Cosmogonia 12 – Las diosas colectivas

Los dioses por naturaleza en su mayoría suelen ser individualistas y actuar solos, a lo sumo algunos que otros dioses gemelos aparecen en los mitos de los pueblos; pero en las diosas a diferencia de sus contrapartes masculinas, se encuentra que muchas de ellas realmente tienen una naturaleza gregaria, esto es que no pueden ser separadas dentro del colectivo y actúan todas como un todo dentro del grupo que conforman, por lo general en triadas donde suelen estar identificadas como los aspectos de la sexualidad femenina (niña/hija/virgen, mujer/madre/fértil, anciana/abuela/estéril), están vinculadas generalmente a las nociones de nacimiento, vida y muerte; y son la contrapartida al dios astado (de los cuernos), que representaba la virilidad masculina. Herederas modernas de estas triadas son aquellas tres hadas madrinas de los cuentos infantiles que venían a dar dones (hados/destinos) a los recién nacidos.

A veces se las representaba como una diosa triple (una diosa que abarca tres aspectos en una sola) y este concepto de diosa triple ha agarrado fuerza en los modernos cultos neo-páganos quienes adoran y creen en la existencia de una diosa (triple) que existía en el supuesto periodo matriarcal de eras prehistóricas, que fue reemplazado al surgir las primeras civilizaciones por un culto patriarcal; bajo esta forma triple estas diosas dominan cielo, tierra, inframundo; en el cielo bajo la forma de la Luna y su cambiantes caras; en la tierra con los cultos a la fertilidad y las nociones de nacimiento, vida y muerte de plantas y animales; y en el inframundo al servir de guía a las almas de los difuntos, y el reencuentro con los ancestros.

El concepto de tres en uno (dios/diosa triple) suele ser extraño para muchos, pero no podemos de dejar de compararlo con la idea del propio dios cristiano donde Padre/Hijo/EspírituSanto forman una trinidad indisoluble; y que las otras religiones monoteístas abrahámicas (judíos y musulmanes) lo ven como la adoración pagana a tres dioses. La presencia de esta trinidad en el culto cristiano es seguro el recuerdo y la fusión en una de antiguas triadas de dioses, como serían Osiris/Isis/Horus en Egipto, Brahma/Vishnu/Shiva en India, Zeus/Poseidón/Hades en Grecia, o Jupiter/Juno/Minerva en Roma, por citar ejemplos.

Como dioses triples en el sentido señalado tenemos no sólo a la trinidad cristiana, sino que los que apoyan a los neo-páganos observan que hay más presencia en sus equivalentes femeninos dentro de los distintos pueblos del tronco indoeuropeo; ejemplos como: la Hecate griega, con sus tres rostros y sus tres dominios (cielo/tierra/inframundo), o en la trinidad Badb/Macha/Nemain, que son sólo aspectos de la terrible Morrigan, diosa celta del destino, la guerra y la fatalidad (muerte); esto solo por citar algunas. Estos ejemplos fortalecen la idea de la existencia de esa diosa prehistórica, que sirve de justificación a movimientos extremistas dentro de grupos feministas, anarquistas, verdes (ecológicos), new age (nueva era), y otros que buscan romper con la tradición y el estado de las cosas (status quo).

En esta entrada no haremos mayor mención de estas diosas triples, sino de las diosas grupales de la mitología grecolatina. Estas diosas colectivas abarcaron múltiples funciones, y como se puede ver en su evolución pasaron de ser Morias, señoras que predecían el destino de dioses y hombres, a cumplir funciones más humanas y con temas sociales, como son las Musas, señoras de las artes escritas.

Las Moiras – Señoras del destino

Las Moiras eran las diosas del destino. Entre los griegos se les conocía como: Cloto (la que crea el hilo), Láquesis (quien mide el largo del hilo) y Atropos (quien corta el hilo). En su telar la vida de cada persona es un hilo, y la longitud de cada cuerda es la duración de la vida de dicha persona; el hilo blanco de la vida de cada persona era a veces hilado con otros dos, uno dorado que representaban los momentos de dicha y otras veces cruzado con una lana negra para indicar los momentos de desdichas.

Por lo general son descritas como tres viejas mujeres, en otras un trío de tristes damas (una joven, una adulta y una anciana); siendo equipadas a veces con otro grupo, las Grayas/Greas/Grises, tres viejas brujas, ciegas y caníbales, que compartían un único ojo y diente. Las Moiras se las pone habitando en su caverna en el inframundo, donde la luz del Sol jamas llega, y se la pasan hilando y deshilando el destino de dioses y hombres; tan grande era su poder que era temidas no sólo por los mortales, sino por los dioses mismos.

En la tradición se dice que a pocos días de nacido un niño, estas tres damas se aparecían, Cloto con su huso y un libro donde anotaba; Laquesis con una vara de medir el largo del hilo y Atropos con las temidas tijeras; y dictaban en la cuna el destino del neonato. Así estas diosas se relacionaban con antiguas diosas del parto, como Ilitia, que la tradición luego fusiono con Hera, o la volvió hija de la misma; o con Hecate, que cumplía una función parecida antes de ser convertida en diosa de las brujas. Incluso se hablada de una sola Moira (destino), llamada entre los minoicos Aisa; pero se mencionaba cuando nacía un niño a una tercera diosa: Kallone (belleza por la nueva vida); así en los mitos cretenses y minoicos Ilitia (nacimiento), Kallone (belleza) y Moira/Aisa (destino) formaban una primera trinidad. La trinidad en algún punto se hizo necesaria para la Moira misma; tal es así que se comparan a trinidades protogenicas como Thesis (creación) [en otras versiones Tethys (madre) o Metis (saber)] que fue madre de Poros (inicio/camino) y Tecmor (final/destrucción).

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Ejemplos de su designios ante las cunas de los neonatos se cita la historia del héroe Meleagro, hijo del rey Eneo y la reina Altea (la hermana de Leda), cuando las Moiras llegaron a dar sus dones, Atropos dijo, «vivirá lo que dure el trozo de carbón en la leña ardiente»; su madre entendiendo las palabras de la Moira agarró el trozo ardiente y lo apago, guardándolo cerca. Años después cuando las tierra del rey Eneo eran azotadas por un terrible jabalí, decenas de héroes llegaron a combatirlo. Meleagro (pese a estar comprometido) se enamoró de Atalanta, que también tomó parte en la cacería y fue la primera que hirió y mató al jabalí, junto con Meleagro; ella tomó el honor por tal hazaña; lo que provocó una pelea entre los distintos participantes. Altea sin embargo no le gustó mucho los deseos de su hijo por la joven salvaje y romper su compromiso, (en otras versiones porque haber matado a sus tíos, hermanos de Altea, en la pelea) y ella encendió el trozo de carbón hasta que se consumió, provocando la muerte del héroe.

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En algunas tradiciones ponen a las Moiras como ministras de su hermano Moros (Fatum entre los romanos), señor del destino mismo y versión masculina del trío de diosas, quien escribía en su libro de hierro los decretos inamovibles para todo ser vivo. [Las Moiras escribían el destino en una pared de bronce en su cueva, de forma que los dioses pudieran consultar sus edictos]. Nadie escapaba a sus decretos, siendo la única fuerza a la que Zeus verdaderamente temía y era considerada omnipotente, omnisciente y omnipresente. Violar los decretos de Moros, o de las Moiras, implicaba traer el caos de nuevo al mundo y por ello destrozar a la creación. Sirvientes de Moros y las Morias, eran el resto de los dioses oscuros (hijos de la noche) que estaban a su servicio; entre ellos Thanatos (la muerte pacifica) y las Keres (demonios de la muerte violenta) representaban los aspectos físicos de su poder. Todos los dioses mayores y menores que no estaban relacionados con él/ellas vivían con miedo a lo que podían hacer con ellos. Prometeo salvó a la humanidad de la miseria de ver su destino (la muerte) cuando el único espíritu que no escapó de la Caja de Pandora y quedó atrapado dentro fue Elpis, el espíritu de esperanza.

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Las Moiras representan en su visión más antigua y profunda lo que pudo haber sido el origen de la mayoría de estas diosas colectivas, suelen representar y ser el ejemplo clásico para apoyar las tesis de mitografos modernos de la existencia de diosas triples; y su presencia de tres diosas que hilan y deshilan el destino de hombres y dioses no se limitaba al mito griego.

Los romanos las llamaban Parcas; ellas eran: Nona (quien preside el nacimiento), Décima (determinaba su destino, el largo de su vida) y Morta (como indica su nombre es la muerte misma), descritas igual de viejas que sus contra partes griegas.

Entre los mitos nórdicos tenemos a la Nornas; ellas son: Urder, lo que ha ocurrido; Verdandi, lo que ocurre, y Skuld, lo que debería ocurrir; a diferencia de sus equivalentes mediterráneas, estas ninfas del norte son descritas como bellas hadas que cuidan y riegan el árbol de la vida (el Yggdrasil) que sostiene en sus ramas los distintos mundos; y al igual que las Hesperides, son guardianas de las manzanas de la vida eterna, su conocimiento sobre el pasado, presente y futuro era apreciado por los dioses nórdicos. Y al igual que las Keres en el mundo griego que subían del inframundo a buscar a los muertos en batallas, las Valquirias bajaban del Valhalla por los guerreros que morían en las guerras.

Más al este, entre los pueblos eslavos el dios Sud (el juez) y sus tres hijas, las Sudenicy (las que juzgan) determinan el destino de los hombres al nacer; mientras que en los pueblos de Rusia las llamaban las Rodzanicy (las generadoras) y eran hijas de Rod (el creador). Entre los pueblos bálticos otras tres las hermanas cumplen similar función: Decla (vinculada al embarazo), Karta (diosa del matrimonio) y Laima (predice el destino final); pero a diferencia de sus equivalentes menos septentrionales, estas diosas eran más similares a la Tyke (Tique) griega, o a la Fortuna romana, diosas que distribuían la buena y la mala suerte.

Laima tiene equivalente más directo en la diosa hindú Lakshmi, esposa del señor Visnú, diosa de la belleza y la buena fortuna (una mezcla de Afrodita/Venus y Tyke/Fortuna); pero que maldecida por hermana Sárasuatí fue condenada a ser vista como que siempre favorece a los menos necesitados, dejando sin atención a los que más requieren sus dones. Es importante notar que Lakshmi; Durga (la gran diosa madre, similar a Gea en poder, pero bajo su aspecto de Kali es la destrucción y muerte) y Sárasuatí (diosa del conocimiento y las artes) forman la trinidad de diosas más importante del panteón de India.

Entre los antiguos árabes pre-islámicos se tienen tres diosas que de alguna forma repiten la triada hindú, ellas eran Uzza (diosa del amor y la belleza), Alilat (diosa de la inteligencia) y Manat (diosa del destino, el tiempo y la muerte); quienes en la tradición del lugar eran las protectoras de la sagrada ciudad de la Meca.

En los mitos celtas la diosa Morgana era señora de la guerra, el destino y la muerte, se suele dividir en tres: Badb (grito), Macha (lucha) y Nemain (venenosa) que son aspectos de esta diosa, símbolo muchas veces de la tierra que estos pueblos dominaban. Para la primera mitad del primer milenio en la Europa nor-occidental (pueblos celtas y germanos) adoraban a las Mantres (madres o matronas) que eran tríos femeninos protectores del hogar; su equivalencia con las Moiras/Parcas/Nornas no parece ser punto de discusión, pero algunas teorías implican que su culto fue reemplazado por las tres Marías del culto cristiano.

Dada la extensión de los mitos por toda Europa y del cercano oriente a India, es de suponer una raíz más antigua dentro del tronco indo-europeo; tal es así que además en todos estos mitos estas diosas están vinculadas directa o indirectamente a la noche; entre los griegos las Moiras eran hijas de la diosa Nix (la noche), y posteriormente para subordinar su poder se las pone como unas hijas de Zeus y Temis, y hermanas de las Horas (diosas vinculadas al orden y la ley); tanto es así que la tradición romana pone a las Parcas como hijas de Nox (la noche) y Júpiter; y entre los nórdicos las Nornas son hijas del gigante Norvi, de quien emergió Nott (la noche).

En la tradición órfica, por otra parte, se dice que las Moiras eran hijas de Chronos/Eón (el tiempo mismo, no confundir con el titán Cronos, padre de Zeus) y Ananke (la necesidad/el destino, la Moira original); estos dos dioses primarios que no sólo crearon la tierra y el cielo, sino que fueron los padres de Nix (la noche), Erebo (la oscuridad), Eter (la luz/aire) y Hemera (diosa del día); siendo sus hijas mayores las Moiras mismas. El origen de esta versión se inspira seguramente en los mitos persas donde de Zervan, un dios primigenio del tiempo y el destino, del que habrían nacido Ahura Mazda y Ahrimán, la luz y las tinieblas, entendidas como los principios del bien y del mal.

Los últimos restos de estas diosas se presentan en obras de teatro de inicios del siglo XV;  William Shakespeare pondría a tres brujas, las hermanas extrañas; donde seguramente también ayudaron las Grayas a imaginarlas y describirlas físicamente. Ellas son lectoras del destino; así estas tres mujeres predicen a Macbeth no sólo su ascenso al trono de Escocia, sino también su posterior caída; y aunque su presencia en la obra teatral es breve, es para mucho lo que más se recuerda de la misma.

