Cosmogonía (3) Japeto, el titán y su familia.

Los cuatro titanes que ayudaron a Cronos a derrotar a su padre Urano se ubicaron en los puntos cardinales (un poco la creencia oriental de los cuatro pilares que sostienen el cielo). Japeto era el mayor de los titanes y gobernaba en el pilar del oeste, su nombre traduce ‘perforación o lanza‘. Japeto fue uno de los dos titanes que no desposo a una de sus hermanas (las titanesas, el segundo fue Crio). La esposa de Japeto fue una sobrina, la oceánide Climene (fama) [En algunas versiones a esta ninfa se le llama Asia, indicando que vivía en Anatolia, la hoy Turquía; ello a veces a generado confusión sobre el lugar donde reinaba Japeto; incluso algunos señalan la semejanza del nombre de Japeto con uno de los hijos del Noe biblico, Jafet, que según la tradición hebrea se estableció justo en Anatolia]. El oeste es el sitio donde se oculta el sol, y donde se ubicaba en todas las culturas el reino de los muertos. Japeto era en tiempo de los titanes equiparable en funciones a las que tenía Hades en la era de los dioses olímpicos. Japeto determinaba la duración de la vida de los hombres y de las bestias. Tiene importancia si se toma en cuenta que dos de los hijos de Japeto fueron: Epimeteo, el creador de todos los animales, y Prometeo, el creador de la humanidad.

Japeto

Prometeo tuvo como esposa una oceánide, Asia (nombre también a veces dado a Climene, la madre del joven titán y esposa de Japeto) que habitaba en la región de Anatolia, y de donde se decía que vivía Prometeo. Esta ocenide también recibía los nombres de Pronoia (prospectiva) y de Hesione (conocimiento); ella fue sustituida y/o asimilada por Atenea en la era de los dioses, y a veces es equiparada a oceánide Metis (consejo), la madre de la diosa Atenea. Fruto de la unión de Prometeo y Pronia nacería Deucalión, cuya esposa fue su prima Pirra, hija de Pandora (la primera mujer creada por los dioses) y esposa del titán Epimeteo.

Prometeo_++

Un tercer hermano era Menetio (el dios/titán de la ira), otro hijo de Japeto; a quien Zeus, tras vencer a los titanes, lo envió con un rayo directo al Tartaro por su carácter iracundo, convirtiéndose así en un siervo del dios Hades.

Menetio

El hijo mayor de Japeto y el cuarto hermano era Atlas lo reemplazó en el sostén del pilar del oeste, y en la lucha contra los dioses se condeno a Atlas a sostener desde este sitio a todo el cielo. Japeto y Atlas son a veces asimilados juntos y se les pone el nombre o sobrenombre de Titán, principalmente entre los romanos, nombrando así a toda esta raza de gigantes. Se sabe que cuando el héroe Perseo, que volvía con la cabeza de Medusa montado en Pegaso, vio la carga pesada carga del hijo del titán, se apiadó y lo convirtió en piedra con la mirada de la gorgona; sus restos son hoy las montañas del Atlas en noroeste de África.

Atlas

A Atlas se le conocen tres esposas y/o amantes, la primera fue Hespero (crepúsculo), con quien sería la madre de las siete Hesperides, estas diosas colectivas habitaban el extremo occidental del mundo, y representaban al atardecer con sus múltiples colores. Ellas reemplazaron a su madre como diosa del atardecer, y como inicio de la noche fueron también asociadas a las bodas, o mejor dicho a la noche de boda, ya que cuando apenas oscurecía la pareja de recién casados iba a tener su primer encuentro sexual según la tradición de aquello tiempos.

En un principio se decía que las Hesperides eran tres: Egle (brillante/clara), Eritia (roja), Hesperetusa (oscurecer/oscura); pero otros nombres fueron añadidos terminando en ser siete finalmente; las cuatro siguientes [nombres varían según autores] son: Crisótemis (dorada), Astérope (antes de las estrellas), Lípara (ferviente) y Aretusa (violenta o fluida, que también es el nombre de varias otras ninfas). Ellas eran las guardianas del árbol de las manzanas doradas, regalo de Gea a Hera por su boda con Zeus. Como la diosa Hera desconfiaba que las ninfas no tocaran las manzanas, puso también como guardia del árbol al dragón de múltiples cabezas Ladón.

Hesperides_+

El mítico lugar donde estaba el Jardín de las Hesperides ha sido objeto de discusiones y de distintas ubicaciones; hay sin embargo dos lugares que parecer relacionarse con este importante sitio, que se según la descripción depende del mito asociado. Un primer lugar en la tradición ibérica señala que el jardín se ubicaba en una isla al occidente de la ciudad fenicia de Gadez (hoy Cádiz al sur este de España, más al occidente del estrecho de Gibraltar, frente a las costas de África), esta isla es hoy conocida como la isla de León, y donde ubica la ciudad de San Fernando; en la antigüedad era conocida como la isla de Eritia; lugar al lado Tartessos, región y/o población supuestamente ubicada cerca de la desembocadura del río Guadalquivir; mismo lugar donde Eritia, la hija de Atlas, tuvo al único hijo de las ninfas conocido es Euritión, un hijo de Ares con la ninfa. Euritión era, junto al perro de dos cabezas Orto, uno de los guardianes del ganado rojo del gigante Gerión. Todos ellos muertos por Heracles/Hércules en su décimo trabajo, al tener que robar ganado del gigante de tres cuerpos; que pastaba en la isla de Eritia.

La segunda posibilidad señala que el jardín de las ninfas del atardecer se ubicaba en las islas Canarias, al este de la costa de Marruecos, África. Según el mito el dragón Ladón fue muerto por Heracles [o por Atlas en otras versiones] en su décimo primer trabajo; y la sangre del dragón dio origen, donde cayo cada gota, a un árbol de ramas retorcidas y grueso tronco. En general el árbol del dragón incluye a unas seis especies de arboles (dentro del genero Dracaena, que incluye otra treintena de arbustos), estos son árboles con fuertes troncos y hojas rígidas, de anchas bases, de áreas áridas semidesérticas, típicos de África e islas cercanas. En las Canarias hay una de estas especie, que es endémica de las islas y es conocida como draco (dragón) (dracaena draco), siendo uno de los símbolos de las islas.

La sabia del drago, de un rojo intenso, y la forma retorcida de sus ramas, semejantes a un conjunto de cabezas sujetas a un grueso tronco, dieron lugar a que los autores clásicos vieran en cada árbol drago un descendiente directo de aquel extraordinario dragón/serpiente. Existe otra especie, el árbol de la sangre del dragón (dracaena cinnabari), que se da únicamente en la isla de Socotra (un isla al sur de la península arábica) que era muy preciado en la antigüedad, y al igual que en las Canarias. Su sabia roja (sangre de dragón) se extraía para su uso en medicina y en colorantes; su importancia y valor se igualaba al del incienso y la mirra y otras exóticas especias orientales.

Otro aspecto que apoya la idea de que las Canarias son las islas de las Hesperides es Plinio el Viejo, quien en su obra Naturalis Historia, relata una expedición realizada hasta el archipiélago por un rey de Mauritania; los romanos dieron nombre a varias de estas islas; entre ellos están Junonia (isla de Juno/Hera) por estar plagada de palomas, un ave consagrada de Juno, (hoy Gomera); a una de ellas la llamaron Canaria, por tener una fiera raza de perros (hoy Gran Canaria; y de donde deriva el nombre del archipiélago); Canarias viene del latín canis canis = dos canes, que recuerda un poco el mito del perro de dos cabezas Orto. De cualquier manera, el conocimiento que los clásicos tuvieron sobre las islas fue vago, mezclando mito y realidad.

