Los Loas y la religión haitiana (8) Los mitos africanos originarios (Los Orishas menores)

La esposa de Inle es la diosa Abatá, reina de las playas de arena y los pantanos, papel que comparte con Elusú, el espíritu de las arenas. Otros hermanos y hermanas, también vinculados a las aguas, e hijas de Yemanja, son: Egbe, quien rige sobre las aguas estancadas y el agua de las tinajas; Ikokó, señor de las plantas acuáticas; Olona, que reina en los lagos, mientras Olosa es señora de las lagunas; Osará habita en las caídas y cascadas y Agganá, es el espíritu de la lluvia.

Abatá

Otros dioses menores, estos vinculados estos a la música, son: Aña, que habita en el sonido de los tambores, Fride en los sonidos de los instrumentos de cuerda y Poolo el espíritu de la música de los instrumentos de vientos. Finalmente habitantes de la noche tenemos a Irawó, señor de los astros, Onírawó; quien rige sobre los cometas, Oshupá; representa a la luna y Agba Lodé es el espacio infinito.

Aye

Poco conocido en tierras americanas, pero muy conocido en África tenemos a Ayé o Ajé Shaluga (Kobo) es el dios de la suerte y la fortuna; como la mayoría de otros dioses y diosas de la fortuna, se le califica de volátil y voluble, y se decía que daba sus dones de forma caprichosa y favoreciendo a los que menos la necesitan. Ayé es también el tesorero de los orishas, el encargado de mantener y proteger las riquezas minerales del planeta. Algunos dicen que es varón y otros que es hembra, además, creen que no tiene brazos. Otro dios vinculado a la suerte, pero en este caso es el destino que te ha tocado es Ori. Como su equivalente griego, el dios Fatum, las decisiones dadas por Ori no pueden ser alteradas por ningún otro Orisha.

Iyami

Iyami Oshooronga es la diosa de las brujas y hechiceros; en la tradición Yoruba, se cree que Oloddumare, el Creador del mundo, es bueno y quiere que el hombre tenga la mejor vida posible, pero existen elementos evidentes de maldad que alteran y rompen el flujo ordenado y uniforme de la vida. Se introduce la brujería para explicar las desgracias, así como cuando en vida social y doméstica surgen ansiedades y tensiones, cuando las cosas no marchan de acuerdo con lo previsto, cuando hay infecundidad, esterilidad, depresión o miseria, terribles accidentes, o muertes prematuras, fracasos en los negocios, en los estudios y otras actividades, los africanos culpan a la brujería. De esta forma, cuestiones que de otra manera hubieran resultado difíciles de explicar, encuentran una sencilla justificación.

Iku

Entre los espíritus malignos tenemos a Iku, la muerte misma, pero se acompaña de otros como Abiku, que traduce predestinado a la muerte, y que es el responsable de la muerte de los niños en su infancia y los que mueren jóvenes de forma sorpresiva. Abita que es el demonio mismo, la maldad encarnada; es visto como la forma negativa de Ossain, el dios de la naturaleza. Abita se suele acompañar por Ogueday, Iyabafún y Osawani.

Según los mitos Obanala y Abashele eran dos hijas de Obbatalá. Una noche aprovechando la salida de su madre, ambas emborracharon a su padre y se acostaron en él. Las consecuencias de esa noche se vieron a los pocos meses, cuando Obbatalá se percató del crecimiento de sus vientres, les reclamó saber quien era el hombre con quien habían estado para pedir el pago del agravio, pero ellas callaron. Obbatalá consultó a Orunmila y este reveló el pecado. Furioso Obbatalá quiso matar a las desgraciadas, pero Orunmila lo detuvo y sólo fueron expulsadas y condenadas a vivir siempre solas. Hijos de esa unión fueron Iyabafún y Osawani; quienes al estar solos en el mundo terminaron acostándose entre ellos y nacería Ogueday, que se volvió el desasosiego y la intranquilidad; sus padres pasaron a representar el pecado y el desenfreno sexual.

