Espectros y fantasmas de mi tierra (7) Fantasmas en las playas y costas

Las costas de todos los pueblos están llenas de leyendas, el mar con sus misterios siempre ha sido fuente de leyendas e imaginarios; desde las antiguas nereidas que movían las olas y las sirenas que con sus cantos atraían a los navegantes para llevarlos a las profundidades. Quizás el fantasma más famoso de las costas venezolanas, es el tirano de Aguirre; donde los fuegos fatuos que se observan en las costas son para los creyentes de la isla de las perlas (Margarita) el alma de aquel conquistador y sus hombres, que trajeron a los pobladores el terror y la muerte.

Barcos Fantasmas

Otras leyendas muy vinculadas al mar son los barcos fantasmas, el más famoso es el barco del Holandés Errante, un capitán que reto los elementos, las tempestades, e hizo un pacto con el diablo mismo para vencer cualquier obstáculo que le pusiera Dios, en castigo por ello fue condenado a vagar por los mares, por toda la eternidad y jamas tocar tierra. Otros barcos como el Mary Celeste se consideran malditos, habiendo zarpando del puerto de Nueva York fue encontrado un mes después a la deriva y sin ningún tripulante; la carga intacta y la desaparición de toda la tripulación sin causa aparente nunca pudo ser explicada. En las costas de Chile, el Caleuche es un barco fantasma que recoge las almas de los muertos en el mar y las convierte en parte de su tripulación.

Cuenta Mercedes Franco que hay un barco fantasma en frente en las costas de Porlamar (Isla de Margarita) y el relato es el siguiente:

Y en nuestra isla nororiental de Margarita persiste la leyenda de un barco fantasma, que los neoespartanos llaman “el barco en llamas”. Se trata del “San Pedro Alcántara”, un bergantín español del siglo diecinueve. Refiere la tradición que uno de los soldados de aquel barco robó el tesoro de la Virgen del Valle, la patrona de la isla. Eran ofrendas de los devotos, oro y perlas que el ladrón enterró en la playa antes de irse. Pensaba volver y recuperarlo todo posteriormente, pero la virgen del mar no perdonó la ofensa. Al poco tiempo de zarpar, el San Pedro Alcántara se incendió súbita y misteriosamente. Era el año de 1815. Y ahora, ese buque fantasma sigue incendiándose eternamente, frente a las costas de Porlamar.

Ya más terrenales y en las propias playas venezolanas la autora cuanta dos leyendas más, estas vinculadas a historias de amor imposible que terminaron con la muerte de los protagonistas y cuyas almas todavía penan en las costas:

La Dama de Isla Blanca

Era caraqueña, bella y de muy buena familia. A fines del siglo XIX tuvo que viajar a París para comprar su ajuar de novia o trousseau, como hacían entonces las muchachas de la alta sociedad. En aquella época no se conocían las embarcaciones de motor, y todo el mundo viajaba en barcos de vela. Al regreso, en medio del océano, el navío fue sorprendido por una “calma chicha”. En términos marineros, se trata de una calma excesiva. El viento casi no sopla y los barcos a vela se detienen. En las largas tardes del océano la joven y el capitán del barco se hicieron amigos. Conversaban todas las noches de poesía, de historia y hasta de astronomía. De esa amistad surgió un apasionado amor, al que se entregaron sin meditar en las consecuencias. Pero en dos semanas comenzó de nuevo a soplar el viento, y al fin la nave pudo proseguir el rumbo trazado.

Ya se acercaban a las costas venezolanas, estaban cerca de la isla conocida como “La Blanquilla” o “Isla Blanca”, cuando de pronto, la muchacha se dio cuenta del grave error que había cometido. Reflexionaba profundamente, sin encontrar la solución a su problema. Amaba al capitán del barco, pero era casado, nunca podrían unirse lícitamente. Además, en Caracas la esperaba su prometido, que no merecía su abandono. Sería una gran afrenta, y una vergüenza para su familia.

Llena de pena y culpa, la pobre se arrojó al mar una noche, cerca de la Blanquilla. Su cuerpo nunca fue recuperado, pero el capitán puso una cruz en la isla, en recuerdo de su amada. Los pescadores margariteños nunca dejan que los agarre la noche en la isla, porque afirman que al salir la luna, la Dama de Isla Blanca se pasea por las blancas arenas, con un hermoso traje blanco. Y quienes duermen allí sienten sus caricias invisibles y su voz apasionada que busca a lo largo de los siglos el amor perdido.

Dama de los perritos

En el estado Falcón se encuentra la playa de Judibana, de blancas arenas interminables. Al atardecer, contra el oro del crepúsculo, muchos han visto pasar a una enigmática mujer. Viste un antiguo traje blanco y lleva un amplio sombrero, lleno de encajes y flores. Pensativa y solitaria, pareciera querer hundir sus recuerdos en las olas. Quienes han logrado ver a la misteriosa mujer, aseguran que lleva dos pequeños perros, atados a una larga correa. Por eso algunos la llaman “la dama de los perritos”.Camina por la orilla y desaparece a lo lejos, en la bruma del atardecer.

Pero… ¿quién es la hermosa desconocida?, ¿por qué se pasea tan sola y triste, en la playa de Judibana? Cuentan los más ancianos de la región que es el espíritu de una bella muchacha coriana del siglo XIX. Comprometida con un oficial español, vio truncas sus esperanzas cuando él partió a la guerra, en 1813, para no regresar jamás. La familia quiso enviarla fuera del país, pero ella se quitó la vida. Desde entonces, se dice que su espíritu atormentado recorre la playa. Quizá pensando en su amado, recordando los dulces momentos de su idilio. Seguirán rompiendo las olas, continuarán los jóvenes bañándose en las aguas espumosas. Y ella seguirá fiel a su memoria, paseando su dolor eternamente, por las doradas arenas de Judibana.

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Textos originales de:  Mercedes Franco (2001/2007) Diccionario de Fantasmas, Misterios y Leyendas de Venezuela. Libros de El Nacional. Editorial CEC, S.A. Caracas. Venezuela. Paginas: 15-16, 38-39

Espectros y fantasmas de mi tierra (6) Fantasmas sin cabeza

Las historias de jinetes sin cabeza forman parte del folklore local de muchos pueblos. Entre los celtas irlandeses existía en el mundo de las hadas un ser conocido como Dullahan o dulachán (hombre oscuro), que es descrito con apariencia humana, cabalga sobre un caballo negro y sostiene en una de sus manos su cabeza, para así poder ver mayor distancia, y con la otra lleva un látigo hecho de la columna vertebral de un cadáver humano; y cuando detiene su carrera lo hace para nombrar al próximo difunto y luego seguir su desbocado camino. Las historias más modernas ubican al jinete sin cabeza conduciendo un carruaje, sin caballos, o con caballos con crines en llamas; en estas versiones el chófer hace el mismo papel de Dullahan; quien recolecta las almas.

Entre los escoceses se tiene que en una batalla de clanes en Glen Cainnir en la Isla de Mull, uno de los guerreros que aspiraba convertirse en el próximo líder, de nombre Ewen, al perder la lucha, él su caballo fueron decapitados; desde entonces cabalga en su montura cerca del lugar de la lucha, ambos sin cabeza.

