Hombres pulpo (2) Cecaelia y los Cilophytes

Una Cecaelia (pronunciado cecilia —seh-SAY-lee-ahh—) es un ser mitológico moderno que aparece ocasionalmente en el arte (sobre todo el japonés), la literatura fantastica y los juegos de rol y multimedia. Es un ser que combina la cabeza, los brazos y el torso de una mujer o (más raramente) un hombre y desde la parte cintura hacia abajo tiene tentáculos de un pulpo o calamar; y aunque se asocia a las sirenas o tritones, es una especie diferente.

Otros términos utilizados para referirse a la especie son “pulpo-sirena”, “octo-sirena“, “octo-humano“, “homo-octopoda” y variantes del mismo. Si bien el término de sirena se traduce a “doncella del mar“, las cecaelia, son —sobre todo después de la Sirenita de Disney— identificadas más genéricamente como “brujas del mar” o “demonio del mar“.

El origen del nombre de esta quimera moderna es reciente y deriva principalmente de la pronunciación distorsionada de un personaje en un cómic en blanco y negro de la revista Vampirella Magazine a principios de 1970, donde muestra a una híbrido entre mujer y pulpo llamada “Cilia“, quien llama a los suyos como cilophytes (del griego xilon que traduce madera y del griego futon que traduce planta; aquí este nombre no tiene relación con nada marino; algo así como los centauros, hombres caballo no tienen nada de toros, salvo que su nombre significa “mata toros”. La historia de Cilia es como sigue:

El buque de vela de madera de Davy Jones (fíjese en el nombre), naufraga y los dos únicos supervivientes del accidente son llevados a una isla solitaria por una desnuda cecaelia. Tras despertar en la costa, el capitán comienza a buscar ayuda y alimentos, llegando a la cecaelia que llora en la playa. Inicialmente temeroso de su apariencia, ella habla con él y le indica que los rescató a ambos, se describe como una cilophyte y que su pueblo ha salvado a muchos marinos de ahogarse en el mar. Le indica que ella los ayudó, pero se ha separado de su grupo mientras los ayudaba y por eso lloraba.

La cecaelia ayuda a los dos marinos a buscar comida y medicinas; y el capitán se va enamorando de la criatura. Finalmente son rescatados y ella está de acuerdo en acompañar al capitán hasta Inglaterra, ocultando su cuerpo de pulpo debajo de un largo vestido negro.

Tras regresar a Inglaterra, historias en la gente del pueblo y en los pescadores empiezan a formarse alrededor del capitán y su nueva esposa; que pasa largos períodos de tiempo sin aparecer en público. Finalmente, un pequeño grupo de pescadores secuestra a Cilia. Días más tarde revelan de forma anónima al capitán donde está su esposa. Este llega a las rocas donde estaba encadenada y cruelmente humillada y golpeada; las lecciones de Cilia son tan graves que muere en los brazos del capitán. Él afectado por el dolor, que lleva su cadáver de su mujer al agua y se ahoga para acompañarla.

Días después un barco encalla durante una noche de tormenta cerca de la aldea, donde el capitán y Cilia habían vivido. Cuando el grupo de rescate llega, descubren que todos los marineros a bordo, entre ellos los que secuestraron a Cilia, han sido torturados, mutilados, desmembradas literalmente sus extremidades.

En el cuento anterior vemos a las cecaelias como seres más similares a tritones; recordemos que las sirenas atrapaban a los marineros con sus cantos para llevarlos a su mundo subacuáticos; si bien no son descritas con los poderes de las brujas marinas, al final de la historia esta especie muestra otra cara; una donde parecen controlar las tormentas y no tienen miedo de atacar a los humanos.

Las brujas del mar son frecuentes en muchas historias del folklore inglés; vinculadas a la luna, las mareas y el clima, sobre todo el control de los vientos. Así como los antiguos griegos el mar era su fuente de vida; para los ingleses, con su imperio de ultramar era importante también; por ello marinos y capitanes recurrían a estas mujeres para al igual que Eolo con Odiseo, les diera algo para tener controlado los vientos; algo común de muchos cuentos era una cuerda atada en tres nudos, que las brujas a menudo venden a los marineros para ayudarlos en un viaje. Soltar el primer nudo podría producir una suave brisa del sureste, soltar dos podría traer un fuerte viento del norte; no digamos lo que ocurre al soltar los tres nudos.

Los Cilophytes o octofolk (forma inglesa para decir pueblo pulpo, así como merfolk es la población de los hombres peces); son descritos con torsos humanos mientras que su mitad inferior se asemeja a la de un pulpo, con ocho tentáculos poderosos, no con seis como con la Ursula de Disney. Los juegos de cartas, literatura fantástica y otros señalan que las Cecaelias puede respirar en el aire y en el agua; son por tanto anfibios, a diferencia de gente del agua (merfolk, sirenas, tritones) que son totalmente acuáticos.

En tierra, los Cilophytes se arrastran lentamente por el suelo con sus tentáculos, pero son elegantes y ágiles en el agua. Son vanidosos y no les gusta que otras razas vean que son torpes en tierra. Tienen la piel delicada y corren el riesgo de deshidratación si se quedan en la tierra más de un día. Suelen ser descritas como seres notoriamente egoístas y egocéntricas.

Aunque las Cecaelias parecen pulpos, no están relacionados con la especie y se ofenden cuando otras razas las equiparan a los pulpos. A diferencia de los cefalópodos, los Cilophytes no puede cambiar de color, a menos que lo hagan utilizando magia. Ellas no tienen bolsas de tinta y son descritas con una piel en su parte humana de color muy palido que va del lavanda, pasando por el azul hasta a un verde agua; con frecuencia tienen el pelo blanco, aunque puede ser morado, azul, verde o naranja; su parte inferior es completamente negro (influencia de la Ursula de Disney), aunque otros autores señalan que los rangos de color de su parte pulpo van tonos apagados de violeta, verde o naranja.

Las hembras adultas miden unos 8 pies de altura (unos 2,5 metros) y puede llegar a pesar hasta 500 libras (225 kg). Los Cilophytes machos son más pequeños rara vez llegando a 6 pies (1,80 metros) y un peso de no más de 250 libras (115 kg). Las Cecaelias puede vivir hasta 150 años de antigüedad, aunque los machos rara vez sobreviven más allá de su primera temporada de reproducción. La mayoría de los Cilophytes nacen hembras. Las familias en los periodos de reproducción y crianza constituyen pequeños “pueblos” en las zonas someras. Pero los Cilophytes generalmente viven vidas solitarias, se reúnen sólo para aparearse antes de volver a su forma solitaria. El Cilophytes macho a menudo muere a los pocos meses después de aparearse, dejando a la Cecaelia encargada de los niños; quienes maduran con rapidez y son autosuficientes a los 10 años.

Ambos sexos se caracterizan por su pasión por todo lo mágico de la naturaleza. Muchos Cilophytes han creado objetos mágicos únicos. Los Cilophytes a menudo comercian sus pociones mágicas con otras criaturas submarinas inteligente en particular con sirenas, tritones y sahuagin (una raza de hombres peces en las historias de calabozos y dragones) de objetos mágicos, sin relación con la intensiones y bando del comprador.

Los Cilophytes prefiere tener aliados que les deban un favor o dos; y nunca hace un negocio a menos que esté seguro de que es mejor para sí que para la otra parte. Si un acuerdo parece ser desventajoso, el Cilophyte se retira sin remordimientos, incluso si tiene que inventar una excusa. Los Cilophytes son muy diferentes al resto de la gente del agua; prefieren la costa al mar abierto. Tienden a ser amables, gentiles y tímidos, a veces. Valoran la inteligencia y la razón, no le gusta que la violencia innecesaria; pero en la lucha los Cilophytes normalmente lo hacen directa y brutalmente, para sacar el mayor provecho de sus ataques múltiples; pero aun así sus tentáculos pueden sufrir daños y por ello trabajan con hechizos como si fueran brujos de alto nivel.