Las Erinias – Señoras del castigo

Las Erinias (oscuras) eran un grupo de deidades ctonicas; y como muchos habitantes del inframundo son para poetas como Esquilo hijas de Nix (la noche) y Erebo (la oscuridad). El poeta Hesíodo las pone como hijas de Gea/Gaya fecundada por la sangre de Urano tras su castración; así estas diosas oscuras están emparentadas con los Gigantes y con las ninfas Melias (dríades de los fresnos), justificando de esta forma su naturaleza como diosa vengadoras de los crímenes de naturaleza filial principalmente. Sófocles, escritor de tragedias clásicas también las pone como hijas de la tierra, pero de su relación con Erebo (señor de las tinieblas); y la tradición orfica las hace hijas de Hades y Perséfone, para justificar su naturaleza ctonica. El poeta latino Valerio Flaco las hace hijas de la daimona Poena (la venganza); un demonio femenino romano cuya ascendencia era similar a la dada por Sófocles para estas ninfas, y que estaba al servicio de la Nemesis.

Las Erinias eran conocidas por los romanos como Furias (terribles), y los griegos las llamaban también Euménides (benévolas), como forma de evitar su ira. El número de Erinias suele ser como con muchos otros grupos una cantidad variable, sobre todo si se las compara con sus hermanas las Melias; cuyo número es incontable. La tradición las volvió un trío, siendo ellas: Alecto (implacable), Megera (rencorosa) y Tisífone (vengadora); y su función es castigar delitos de carácter filial; entre ellos aquellos que iban contra la moral (el incesto, o desobedecer a los padres, por ejemplo), los delitos de infidelidad, y lo más graves, los asesinatos filiales tales como parricidios, matricidios, fratricidios y otros …cidios donde haya vinculación de sangre.

El como se aplicaban estos castigos variaban, pero normalmente las Erinias/Furias perseguían al pecador hasta volverlo loco; un poco lo que pasaba con aquellos que cometían tales actos y la culpa los iba carcomiendo por dentro hasta acabarlos. Así estas ninfas se funden con otras como las Manias (demonios de las locuras y las enfermedades mentales), o con Nemesis, que castigaba las faltas contra los dioses, y de la que se dice eran siervas. En otros casos, cuando el pecador era ‘inmune’ a la locura, toda la población donde habitaba sufría calamidades hasta que fuera descubierto y castigado el crimen. La locura generada por las Erinias sólo podía ser detenida si el pecador encontraba a alguien dispuesto a purificarlo por sus pecados (devolverle la razón), y realizaba además una serie de tareas para pagar la expiación.

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Entre aquellos que experimentaron su poder se encuentran: Heracles/Hercules, tras haber matado a su familia (primera esposa e hijos) por una locura inspirada por Hera; al despertar y descubrir los terribles actos que había cometido, sintió un terrible dolor, y avergonzado, se aisló de la sociedad, finalmente para expiar su crimen tuvo que realizar los doce trabajos por los cuales es famoso.

Edipo mataría a su padre y desposaría a su madre (ambas cosas sin saberlas); cuando el reino empezó a sufrir una serie de calamidades de origen desconocido, el oráculo reveló la verdad del parricidio y el incesto; su madre se suicido al saber la noticia y Edipo se cegó con los broches del vestido de su madre/esposa; y salió de la ciudad con una de sus hijas, quien lo acompañó en el destierro hasta su muerte; mientras sus hijos y resto de la familia se pelearon el trono de Tebas por generaciones.

La historia más famosa sobre la acción de las Erinias fue con Orestes; quien, instigado por su hermana, mata a su madre y el amante de esta, para vengar el asesinato de su padre por ambos. El joven busca expiación en el templo de Apolo, pero ni el dios puede contra las vengadoras del inframundo; finalmente Atenea interviene señalando que por encima de la ley natural (castigo por matar a la madre) esta la ley civil (castigo por matar al esposo), y de paso acabar con estos ciclos interminables de matar por haber matado; y para aplacar la furia de las Erinias, estas van a ser adoradas ahora en Atenas como las Euménides (las benévolas), trato que estos demonios aceptaron, ya que por su naturaleza propia no eran reverenciadas en ningún lado. Orestes tras ser liberado de la culpa debe terminar de pagar su deuda y debe ir a Tauro (actual Crimea) a recuperar una estatua de la diosa Artemisa.

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Por ser deidades anteriores a los dioses, no estaban sujetas a los designios de los mismos y eran temidas y despreciadas por todos los habitantes del Olimpo. Al igual que las Moiras su descripción se funde y mezcla con otros grupos; así se les describen como viejas como las Grayas, ponen sierpes en vez de cabellos, como las Gorgonas; aladas como las Arpias, aunque son alas de dragón o murciélagos; vestidas de negro, tal como era su piel, sus ojos lloran sangre, y armadas de látigos castigan constantemente las almas de los pecadores atrapados en el Tartaro. Como habitantes del Erebo (en el inframundo) sólo ascienden a la superficie a perseguir a los pecadores, y ni rezos, ni sacrificios las conmueven e impiden que lleven a cavo su tarea. Suelen ser descritas como diosas vírgenes y sin descendencia; pero algunos monstruos son puestos como hijos de ellas.

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Algunos mitos dicen que Tisífone se unió con Boreas, el viento del norte, y fruto de esa unión nacieron los cuatro caballos que llevan el carro de dios Ares; ellos son: Etón (ardiente), Conabos (golpeador), Fobos (miedo) y Flogueo (fuego).

Tisífone es puesta también como la madre del dragón serpiente Ismenios, que era un hijo de Ares. Este dragón protegía una fuente sagrada del dios cerca de Tebas, y fue muerto por el héroe Cadmo, quien llegó a la región buscando a su hermana Europa. Tras la muerte del dragón el joven tuvo que quedarse en la región para servir a Ares, y desposar a Harmonia (hija de Ares y Afrodita), fundando la ciudad de Cadmea, luego Tebas; ciudad que por desgracia se vio envuelta en muchas peleas por el trono por parte de los descendientes del héroe.

El dragón Ismenios es famoso por otras razones, sus dientes al ser sembrados en la tierra crecen en poderosos y temidos guerreros; Cadmo sembró varios de ellos, y siguiendo los consejos de Atenea, cuando surgieron los Espartos (los nacidos de la tierra) les lanzó una piedra entre ellos, eso hizo que se pusieran a pelear entre ellos, al final los cinco que sobrevivieron se volvieron soldados del joven héroe y construyeron juntos la ciudad de Cadmea; los Espartos son considerados en algunos mitos locales como los antepasados de las cinco familias más importantes de Tebas. El resto de los dientes fueron entregados a Atenea, y algunos fueron regalados al rey Eetes en Coquilde (al este del mar Negro); quien los uso para tratar de eliminar a Jasón, quien había llegado hasta esas tierras para robar el Vellocino de Oro.

Las Grayas/Greas/Grises – Temidas brujas

Otro grupo de triples divinidades femeninas, muy cercanas a las Moiras, eran las Grayas o Greas, cuya traducción es “las Grises” o “las Viejas“; y mientras las Moiras eran hijas de la noche; las Grayas fueron siempre identificadas como descendientes del mar, siendo en los mitos sus padres los dioses marinos Forcis (el mar profundo) y Ceto (señora de los monstruos marinos). Las Grayas habían nacido viejas y arrugadas; su edad era tan grande que la infancia para ellas era difícilmente concebible, y personificaban la espuma blanca en las olas.

Las Grayas son descritas no sólo como ancianas horribles y decrepitas, ya eran ciegas y habían perdido todos sus dientes; así posiblemente sus padres se apiadaron de sus creaciones y les regalaron un ojo y un diente (una dentadura) que eran compartidos por las tres, y cuando una de ellas sostenía el ojo, guiaba a las otras dos. Eran descritas además como brujas caníbales que devoraban a aquellos incautos que pasaban por sus dominios. Al igual que muchos mitos con diosas colectivas eran originalmente una sola o una pareja, pero la tradición finalmente concreto su numero en tres. Ellas eran: Dino/Deino (terrible), Enio (agresiva) y Persis/Penfredo (destructiva/malvada).

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Las Grayas eran hermanas de otro trío de ninfas, las Gorgonas (terribles); ellas eran: Medusa (reina/guardiana), Euriale (gran alcance) y Esteno (contundente), y representaban la belleza y los peligros del mar. A diferencia de sus hermanas mayores, las Gorgonas inicialmente eran descritas como jóvenes y hermosas. Fueron invitadas al Olimpo y pasaron, según algunas fuentes, a ser siervas de Atenea.

La desgracia para estas ninfas llegó por su propia belleza, cuando Poseidón se antojo de Medusa y la violo en la casa de la diosa. Atenea castigó a la víctima de la violación y maldijo a todo el grupo de hermanas, transformándolas en espantosos monstruos, cuya sola mirada convertiría en piedra a aquellos que las contemplaran. Pero la venganza de Atenea no se limitó a deformar físicamente a las ninfas, además quito la inmortalidad a Medusa [otros mitos dicen que Medusa era la única mortal de las tres, en compensación su gran belleza; y es una forma literal de decir que la belleza no dura para siempre]; desventaja que terminaría por acabar su vida más adelante.

Se las describe con serpientes en lugar donde antes hubo bellas cabelleras; y en algunas versiones se las iguala en imagen a las Erinias, con alas y garras de bronces; le ponen sus rostros deformados, y con colmillos de jabalí brotando de su boca. A Medusa las imágenes la describen con sierpes verdes, color asociado a lo obsceno y deshonesto; Euriale con doradas serpientes y de gritos desgarradores, y a Esteno se la describe con serpientes rojas, siendo la mas peligrosa de las tres, y quien convirtió en piedra a más mortales que las otras dos.

Las Gorgonas huyeron de Olimpo y se refugiaron en el fin del mundo; algunos las ponen en el este, al final de los montes Atlas, ocultas en algunas de sus cavernas; otros que huyeron al sur, refugiándose en el desierto de Etiopía; o incluso en el norte de mundo en Hiperboria.

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El mito de las Grayas esta íntimamente unido al de sus hermanas las Gorgonas. El héroe Perseo, requiere salvar a su madre Danae de las pretensiones de Polidectes, rey de Serifos, de desposarla a la fuerza. Serifos era la isla donde el chico y su madre habían encontrado refugio. El rey conspiró para eliminar a Perseo, para ello celebró un gran banquete donde se esperaba que cada invitado trajera un caballo como regalo. Perseo no tenía caballo para dar, así que le dijo a Polidectes que nombrara el regalo y que él se lo traería. Polidectes uso la promesa del chico y exigió la cabeza de Medusa, la única mortal de las Gorgonas.

El problema para el chico ahora era como encontrar a la Gorgona y más aún, como vencerla. Fue al templo de Atenea, y la diosa le envió la respuesta, el joven para lograr su cometido debía obtener más respuestas de unas terribles brujas, que tienen un oráculo y saben la forma de matar a la Gorgona. En apoyo a su medio hermano la diosa le prestó su escudo y Hermes sus sandalias mágicas. Así volando con las sandalias mágicas llega hasta una cueva muy al oeste, bajo las laderas de las montañas Atlas, en un lugar donde casi siempre está oscuro y donde no llega la luz del Sol y la Luna, ahí vivían las Grayas.

Instruido por la diosa, Perseo aprovecha el momento en que son más vulnerables las brujas, que es cuando pasan el ojo y la dentadura una a otra. Arrebatándoles esos artículos el joven chantajea a las brujas, de las cuales no sólo descubre donde encontrar a Medusa, y como matarla; las brujas además le dicen que necesita armarse de varios objetos mágicos que están en posesión de unas ninfas. [El mito no aclara cuales son estas ninfas, pero con seguridad se trataba de las Hesperides, otro trío de diosas que habitaban en el fin del mundo]. Finalmente averigua de las brujas donde conseguir a las ninfas para obtener los artículos faltantes. Perseo les devuelve la dentadura a la brujas, para que coman a su manera lo que desean, pero el ojo (se dice en algunos mitos) lo lanza lejos hasta que cae en el lago Tritonis, obligando a las brujas a tomar un merecido baño. Hasta aquí todo el mito que involucra a estas brujas.

Los hechos posteriores indican que el joven llegó al jardín de las ninfas, recibió de ellas prestado el casco de la invisibilidad de Hades y la hoz que Cronos uso para castrar a su padre Urano y que poseía Hades, construida de adamantina y que era capaz de cortar la cabeza, así como un morral mágico para contener la cabeza de la gorgona, que seguía siendo tan temible como cuando estaba viva. Volando llegaría luego a donde habitaba Medusa, y mirando por el pulido escudo como espejo pudo llegar donde la gorgona que estaba dormida y cortar su cabeza; con el casco de la invisibilidad pudo escapar de la cueva de las gorgonas y evitar ser víctima de sus poderosas miradas; estas al no poder verlo solo podía gritar su rabia y dolor por la muerte de su hermana.

Tras la muerte de Medusa, de su cabeza y vientre surgieron el fruto de sus amores con Poseidón; ellos fueron: el caballo alado Pegaso [Poseidón es dios de los caballos] y Criaso, un gigante armando que se volvería uno de los reyes fundadores de la civilización de Tartessos en sur de la península ibérica.