Entre los ingleses y sus historias de los Caballeros de la Mesa Redonda tenemos el cuento de Sir Gawain y el Caballero Verde; según el relato en una noche de celebración del año nuevo, reunidos todos los caballeros se presentó un gigantesco caballero sobre igual corcel, todo, caballero y cabalgadura, ropajes, pelo y piel, eran verdes. El caballero retó a los presentes a cortar su cabeza con su hacha; y aquel que lo hiciera recibiría el mismo destino al siguiente año. Arturo se ofrece a defender el honor de su corte; pero es detenido por Sir Gawain, quien hace el intento y al cuarto hachazo corta la cabeza del misterioso personaje. Para sorpresa de todos el descabezado recoge su testa del suelo y se la pone en su lugar, recordándole a Sir Gawain su destino el próximo año, y que lo busque en la capilla verde. Sir Gawain al acercarse la fecha debe cumplir con su honor y parte en busca de la misteriosa capilla. Tras muchas andanzas llega a un castillo, donde pese a ser atendido con hospitalidad, la esposa del señor del sitio le empieza a hace ojos y le declara su amor. Sir Gawain no acepta los avances de la señora del castillo y parte del mismo, pero acepta llevar un cinturón de seda verde que le regala la mujer como prueba de su amor, ya que según ella tiene poderes mágicos. Al llegar a la capilla verde (un campo desolado en verdad) se reencuentra con el gigante verde y se inclina para recibir el hacha. Cuatro veces el hacha cayó sobre su cuello a gran velocidad, salvo la última vez que le hizo un pequeño corte, en ninguna tuvo mayor daño; era una prueba para demostrar que los caballeros de la corte del rey Arturo eran honestos y de palabra. Sir Gawain regreso a Camelot y conservó el cinto verde, ese había sido su única debilidad y por ello la marca del corte en su nuca por el hacha. Historias como la anterior se inspiran en el misticismo celta (el gigante verde) que representa los ciclos de muerte y resurrección de cada año, el final del año es el invierno —muerte— y el nuevo año (en la naturaleza) se inicia con la primavera —resurrección—.

Entre las leyendas alemanas de los hermanos Grimm se tienen cuentos de un jinete sin cabeza; en el primero una mujer de Dresde sale temprano un domingo por la mañana para recoger bellotas en un bosque. Oye un cuerno de caza varias veces y cuando voltea ve a un hombre sin cabeza con un largo abrigo gris, sentado en un caballo gris, no digamos lo que le paso a la mujer. En el segundo en la población de Brunswick, un jinete sin cabeza, llamado ‘el salvaje cazador’ hace sonar un cuerno de cazadores, advierte así no salir al día siguiente de caza al bosque, ya que quien lo haga no volverá. Leyendas como esta se inspiran en los mitos del dios celta Cernunnos; el dios astado (las astas o cuernos del ciervo). Vigilante de los bosques, dios de las bestias y en muchos casos del inframundo; este dios se fundió tras la llegada del cristianismo en mitos como el de cazador con astas; donde un cazador furtivo fue castigado y colgado, o decapitado, por el rey; hoy el cazador y el y sus perros negros con lenguas de fuego vagan por los bosques (al igual que Cernunnos), sonando su cuerno cuando andan de cacería, y pobre del que se cruce en el camino del cazador.

De los mitos celtas de irlandeses, alemanes y escoceses se pasa a tierras americanas y Washington Irving las conjuga en su cuento ‘La leyenda de Sleepy Hollow‘; en el cuento, ubicado a final del siglo XVIII, un desgarbado y muy supersticioso maestro de escuela de Connecticut, llamado Ichabod Crane, compite con Abraham Van Brunt, por la mano de la joven Katrina Van Tassel, única hija de un rico hacendado. En una fiesta, Abraham narra la historia de que fue en una noche de otoño perseguido por el Jinete sin Cabeza, quien es supuestamente el fantasma de un soldado de Hesse que perdió su cabeza por una bala de cañón durante la guerra de independencia americana, y que lleva una calabaza encendida en lugar de cabeza; Abraham dice que se salvó por lograr cruzar un puente en el camino que el fantasma no puede cruzar. Asustado por la historia, Ichabod regresa a su casa para encontrarse que es perseguido por el espectro. A la mañana siguiente no hay rastros del maestro, y sólo aparece una calabaza rota cerca del puente.

Aunque esta historia es pura ficción, ha servido de modelo para el resto de historias sobre el jinete sin cabeza en toda América. Uno de los fantasmas sin cabeza que más se pasean por toda la América Latina es la del cura sin cabeza; herencia de mitos europeos, cada pueblo latinoamericano le pone su sazón particular a la historia. En la mayoría de las versiones el cura sin cabeza se trata un cura, monje o sacerdote católico que (1) no fue muy honesto con sus acciones (roba los diezmos, o fornica con las mujeres de la población) y en castigo por sus actos se le condena a vagar como fantasma descabezado el resto de sus días. (2) Algún cura que fue ajusticiado injustamente y tras ser colgado o decapitado sigue apareciendo en el sitio de su martirio. (3) Algún accidente (caer una campana que lo decapita o algo similar).

En Brasil esta leyenda se combina a la leyenda de la ‘Mula sin Cabeza‘; siendo esta mula la mujer que fornicaba con el cura y que fue castigada bajo esa apariencia. Aunque la mula descabezada es propia del Brasil, la idea de una mujer pecadora transformada en mula viene de Portugal y la leyenda de Muladona o Donamula, una mujer que fue transformada en mula por iguales pecados; y que en Argentina se conoce con el nombre de Almamula o Mulánima.

En México la leyenda del Jinete sin Cabeza tiene varias versiones. Una primera es una historia de traiciones y venganzas; se cuenta que en 1856 en una población cercana a Monterey vivía la bella Margarita, y era pretendida por dos rivales: Ponciano Arriaga y Federico Loera; para mala suerte de los dos en disputa un tercero conquistó a la joven y una noche ambos escaparon. La felicidad de Margarita y el joven Lorenzo Antonio no duró mucho; el padre de la chica molesto por el rapto de su hija contrata a los dos rivales para eliminar al secuestrador. Los antes enemigos, ahora aliados, van al rancho donde están los amantes y cuando en la noche Lorenzo Antonio sale, al escuchar ruidos, no imagina la suerte que le espera. Es golpeado innumerables veces por los hombres y sus quejidos despiertan a Margarita, que sale y al abrir la puerta observa como uno de los hombres saca un machete, mientras el otro sostiene a su amado; la cabeza de Lorenzo Antonio cae y rueda hasta los pies de la chica. Los misteriosos hombres se retiran y Margarita es luego llevada donde su padre por las personas que se aproximaron al rancho para enterrar el cadáver del chico. Margarita poco a poco se marchita; y no paso una semana cuando un corcel negro cabalga en la noche, los que se asoman ven a un jinete sin cabeza y se encierran en sus casas. A las pocas horas se encuentran los restos decapitados de Ponciano Arriaga, Federico Loera y el padre de Margarita; la chica nunca más fue encontrada.