Algunas veces nacen entre los suyos Cilophytes con la rara capacidad de lanzar una nube de tinta como un pulpo. Esta capacidad es considerada una deformidad en la sociedad Cilophytes; y los que sabe tienen que esta deformidad son generalmente rechazados, aunque la mayoría logra ocultar esta característica de sus congeneres; ya que emitir una nube de tinta negra azabache oscureciendo todo alrededor un radio de 10 pies (3 metros) proporciona ocultación total, que normalmente el Cilophytes usa para escapar de una batalla perdida. Esta ventaja puede suponer que es más una generalidad que una anormalidad y guardar el secreto puede ser cuestión de supervivencia.

El origen de los Cilophytes no está claro; algunos creen que fue una rama de la gente del agua que se separó por un evento geológico, dando lugar a una evolución diferente, muy posiblemente influido por arte de magia. En historias de calabozos y dragones; se señala que una Cecaelia llegó una vez a la costa herida, y la población del lugar la cuidó; en agradecimiento ambas poblaciones (humanos y Cilophytes) entraron en contacto y se ayudaron mutuamente ante problemas y guerras.

En el comic “Elfquest: WaveDancers (bailarines de las olas)” existe una Cecaelea llamada Korillia; es un monstruo dentro de la colonia de sirenas y tritones; su nacimiento fue producto de una maldición a su madre mientras estaba embarazada; Korillia tiene pelo rojo y rizado, ojos de color violeta. Sus tentáculos son de color carmesí con ventosas rosa a púrpura. Es descrita como con talento para la cocina, muy temperamental y perfeccionista.

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para más referencias: aquí, aquí , aquíaquíaquí

Los hombres pez (2) El hombre pez de Liérganes

La historia del hombre pez de Liérganes es la que más ha sido documentada en virtud de quien la escribió, el Fray Benito Jerónimo Feijoo (1676-1764), todo un erudito de la ilustración del siglo XVII al XVIII, que pese a creer poco en las creencias y supersticiones de los pueblerinos, los narradores de la historia eran personas de gran renombre y respecto, para no ser documentada y explicada. La historia es relatada por la obra “Criaturas del más allá” de la serie “Mundo Insólito” y en el articulo del Dr. Kynes (2009) “El hombre pez de Liérganes, nadando en la leyenda” como sigue:

Según la crónica que recoge Feijoo, Francisco de la Vega y Casar fue el segundo de cuatro hermanos, todos naturales de Liérganes. Francisco nació en 1657, y a los quince años marchó a Bilbao para aprender el oficio de carpintero. Dos años después, en 1674, Francisco junto con otros compañeros fue a bañarse a la ría de Nervión, pero sus amigos lo perdieron de vista tras observarle nadando ría abajo. Tras esperarle durante largo tiempo, intuyeron que se había ahogado. El joven fue dado por muerto, llegando la noticia a su familia.

Cinco años mas tarde, en 1679, en la costa de Cádiz unos pescadores divisan una figura que ellos creen un hombre “nadando sobre las aguas, y sumergiéndose en ellas a su voluntad”. El supuesto hombre desaparece al poco tiempo, pero en días siguientes los mismos pescadores vuelven a avistarlo en el mar. Un día, deciden dar “pesca” a la misteriosa aparición por medio de redes y lo consiguen, atrayéndole con pedacitos de pan arrojados al mar ante su presencia. Una vez en cubierta, los marineros comprobaron que no se trataba de ningún monstruo, como ellos habían supuesto al principio, sino de un ser humano, un hombre joven de seis pies de altura, corpulento, pelirrojo y con las uñas desgastadas por el salitre. No decía ni una sola palabra y no parecía comprender ningún idioma. Ya en tierra firme, se le llevó al convento de San Francisco en la provincia gaditana, donde al parecer se le practicó un exorcismo para ver si “le poseía algún espíritu maligno”. Allí pasó hospedado algunos días sin decir nada, hasta que un buen día pronunció la palabra “Liérganes”. Nadie sabía a lo que se refería hasta que un joven montañés que se encontraba trabajando en Cádiz, la reconoció. Averiguando posteriormente que el Secretario de la Inquisición, Domingo de la Cantolla, era originario del lugar, se le remitió el caso y este dio fe de la existencia de un joven de la localidad al que se había dado por ahogado en Vizcaya años atrás.


Un franciscano dedicado a la peregrinación que había llegado a Cádiz por aquel tiempo, se ofreció para llevar al joven a su localidad natal. Fue en 1680, un año después de su reaparición. Tras amarrar en Santander (y supuestamente recorrer un buen trecho), Fray Juan Rosende dijo al joven que le guiase hasta su pueblo. Así lo hizo, y fue derecho a la casa de su madre, viuda, quien le reconoció como su hijo Francisco, dado por muerto cinco años atrás. Francisco se quedó entonces a vivir con su madre en Liérganes, pero no dio nunca ninguna muestra de afecto, ni de sociabilidad y siempre permanecía absorto y sin interés por nada, no hablando a penas. Iba descalzo, casi nunca pedía comida, aunque cundo le ofrecían alimento o bebida lo consumía de manera compulsiva, aunque había días en los que no probaba bocado. No respondía verbalmente a ninguna pregunta, pero cuando se le ordenaba hacer algo (recados para gentes del pueblo), los acometía puntualmente y de manera dócil, “de manera que parece entendía lo que se el decía; pero él por sí nada discurría”. Las únicas palabras que Francisco llegó a decir eran tabaco, pan y vino (a parte de Liérganes) pero sin propósito alguno. Solo iba vestido si alguien le ofrecía ropa, y le daba igual aparecer desnudo. La crónica transcrita por Feijoo cuenta que una vez le encargaron que llevase un mensaje escrito en papel a alguien en Santander y que fue a nado desde la cercana a la capital localidad de Pedreña, atravesando su ría. Feijoo también se hace eco de que en su infancia y adolescencia Francisco era considerado un gran nadador y que pasaba largo tiempo cerca del rio Miera, el cual baña Liérganes. Nueve años después de su regreso, Francisco de la Vega desapareció misteriosamente y desde entonces nada se volvió a saber de él.


¿Una explicación de los hechos?

Hay que señalar que este caso no es único en la costa del océano gaditano donde encontraron al joven Francisco de la Vega y Casar cinco; en el siglo I D.C. el historiador Plinio ¿el Viejo? señalaba que en misma región se había encontrado a un “hombre marino” cuyo cuerpo era enteramente humano. Plinio lo oyó comentar a unos caballeros romanos que fueron testigos oculares del suceso.

 

Eso y este hecho han hecho a algunos modernos imaginar historias como la que sigue a continuación planteada en el portal del Grupo Elron:

En una consulta de un tal Billy G. a un tal profesor Velmont sobre el caso, este profesor le responde de la siguiente forma:

Apreciado Billy: Es un asunto que lo teníamos en agenda desde hace tiempo. Lo preguntamos en la sesión del 24/10/2003. Como las preguntas y las respuestas fueron muy exhaustivas, directamente te transcribo la parte de la sesión donde se habló del tema.

Interlocutor: Aquí tengo agendado preguntarle sobre lo que se ha dado en denominar “el enigma de los hombres-pez”. La pregunta concreta que le hago antes de empezar, es si en nuestras aguas, es decir, océanos, mares, lagos, etc., hay seres acuáticos racionales. Me estoy refiriendo obviamente a extraterrestres que hayan venido a nuestro planeta, porque sé que los seres humanos no somos acuáticos.

Ron Hubbard: La respuesta es que sí, que hay seres extraterrestres acuáticos en el planeta Tierra.

Interlocutor: ¿Y han sido vistos por los humanos?