Hay una tercera versión, que es menos probable, que pone a la isla en el extremo norte, en Hiperboria; de donde se decía que Apolo traía las manzanas doradas y con ellas se fabricaba el néctar de la Ambrosía (que mantenía a los dioses jóvenes). La razón de esta posibilidad es que tras la muerte de Ladón, Hera lo colocó en los cielos (la constelación de Draco = el dragón), al norte del mundo, de manera que a los ojos de griegos siempre era visible y daba vueltas sobre el polo norte vigilando todo el cielo. Según esta idea las siete ninfas conformaban las siete estrellas de la constelación de la osa menor, en otras estas estrellas son las doradas manzanas que está custodiado por el dragón.

La esposa oficial de Atlas fue la oceánide Pleyone (Llena, Abundante) con quien tendría a las siete Pléyades. De las siete, seis de ellas fueron amadas por los dioses, la mayor, Maia (Maya = madre) fue madre con Zeus de Hermes. Los hijos de las Pléyades (salvo Hermes) se convirtieron en los reyes de dinastías en Grecia y Anatolia, siendo así las antepasadas directas de las diversas familias reales, incluidos los reyes de Troya y Esparta. Se tiene que Zeus se acostó con Electra (Ambar/Dorada) y con Táigete (Largo cuello). La primera fue madre de Dardano, fundador de Troya; y de Yasión que es descrito como un joven de gran belleza. Táigete fue la madre de Lacedemón, fundador de Esparta.

Pleyades_1

Cuentan los mitos que tanta fue la hermosura de Yasión que prendó a la diosa Demeter, y juntos fueron padres de Pluto (riqueza) y Filomeno (amigo de lo fácil), condenados ambos a nunca estar de acuerdo; (no confundir a Pluto con el Plutón romano que tenía igual significado al devolver a Proserpina/Perséfone a su madre cada primavera daba por tanto la riqueza a la tierra para los hombres). Pluto suele ser representado como un niño cargando el cuerno de la abundancia; representa al estar vinculado a Demeter la abundancia de las cosechas. Por su parte Filomeno, también conocido como Bootes (labrador) sería el creador del arado y fue premiado por este invento a ser colocado entre las estrellas como la constelación que lleva su nombre.  El padre de ambos chicos sin embargo no tuvo tanta suerte, las versiones de su muerte temprana no están claras, unos que Zeus no le gustó mucho que su hijo se acostara con su hermana (tía del joven), otras que la propia Demeter no soportó la idea de que envejeciera, o incluso que fue muerto por su propio hermano Dardano (una versión de Cain y Abel entre los griegos).  Entre los cretenses Yasión es equivalente  al semi-dios Carmanor (cortar la cosecha), que tuvo con la diosa Demeter a Eubuleo (buen consejo), otro dios menor del arado (similar a Filomeno/Bootes) y a Acacálide,  diosa menor que atiende las fiestas tras la cosecha.

Pluto_

Filomeno

Se cuenta por otra parte que Táigete violada por Zeus mientras estaba dormida, al despertar y verse embarazada se sintió muy avergonzada y se oculto en la montaña en el Peloponeso que lleva su nombre. Zeus sin embargo la siguió persiguiendo por un tiempo y Artemisa ayudó a la ninfa fundiéndola con una cierva. Cuando finalmente el peligro paso la volvió a su forma normal, la ninfa en agradecimiento a la diosa le dio a la cierva cuernos de oro y pesuñas de bronce, siendo la esta Cierva de Cerinea. Táigete fue la madre de Lacedemón, fundador de Esparta.

Amantes de Poseidón fueron Celeno (Oscura) y Alcíone (fuerte ayuda); de quienes descienden los reyes de Tebas y otros pueblos de Beocia. Estérope (llena de estrellas) fue amante de Ares y madre del fundador de Pisa (población cercana a Olimpia, y que tras la guerra de Troya algunos de sus descendientes se mudaron de Grecia a Italia, fundando la nueva y más conocida ciudad de Pisa). Sólo Mérope (Espuma, la de la cara oculta) fue la única de las Pléyades que no mantuvo relaciones con los dioses, sino con un mortal.

Cuando las ninfas viajaban por Beocia y fueron acosadas por el cazador Orión, que no dejó de perseguirlas. Finalmente Zeus se apiadó de las muchachas e interpuso un toro entre el cazador y las ninfas; la imagen sin embargo fue grabada en los cielos; que desde entonces se muestra como las chicas (grupo de las Pléyades en la constelación de Tauro) continúan su huida perseguidas de cerca por Orión.

Aunque eran siete hermanas, sólo seis se pueden ver en el cielo. Una de las tradiciones atribuía esta circunstancia a que todas las hermanas fueron amantes de inmortales, a excepción de Mérope, que era la esposa de Sísifo y que brillaba con menos intensidad por ser la única que había contraído matrimonio con un mortal. Además, Mérope había sido cómplice involuntaria en la treta que usó su marido para librarse de la muerte, al no enterrarlo para que así él pudiera reclamar volver a la superficie para solucionar su debida sepultura. Sísifo y Mérope fueron los fundadores de las casas reales de Corinto y Licia. Otra tradición explica que la pléyade que falta era Electra, quien cuando Troya fue saqueada, entristecida, cubrió su rostro con sus manos por la desaparición de la casa real de su hijo Dárdano.

La ultima de las amantes de Atlas fue la oceánide Etra (aire limpio, no confundir con la madre de Teseo de igual nombre) con quien tuvo a las siete Hiades [Fésila (radiante), Coronis (de curvas), Cleia (ilustre), Eudora (dotada), Ambrosia (nectar), Polixo (multiple) y Faio (luminosa), quien en otras versiones es llamada Dione (diosa) y a la que no hay que confundir con la oceniade de igual nombre madre de Afrodita] y al único hijo del titán, Hyas, un primitivo dios vinculado a las lluvias estacionales. Según los mitos, Hyas fue muerto por un león y sus hermanas lloraron amargamente siendo subidas a los cielos formando las estrellas de la cabeza del toro (Tauro), estación que marcaba el inicio de las lluvias, al igual que las Pleyades ubicadas en la misma zona estelar.

Según esta versión el león fue puesto en los cielos como la constelación de Leo y en las antipodas Hyas es la constelación de Acuario, que marca el inicio de las lluvias (eso antes de que en la tradición Leo fuera el León de Nemea muerto por Heracles y Acuario fuera el copero de Zeus, Ganimedes, puesto en los cielos para molestar a Hera).

Anquiale

La única hija del titán Japeto fue Anquiale (calor), una diosa del fuego, que guardaba el fuego divino que fue robado del cielo por su hermano Prometeo y dado a los hombres, cuando, tras el rapto de Core (Perséfone) por Hades, Demeter se negó a traer la vida a la tierra, provocando el origen del invierno. Desde entonces la encargada del fuego fue Hestia, la hermana de Zeus.

Curetes_

Anquiale fue la madre de los Curetes (también identificados con los Dactilos, los Coribantes y los Cabiros; todos dioses menores que según versiones ocultaron con sus ruidos y cantos en sus forjas los llantos del infante Zeus cuando su madre Rea lo oculto en Creta, en Eubea, o en otro lado). La pareja de Anquiale era Hecatero (una forma local del dios rústico, del campo, Sileno), un ser entre cuyos hijos figuran no solo los Curetes, sino también con su unión con las ninfas Oreiades (diosas de los pinos y coníferas), hijas de los dioses de las montañas, Hecatero será el padre de varias de las razas de sátiros y de faunos, igualado así a Sileno (el viejo sátiro que cuido al niño Dioniso y le enseño como fabricar el vino).