Oggán, Ogbón y Ogboni

Entre los guardias o acompañantes de los principales dioses tenemos a: Oggán, Ogbón y Ogboni que son los guardias de Obbatalá y de los secretos místicos de la tradición. Oggán era en sus primeros tiempos siervo de Aggayú, que reinaba en la tierra en ese entonces. Shangó que vivía con Aggayú deseaba el trono de su hermano (aquí hablamos del rey de Oyo) y convenció a Oggán de que evitara que llegaran los tributos de otras tierras. Oggán se prestó al trato con ayuda de sus hermanos Ogbón y Ogboni. Cuando no llegaron los alimentos, Aggayú consultó primero a Shangó, que era uno de sus guardias; este simplemente se disculpó de no saber. Aggayú consultó luego a Elegguá en secreto, quien le explicó lo ocurrido y por petición de Aggayú fue a detener a Oggán y sus hermanos. Cuando fueron traídos a la corte de Aggayú, los hermanos se salvaron de ser condenados a muerte por la visita de Obbatalá; quien pidió misericordia y estos pasaron a sus servicios en pago por salvar su vida.

Boromú y Boronsiá

Los dioses Boromú y Boronsiá (Bromú y Bronsiá, aquí en este aspecto son el rocío y la niebla) que son un par de hermanos que guardan los secretos de Oduduwa. Boromú es del dios de los desiertos, es descrito como un dios vinculado al reino de la muerte, ya que representa los huesos de los esqueletos, que es lo que queda de los hombres que se adentran sin saber en sus dominios. Boromú como dios infernal acompaña a Yewá en el reino de los muertos (los cementerios) y se enseñaron entre ellos a leer el oráculo (el destino). Boronsiá es el dios de los tornados y las tormentas de polvo; es una deidad infernal, guardian de las puertas de los cementerios. En algunas tradiciones Boromú y Boronsiá son los hijos de Yewá, que abandonados por su padre (Shangó), habitan donde las tormentas y lluvias no llegan (los desiertos).

Obacun es uno de los guardias de Shangó; mientras que Abokun (el rayo), es el fuego secreto que escupe Shangó cuando se está en guerra, o enojado. Alaromo es el compañero de Oggún y representa el poder de la guerra y el espíritu indomable; Oggún se acompaña en su fragua también con sus hijos Obekukako y Omotuto. Los guardias y mensajeros de Olodumare son Adán Beye y Adán Kolaye, quienes también acompañan a Abita (el dios del mal). Estos espíritus ejecutan los castigos de Olodumare; como cuando Obekukako y Omotuto ayudaron a la humanidad dándoles el don de la palabra y el lenguaje, hecho que molestó a Obbatalá (creador de la humanidad). Por ello Adán Beye y Adán Kolaye fueron enviados a castigar a los hermanos.

Ayarokotó

Alefi, es un dios del viento y mensajero de la diosa Oyá; otra de las compañeras y una de las siervas más fieles de la diosa de los vientos es Ajá o Ayaó, quien es otra diosa de la atmósfera, que fue una de las esposas de Olokun (el mar) y es puesta como madre de Ayarokotó (diosa de las olas), la mensajera de Olokun y Yemanja; que representa el horizonte donde el mar y el cielo se unen; y es la diosa de las olas del mar.

Aroni, era un guardia de Ossain, se le describe con una sola pierna y era el encargado de vigilar las hierbas medicinales, eso hasta que Ogbe, dios de las mentiras, que es un siervo de Eshu y un compañero de Oshosi (aquí como un dios de la justicia similar al bello Apolo) lo engaño y venció; por ello a cambio Aroni tuvo que entregar a Ogbe las hierbas que se requieren y que nunca deben faltar en los ritos.

Entre algunos de los dioses olvidados y/o menos conocidos encuentran Ayana o Ayama, río secreto en África que ha sido deificado como el río de la vida, es guardián de los secretos de la vida y vive en el centro de la tierra misma (un río subterráneo con aguas medicinales). Oba Molo Chun, una hermana menor de Obba; vinculada a la alegría de los hogares y el matrimonio. Otro dios del hogar es Olarosa, que se representa con un palo o una espada evitando que cualquier bruja o espíritu maligno entre al hogar. Osachin, es la patrona de los médicos; Oluweri, dios de los ríos y arroyos. Otro dios de los ríos es Igbá Omí, vinculado a los ritos de bautismo. Olimerin o Olori Merin, dios de las ciudades y pueblos, dispone de cuatro cabezas y patas de cabra; su culto ha desaparecido, probablemente debido al hecho de que requería el sacrificio de un recién nacido cada 3 meses.