Ron Hubbard: Así es. Hay fosas marinas que no son muy profundas. Espera un segundo que el decodificar del receptáculo está filtrando lentamente la información que le estoy transmitiendo.

Interlocutor: Está bien, espero.

Ron Hubbard: Son fosas que no pasan de trescientos o cuatrocientos metros de profundidad.

Interlocutor: ¿Próximas a la costa?

Ron Hubbard: Así es. Fíjate que hay fosas en los océanos que llegan hasta los once mil metros, como en Las Marianas.

Interlocutor: ¿Los extraterrestres tienen tecnología como para construir campos energéticos que resistan tal presión del agua?

Ron Hubbard: Por supuesto que la tienen, pero utilizarla significaría un gasto enorme de energía. Entonces van a abismos menos profundos. Si hubieran estado en las fosas profundas, los seres humanos nunca los hubieran avistado.

Interlocutor: ¿Estos seres viven permanentemente en el agua? Me refiero a si son como los peces, que fuera del agua se mueren.

Ron Hubbard: Sí, viven en el agua totalmente. Son seres marinos, no terrestres.

Interlocutor: ¿Serían algo así como acuanautas pero con agallas? Digo así para darme una idea aproximada.

Ron Hubbard: Sí, es algo así.

Interlocutor: ¿Son totalmente extraterrestres o hay alguna mezcla con humanos?

Ron Hubbard: Son totalmente extraterrestres.

Interlocutor: ¿Hay muchos?

Ron Hubbard: Hay una civilización pero dividida en dos lugares. Una de ellas se encuentra cerca de uno de los centros poblados del Mediterráneo.

Interlocutor: ¿De Roma, por ejemplo? Digo el primer lugar que se me ocurrió.

Ron Hubbard: Cerca de Grecia.

Interlocutor: ¿Y el otro?

Ron Hubbard: En Oceanía, en las costas de Australia.

Interlocutor: Entiendo. ¿Es una civilización que tiene edificios o alguna inmensa campana que los cobija?

Ron Hubbard: No, no tienen edificios ni una campana como la de los Comics. Esto de los Comics me lo acaba de transmitir tu Thetán. Pero tienen una campana de emergencia para protegerse cuando son descubiertos por algún tipo de aparato submarino terrestre.

Interlocutor: Supongamos que hayan sido descubiertos por los tripulantes de alguno de esos aparatos. ¿qué hacen?

Ron Hubbard: Los capturan y los mantienen prisioneros en esa campana, en compartimientos especiales con oxígeno. Te aclaro que esa campana no es para esconderse ellos, sino para mantener prisioneros a los seres humanos que los descubren.

Interlocutor: Entiendo. ¿Y qué medios utilizan para capturarlos?

Ron Hubbard: Esa campana tiene una especie de campo gravitatorio atractor y simplemente los absorben hacia ella.

Interlocutor: Veo que la realidad es más sorprendente que la ficción. Por lo que usted me dice, veo que estos seres viven en el agua tal cual como los peces, sin necesidad de ninguna cobertura especial. ¿Es así totalmente?

Ron Hubbard: Es así totalmente. Son como los famosos tritones de la mitología. En cada mundo hay un tipo diferente de estos seres acuáticos. Los que han venido aquí tienen ojos muy grandes, de color blanco, como las ranas, con una pupila completamente aplanada y vertical. Los ojos están cubiertos por una membrana transparente como el de muchos peces.

Interlocutor: ¿Parpadean como nosotros?

Ron Hubbard: No, no parpadean. Tampoco pueden cerrar los ojos y no ver, porque, reitero, sus párpados son transparentes.

Interlocutor: ¿Tienen algún tipo de manos o directamente aletas?

Ron Hubbard: Tienen aletas con manos y con pies.

Interlocutor: ¿Cuántos dedos tienen?

Ron Hubbard: Igual que los humanos, cinco dedos en las manos y cinco dedos en los pies. Las aletas son similares a las de las ranas.

Interlocutor: ¿Los Thetanes de estos seres en qué plano están?

Ron Hubbard: Igual que el de los seres humanos. Hay Thetanes en el plano 2, 3, 4 y 5.

Interlocutor: ¿Esto significa que yo, como espíritu, si el día de mañana decido encarnar en estos cuerpos anfibios puedo hacerlo?

Ron Hubbard: ¡Por supuesto! Incluso puedes contactarte mediúmnicamente con sus Thetanes.

Interlocutor: ¡Qué notable! A veces lamento tener tan poco tiempo para hacer todas las experiencias que se pueden hacer. ¿Pero qué es lo que hace allí, en un cuerpo anfibio, un ser de Luz?

Ron Hubbard: En realidad no son peces sino humanoides. Tienen un decodificador tan importante como el humano. Su boca es como una protuberancia aplanada como si fuera una castañuela. Por eso digo que el corte de cara es similar al de las ranas. Pero estrictamente no se los puede llamar anfibios, porque este término se utiliza para denotar sólo a los animales que pueden vivir indistintamente en el agua y en la superficie, y estos seres no pueden vivir en tierra, salvo por poco tiempo.

Interlocutor: ¿Pero cómo se comunican? Acaso, y perdóneme la chanza, ¿con “glugús?

Ron Hubbard: Se comunican mediante gestos.

Interlocutor: Entiendo. ¿Y cómo hacen para ver? Lo pregunto porque es obvio que en las fosas marinas prácticamente no hay luz.

Ron Hubbard: Tienen una visión tan aguda que pueden ver casi en lo que para los humanos sería una oscuridad absoluta.

Interlocutor: Era casi una cosa lógica. ¿Y qué comen?

Ron Hubbard: Se alimentan de peces pequeños, moluscos.

Interlocutor: A ver si entiendo. ¿Se sientan a una mesa para comer o directamente abren la boca y engullen como hacen los peces?

Ron Hubbard: ¿Cómo se van a sentar en una mesa para comer? Ten en cuenta que todo tiene que estar relacionado con el hábitat y las circunstancias.

Interlocutor: ¿Usted me quiere decir algo así como que si de pronto yo estuviera en el Polo Norte o escalando una montaña, donde el viento es tan grande que arrastra todo, tendría que agarrar la comida como pudiera?

Ron Hubbard: Algo por el estilo.

Interlocutor: Ahora entendí. ¿Y cuál es su actividad física y mental? No puedo imaginarme a peces pensando.

Ron Hubbard: Tienen una filosofía abstracta, digamos que es como que ellos saben que hay algo más allá que el medio marino en que viven.

Interlocutor: ¿Pueden salir a la superficie?

Ron Hubbard: Sí, porque tienen branquias que se adaptan al medio no acuoso. En este sentido no son peces en el verdadero sentido de la palabra.

Interlocutor: ¿Pero entonces con qué animal conocido podríamos compararlos?

Ron Hubbard: Si yo tuviera que definirlos, los asimilaría a los batracios.

Interlocutor: Justamente he visto algunos dibujos de gente que los ha visto y les ha dado esa forma. Supongo que mucho tiempo fuera del agua no pueden estar. ¿Es así?

Ron Hubbard: Todo depende de lo que se entienda por mucho tiempo.

Interlocutor: Bueno, pienso en media hora, una hora.

Ron Hubbard: No, pueden estar más tiempo, quizás seis o siete horas o quizás más.

Interlocutor: Seis horas o más las considero mucho tiempo, teniendo en cuenta que un pez fuera del agua puede tardar en morir en pocos minutos. Trato de imaginarme qué es lo que hacen estos seres marinos en ese hábitat acuoso. ¿Son como los peces en una pecera, que dan vueltas y vueltas sin hacer nada? ¿Construyen edificios, por ejemplo? ¿Escriben algo?

Ron Hubbard: No, no construyen nada ni tampoco escriben.

Interlocutor: ¿Vegetan?

