Cosmogonía (3) Japeto, el titán y su familia.

Los cuatro titanes que ayudaron a Cronos a derrotar a su padre Urano se ubicaron en los puntos cardinales (un poco la creencia oriental de los cuatro pilares que sostienen el cielo). Japeto era el mayor de los titanes y gobernaba en el pilar del oeste, su nombre traduce ‘perforación o lanza‘. Japeto fue uno de los dos titanes que no desposo a una de sus hermanas (las titanesas, el segundo fue Crio). La esposa de Japeto fue una sobrina, la oceánide Climene (fama) [En algunas versiones a esta ninfa se le llama Asia, indicando que vivía en Anatolia, la hoy Turquía; ello a veces a generado confusión sobre el lugar donde reinaba Japeto; incluso algunos señalan la semejanza del nombre de Japeto con uno de los hijos del Noe biblico, Jafet, que según la tradición hebrea se estableció justo en Anatolia]. El oeste es el sitio donde se oculta el sol, y donde se ubicaba en todas las culturas el reino de los muertos. Japeto era en tiempo de los titanes equiparable en funciones a las que tenía Hades en la era de los dioses olímpicos. Japeto determinaba la duración de la vida de los hombres y de las bestias. Tiene importancia si se toma en cuenta que dos de los hijos de Japeto fueron: Epimeteo, el creador de todos los animales, y Prometeo, el creador de la humanidad.

Japeto

Prometeo tuvo como esposa una oceánide, Asia (nombre también a veces dado a Climene, la madre del joven titán y esposa de Japeto) que habitaba en la región de Anatolia, y de donde se decía que vivía Prometeo. Esta ocenide también recibía los nombres de Pronoia (prospectiva) y de Hesione (conocimiento); ella fue sustituida y/o asimilada por Atenea en la era de los dioses, y a veces es equiparada a oceánide Metis (consejo), la madre de la diosa Atenea. Fruto de la unión de Prometeo y Pronia nacería Deucalión, cuya esposa fue su prima Pirra, hija de Pandora (la primera mujer creada por los dioses) y esposa del titán Epimeteo.

Prometeo_++

Un tercer hermano era Menetio (el dios/titán de la ira), otro hijo de Japeto; a quien Zeus, tras vencer a los titanes, lo envió con un rayo directo al Tartaro por su carácter iracundo, convirtiéndose así en un siervo del dios Hades.

Menetio

El hijo mayor de Japeto y el cuarto hermano era Atlas lo reemplazó en el sostén del pilar del oeste, y en la lucha contra los dioses se condeno a Atlas a sostener desde este sitio a todo el cielo. Japeto y Atlas son a veces asimilados juntos y se les pone el nombre o sobrenombre de Titán, principalmente entre los romanos, nombrando así a toda esta raza de gigantes. Se sabe que cuando el héroe Perseo, que volvía con la cabeza de Medusa montado en Pegaso, vio la carga pesada carga del hijo del titán, se apiadó y lo convirtió en piedra con la mirada de la gorgona; sus restos son hoy las montañas del Atlas en noroeste de África.

Atlas

A Atlas se le conocen tres esposas y/o amantes, la primera fue Hespero (crepúsculo), con quien sería la madre de las siete Hesperides, estas diosas colectivas habitaban el extremo occidental del mundo, y representaban al atardecer con sus múltiples colores. Ellas reemplazaron a su madre como diosa del atardecer, y como inicio de la noche fueron también asociadas a las bodas, o mejor dicho a la noche de boda, ya que cuando apenas oscurecía la pareja de recién casados iba a tener su primer encuentro sexual según la tradición de aquello tiempos.

En un principio se decía que las Hesperides eran tres: Egle (brillante/clara), Eritia (roja), Hesperetusa (oscurecer/oscura); pero otros nombres fueron añadidos terminando en ser siete finalmente; las cuatro siguientes [nombres varían según autores] son: Crisótemis (dorada), Astérope (antes de las estrellas), Lípara (ferviente) y Aretusa (violenta o fluida, que también es el nombre de varias otras ninfas). Ellas eran las guardianas del árbol de las manzanas doradas, regalo de Gea a Hera por su boda con Zeus. Como la diosa Hera desconfiaba que las ninfas no tocaran las manzanas, puso también como guardia del árbol al dragón de múltiples cabezas Ladón.

Hesperides_+

El mítico lugar donde estaba el Jardín de las Hesperides ha sido objeto de discusiones y de distintas ubicaciones; hay sin embargo dos lugares que parecer relacionarse con este importante sitio, que se según la descripción depende del mito asociado. Un primer lugar en la tradición ibérica señala que el jardín se ubicaba en una isla al occidente de la ciudad fenicia de Gadez (hoy Cádiz al sur este de España, más al occidente del estrecho de Gibraltar, frente a las costas de África), esta isla es hoy conocida como la isla de León, y donde ubica la ciudad de San Fernando; en la antigüedad era conocida como la isla de Eritia; lugar al lado Tartessos, región y/o población supuestamente ubicada cerca de la desembocadura del río Guadalquivir; mismo lugar donde Eritia, la hija de Atlas, tuvo al único hijo de las ninfas conocido es Euritión, un hijo de Ares con la ninfa. Euritión era, junto al perro de dos cabezas Orto, uno de los guardianes del ganado rojo del gigante Gerión. Todos ellos muertos por Heracles/Hércules en su décimo trabajo, al tener que robar ganado del gigante de tres cuerpos; que pastaba en la isla de Eritia.