Entre los nombres asociados a los Curetes tenemos el de Hoplodamo, que traduce hombre armado, y es descrito como un gigante que ayudo y protegió a Rea cuando Cronos descubrió que había escondido a Zeus; otro fue Anito, quien estuvo por un tiempo al servicio de la diosa Demeter, y crió a la hija de la diosa Despoina (hija de Demeter y Poseidón). El líder de los curetes era Pírrico (danza con fuego), a quien muchos asocian con el propio Sileno.

Los Curetes eran descritos por tanto como gigantes y habiles en la metalurgía; ello hizo que fueran también vinculados a los Telquines, otra serie de gigantes con iguales artes, pero cuya ascendencia esta en los dioses marinos Ponto y Thalasa. Los puntos en común entre ambos grupos era el poder manipular los metales y que a ambos grupos se les pone como padres de los primeros pobladores de Creta (los Telquines fueron en principio los primeros habitantes de la isla de Rodas y luego se dispersaron por el resto de islas del Egeo).

Los cambiaformas (5) Las Metamorfosis

Los dioses tiene por su naturaleza la posibilidad de cambiar de forma y apariencia; los mortales que están sometidos a sus designios no tanto, en los mitos griegos el cambiar forma implicaba, con raras excepciones, ir a una forma y nunca más volver. Los caprichos de los dioses iban desde premiar a sus favoritos o a castigar cruelmente a sus caídos de la gracia divina. Entre los cuentos griegos destacan:

Los desgraciados amoríos de Apolo.

Apolo era el dios del orden, la luz, las artes, la verdad; su padre de dio el don de la profecía y las musas le hicieron la corte. A diferencia de su padre, sus amores nunca fueron correspondidos, y a semejanza también del mismo, sus amores estuvieron signados por la desgracia; aunque por razones distintas. La más conocida es su aventura con una dríade —ninfas de los bosques y los arboles— llamada Dafne, que era hija de un dios río (Ladón de Arcadia o Peneo de Tesalia).

Según el mito Apolo se burló del joven Eros, indicándole que el arco y las flechas eran armas de hombres (que eran también sus armas) y no de un niño. Eros, que si bien tenía apariencia de niño, era un protogenos (un primero) y un daimon, que fue traído a carne con ayuda de los amores de Afrodita y Ares, no dijo nada pero su venganza no fue menos que terrible.

Mientras Apolo disfrutaba un paseo por el bosque, en una de sus tantas cacerías con su hermana Artemisa, vio a la joven Dafne, que acompañaba en el cortejo; Eros apuntó una flecha dorada al corazón del dios y este prendado de la driade la persiguió. Sobre Dafne la flecha de Eros fue de plomo, y un asco y desprecio se prendió en la joven driade contra el apuesto dios.

Mientras más corría Apolo por alcanzarla, más huía Dafne, que al llegar a la orilla del río de su padre pidió su ayuda y él la transformó en un arbusto de laurel. Las hojas del árbol desde entonces coronan a Apolo, a los héroes y a atletas vencedores.

Coronis era una joven griega pretendía y amada por Apolo; pero que era deseada también por un joven de la región de tesalia (los diversos autores no se ponen de acuerdo con el nombre del chico); para vigilar a la amada Apolo deja un cuervo, pero este viendo una posible pareja se distrae de sus labores. Para ocultar su falta el cuervo miente sobre la relación entre el chica y el joven de tesalia. Molesto Apolo vuelve negras las blancas plumas del cuervo y castiga no sólo al ave, sino a toda su raza por ser un ave que trae malos augurios; luego baja a la tierra y disparas sus flechas en la joven, que estaba embarazada del dios. Tarde descubre el dios su error y haciéndole la cesárea rescata al bebe quien será llamado Asclepio, y quien se convertirá en el dios de la medicina.

Otras de sus “casi amantes” fue Casandra, princesa troyana a quien dio el don de la profecía a cambio de ser su amante, pero la chica después de recibir el don se negó a pagar el resto del trato; al no poder quitar un don dado, Apolo la maldijo escupiéndole en la cara y nadie creería sus predicciones. El don ahora convertido en maldición la termino casi por volver loca; cuando predijo que su hermano —París— traería la destrucción de su pueblo, nadie le creyó; que el caballo de madera destruiría Troya, nadie le creyó. Su familia creía que estaba loca y la mantenían encerrada en la casa.

Una vez concluida la guerra de Troya, durante el saqueo de la ciudad, Áyax (el menor, ya que hubo dos héroes de igual nombre luchando en Troya), encontró a Casandra refugiada bajo un altar dedicado a Atenea y la princesa se agarró a la sagrada estatua de la diosa para evitar ser violada, cosa que no pudo evitar y como castigo a la violación de su templo, Atenea pidió a Poseidón que hundiera la nave de Áyax.

La nave se hundió con la tormenta, pero Áyax terminó sobre unas piedras. Una vez que la tormenta pasó y Áyax despertó, comenzó a burlarse del dios que por más esmero no había conseguido matarlo. Poseidón surgió de las aguas y sosteniendo su tridente y se lo arrojó. El arma atravesó el pecho de Áyax y se ensartó a la roca, matándole al instante. Tan pronto como su alma le abandonó, el tridente y su cuerpo se transformaron en piedra y allí quedaron, como una roca alta que sobresale de las aguas del mar Egeo para el resto de los días.

Volviendo a Casandra, fue convertida en esclava-concubina de Agamenón; y cuando le dijo al rey de su pronta muerte por traición, este tampoco le creyó, el rey y Casandra morirían pronto a manos de la reina Clitemnestra y su amante Egisto.

La madre de Casandra, la reina Hécuba, según algunos mitos fue transformada en una perra, que aúlla en la noche lamentándose de la muerte de sus hijos en la guerra.

Leucótoe y su hermana  Clitia de  estaban enamoradas de Apolo. Al ganar Leucótoe el puesto de amante de amante del Sol, su hermana Clitia le contó a su padre los amores de su hija. Órcamo ordenó que Leucótoe fuese enterrada viva. Apolo intentó devolverle la vida pero no pudo, así que la transformó en una planta de incienso (o en una planta de de leucotea, de rojas hojas). Clitia no fue perdonada por Apolo y ésta desesperada estuvo nueve días sin comer, sólo viéndolo pasar por el cielo (Sol), hasta que los dioses por compasión la convirtieron en girasol; aun así el girasol sigue todos los días mirando y siguiendo el paso del  sol.

Aunque hubo más chicas, Apolo no tuvo mejor suerte; viendo a su padre traer a Ganímedes al Olimpo como amante, Apolo decide probar suerte con los efebos y se enamora del joven espartano Jacinto. En unos juegos para demostrar su poder Apolo realiza un lanzamiento de disco; pero otro dios está también interesado en el joven espartano. Céfiro, el viento del oeste, molesto por haber sido rechazado sopla y el disco termina en la testa del joven Jacinto, que cae muerto. Apolo no permitió que los emisarios del Hades se llevaran el alma y transformó al amante en la flor de jacinto, que desde entonces se usa como señal de luto. En castigo a Céfiro, Apolo lo convirtió en una suave brisa.

Los castigos de Artemisa

Las diosas más que premiar castigaban muchas veces; al hermana de Apolo fue una de las más crueles; Artemisa era diosa de los bosques vírgenes; era la naturaleza misma; diosa de la caza recorría los bosques acompañadas por innumerables ninfas; Afrodita diría que era sólo virgen de hombre.

En una de tantas, el príncipe tebano Acteón estando de caza con su perros en el bosque la vio mientras se bañaba con sus chicas en una laguna; Artemisa furiosa lo transformó en un ciervo que fue devorado por sus propios perros. Otro joven tuvo mejor suerte, Sipretes era un muchacho cretense que vio accidentalmente a Artemisa bañándose desnuda, ésta lo transformó en una chica.