Una segunda versión nos cuenta la historia de un campesino llamado Carmelo, acompañado de su perro que ladra al escuchar los pasos de un caballo que se acerca y pero al voltear no hay nadie a su alrededor. Pasan los días igual y cada vez más atemorizado; hasta que finalmente bajo un árbol aparece finamente el caballo blanco y su extraño jinete; un charro cuyo cuerpo terminaba en los hombros. Asustado Carmelo pregunta al espectro que desea de él. El jinete responde y dice llamarse Joaquín Murrieta y que custodia un tesoro; tesoro que Carmelo podrá desenterrar, siempre que lo haga él solo. Carmelo tan entusiasmado estaba que contó su historia en el pueblo y pronto se vio acompañado por muchos hombres a cavar en el sitio. Rápidamente se encontraron los arcones con joyas y oro; pero aparece el jinete sin cabeza y Carmelo recuerda la instrucción del mismo. Con un brinco del caballo la tierra se abre y traga a todos y el tesoro; Carmelo suplica que los perdone a ellos y lo lleve a él, pero es tarde. Regresa a su hogar y se sienta mirando la puerta; ya no come y bebe más y muere a los pocos días.

Quizás la versión que más se repite, después de la del cura, en toda América, es la del soldado decapitado; en México en las luchas de la independencia, a inicios del siglo XIX, los revolucionarios y conservadores pelean por el control de México. En el camino que conducía a la capital en una de esas tantas escaramuzas las tropas conservadoras atraparon a un joven revolucionario; para dar escarmiento y ejemplo decapitaron al joven y llevaron su cabeza a la capital. Al regresar por el cuerpo y el caballo del mismo, no los encontraron. Hoy en las noches oscuras, por el camino cerca del puente y el viejo árbol donde decapitaron el revolucionario se pueden oír los golpes de un caballo, y ver al jinete sin cabeza buscar su testa.

En Guatemala la versión se remonta a la conquista, según se cuenta en el municipio de Sumpango, uno de los conquistadores llamado Santiago Azurdia se separa de su grupo y forma su propio grupo de soldados, con los cuales ataca poblaciones y caseríos indígenas; finalmente es apresado y para dar ejemplo, evitando el alzamiento de los indígenas a los españoles, es decapitado en la plaza. Antes de morir Santiago dice que el volverá por las almas de todos lo que presenciaron su muerte. Aún hoy el alma de ese soldado español recorre las calles de su pueblo, en busca de los descendientes de las personas que observaron su castigo para cortarles la cabeza, reclamar sus almas. Pero hay quienes se apropiaron de la leyenda y asustan a los pobladores para así alejar miradas de asuntos más terrenales en las noches oscuras.

En Argentina a inicios del siglo XX, cuando el ferrocarril era ampliado para llegar a la cordillera, en la provincia de Mendoza, muchos extranjeros llegaron a la región buscando trabajo; entre ellos un ingles de apellido Foster, a quienes los locales llamaban el Futre, modismo que significa ‘bien vestido’. Según las versiones Foster tenía a su cargo el pago de la nomina a los jornaleros y en una de sus llegadas para pagar fue atacado por unos ladrones y robado. La historia señala que el cuerpo fue encontrado sin cabeza y se pensó en un ajuste de cuentas, incluso que habían sido los propios jornaleros cansados de su trato, pero nada pudo ser probado. Desde entonces, el Futre se aparece a caballo, sosteniendo su cabeza entre las manos, dispuesto a atropellar o a matar del horror a aquél que se interpone en su camino. El Futre se aparece a quienes tienen alguna cuenta pendiente que pagar, principalmente, con la justicia. Por ello se dice que el Futre no está entre las gentes, sino está en la conciencia sucia de los malhechores.

En Venezuela tenemos entre las leyendas de seres sin cabezas las siguientes:

El Descabezado de Sabaneta.

Sabaneta es una población rural del estado Barinas, como toda población de los llanos está llena de encanto, hospitalidad y tradiciones. En las largas noches de ese eterno verano los pobladores mayores se entretienen contando antiguas historias a sus nietos; entre ellas se cuenta que cuando sopla el Barinés (un viento frío ocasional que baja de la cordillera y sopla de oeste a este, lo contrario a los vientos que soplan en los llanos venezolanos, poco antes de que lleguen las lluvias) y son noches sin luna, ese viento helado suena como un lamento espectral.

Muchos dicen que se trata del lamento del ‘Descabezado de Sabaneta‘; un hombre que murió decapitado por un machete hace más de medio siglo, en una pelea con un rival por el amor de una bella mujer. Las apariciones del fantasma ocurrían en su mayoría cerca de una antigua hacienda, hoy desaparecida al crecer la población; y entre los corredores de aquella antigua vivienda colonial el descabezado se aparecía preguntando a los presentes si habían visto su cabeza.

El jinete sin cabeza y el ahorcado del samán

En San Carlos, estado Cojedes, se cuenta una historia que se remonta a los inicios de la guerra de Independencia; allá por el año 1814, las tropas del terrible Boves se acercaban a San Carlos. Y hay dos versiones de los hechos, la primera se refiere a que un joven patriota, llamado Francisco Contreras, que regresaba de una de sus tantas conquistas. Aunque era un soldado fuerte, inteligente y luchador, tenía un gran defecto, no podía ver las faldas de una mujer. Francisco ve a las tropas de Boves acercarse, el soldado espolea con fuerza su cabalgadura para ir a avisar a sus compañeros. Fue perseguido por un soldado realista, quien de un machetazo le corto la cabeza, pero el caballo siguió corriendo con lo que quedaba de su jinete aferrado a sus riendas. El caballo nunca regresó y nunca se encontró el resto del jinete. Desde entonces el jinete sin cabeza galopa los llanos de Cojedes y se le ha visto iniciar su carrera en la plaza de San Carlos.

La segunda versión es más propia de historias de traiciones, venganzas, tortura y muertes; en esas mismas fechas, los patriotas celebraban un pequeño triunfo sobre las tropas realistas y Francisco Contreras en la fiesta se encapricha por primera vez de una mujer casada, Teresa, la esposa del jefe militar de San Carlos, el general Eduardo Zambrano, hombre de abolengo, muy poderoso y sobre todo vengativo. Lo avances de Francisco fueron correspondidos por Teresa, quien aprovechando que su marido tuvo que salir fuera de la ciudad por reuniones con otros generales, mete en su cama a su amante. Pero para mala suerte de los amantes, el marido regresa, avisado por algún soplón y confirma la traición de su mujer y su subalterno. Eduardo al día siguiente, lleva a Francisco a las afueras del pueblo, la excusa es prepararse para una batalla que pudiera venir. Lejos de todas las miradas, Eduardo golpea a Francisco, quien cae y es sometido a terribles torturas hasta que finalmente Francisco muere decapitado. Eduardo regresa a casa y le muestra la testa del soldado a su mujer. Teresa aterrada se suicida. Al poco tiempo Eduardo empieza a ver visiones, sus crímenes lo persiguen y finalmente una noche se le aparece el jinete sin cabeza. Eduardo huye del espectro hasta llegar al pueblo; no encontrado más refugio que las ramas de un samán donde se enreda con unas cuerdas y ahorca, tratando de escapar del jinete. Desde entonces del jinete sin cabeza que vaga por las llanuras de San Carlos, montado en un caballo que más bien parece que vuela; y en el pueblo el alma del ahorcado aparece penando por sus crímenes.