Ron Hubbard: No, se van transmitiendo unos a otros pensamientos abstractos por medio de gestos, de la misma manera que los indígenas -mal llamados “indios”- norteamericanos se iban transmitiendo las leyendas de padres a hijos o a través de los chamanes.

Interlocutor: A ver si logro entender. Supongamos que yo me sumerjo hasta el lugar donde están estos seres, ¿qué veré?

Ron Hubbard: Lo que verás son naves.

Interlocutor: ¿Naves espaciales?

Ron Hubbard: Así es. Ellos tienen la tecnología necesaria para construirlas y con ellas han venido hasta aquí. Lo que ocurre es que están en la Tierra un poco como de paso, pero se han ido quedando.

Interlocutor: No estoy entendiendo del todo la idea.

Ron Hubbard: Voy a cerrar el círculo. Su mundo original es todo marino. Ellos están acostumbrados a una gravedad más fuerte que la terrestre. Entre trescientos y cuatrocientos metros de profundidad, la gravedad es mucho más fuerte que la terrestre, y cuando ellos salen a la superficie es, en proporción, como si tú te elevaras mil metros. A esa altura la presión es poca y entonces respiras con mucha dificultad. De la misma manera, ellos aquí en la superficie pueden respirar nuestro aire pero con dificultad. Se sienten más cómodos respirando con las branquias, de la misma forma que los peces, el oxígeno del agua.

Interlocutor: Entiendo.

Ron Hubbard: En su mundo, que se encuentra a alrededor de mil años luz, tienen muy poco alimento porque hicieron desaprensivamente una gran depredación de su medio ambiente.

Interlocutor: ¡Parece que en todos lados se cuecen habas!

Ron Hubbard: Tú lo has dicho. Entonces han construido naves espaciales con las cuales han ido a distintos mundos a recoger alimentos y han sembrado en su planeta algo parecido al krill terrestre, que son como langostitas marinas, y también huevos de peces para que en uno o dos siglos del tiempo terrestre vuelva a haber una población marina, ya que de lo contrario se morirían de hambre.

Interlocutor: ¿Esa depredación hizo que se acabaran toda la comida?

Ron Hubbard: Prácticamente sí.Y cuando llegaron a la Tierra se encontraron con la sorpresa de mares ricos en peces a tal punto que los pueden alimentar durante miles de años. Lo que ellos hacen son viajes periódicos llevando a su planeta, de distintos mundos, en peceras gigantescas, seres vivos marinos.

Interlocutor: ¿Solamente marinos?

Ron Hubbard: Sí, solamente marinos, porque es el alimento natural de ellos.No solamente llevan peces, sino también anfibios, como ranas, etc.

Interlocutor: ¿Las naves espaciales son como inmensas peceras?

Ron Hubbard: Algo así. Incluso están llevando animales marinos que en su planeta no existen y los están adaptando para tener variedad de comidas.

Interlocutor: Cuando usted habla de que estos seres provienen de un planeta acuoso, ¿a qué se refiere? ¿Es un planeta como el nuestro, que tiene tierra y agua? ¿O solamente agua?

Ron Hubbard: Es poca la tierra que tienen. El planeta es predominantemente acuático.

Interlocutor: ¿Cómo se llama su planeta?

Ron Hubbard: La estrella se llama Omán.

Interlocutor: ¿Y el planeta?

Ron Hubbard: Omán 3.

Interlocutor: Para ir terminando por ahora con este tema tan interesante, ¿cuántos de estos seres acuáticos hay entre nosotros en estos momentos?

Ron Hubbard: Si sumamos los que hay en las costas del Mediterráneo y las costas de Oceanía, en Australia, hay aproximadamente cuatro mil.

Interlocutor: ¿Estos seres han tenido aventuras fuera del agua? Pregunto esto porque hay muchos relatos de encuentros terrestres con ellos.

Ron Hubbard: Muy escasamente, por la diferencia de hábitat.

Interlocutor: ¿Pero han tenido encuentros con terrestres?

Ron Hubbard: Sí, algunas veces han sido avistados.

Interlocutor: Yo me refería más bien a algún tipo de apareamiento.

Ron Hubbard: No, en absoluto. Son seres de conformación completamente distinta.

Interlocutor: Bueno, lo preguntaba para estar seguro.

Ron Hubbard: Además, el pene de estos seres apenas tiene cuatro centímetros erecto y es muy finito, pues no llega al centímetro su grosor.

Interlocutor: Se supone que un pene tan pequeño debe estar adaptado para una vagina también muy pequeña.

Ron Hubbard: Así es. Y las hembras no tienen la vagina en la parte de adelante sino en la parte de atrás, y cuando copulan, el macho eyacula en tres o cuatro movimientos espasmódicos.

Interlocutor: ¿Son mamíferos?

Ron Hubbard: No amamantan como los mamíferos, sino que son ovíparos, es decir, ponen huevos, pero también practican el sexo.

Interlocutor: ¿A la vista humana estos seres serían directamente feos?

Ron Hubbard: A la vista son de piel como las ranas.

Interlocutor: ¿Y usted dice que hay seres entre ellos del 4º y 5º nivel?

Ron Hubbard: Sería ego de parte tuya pensar que otras razas con otras costumbres no podrían estar en planos de Luz. Hay seres, en esta misma Buenos Aires donde tú vives, que vegetan todo el día y no hacen otra cosa que mirar la televisión o leer el diario mientras fuman su pipa. Y muchos ni siquiera leen ni escriben, y no me refiero solamente a los analfabetos.

Interlocutor: Entiendo la ironía. Es obvio que en el hábitat donde están estos seres, me refiero a su medio acuoso, mucho no pueden hacer. Bueno, creo que con todo lo expuesto ya está bastante claro este asunto de los hombres-peces. A ahora querría pasar a un caso específico, que ha dado en denominarse “El hombre pez de Liérgenes”.

La historia más o menos conocida es ésta: En la víspera de San Juan de 1673, Francisco de la Vega Casar, vecino de Liérganes (Santander), se fue a bañar con otros muchachos a la ría de Bilbao, población en la que estaba aprendiendo un oficio. Era un excelente nadador. Sin embargo, se echó al agua y no apareció más. Los compañeros consideraron que se había ahogado. En 1679 unos pescadores gaditanos vieron en medio del mar, nadando con gran habilidad, a un hombre, al que rescataron y resultó ser el citado Francisco que, vuelto a su tierra, vivió nueve años de modo extravagante, sin pronunciar palabra y desapareciendo luego sin dejar huella.

Ron Hubbard: Esta persona fue capturada por estos seres marinos dos veces, la primera vez cuando tenía doce años y durante dos días hicieron con él un experimento genético, donde le pusieron ADN de ellos. La segunda vez, que es a la que tú te refieres, duró 64 meses.

Interlocutor: ¿Cuál fue la razón del experimento?

Ron Hubbard: El experimento consistía en averiguar, por un lado, si este muchacho podía adaptarse a la vida marina y, por el otro, si uno de estos seres marinos, que se prestó para el experimento, podía adaptarse a la vida en la superficie. Se intercambiaron el ADN, pero no todo, sino solamente una parte.

Lamentablemente para estos seres, el ADN del humano era demasiado potente y el ser marino desencarnó.

Interlocutor: ¿Cómo fue el experimento?

Ron Hubbard: A este muchacho le extrajeron un poco de ADN mediante una muestra de su tejido, tipo biopsia, y se lo implantaron a un ser marino que se prestó al experimento. Y al revés, al muchacho le implantaron ADN del ser marino.

Interlocutor: ¿Y cuál fue el resultado?

Ron Hubbard: El experimento lo afectó su decodificador mental e incluso le llegó a cambiar parte de la piel, dejándole algo así como escamas.

Interlocutor: ¿Por qué lo capturaron por segunda vez y lo mantuvieron tanto tiempo cautivo?

Ron Hubbard: Porque hicieron con él nuevos experimentos.