La segunda posibilidad señala que el jardín de las ninfas del atardecer se ubicaba en las islas Canarias, al este de la costa de Marruecos, África. Según el mito el dragón Ladón fue muerto por Heracles [o por Atlas en otras versiones] en su décimo primer trabajo; y la sangre del dragón dio origen, donde cayo cada gota, a un árbol de ramas retorcidas y grueso tronco. En general el árbol del dragón incluye a unas seis especies de arboles (dentro del genero Dracaena, que incluye otra treintena de arbustos), estos son árboles con fuertes troncos y hojas rígidas, de anchas bases, de áreas áridas semidesérticas, típicos de África e islas cercanas. En las Canarias hay una de estas especie, que es endémica de las islas y es conocida como draco (dragón) (dracaena draco), siendo uno de los símbolos de las islas.

La sabia del drago, de un rojo intenso, y la forma retorcida de sus ramas, semejantes a un conjunto de cabezas sujetas a un grueso tronco, dieron lugar a que los autores clásicos vieran en cada árbol drago un descendiente directo de aquel extraordinario dragón/serpiente. Existe otra especie, el árbol de la sangre del dragón (dracaena cinnabari), que se da únicamente en la isla de Socotra (un isla al sur de la península arábica) que era muy preciado en la antigüedad, y al igual que en las Canarias. Su sabia roja (sangre de dragón) se extraía para su uso en medicina y en colorantes; su importancia y valor se igualaba al del incienso y la mirra y otras exóticas especias orientales.

Otro aspecto que apoya la idea de que las Canarias son las islas de las Hesperides es Plinio el Viejo, quien en su obra Naturalis Historia, relata una expedición realizada hasta el archipiélago por un rey de Mauritania; los romanos dieron nombre a varias de estas islas; entre ellos están Junonia (isla de Juno/Hera) por estar plagada de palomas, un ave consagrada de Juno, (hoy Gomera); a una de ellas la llamaron Canaria, por tener una fiera raza de perros (hoy Gran Canaria; y de donde deriva el nombre del archipiélago); Canarias viene del latín canis canis = dos canes, que recuerda un poco el mito del perro de dos cabezas Orto. De cualquier manera, el conocimiento que los clásicos tuvieron sobre las islas fue vago, mezclando mito y realidad.

Hay una tercera versión, que es menos probable, que pone a la isla en el extremo norte, en Hiperboria; de donde se decía que Apolo traía las manzanas doradas y con ellas se fabricaba el néctar de la Ambrosía (que mantenía a los dioses jóvenes). La razón de esta posibilidad es que tras la muerte de Ladón, Hera lo colocó en los cielos (la constelación de Draco = el dragón), al norte del mundo, de manera que a los ojos de griegos siempre era visible y daba vueltas sobre el polo norte vigilando todo el cielo. Según esta idea las siete ninfas conformaban las siete estrellas de la constelación de la osa menor, en otras estas estrellas son las doradas manzanas que está custodiado por el dragón.

La esposa oficial de Atlas fue la oceánide Pleyone (Llena, Abundante) con quien tendría a las siete Pléyades. De las siete, seis de ellas fueron amadas por los dioses, la mayor, Maia (Maya = madre) fue madre con Zeus de Hermes. Los hijos de las Pléyades (salvo Hermes) se convirtieron en los reyes de dinastías en Grecia y Anatolia, siendo así las antepasadas directas de las diversas familias reales, incluidos los reyes de Troya y Esparta. Se tiene que Zeus se acostó con Electra (Ambar/Dorada) y con Táigete (Largo cuello). La primera fue madre de Dardano, fundador de Troya; y de Yasión que es descrito como un joven de gran belleza. Táigete fue la madre de Lacedemón, fundador de Esparta.

Pleyades_1

Cuentan los mitos que tanta fue la hermosura de Yasión que prendó a la diosa Demeter, y juntos fueron padres de Pluto (riqueza) y Filomeno (amigo de lo fácil), condenados ambos a nunca estar de acuerdo; (no confundir a Pluto con el Plutón romano que tenía igual significado al devolver a Proserpina/Perséfone a su madre cada primavera daba por tanto la riqueza a la tierra para los hombres). Pluto suele ser representado como un niño cargando el cuerno de la abundancia; representa al estar vinculado a Demeter la abundancia de las cosechas. Por su parte Filomeno, también conocido como Bootes (labrador) sería el creador del arado y fue premiado por este invento a ser colocado entre las estrellas como la constelación que lleva su nombre.  El padre de ambos chicos sin embargo no tuvo tanta suerte, las versiones de su muerte temprana no están claras, unos que Zeus no le gustó mucho que su hijo se acostara con su hermana (tía del joven), otras que la propia Demeter no soportó la idea de que envejeciera, o incluso que fue muerto por su propio hermano Dardano (una versión de Cain y Abel entre los griegos).  Entre los cretenses Yasión es equivalente  al semi-dios Carmanor (cortar la cosecha), que tuvo con la diosa Demeter a Eubuleo (buen consejo), otro dios menor del arado (similar a Filomeno/Bootes) y a Acacálide,  diosa menor que atiende las fiestas tras la cosecha.