El arreo de la sabana

En Maturín, estado Monagas, se cuenta la historia de un ganadero de recio carácter llamado Papá Juán Ruiz; según los narradores, era una noche en la que el ganadero y sus peones iban llevaban su ganado de mulas; a lo lejos escuchan que se acerca otro grupo que lleva sus propias mulas, por los rebuznos que se escuchan; pero mientras más se acerca la otra comitiva, los rebuznos parecen ser risas infernales, más fría se pone la noche, las estrellas y la luna se ocultan bajo oscuras nubes como de aguacero; y al ser visible los peones de Juan tiemblan al contemplar que la otra comitiva es precedida por un jinete sin cabeza, y pronto no es sólo el jinete, sino toda la comitiva: mulas y peones, no tienen cabeza.

Juan no se amedrenta y dispara su rifle para espantar a aquellos espantos, pero uno de los peones descabezados monta a sus espaldas y el caballo y sus jinetes salen disparados a la llanura. De Papá Juan Ruiz no se supo más, y los peones señalaron que lo único contra el arreo fantasmal es rezar a la Santísima Trinidad, y quién es víctima de espectral cortejo no se le vuelve a ver ni la pata.

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Referencia: Mercedes Franco (2001/2007) Diccionario de Fantasmas, Misterios y Leyendas de Venezuela. Libros de El Nacional. Editorial CEC, S.A. Caracas. Venezuela.

Para más referencias sobre los jinetes sin cabeza y textos originales puede consultar: aquí, aquí, aquí, aquí, aquí, aquí y aquí

Espectros y fantasmas de mi tierra (5) Algunas leyendas urbanas

Las leyendas urbanas son relatos pertenecientes al folklore contemporáneo; son historias contadas de la forma ‘esto me lo contó el amigo de un amigo‘, presentas historias contemporáneas, hechos que pueden haber ocurrido ayer y parten de hechos reales, por ello muestran cierta veracidad; pero a las cuales han sido exageradas, distorsionadas o mezcladas con ficciones y un toque de terror sobrenatural. Entre las más comunes de estas historias tenemos: los cocodrilos en las alcantarillas, el fantasma que toma un aventón (auto-stop) en la vía, el fantasma del espejo, ver gente que se supone muerta (muy típico en USA es ver a Elvis Presley), el loco asesino escapado del manicomio, el perro que mata al bebe, el fantasma del baño, despertar tras una noche de copas y descubrir que te pegaron el SIDA o te quitaron un riñón; etc. En Venezuela se tienen sus propias versiones particulares; entre ellas podemos citar:

La novia del Litoral

Todas las grandes ciudades tiene su versión de esta historia, una hermosa chica hace un auto-stop en una vía solitaria y al llegar a destino simplemente desaparece. Cuenta Mercedes Franco (p.76) lo siguiente:

A mediados de nuestro pasado siglo XX, un automovilista venía de la playa por la carretera vieja de la Guaira. En mitad del camino encontró a una muchacha vestida de novia, quien le pidió la llevara a Caracas. Durante el camino conversaron agradablemente y él se lamentaba de que aquella mujer fuese a casarse al día siguiente, como le informó. Era tan bella. La dejó en una casita de Catia, tal como ella le indicó. Cuando se dirigía a su casa, el joven notó que la pasajera había olvidado en el asiento su ramo de rosas blancas. Se devolvió a la casita donde minutos antes la dejara. Le atendió una señora. El preguntó por la novia. La señora le mostró una fotografía, preguntándole si se trataba de esa chica, a lo que el hombre asintió. Entonces le explicaron que aquella joven había muerto veinte años atrás. Venía a casarse a Caracas y tuvo un accidente fatal en esa vía. Desde entonces, vestida de novia, sigue vagando eternamente tratando de llegar a Caracas para casarse y solicitando a los transeúntes que la lleven. En aquel momento el ramo de rosas blancas que el joven llevaba en su mano se convirtió en cenizas.

La aparecida en el espejo

En Estados Unidos es muy común la leyenda del fantasma en el espejo; este mito urbano se remonta varias décadas y ha tendido distintas versiones; la más común es la de Bloody Mary (María Sangrienta); según una de las versiones, hace muchos años murió Mary y fue enterrada. Era costumbre en la época de poner una campana a los muertos, por si realmente no lo estaban muertos (la medicina era muy mala), si el vivo despertaba podía sonar la campana y así ser rescatado de su tumba. Cuando Mary despertó de su catalepsia (que es un trastorno repentino en el sistema nervioso caracterizado por la pérdida momentánea de la movilidad, voluntaria e involuntaria, y de la sensibilidad del cuerpo; en el cual la persona yace inmóvil, en aparente muerte y sin signos vitales) tocó la campana pero nadie la escuchó. Al día siguiente vieron la campana movida y desenterraron el cuerpo, Mary estaba agonizante y con sus uñas desgarradas había tratado de abrir el ataúd. Con su último aliento maldijo a todos y aquellos que repitan su nombre frente al espejo un determinado número de veces la verán aparecer y escucharan la campana que nadie escuchó, antes de tener su misma suerte. Las versiones del cuento varían, sobre todo las causa de la muerte y el número de veces que debe ser llamada, he incluso los pasos del ritual para llamarla. Otra versión es la Mary Ann; una chica muy hermosa que le gustaba molestar a las menos agraciadas; tanto fastidió a la joven Elisabeth, que esta cansada un día le arrojó una sartén con aceite hirviendo. Mary Ann sobrevivió pero cuando pudo ver su imagen desfigurada en el espejo no lo soportó; se encerró en su casa y cubrió todos los espejos, hasta que al poco tiempo fue encontrada muerta, se había cortado las venas con el cristal de un espejo roto. Nadie fue a su funeral, así de mala había sido en vida. Desde entonces quien la invoca pierde su imagen en espejo y mira la de Mary Ann, y es tal el horror que al final termina suicidándose igual que Mary Ann, con el vidrio de un espejo roto. El porque de los espejos tienen que ver con estas historias viene la impresión que se llevaron los nativos americanos de semejante objeto; los convirtieron así en puertas al alma y por ende al más allá. Mercedes Franco (p. 11) nos narra la siguiente versión venezolana:

Una familia de La Pastora, un barrio caraqueño de los más antiguos, se mudó a una casa vieja. No tenían muebles y la dueña de la casa decidió venderles algunos de los que amoblaban la casa. Se quedaron con las camas, unas cuantas sillas y una peinadora antigua, con un buen espejo. Aquella misma noche, cuando la nueva dueña fue a peinarse, vio reflejada en el espejo la imagen de una muchacha rubia y pálida. Esa noche durmió con sus hijos y al amanecer puso inmediatamente en venta el mueble embrujado. Lo compró una vecina, quien también lo vendió porque cada vez que se miraba, veía el rostro de la aparecida del espejo. La peinadora antigua fue pasando de mano en mano, hasta que no se supo más de ella. Tal vez se encuentre en alguna venta caraqueña de antigüedades.