Perseo regresó donde su madre y petrificó al malvado rey y a su corte; así como unas aventuras extras en el camino, como fue volver piedra al gigante Atlas, condenado a soportar el cielo y salvar a la princesa Andromeda de un terrible kraken; y por supuesto, devolver los objetos mágicos prestados por los dioses, pero esas son otras historias.

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En algunas versiones las Grayas son las guardianes de la cueva donde habita la Gorgona, y sólo una bruja esta despierta (la que tiene el ojo), mientras que las otras dos duermen; el acto de pasarse el ojo es pasar la guardia; cuando Perseo les roba el ojo, las deja a todas dormidas y puede robarle a estas brujas los artículos que necesita para matar a Medusa; y ademas de este modo las Grayas, protectoras de Medusa, estando todas dormidas ya no pueden ayudar a su hermana. En este caso cuando Perseo arrojó el ojo en el lago, dejo a las brujas dormidas por la eternidad. Quizás por eso no aparecen en ningún otro mito.

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Hay un tercer trío de ninfas marinas que se puede señalar como diosas colectivas; desde el punto de vista familiar serían primas de las Gorgonas y las Grayas/Greas. Estas son hijas del dios marino Taumante (milagro), responsable de las tormentas marinas y las maravillas del mar, el hermano de Forcis y Nereo; e hijas de la oceanide Eléctra (ambar), la diosa de las nubes doradas.

Las Arpías representaban los vientos huracanados que destrozan los barcos en las tormentas marinas; inicialmente eran dos, y representaban el lado negativo o peligroso, mientras que sus hermanas (Iris y Arce) eran las diosas del arcoiris eran el lado positivo o bello de las tormentas. [Si se tiene suerte se pueden ver dos arcoiris en el cielo, el más luminoso es Iris, el menos visible atrás con los colores invertidos es Arce, su poco brillo es el castigo de los dioses por haber servido de mensajera a los titanes]. Serían los poetas romanos quienes luego completarían el trío de Arpías.

Las Arpías originales fueron: Aello/Aellopus (viento de tormenta/pies en la tormenta), también identificada como Podarse (rápidos pies); su compañera era Ocipete (rápido vuelo); luego los romanos agregaron a Celeno (oscura), completando la triada. El mito más sobresaliente con las Arpías es haber sido enviadas por los dioses a torturar al rey Fineo (un hermano de Cadmo y Europa) en Tracia; Fineo tenía el don de la profecía, pero abuso de su don revelando los secretos de los dioses. Fineo fue salvado del tormento cuando los Argonautas pasaron por su casa a pedir su ayuda en su viaje a Coquilde, ahí los héroes alados Calais y Zetes (hijos de Boreas) persiguieron a las Arpías, y no las mataron a petición de Eris, quien prometió que sus hermanas dejarían en paz a Fineo.

En la obra del poeta romano Virgilio, la Eneida, se cuenta como Eneas y sus hombres llegaron a la isla de Estrofade (lugar donde las Arpias habían hecho su hogar), en su camino a Italia. Como con Fineo, las aves bajaron a robar los alimentos de los troyanos; pero estos las espantaron; pero Celeno los maldijo al señalar que antes de finalizar su viaje tendrían tanta hambre que Eneas y sus hombres se comerían hasta las mesas; los troyanos salieron corriendo del lugar.

Las Arpías eran descritas como aves con cabezas humanas, seguramente tomaron esta imagen de las Sirenas griegas. Inicialmente robaban los alimentos, pero luego los mitos evolucionaron y las volvieron contaminadoras de los víveres; así su apariencia empeoró, mostrando rostros viejos y demacrados, que las acercaban a los buitres y otras aves de carroña. Para el final se habían se solapado con las Erinias, y se volvieron seres que en el infierno castigaban y torturaban a los pecadores presos en el Tartaro; siendo despiadadas crueles y violentas.

Las Arpías también fueron amantes de los dioses de los vientos; hijos de estas relaciones fueron: las cabalgaduras de Aquiles, las cabalgaduras de los Dioscuros (Castor y Polux) y los caballos del rey Erecteo.

Balio (moteado/oscuro) y Xanto (rubio/blanco) fueron dos caballos inmortales que Poseidón dio como regalo de boda a Peleo y la nereida Thetis, y que se volverían los caballos que conducían el carro de Aquiles, eran tan rápidos que era imposible que cuatro caballos empujan el carro. Eran hijos de Céfiro y la arpía Aello (viento de tormenta), conocida también con el sobrenombre de Podarce (pies ligeros), que de paso era también era un sobrenombre para su hermana Iris. [En algunas tradiciones la arpía que se unió a Cefiro era Celeno].

Los caballos de los dioscuros eran también hijos de Céfiro y la arpía Aello; los nombres de estos potros fueron: Cillaro (giro rápido), que era la cabalgadura de Castor; y Harpagos (golpe rápido) la cabalgadura de Polux; nombres que hacen referencia a caballos blancos y del gran vuelo; pero también otros poetas los llaman Xantos (rubio) y Flogueo (en llamas).

Los caballos de Erecteo fueron dos, y eran hijos de Bóreas y la arpía Aello; sus nombres se confunden con los de caballos hijos de Céfiro; ellos eran: Xantos (rubio) y Podarce (pies ligeros), estos dos corceles son descritos que eran tan blancos como la nieve, y Bóreas los entregó al rey Erecteo en pago de dote y/o compensación por haberse llevado a su hija Oritía.

Las Hesperides – Guardianas del atardecer

Estas ninfas eran las diosas del atardecer; suelen ser puestas en grupos de tres (a veces cuatro o siete), los nombres según los poetas clásicos varían y la ascendencia también. Sin embargo de forma directa, o indirecta forman parte de los dioses oscuros, descendientes de Nix, la noche. En primera versión, la más común, son las hijas de Nix y Erebo (dios primario de las tinieblas); en segunda versión, son hijas del titán Atlas (quien rige en occidente) y la diosa Hesperide (crepúsculo), una hija de la noche. Otras historias las ponen como hijas de Forcis y Ceto (hermanas de las Grayas y las Gorgonas), de Zeus y Temis (hermanas de las Horas), sólo por citar algunos ascendentes.

Los nombres de estas ninfas, en la mayoría de las tradiciones suelen ser: Egle (resplandor), representa cuando el Sol aún alumbra fuerte y dorado; Eritia (roja), como su nombre indica es cuando los cielos se tiñen de rojo, y Hesperatusa (rápido atardecer) o Aretusa (violenta), es cuando el Sol rápidamente se oculta en el horizonte.

Las Hesperides son diosas guardianas y protegían el árbol de las manzanas doradas, que fue el regalo de Gea/Gaya a Hera en su boda con Zeus; y que era la fruta donde se sacaba la ambrosía, el néctar que mantenía jóvenes a los dioses. Las acompañaban en esta labor el dragón Ladón; una bestia de múltiples cabezas [algunos mitos dicen que cien y que en cada una hablaba una lengua distinta], puesto por Hera en tal labor, ya que no confiaba plenamente de las hijas del titan.

Además del árbol de las manzanas doradas, estas ninfas custodiaban otros objetos mágicos, mucho de ellos propiedad de Hades, y que fueron usados por Perseo para matar a Medusa. [Hay que recordar que en todas las culturas el reino de los muertos se ubica donde el Sol muere todos los días, así el hogar de las ninfas era también una puerta al inframundo].

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Las manzanas fueron robadas una sola vez, en el décimo primer trabajo de Heracles. El como ocurrió esto varia, en una versión Heracles, tras haber hablado con el padre de las ninfas (Atlas), supo la ubicación del jardín de las diosas del atardecer y así llegar al sitio, mató al dragón y robó las manzanas. En otra versión, el gigante convenció al héroe de que le sostuviera el cielo (castigo impuesto por los dioses) y él fue a pedirle los frutos áureos a sus hijas; al regresar no quiso volver a ocupar su lugar como sostén del cielo, pero el héroe lo engaño para que ocupara su lugar nuevamente, escapando con la preciada fruta. Atenea más tarde devolvería la fruta a las diosas del crepúsculo, pero antes algunos frutos fueron usados por el héroe Hipomedes/Melanión para tentar y vencer en una carrera a la guerrera Atalanta, y así poderla desposar; y la diosa Eris las uso para tentar y provocar la pelea de Hera, Atenea y Afrodita, que sería la raíz de la guerra de Troya. Del dragón se dice que tras su muerte, la diosa Hera lo subió a los cielos, siendo la constelación polar de Draco (el Dragón).

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El dónde se ubicaba el jardín de estas diosas sigue siendo motivo de especulación; unos postulan que más allá de las columnas de Hercules (estrecho entre Europa y África), siendo los puntos probables alguna de las islas en la costa norte africana del Atlántico, entre ellas Madeira, Azores, Cabo Verde, y las candidatas favoritas, las islas Canarias; otros postulan la costa sur de España, en Tartessos, cerca de la actual Caliz.

Esta versión se apoya en la existencia de la mítica la isla de Eritea en la región, lugar donde Gerión tenía su ganado, pero Eritea en este caso no hace referencia a la ninfa del crepúsculo respectiva, sino a una hija del gigante con similar nombre. También el único hijo de estas ninfas del atardecer, es Euritión (gran flujo), hijo de Ares y Eritia; quien trabajaba como guardia del ganado de Gerión, y era el encargado de llevar el ganado a beber; fue muerto por Heracles en su décimo trabajo al ir a robar el ganado rojo del gigante.

Algunos autores suponen incluso que el mítico jardín estaba ubicado en Hiperboria (al norte del mundo), dado que el dragón fue puesto en los cielos rodeando el polo norte.

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Las Hesperides fueron hermanas de otros dos grupos colectivos, tanto ellas (las Hesperides) como sus hermanas, las Pleyades (las navegantes) y las Híades (las lluvias) son todas diosas relacionadas con las lluvias. La razón de esto era celeste, ambos grupos (Pleyades e Híades) fueron subidas a los cielos y estaban representadas como estrellas de la constelación de Tauro; y cuando esta constelación iniciaba su ascenso helical (cuando las estrellas aparecen nuevamente por el este antes de la salida del sol) a final de junio o inicios de julio, ello coincidía con la temporada de lluvias. En el caso de las Pleyades, su nombre se debe a que su reaparición por el occidente antes de la salida de sol marcaba el inicio la temporada de pesca y navegación en el Mediterráneo.

Bajo esta imagen se suele ponen a todos estos grupos una cantidad fija de siete ninfas en cada uno. La razón de ello sigue siendo celeste; las Pleyades se asocian al compacto y brillante grupo de siete estrellas en la constelación de Tauro; las Híades se identifican con las siete estrellas que forman la cabeza del Toro; y finalmente las Hesperides se vinculaban con las siete estrellas que formaban el carro de la Osa Menor, que en los cielos septentrionales parecen todas las noches dar la vuelta alrededor del polo norte, rodeadas (vigiladas) por la constelación del Dragón.

Según las historias tanto las Pleyades como las Híades se funden en los mitos en cuanto a ascendencia, ambos grupos son hijas del titán Atlas y la oceanide Pleyona (plena/abundante), una diosa de los pastizales y el ganado; pero en otras versiones las Híades eran hijas de la oceanide Etera/Etra (cielo despejado). Mientras el mito de las Pleyades, es de aquellas ninfas perseguidas por el gigante Orión hasta que escapan convirtiéndose en palomas y ascendiendo al cielo, formando el cumulo celeste abierto más brillante en los cielos; con las Híades los mitos no se ponen de acuerdo, no solamente en la madre, sino en cantidad, que varia entre tres, cinco, siete, o nueve, según quien cuente; y menos hablamos de los nombres de estas ninfas.

El mito las Híades es el de un grupo de hermanas que lloraron inconsolables la muerte de su hermano Hias (lluvia), un joven que buscando agua para la casa es muerto por un león. Los dioses se apiadaron de ellas y las subieron a los cielos, formando el cumulo celeste que forma la cabeza del Toro. El joven muerto fue puesto en los cielos como Acuario, mientras que el león se ubicó en la antipoda celeste como la constelación de Leo, de forma tal que nunca más se encuentren.

Mitos posteriores pusieron al príncipe troyano Ganimedes, copero de los dioses en los cielos como Acuario, y la constelación de Leo era el León de Nemea, primera de las bestias muertas por Heracles/Hercules en sus famosos trabajos. Otros ven en Hias al joven príncipe Hilas, quien acompañaba como efebo a Heracles cuando ambos se embarcaron con los Argonautas; Hilas según los mitos fue secuestrado por unas nayades y nunca más se le volvió a ver, ello cuando la nave Argos paro en las costa de Anatolia para recargar de agua la nave.

Si bien el mito de las Híades es simple y corto, sus hermanas las Pleyades tuvieron mayor relevancia y una clara descendencia; cinco de ellas fueron amantes de los dioses Zeus y Poseidón, las otras dos desposaron a reyes griegos; siendo todos sus hijos importantes reyes y fundadores de varias de las casas reales en toda la Grecia antigua. Mención aparte por su naturaleza divina está Hermes, hijo de Maya (madre), la mayor de estas ninfas, y de Zeus.