Interlocutor: ¿Estos nuevos experimentos fueron los que lo dejaron como una especie de zombi?

Ron Hubbard: Así es. Quedó como si le hubiesen hecho una lobotomía.

Interlocutor: Lo intrigante es que volvió a desaparecer, y esta vez para siempre.

Ron Hubbard: Fue capturado nuevamente para nuevos experimentos.

Interlocutor: ¿Existiría la posibilidad, en alguna otra sesión, que yo me contacte con el Thetán de alguno de estos seres marinos para averiguar más cosas, entre ellas que le sucedió finalmente a esta persona?

Ron Hubbard: Por supuesto que sí, en cuanto tú lo desees.

Bueno, hasta aquí llegaron los diálogos. Como verás, el tema ha quedado debidamente aclarado.

Bienvenido al Club. Un fuerte abrazo.

Horacio Velmont.

¿Una explicación racional?

El libro citado al inicio expone la respuesta moderna y científica de los hechos como sigue:

Ya en el siglo XX, el doctor Gregorio Marañón volvió a interesarse por la leyenda del hombre pez de Liérganes, y en su libro “Las ideas biológicas del padre Feijoo” dedica un capítulo entero a la leyenda y a los argumentos presuntamente científicos que utilizó el ilustrado para justificar la existencia de los hombres marinos.

A partir de toda la serie de datos recogidos, Marañón formula la hipótesis de que Francisco de la Vega padeciese cretinismo, enfermedad caracterizada por una detención del desarrollo físico y mental y acompañada de deformaciones. Esta es la causa de que un buen día el joven Francisco, «idiota y casi mudo», abandonase su lugar habitual de residencia y vagase por tierra o quizá por mar, «pero no nadando», hasta que se le localizó de nuevo en Cádiz. La coincidencia de que desapareciese bañándose y que se le localizase de nuevo en el mar, junto con la incapacidad del muchacho para dar cualquier explicación, tejió la leyenda de los cincos años de vida marina.


La mudez, la tez blanca, el pelo rojizo, la piel escamosa —debido probablemente a la ictiosis, [una enfermedad hereditaria de la piel]—, la glotonería y el hecho de comerse las uñas, datos todos que aparecen en el relato del padre Feijoo, interpretados desde un punto de vista clínico, no son sino síntomas de cretinismo, enfermedad endémica propia de regiones montañosas, y entonces frecuente en la montaña santanderina.

La habilidad de Francisco de la Vega en la natación y su resistencia en las inmersiones, las explica Marañón a través de la insuficiencia tiroidea, con frecuencia ligada a las personas que padecen ictiosis. Se ha podido comprobar experimentalmente que, cuanto menor es la cantidad de tiroxina segregada, tanto menor es la necesidad de oxígeno, y por tanto mayor el tiempo de resistencia del organismo a situaciones en que falta este elemento.


Un último análisis

Muchas teorías se han tejido y planteado sobre el hombre pez; en febrero de 2009 el Dr. Kynes señala algunos hechos:

Los acontecimientos tuvieron lugar entre 1674 y 1689. En esa época, el reino de España se encontraba en franca decadencia con unos Austrias de capa caída y un antiguo imperio español que se desmoronaba bajo el reinado de Carlos II. Un periodo donde estas historias formaban parte del entretenimiento chismografico local, algo de que hablar y especular.

La primera referencia escrita de la historia del Hombre Pez, fue a mediados del siglo XVIII, en plena era de la ilustración y ello popularizo el relato por toda España, y aunque el cronista Fray Jerónimo Feijoo descartaba las mutaciones de piel de escamas, el pensador y religioso reseñaba principalmente el hecho de que un hombre hubiese podido sobrevivir cinco años en alta mar y haya podido recorrer a nado un trayecto que va desde el norte de la península ibérica hasta el sur de la misma, atravesando todo el Atlántico.

Para explicar esta maravilla el ilustrado se remontó a la literatura romana cuando Plinio (¿el viejo?) afirmaba que habían testigos de prodigiosos seres, avistados por cierto en la bahía de Cadiz. En el siglo XVI varios autores españoles como Juan de Mediavilla o Antonio de Torquemada también mencionaron haber visto criaturas marinas extraordinarias. Hoy se sabe que muchas de esas criaturas eran manatíes o cetáceos por aquel entonces desconocidos. Ya era conocida en la Europa de la Edad Moderna la leyenda de los “obispos de mar”, peces supuestamente humanoides que en realidad eran una variedad de raya y que en Galicia existía la leyenda de los mariños, criaturas mitad humanas y mitad pez. Todo ello ayudaba a afirmar el mito. Así el propio Feijoo, una vez conocida la leyenda del Hombre Pez, llegó a admitir que la existencia de “hombres marinos”, y la posibilidad de que humanos se apareasen con peces y diesen origen a sirenas, tritones o nereidas.

La siguiente crónica escrita de la historia del hombre Pez de Liérganes, tuvo lugar casi un siglo y medio más tarde, en 1879; en la revista Semanario Pintoresco español. En ella parecen las escamas y el idiotismo (forma de la época de definir el discapacitado mental), incluyendo la parte de la historia de ir a llevar el mensaje a nado a Santander. Un hecho más fija los acontecimientos que el joven desapareció en la ría de Nervión en 1764, y no en 1674, alterando las fechas. La transformación, aunque sea solo parcial o simbólica de Francisco de la Vega en Pez es la base en la que se ha edificado dicha leyenda, aunque en la tradición popular siempre tuvo más predicación la “hazaña” de sobrevivir cinco años a nado en alta mar.

Si se analizan diversas fuentes sobre la historia del Hombre Pez, se contemplan diversas lagunas, incongruencias y contradicciones. Es perfectamente creíble la existencia de un pobre muchacho con alguna discapacidad mental en una aldea del siglo XVII y que cuyo comportamiento suscitaba la extrañeza entre sus vecinos. Pero el problema de ser “deficiente mental” se contradice por el hecho de ir a Bilbao a aprender carpintería, si Francisco hubiese padecido alguna deficiencia mental, no hubiera podido ingresar al cuerpo de trabajo; fue su vida de cinco años en el mar lo que afecto sus capacidades psíquica, ya que por aquel entonces no se integraba laboralmente a los “anormales”. Aunque en los archivos de aquellos años no existe un sujeto llamado Francisco de la Vega y Casar en Liérganes, y ello hace dudar de la veracidad de esta historia, el ponerle nombre al joven hace dar cierta veracidad a la historia; otorgando un halo romántico y sugestivo, que es completado con la misteriosa desaparición del joven nueve años después, y que muchos han explicado con un regreso a su verdadero hogar, el mar. Aunque en las crónicas del padre Feijoo, este señala que al joven se le vio vagando años después por los puertos.

Pero hay un hecho más que resalta el Dr. Kynes: «tabaco, pan y vino», si bien las tres son necesidades básicas, la primera palabra, aunque era un producto ya difundido por Europa desde América a principios del siglo XVIII, en la España de Felipe V, sólo era conocido y usado por las clases altas; el joven no pudo haberlo conocido dicho producto; siendo por ello una invención de los que contaron la historia al cronista. Así, expone el Dr. Kynes, que se puede pensar que los informantes, algunos amigos incluso de Fray Jerónimo Feijoo, pudieron haber inventado buena parte de la leyenda y lograron enredar al ilustre representante de la ilustración Borbona en España, haciéndole creer una habladuría fantástica y logrando que este racionalista incluso pensara en relaciones sexuales entre hombres y peces; toda una burla a lo que la ilustración y la razón científica de mediados del siglo XVIII trataba de lograr.