Daddá

Korikoto es la orisha de la fecundidad y está asociada a los partos y la natalidad. Por su parte Obañeñe, llamada también Daddá y/o Agbañile, es la orisha de los recién nacidos y fue quien crío a Shangó cuando Obbatalá lo expulsó. Según esta versión Oggún había violado a su madre Yemanja (similar al mito de Orungan); Obbatalá ordenó que todos sus hijos varones fueran ejecutados, Eleggua/Eshu (el hermano mayor escondió a Shangó con su hermana mayor Daddá, quien le enseño el arte de curar; y ocultó a Orunmila bajo un árbol. Cuando Shangó creció su padre Obbatalá enfermó y Shangó lo fue a curar, salvándolo. A cambio de su vida Obbatalá perdonó la vida de sus hijos y Shangó rescató a su hermano Orunmila debajo del árbol, tumbando el mismo con su hacha; regalándole a Orunmila una mesa con la madera y el arte de la adivinación (Ifa). Es por eso que a Shangó se le vincula como un dios de la salud y es el primero que aprendió los secretos del Ifa.

Oroiña

Oroiña nació directamente de Olorun; representa la lava del volcán y la energía calórica del centro de la tierra, es donde nacen los terremotos, sus poderes forman las montañas, colinas y cordilleras; así se le considera la madre de Aggayú y hermana gemela de Orisha Oko.

Los Loas y la religión haitiana (4) Los mitos africanos originarios (La creación entre los Yoruba)

La mitología Yoruba del Niger se encuentra entre las más evolucionadas de África, comparable a la Greco-Latina, la Celta-Anglosajona y la Nordico-Germana, por la cantidad de dioses (superior al cuatrocientos) y leyendas. Aunque estos dioses no tuvieron templos y lugares de cultos como los espacios europeos; tienen aún hoy, a diferencia de sus equivalentes europeos, adoración y rezos. La creencia en los mismos ya no se limita al continente negro, sino a casi todo el nuevo continente con habla latina (español, portugués y francés) en la costa atlántica y principalmente caribeña; ahí donde los pueblos africanos crecieron y se florecieron, tras haber sido arrancados por las manos esclavistas y plantados en la tierra nueva.

Obbatala

Los Yoruba formaron uno de los reinos más importantes del África precolonial; el Imperio Oyo se extendía en hoy el noroeste de Nigeria. Este imperio iniciado en el siglo XIV creció hasta alcanzar su esplendor entre los siglos XVII y XVIII, cuando incluso absorbieron reinos vecinos como el de Dahomey. Terminaría por caer finalmente ante la presión colonial europea a fines del siglo XVIII y las disputas internas con los reinos africanos que había absorbido, a los que ya no podía controlar. En la tradición Yoruba ocurrió algo muy similar a la cultura romana, donde los emperadores romanos fueron divinizados por sus coterreaneos e igual paso en el pueblo Yoruba. Hubo una correspondencia entre los dioses Yoruba y los míticos primeros reyes, empezando por el primer rey Oduduwa, seguido por la disputa entre sus hijos: Ooni (el primogénito y heredero) y Oranyan (Orungan) el segundo y quien al perder su disputa con su hermano emigra y funda Oyo); Oranyan es sucedido por su hijo Ajaka (Angayú, Aganjú), pero este es reemplazado por su hermano Shangó, Tras la muerte de Shangó, Ajaka regresó al poder, y deifica a su hermano Shangó como dios del rayo y el trueno. Su sucesor Kori terminaría de consolidar al reino.

Fuera de estas leyendas originales sobre el origen del pueblo Yoruba y su reino Oyo; la tradición Yoruba inicia con un creador, un ser todopoderoso del que emana toda la creación. Olodumare es el principio de todo, creador del cielo (Orun, más en el sentido del mundo espiritual) y la tierra (Aye, el mundo material). Es inalcanzable y como su equivalente Nana Buluku es un ser andrógino, principio masculino y femenino a la vez. Olodumare lo podemos identificar perfectamente con Aida Wedo y/o Damballah Wedo, la serpiente arcoiris. Entre el Candomblé brasileño a Olodumare se le conoce como Oxumaré (Oshumaré); aunque en otras versiones Oxumaré es la gran serpiente arcoiris, equivalente a Aida Wedo y es puesta como hijo de Olodumare, así como hermano de Irokó y de Babalú Ayé. Olodumare, como Dios supremo tiene tres manifestaciones: Olodumare, el Creador; Olorun, gobernante de los cielos y la fuente de toda la energía (adorado como el Sol), y Olofi, que es el conducto entre Orun (el cielo) y Ayé (la tierra), el calor que recibimos del Sol.