Las Híades, (y con ello las Pleyades) algunos mitos las ponen o identifican (eso según quien eche el cuento) como las niñeras del dios Dioniso (cuyo nombre significa Dios de Niso), siendo Niso el lugar (monte/montaña) donde Zeus extrajo de su muslo al joven dios. La ubicación del mítico monte es punto de discusión entre los estudiosos, y se encontraba en alguna parte entre el Asia Menor e India; justificando ello en que el culto del dios del vino proveía del oriente; siendo el lugar más probable para la ubicación de la montaña las tierras de los Hititas, en Anatolia central; ya que una de sus ciudades importantes era la ciudad de Nesa; demasiada parónima para descartar la idea.

Aunque varias ninfas en distintas regiones, dentro y fuera de Grecia, se les atribuye normalmente la labor de niñeras del último de los dioses olímpicos, fueron dos grupos a quienes más le achacaron esta labor; ellas son: las Nisiades y las Lamides.

Las Nisiades eran hijas de Niso, un hijo del viejo sátiro Sileno. A Niso se le atribuye haber sido uno de los que enseñó al joven dios el arte de fabricar el vino. Las Lamides por otra parte son hijas del río Lamos, que era identificado en las Dionisiacas del poeta Nomo como un río en la región de Cilicia (Anatolia meridional) y que corría desde la montaña de Niso. Otros señalan que el monte Niso era en realidad el monte Citerón en la región de Beocia, en Grecia central; ya que este monte era la residencia de Sileno y su familia, y donde tenían lugar muchos festejos orgiásticos en nombre del dios de los excesos.

Vistas así las Nisiades son para estos efectos unas oreades (ninfas de las montañas); y toman el nombre del monte que habitan. El número (y los nombres también) de las Nisiades variaban, pero lo único seguro en los mitos es que ellas se volverían en seguidoras del dios; convirtiéndose en las primeras Ménades (delirantes/locas) o Bacantes (seguidoras de Baco), como les decían los romanos; y según el mito Dionisos las recompensó subiéndolas a los cielos y colocándolas como las estrellas que forman el grupo de las Hiades (de ahí posiblemente la relación entre ambos grupos tan distintos en los mitos).

Por otra parte las Lamides eran descritas como unas nayades (hijas del río); y no tuvieron similar suerte. Enterada Hera de que estas ninfas, y sus hijos, habían escondido y protegido al infante Dioniso; Hera enloqueció a las ninfas (mito alternativo del surgimiento de las Bacantes) y transformó en bestias a sus hijos, que fueron llamadas las bestias del Lamos; y para los efectos descritos como sátiros con cuernos de buey (aunque se les llama también como ‘centauros’ del Lamos, pero aquí más como un sinónimo de ‘bestias’). Los mitos dicen que las bestias de Lamos acompañaron a Dioniso a su expedición a India.

Las Horas – Señoras del orden

Las Horas (estaciones) eran al inicio diosas de las estaciones; y mientras las Moiras giraban la rueca (rueda de tejer) para crear la red del destino, las Horas giraban las constelaciones celestes para medir el año y dar paso a las estaciones, custodiando las puertas del cielo. Es la vinculación de las Horas con las puertas del cielo que se abren para dar paso al Sol (Helios), y las pone como compañeras de Eos (la aurora); lo que hace también que sean identificadas como las que guían al astro rey por el cielo, impidiendo que este tome otro camino por los cielos. En este caso el número tradicional de tres se eleva a doce, y se las pone como hijas del Sol (Helios), representando no sólo las doce horas del día (de ahí el nombre), sino también las doce constelaciones del año. Una tradición final eleva de tres a cuatro las Horas, representando las cuatro estaciones del año; pero esta idea es muy posterior, ya que para los antiguos griegos sólo habían tres estaciones (el otoño no era reconocido en esos tiempos).

Las Erinias custodiaban las puertas del infierno, las Hesperides las puertas de la noche y con ello los ciclos diurno y nocturno; y las Moiras eran las guardianas del destino, y del orden sobre el caos. Es esta función de las Moiras lo que permitió hermanarlas con las Horas y a su vez convertir a estas ultimas en diosas del orden y la justicia; ya que las Horas, al vigilar los cielos y las estaciones tenían el poder de indicarles al Sol, la Luna y las estrellas por donde ir y a que ritmo.

 

Las Horas originales eran dos de ninfas vinculadas a la floración y la fructificación de las plantas; ellas eran: Talo (floración, identificada con Flora por los romanos) y representaba los tallos que florecen en la primavera; y Carpo (fruto, Pomona entre los romanos) era la diosa que velaba por los frutos y la cosecha en otoño. En la región de Atica (Atenas), se les llamaba respectivamente: Auxo (crecimiento), que estaba relacionada con el paso de la floración hasta la fructificación; y Hegemone (poderosa) vinculada a la cosecha y el otoño; en Argos las dos Horas eran: Auxesia (posiblemente otro nombre para Auxo) y Damia (madre) (posiblemente otro nombre para Carpo). Con el tiempo se establecieron un número de tres; Talo, Carpo y Auxo, esta última se asociaba ahora con el verano. También se tiene que los agricultores griegos reverenciaban a tres diosas de la cosecha, conocidas como: Ferusa (exceso); Euporia (abundancia) y Ortosia (prosperidad), y eran diosas vinculadas a los logros de la recolección.

Estas tres diosas [Talo, Auxo y Carpo] fueron acompañadas luego por Quione (nieve), una hija de Bóreas (el viento del norte), completando así con la imagen del invierno el grupo de cuatro ninfas que representan las cuatro estaciones, y que juntas eran compañeras de las diosas Perséfone y Demeter. [Posteriormente se les puso los nombre de: Eiar (primavera), Theros (verano), Finoforón (otoño) y Cheimón (invierno) para indicar el/la dios/diosa que regia cada estación; función que también desempeñaron los cuatro grandes vientos; Cefiro, por la primavera, Notos por el verano, Euro por el otoño y finalmente Bóreas era identificado como el señor del invierno]

El culto a estas dos, tres o cuatro (según se mire) fue luego sustituido por el mito de Perséfone y Demeter; y su sustitución con estas diosas ctonicas hizo que este primer trío de Horas no tenga registrada ninguna ascendencia; pasado a ser luego simplemente sobrenombres de la diosa de las flores y de la diosa de la agricultura.

En algunos mitos Carpo (diosa de los frutos) es la hija de la ninfa Cloris (Flora para los romanos), una diosa de los jardines florales que habitaba en los Campos Elíseos (inframundo), que secuestrada por Céfiro (el viento del oeste), fue convertida en su esposa. Carpo tuvo poco culto entre los griegos, pero su versión romana Pomona tuvo gran culto, en el mito se dice que la diosa de los frutos fue pretendida por muchas divinidades rústicas (sátiros), lo que hizo que se encerrara en su jardín, y sólo un dios romano de origen etrusco, Vertumno, vinculado al verano y los arboles, disfrazado de anciana logro derivar sus barreras y desposarla.

Tras la caída de los titanes, Zeus se volvió señor de los dioses, y fue necesario en los cultos que no hubiera nadie sobre él, incluido el destino; así a las Moiras se las puso como las hijas de Zeus y hermanas ahora de las Horas; la madre en cuestión de esta nueva filiación fue una de las titanesas, Temis, señora de la justicia; moviendo el centro de interés del campo a la ciudad. Temis representaba por una parte la ley divina, pero sobre todo la ley natural; lo que entendemos como lo que dicta la costumbre y la moral; era identificada también con Eusebia (lealtad) visto como el respeto a la tradición en las relaciones sociales y hacia los dioses; esposa de Nomos, el orden establecido por decreto (Nomos es para los efectos un sobrenombre de Zeus). Las hijas oficiales de la pareja (Temis/Eusebia y Zeus/Nomos) fueron las trillizas: Irene (la paz), Dike (la justicia) y Eunomia (la ley).

Irene no sólo era diosa de la paz, era una diosa de la primavera, ya que esta era la época del año más difícil para la paz; así se identificaba con Talo, y se la representaba sosteniendo en sus brazos a Pluto (dios de la riqueza), vista así recuerda a Tike (la fortuna) y la propia Demeter, ya que Pluto es su hijo y representaba la promesa de la riqueza agrícola. Lo opuesta a Irene eran el daimón Polemos (la guerra) [para muchos un sobrenombre de Ares] y Enyo (la destructora), una hija de Zeus y Eris (la discordia).

Enyo es la compañera y hermana del dios de la guerra, pero algunos autores confunden y fusionan a Enyo con Eris, poniendo a esta hija de la noche como una hija de Zeus, y como hermana y compañera de Ares. El hijo de Ares y Enyo fue Enyalio (belicoso), un dios menor que era adorado por los soldados. Enyalio fue identificado entre los romanos con Quirino, un dios de la guerra de origen sabino que paso entre los romanos a representar el Estado mismo.

Dike como diosa de la justicia estuvo estrechamente vinculada con Astrea (una hija del titán Astreo y Eos); en los mitos de ambas se dice que fueron a la tierra para ayudar a los hombres y guiarlos en las buenas acciones, comprendiendo lo inútil de su acción regresaron al cielo. Astrea fue identificada luego con la constelación de Virgo. La imagen de esta constelación es la de una mujer que lleva en sus brazos un atado de espigas de trigo (justamente la estrella más brillante de la constelación es Espiga (el grano)); la constelación vecina es Libra, la balanza, soltada en los cielos por la diosa. La imagen de Dike ha sido asociada desde entonces con la diosa ciega que sostiene la balanza y la espada; pero si la vinculamos con la constelación de Virgo, es comparable a Carpo, la diosa de la cosecha; ya que cuando el Sol llega a Virgo estamos cerca del final de la estación cálida, pronto vendrá el otoño y los fríos del invierno. Contraria de Dike tenemos a Adicia, daimona de la injusticia y el mal proceder; descrita como una mujer fea y tatuada (algo asociado a pueblos bárbaros, contrarios a la norma civil grecolatina). Adicia se acompaña generalmente de sus hermanas: Disnomia (anarquía), Ate (fatalidad) e Hybris (exceso/orgullo).

En la tradición orfica la aplicación de la justicia se conoce como Praxidike, que era un epíteto de la diosa Perféfone; a quien se le describe como madre de las Eumenides (Erinias/Furias), aplicadoras de la justicia. Praxidike era para la mayoría de los casos una diosa del castigo judicial, (identificada con la misma Dike), y a la vez un concepto personificado. Hijas de Praxidike con Soter (el espíritu de la seguridad (legal), otro epíteto de Zeus) tenemos a dos diosas menores: Areté (la virtud moral) y Homonoia (la concordia, en referencia al orden y la unidad necesarias para mantener el estado). Homonoia se la compara con Harmonia (concordia) que era una hija de Ares y Afrodita, pero ella era la diosa de la concordia en el ámbito marital. Hermano de Arete y Homonoia era el daimón Ctesio (la propiedad). Areté no sólo es compañera de su madre (Dike), sino que suele acompañarse por otros daimones silenciosos como Sofrosina (Sobriedad entre los romanos), diosa menor de la templanza y la moderación; y Epifron, el daimón de la prudencia y la reflexión. La daimona Cacia (vicio) era la opuesta a Areté; mientras que la propia diosa oscura Eris (discordia) era la opuesta a Homonoia.

Eunomia es la diosa del derecho, es la ley escrita y plasmada en papel; la ley dada por los hombres; está asociada al Estado y al orden civil. Los romanos la llamaban Disciplina; su opuesto era Disnomia (demonio femenino de la anarquía y el desorden, una de las hijas de Eris). El termino ‘nomia’ no sólo se vincula a orden (nomo), es también sinónimo de medición, lo que hace referencia a los pastos verdes y la división de la tierra (medir) para el cultivo; así Eunomia se asocia a Auxo, y al verano. Eunomia también se vincula o relaciona con otro concepto personificado; Peitarkia (la obediencia), quien con Soter fue madre de Eupraxia (el éxito); indicado con ello que el hombre indefenso puede levantarse de la miseria dura (salir libre de pena y castigo) si obedece las leyes.

Las Cárites (Gracias) – Señoras de los placeres

Las Cárites, o Gracias, como se les conoce más comúnmente, son otro grupo de diosas colectivas cuyo número es variable; y estaban muy hermanadas en funciones con las Horas (diosas de las estaciones y la ley). Las Gracias eran en su colectivo diosas de las naturaleza, pero no vinculadas al paso del tiempo (como las Horas), sino a la fertilidad; y en su evolución terminaron asociadas a una trinidad de tres diosas que representaban las imágenes de: la virgen/novia, la esposa y la amante, pasando a estar sobre todo vinculadas a los placeres; y volviéndolas en su gran mayoría siervas de Afrodita.

Las ascendencia de las Gracias es también es fuente de discrepancia entre los poetas, unos como el poeta griego Antímaco las pone como hijas de Helios (el sol) y Egle (una de las Hesperides); las fuentes órficas las ponen como hijas de Zeus y Eunomia (una de las Horas); y en la última gran obra pagana, las Dionisíacas, del poeta Nono de Panópolis, se las ponen como hijas de Dionisos y Kronois (una ninfa identificada con Hera), razón por la cual también se dice que eran hijas y siervas de la propia Hera.

Las hijas de esta relación son consideradas, sin embargo, como parte de las Gracias Jóvenes; y se citan a: Pasitea (descanso/relajación), una ninfa vinculada a las drogas alucinógenas y las adormecedoras, y que Hera entregó como esposa a Hipno por su ayuda para engañar a Zeus. Pasitea con Hipno fue madre de los mil Oneiros (los sueños), siendo Morfeo su hijo más conocido.