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Referencia: Mercedes Franco (2001/2007) Diccionario de Fantasmas, Misterios y Leyendas de Venezuela. Libros de El Nacional. Editorial CEC, S.A. Caracas. Venezuela.

Para más referencias sobre leyendas urbanas puede consultar: aquí y aquí

Espectros y fantasmas de mi tierra (4) Tierra de ánimas

Las ánimas, como se cito antes, se tratan de almas de hombres y/o mujeres que por sus actos fueron condenados al Purgatorio y donde los creyentes les rezan para pedirles favores a cambio de velas y oraciones; son en su mayoría fantasmas condenados a hacer, tras la muerte, el bien que no hicieron en vida. En otros se trata de almas que en vida fueron piadosos y como si fueran santos (fuera de la Iglesia) los creyentes les piden favores. Entre las más conocidas ánimas de Venezuela tenemos:

Francisca Duarte, el ánima de Taguapire

Quizás la ánima más conocida en los llanos y en oriente; la creencia ubica sus orígenes en una humilde trabajadora de un Hato llamado Barrialito, en Santa María de Ipire, estado Guarico, que perteneció a Natalio González Hurtado. María Francisca (Panchita) Duarte, llamada popularmente como ‘Mama Pancha‘ o ‘Pancha Duarte‘ fue una mujer bondadosa, responsable, decente y de un carácter recio que no aceptaba el tuteo como fórmula de tratamiento. Se dice que era partera o comadrona y que murió de paludismo, desconociéndose el día y año exacto de su muerte. Su cuerpo encontrado muerto en su chinchorro, fue llevado en el mismo para darle cristiana sepultura, pero una crecida del río impidió cruzar y los deudos colocaron su cuerpo debajo de un árbol de taguapire (llamado también espino carbón, un árbol/arbusto delgado de muchas ramas largas, con espinas en cada hoja); al día siguiente las aguas habían bajado y los deudos quisieron cruzar el río, pero el cuerpo se puso tan pesado que no pudieron levantarlo; así que lo enterraron en el sitio, al pie del árbol.

Ocurrió tiempo después que un llanero descansando bajo el árbol le pide al ánima difunta que le ayude a recuperar su ganado, a cambio él le haría un cercado de palma para que nadie la pisara. El milagro se cumplió, pero el hombre no pagó su promesa, por lo que el ánima se manifestó a través de una aparición, causándole un gran espanto. Así asustando el llanero le construyó un túmulo de ladrillos en el sitio donde fue enterrada y hoy hay una pequeña capilla, donde rezan los creyentes del Ánima de Taguapire.

José Zambrano, el ánima de Pica Pica

Un humilde hombre que trabajaba en el correo, cuando no habían carreteras asfaltadas y estos se recorrían en mulas; ese era el trabajo de José Zambrano, y su ruta de encomiendas cubría desde Zaraza (Edo. Guárico) a Villa de Cura (Edo. Aragua). Pero eran tiempos duros y agarrar la malaria, fiebre amarilla o el dengue era muy común en esos años. José Zambrano contrajo la fiebre amarilla, y casi finalizando su ruta, cerca de la población de Chaguaramas, se sintió muy enfermo y se sentó a descansar con su mula, mientras sus compañeros continuaban el recorrido. El sitio era en ese entonces el Hato Monte Azul y el dueño, un terrateniente de apellido Belisario, que se encontraba buscando un ganado que se encontraba perdido, terminó encontrando los restos de José Zambrano. Cubrió al difunto con ramas del árbol y le dijo que si encontraba su ganado, el volvería a darle cristiana sepultura. Así ocurrió y el dueño regresó sepultando al José Zambrano y construyendo un pequeño rancho (vivienda de barro) sobre su tumba.

Los viajeros de aquellos caminos rurales al pasar por el lugar pedían al ánima del difunto una travesía tranquila y segura en el viaje. Con el tiempo los favores fueron cada vez más frecuentes llevando el culto más allá de la región donde murió el pobre mensajero. Hoy le rezan los que desean curas de enfermedades tropicales, los chóferes piden protección en esas carreteras abandonadas de los llanos guariqueños y los enguayabados (borrachos) que les permitan llegar a salvo a sus casas.

Maximiliano González, el ánima de la Yaguara

Son los tiempos tras las lucha de la independencia; Maximiliano González es correo del ejército patriota entre la ciudad de Valencia y la población de Tinaquillo en el Estado Cojedes. Su don de gente y solidaridad hizo que fuera muy querido por los vecinos de la zona por donde viajaba. Al igual que las ánimas anteriores, en uno de sus viajes la fiebre amarilla lo aquejó, la diarrea, la deshidratación y la fiebre lo consumieron y murió en un paraje solitario ubicado entre la quebrada de Barreras y el pueblo de Tocuyito. Sus restos fueron encontrados después de varias semanas debajo de un árbol de yaguaro donde había buscado cobijo para resguardarse. Para sorpresa de todos su cuerpo no se corrompió, ni fue devorado por los ánimales; el sol lo disecó. Fue sepultado en el sitio donde fue encontrado y las mentes campesinas vieron en la conservación del cuerpo un acto milagroso; que originó el culto al ánima del yaguaro, o de la yaguara. A poco de haber sido enterrado, una peste se presentó entre el ganado y un criador viendo el peligro en sus reces rezó al ánima de Maximiliano González. Cuando su ganado se salvó el criador trasladó los restos mortales de Maximiliano González a su hato y construyó una pequeña capilla, donde aun reposan. Años más tardes se construyó una pequeña iglesia al frente de la capilla donde se realiza la misa de los domingos. Pero la cripta de Maximiliano González no ha sido descuidada y siempre se encuentra llena de flores y velas por los favores concedidos.

Se cuenta que muchos años después de su muerte, un conductor pasaba por el lugar y por una lluvia su carro quedó varado en el lodo. Para poder sacarlo el conductor recibió la ayuda de un lugareño que empujo el vehículo junto con el conductor. Tras sacar el carro, el conductor se vuelve para dar las gracias, pero se encuentra solo; tras seguir su camino pregunta por él y descubre que era Maximiliano González el ánima de la yaguara.