Pluto_

Filomeno

Se cuenta por otra parte que Táigete violada por Zeus mientras estaba dormida, al despertar y verse embarazada se sintió muy avergonzada y se oculto en la montaña en el Peloponeso que lleva su nombre. Zeus sin embargo la siguió persiguiendo por un tiempo y Artemisa ayudó a la ninfa fundiéndola con una cierva. Cuando finalmente el peligro paso la volvió a su forma normal, la ninfa en agradecimiento a la diosa le dio a la cierva cuernos de oro y pesuñas de bronce, siendo la esta Cierva de Cerinea. Táigete fue la madre de Lacedemón, fundador de Esparta.

Amantes de Poseidón fueron Celeno (Oscura) y Alcíone (fuerte ayuda); de quienes descienden los reyes de Tebas y otros pueblos de Beocia. Estérope (llena de estrellas) fue amante de Ares y madre del fundador de Pisa (población cercana a Olimpia, y que tras la guerra de Troya algunos de sus descendientes se mudaron de Grecia a Italia, fundando la nueva y más conocida ciudad de Pisa). Sólo Mérope (Espuma, la de la cara oculta) fue la única de las Pléyades que no mantuvo relaciones con los dioses, sino con un mortal.

Cuando las ninfas viajaban por Beocia y fueron acosadas por el cazador Orión, que no dejó de perseguirlas. Finalmente Zeus se apiadó de las muchachas e interpuso un toro entre el cazador y las ninfas; la imagen sin embargo fue grabada en los cielos; que desde entonces se muestra como las chicas (grupo de las Pléyades en la constelación de Tauro) continúan su huida perseguidas de cerca por Orión.

Aunque eran siete hermanas, sólo seis se pueden ver en el cielo. Una de las tradiciones atribuía esta circunstancia a que todas las hermanas fueron amantes de inmortales, a excepción de Mérope, que era la esposa de Sísifo y que brillaba con menos intensidad por ser la única que había contraído matrimonio con un mortal. Además, Mérope había sido cómplice involuntaria en la treta que usó su marido para librarse de la muerte, al no enterrarlo para que así él pudiera reclamar volver a la superficie para solucionar su debida sepultura. Sísifo y Mérope fueron los fundadores de las casas reales de Corinto y Licia. Otra tradición explica que la pléyade que falta era Electra, quien cuando Troya fue saqueada, entristecida, cubrió su rostro con sus manos por la desaparición de la casa real de su hijo Dárdano.

La ultima de las amantes de Atlas fue la oceánide Etra (aire limpio, no confundir con la madre de Teseo de igual nombre) con quien tuvo a las siete Hiades [Fésila (radiante), Coronis (de curvas), Cleia (ilustre), Eudora (dotada), Ambrosia (nectar), Polixo (multiple) y Faio (luminosa), quien en otras versiones es llamada Dione (diosa) y a la que no hay que confundir con la oceniade de igual nombre madre de Afrodita] y al único hijo del titán, Hyas, un primitivo dios vinculado a las lluvias estacionales. Según los mitos, Hyas fue muerto por un león y sus hermanas lloraron amargamente siendo subidas a los cielos formando las estrellas de la cabeza del toro (Tauro), estación que marcaba el inicio de las lluvias, al igual que las Pleyades ubicadas en la misma zona estelar.

Según esta versión el león fue puesto en los cielos como la constelación de Leo y en las antipodas Hyas es la constelación de Acuario, que marca el inicio de las lluvias (eso antes de que en la tradición Leo fuera el León de Nemea muerto por Heracles y Acuario fuera el copero de Zeus, Ganimedes, puesto en los cielos para molestar a Hera).

Anquiale

La única hija del titán Japeto fue Anquiale (calor), una diosa del fuego, que guardaba el fuego divino que fue robado del cielo por su hermano Prometeo y dado a los hombres, cuando, tras el rapto de Core (Perséfone) por Hades, Demeter se negó a traer la vida a la tierra, provocando el origen del invierno. Desde entonces la encargada del fuego fue Hestia, la hermana de Zeus.

Curetes_

Anquiale fue la madre de los Curetes (también identificados con los Dactilos, los Coribantes y los Cabiros; todos dioses menores que según versiones ocultaron con sus ruidos y cantos en sus forjas los llantos del infante Zeus cuando su madre Rea lo oculto en Creta, en Eubea, o en otro lado). La pareja de Anquiale era Hecatero (una forma local del dios rústico, del campo, Sileno), un ser entre cuyos hijos figuran no solo los Curetes, sino también con su unión con las ninfas Oreiades (diosas de los pinos y coníferas), hijas de los dioses de las montañas, Hecatero será el padre de varias de las razas de sátiros y de faunos, igualado así a Sileno (el viejo sátiro que cuido al niño Dioniso y le enseño como fabricar el vino).