Como diosa de la caza Artemisa apoyaba a los héroes cazadores, pero castigaba a aquellos que se desviaban de sus deberes y votos. Adonis se debatía como amante de Afrodita y Perséfone; Zeus dictamino que pasaría cuatro meses del año con cada diosa y cuatro eran libre para él. Los cuatro meses restantes los dedicaba a la caza, eso hasta que prefirió pasarlos con la diosa del amor. La diosa de caza lo castigo por su desprecio, según otros como represalia a Afrodita por la muerte de Hipolito;  enviándole un jabalí que lo mató, aunque algunos dicen que era el propio Ares disfrazado por pretender a su amada.

Afrodita roció néctar sobre su cuerpo, de forma que cada gota de su sangre se convirtió en una flor roja llamada anémona. Cuando Afrodita corrió a socorrerle se hirió con unas zarzas y sus gotas de sangre se transformaron en unas flores parecidas a las rosas que se llamaron adonis.

Orión era según los mitos un hijo de Poseidón, creció alto y fuerte y se volvió un gran cazador; tanto fueron sus ínfulas que dijo que podía matar a cualquier bestia; Gea/Gaya —la madre Tierra— por un lado y Artemisa por el otro, se molestaron con el cazador y en castigo le enviaron un pequeño escorpión que lo mato al picarlo en el pie, aunque otras versiones lo hacen un poco más grande. Los dioses subieron a Orión, sus perros y al escorpión a los cielos, ubicándolos en antípodas y eso explica porque nunca son visibles al mismo tiempo en los cielos.

Oto y Efialtes eran dos gemelos hijos de Poseidón y fueron conocidos como los Alóadas. Crecían cada año un codo a lo ancho y una braza a lo alto. Eran agresivos y buenos cazadores. Oto pretendía a Artemisa y Efialtes a Hera, para tomarlas como esposas. Artemisa se transformó en una cierva y al saltar entre los dos, los Alóadas, para evitar que huyera, arrojaron sus lanzas y se mataron uno al otro.

Aunque Artemisa, por ser virgen no fue madre, cuidaba y protegía a las niñas; cuando Agamenón quiso sacrificar a su hija menor Ifigenia para tener vientos favorables, transformó a la chica en cierva; y cuando Atalanta era una bebe abandonada en el bosque, envió una osa para que la cuidara y amamantara. Al crecer Atalanta tras muchas aventuras evitaba el amor, por considerar que ningún hombre podía vencerla; Afrodita ayudó a Hipomenes en una carrera contra Atalanta para ganar la mano de ésta, dándole tres manzanas con las que la distrajo. Sin embargo, como la pareja no dio las gracias a Afrodita y ésta los convirtió en leones.

En Tebas, Níobe la reina de Tebas y esposa de Anfión, alardeó haber sido mejor madre que Leto porque había tenido catorce hijos, siete varones y siete mujeres, mientras Leto había tenido solo uno de cada. Apolo y Artemisa los mataron a todos con flechas. Al ver a sus hijos muertos, Anfión se suicidó y Níobe devastada fue convertida en piedra cuando lloraba su pena.

A Artemisa se culpa de la transformación de Calisto en osa y cuando su hijo con Zeus, Arcas, en una cacería casi la mata; Zeus los subió a ambos a los cielos. Calisto se convirtió en la constelación de la osa mayor y Arcas en la constelación de en la constelación Boötes. Otros afirman que el chico fue transformado en osezno y es la constelación de la osa menor. Sin embargo otros mitos señalan que la osa menor es en realidad otra ninfa amante de Zeus, llamada Fenice,  también castigada por la diosa; que tenía afición por los  ciervos y los osos.

Finalmente Aura era la diosa griegas de las brisas de los días fríos y como Artemisa era una cazadora y se enorgullecía de su castidad. Un día, afirmó que el cuerpo de Artemisa era demasiado “femenino” y dudó de su virginidad. Artemisa hizo que Aura fuera violada por Dioniso. Aura enloqueció, convirtiéndose en una asesina peligrosa.

Los premios y castigos de Afrodita

Afrodita era diosa del amor y la lujuria, cuando Arsínoe, una hija de rey de Chipre, que tuvo un pretendiente tan enamorado de ella que se suicidó al ser repetidamente rechazado. Cuando el funeral paso frente a la casa de Arsíone, ella fue tan cruel que no derramó una sola lágrima, lo que enojó tanto a Afrodita, que la convirtió en pedernal.

Y lo opuesto hizo luego, cuando Pigmalión un escultor que no había hallado mujer alguna digna de su amor. Las mujeres de la ciudad de Pigmalión deseaban como esposo tan apuesto escultor, pero él las rechazó a todas; ellas pidieron la ayuda de Afrodita a que le obligase escoger. Afrodita aceptó y fue a ver a Pigmalión y le dijo que escogiera él o ella lo haría. No queriendo casarse, Pigmalión le suplicó más tiempo, pidiéndole que le permitiese hacer una escultura suya antes de que tuviese que elegir novia. La diosa halagada, aceptó.

Pigmalión por mucho tiempo hizo pequeñas esculturas de arcilla para poder elegir la pose adecuada, eso hasta que la diosa lo apuró. Cuando comenzó a hacer la escultura real lo hizo rápido, incluso sabiendo que tendría que casarse con alguien al hacerlo. La razón era que se había enamorado de la escultura.

En el mismo momento en que Pigmalión se separó de la escultura terminada, Afrodita apareció y le dijo que eligiera novia. Pigmalión eligió la estatua, a lo que Afrodita respondió que no podía ser. Pigmalión abrazó la estatua y pidió a Afrodita que le transformase en estatua para así poder estar con ella. Afrodita en vez de esto infundió vida a la estatua, a quien llamaron Galatea.

En una de las tantas aventuras de Zeus, la ninfa Eco ayudó distrayendo a la celosa Hera con su charla; molesta Hera al descubrirlo condeno a la ninfa sólo repetir las últimas palabras de alguien más. Condenada así Eco vagó por los bosques hasta que vio al joven Narciso, cuya hermosura ya había hecho estragos entre feminas y varones.

En una historia helénica el joven Ameinias ama a Narciso pero es rechazado cruelmente por él. Como una forma de burlarse de Ameinias, Narciso le entrega una espada, espada que Ameinias utiliza para suicidarse ante las puertas de la casa de Narciso, mientras reza a la diosa Némesis —la venganza— pidiéndole que Narciso un día conozca el dolor del amor no correspondido.

Narciso era hijo de la ninfa Liríope, que preocupada por la actitud de su hijo decidió consultar al vidente Tiresías sobre el futuro de su hijo. Tiresías le dijo a la ninfa que Narciso viviría hasta una edad avanzada mientras nunca se conociera a sí mismo.

Volviendo a Eco, un día, mientras Narciso estaba cazando ciervos, la ninfa siguió sigilosamente al joven a través de los bosques, pero era incapaz de hablar primero. Cuando finalmente Narciso escuchó sus pasos detrás de él pregunta:

—¿Está alguien ahí?

—¡Ahí! —repitió Eco, lo que sorprendió a Narciso, pues nadie estaba a la vista.

—¡Ven! —¡Ven! —¿Por qué me eludes? —¿Por qué me eludes? —¡Unámonos aquí!

—¡Unámonos aquí! —repitió Eco, y corrió alegremente del lugar donde estaba oculta a abrazar a Narciso. Pero él sacudió la cabeza rudamente y se apartó.

—¡Moriré antes de que puedas yacer conmigo! —gritó.

—Yace conmigo —suplicó Eco.

Pero Narciso se había ido, y ella pasó el resto de su vida en cañadas solitarias, consumiéndose de amor y mortificación, hasta que sólo quedó su voz.