Olodumare

En la creencia Yoruba se acepta la existencia del Ayanmo (el destino, la suerte); por otra parte el reto de los hombres es volver a ser uno con este principio creador y para ello las acciones y pensamientos de cada persona en el Ayé (el mundo físico) afectan a todos los demás seres vivos, incluyendo a la propia Tierra. Así cada persona busca lograr la trascendencia y alcanzar el Orun (el reino espiritual de aquellos que hacen cosas buenas y beneficiosas), moviéndose entre los ciclos de vida y muerte, y el espíritu humano evoluciona para alcanzar esa trascendencia deseada, esto es volver a ser uno con el creador (una idea nada diferente al pensamiento de tradiciones abrahamica —judía, cristiana y musulmana— de tras la muerte el espíritu se espera reencontrarse con la divinidad en el cielo). Y esta evolución se dice que es más evidente entre los Orishas, los visires divinos del Dios Todopoderoso; siendo los Orishas (Orichas, Orisas o Orixas) las entidades que posee la capacidad de reflejar algunas de las manifestaciones de Olodumare y se les describe a menudo como intermediarios entre el hombre y lo sobrenatural.

Así entre el pueblo Yoruba, la creación inicia con Olodumare (Olorun o Olofi), quien habiendo creado el universo decide dar forma a la tierra para que sea habitable. El mundo material (Ayé) era un lugar cubierto por las aguas y regido por Olokun (literalmente ‘el propietario de los océanos‘, equivalente al Neptuno romano). Olokun es al igual que Olorun, un ser andrógino, vinculado a la sabiduría. En algunas tradiciones Olurun toma el aspecto masculino y Olokun es el femenino, siendo ambos padres de Obbatalá y Oduduwa.

Olokun

Posiblemente ambos (Olorun y Olokun) son aspectos y formas del mismo dios, equiparados así con Dam Aida Wedo y Nana – Buluku. Otras fuentes hacen que en su aspecto femenino a Olokun se le vincule a otras diosas africanas como Yembó, Yemanja y Mami Wata. Los cuentos señalan que Olokun reinaba sobre todo el mar, pero cuando quiso destruir a la humanidad con un diluvio, Olorun lo encadeno por castigo al fondo del mar; así las costas pasaron a ser dominio de Yembo y más tarde de su hija Yemanja.

Retomando la historia de la creación, Olorun al ver que la Tierra era un lugar muy húmedo (cubierto por las aguas) y poco acto para la vida, envió a su hijo predilecto, Obbatalá (rey de pañuelo blanco, también llamado: Osala, Ohala, Oxalá, Orisala, Orishala, Orixalá), a ayudar a crear la tierra. Obbatalá con ayuda de la concha de un molusco recogió la tierra húmeda del fondo marino y la acumuló en un gran montículo, que terminó rodeado por el agua del mar, a este lugar elevado lo llamó Ife (la cuna de la existencia), y en esta tierra fértil las plantas comenzaron a crecer y dispersarse.

Obbatala 1

Viendo el trabajo en la Tierra, Olorun agarró los gases dispersos en el cielo y provocó una explosión que dio forma a una bola de fuego (el Sol), que secó la Tierra aún húmeda. Por ello a Olorun se le asocia el Sol y es visto como el señor de los cielos. La energía o fuerza vital de Olorun se manifiesta en los seres humanos como el Ashé, y está presente en todos los seres vivos. Por lo general, los seres humanos no interactúan directamente con Olorun pero reciben la energía vivificante del Sol y reconocen así el poder de Olorun sobre sus vidas. Obbatalá entonces creó a los humanos del barro por orden de Olorun, quien lanzó el ‘aliento de vida’ a volar a través de la tierra, y en las figuras tomaron vida y se volvieron los primeros pobladores del Ife.

Oduduwa

A Obbatalá se le iba a dar el honor de gobernar la tierra y a los hombres, pero según algunas versiones Obbatalá creó el licor a partir del fruto de la planta de palma y se emborrachó, Olorun temiendo por destino de la creación, envió al hermano menor a terminarla. Oduduwa, la esencia de la conducta, (como Odudua, Oodua se le considera una forma femenina), Oduduwa que ya era un señor del otro mundo y del destino; terminará de dar forma al mundo; y tras su intervención tendremos finalmente los reinos animal, el vegetal y el mineral. Oduduwa se convirtió por tanto en el primer rey de los hombres y les enseñó las normas y costumbres. Oduduwa vive en las tinieblas profundas de la noche; y representa los misterios, rige en los secretos de los Egún (almas de los muertos) y sobre Ikú (la muerte).