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Textos originales y otras referencias: aquí, aquí, aquí, aquí, aquí, aquí y aquí

Otras fuentes de los textos: J. Bord y C. Bord; P. Costello; A. Shine; I. Woodward; J. Lomar, I. Knight y G. fuller “Criaturas del más alla – Serie “El mundo de lo insolito” 1984/1986. Circulo de Lectores. Ediciones Internacionales Futuro. España. Paginas 80 y 81

Los hombres pez (3) El Monje y el Obispo del mar

Los mares del Japón son considerados un lugar peligroso, habitado por una galería de itinerantes monstruos y fantasmas vengativos. Ya sean serpientes de mar o entidades sobrenaturales, los marineros japoneses estaban constantemente conscientes de los peligros que el mar podría lanzar contra ellos. Algunas de las apariciones más temidas eran conocidas como “Umibozu“, unas terroríficas criaturas dicen eran los espíritus de los sacerdotes ahogados.

Los Umibozu eran criaturas que sacudían el miedo en los corazones de los marineros. Estas monstruosidades se describe generalmente como negras o grises, con la piel resbaladiza y los ojos enormes, que se dice a veces a brillaban. Los brazos de las bestias fueron representadas indistintamente como pequeñas aletas, y, a veces descritos como serpientes, o similares a tentáculos.

El nombre de estas criaturas humanoides, similares a cabeza rapada de un sacerdote, deriva de ahí: Umibozu, «umi» que significa mar y «bo-zu» el estilo de cabeza rapada que se encuentran típicamente en los sacerdotes japoneses. Estas enormes criaturas se dice que persiguen y aterrorizan a los marineros y pescadores, rompiendo barcos o arrastrando a la gente a su perdición.

El Umibozu se teme tanto que muchos pescadores se niegan a salir al agua si se informa que hay uno en las cercanías, y las armas eran llevadas generalmente a cubierta, en caso de que uno de los monstruos fuera encontrado.

Era muy típico de los barcos regresar a toda velocidad hacia la costa a la primera señal de cualquier actividad de percibir un Umibozu, a menudo indicadas por las formas grandes y negras bajo el agua o formas inexplicables en la superficie.

La versión china de esta bestia era conocida como el “bonzo del mar” (bonzo = monje budista), y al igual que su homólogo japonés, era conocido como una entidad viciosa y vengativa que atacaba a los marineros. En China, el bonzo marino era considerado tan peligroso y abundante, que era una práctica común en algunas zonas que en los buques se asignara un marinero la tarea de bailar en la cubierta agitando una cinta roja, que se decía mantenía a las criaturas fuera.

Cuentos de monstruos marinos con la apariencia a algún tipo de clero religioso, como los monjes, no están confinados a Asia. Europa también tiene sus historias de criaturas similares, con tal vez el más famoso es lo que era conocido como el “monje del mar“.

El “monje del mar” es nombrado por primera vez cuando un animal extraño mar se encontró frente a las costas de Dinamarca en 1546 y que parecía exteriormente a un monje. La criatura fue descrita como de 2,5 metros de largo, con una cabeza afeitada como la de un monje, y ropa al estilo de una capa de monje. La criatura tenía dos grandes aletas en lugar de brazos y su torso inferior terminaba en una cola ancha.

En ese momento, era bastante desconcertante para los que lo habían encontrado, y no se parecía a otras criaturas marinas que habitaban esas aguas. El naturalista suizo Conrad Gessner y bibliógrafo también hizo referencia a un monstruo similar encontrado en el 1450 en Escocia, y un avistamiento de Polonia en 1531.

Gessner menciona a la criatura en el volumen cuarto de sus cinco volumen de zoología en su obra “Historia Animalum“, libros que estaban destinados a ser un inventario de todo lo conocido por un zoologo y un intento de describir todos animales conocidos. Los volúmenes de esta obra también se dirigieron a salvar relatos el mundo antiguo y el mundo moderno. Uno puede encontrar en estas páginas descripciones detalladas e ilustraciones de toda clase de animales, incluyendo a muchos que fueron recientemente descubiertos en ese momento, e incluso algunas que son actualmente desconocidos para la ciencia, como el “monje del mar“. Claro que el trabajo no es científicamente confiable, ya que hay muchos animales aparentemente míticos encontrados aquí, como los unicornios que recibían el mismo trato al lado de rinoceronte.

Al igual que el “monje del mar“, había otros clérigos marinos, uno conocido como el “obispo del mar“, también se describe en la “Historiae Animalum” de Gessner. En este caso, la criatura en cuestión se parecía a un obispo en apariencia, con una cabeza humanoide y un cuerpo cubierto de escamas similares a la vestimenta de un obispo y aletas por brazos. El obispo del mar es generalmente presentado como si tuviera dos piernas.

Hay una leyenda polaca del siglo XIII de un obispo del mar que fue capturado y que fue llevado ante el rey de Polonia, este ser hizo un llamamiento a ser puesto en libertad. Cuando el rey concedió su petición, la criatura se dice que hizo la señal de la cruz y desapareció en las profundidades al ser librado cerca del mar.

Otro obispo del mar fue avistado y capturado supuestamente en Alemania en 1531. Tras su captura, se dice que finalmente murió después de pasar tres días en cautiverio. Una data anterior a 1187 cuenta de un obispo del mar fue capturado, como describen en los anuales de Stow, citado aquí:

En Neere á Orforde en Suffolke, algunos de los pescadores mientras pescaban con redes en el mar atraparon un pez que tenía la forma de un hombre en todos los aspectos, Barlemew de Glanville mantuvo el pescado, que fue llevado al castillo de Orforde, y permaneció en el castillo por el espacio de seis meses, y por más maravilloso, no habló una palabra. Comía con gusto toda clase de alimentos, pero los peces eran lo más codiciado, incluso después de haberlos secado. Muchas veces fue llevado a la Iglesia donde no mostró señales de adoración. Por fin, cuando él no estuvo bien cuidado, escapó hacia el mar y nunca más apareció.

A pesar de la improbabilidad de peces parecidos a los humanos o de los cuentos de ellos hablando, apelando a ser liberados, y hacer la señal de la cruz, es curioso que nos encontramos ante casos de misteriosas criaturas de diferentes partes del mundo rodeado por las imágenes de monjes, sacerdotes u obispos.

La descripciones por los marinos del monje marino europeo y del bonzo marino de los chinos parecen compartir similares características físicas con los Umibozu japoneses.

¿Es posible que alguno de estos cuentos folklóricos al parecer se basen en un ser real y posiblemente relacionados?

En la década de 1850, el zoólogo danés Japetus Steenstrup sugirió que el monje marino fuera probablemente un calamar gigante, un animal que él mismo se describe y señalados con el nombre de Architeuthis. Las razones de Steenstrup son: el manto del calamar gigante podría confundirse con la “cabeza” de la criatura y sus tentáculos como brazos y la cola. Esta es tal vez una explicación para el Umibozu así por varias razones. El calamar gigante en efecto se encuentran en aguas japonesas, y su aparición en algunos aspectos coincide con las descripciones de los Umibozu, como los brazos serpentinos y el gran tamaño del monstruo. El manto redondeados también puede ser visto como algo que recuerda de una cabeza de monje, sobre todo si esa fue la percepción cultural al ver a la criatura. Ya sea sobre la base de la realidad o cuentos chinos, los informes de atacar barcos gigantes del calamar son también frecuentes de muchas partes del mundo, lo que sería bien dentro de las descripciones de los presentes aterradora, causando estragos en buque en la tradición del comportamiento del Umibozu. Los calamares gigantes son raramente vistos cerca de la superficie, por lo que esta rareza podría ayudar a explicar el miedo que invoca, y tal vez la adición posterior de elementos folklóricos.

Muchos animales posibles se han propuesto en otras épocas, tanto para las versiones europeas y las versiones asiáticas de estas criaturas del mar. Algunos de los animales han incluido propuestas de focas, tiburones, manta rayas y los calamares gigantes. Bernard Heuvelmans expresó su opinión de que el monje marino europeo se basó en la identificación incorrecta de las morsas.