Para Afrodita (en otras versiones fue Artemisa, Némesis o la misma Hera) fue demasiado y cuanto Narciso un día sediento se acerco a un lago para tomar agua, al ver su reflejo tan esplendoroso se enamoro de sí mismo, por lo que no se atrevió a beber por miedo a dañarlo y no fue capaz de dejar de mirarlo. Finalmente acabó arrojándose a las aguas. En el sitio donde su cuerpo había caído, creció una hermosa flor, que hizo honor al nombre y la memoria de Narciso; pero el alma de Narciso, según algunos, es atormentada en el Inframundo contemplando un reflejo que no se corresponde a su amor.

Más premios y castigos

Enumerar a la cantidad de mortales e inmortales que fueron transformados por los dioses sería una labor de nunca acabar; sin embargo mencionaremos a Medusa transformada en monstruo por Atenea por haber hecho el amor con Poseidón en su templo; a la ninfa Escila, a quien la bruja Circe transformó en otro ser monstruoso al no ser correspondida por Glauco.

Cuando Urano fue castrado por Cronos, entre los muchos seres que nacieron se encuentran las ninfas melíades; que fueron transformadas en fresnos, cuando sus hijos —los hombres de la edad de bronce— fueron acabados por los dioses con una gran inundación.

Hermafrodito era uno de los tantos hijos ilegítimos de Afrodita; cuando el chico creció en una de sus cacerías se baño en la laguna de la ninfa Salmacis, quien prendada del joven lo atrapó y no quiso soltarlo; Salmacis al ver que el joven se le rehuía pidió a los dioses que los fusionaran, surgiendo un ser con los dos sexos.

El joven dios Vertumno se transformó en una anciana para engañar y enamorar a Pomona, diosa de los frutos.

Por su parte Alcíone al saber la muerte de su esposo, Ceix, muerto en el mar se arrojó del precipicio a la costa. Los dioses transformaron a la pareja en martines pescadores. Cicno se lanza al río para rescatar el cuerpo de su amigo Faeton, llorando su pena hasta el final de sus días, los dioses convirtieron en cisne, dejándolo en el agua y lejos del temible fuego abrazador del sol que tanto odio; y a las hermanas de Faetón, las Helíades, que lloraron su muerte durante cuatro meses y los dioses las convirtieron en álamos y a sus lágrimas en ámbar.

Filemón y Baucis, un par de viejos y pobres campesinos dieron alojamiento a Zeus y Hermes, que disfrazados de mortales pidieron un lugar para pasar la noche. En agradecimiento Zeus les ofreció un deseo, el matrimonio deseó estar unidos para siempre y morir juntos y a su muerte, Zeus los convirtió en dos árboles que se inclinaban uno hacia el otro: Filemón en roble y Baucis en tilo.

Las Piérides eran nueve jóvenes doncellas orgullosas dotadas con un excepcional talento para la música, el canto y la poesía. Estaban tan orgullosas que se atrevieron a retar a las Musas; tras perder, como era lógico ante diosas, fueron transformadas en urracas, y bajo ésta forma conservaban aún el mismo temperamento de charlatanas e inoportunas.

Aracne era una gran tejedora que alardeó de ser más habilidosa que Atenea y la diosa se presentó ante ella, tomando la figura de una vieja con bastón, para aconsejarle que desistiera de medirse con una diosa. La respuesta de Aracne fue retar a Atenea a probarse en una competición. Abandonando su disfraz, la diosa se presentó con todo su esplendor. Enfrentadas en distintos telares, fueron tensándose las finas urdimbres y se entretejieron la púrpura, los oros y los delicados matices de la transición de los colores. Atenea creó un tejido en que los dioses aparecerían soberbios y centrales en su augusta majestad. Pero Aracne dibujó a las deidades con sus debilidades más carnales, en un trabajo tan brillante y delicado, que la diosa, fuera de sí, rompió su obra y golpeó a su rival. Viendo la furia divina que había provocado su insana soberbia, la joven mortal intentó terminar con su vida pasándose un lazo por la garganta. Atenea no lo permitió. Vive, sí, pero cuelga, le dijo. Y rociando a Aracne con los jugos de una hierba, maldijo su destino y su descendencia. La convirtió en una araña tejedora cuya misión es pender y tejer eternamente.

Procne estaba casada con era el héroe Tereo de Tracia y a quien el de dió un hijo llamado Itis. Pero Procne sentía nostalgia de su hermana Filomela y pidió a Tereo que le permitiera verla. Este accedió pero con la condición de que el encuentro se llevara a cabo en Tracia. Así Tereo marchó a Atenas para buscar a Filomela y llevarla a Tracia. Pero la juventud y la hermosura de Filomela provocaron la pasión de Tereo que al llegar a Tracia la violó, y para que no hablara le cortó la lengua y la encerró en una solitaria prisión. Luego dijo a Procne que su hermana había muerto. Filomela en su solitaria prisión tejió su triste historia y la hizo llegar a su hermana Procne, que así se enteró de que su esposo la había engañado. Procne se recató a Filomela y par acastigar a su marido ambas mataron a Itis y se lo sirvieron a Tereo. Cuando este preguntó por su hijo, Procne le dijo que estaba en su estomago mientras le mostraba su cabeza. Enfurecido, Tereo inició la persecución de las asesinas, pero los dioses acabaron con la cadena de actos crueles transformando a los tres en aves: a Filomela en ruiseñor, a Procne en golondrina, y a Tereo en la abubilla, semejante a un guerrero con penacho y agudo pico.

Los primeros hombres lobo

Licaón era un rey de Arcadia, era muy religioso, muy querido por su pueblo, pero su apasionada religiosidad le llevó a realizar sacrificios humanos; llegando al punto de sacrificar a todos los extranjeros que llegaban a su casa a los dioses, violando la sagrada ley de la hospitalidad. Enterado de esta aberración, Zeus se hizo pasar por un peregrino y se hospedó en su palacio. Licaón se preparó para asesinarle, pero alertado por algunas señales divinas, quiso asegurarse antes de que el huésped no era un dios, como afirmaban sus temerosos súbditos. Para ello hizo cocinar la carne de su propio hijo Níctimo; y se lo sirvió a Zeus. Éste montó en cólera y transformó a Licaón en un lobo, incendiando después el palacio que había sido testigo de tanta crueldad.

Los hijos de Licaón no tuvieron mejor suerte ya que ayudaban a su padre y por ello Zeus fulminó a algunos con su rayo, a otros los convirtió en lobos —como a su padre— y algunos tuvieron que exiliarse para siempre. Después devolvió la vida a Níctimo, que se hizo cargo del reino de Arcadia. La hermana de Níctimo fue Calisto —la del cuento de la osa—, y su hijo con Zeus, Arcas sucedió a su tío en el trono. Estos hechos de canibalismo fueron los que provocaron el diluvio de Deucalión, del que sólo se salvaron Filemón y Baucis.

Hijos de la noche (10) Moiras, Parcas, Fatas, los Destinos

En el puesto diez en la lista de los hijos de la noche parece apropiado colocar a las diosas del destino, este es el número de la rueda en el tarot, que representa eso, el fin de un ciclo e inicio del otro, ya que hasta ese número que podemos contar con la mano antes de volver a empezar. Las moiras era las diosas que personificaban al destino ineludible de los hombres. Ellas asignan a cada persona su destino en el esquema de cosas. Su nombre significa: las que distribuyen las partes o las porciones.

Entre los muchos dioses de las cuales se las hace hijas tenemos: Nix y Érebo, Nix y Cronos, el propio Caos, Océano o Ponto con Gaia, y como una forma de ponerlas bajos el dominio de Zeus, se las hace hijas de Zeus y Temis (la diosa de la justicia y madre de las horas). Esta relación surge en parte porque cuando Perséfone es devuelta de los infiernos con su madre, es acompañada por las Moiras, relacionando así a estas diosas del inframundo con el ciclo de las estaciones (las horas).