Entre los nombres asociados a los Curetes tenemos el de Hoplodamo, que traduce hombre armado, y es descrito como un gigante que ayudo y protegió a Rea cuando Cronos descubrió que había escondido a Zeus; otro fue Anito, quien estuvo por un tiempo al servicio de la diosa Demeter, y crió a la hija de la diosa Despoina (hija de Demeter y Poseidón). El líder de los curetes era Pírrico (danza con fuego), a quien muchos asocian con el propio Sileno.

Los Curetes eran descritos por tanto como gigantes y habiles en la metalurgía; ello hizo que fueran también vinculados a los Telquines, otra serie de gigantes con iguales artes, pero cuya ascendencia esta en los dioses marinos Ponto y Thalasa. Los puntos en común entre ambos grupos era el poder manipular los metales y que a ambos grupos se les pone como padres de los primeros pobladores de Creta (los Telquines fueron en principio los primeros habitantes de la isla de Rodas y luego se dispersaron por el resto de islas del Egeo).

Cosmogonía (1) Las edades del hombre.

La era de los dioses del Olimpo inició tras la Titanomaquia (la lucha contra los titanes); tras ella hubo otras dos oportunidades en que los jóvenes inquilinos del Olimpo se vieron en serios problemas por mantener su morada y poder; la primera fue la Gigantomaquia (la guerra contra los Gigantes) y la segunda lucha fue contra el demonio Tifón . A partir de ese entonces ellos controlaron sin problemas el mundo, y redistribuyeron los poderes en la tierra y el cielo; claro que hubo que hacer algunas concesiones, pero después de Zeus y sus hermanos, no hubo otro descendiente que se atreviera a derrotar a su padre; pero hubo uno que otro intento fallido y en circunstancias no tan favorables de intentarlo.

Se suele pensar que la era de los dioses fue la mejor y que el reino de Cronos fue una época de terror y destrucción, pero pese a esta idea concebida, fue en la era de los titanes cuando realmente la humanidad tuvo su Edad de Oro. De acuerdo a la literatura, el poeta griego Hesiodo, del siglo VIII a.C., en su obra ‘El trabajo y los días‘, fue el primero que habló de que la humanidad había vivido en una Edad de Oro, y así hasta llegar a la actual, la Edad del Hierro. Sus ideas fueron extendidas por Platón (Siglo V-IV a.C.), y el poeta latino Ovidio (siglo I a.C. – I d.C.). Según Hesiodo la aparición de los hombres inicia con la Edad de Oro, estos fueron creados por Prometeo cuando reinaba Cronos, y terminaron sus días cuando Zeus tomaba posesión del Olimpo. En esos tiempos, pese a lo que se pudiera pensar, hubo orden dentro del caos; Prometeo hizo del barro a los hombres y les dio a los hombres, a diferencia de otra bestia, del don del habla y la inteligencia; ese periodo era cuando hombres y dioses hablaban como hoy sólo hablan pocos hombres entre sí. Los hombres de esta edad fueron transformados finalmente por Zeus en genios o altos elfos —no confundir con los duendes enanos de la señora Rowling—, más propiamente daimones del hogar (similares a ángeles protectores) que cuidarían y vigilarían a los hombres de las razas posteriores.

La segunda raza, también creada por Prometeo, de la Edad de Plata, pese a no ser como sus predecesores, compartía con la primera su larga vida y su gusto por los placeres, pero a diferencia de los sus predecesores no tuvo contacto con los dioses, a los cuales desconoció y no adoró. Por esos tiempos, ya en la era de los Olimpicos, se acaba la eterna primavera-verano que existía; ocurre el rapto de Core, la hija de Demeter, por Hades y aparece por primera vez el invierno; desde entonces al año tiene cuatro estaciones; las dos primeras que son de vida, crecimiento y renovación, y las dos siguientes de frío, recogimiento y espera. Es al final de esta edad que Prometeo roba el fuego de los dioses para protegerlos del frío invernal, y es condenado al Caucaso. Pese a cumplir las ordenes de su progenitor, Hefesto, que era también un dios del fuego y al herrería, no abandona a los hombres y les enseña a fabricar las primeras herramientas, Demeter les enseña la agricultura, y Atenea la arquitectura; es cuando surgirán las primeras ciudades.

La causas de la desaparición de esta raza también varían, la primera es que Zeus terminó finalmente por decretar su extinción por impíos, siendo convertidos en espíritus bienaventurados que habitan el mundo subterráneo. Hay sin embargo una segunda versión más plausible; se dice que esos primeros hombres no tenían mujeres entre ellos, así que se unieron sexualmente a las ninfas Melias (ninfas de los fresnos, nacidas de la sangre derramada por Urano al ser castrado por su hijo menor, Cronos), y de esta unión surgió la raza de los hombres de la Edad de Bronce; que fue la primera raza que no nació creada por un dios, sino fruto de una relación sexual.

La raza de la Edad de Bronce fue una raza de hombres que vivía sólo para la destrucción y la guerra; ello seguramente provocó que sus padres (la raza de la Edad de Plata) terminara ocultándose bajo la tierra, (son los duendes, enanos y gnomos que habitan el subsuelo, razas que según los expertos no tienen mujeres), seres expertos en el fuego, la fabricación de herramientas y manejo de los metales. Hasta la Edad del Plata hubo pocos hombres, recuerde que fueron los últimos creados por Prometeo; pero tras descubrir la reproducción por el sexo se multiplicaron en tal número que pronto su longevidad hizo que poblaran rápidamente la tierra. El final de esta tercera raza fue producto de muchas causas, un poco el efecto ‘Expreso de Oriente‘. La primera de las razones fue la llegada de Pandora y la caja de todos los males.