Sus hermanas eran: Anteia (decoración, en el sentido del uso de ramos de flores) [Anteia suele ser identificada también con Cloris/Flora], Eudaemonia (opulencia), Paedia (juego/diversión), Pandaisia (banquete), Pannychis (fiesta/festejo), y Mete (embriaguez); todas ellas fueron descritas como siervas de Afrodita y de Hera, y atendían las mesas del Olimpo en las fiestas y reuniones, aunque Mete es puesta normalmente como sierva de Dioniso; tanto es así que decía el poeta Anacreonte:

Estemos alegres y bebemos vino en honor a Baco; … gracias a él nació la gracia Mete (borrachera),  [con ella] Lupe (el dolor/el pesar) toma un descanso y Ania (el llanto/la aflicción) duerme.

Sin embargo, en la tradición más clásica del poeta Hesiodo, las Gracias fueron hijas de Eurinome (amplios pastos o amplia norma) [a veces llamada Euridome (amplia estructura)] y de Zeus; siendo normalmente estas tres diosas conocidas como: Aglaya (bella/esplendorosa) [también llamada Caris (bellísima)], Eufrosina (alegre/jubilosa) [también conocida como Eutimia (feliz)] y finalmente Talia (festiva), [Nota: se aclara que Talía es también el nombre de una de las Musas].

La evolución y origen de las Gracias se puede ver en comparación con las Horas; inicialmente no eran tres, sino dos; entre los espartanos recibían los nombres de: Cleta (gloria) [similar a Talia] y Faena (brillante), [posiblemente comparable a Eufrosina]; mientras que los atenienses adoraban a: Auxo (crecimiento) y Hegemona (poderosa) [nombres que figuran también en la lista de las Horas]. Por ello no deja de ser sorprendente que Talia, cuyo nombre también se vincula a la primavera y el verdor sea identificada con Talo, y Eufrosina, que suele ser acompañada por el daimon Acratos (un siervo de Dionisos), y quien representaba quien repartía el vino en las fiestas (al final de la cosecha), sea asociada a Carpo; mostrando con estas relaciones que Horas y Gracias pudieron tener un origen similar (diosas de las estaciones) y su evolución las separó y dio origen a diosas muy distintas, por un lado las diosas del orden y la ley (las Horas) y por el otro lado las diosas de las fiestas y la diversión (las Gracias).

Eurinome, la madre de las Gracias también posee varias ascendencias en los mitos. Cuando junto con Tetis (Thetis), la nereida madre de Aquiles, quienes cuidaron a niño Hefesto [quien había sido expulsado del Olimpo por su madre Hera, que se sintió avergonzada por no ser este alguien tan gallardo como Apolo, justificando en el mito el por qué el dios de los herreros fabricó las armas del mayor héroe griego en la guerra de Troya], ponen a Eurinome como una nereida. Otros, sin embargo señalan que las diosas que recibieron en el mar al expulsado dios maltrecho fueron: Eurinome [una hija] y Tethys [su madre]; siendo en este caso Eurinome más reconocida como una oceanide. Hay una tercera versión sobre Eurinome, que la señala como la compañera del titán Ofión (serpiente), un titán que junto con su mujer lucharon contra Cronos y Rea por el control de Olimpo; hasta que fueron expulsados (Eurinome y Ofión) al anecúmene (más allá del mundo conocido); imagen que no hace más que comparar a Eurinome con la misma Tethys, la compañera del titán Océano (quien gobierna justo en el río que envuelve la tierra conocida).

Volviendo a nuestras ninfas, las Gracias son descritas como tres jóvenes de gran belleza, siempre están juntas bailando entrelazadas y desnudas; y así han sido representadas desde la antigüedad hasta nuestros días. Entre los romanos recibieron los nombres de: Castitas (casta), Pulchritude (pulcra) y Voluptas (voluptuosa); siendo los tres arquetipos de la mujer: novia/esposa/amante. Estas tres diosa regian sobre la gracia, la belleza, el adorno, la alegría, la festividad, la danza y el canto (aquí se vinculan con las Musas), siendo compañeras de estas en las fiestas. El otro grupo de Gracias, las jóvenes hijas de Dioniso, presidían sobre los otros placeres de la vida incluyendo: el juego, la diversión, los banquetes, la decoración floral, la relajación en las fiestas y las reuniones.

Hay, sin embargo, un tercer grupo de Gracias, ubicadas también dentro del grupo de las Gracias Jóvenes y que fueron nombradas en los mitos órficos. Estas eran hijas de Hefesto (el dios de las fragua) y la gracia Caris (bellísima). El como ocurrió esta relación es discutida; por un lado fue la propia Afrodita, quien cansada por los reclamos de infidelidad del marido, le entregó a su sierva como una forma de callarlo y mantenerlo contento, sin tener ella que cumplir con esas funciones con el que era considerado el dios más feo del Olimpo; o pudo haber sido al contrario, el dios de los herreros encontró en la sierva de su esposa el consuelo ante las infidelidades y desamor de su mujer. Las hijas de esta relación fueron: Eutena (prosperidad), que se oponía a la daimona Penia (la pobreza)), Euclea (honorabilidad) representaba la reputación de la casta novia; Eufemia (aclamación) se oponía a Momo, daimón de la critica; y Filofrosia (amabilidad); todas estas ninfas como sus nombres indican personificaban y glorificaban a la amistad y las relaciones (sociales).

Las Musas – Señoras de las artes

Las Musas (recuerdos/memorias) son el último de los grandes grupos colectivos, en sus inicios (la era de los titanes) señalan Pausanias (geógrafo griego del siglo II d.C.) y Plutarco (filosofo griego del siglo I d.C.) que eran tres. Estas musas originales son llamadas hoy como las Musas Mayores, ellas presidían sobre la música, el canto y la danza; y representaban los requisitos que tenía que tener el artista para poder realizar el acto de crear una composición; se requería de Mnemea (recuerdo) para recordar los pasos y las notas; de Meletea (práctica) para ejecutar la obra, y finalmente Aoide (canción/ritmo) para que lo ejecutado fuera armonioso y agradable.

Y mientras estas tres musas eran adoradas en el monte Helicón en la región de Beocia (Grecia central); más al sur en Delfos se las hablaba de las Musas Apolonidas, son descritas como hijas de Apolo, dando a entender con esta genealogía que las Musas sólo surgieron con los dioses y nacieron de la inspiración del dios de las artes. Ellas eran: Boristenis (una hija del río Boristenes, en Escitia, las tierras al norte del Caucaso); Cefisis (una hija de Cefiso, río que corría por Beocia y padre de muchas ninfas, ademas del joven Narciso), y Apolonis (aquí una hija de Apolo), forman una trinidad que también se identificaban con los nombres de: Nete, Mese y Hipate; nombres usados en la antigua Grecia para referirse a los acordes bajos, medios y altos de la lira. Así esta segunda trinidad de musas originales estaba íntimamente vinculada a las nociones de ritmo, métrica y armonía musical; pero también vinculadas a las fuentes y los ríos. Otros poetas incluirían luego nombres como: Arche (inicio/palabra) y Telxinoe (encanto/música), sustituyendo alguna de las otras, o elevando a cuatro y/o cinco la cantidad de estas primeras musas.

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Luego vino la evolución, los titanes cedieron el paso a los dioses olímpicos, y con ellos una nueva y definitiva generación de Musas. De todas aquellas originales sólo sobrevive Mnemea, ahora conocida como Mnemosine (memoria); y es puesta en los mitos como la última de las titanesas, las hijas de Gea/Gaya y Urano.

Mnemosine actuó en este desarrollo como una diosa triple al fusionar en una sola las tres Musa Mayores. Ella dio a sus hijas el secreto de las palabras, entregando así a la humanidad (y a los dioses) el regalo de lengua hablada. Hoy es la diosa de la cultura, la lengua, y madre de las artes sociales; como una diosa del tiempo representaba la memoria oral de los pueblos antes de la invención de la escritura.

Mnemosine era también una diosa vinculada a los oráculos, estando su culto en Trofonios, en la región de Beocia; actividad que compartía con varias de sus hermanas: Thea (visión) que tenía culto en la región de Ftiótide; Febe (intelecto) en el oráculo más famoso de la antigüedad en Delfos, en la región de Focide; Temis (costumbre) tenía culto en Icanai, en la región de Tesalia; y Dione (aquí equipara a una titanesa, pero normalmente es una oceánide) en el segundo oráculo más famoso, en Dodona, en la región de Epiro.

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En la tradición (Hesiodo y Homero), Mnemosine se convertiría en madre indiscutida con Zeus de las nueve grandes Musas del mundo clásico. Esta cantidad es tres veces una trinidad de diosas (a diferencia de los otros grupos antes vistos) y representaría la mayor evolución en cantidad entre los grupos de diosas colectivas; dejando atrás a la música, el canto y la danza, las Musas olímpicas incorporarían otras artes sociales, entre ellas las formas literarias, las artes escénicas (teatro), e incluso la ciencia y filosofía; convirtiéndose en no sólo inspiradoras de los artistas, sino también de aquellos que buscaban el saber y el conocimiento; y son todas ellas una representación de la cultura en todas sus formas.

Vinculadas a la música, el canto y la danza tenemos a: Erato (amorosa) es la diosa de la poesía lírica; lleva una pequeña lira entre sus manos, y desde el Renacimiento es representada coronada con mirtos y rosas, donde suele ser acompañada por un pequeño cupido; dando a entender que es la señora de las canciones de amor; hoy la vemos como la diosa del canto en general, patrona de los cantantes. Euterpe (placentera), diosa única de la música, su símbolo la flauta va en armonía con su nombre; y finalmente Terpsicore (deleitable) es la diosa indiscutible de la danza; en la antigüedad era también la musa de los cantos corales que acompañaban a los danzantes; la señora de la danza fue para algunos una ninfa que habitaba los ríos y los bosques, indicando su origen en el encuentro con lo sagrado; con el tiempo se volvió más profana; y paso a ser parte de las diversiones públicas, de lo popular y de las relaciones sociales, estando hoy vinculada al acto de pertenecer a un grupo.

Señoras del teatro y las representaciones escénicas son: Talia (alegre), es la señora de las comedias, la poesía idílica y la poesía bucólica (cantos de pastores), durante el medievo inspiró la Comedia del Arte y lo burlesco, esto es exageración en la burla a las costumbres. Su hermana, Melpómene (melodiosa), que es la segunda diosa de las obras del teatro; inspira las tragedias, donde se narra la lucha de los grandes héroes contra su destino. Ambas hoy rigen juntas sobre toda obra teatral, incluidas las tragicomedias, las obras dramáticas y la opera; podemos imaginarlas como las protectoras e inspiradoras de todos los actores y actrices, no sólo del teatro, sino del cine y la televisión.

Dentro de las artes escritas tenemos a: Calíope (elocuente), es como indica su nombre, es diosa de la elocuencia, que es el arte de expresarse en público de forma fluida, elegante y persuasiva; era representada escribiendo con una pluma; es la diosa que inspiró en la antigüedad la poesía épica, donde se narran las obras de los héroes, los grandes mitos y las leyendas; en el medievo dio apoyo a las historias de caballería y cantares de gesta; hoy es vista como la diosa de los relatos, del cuento y la novela; señora de la ciencia ficción y las historias fantásticas. Por otra parte, Urania (celeste), es la diosa de la poesía didáctica, de la filosofía y del conocimiento; su nombre, herencia de su bisabuelo, el dios del cielo estrellado, Urano; la pone como la majestuosa y elegante musa de la astronomía, quien protege a los que buscan el saber y los guía en su camino hacia el cielo, tanto espiritual, como intelectualmente; durante el Renacimiento se convirtió en la musa de poetas (filósofos) cristianos; sus símbolos la esfera (el mundo) y el compás la vuelven la diosa de la matemáticas y de las ciencias exactas, y por ello en la modernidad es vista también como la diosa del conocimiento científico.

Finalmente las que recuerdan la herencia de los pueblos, ellas son: Clio (alabadora), es la diosa de la historia, las que escribe las epopeyas e inspira la poesía heroica; su símbolo es un libro, donde señala que la historia abarca todos los lugares y todas las épocas; además se la representa coronada con laurel; acompañada de Polimnia (muchos himnos), en la antigüedad era la diosa indiscutible de los cantos sagrados que daban para alabar a los dioses; se la representaba con un velo (para indicar lo sagrado) y llevando uvas; ya que además de inventar la lira, se la pone como una diosa de la agricultura; y por ello para algunos era la musa de la geometría (el arte de medir); en la edad media dio inspiración a los cantos litúrgicos; hoy celebra con su fuerza a los himnos de las naciones, las odas y las marchas militares. Es también la diosa de la meditación y la auto-regulación; la musa moderna de la pantomima, la mímica.