Las moiras, como diosas primigenias no estaban obligadas a obedecer a los dioses, así el destino de cada ser estaba guiado y signado por leyes eternas que debían tomar su curso sin obstrucciones; por tanto Zeus, así como los otros dioses y hombres tenían que someterse a ellas. Como señala una vieja frase —las tres diosas tejen y destejen el destino de hombres y dioses—, así de grande es su poder.

Se cuenta que cuando Zeus pidió ayuda de todos los seres para luchar contra su padre Cronos y el resto de los titanes, prometió que aquellos que no tenían rango ningún que serían recompensados, y aquellos que los tuvieran podrían mantenerlos, en este grupo entraron las Moiras, estas se pusieron de parte de los dioses en su lucha contra los titanes, y por ello Zeus las recompensó manteniéndolas como regidoras de las vida de hombres y de dioses. Las moiras agradecieron el gesto y le dieron a Zeus el sobrenombre de Moiragetes (apellido dado al dios y su hijo Apolo), que significa líder de los destinos.

Los nombres de este trío de diosas son: Cloto que significa: la hiladora, hila el hilo de vida. Láquesis cuyo nombre significa, la repartidora, hila el hilo de vida en la tela del destino; finalmente Átropos (o Aisa —Dispensación o Designio—) cuyo nombre significa: lo que no puede cambiarse, corta el hilo de vida. Los romanos llamaron a estas diosas las Parcas y su nombres eran: Nona, Decuma y Morta.

Al nacer un hombre, las moiras crean el hilo de su vida futura, siguen sus pasos y dirigen las consecuencias de sus acciones, según el consejo de los dioses. No era un destino inflexible; Zeus, si deseaba tenía el poder de salvar aquéllos que ya estaban en el punto de cumplir su destino incluso. Los Destinos no interferían abruptamente en los asuntos humanos, pero eran útiles para causas intermedias: determinando, condicionando, empujando sus acciones e influenciando en los hombres. Como el destino de todo hombre termina con su muerte, las diosas del destino se volvieron con el tiempo en las diosas de la muerte.

Como las diosas de nacimiento y creación del hilo de la vida, tenían el poder de profetizar el destino del recién nacido, Ilitía (diosa de los partos, hija de Zeus y Hera) era entonces su compañera. Así las diosas del destino debían de haber sabido necesariamente el futuro y a veces ellas los revelaban; eran por consiguiente las deidades proféticas, adivinas que atienden los oráculos y acompañan a Apolo. Como las diosas de muerte, ellas aparecen junto con las Keres, Tanatos y las Erinias infernales.

Las Moiras son descritas como las mujeres viejas feas, a veces cojas para indicar la marcha lenta del destino, severas, inflexibles y duras. Cloto lleva un huso o un lleva el ovillo de lana con el que va hilando el destino de los hombres, Láquesis enrolla el hilo en un carrete y dirige el curso de la vida, a veces se la representa con un compás midiendo sobre el horóscopo en un globo celeste (similar a la musa Urania), y Átropos un pergamino, una vela, un reloj de sol, un par de balanzas, o unas sus tijeras de oro con las que corta el hilo de la vida sin respetar la edad, la riqueza, el poder, ni ninguna prerrogativa, y así ésta llega inevitablemente a su fin.

Las Moiras, como divinidades se las concibe como las diosas de nacimiento o como las diosas de muerte. Se puede inferir que quizás originalmente los griegos concibieron una sola Moira (destino), pero como la duración de vida humana es determinada por dos puntos: el nacimiento y la muerte; como consecuencia a su naturaleza y atributos llevaron a la creencia de dos, y finalmente en tres Moiras.

Para algunos el destino es inflexible, y hasta los dioses deben ceder. Otros, al contrario, señalan que Zeus, como el padre de dioses y hombres, pude alterar el destino de los hombres, en este caso las tres diosas se sentaban y lo asistían en su trono. Pero aun a veces ni el propio jefe de los destinos podía vencer sus designios, así por ejemplo cuando las moiras señalan que el hijo varón de Tetis sería más grande que su padre, ni Zeus, ni Poseidón se atrevieron a cortejar a la ninfa, dejándosela al mortal Peleo. También cuando nació Atenea, Cloto dijo que sería una diosa virgen y sin esposo.

Pero los destinos pueden ser alterados, cuando iba nacer Heracles (Hercules), bisnieto de Perseo, Zeus declara que el próximo niño que nacería (su hijo) sería el jefe de los Perseidas; Hera hizo nacer sietemesino a su primo Euristeo y así fue él quien quedó de rey.

Las tres moiras son famosas por otro hado: Meleagro, era hijo de Eneo (rey de Calidón) y Altea (hermana de Leda). Las Moiras anunciaron que su vida estaría ligada a un carbón de leña ardiente, y que cuando se consumiera el tizón, Meleagro moriría. Altea, tras saber esto, sacó el tizón del fuego, lo apagó y lo guardó, convirtiendo al chico en invulnerable. Cuando por el olvido de Eneo de haber dedicado sacrificios a la diosa Artemisa, esta castiga el reino enviando al peligroso jabalí de Calidón. Muchas partidas de caza fueron tras la bestia que azotaba el reino. Meleagro, a pesar de que estaba casado con Cleopatra (Hija de Idas y Marpesa), se enamoró de Atalanta, que también fue participante de la cacería y fue la primera que logró herir al jabalí, y fue a ella a la que ofreció el trofeo del jabalí muerto, ello motivó la irá de los Curetes (tíos maternos del chico), que querían para sí el trofeo. Meleagro los mató en una disputa y Altea acabó con la vida de su hijo lanzado el tizón de leña al fuego hasta que se consumió (tampoco le agradaba la joven cazadora que rompía con la norma). Cleopatra que es la que había estimulado a sus esposo a ir en la partida de caza se suicidó tras la muerte de Meleagro. El suicido es visto como una trampa o engaño al destino.

El volver de la muerte entra en esa misma situación, cuando Tántalo invitó a los dioses a un banquete, decidió ofrecer a su hijo Pélope como comida, descuartizó al muchacho y lo ofreció a los dioses; los dioses evitaron tocar la ofrenda; sólo Deméter, trastocada por la reciente pérdida de su hija Perséfone, no se percató de lo que era y se comió el hombro izquierdo del desdichado. Zeus ordenó a Hermes que reconstruyera el cuerpo de Pélope y lo volviera a cocer en un caldero mágico, sustituyendo su hombro por uno forjado de marfil de delfín, hecho por Hefesto y ofrecido por Deméter. Las parcas le dieron vida de nuevo y así obtuvo nuevas cualidades. Poseidón luego secuestró al nuevo Pélope y lo hizo su amante (pero esa es otra historia). A Tántalo se le castigó, enviándolo al Tartato y condenándolo a pasar hambre y sed rodeado de ricas viandas y dulces néctares, que escapaban de su alcance.

Similar situación tiene Euridice, cuando Orfeo desciende a los infiernos y canta para los dioses del inframundo, hasta las propias Erinias soltaron lagrimas, Euridice es liberada, pero Orfeo no debe verla tras él hasta salir del inframundo; al llegar a la entrada el joven se voltea, pero Euridice no había cruzado aún las puertas, y las hermanas repiten su tarea devolviendo a la chica al reino de Hades por segunda y última vez.

Del infierno solo han salido, con permiso de las tres diosas:

  • Perséfone al volver con su madre Demeter.

  • Sémele, rescatada por su hijo Dioniso, que la hizo inmortal dándole el nombre de Tione (la ardiente) y adorada como diosa del matrimonio (fastidiando así a Hera).

  • Cancerbero, sacado por algunas horas del infierno por Heracles, para cumplir su doceavo trabajo.

  • Hipolito, a solicitud de Artemisa, es devuelto a la vida por Asclepio (dios de la medicina).