Obbatalá y Oduduwa fueron en principio rivales y desde su desliz con el licor, a Obbatalá se le conoce como el dios de los borrachos, título que según algunos no le agrada mucho y por ello se prohibe el licor cuando se invoca al dios; salvo por el licor de Anis. Según algunas relaciones Oduduwa asumió una forma femenina, llamada Odudua, y normalmente asimilada a la diosa Yembó, que sería una primera Yemanja, representando la mar en calma y se volvería su esposa; aunque Yembó también se equipara a Nana Buluku, llamado entre los orishas Nana Buruku, y es a veces llamada Nana Yemanja.

La tradición Yoruba termina su mito de la creación explicando el por qué de la búsqueda de los hombres del creador Olodumare. Según algunos cuentos la explicación de esto es que Olodumare bajaba de tanto en tanto al Ayé a visitar a los hombres y a los Orishas; bajo este aspecto es llamado Olofi; pero al ver las constantes disputas entre los hombres y entre los mismos Orishas, y de estos por tener su atención, terminó regresando al Orun para no regresar jamas y dejó de importarle lo que hacían los hombres y los propios Orishas. Es por ello que el pensamiento de la tradición Yoruba se plantea la permanente búsqueda de volver a ser uno con el creador.

Aunque existe otra versión distinta, en ella el espíritu de la tierra (Obbatalá) llegó a considerarse superior y mejor que el cielo mismo, ya que soportaba le peso del cielo, señalaba que él era tangible y real, mientras que el aire no se podía tocar, ni ver. Olodumare decidió darle una lección y sin decir una palabra elevo los cielos; y la tierra experimentó por primera vez la sed; la sequía y el calor acabaron con casi toda la vida en la tierra; y el sol que antes iluminaba los cielos dejo de hacerlo y surgió la noche y el frío, y los miedos, que sólo existen en la oscuridad. Cuando la sequía se prolongó, el espíritu de la Tierra suplicó al Cielo por agua; y este no respondió. Hubieran muerto todos los seres de no ser por un árbol que sobrevivía, y con cuya sombra cobijó a los animales y a los hombres del calor inclemente de los cielos en el día y del frío en la noche. El espíritu del árbol del mundo se llama Irokó (Iroké); en África era el espíritu de la Caoba, en América su equivalente fue la Ceiba, único árbol que permanece verde oscuro en plena sequía, cuando todos los demás ya se han secado, perdido las hojas y marchitado. Finalmente el árbol produjo flores, cuyas semillas que flotaron en el viento y con ellas suplicó a los cielos por la nueva vida; así el cielo permitió el regreso de las lluvias y la tierra sedienta por fin pudo volver a la vida. Pero Olodumare, que hasta entonces había mantenido a los cielos suaves, llevando lluvia y brisas moderadas, no regresó igual; ahora podían existir temporadas de sequía y de intensas lluvias que ahogaban la tierra, épocas de mucho calor y otras de frío; algunas con vientos suaves y otras con tifones, fue cuando el mal entró en el mundo, el orgullo del espíritu de la tierra lo pagaron muy caro todos los seres que en ella habitaban.

Iroko

Pero incluso el poderoso Irokó no se salvo del pecado del orgullo. Obbatalá (llamado Aragbá en esta historia) e Irokó se habían, tras los hechos anteriores, vuelto rivales, eso hasta que Eshu intervino. Se cuenta que cuando Eshu se convirtió en el dios de los caminos y las puertas (inicio de los ritos) solicitó a los hombres y dioses de la tierra un sacrificio al cielo. Aragbá no se quiso arriesgar otra vez con un mandato de los cielos, pero Irokó se consideró superior al dios mensajero de los cielos; por ello se negó a rendirle culto. Eshu entonces dijo a los hombres que no había nada mejor para construir algo duradero que la madera del árbol de caoba, regalándoles a los hombres el hacha. El gran e indestructible árbol que hasta entonces había sido intocable se vio arremetido por el poder del hacha. La caída de Iroko fue tal que el eco retumbo en todo el bosque, cuando Aragbá escucho el ruido, pregunto que estaba sucediendo y se le dijo que era el Gran Iroko que había caído bajo el hacha del ataque humano. Iroko quedo convertido en puertas, ventanas, mesas y sillas; y aún hoy sigue siendo así, la madera de caoba es una de las mejores para este tipo de actividad. Dentro de la tradición Irokó (caoba o ceiba) es por haber salvado a la humanidad de la ira del cielo el dios de los deseos (buenos o malos), pero tras su caída sus rezos pasan y/o se conjugan con los de Obbatalá (Aragbá, el espíritu de la Tierra).