Deseosos los dioses de restar la  larga vida a estos mortales que ahora manejaban el fuego y construían armas, Zeus teme que estos se igualen a los dioses y por tanto ordena la creación de la primera mujer (hasta la Edad de Plata recuerde que solo había hombres).

Pandora_2

Pandora fue la primera mujer humana creada por las deidades (no nacida de reproducción sexual, había otras  mujeres, hijas de ninfas y hombres). Hefesto la creo del barro como hizo Prometeo, en los hornos de su fragua; Atenea le enseñó costura y tejido, Hestia le enseño el arte de cocinar, Afrodita la doto de belleza, encanto y curiosidad, Hermes le dio a su palabra el poder del convencimiento, las Gracias la adornaron con joyas y otras galas, así cada dios y diosa del Olimpo dieron a aquella estatua de barro dones y regalos; por último Hermes la llamó Pandora (Pan = Todo, Doron = Regalo/Dote) y le fue entregada a Epimeteo, el hermano de Prometeo, precisamente como un regalo; quien embobado por la belleza de la joven no se resistió; pese a las advertencias de su hermano de no aceptar regalo de los dioses. Pandora llevada consigo una caja o frasco (Phitos) que también era un regalo de boda para la pareja, y si a Pandora la dotaron de bellos dotes, en el frasco pusieron males y pesares. Pronto la chica tuvo el deseo de ver el contenido del frasco, pese de ser advertida por su marido de nunca abrir un regalo de los dioses, aunque él ya había aceptado uno. Al destapar el frasco ella soltó todos los males y pestes que se conocen sobre la humanidad; apenas logró cerrarlo dejando contenido en su interior a Elpis (la esperanza). Desde entonces la humanidad conoce la vejez, el sufrimiento, las enfermedades y los múltiples males, que redujeron dramáticamente su larga vida de siglos a pocas décadas.

El final de la Edad del Bronce fue similar al final que aparece en la Biblia cuando el dios de los hebreos, molesto por los hombres violentos e impíos manda una inundación para ahogarlos a todos. Este mito universal aparece en todos los pueblos de origen indoeuropeos, las razones históricas parecen indicar que hace 7600 años la subida del mar provocó que las aguas del Mediterráneo pasaran por el estrecho del Bosforo provocando una inundación de enormes proporciones sobre las tierras que rodean y forman hoy los mares Negro y Báltico. La inundación tal que aún persiste en la mente de aquellos pueblos. Según la versión griega Zeus decidió finalmente la destrucción de la humanidad, para ello ordenó a Poseidón inundar toda la tierra.

Deucalión y Pirra_2

Pese a los planes de Zeus, algunos hombres escaparon, destacan Deucalión (el hijo de Prometeo con la oceanide Pronoea —prospectiva—) y Pirra (la hija de Pandora y Epimeteo), ambos alertados por Prometeo, que ya estaba atado en el Caucaso. Otros pocos más sobrevivieron al tener el favor de alguna que otra ninfa. Con la tierra despoblada y siendo Deucalión y Pirra muy viejos para reproducirse en suficiente número para poder repoblar la tierra, no había esperanza para que volviera la raza humana. Ambos consultaron al Oráculo de Delfos y este les indicó que debían arrojar los huesos de la gran madre (piedras de la madre tierra) sobre sus hombros; así nacerían los hombres de la Edad del Hierro; las piedras lanzadas por Deucalión se transformaron en hombres, mientras que las arrojadas por Pirra dieron mujeres. La pareja en esa avanzada edad tuvo al menos dos o tres hijos (según versiones), el más reverenciado es Helén (Heleno, no confundir con el príncipe troyano de igual nombre), quien sería el primer rey de todos los pueblos helénicos (en la Grecia continental).

Hubo un periodo intermedio en la Edad del Hierro; y fue llamada la Edad de los Héroes, fue cuando los dioses del Olimpo (y sobre todo Zeus), se acostaban con las hijas de los hombres (de la Edad del Hierro); estos hijos, mitad dioses y mitad mortales, los semidioses, tuvieron que demostrar su valor luchando y destruyendo antiguas bestias, y cuando estas se acabaron, los que quedaban terminaron peleándose entre si por una reina, de la que se decía que era la más bella entre las mujeres; ello terminó finalmente con aquellos pocos vástagos de naturaleza divina; quienes por su naturaleza y proezas fueron enviados a la Isla de los Bienaventurados, donde disfrutan de eternos placeres.

Razas humanas

Hoy la ultima de la razas vive en la Edad del Hierro; la actual, donde la violencia y el trabajo agotan a los hombres, viven sumidos en guerras y peleas con sus hermanos, entre el odio y la envidia, donde las plagas y las enfermedades terminan quitándoles a los hombres que viven lo suficiente para llegar a viejos, toda la fuerza de la juventud, la belleza de piel de la niñez y cubriendo de arrugas su tez, dejando ciegos los ojos y sordos los oídos, calvos a los hombres y poniendo blanco el color a los cabellos de las mujeres; el destino de estos es que tras morir van a parar a las oscuras galerías en el interior del reino de Hades como simples sombras (fantasmas) de los que en vida fueron.