Juan Salazar, el ánima de Güigüe

Son los años veinte, Venezuela vive bajo la dictadura militar del General Juan Vicente Gómez; y el país está lleno de cuarteles y prisiones. La población de Güigüe, a 30 km de Valencia, estado Carabobo, era propiedad de Gómez. Para el año de 1926, Güigüe con 9.300 habitantes, solamente 2.213 se dedicaban a la actividad agrícola y 1.873 eran desempleados; ya que para la actividad agrícola utilizaba el dictador la mano de obra de los soldados (reclutas), acantonados en el cuartel Naverán, ubicado en la localidad. Juan Salazar, nativo de San Juan de los Morros, es soldado en Naverán. En una de sus salidas demora su regreso y viendo lo tarde que era, tiene miedo al castigo que aplican a los desertores. En esos tiempos se castigaba a los soldados desertores con cárcel de seis meses, encerrados en aislamiento, con poca comida y agua, con azotes y torturas. Juan Salazar decide escapar y se oculta en la montaña (selva) consciente de que alguna patrulla de militares lo estaría buscando y que su cobardía sería severamente castigada. Dice la leyenda que unas señoras que cortaban leña por el fundo “San Rafael” cercano a una siembra de cacao, le encuentran desnudo y hambriento, con una vara del fruto citado en la mano. Más pudo el piedad cristiana y esas mujeres ayudaron al joven dándole agua y comida. Un soplón delató al desertor y unos soldados lo trasladaron moribundo a Naverán. Allí moriría tres días después el 3 de diciembre de 1928. Hubo que esperar al 28 de febrero de 1937 para que se le diera en Santa Iglesia Parroquial y un funeral en honor al extinto joven, a quien el cura párroco, Miguel Palao Rico, refirió como un devoto de la Virgen del Valle. A los veinticinco años de su muerte, en 1953, la señora Matilde Gutiérrez, devota del ánima de Juan Salazar hace construir una capilla para los restos del mismo, capilla que hoy en día es visitada por muchos fieles creyentes a rendirle tributo y dar gracias por los favores concedidos.

Las ánimas de Guasare

En la península de Paraguana, en Guasare, cuentan los lugareños de una procesión de ánimas dolientes, que rezan en voz alta y llevan antorchas encendidas. Guasare es un punto en el istmo de los médanos, que une a la Península de Paraguaná con tierra firme en el Estado Falcón. El nombre viene de un árbol cactáceo que abundaba en la zona. Dista unos diecisiete kilómetros al norte de la ciudad de Coro y, aun cuando hoy en día se le conoce por la capilla donde se veneran las ánimas de Guasare, anteriormente era sitio importante de pesquería artesanal, lugar de cría de chivos y ovejos, e importante sitio de posada y trueques entre viajeros de la ruta Coro a Paraguana.

El origen de las ánimas de Guasare tiene dos fuentes, la primera se refiere a la lucha entre el Coronel Juan Crisóstomo Falcón, Jefe Militar del Gobierno en Coro durante la hegemonía de los Monagas, y las fuerzas rebeldes comandadas por el Coronel Juan Garcés. En esa batalla, ocurrida el 16 de Julio de 1854, perdió 1a vida el jefe rebelde, Garcés, prócer de la gesta libertadora y antiguo compañero de armas del propio Falcón. Así las ánimas de Guasare son las almas de combatientes de ambos grupos que muertos en ese entonces.

Una segunda explicación es que se trata de los muertos en la hambruna de 1912 y que acabó con gran parte de la población de Guasare. Los testimonios coinciden al reseñar las penurias de los años 1911 y 1912 como un ‘mal divino’ insoportable para cualquier mortal. La sequía azota todo el país. El dictador Juan Vicente Gómez, permanece en Maracay, mientras en Caracas, la fiebre amarilla la peste bubónica y la viruela diezman a la población. El General Ramón Ayala, Presidente del Consejo de Gobierno creado en 1910, asume por segunda vez la Presidencia de la República, encargado por Gómez. En Guasare los que tratan de sobrevivir migran a la sierra falconiana y aquellos con lanchas pesqueras se arriesgan a ir a otras costas para probar más suerte.

Hay una tercera versión, más terrenal y práctica, se señala que el culto a las ánimas de Guasare no se inició sino hasta mediados de los años cuarenta, época en que el boom petrolero movió de los campos a muchos campesinos a los pozos en Zulia y los llanos. Guasare para sobrevivir simplemente crea el culto a las ánimas, como una parada ‘turística religiosa’ que permita mantener vivo el pueblo; se habla de unos esqueletos encontrados durante una excavación para construir una carretera y sobre esos restos, presumibles de la época de la hambruna, se construye para ellos una capilla. La capilla en Guasare es hoy punto obligado de devotos y viajeros, quienes sin distinción de clases sociales o económicas, detienen su viaje para rezar una oración a las ánimas de Guasare, encender velas y velones, pagar promesas, además de dejar limosnas. Las limosnas son administrada por la Diócesis de Coro en ayudas a programas sociales. En singular también existe el ánima de Guasare; en este caso se hace referencia a un conductor de camión muerto en un accidente en 1960 y al que le rezan los conductores.

El ánima de José Gregorio Rivera

A mediados del siglo XIX, en el estado Mérida, un rico hacendado llamado José Gregorio Rivera se niega al abandono de su esposa, quien se ha recluido en un convento. Rivera logra entrar y asesina a su mujer y hiere a una de las monjas que la protegían. Logra escapar y al llegar a su casa se arrepiente de sus actos e implora perdón. Esa noche se le aparece el fantasma de su difunta esposa, le indica que se le va a dar una oportunidad de redimirse; debe a partir de ahora y hasta el día del juicio ayudar a todos sus semejantes. A la mañana siguiente Rivera es encontrado muerto, sin causa aparente. Desde entonces la gente de Mérida lo ha visto aparecerse ayudando a los que están en peligro y en necesidad.

El ánima de Juan Bautista Morillo

En 1920 un campesino humilde que solía llevar verdura y agua de un caserío a la ciudad en una carreta de burro; su nombre era Juan Bautista Morillo y sufrió una muerte trágica al tener un accidente con un automóvil. Fue sepultado en 1920 en la entrada a Puerto Cabello entre El Palito y el aeropuerto. Los viajeros piden protección en el viaje; pero los devotos llaman a Morillo para que los ayude en el juego, prometiendo repartir las ganancias con él. Morillo castigas severamente a los ladrones y no ayuda a especuladores. Los devotos llegan a la capilla, encienden velas y dicen: —Vamos a jugar, Morillo, si ganamos te traeremos tu parte—. Hoy el culto a Morillo ha tenido en esta época de santeros gubernamentales un gran apoyo y lo usan como excusa para atacar a la oposición, como si a las ánimas les importara quien gobierna.

El ánima del Padre Magne

En 1859 se inicia en Venezuela la Guerra Federal; la disputa entre las élites conservadoras y los reformistas liberales provocaron una de las guerras internas más largas y duras en el país tras su independencia. En 1962 la dictadura de José Antonio Páez (su tercer periodo) entra en su caída; y en esta época de revueltas la ciudad de Cumaná, estado Sucre, partidarios del partido liberal, encabezados por el Padre José Magne, luchaban contra tropas del ejército nacional. Cuando los rebeldes perdieron la lucha y Magne fue fusilado por los soldados y sepultado en el sitio de la batalla. Cuenta la leyenda que el sacerdote tomó la muerte con resignación y serenidad y sus últimas palabras fueron: —mi sangre hará brotar luchadores federales por todas partes—, y, efectivamente, muchos hombres se juntaron a los liberales y un año después, 1963, cae Páez y termina la Guerra Federal.