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Los mitos dice que las Musas nacieron cerca del monte Helicón, fueron (como se puede ver con Terpsicore y Polimnia) originalmente unas ninfas de las fuentes y la fertilidad de los campos (similares a las Horas y las Gracias); y como su madre, diosas de las oráculos vinculados a las fuentes. [Esta imagen las compara con otras ninfas como las Apsaras, diosas de las nubes en la mitología Hindú; que hermosas y elegantes jóvenes, grandes en el arte de bailar; y esposas de los Gandharvas, los músicos de la corte de Indra; las Camenas romanas, cuatro ninfas de las fuentes y la profecía; y las Volvas, brujas videntes en los mitos nórdicos, que eran incluso consultadas por los dioses]. Es esta relación entre los oráculos y el canto lo que convirtió a las Musas en siervas y compañeras de Apolo; dios de las artes y de los oráculos. Ellas se trasladaron de su sede original en Helicón a las tierras donde estaba el oráculo de Delfos, y establecieron en el monte Parnaso su residencia oficial (aparte la del Olimpo mismo). Como ninfas inspiradoras, y en parte debido a su conexión con el dios profético de Delfos, ellas instruyeron a Aristeo (un hijo de Apolo) en el arte de profecía.

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Varios se atrevieron a disputarles a las Musas su primacía en las artes del canto; entre ellas están las Pierides, (en los mitos hijas del rey Pierus de Emantia, Macedonia, primer adorador de las Musas, ya que se decía que sus padres se habían casado en sus tierras). Las nueve chicas se atrevieron a competir con las Musas, siendo el lugar de la contienda el monte Helicón; pero mientras las Musas cantaron sobre los amores y desamores de los dioses; las Pierides hablaron de las infidelidades y las cobardías de los mismos; Atenea y Apolo que estaban como jueces dieron vencedoras a las Musas, y ellas castigaron a las rivales convirtiéndolas en urracas.

Otras que se atrevieron a competir contra ellas fueron las Sirenas (hijas del río Aqueolo); las Musas tras vencer a las rivales las desplumaron [las Sirenas griegas originales eran seres con cuerpo de ave y rostro humano].

Tamiris, un cantante de Tracia y nieto de Apolo, se dice que fue el primero en tocar la citara sin usar acompañamiento de la voz (música al estilo dórico). Se atrevió a competir con las Musas; si ganaba iba a acostarse con todas ellas; pero como suele ocurrir, ellas estas tras vencerlo lo castigaron dejándolo ciego y mudo; recordando que los dones que dan los dioses también pueden ser quitados. Tamiris figura como un alumno de Lino (un hijo de Apolo) y se le pone como uno de los primeros amantes de Jacinto (un hijo de la musa Clio, y amante de Apolo); siendo con esta relación el primer hombre que se acostaba (en los mitos) con otro hombre, eso hasta entonces era algo sólo reservado a los dioses.

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Como jueces las Musas juzgaron el concurso de canto de varios inmortales, entre ellos la disputa entre Apolo y Marsias, un sátiro hijo del monte Olimpo, que se atrevió a retar al dios a competir tocando un instrumento musical. Las diosas de las artes otorgaron ganador a Apolo, quien venció al rival a invertir la lira, cosa que no era posible con el aulós (una flauta doble) que usaba su rival. Apolo castigó a aquel que se atrevía a competir con un dios desollándolo vivo. La piel fue colgada luego de un pino y la sangre derramada por la víctima dio origen al río Marsias, afluente del río Meandro en Frigia (Turquía occidental); aunque otros dicen que el río surgió por los llantos y las lagrimas de dríades y sátiros que acompañaban a su compañero, y el dolor por verlo morir de esa forma.

También el monte Helicón y el monte Citerón (Sileno) tuvieron una competencia de canto; el ganador fue el segundo y Helicón furioso con el resultado agarro un gran peñasco y lo rompió en mil pedazos, explicado el por que este monte tiene tantas piedras sueltas en sus laderas. Las Musas, seguramente cansadas de mal y cambiante humor del monte se mudaron luego al Parnaso.

Entre los compañeros de las Musas se citan a Crotos, un joven sátiro hijo de Aganipe (apasible) [también llamada Eufemia (aclamación), quien era una hija del monte Helicón, y fue niñera de las Musas]. Crotos quien tras escuchar a las Musas se unió a ellas tocando los tambores (para otros invento los aplausos) y las siguió hasta llegar al Parnaso. Según los mitos Crotos era un gran cazador en los bosques, y a su muerte fue subido a los cielos, a petición de las Musas, como la constelación de Sagitario. [mitos posteriores pusieron un centauro en donde antes había un sátiro].

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Por lo general las diosas colectivas rara vez tienen descendencias; o en caso de tenerlas es difícil decir quién es hijo de quién; a las Musas se les atribuyen algunas maternidades; aunque poetas distintos ponen a madres distintas para los hijos de estos colectivos. Entre los hijos más famosos de estas diosas se citan:

Jacinto era un príncipe espartano hijo de la musa Clio (la paternidad es en este caso dudosa). Era un chico hermoso y fue pretendido por el dios Apolo y el viento Céfiro (o en otras versiones por Boreas). Este ultimo al ser rechazado por el chico, en unos entrenamientos deportivos sopló con tal fuerza que un disco lanzado fue directo a la testa del joven efebo, matándolo en el acto. Apolo convirtió la sangre derramada en la flor que lleva su nombre y rompió las alas del viento de manera que nunca más pudo volar tan rápido, transformándolo en una suave brisa. [Jacinto, señalan algunos, parece haber sido un mito pre-helenico y con su muerte se hacía la fusión con culto a Apolo; similar a lo ocurrido con Palas (la hija de Tritón) y Atenea]

Lino es hijo de Apolo y la mayoría de las veces le dan como madre a Urania; se le atribuye la creación de la poesía lírica; fue maestro de Orfeo, Tamiris y del propio Heracles, quien en una rabieta por ser regañado cuando niño por su mal desempeño musical lanzó la lira contra la cabeza del maestro, matándolo.

Orfeo es el hijo más famoso de las Musas, es hijo de Apolo, y generalmente se le atribuye la maternidad a la musa Caliope. Fue alumno de su hermano Lico, quien le enseño a tocar la lira y luego este inventó la cítara, una lira con nueve cuerdas en lugar de las siete de la lira tradicional. Se dice que era excepcional en el canto y que con su voz podía encantar a las bestias. Fue compañero de los Argonautas y con sus cantos silenció el canto mortal de las Sirenas. Su mito más importante fue su amor por la ninfa Eurídice (justa), quien murió al ser mordida por una serpiente tratando de escapar de Aristeo, quien también pretendía a la ninfa.

Orfeo se lamenta la muerte de la amada y desciende al inframundo a recuperarla; con su música y canto puede convencer a Caronte de cruzar la Estigia, dormir a Carcerbero y ser recibido por los reyes del inframundo. Estos aceptan, al escuchar sus cantos, que la amada regrese al mundo de los vivos, siempre y cuando Orfeo camine adelante y no se voltee a mirar atrás hasta haber salido del reino infernal. Orfeo acepta el trato, y tras haber cruzado primero y no esperar lo suficiente se voltea; ella aún no ha cruzado la barrera que separa los mundos, regresado inmediatamente al reino de los muertos. Es esta ida y regreso del mundo de los muertos lo que dio origen a la versión órfica de los mitos; ya que según los mitos Orfeo comentó en sus cantos lo que había visto por aquellos lados.

Orfeo destrozado vaga por la tierra hasta que se cruza con un grupo de bacantes adoradoras de Dioniso, quienes en un frenesí lo descuartizan. Otras versiones dicen que Afrodita castigó a Orfeo porque después de lo que pasó con Euridice sólo tuvo amantes varones, seguramente recordaba los tiempo cuando él y Tamiris eran alumnos de Lico. La diosa hizo que todas las mujeres de Tracia lo desearan, y pelearon por él hasta descuartizarlo. La lira del cantante fue colocada en las estrellas (la constelación de Lyra) y los restos del cantante fueron recogidos por sus tías y madre, siendo enterrados en las ladera de monte Olimpo.

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Las Sirenas son puestas como hijas del mayor río de Grecia, el río Aqueolo y su maternidad es atribuida por la mayoría de los poetas a la musa Melpómene, aunque como ocurre con los anteriores casos, a otras Musas le achacan la maternidad de estas ninfas. Como diosas colectivas las Sirenas tuvieron en los mitos varios nombres; siendo entre los griegos la triada: Thelxiope (encantadora), Aglaope (espléndida) y Molpe/Peisinoe (mareante/enloquecedora); aunque los romanos las identificaron como: Partenope (voz de doncella), Leucosia (blanca) y Ligeia (claros tonos).

El mito de las Sirenas se vincula en sus inicios al secuestro de Perséfone por parte de Hades. Las Sirenas eran parte del grupo de ninfas que estaban al cuidado de la joven diosa. Tras su desaparición, Demeter las castigó por su falta transformándolas en aves con cabeza humana, y las mandó a buscar a su hija. Así las Sirenas volaron hasta alcanzar las costas italianas del mar Tirreno, estableciéndose en unos islotes cerca de donde esta hoy la ciudad de Nápoles.

Desde el lugar donde se establecieron con sus cantos encantaban a los marinos y los llevaban a sus islotes, lugar donde los devoraban (cuales aves de carroña, y comparables a las Arpías, no solo en apariencia, sino en gustos culinarios). Sólo dos naves pudieron escapar a su encantos: los Argonautas se salvaron de sus cantos por que la música de Orfeo superó a sus voces embriagadoras; y la nave de Odiseo; quien puso cera en los oídos de sus marinos, dejándolos sordos, pero él mismo se hizo atar al mástil para escuchar los cantos de estas aves canoras. Las Sirenas al ver a un hombre oír su canción y aún así resistírseles, se angustiaron de tal forma que se arrojaron al mar y se ahogaron finalmente.

Cosmogonía (2) El reinado de la noche y los hijos de la tierra

Antes de los dioses, fueron los titanes y los gigantes, y antes de ellos las sombras y la oscuridad. El reinado de Cronos estaba maldito desde sus orígenes; pese a ser un periodo de eterna primavera y belleza, sin males y enfermedades, sin guerras y peleas entre los hombres; por algo esa fue la Edad de Oro de la humanidad, pero duro muy poco; el tiempo de los titanes sobre trono del mundo acabó realmente muy pronto; y ello fue culpa de la pelea de sus padres (Gea/Gaya, la Tierra y Urano, el cielo).

Pero vamos al principio del Caos, que sumimos como un vacío y la nada, era en realidad para los griegos igual a decir ‘gas‘, esto es un aire amorfo, oscuro y mezclado del que surgirían por si solos: Nix, la diosa de la Noche, Erebo/Skoto/Escoto, el dios de la oscuridad y Tartaro, el ardiente y oscuro submundo. Del Caos nacerá también Eros (el amor, no confundirlo con el joven Eros=Cupido, hijo de Afrodita) que provocaría la unión de los primeros o protogenos y sería el motor de la creación misma. Caos y Eros serían los creadores de todas las aves (según la comedia de Aristófanes titulada ‘LasAves‘).

Tartaro

Movidos por Eros; Nix y Erebo será padres de Éter (el cielo azul y dios la luz) y Hemera (la diosa de la luz del día y del amanecer), esta pareja fueron a su vez los padres de la diosa Thalassa/Talasa (la mar, en versión femenina); quien crearía a los peces y otras formas de vida marina. Nix y Erebo serán los padres de una serie incontable de daimones y espíritus, destacándose: Fatum (el destino, quien escribe en su libro de hierro el hado de dioses y mortales), Caronte (el barquero de las almas), Thanatos/Tánatos e Hipnos (gemelos y dioses respectivos de la muerte y el sueño), Geras (el daimón de la vejez), Eris (diosa de la discordia), Némesis (diosa de la envidia y el castigo), Oizys (daimona de la miseria); Momo (daimón del desenfreno), Atape (daimona del engaño y e fraude) y Hespero (diosa del atardecer y madre de las Hesperides con Atlas), entre muchos otros.

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Eris es quizás la que más descendencia tuvo, incluye entre sus hijos otra serie de daimones oscuros como: Ponos (daimon del trabajo agotador), Limos/Fame (daimona del hambre), Disnomia (la anarquía), Ate (la ruina) y Orco (el daimón que castiga de las promesas inclumplidas).

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Por otra parte las Moiras o Parcas eran tres brujas hiladoras del destino; Cloto (la hiladora), Laquesis (la de la suerte) y Atropo (la inevitable) representan respectivamente el nacimiento, la vida y la muerte; imaginadas como la que da origen al hilo desde la rueca, quien lo sostiene y quien lo corta; ellas sustituyen en muchas formas a otros dioses de la muerte (Thanatos y las Keres (espíritus de la muertes violentas)), que quedan a su servicio; y se complementan en funciones con Fatum el señor del destino. Al ser hijas de Nix y Erebo no estaban atadas a las ordenes de los dioses olimpicos, y su poder era tan grande que eran temidas por hombres y dioses; por ello en algunas versiones se las pone como hijas de Zeus y la titanesa Temis, volviéndose así hermanas de las Horas (diosas de la justicia y la ley); y por tanto eran repartidoras de bien y mal por igual, aquí bajo las ordenes de Zeus.

 1

Moiras

Sin embargo Nix no fue la única fuerza creadora, tuvo competencia, otra en igual tamaño, pero mayor en peso y solidez, la gran fuerza creadora en esos primeros tiempos fue Gea (Gaya, la tierra); que se engendró a si misma del Caos; de su vientre nacerán sin intervención de un compañero: los Oureas (las montañas), que a su vez serán los padres de las ninfas oreiades (dríades de pinos y coníferas) y de todas las razas de sátiros y faunos. Seguidamente Gea engendró sola a Ponto (el mar en versión masculina) y finalmente a Urano (el cielo estrellado).

