecha o la izquierda; siendo en transito señal de curva peligrosa.

La máxima latitud en grados son: 90°Norte y 90°Sur.

En el beisbol la distancias entre las bases en las grandes ligas son de 90 pies; y en el futbol es la duración en minutos de un partido.

María acompañó a Elizabeth durante 90 días hasta el nacimiento de Juan el bautista.

 
El noventa y dos, el número del Uranio
  Noventa y dos es el número atómico del mayor átomo que existe de forma natural en la naturaleza, el Uranio.

El Uranio se utiliza en la fabricación del Plutonio (número atómico 94), y ambos se usan en centrales nucleares y la fabricación de bombas atómicas, así que modernamente se asocia con la radiación, la guerra nuclear, la muerte y la destrucción.

El periodo de semi-desintegración (reducirse a la mitad por la transformación radiactiva) del Uranio es aproximadamente 4500 millones de años (esto es la edad de la Tierra); por el contrario en el Plutonio su periodo de vida media es poco más de 24 mil años; el plutonio producido por el hombre seguirá en el mundo al menos 25 millones de años más.

El noventa y nueve, el número de lo incompleto
El noventa y nueve es el último entre los de los números de dos dígitos, y el último entre los números maestros binarios. Es casi la culminación de la primera centena , pero se ve y siente que todavía falta para alcanzar una cifra entera múltiplo de diez; por ello transmite la sensación de que estamos faltos de algo, de sentirse incompleto; lo positivo del nueve se invierte en el doble nueve, y donde antes es dar el paso para avanzar, aquí el deseo de hacerlo se transforma en obsesión y compulsión.  

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