Con el final de la Guerra Federal, Antonio Guzmán Blanco en representación de los federalistas y Pedro José Rojas en representación de los centralistas firman un acuerdo de paz; se crea un congreso mixto y para poner orden a la nación que designa a Juan Crisóstomo Falcón como Presidente de Venezuela y la Vicepresidencia a Guzmán Blanco. Guzmán Blanco aprovecha las ausencias del presidente Falcón y logra promover el voto universal (solo hombres) para elegir los poderes ejecutivo y legislativo; eliminar la pena de muerte y la presión por deudas. En 1866 Falcón se retira y designa a Manuel Ezequiel Bruzual, sucesor interino. José Tadeo Monagas busca recuperar el poder y arma la Revolución Azul, Falcón y Guzmán salen del País. Un año después Guzmán regresa con un gran ejercito liberal y es la Revolución de Abril. El triunfo de Guzmán lo pone como el gran hombre que regirá buena parte del final del siglo XIX en Venezuela.

En Cumaná el nombre del Padre Magne llegó con el tiempo a ser un símbolo para el pueblo. Pronto su tumba se convirtió en santuario para la gente humilde y se construyó una capilla, que siempre estaba llena de velas y flores. Los campesinos de la región pedían éxito en sus empresas, prendiendo una vela para el Padre Magne y cuando moría un niño sin bautizo en los caseríos vecinos, enterraban el cadáver cerca de la tumba del Padre Magne, creyendo que eso bastaba para borrar de su alma el pecado original.

López Chirinos, el anima del chaparro

López Chirinos regresaba de su mina acompañado por su perro. Tenía fiebre y no podía seguir más, estuvo enfermo varios días y a la sombra de un árbol de chaparro se puso a descansar, sin ayuda, por fin se murió. El perro estuvo defendiendo su cadáver de los zamuros hasta que lo encontraron. Los pobladores de El Manteco contrataron a un joven albañil de Upata que iba por esos lados buscando trabajo y los piadosos recogieron dinero para encargar al albañil de hacer la tumba para el desconocido que había muerto en el lugar. La sorpresa acompañó al joven en su trabajo, cuando al mover los restos humanos, encontró las riquezas que el muerto había traído de las minas de oro. Y en su suerte no olvidó poner algo de su parte para agradecer el obsequio. Así se construyó el mausoleo, donde los devotos siguen con su culto al ánima del chaparro.

Flores Brito

En la isla de Coche, Estado Nueva Esparte, en una colina del pueblo de San Pedro se encuentra una capilla que contiene una cruz. El dueño de esta cruz era Flores Brito, quien murió hace 40 años. Era curandero de gran fama en la isla. Según la leyenda, la cruz le dio grandes poderes, porque era una cruz milagrosa. Después de su muerte, los adeptos invocaron su ánima para curar enfermedades. En ocasión de la fiesta de la cruz de mayo celebran una fiesta en la capilla en honor de Flores Brito. No es solamente el protector de los enfermos sino también de los deportistas. Antes de competir, los deportistas rezan a él y luego colocan los trofeos en la capilla, dando gracias al ánima para su victoria.

Jacinta Flores

Jacinta Flores, oriunda de Camaguán, estado Guárico, hizo su vida en Maracay; nunca aprendió a leer y escribir, y de sus nueve hijos sólo sobrevivieron dos. Sabía preparar remedios caseros, guarapos e infusiones, y por ello agarró gran fama; se decía que Dios la escogió para hacer milagros. Cuando muere en 1960 fue enterrada en el cementerio de Maracay. Dos años después se atribuye su primer milagro; un niño enfermo fue traído a un centro curativo espiritual y Jacinta Flores se manifestó en un médium, indicando los remedios para salvar la vida del bebé. Desde entonces las hijas de Jacinta Flores perpetúan el culto y se convirtieron en espiritistas después de la muerte de su madre. Jacinta Flores se manifiesta en sueños a los creyentes, y en su tumba en el cementerio se encuentra una capilla revestida de placas conmemorativas; así como la dirección de las hijas, y su horario de trabajo (vaya negocio con la fe).

El ánima del Samán Llorón

Por las tierras llaneras de San Fernando de Apure, en la época de las luchas por la independencia, los llaneros de Páez luchan contra los realistas. Uno de los tantos soldados del centauro de los llanos muere peleando en el lugar. Para otros se trató de un soldado que luchaba contra la dictadura de Juan Vicente Gómez. Lo cierto es que el difunto permaneció varios días enredado en los hilos de una empalizada, bajo un gran samán; lugar donde fue enterrado. Para muchos  la devoción al anónimo soldado como un ánima intercesora entre los pobladores del Apure se debe a que el cuerpo no había sido ni tocado por los zamuros, y ello hizo crecer la idea de milagro. Durante muchas décadas los fieles prendieron velas en el lugar, pidiendo ayuda al ánima. Hoy día el tronco del samán aún se encuentra en la salida de San Fernando de Apure hacia los llanos, pero ya no existe más la devoción. Los viejos adeptos se murieron y los jóvenes ya tienen otras ánimas que imploran para recibir ayuda. Este es un ejemplo de la desaparición de un culto.

María Francia

La tradición señala que María Francia era una bella estudiante universitaria, estudiante de derecho; quién vivía en Caracas con sus padres. Casi por concluir sus estudios iba a realizar el sueño de toda chica, casarse con el novio de toda su vida. Aquí se dan dos versiones, aunque la causa real de su muerte realmente no sea conocida. La primera es que preparando su ajuar de novia, tocan a la puerta y le entregan un hermoso ramo para su boda; al agarrar el ramo una culebra la pica y muere por el veneno. En la segunda versión es que sale al patio de su casa a buscar flores para armar su ramo, con igual suerte. La primera versión se presta incluso a una añadido, el ramo lo había enviado una antigua amante del novio, que molesta y despechada se cobró su rabia en la joven chica. Lo cierto es que muerta y sin cumplir sus metas (terminar sus estudios y casarse) María Francia fue enterrada en el cementerio de Caracas y los padres al poco tiempo abandonaron el país.

Hoy los estudiantes rezan a la pobre chica, le piden ayuda para pasar sus exámenes y alguna que otra ayuda en asuntos del amor. El culto a María Lionza ubica a la joven María Francia en la corte estudiantil.