Ceres, el planeta de la maternidad

Es 1766, el astrónomo alemán Johann Daniel Titius propone su famosa ley que relaciona la distancia media (en UA) de los planetas conocidos desde el Sol con una relación matemática simple. Dos años después en 1768 otro astrónomo alemán Johann Elert Bode hizo referencia a esta relación en uno de sus escritos, pero no se acreditó a Titius hasta 1784, por lo que muchos autores se refirieron a ella como la Ley de Bode. Por esta razón en la actualidad se la conoce como Ley de Titius-Bode. La ley constituyó en su momento una simple curiosidad matemática, pero cuando fue descubierto Urano en 1781, y su posición coincidía con la posición predicha por la enunciada ley, esta fue vista con nuevos ojos.

Planeta Distancia Real (UA) N = 0, 2, 4,… , 2n Formula (3N+4)/10
Mercurio 0,39 0 0,4
Venus 0,72 1 0,7
Tierra 1,00 2 1,0
Marte 1,52 4 1,6
Ceres 2,77 8 2,8
Júpiter 5,20 16 5,2
Saturno 9,54 32 10,0
Urano 19,20 64 19,6
Neptuno 30,06
Plutón 39,44 128 38,8

Si la ley era cierta, había un hueco, faltaba un mundo entre Marte y Júpiter. El astrónomo Franz Xaver Von Zach comenzó en 1787 a buscar el planeta predicho por la Ley de Titius-Bode. Sin embargo, se dio cuenta de que para lograrlo necesitaría la ayuda de otros astrónomos, y en septiembre de 1800 Von Zach reunió a un grupo de 24 observadores, los cuales se repartieron la banda del zodiaco en 24 partes, lo que correspondía a 15° cada uno. Este grupo se hacía llamar la ‘policía celestial’ y entre sus miembros se encontraban astrónomos tan reputados como William Herschel, Charles Messier, Johann Elert Bode, Barnaba Oriani y Heinrich Olbers.

La ‘policía celestial’ mandó una invitación para que se uniera a su causa al astrónomo italiano Giuseppe Piazzi, pero antes de que le llegara la invitación, Piazzi, sacerdote católico y educador, trabajando en la compilación de un catálogo estelar desde un observatorio en Palermo (Italia), descubrió el ‘planeta’ buscado el 1 de enero de 1801.

Piazzi, que no estaba al corriente de los planes del grupo de astrónomos, trataba de realizar observaciones para completar su catálogo de estrellas, cuando localizó en la constelación de Tauro un pequeño punto luminoso que no constaba en el catálogo. El italiano lo observó a la noche siguiente y se encontró que se había desplazado sobre el fondo de estrellas; al día 3 de enero encontró que el cuerpo se había desplazado un tercio de luna hacia el oeste y no fue hasta el 24 de enero que publicó su descubrimiento creyendo que se trataba de un cometa.

El objeto fue cautamente anunciado por su descubridor en un primer momento como un cometa sin nebulosidad más que como un nuevo planeta. Carl Friedrich Gauss, que llegó a ser un gran matemático, inventó un procedimiento de cálculo de la órbita, con tal de aprovechar los pocos datos que había conseguido Piazzi. Una vez calculada, resultó un cuerpo orbitante entre Marte y Júpiter. La ausencia de nebulosidad a su alrededor y su movimiento lento y uniforme le convencieron de que podría tratarse de un nuevo planeta. (1) Ceres se encontraba a 2,77 UA, casi exactamente en la posición predicha por la Ley de Titius-Bode de 2,8 UA.

Piazzi lo bautizó como Ceres Ferdinandea por Ceres, la diosa romana de las plantas y patrona de Sicilia, y por el rey Fernando IV de Nápoles y Sicilia, patrón de su obra. El apellido Ferdinandea se eliminó posteriormente por razones políticas. En Alemania por un corto tiempo fue llamado Hera y en Grecia es llamado Deméter, que es la diosa griega equivalente a Ceres.

Quince meses después, el 28 de marzo de 1802, Heinrich Olbers descubrió un segundo objeto en la misma región, al que llamó (2) Palas. Su semieje mayor también coincidía con la Ley de Titius-Bode, actualmente estimado en 2,78 UA, pero su excentricidad e inclinación eran muy distintas a las de Ceres. Los astrónomos quedaron desconcertados; Ceres se ajustaba perfectamente a las predicciones de la Ley de Titius-Bode, pero (2) Palas también, y esta ley no permitía dos objetos en la misma región.

Con tal de no violar la Ley de Titius-Bode, los astrónomos comenzaron a creer que los dos cuerpos que se habían descubierto eran en realidad fragmentos de un planeta más grande que había explotado o que se había despedazado debido a impacto con otro cuerpo o cometa. El 6 de mayo de 1802, y tras estudiar la naturaleza y el tamaño de estos dos nuevos objetos, William Herschel propuso denominarlos ‘asteroides‘, por su parecido con las estrellas al observarlos. Así, Herschel pretendía englobarlos dentro de una nueva clase de objetos del Sistema Solar, con tal de que no violaran la Ley de Titius-Bode para los planetas.