Urano-

Ponto _+

Gea movida por Eros tuvo amores con Eter y de esta relación nacerán más daimones, destacan: Dolos (daimón del engaño), Leteo (la diosa del río del olvido en el inframundo), Algos (daimona de la pena y la angustia), Lisa (daimona de la ira), Pento (daimón de la tristeza), Poine (daimona de las represalias) y Aergia (daimona de la pereza), entre muchos otros.

Luego Gea se unió con su hijo Ponto, a quien le dio cinco vástagos; tres dioses marinos conocidos como los ancianos del mar: Nereo (húmedo), Forcis (del mar) y Taumante (maravilloso), regentes respectivos de las costas, el mar profundo y las tormentas marinas; así como a dos hijas: Euribia (fuerte) y Ceto (monstruosa), que regían sobre los vientos y los monstruos marinos.

El amor de Gea sin embargo fue alguien con igual fuerza y poder, Urano. Con este gigante tuvo seres de colosal tamaño; los primero fueron los Hecatónquiros: Briareo, Giges y Coto (todos nombres que traducen ‘fuerte’); seres descritos con cien brazos, primitivos dioses de las tormentas y los ciclones; siguieron los cíclopes ctónicos: Brontes, Estéropes y Arges (trueno, relámpago y rayo) que representaban el poder de las tormentas eléctricas, y finalmente los Titanes; todos ellos seres gigantes y terribles que preocuparon a Urano, quien los encerró en el vientre de su madre.

Gea cansada de la presión en su vientre finalmente se atrevió a pedir ayuda, siendo escuchada en su interior por Cronos, con quien conspiró para salir del yugo de Urano. [A diferencia de la versión egipcia, donde la diosa del cielo (Nut) y el dios de la tierra (Geb), estaban tan juntos que no dejaban espacio a la creación (el nacimiento de los dioses) y fueron separados por su padre Shu (el aire); aquí, como en la versión polinesia, son los hijos lo que separan a sus padres]. Cuando Urano descendió sobre Gea; cuatro de los hermanos de Cronos sujetaron al gigante por brazos y piernas, mientras Cronos, armado con la hoz dada por su madre, castraba a su padre.

La sangre derramada por Urano cayo a la tierra y dio origen a la raza de los Gigantes, a las Ninfas Melias (dríades de los fresnos, siendo la más importante Melia (miel) y sobre ella hablaremos luego), y a las tres Erinias o Furias (diosas de la venganza y las maldiciones). Como ocurre con las Moiras, las Erinias también fueron vinculadas a la noche (Nix), Tisífone (castigo), Megera (grito/celosa) y Alecto (implacable) llegaron a este mundo para castigar los delitos de sangre y terminaron fusionándose en apariencia a otras deidades colectivas con funciones similares, sus cabellos de serpientes las igualaban a las Gorgonas, su apariencia de ancianas las igualaba a las Grayas/Greas; decidir la muerte de mortales las comparaba a las Moiras, por sus alas de dragón se parecían a las Arpías, y así sucesivamente. Algunas versiones ponen a estas deidades como hijas de Gea y Erebo; justificando su carácter ctónico y el vivir en la oscuridad. Los dioses se muestran hacia ellas una profunda, repulsión mezclada con temor reverencial; mientras que los hombres las temen pavorosamente y huyen de ellas. Su sed de venganza inagotable fue terminada por Atenea, cuando en el juicio a Orestes (por el asesinato de su madre, porque esta mato a su padre) la diosa señala que sobre la venganza esta la justicia y para apaciguar a las Erinias le concede el titulo de las Euménides (las benevolentes).

La ultima de las ‘hijas’ de Urano fue cuando su sangre derramada cayo sobre el mar (Ponto) y se mezclo con la espuma, así nació la diosa del amor Afrodita (aunque versiones posteriores ponen a Afrodita como hija de Zeus y una oceanide llamada Dione (diosa), una forma de que ninguno de los dioses del Olimpo estuviera sobre el rey Zeus).

La muerte posterior de los gigantes por los dioses provocó que Gea conspirara contra su nieto Zeus, con ayuda de Hera; y acostándose con Tartaro fue madre de Tifón (como su nombre indica una monstruosa tormenta, mayor en tamaño y fuerza que la de los Hecantoquiros). Aunque este no fue el único hijo de esta pareja antigua; figuraba previamente Campe, una deidad ctónica vinculada a las aguas, descrita como un monstruo o dragón marino, similar a Ceto o a su hija Equidna (con quien a veces es equiparada y por ello algunos ponen a Equidna como hija de Gea y Tartaro).

[Este demonio femenino era equivalente al dragón Tiamat de los pueblos mesopotámicos o a la serpiente Leviatan de los semitas. La tradición señala que Cronos había puesto a esta media hermana a cuidar las puertas del Tartaro, donde había encerrado a los Hecantoquiros y los Cíclopes ctonicos; y ella fue muerta por Zeus cuando los liberó; igual como cuando Marduk vence a Tiamat, o Baal al Leviatan].

Campe

Pese a perder a Urano, Gea, la más fértil de todas las creaciones antiguas siguió dando hijos e hijas, se le atribuye con su hijo, el titán Océano, la maternidad de Ananké (la necesidad o lo inevitable), que sería el motor de todo lo que vendría, con Chronos (Eón, un primitivo dios del tiempo) esta diosa (Anenké) daría movimiento a los cielos, que hasta entonces fueron estáticos.

Con su nieto Poseidón fue madre del gigante Anteo (hostil) y la ninfa Caribdis (succionadora). Sin saber quien es el padre, se atribuya a la diosa la maternidad de Argos, el gigante de los cien ojos, que Hera usaba como guardián y que fue muerto por Hermes. Se le atribuye la maternidad (sin padre) de las ninfas: Melete (práctica) y Aiode (canto), quienes acompañadas posteriormente de la titanesa Mneme (Mnemoside = memoria), junto a otros sátiros y ninfas, todos formaron el conjunto de las musas en la era de los titanes.

Cuando la joven Elara, como tantas otras violada por Zeus, corrió a ocultarse bajo tierra para escapar de furia de su padre; ahí tuvo a Ticio (ayudada por Gea), quien lo convirtió en un gigante que finalmente fue enviado al Tartaro por Apolo y Artemisa cuando intentaba violar a Leto. Y cuando el semen de Hefesto, que intentaba violar a Atenea, cayo sobre la tierra (Gea), nació Erictonio (nacido de la tierra), el primer rey de Atenas; un ser descrito con torso humano y la parte inferior de serpiente.

Feme

El último intento de Gea de vencer o castigar a los dioses lo tuvo con la última de sus hijas que engendro por si sola, o con Océano (Hydro). Feme (fama, rumor) era una criatura alada de inaudita rapidez para cumplir su misión; tenía un ojo detrás de cada pluma y una lengua por cada ojo que repetía sin cesar todo aquello que aprendía; sus ojos nunca se cerraban, por lo que Feme no le afectaba el poder de Hipno (sueño). Ella se encargaba de extender los rumores y los hechos de los hombres y dioses, sin importarle si éstos eran ciertos o no, justos o falsos. Como no era una criatura infernal, habitaba entre las nubes, provocando desórdenes y malentendidos entre dioses y mortales; por este motivo no era bien recibida en el Olimpo. A pesar de los problemas que causaba en todas las ciudades, Feme era querida por gran parte de la población, porque era la que se encargaba de que los hechos de los héroes fueran conocidos, y de abrir al conocimiento público las grandes gestas y las desgracias de los pueblos, fomentando la comunicación. Por esto era invocada a menudo por aquellos que estaban orgullosos de sus actos, que apelaban a su fama para hacerse notar y distinguirse del resto.

Protogenos y la familia de la Noche

A Gea se le atribuyen ademas la creación o generación de algunos monstruos, el primero fue la gran serpiente Pitón que nació del barro que creo la inundación que mató a los hombres de la Edad del Bronce y que fue muerta por Apolo cuando Hera envió a la sierpe a acabar con Leto y sus hijos. El segundo fue el escorpión; el tamaño de esta bestia es discutible, mas no las causas de su origen; cuando Orión amenazó con cazar a toda bestia, molesta Gea creó al escorpión que mato al gigante; seguramente en un principio se trató de un escorpión de similar tamaño a los actuales, que llegó sin ser visto donde el cazador y trepando sobre su pierna lo pico con su mortal veneno; otros sin embargo señalan que se trataba de un enorme monstruo con el cual Orión no pudo; y tras la muerte del cazador, Gea puso en los cielos bien grande al escorpión (escorpio) como recordatorio visible de que el pecado contra las criaturas de la madre tierra se paga muy caro, y Orión, por solicitud de Artemisa, que era la diosa del cazador, Zeus lo puso en los cielos en las antípodas del escorpión, de manera que nunca son visibles al mismo tiempo Orión y Escorpio.

Descendencia de Urano

Eris, el planeta de la discordia

En enero del 2005 el equipo norteamericano de astrónomos Michael Brown, Chad Trujillo y David Lincoln Rabinowitz descubren a partir de imágenes tomadas en octubre del 2003 la existencia de un nuevo planeta. El anuncio el día 29 de Julio de 2005 por otro grupo en España del descubrimiento de un cuerpo celeste llamado 2003 EL61 (hoy Haumea), llevó al grupo norteamericano a acusar el grupo español de falta de ética y obligarlo a anunciar, de forma precipitada, su descubrimiento de 2003 UB313 (Eris) y de 2005 FY9 (hoy Makemake), provocando confusión en la prensa por la serie de descubrimientos importantes a la vez.

A pesar de haber sido descubiertos previamente grandes objetos en el Cinturón de Kuiper, eran todos menores en dimensión cuando se les comparaba con Plutón. Por el contrario, Eris se reveló mayor que el propio Plutón (unos 2400 km contra los 2350 de Plutón), lanzando el debate sobre su categoría como décimo planeta, tal como era pretendido por sus descubridores. Eris resultó ser el mayor cuerpo celeste conocido más allá de la órbita de Neptuno, mayor que Plutón. Tal como Plutón, está compuesto de una mezcla sólida de hielo y roca. Ambos pueden ser vistos como objetos del Cinturón de Kuiper o como planetas helados, por llegar a la frontera exterior del cinturón se piensa que Eris se había formado en la parte interior del cinturón, pero posteriormente fue expulsado a una órbita más distante debido a una posible influencia gravitacional con Neptuno.

Eris tiene un período orbital de unos 560 años y actualmente se encuentra casi a la máxima distancia posible del Sol (afelio), a unas 97 unidades astronómicas (1 UA = distancia de la Tierra al Sol). Igual que Plutón, su órbita es muy excéntrica y en su perihelio de 35 UA entra dentro de la órbita de Plutón (la distancia de Plutón al Sol varía entre 29 y 49,5 UA, mientras que Neptuno órbita a unas 30 UA). Al contrario que el resto de los planetas gira en un plano de 44° respecto a la elíptica.

Eris (cuya denominación provisional fue 2003 UB313) tuvo problemas en ser nombrado; para ese entonces, con la aparición de varios cuerpos de tamaños similares a Plutón se volvía a discutir si este y todos esos cuerpos podían ser llamados propiamente planetas.

Michael Brown apodó al planeta con el nombre “Xena“, personaje de una serie televisiva: “Xena, La Princesa Guerrera“; pero la posibilidad de ser un planeta obligaba a un nombre de la mitología griega. Se barajaron varios nombres, entre ellos Perséfone/Proserpina, la mujer de Hades/Plutón; finalmente la Unión Astronómica Internacional escogió casi por unanimidad el nombre de Eris, nombre de la diosa griega de la discordia que según la mitología inició con sus acciones los acontecimientos que llevarían a la guerra de Troya.

Este nombre le fue otorgado al planeta debido a que su descubrimiento produjo un tenso debate sobre la definición de planeta. Otros aspectos ayudaron, su brillo ceniciento producto del metano helado, indicaba que la superficie de Eris era bastante similar a la de Plutón y su satélite Caronte y el satélite de Neptuno, Tritón (que es para mucho por su movimiento contrario a la rotación del planeta un objeto del Cinturón de Kuiper capturado por Neptuno); ser descubierto en la constelación de Aries (regida por Marte, el dios de la guerra) reforzó la idea ante la comunidad de la llegada de la compañera/hermana de Ares/Marte a los cielos.

El 10 de septiembre de 2005 el equipo norteamericano descubre que Eris tiene un satélite; conocido como S/2005(2003 UB313)1 fue apodada inicialmente como Gabrielle, una barda compañera de la guerrera Xena en la serie televisiva; y finalmente llamado Disnomia, una hija de la diosa griega Eris. El diámetro de Disnomia se estima en torno a los 350 km, cerca de un octavo del diámetro de Eris. Disnomia, era la divinidad de la anarquía. Como dato la actriz que daba vida a Xena era Lucy Lawless, cuyo apellido (Lawless) significa en inglés “sin ley = en estado de anarquía”.