Las ánimas de la Corte Cale o Malandra

El culto a María Lionza se ha formado en la creencia en los espíritus; entre los más bajos de las distinta cortes que acompañan a la diosa de Yare tenemos la corte Cale; de formación más reciente, y conformada por delincuentes que murieron entre los sesenta y setenta a manos de la policía, o en disputas entre ellos mismos. Los más conocidos de este grupo son: Ismael Sanchez: originario del barrio Lídice de Caracas murió apuñalado en una pelea en la parroquia 23 de enero. Según han dicho en algunos rituales, los barrios Guarataro y Pinto Salinas también eran parte de su territorio. Se dice que era un ladrón inofensivo, defendía su zona de la incursión de otros malandros y robaba bancos para repartir el botín entre los vecinos más necesitados. En varias ocasiones, amenazaba a los dueños de abastos y supermercados mientras los pobres saqueaban el local y huían cargados de alimentos. Machera, nacido en Mérida en 1956, hijo reconocido, se crió con su madre y, por cosas de la vida, se entregó a la delincuencia. Murió a los 21 años de edad en 1977. Todos lo tenían por un valiente y era muy diestro en el manejo de las armas de fuego; de ahí el mote o Apodo de “Machera“. Machera era El malandro de Santa Anita, un barrio de la ciudad de Mérida, Venezuela. A sus 21 años era el líder de la banda más dura de la ciudad. Plomo y sangre marcaron su vida. Según el informe policial fueron 33 balazos los que fulminaron a Luís Enrique Cerrada Molina, alias Machera, de 21 años de edad, solicitado desde hace meses por el ministerio público y fue “víctima” de uno de los operativos más brutales hasta la fecha.

Isabelita: figura líder de la Corte Malandra. No se tiene seguridad sobre su verdadera procedencia pero cuentan que pertenecía a una familia adinerada y fue violada a los 12 años de edad. Se casó con un hombre negro, de Barlovento, estado Miranda, que le fue infiel con una amiga. Por esa razón juró vengarse de todos los hombres. Su estatuilla no puede estar en un altar santero que también tenga la figura de algún negro. Tiene amplio poder para resolver toda clase de problemas. Tomasito: Murió de 132 tiros (sin contar la balas que pasaron por el mismo hueco) durante un intento frustrado de robo a un banco. Sus cómplices (que creía sus amigos) lo dejaron solo al llegar la policía. Jhonny: Muchacho de buena familia. Vivía en un apartamento que sus padres le compraron en Los Chaguaramos. Su pecado fue no cumplirle a unos jíbaros que le dieron muerte. Se dice que es el más pacífico de la Corte. Elizabeth: Su estampilla reza: “De recia personalidad y esbelta figura, Elizabeth irradia dominio y poder. Invóquela en momentos difíciles y logrará un gran apoyo. Téngala con usted en algún lugar visible de su hogar. Ofréndele velas rojas“. No es la misma que salía en televisión.

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Para más referencias y textos originales puede consultar: aquí, aquí, aquí, aquí, aquí y aquí

Espectros y fantasmas de mi tierra (3) El anima sola

Este fantasma tiene distintas versiones y sexo si les considera. El Anima Sola, o las almas solitarias del Purgatorio, no son malos espíritus, ya que sus almas no están condenados al infierno; son las almas de los pecadores que a causa de sus pecados mortales no pueden alcanzar el reino de los cielos hasta que sus almas se hayan purificado a de su malas acciones terrenales. Muchas personas en la América Latina invocan al Anima Sola, y muy a menudo en hechizos de amor. Los lunes se les ofrece agua, una vela blanca para darles la luz, pero también cigarros, tabacos y licores fuertes como el ron, el whisky o una lata de cerveza.

En México al Anima Sola la veneran el 02 de noviembre, Día de los Difuntos o Día de los Muertos. Los que trabajan la santería y el espiritismo recomiendan no invocar a estos bajos espíritus, ya que poseen energía muy baja o negativa. No poner imágenes de la misma en los altares (la más común una mujer en la cárcel entre llamas); y a lo sumo encender velas el 02 de noviembre y orar para se purifiquen y puedan ser capaces de moverse a niveles más altos en la cadena de la evolución espiritual. Pese a estas recomendaciones los devotos usan el culto a estos fantasmas para que ayuden a sus difuntos pecadores en el purgatorio, o por el contrario pidiendo su ayuda justamente para lo contrario, enviar a un rival al mismo.

Entre las versiones más populares sobre quién es esta alma en pena tenemos una primera versión que muestras la influencia cristiana y retoma el mito del judío errante; según este mito cuando Jesús estaba en la cruz, María Celestina Abdenago, una mujer piadosa, tenía por oficio asistir a los condenados. Sucedió que en la tarde del viernes Santo, día en que murió Jesucristo, le tocó a María Celestina subir al calvario con un cántaro de agua refrescante para darles de beber a los mártires del patíbulo y de esta bebida les dio a Dimas y Gestas, pero por temor a los judíos no quiso darle de beber a Jesús y fue condenada a andar errante en el mundo. Es por ello que está condenada a sufrir la pena de una inmensa soledad hasta el fin de los siglos. En otra versión por el despreció al Salvador fue condenada a sufrir la sed y el calor constante de las llamas del Purgatorio (La imagen de la mujer entre llamas). En otra versión se tiene que María Celestina Abdenago fue en realidad una hechicera conocedora de magia negra, cuando Jesús iba cargando la cruz al calvario, esta mujer escupe en el rostro de Cristo y por ello fue condenada al infierno. En el espiritismo María Celestina Abdenago tiene bajo su mando un grupo de bajos espíritus. En el espiritismo la invocación de esta alma que vaga por el mundo puede ser usada para fines positivos o negativos, dada su baja luz.

En la tradición española y mexicana el Anima Sola es el espíritu de Juán el Minero, que entraba a las Iglesias y robaba las velas, los altares y derramaba el agua bendita; por ello fue condenado a los infiernos a cargar carbón para encender las llamas del infierno.

En Venezuela una primera versión suele presentarla como mujer de largos cabellos y atractivo rostro y tiene la finalidad de cobrar las velas prometidas por los devotos de las Animas Benditas. El pedir favor a este tipo de espíritu (animas) no siempre es algo muy positivo; se cuenta que en Guatire, una devota de las animas pidió un favor a alguna de ellas, pero una noche olvido prender la vela prometida por el pago del favor. Esa noche, ya tarde, tocan a su puerta; en la entrada una vieja amiga se encuentra, y la mujer la invita a entrar. Una vez dentro la amiga se transforma en una sombra que ataca a la devota, arrastrándola por los cabellos y causándole grandes moretones (cardenales) por todo el cuerpo. La mujer como pudo logra prender una vela y la luz de la llama hace desaparecer a la sombra. Desde entonces, la mujer tiene prendida una vela siempre en su casa, y ya no pide favores a las animas.

Una segunda versión nos remonta nuevamente a la guerra de independencia; un soldado patriota vigilaba un puesto de avanzada cuando ve acercarse el ejercito enemigo. Poniendo su vida en riesgo corre por el campo una gran distancia para poder alertar a sus compañeros que duermen. Cerca de lograrlo una bala lo mata antes de alcanzar el sitio de los patriotas. El ruido del disparo alerta a sus compañeros, pero el joven soldado a pagado un alto precio por avisarles. Las tropas patriotas se replegaron para poder buscar mejor sitio para la batalla. Desde entonces el fantasma de aquel soldado avisa a las personas de cualquier peligro y salva de dificultades a sus devotos, si se le reza y enciende una vela toda la semana. También de la época de la independiencia, se dice que se trataba de una joven chica, una de las tantas amantes del Libertador, que los seguía en sus campañas, hasta que fue muerta por una bala realista y enterrada en el sitio. Hoy cuando alguien camina de un lado a otro sin detenerse se dice que ‘anda como el Anima Sola‘.