Algunos de estos ejemplos pueden tener mérito como una explicación para el Umibozu, sin embargo no está claro cuán probable es que los pescadores experimentados identifiquen erróneamente la vida marina con la que estaban familiarizados. Parece que los tiburones, manta rayas, focas, e incluso calamares serían conocidos hasta cierto punto u otro por marinos experimentados.

¿por qué pescadores y marineros pudieran haber confundido durante siglos los tiburones, rayas, y calamares con una especie de monstruo marino o amenazante fantasma?

Parece más probable que haya ocurrido con algún animal que estaba lejos de su rango habitual, se aventuran en aguas donde no se encontró normalmente. Otra posible explicación es que los avistamientos de los testigos fueron influenciados por Jenny Hannivers. Un Jenny Hanniver es básicamente una manta raya o calamar que se seca y se conserva, a veces con una capa de barniz, y arregló  de alguna manera que se le hace hasta parece ser un misterioso y grotesco monstruo.

Estas creaciones se han realizado y vendido por pescadores, marineros y artesanos durante siglos en Europa y Japón. Muchas gente común que vio Jenny Hannivers creía que eran criaturas reales, y no hubo malentendidos ya que se trataba de ejemplares reales de monstruos marinos en miniatura o dragones. Incluso cuando los objetos fueron etiquetados como falsos, o cuando se conoció que Jenny Hannivers eran construcciones artificiales, prevaleció la idea errónea, muy probablemente porque, simplemente, la gente cree firmemente que tales criaturas han existido.

Parece posible que algunos haya utilizado la existencia de los Jenny Hannivers para afirmar su firme creencia en monstruos marinos y por lo tanto podría haber sido inclinados para describir a un animal identificado erróneamente conocido como tal.

¿Existe la posibilidad de que estos cuentos representan una especie completa desconocida?

No hay duda de que los océanos del mundo son el hogar de muchos misterios. Este es un lugar que sólo estamos empezando a arañar la superficie en términos de exploración, y es la fuente de un gran número de descubrimientos de nuevas especies, y muchos más a seguir siempre. No debería ser ninguna sorpresa en absoluto que una especie indocumentados podría estar por ahí, y puede estar detrás de algunos de estas cuentos.

Independientemente de la causa exacta detrás de estas cuentos y los mitos, una cosa está clara. El encanto del mar es poderoso, y esta vasta extensión ha mantenido una fascinación poderosa para la humanidad durante milenios. Los marineros y pescadores han intentado durante mucho tiempo para dar sentido a este lugar, y los diversos fenómenos asociados a ella. El mar sigue siendo, aun en los tiempos modernos, un lugar donde abundan los misterios y tal vez seguirá siendo siempre.

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Fuente: texto completo original aquí

Los hombres pez (4) Pesce Cola o Peje Nicolao

La creencia de hombres pez viene sustentada por la habilidad de ciertas personas para poder nadar grandes distancias o poder sumergirse a grandes profundidades; habilidad que servia no sólo para pescar y extraer ostras, perlas, esponjas y coral; sino para ir y venir de barcos a la costa sin necesidad de soltar botes y remar.

Entre las historias de estos hombres con grandes habilidades se encuentra la de Nicolao, un siciliano, natural de Catania, que vivió hacia la segunda mitad del siglo XV. Sus habilidades en el nado fueron tales que se te termino llamando: «Peje Nicolao» (Pez Nicolás) o en diminutivo «Pesce Cola».

La historia del Pez Nicolás es relatada por la obra “Criaturas del más allá” de la serie “mundo Insólito” como sigue:

…cuentan en sus escritos Joviano Potano, Alejandro de Alejandro y Pedro Mexía: el caso de «pesce Cola» o «peje Nicolao».

Nicolao fue un siciliano, natural de Catania, que vivió hacia la segunda mitad del siglo XV. Este hombre, …, según parece era capaz de salvar grandes distancias a nado, por lo que le empleaban como correo marítimo entre los puertos del continente y las islas. Aún en días de tormenta, cuando los marineros no se atrevían a salir a la mar, «pesce Cola» se zambullía en el agua y llegaba a su destino.

Nicolao era capaz de permanecer hasta una hora debajo del agua sin salir a respirar, lo que le permitía vivir con holgura de la pesca de ostras y coral. Se había dado el caso de que «pesce Cola» siguiese nadando a un barco hasta alta mar, lo abordase y después de comer en él, se brindase a llevar noticias de los marinos a sus familiares de tierra. Los prodigios acuáticos de Nicolao llegaron a su fin cuando el rey Federico de Napóles y Sicilia quiso comprobar la certeza de su leyenda. El monarca, para ver hasta dónde llegaba la intrepidez y resistencia del siciliano, lo llevó hasta el famoso remolino de Caribdis, situado en el lugar más angosto del estrecho de Mesina, y arrojó al agua una copa de oro, diciendo a Nicolao que si la recuperaba era suya. «Pesce Cola» se lanzó al agua y permaneció bajo ella tres cuartos de hora, hasta que finalmente salió con la copa en la mano. Interrogado por el rey sobre lo que había visto en tan temido lugar, Nicolao contó tremendas visiones de monstruos marinos, moradores de profundas cavernas. El rey, entusiasmado por el relato, quiso saber más detalles y le prometió igual recompensa si bajaba de nuevo. Nicolao se mostró remiso a cumplir los deseos del monarca, por lo que éste le estimuló con una bolsa de oro, además de otra copa que arrojó al agua. «Pesce Cola» consintió y se sumergió de nuevo para no aparecer más.

Hasta aquí la historia referida, sin embargo existen escritos de buceadores similares muy anteriores al personaje del siglo XV; tenemos así que a fines del siglo XII, Walter Mapes, un inglés que había vivido en Italia, describía a un Nicolas Pesce, «el buceador», acostumbrado a vivir en el agua y que podía predecir las tempestades; llevado a la corte del rey Guillermo de Sicilia, donde languideció hasta morir, al hallarse separado del mar. También en el siglo XII el poeta provenzal Raimon Jordan, menciona al mismo buceador.

En 1210 Gervacio de Tilbury alude a un Nicolás, originario de la costa de Apulia, que pedía aceite a los pescadores para descender más fácilmente en el agua. (Los buceadores de combate romanos o “urinatores”, según Plinio el Viejo, se llenaban la boca de aceite que iban soltando lentamente mientras buceaban, sin duda para facilitarse la visión). Los habitantes de la Marina Alta (Pais de Valencia) capturaban pulpos en el mar echando aceite sobre el agua, lo que les permite ver el fondo del mar y el lugar donde se esconden sus presa.

Jovianus Pontanus escribió en el siglo XV: «Nicolás recibió el nombre de Pez, porque no sólo había abandonado las costumbres de los hombres, sino casi también su rostro; era lívido, escamoso, horrible».

Teseo y el anillo de Minos

Aunque las leyendas hacen se refieren a la existencia en Sicilia de un buen buceador, es posible que el origen de la misma se remonte más atrás, hasta los mitos griegos; donde según el mito Anfítitre, esposa de Poseidón, ayudó al héroe griego Teseo a recuperar del mar un anillo de oro lanzado por el rey Minos.

Teseo, honor de Atenas, era oficialmente hijo de Egeo, rey de Atenas; Egeo tuvo muchas nupcias, pero con ninguna descendencia; buscó ayuda en el oráculo de Delfos y el oráculo le dio una respuesta que él no pudo descrifrar: “no abras la boca de tu repleto odre de vino, ¡oh el mejor de los hombres!, hasta que llegues al punto más alto de Atenas“.

Decepcionado por la enigmática contestación de la sibila, Egeo inició su viaje de vuelta a Atenas, parando en Trecén y quejándose de su desdicha al rey de la ciudad, Piteo, que le hospedó. Sin embargo éste sí entendió la respuesta del oráculo y, emborrachando a Egeo, le incitó a yacer con su hija Etra; así nacería Teseo.