No pasaría mucho para que dos más se juntaran a este par de mundos; (3) Juno en 1804 y (4) Vesta en 1807. Estos cuatro pequeños mundos reinaron como únicos en el sitio y por casi cuarenta años se les catalogó como planetas. Con mejores telescopios en 1845 se descubre a (5) Astrea, al año siguiente se suman (6) Hebe, (7) Iris y (8) Flora, en 1848 aparece (9) Metis y en 1849 el último de los grandes (10) Higia. Tras alcanzar la decena estos mundos fueron rebajados de la categoría de planetas y llamados con la propuesta de Herschel, asteroides.

La zona donde ubicaban forma lo que hoy se conoce como el Cinturón de Asteroides. Otros asteroides han sido descubiertos en otras regiones del espacio y en el año 1868 ya se conocían un centenar de asteroides. En 1923 el número de asteroides sobrepasaba los 1.000, para 1981 los 10.000, en 2000 los 100.000 y en 2010 el número de asteroides registrados ronda los 500.000 en todo el sistema solar.

Con el descubrimiento del planeta Neptuno en 1846, la Ley de Titus-Bode comenzó a perder fuerza entre la comunidad de astrónomos, ya que este planeta no la cumplía. De hecho, actualmente dicha ley se toma por una mera casualidad sin ninguna justificación teórica. Otro aspecto que también cambio fue la idea de un planeta desintegrado por una antigua colisión. La masa total de todo el cinturón no supera el 7% de la masa de nuestra propia Luna, esto es muy poca masa para formar un planeta. De igual forma la naturaleza de los asteroides los ubicaba dentro de tres grupos principales: metálicos, de piedra con silicio o de piedras con carbono, lo que implicaba que no pueden venir de un origen común. Hoy se supone que el gigantesco Júpiter limpió buena parte de la región para dejar suficiente material para formar un planeta, y con su gravedad y efecto de mareas tampoco permitió que se agruparan las pocas partes remanentes en un objeto mayor.

Independiente de estos hechos, (1) Ceres fue hasta 2006 el más grande y masivo de los asteroides conocidos. Su diámetro actual se lo ubica cerca de los 950 km y tiene un periodo de traslación de unos 4,6 años; su órbita es casi circular (excentricidad 0,07 menor que la de Marte), siendo su radio medio al Sol de unos 2,77 UA. Su baja densidad (2 gr/cm3) indica que está compuesto de roca y hielo. Y su superficie de 2,8 millones de km2, es equivalente a un tercio del territorio de los Estados Unidos, un sexto de Rusia o un cuarto de Europa; ello permite visualizar mejor su tamaño.

Con la redefinición de Planeta en 2006; (1) Ceres es clasificado como Planeta Enano, siendo el único dentro de Sistema Solar Interior y dentro del Cinturón de Asteroides. Hoy el asteroide más grande en tamaño es (2) Palas y el más masivo es (4) Vesta. (1) Ceres tiene un tercio de la masa de todo el Cinturón de Asteroides, y junto con (2) Palas, (4) Vesta y (10) Higia contienen el 50% de toda la masa del grupo.

En el pasado, (1) Ceres era considerado como el mayor de una familia de asteroides (un grupo de elementos orbitales similares). Pero estudios avanzados han mostrado que (1) Ceres tiene unas propiedades espectrales diferentes de las de los otros miembros de la familia, y ahora este grupo es denominado como familia Gefion, nombrado con respecto al asteroide (1272) Gefion, siendo (1) Ceres un accidental compañero sin un origen en común.

En 2001, el telescopio espacial Hubble fotografió (1) Ceres. Las imágenes son de baja resolución, pero confirman que es esférico y muestran un punto oscuro en su superficie, que es probablemente un cráter. El cráter fue apodado ‘Piazzi’ en honor a su descubridor.

Ceres, la diosa de la agricultura

El mito romano pone a Ceres como hija de Saturno y Ops, hermana de Júpiter, Neptuno, Plutón, Juno y Vesta; y madre de Proserpina. (Su equivalente griega es la diosa Deméter, hija de Cronos y Rea, hermana de Zeus, Poseidón, Hades, Hera y Hestia; madre de Perséfone).

Tras la guerra con los titanes Zeus/Júpiter y sus hermanos se dividieron el mundo, Zeus/Júpiter se quedo como regente de los cielos, Poseidón/Neptuno de las aguas y Hades/Plutón del inframundo. Deméter/Ceres (La madre) rige sobre la tierra y los campos, reemplazando a su madre Rea/Ops (la madre naturaleza) y a su abuela Gea/Gaya/Terra (la tierra misma) en funciones.

Deméter/Ceres enseñó a los hombres el arte de cultivar la tierra, de sembrar, recoger el trigo y elaborar pan, lo que hizo que fuese considerada diosa de la agricultura. El culto a Ceres pasó a estar especialmente relacionado con las clases plebeyas, que dominaban el comercio de grano. En Arcadia, los figalios elaboraron una estatua de madera cuya cabeza era la de una yegua con dragones a modo de crines, a la que se llamaba la Ceres negra. Dado que esta estatua se quemó por accidente, los figalios descuidaron el culto de Ceres y por ello fueron castigados con una terrible sequía que no cesó hasta que, por consejo de un oráculo, se repuso la estatua. Los romanos adoptaron a Ceres en 496 a.C. durante una devastadora hambruna. Y Silicia la tenía como diosa patrona del volcán Etna.