  • Pélope revivido por orden de Zeus y luego llevado al Olimpo como amante de Poseidón.

  • El dios Hermes, que lleva las almas hasta las puertas del infierno, para luego volver al cielo.

  • Yolao (Iolas o Iolao) era uno de los más fieles compañeros de su tío Heracles, a quien ayudó en muchas de sus aventuras. Después de muerto el héroe (Heracles) por los celos de su esposa Deyanira, Yolao se inmolo en la pira funeraria junto con su tío. La familia del héroe no pudo hallar descanso; encontraron protección en Ática, y cuando Euristeo marcho contra los hijos de Heracles, Yolao pidió a los dioses del inframundo permiso para recuperar por una hora su juventud y volver de nuevo a la tierra para ayudarles. El permiso le fue concedido y así mató a Euristeo.

Otras formas de escapar a los destinos era transformando a los mortales en algún otro ser (planta, animal, pájaro o puesto en los cielos como una constelación)

  • Asclepio, hijo de Apolo y Coronis, es muerto por Zeus tras devolver a la vida a Hipolito, Apolo luego mata a los cíclopes que fabrican el rayo de su padre en venganza de la muerte de su hijo. Asclepio sale de los infiernos y es puesto como una constelación en los cielos. (Ofiuco: el serpentario)

  • Cástor y Pólux, los hijos de Zeus y Leda, tienen muerte alternada, subiendo a los cielos (constelación de Geminis) la mitad del año y bajando a los infiernos la otra mitad.

  • En sentido inverso, el centauro Quirón, único en su raza inmortal, Heracles accidentalmente le dio con una flecha envenenada con la sangre de la Hidra en el transcurso de una lucha con los centauros. Éste contrajo una dolorosa herida incurable, que le llevó a ceder su inmortalidad a Prometeo, para poder así poder morir y escapar del dolor. Fue puesto en los cielo como la constelación de Centauro.

  • El propio Heracles, tras su muerte fue puesto en los cielos y es la constelación de Hércules.

  • Ámpelos era un muchacho amado por el dios Dioniso, fue transformado por los Destinos, en una vid a su muerte. En otra versión es un sátiro que murió en un accidente al montar un toro enloquecido y las Moiras concedieron a Ámpelo una segunda vida como parra, de la que Dioniso prensó el primer vino.

  • Jacinto, amante de Apolo, muerto por Cefiro, fue transformado en la flor que lleva su nombre.

  • Cipariso, otro efebo amado por Apolo, recibió una jabalina para cazar del dios, por error el muchacho mató a su ciervo domesticado. Tanto fue su duelo y dolor que pidió al dios que le permitiera llorarlo para siempre. El dios aceptó su súplica y lo convirtió en un ciprés, árbol relacionado con el duelo y el dolor por los seres queridos.

  • Ceix muerto en el mar y Alcíone al saber la muerte de su esposo se arrojó al mar. Apiadándose de ellos, los dioses transformaron a la pareja en martines pescadores o alciones

  • Esaco, un hijo de Príamo con don de interpretar los sueños le dijo a Hécuba, poco antes del nacimiento de Paris, que el niño iba ser la causa de la ruina de su patria (Troya). Esaco tuvo un final desgraciado, pues su esposa murió por la mordedura de una serpiente, y él, enloquecido, se arrojó al mar. Compadecida, Tetis lo transformó en somormujo (pájaro zambullidor).

  • Leucótoe era una princesa, hija de Órcamo y hermana de Clitia. Fue seducida por Helios/Apolo/el sol. Clitia, amante inicial del sol, celosa de su hermana porque quería a Helios para sí, contó a Órcamo la verdad. Enfurecido, Órcamo ordenó que Leucótoe fuese enterrada viva. Helios intentó devolverle la vida pero no pudo, así que la transformó en una planta de incienso. También abandonó a Clitia, resentido por su traición; ésta desesperada estuvo nueve días sin comer, sólo viéndolo pasar por el cielo, hasta que terminó por convertirse en girasol.

  • Cicno, aunque varios personajes llevan este nombre, todas las leyendas son similares al final. Una de las más conocidas es la de Faeton (hijo de Helios que pierde el control del carro solar) que es muerto por Zeus; el cuerpo cae en el río Eridano, donde Cicno, amigo de Faeton, se lanza al río para rescatar el cuerpo de su hermano/amigo/amante, llorando su pena hasta el final de sus días. Sus canas al morir fueron transformadas en blancas plumas por los dioses al convertirlo en cisne, dejándolo en el agua y lejos del temible fuego abrazador del sol que tanto odio. Por su parte las Helíades, hermanas de Faetón, lloraron durante cuatro meses y los dioses las convirtieron en álamos y sus lágrimas en ámbar.

  • Filemón era un viejo y pobre campesino que vivía en la ciudad de Frigia con su esposa Baucis. Un día, Zeus y Hermes, tras un viaje disfrazados de mortales, llegaron a Frigia, donde pidieron a sus habitantes un lugar para pasar la noche. Tras la negativa de todos ellos, sólo Filemón y Baucis les permitieron entrar a su humilde cabaña. En agradecimiento por su comportamiento Zeus avisó al matrimonio que iba a destruir la ciudad y a todos aquellos que les habían negado la entrada. La pareja subió a una alta colina y vieron su ciudad destruida por una inundación. Zeus, solo había salvado su cabaña, que posteriormente fue convertida en templo. Cuando Zeus les ofreció un deseo, el matrimonio deseó estar unidos para siempre y morir juntos. Tras su muerte, Zeus los convirtió en dos árboles que se inclinaban uno hacia el otro: Filemón en roble y Baucis en tilo.

Hijos de la Noche (15) Morfeo y sus hermanos.

Morfeo es el líder de los Oneiros, espíritus (el daimones) de los sueños. Él se manifestaba en los sueños de reyes y gobernantes en forma de imágenes humanas como mensajero de los dioses. Su nombre significa el diseñador o el moldeador, porque él forma o moldea los sueños que se aparecían al durmiente. Modernamente se le conoce en el mundo anglosajón como Sandman, el arenero,  personaje popular del folclore ingles que ayuda a los niños a dormir y tener dulces sueños esparciendo arena mágica en sus ojos. Entre su millar de hermanos  la literatura da el nombre de dos más: Iquelos, en cuyos sueños mostraba imágenes de plantas y animales, (es también conocido como Fobetor) y Fantasos, que las imágenes eran de objetos inanimados (agua, piedras, etc.)

Estos tres Oneiros son hijos del dios del Sueño, Hipno, y Pasífea (espíritu del descanso y la relajación) que es considerada una Cárites. Las Cárites o Gracias, eran diosas de la gracia, la belleza, el adorno, la alegría, la fiesta, la danza y el canto. Las Cárites más jóvenes presiden los placeres de la vida, incluido el juego, la diversión, banquetes, decoración floral, la felicidad, el descanso y la relajación. Ellas eran asistentes de las diosas Afrodita y Hera.

