Las diosas Euribía, Estigia y Hécate

El relato sobre las diosas del Destino, a quienes Homero reúne en el singular Moira Krataia, “la potente Moira”, debe ser seguido por una historia de las diosas que también fueron notables su fuerza o por su especial relación con seres que significan fuerza. Ellas forman un grupo accidental de tres, aunque no del todo incidental puesto que Hesíodo las une en parentesco.

Euribía era una diosa “de amplia fuerza”, como lo dice su nombre. Bia significa “fuerza” y es palabra sinónima de Kratos, “poder”. Se suponía que Euribía era una hija de Gea. Pero su padre fue el Mar, Ponto. Sus hermanos fueron Nereo y Forcis, dos “Ancianos del Mar”, y Taumante, cuyo nombre significa “Prodigio del Mar”. Su hermana era Ceto, la diosa de hermosas mejillas, cuyo nombre significa “Monstruo del Mar”. Euríbía tenía un corazón de acero. Dio hijos a Crío, cuyo nombre significa “el Carnero del Cielo” y quien fuera uno de los dos titanes que no esposaron titanesas. La de acerado corazón fue sin embargo casi una titanesa. Sus hijos son de naturaleza parecida a la de los titanes: Astreo, “el Estrellado”; Palas, el esposo de Estigia; y Perses, el padre de Hécate.

Estigia es para nosotros un nombre odioso; está asociado a stygein, “odiar”. Es el nombre del río que circunda y confina nueve veces al Inframundo. La fría catarata del elevado Monte Aronio en Arcadia fue llamada Estigia por el río del Inframundo, no a la inversa. Se decía que Zeus engendró en la diosa del mismo nombre a Perséfone, la Reina del Inframundo. En Hesíodo la diosa Estigia es la más poderosa de las hijas mayores de Océano .y Tetys. Se contaba que Estigia concibió de Palas a Gratos y Bía (“Poder” y “Fuerza”), junto a Zelos y Nike (“Ardor celoso” y “Victoria”). Los dos primeros nunca abandonaban a Zeus ya estuviera éste en casa o durante sus viajes. Eso lo obtuvo Estigia el día en que el Olímpico pidió a todos los dioses que lo ayudaran contra los titanes y les dijo que ninguno carecería de recompensa u honor si lo ayudaban: todo el que tuviera ya un rango o dignidad particular lo mantendría, y aquel que no tuviera ninguno bajo Kronos recibiría ahora algún rango apropiado. Estigia fue la primera en alinearse con Zeus, junto con sus hijos. Tal fue su sabiduría, heredada de su padre Océano. Y Zeus realmente la honró y la premió con largueza: Estigia se convirtió en el gran Juramento de los dioses. Ni siquiera los mortales se atreven a perjurar por Estigia. Ella quedó asociada al Inframundo, jamás se volvió diosa olímpica. El significado del juramento tomado en nombre de las aguas del Estigio será explicado más tarde cuando me toque contar la historia de Iris. Lo cierto es que los hijos de Estigia se convirtieron en los compañeros constantes del Señor de los dioses. Se recordará que en la tragedia de Esquilo Prometeo encadenado, Gratos y Bía aparecen como asistentes de Zeus. Por otra parte, la diosa alada Nike estaba asociada muy estrechamente con la hija de Zeus, Palas Atenea.

La tercera divinidad de este grupo nos fue siempre más cercana, pese a que su nombre tal vez significa “la distante”: Hécate. No es sólo su nombre lo que la relaciona con Apolo y Artemisa (a quienes también se llamaba Hécatos y Hécate), sino también su origen familiar, si Hesíodo está en lo cierto al relatarlo. En otra parte se sostiene que “La Diosa potente” en su reino triple ella fue una de las hijas de Noche. Empero Hesíodo nos da la siguiente genealogía: la pareja titánica de Febe y Ceo tuvo dos hijas: Leto, la madre de Apolo y Artemisa, y Asteria, una diosa astral que concibió a Hécate de Perse o Perses, el hijo de Euribía. Hécate es por tanto prima de Apolo y de Artemisa y al mismo tiempo una reaparición de la gran diosa Febe, cuyo nombre los poetas dan con frecuencia a la luna. De hecho, Hécate solía aparecérsenos portando una antorcha como diosa lunar, mientras que Artemisa nunca lo hizo, si bien también ella a veces lleva una antorcha. Hesíodo procura distinguir más aún a Hécate de Artemisa subrayando repetidamente que la primera es monogenes, “hija única”. En este sentido se parecía también a Perséfone, la diosa del Inframundo. Por lo demás, Hécate era una diosa triple, todopoderosa. Zeus la reverenció por encima de todas las otras y le permitió tener parte en el dominio de la tierra, del mar y del cielo estrellado; o mejor dicho, no la privó de este triple honor, del que ella ya disfrutaba en la época de los dioses iniciales, los titanes, sino que le dejó retener lo que se le había concedido en la primera distribución de honras y dignidades. Ella era por lo tanto una auténtica titanesa de titanes, aunque esto no se declare nunca expresamente. Por el contrario, se dice que ella es aquella Krataiis, “la Potente”, quien dio a Forcis por hija al monstruo marino Escila.

Se cuentan historias de sus amoríos con dioses del mar: en particular con Tritón, a quien Hesíodo llama euybias, “de amplia fuerza”. Aparte de esto, se decía también que Hécate era señora del inframundo y que cada noche merodeaba a la cabeza de un enjambre de fantasmas, acompañada por ladridos de perros. Se le llamaba incluso Perra y Loba.

Ella estaba literalmente cerca de nosotros, en el sentido de que se erguía ante las puertas de la mayoría de nuestras casas con el nombre de Prothyraia, la diosa que ayudaba a las mujeres en el parto (o que las oprimía a veces cruelmente); y podía también ser vista en encrucijadas de tres caminos, donde se erigían imágenes suyas: tres máscaras de madera rematando un poste, o una estatua de tres ángulos con tres caras mirando en tres direcciones. Describir cómo y con qué propósitos era invocada por las mujeres nos llevaría al terreno de la hechicería; y yo me propongo mantenerme, tan escrupulosamente como me sea posible, dentro de los límites de la mitología.

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Texto original de: Karl Kerényi –Los dioses de los griegos- Editorial Monte Avila Editores Latinamerica – 1999 (edicion original Thames and Hudsob 1951) Caracas Venezuela Paginas: 41 a 44

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