Los mitos dicen que su belleza conquistó al veleidoso Zeus/Júpiter y de esta unión nació Core (la hija). Core fue raptada luego por Hades/Plutón para hacerla su esposa. Deméter/Ceres parte en su búsqueda y abandona los campos, que se vuelven fríos y estériles; es el primer invierno que sufre la humanidad. Y el frío es tal que los hombre mueren de hambre.

En su búsqueda Deméter/Ceres es asediada sexualmente por su segundo hermano, Poseidón/Neptuno. Para escapar del mismo se transforma en yegua, y el otro se vuelve un potro que la monta. Fruto de esa unión animal nacerán Arión (un caballo negro alado, con el don de la palabra y la inmortalidad) y una hija llamada Despoina (cuyo culto fue luego asimilado al de Perséfone) convirtiéndose en un culto misterico.

Finalmente tras mucho viaje y dolor, así como el fin de los hombres por la hambruna, Zeus/Júpiter intervino y Core fue devuelta a su madre; pero debía volver cada año al inframundo ya que había seis probado semillas de la granada. Core fue llamada entonces Perséfone/Proserpina y su mito es la imagen de la semilla que se deposita bajo tierra y que revive en primavera. Cada año se repite este ciclo y Deméter/Ceres llora por la ida de su hija, provocando el otoño y el invierno, y al regreso de su hija tenemos la primavera y el verano.

La diosa Ceres en su muchos viajes terminó llegando a Sicilia y se volvió la patrona del Enna. Según la leyenda, para agradecer el honor rogó a Júpiter que Sicilia fuese ubicada en los cielos y la imagen la tenemos en la constelación Triangulum, debido a que la isla tiene forma triangular. Los habitantes de Sicilia, vecinos del volcán Etna, conmemoraban anualmente la salida de Ceres en sus largos viajes buscando su hija, corriendo ellos por la noche con antorchas encendidas y dando grandes gritos. En su honor se sacrificaban cerdos, siendo este su animal totémico. La única flor que se le estaba consagrada era la amapola, no sólo porque crece entre el trigo, sino también porque Júpiter se la hizo comer para provocarle el sueño y así alguna tregua a su dolor. En sus festividades la guirnaldas de mirto o narciso estaban prohibidas porque fue recogiendo esas flores cuando Proserpina fue raptada por Plutón.

Lo mitos italianos señalan que bajo ella habían doce dioses menores que la ayudaban en la cosecha: Vervactor, que transforma la tierra en barbecho; Reparator, que la prepara; Imporcitor, que la ara en anchos surcos; Insitor, que siembra; Obarator, que ara la superficie; Occator, que la escarifica; Sarritor, que la escarda; Subruncinator, que la clarea; Messor, que cosecha; Conuector, que transporta lo cosechado; Conditor, que lo almacena; y Promitor, que lo distribuye.

A Ceres se la representa habitualmente con el aspecto de una mujer hermosa, de estatura majestuosa y de tez bronceada, con la mirada lánguida y el cabello rubio cayendo en desorden sobre sus hombros. Lleva una corona de espigas de trigo y amapolas, símbolo de la fecundidad. Tiene unos pechos grandes y porta un haz de espigas en la mano derecha y una antorcha encendida en la izquierda. Su túnica le llega hasta los pies, y a menudo lleva un velo echado hacia atrás. A veces le dan un cetro o una hoz. Es esta hoz la que forma su signo astrológico, que recuerda al signo de Venus (signo también de lo femenino), pero que está vinculado más al signo de su padre Saturno (la guadaña).

Ceres en astrología

Como muchos otros, el nombre asignado al cuerpo celeste indica mucho de su aspecto astrológico. Ceres es ante todo madre. Se diferencia de Venus que es la mujer y lo femenino, y de la Luna que son las emociones y los sentimientos. Hasta Ceres, Luna y Venus eran las únicas féminas en los cielos. Ceres está vinculada a los embarazos, las relaciones familiares y los problemas de reproducción. Para algunos Ceres es el mundo corregente de Virgo y es asociada al signo de la virgen ya que refleja a las mujeres independiente, muchas madres solteras; ya que ella es la única diosa que eligió ser madre sin marido. Otros la ponen como corregente de Tauro, signo donde fue descubierta; que es símbolo de la fecundidad y cuyo regente es Venus (lo femenino) y no Mercurio (la comunicación).

Ceres como diosa de la tierra y la agricultura se le vincula también al clima, las cosechas y el medio ambiente. Es promotora de la protección de los recursos naturales y de los suelos; lucha en contra de las malas practicas en el uso de la tierra y la destrucción de la capa cultivable (erosión). El lado negativo de la diosa nos muestra la imposibilidad de avanzar ante rupturas familiares, es una madre castrante, agobia a sus hijos, impone sus ideas por sobre las de los demás; persigue sus fines sin mirar las necesidades de los otros.