Según el historiador Plutarco, sin embargo, Teseo era hijo de Poseidón y Etra, a quien el dios había violado cuando hacia ofrendas en la isla de Esferia por su futura boda.

Pero volvamos a la historia que nos interesa; según la leyenda Androgeo, un hijo de Minos y Parsífae era un atleta sobresaliente que participaba de unos juegos en Atenas; Egeo envidioso por las victorias del joven le invitó a que fuera a matar al toro de Maratón. El joven aceptó pero fue muerto por la bestia. A causa de ello, Minos invadió el Ática y tras vencer en la contienda, impuso a Atenas el tributo de siete jóvenes y siete muchachas que debían ser inmolados cada nueve años al Minotauro del laberinto.

Teseo se presentó voluntariamente en el tercer envío ante su padre para que le permitiera ser parte de la ofrenda y le dejara acompañar a las víctimas para poder enfrentar al Minotauro. Las naves en las que viajaban llevaban velas negras como señal de luto, por lo que Egeo le pidió a Teseo que si regresaba vencedor, no olvidase cambiarlas por velas blancas.

Durante la travesía, Minos, que iba también en la expedición, se enamoró de una joven llamada Eribea. Minos quiso unirse a ella por la fuerza y Teseo se le opuso. En la consiguiente disputa, Minos indicó a Teseo su filiación divina, y obtuvo de su padre Zeus truenos y relámpagos. Teseo replicó que él también tenía filiación divina, puesto que en realidad era hijo de Poseidón. Para probar esta filiación, Teseo tuvo que tirarse al agua y encontrar un anillo de oro que el rey Minos había arrojado al mar. Teseo, en el mar, fue conducido por delfines a presencia de Anfítrite, esposa de Poseidón, que le dio el anillo y una corona.

Al llegar a Creta, la princesa Ariadna se enamoró de Teseo y le propuso ayudarle a derrotar a su medio-hermano (el Minotauro era hijo de Parsífae y un toro mágico regalado por  Poseidón a Minos) a cambio de que la llevara con él de vuelta a Atenas y la convirtiera en su esposa. Teseo aceptó.

La ayuda de Ariadna consistió en dar a Teseo un ovillo de hilo, que éste ató por uno de los extremos a la puerta del laberinto, y una espada mágica. Con la ayuda de Ariadna y la corona que le había regalado Anfítrite, la cual emitía un resplandor; Teseo entró en el laberinto hasta encontrar al Minotauro y al que dio muerte. A continuación recogió el hilo y salió del laberinto acompañado por el resto de los atenienses y por Ariadna, embarcó de vuelta a Atenas, tras hundir los barcos cretenses para impedir una posible persecución. A Ariadna la abandono en la isla de Naxos; si la joven era capaz de traicionar a su patria, Teseo pensó que con más facilidad lo podía hacer con él, no iba a cometer el error de Jasón con Medea.

El final de esta historia tiene una nota dolorosa ya que al llegar a Atenas la nave no había cambiado las velas y Egeo al ver las negras telas se lanzó desde un despeñadero al mar.

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Textos originales y otras referencias: aquí, aquí, aquí, aquí, aquí y aquí

Otras fuentes de los textos:  J. Bord y C. Bord;  P. Costello; A. Shine; I. Woodward; J. Lomar, I. Knight y G. fuller “Criaturas del más alla –  Serie “El mundo de lo insolito” 1984/1986. Circulo de Lectores. Ediciones Internacionales Futuro. España.    Paginas 81 y 82

Los hombres pez (5) Los mariños y H. P. Lovecraft

Los hombres pez han formado parte de la cultura mundial, en especial la europea y en particular la cultura ibérica; desde los tritones y sirenas, hijos del Poseidón griego o el Neptuno romano; a los mermen anglosajones; incluso más atrás, en el mito babilónico, el dios Dagón filisteo o el Dagán hebreo, mitad hombre-mitad pez, que surgió de las aguas y enseñó a los hombres como cultivar; a la leyenda de ciudades como la Atlantida, cuyos supervivientes aun viven bajo las aguas convertidos en seres mitad hombre y mitad pez.

Señala la obra “Criaturas del más allá” de la serie “mundo Insólito” lo siguiente:

Siguiendo en la línea de los sucesos extraordinarios y leyendas tejidas en torno a los hombres marinos no se puede dejar de mencionar la historia de los mariños o marinhos gallegos, narrada en el siglo XVI por el licenciado Luis de Molina en sus “Descripción del Reino de Galicia y de las cosas notables” (Mondoñedo, 1550) y por Antonio de Torquemada en el ya mencionado “Jardín de flores curiosas“.

Según cuenta el licenciado Molina, un hidalgo pescó en la isla de Lobeira a una sirena. Cuidó de ella hasta que le cayeron las escamas, y entonces la tomó por esposa. Los hijos que tuvieron fueron llamados mariños.

El relato que nos ofrece Torquemada es mucho menos romántico; cuenta que: «andando una mujer ribera de la mar, entre una espesura de árboles, salió un hombre marino en tierra, y tomándola por fuerza, tuvo sus ayuntamientos libidinosos con ella, de los cuales quedó preñada, y este hombre o pescado se volvió a la mar; y tornaba muchas veces al mismo lugar a buscar a esta mujer, pero sabiendo que le ponían asechanzas para prenderle, desapareció. Cuando la mujer vino a parir, aunque la criatura era racional, no dejó de traer en sí señales por donde se entendió ser verdad lo que decía que con el Tritón la había sucedido.»

Es curiosa la conexión entre esa leyenda de los marinos gallegos y uno de los relatos del escritor fantástico norteamericano Howard Phillips Lovecraft. En “La sombra sobre Innsmouth“, sin duda una de las mejores narraciones cortas de este autor, Lovecraft nos presenta una raza de seres, «mitad peces mitad batracios» —a quienes llama profundos— capaces de reproducirse con seres humanos. El relato nos cuenta la horrible experiencia de un hombre que va a parar a un extraño pueblo costero, Innsmouth, donde los profundos han logrado establecer contacto con sus habitantes y dejar descendencia. Estos descendientes humanos, si bien en un principio parecen por completo racionales, poco a poco van sufriendo una metamorfosis, hasta que, tras adquirir el monstruoso aspecto de sus progenitores acuáticos, se lanzan a vivir en el océano.

Es de suponer que Lovecraft se inspiró, para la creación de este relato, en alguna leyenda del folklore anglosajón, del que era un buen conocedor; es probable que utilizase ese substrato mítico ancestral, presente en lo más oscuro de nosotros mismos, como un elemento más para articular su peculiar narrativa de terror. Por otra parte, no hay que olvidar que el folklore anglosajón es una de las ramas de la cultura céltica, igual que las de los gallegos —y sus mariños— son representantes de lo más genuino de los mitos gallegos. Sea como sea, hay que reconocer que la solidez y la verosimilitud de las leyendas acerca de los hombres-pez sobrepasan en mucho las de otros fenómenos más o menos legendarios, por muy universales que éstos sean. Quizá la antiquísima atracción que el hombre experimenta hacia el mar se deba, después de todo, a unas capacidades o a unas inclinaciones que todos poseemos inconscientemente, y que algunos privilegiados han logrado desarrollar.

 

La obra de terror en particular la exponemos integra a continuación:

(para leer la obra pulse la imagen)

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Textos originales y otras referencias: aquí, aquí, aquí, aquí y aquí

Otras fuentes de los textos:  J. Bord y C. Bord;  P. Costello; A. Shine; I. Woodward; J. Lomar, I. Knight y G. fuller “Criaturas del más alla –  Serie “El mundo de lo insolito” 1984/1986. Circulo de Lectores. Ediciones Internacionales Futuro. España.    Pagina 83