El padre de las Cárites fue el poderoso Zeus, aunque el nombre la madre incluye a diosas como: Eurínome, Eunomia, e incluso la gran Hera. Suelen ser siempre representadas en grupo de tres chicas que baillan desnudas en un circulo, a veces coronadas con ramas de mirto y flores. Las tres más conocidas son: Aglaya/Aglaia/Kalleis/Charis/Caris (belleza, esplendor y gloria), Eufrosina (buen humor, alegría y gozo) y Talía (celebraciones festivas y los ricos y lujosos banquetes); pero también se citan nombres como: Anteia (espíritu de las flores y coronas de flores de los festivales y fiestas), Eudaimonia (felicidad, prosperidad y opulencia); Eutimia (el buen ánimo y satisfacción), Cleta y Faena (Gloria y fama; las dos Gracias adoradas por los espartanos); Paidia (juego y diversión), Pandaisia (espíritu de ricos banquetes), Panniquis (espíritu de las fiestas nocturnas), Pasifea (espíritu de la relajación y las drogas alucinantes), Peidos (espíritu de la seducción y la persuasión), las Carites de Atenas estaban vinculadas a la floración y el crecimiento de las plantas (y relacionadas con otro grupo de ninfas, las Horas), ellas eran: Hegemona (espíritu del florecimiento y los frutos), Auxo (Desarrolladora, crecimiento de primavera) y Damia (Espíritu de las fuerzas de la Naturaleza). Aglaia/Caris, que fue esposa de Hefesto, simbolizaba también la inteligencia, el poder creativo y la intuición del intelecto. Fue madre con Hefesto de Eucleia (espíritu de la honorabilidad y buena reputación), Eufeme (espíritu del correcto discurso y la aclamación), Eutenia (espíritu de la prosperidad y la plenitud) y Filofrósine (espíritu de la amabilidad y la bienvenida), siendo estas las más jóvenes de las Cárites.

La leyenda que más involucra a Morfeo es referida por Ovidio (siglo I a.C. y I d.C) cuando la diosa Hera ordena a Iris para convocar un Sueño:

Iris, mensajera más fiel de mi voz, ve rápidamente al vestíbulo de Somnus [Hipnos], y pide que envíe un Sueño de que Ceyx se ahogó, para así dar la noticias a Alcione [su esposa].

Entonces Iris, envuelta en su túnica de mil colores remontó a través del cielo su inclinado arco y alcanzó la nube que esconde el palacio del rey del sueño [Hipnos]. . . Alrededor de él por todas partes varios sueños vacíos [Oneiros], innumerables como los granos de maíz en tiempo de cosecha, o los granos de arenas lanzadas en la orilla, o las hojas que en otoño cubren el suelo del bosque. Allí Iris entró, mientras alcanzaba y cepillaba a Somnus (Hipnos) de lado, y el fulgor súbito luminoso de su túnica encendió el lugar; despacio el dios abrió sus párpados pesados, y su volvió atrás un tiempo, su cabeza que cae lánguida en su pecho, por fin él se agitó fuera de su somnolencia, y apoyándose la reconoció y le preguntaron por qué ella vino, y ella contestó:

Somnus, el más tranquilo de los dioses, Somnus, paz de todo el mundo, el bálsamo del alma quien cuida de lejos, quién da descanso a los miembros cansados después del trabajo duro del día y la fuerza renovadora para encontrarse con las tareas del día siguiente, ofrezca ahora un sueño cuyo imagen de similitud perfecta coincida con la verdad, en semejanza a la forma de Ceyx se aparezca en Trachis a Alcione y muestre el naufragio y que su estimado amor se ahogó—.

Así la ordenes de Juno [Hera] cumplió. Entonces, su tarea realizó, Iris partió, porque ella no podía más soportar el poder de Somnus, cuando el adormecimiento le llegaba, ella cruzó a través del portal , y huyó lejos sobre el arco iris por el que ella vino. El padre Somnus escogió de entre sus hijos, de su atestando reino de mil, uno con la habilidad aventajada para imitar la forma humana; Morfeo su nombre, quien más que ninguno puede presentar los rasgos, andares y discursos de los hombres más hábilmente, su ropa habitual y sus gestos. Él refleja sólo a los hombres; otro la forma de las bestias, los pájaros y las serpientes corredizas y largas. Los dioses lo han nombrado Iquelos; pero aquí abajo la tribu de los mortales lo llama Fobetor. Un tercero, aventajando en arte diverso es Fantasos; él hace la forma de la tierra, las piedras, el agua, los árboles, las cosas inanimadas. A los reyes y jefes éstos por la noche el despliegan su fantasmal imagen; otros sueños vagan entre las personas, frecuentando a la gente común. De todos estos sueños el dios escogió a Morfeo para emprender las ordenes de la hija de Taumante [Iris]; entonces con dulce adormecimiento en su cama alta él hundió su cabeza para dormir. Pronto a través de la oscuridad cubierta de rocío en las alas silenciosas volado Morfeo y con viaje breve llegó al pueblo de Trachis y, poniendo sus alas al lado, tomó la imagen de Ceyx, su forma y cara; y cadavérico, pálido y desnudo, estaba de pie al lado de la cama de su pobre esposa. ¡Su barba estaba mojada y de su pelo mojado de agua de goteaba de él; apoyándose sobre ella entonces, llorando, él dijo:

—Alcyone Pobre, pobre! ¿Usted me reconoce, soy Ceyx? ¿Me cambio la muerte? ¡Mire! ¡Ahora usted ve, usted me reconoce, ah! No soy su marido sino el fantasma de su esposo. Sus oraciones ya no son útiles. Estoy muerto. No alimente su corazón con la esperanza y la falsa y vana espera. Un viento salvaje en el mar de Egeo golpeó mi nave, con su gran soplo la destruyó… mis labios llamando su nombre, llaman en vano, las aguas ya me llevaron. Éstas noticias ningún mensajero dudoso trae, ningún vago sueño: yo, aquí, naufragué, mi propio destino dese le revela. ¡Venga, suba y llore! ¡Póngase su luto! ¡Llore! Por que ni sus lamentos y sufrir impedirán unirme a los espíritus oscuros del Tartaro—.

Así Morfeo habló, también habló con tal voz cuando que ella debe pensar que es su marido, y sus lágrimas que ella tomó por verdaderas, y usó los gestos de Ceyx. Dormida, ella gimió y lloró y estiró sus brazos para sostenerlo, pero abrazó el aire vacío.

—¿Oh espera por mí!— que ella lloró, —¿Por qué tienes prisa por partir? Yo también iré—. Despertada por el sonido de la voz y por el fantasma de su esposo, ella miró pero no lo encontró en ninguna parte. Ella lloró

—Él está muerto, naufragó y se ahogó. Yo lo vi, lo se, intente sostenerlo, cuando él desapareció en mis brazos. Él era un fantasma, pero todavía distinto y claro, de verdad el fantasma de mi esposo, aunque para estar seguro su cara estaba cambiada, su gracia brillante se había ido. ¡Desnudo, cadavérico y pálido, con el pelo goteando, yo lo vi!…—

Alkonost

La legendaria Alkonost es otra ave en la mitología eslava. Es igual en apariencia que la siren, con cuerpo de un ave con la cabeza y el pecho de una mujer.

El nombre proviene de la de semi-diosa griega Alcíone (una hija de Eolo – dios de los vientos / no confundir con una de las pleyades de igual nombre), es la esposa de Ceix, un hijo de Fósforo (en Lucero de la mañana). Según el mito griego. Ceix marchó a Claros (Jonia) para consultar un oráculo, pero naufragó durante la travesía, ahogándose. Sabiendo de la muerte de su esposo por Morfeo, Alcíone se arrojó al mar. Los dioses transformaron a la pareja en martines pescadores o alciones. Se cuenta que cuando estos pájaros hacían su nido en la playa y las olas amenazaban con destruirlo. Eolo contenía sus vientos y hacía que las olas se calmasen los siete días anteriores al día más corto del año (y varios después), para que pudiesen poner sus huevos. Estos días pasaron a llamarse «días del alción», y en ellos nunca había tormentas, por lo que este pájaro se convertiría en símbolo de la tranquilidad.

De igual forma las Alkonosts, ponen sus huevos en las costas cerca del mar, después de ponerlos el mar se calma por un período de seis o siete días, el punto de que los huevos eclosionan, junto con la aparición de una tormenta. Para la Iglesia Ortodoxa Rusa la Alkonost personifica la voluntad de Dios. Ella vive en el paraíso, pero viene a nuestro mundo para entregar un mensaje. Su voz es tan dulce que nadie puede olvidar audiencia todo.