La gran disputa

La palabra planeta eran para los antiguos sinónimo de errante; estrellas que se movían contra el fondo fijo de estrellas en la noche. Hasta principios de la década de 1990, había poca necesidad de una definición, ya que los astrónomos sólo tenían una muestra pequeña del Sistema Solar con la que trabajar, y ésta era lo bastante pequeña para que sus muchas irregularidades se pudieran abordar individualmente. Sin embargo, desde 1992 y el descubrimiento de una miríada de mundos pequeños más allá de la órbita de Neptuno, planteó la necesidad de una definición de planeta más precisa. El problema llegó a un punto crítico en 2005 con el descubrimiento de Eris, un cuerpo mayor que el más pequeño de los planetas aceptados hasta entonces, Plutón.

Los inicios de estos problemas se remontan a la Ley de Titius-Bode; dada en 1766 por Johann Daniel Titius y en 1772 Johann Elert Bode; aunque algunos dicen que el primero en proponerla fue Christian Wolff en 1724. La ley es una fórmula simple que permite calcular distancias de los planetas en (AU); y la expresión tiene la forma:

a = (4+K)/10; K = 0, 3, 6, 12, 24, 48, 96, ….

Ello da origen a la siguiente tabla:

Planeta n 2n K=3×2n Distancia Calculada (a) Distancia real (UA)
Mercurio 0 0,4 0,39
Venus 0 1 3 0,7 0,72
Tierra 1 2 6 1,0 1,00
Marte 2 4 12 1,6 1,52
Ceres 3 8 24 2,8 2,77
Júpiter 4 16 48 5,2 5,20
Saturno 5 32 96 10,0 9,54
Urano 6 64 192 19,6 19,20
Neptuno No aplica 30,06
Plutón 7 128 384 38,8 39,44

El descubrimiento de Urano por William Herschel en 1781, que estaba a 19,20 UA, no hizo más que confirmar la ley publicada sólo tres años antes y llevó a pensar que en el quinto lugar, a 2,8 UA faltara un planeta. Finalmente, en 1801, Ceres, un mundo tan pequeño que casi era invisible para los telescopios de la época, fue hallado justo en el lugar correcto del espacio. El objeto fue declarado como planeta. Luego, en 1802, Heinrich Olbers descubrió Palas, un segundo “planeta” más o menos a la misma distancia del Sol que Ceres. La idea de que dos planetas pudieran ocupar la misma órbita fue una afrenta al pensamiento de la época. Unos años después se descubrió otro mundo en una órbita similar, Juno. A partir de entonces los descubrimientos se aceleraron. William Herschel sugirió que se les diera una clasificación separada a estos mundos, llamarlos asteroides, que significa “parecido a una estrella“, ya que eran demasiado pequeños para que tuvieran una forma esférica.

Posteriormente se han añadido a la serie los planetas Neptuno y Plutón, pero en estos casos no se ha cumplido la ley, ya que aunque le corresponderían las posiciones de 38,8 UA y 77,2 UA las posiciones reales han sido de 30,0 y 39,4, aunque los que tienen una fe ciega en la ley de Titius-Bode han llegado a sugerir que el siguiente planeta de la serie debería ser Plutón (38,8 que es casi igual que 39,4) y que en realidad Neptuno es un intruso, un planeta que se ha salido de su órbita y se ha colocado en un lugar que no le correspondía.

El largo camino seguido por Ceres desde la consideración de planeta a la pérdida de tal está reflejado en la historia de Plutón, que fue designado como planeta poco después de su descubrimiento en 1930. Plutón era una anomalía: un mundo pequeño y helado en una región de gigantes gaseosos con una órbita que lo eleva muy por encima del plano de la elíptica e incluso lo introduce dentro de la órbita de Neptuno. Sin embargo, era único, que se supiera. Luego, a principios de 1992, los astrónomos empezaron a detectar un gran número de cuerpos helados más allá de la órbita de Neptuno que eran similares a Plutón en tamaño y composición. Concluyeron que habían descubierto el hipotético cinturón de Kuiper (a veces llamado cinturón de Edgeworth-Kuiper), una franja de escombros helados que es la fuente de los cometas de “periodo corto” como el Halley, con periodos orbitales de hasta 200 años.

La órbita de Plutón atraviesa este cinturón y su estatus de planeta se puso en duda. Se repetía lo ocurrido a Ceres. La cuestión no gustó mucho a los norteamericanos, ya que Plutón era el único “planeta” descubierto por los estadounidenses. Mike Brown, sugirió que debería redefinirse “planeta” como “cualquier cuerpo del sistema solar que tenga más masa que la masa total de todos los demás cuerpos que tengan una órbita similar”. Pero ya habían varios objetos que se aproximan al tamaño de Plutón, como Quaoar y Sedna, que siguieron minando los argumentos a favor de que Plutón era excepcional en comparación con el resto de la población transneptuniana. El 28 de julio de 2005, Mike Brown y su equipo anunciaron el descubrimiento de un objeto que se confirmó como mayor que Plutón, y sus descubridores (y mucha gente de los medios de comunicación) lo llamaron inmediatamente el décimo planeta.

Varios astrónomos, como Alan Stern, sostenía que el tamaño, y no una órbita única, era el criterio adecuado para definir a un planeta. El límite potencial más debatido es cuando un objeto se hace esférico por su propia gravedad. Muchos astrónomos favorecen esta definición, porque permitiría a Plutón conservar su estatus de planeta. Una definición como esta le daría la vuelta a las nociones convencionales de nuestro sistema solar; ahora se sabe que Ceres, antes un mero punto de luz, es esférico, y por tanto, con esta definición, recuperaría su estatus de planeta. Pero la composición química de un cuerpo espacial (roca o hielo) hace variar su densidad; así tamaño y masa no guardan relación; Ganimedes (luna de Júpiter) por ejemplo es mayor en tamaño que Mercurio; pero tiene menos de la mitad de su masa.

En octubre de 2005, un grupo de 19 miembros de la UAI que ya habían estado trabajando en una definición desde el descubrimiento de Sedna en 2003, redujeron sus opciones a una lista de tres, permitiendo a cada miembro votar a más de una opción. Estas definiciones eran:

(1) Un planeta es cualquier objeto en órbita alrededor del Sol con un diámetro mayor de 2000 km. (once votos a favor) que sería una definición esencialmente cultural/histórica, reconociendo la identidad histórica de Plutón como planeta al establecer un límite arbitrario inmediatamente por debajo de su diámetro. Bajo esta definición, los únicos planetas conocidos de nuestro sistema solar serían los nueve actuales más Eris

(2) Un planeta es cualquier objeto en órbita alrededor del Sol cuya forma es estable debido a su propia gravedad (ocho votos a favor); la segunda proporciona una base más científica para el límite, y también evita el límite de “redondez”. Mediante este criterio, docenas de objetos de nuestro sistema solar serían considerados como planetas.

(3) Un planeta es cualquier objeto en órbita alrededor del Sol que sea dominante en su vecindad inmediata (seis votos a favor). La definición final solo dejaría ocho planetas en nuestro Sistema Solar, quitando a Plutón al estatus de planeta ya que su órbita entra en el cinturón de Kuiper. Quizás por esta razón resultó ser la menos popular.

Como no se pudo alcanzar un consenso general, el comité decidió trasladar el problema a una discusión más amplia, que se debía alcanzar en la Asamblea General de la UAI que se celebraría en Praga en agosto de 2006. La propuesta apoyaba en cierta medida por la segunda opción considerada por el comité en 2005 fue la siguiente:

Un planeta es un cuerpo subestelar que (a) tiene suficiente masa para que su propia gravedad supere las fuerzas de cuerpo rígido de manera que adquiera una forma (prácticamente redonda) en equilibrio hidrostático, y (b) está en órbita alrededor de una estrella, y no es una estrella ni el satélite de un planeta.

No obstante, este borrador no fue el finalmente adoptado por la UAI ya que no limitaba automáticamente el Sistema Solar a 12 planetas (los nueve conocidos, más Ceres, Caronte y Eris). esta definición podría terminar incluyendo a 53 planetas en nuestro sistema, con cientos o incluso miles aún por descubrir. Finalmente, el 24 de agosto de 2006 se llevó a cabo la votación para decidir la propuesta oficial de la UAI, resultando aprobada por unanimidad la propuesta siguiente:

(1) Un planeta es un cuerpo celeste que (a) está en órbita alrededor del Sol, (b) tiene suficiente masa para que su propia gravedad supere las fuerzas de cuerpo rígido de manera que adquiera un equilibrio hidrostático (forma prácticamente redonda) y (c) ha limpiado la vecindad de su órbita.

(2) Un planeta enano es un cuerpo celeste que (a) está en órbita alrededor del Sol, (b) tiene suficiente masa para que su propia gravedad supere las fuerzas de cuerpo rígido de manera que adquiera un equilibrio hidrostático (forma casi redonda) y (c) no ha limpiado la vecindad de su órbita y (d) no es un satélite.

(3) Todos los otros objetos que orbitan al Sol se deben denominar colectivamente “Cuerpos Pequeños del Sistema Solar”.

(4) Aún falta decidir qué separa a un planeta de una estrella enana marrón.

El 13 de septiembre de 2006 el planeta 2003 UB313, apodado Xena y su Luna Gabrielle recibieron por unanimidad su denominación definitiva: Eris y Disnomia. Bastantes problemas y disputas trajo su descubrimiento. Así Eris pasó a ser el planeta menor más grande conocido del Sistema Solar, por delante de Plutón. [Hoy mediciones más precisas ubican el tamaño de Eris en 2320 km; aun Plutón sigue siendo el mayor cuerpo tras Neptuno]

Astrología y mito

Eris es descubierta el 21 de Octubre de 2003, justo cuando el Sol ingresaba en el signo de Escorpio, en ese momento el “nuevo planeta/astro” transitaba a 20º2′ el signo de Aries. Ambos hechos aparentemente casuales conducen directamente al planeta Marte.

Eris estaba en su punto más alejado del Sol (afelio), el 16 de marzo de 1977, en Aries. 1977 fue un año interesante; seis días antes se descubrían los anillos en el planeta Urano, sacudiendo nuestra realidad, dejándonos saber que Saturno no era el único planeta anillado. Y a finales de ese año, el 01 de noviembre, Quirón fue descubierto, entre Saturno y Urano.

Retrocediendo en el tiempo, Eris estaba más cerca del Sol (perihelio) el 7 de julio de 1699, en Libra. El perihelio de un planeta es, en muchos sentidos, el comienzo de su ciclo orbital. Nos encontramos en el final del siglo XVII, y entrabamos al siglo XVIII; conocido como el siglo de la Razón. Podemos apurar a pensar que Eris en Libra, influyó en signo de la balanza, que rige el equilibrio, la equidad, la ley y la justicia, marcando el inicio de un ciclo donde la ciencia y la razón empezaron a dominar al mundo, por encima de la fe y la supertición.

Falta probar si estas ideas son ciertas; lo cierto es que su lento paso parece genera cambios y renovaciones al igual que Plutón, que afecta a toda la humanidad en varias generaciones. Su influencia astrológica aún ha de ser estudiada.

La imágen mitológica de Eris como Diosa de la Discordia y el hecho de retar mediante el provocador acto de lanzar la manzana dorada para dirimir una disputa, no dejan de ser actos inequivocamente marciales. Sabemos que Marte tiene dos domicilios zodiacales: Aries (diurno) y Escorpio (nocturno), éste último lo comparte con Plutón/ Hades.

Observando la conocida figura de las regencias tradicionales de los planetas sobre los signos, no podemos negar que por simetría parecen faltar regencias dobles para algunos, vemos como Sagitario, Capricornio y Aries son gobernados por un sólo regente, mientras Escorpio, Acuario y Piscis lo son por dos, y todo hace apoyar la hipótesis de que en Aries la doble regencia es compartida por Eris y Marte.

El foro Astrodestino señala sobre Eris lo siguiente:

La clasificación de Eris como “planeta enano” en un grupo con Plutón y Ceres es extremadamente significativa. Plutón simboliza el mundo terrenal, todo lo que intentemos enterrar y negar. También representa el lugar oscuro al que todos tenemos que ir periódicamente, a algo de nosotros que sólo nosotros conocemos más a fondo y más perceptiblemente que los otros.

Ceres se amplía sobre ese tema, representando el crecimiento y la sustancia nueva que vienen de haber estado en ese lugar oscuro, experimentando la muerte, o algún tipo de muerte y emerger renovado. O, pensar en ella como la energía que surge cuando podemos manifestar algo nuevo. Curiosamente, cuanta más energía creemos perder en nuestra zona de sombra, más resulta que la hemos invertido bien y nos encontramos con espectaculares recompensas.

Eris lanza una llave inglesa en los planes de dioses y de hombres. Que ella eligiera una manzana es toda una pista. La manzana se asocia al mundo terrenal, que es donde viven todos nuestros impulsos subconscientes. Eris representa qué sucede cuando rechazamos entrar a nuestro inframundo o reconocer lo que hemos reprimido.

La verdad es que, ninguno de nosotros, esta totalmente seguro de ninguna cosa, y no importa cuánto ni cómo muchos de nosotros podamos decir lo contrario. En alguna parte, profundamente adentro, hay siempre una pequeña voz de “disensión”. A veces es muy ruidosa, y la desatendemos de todos modos. Cuando intentamos suprimir esa voz, se hace particularmente desagradable.

La historia de Eris es una metáfora para las emociones difíciles que reprimimos porque consiguen que nos boicoteemos a nosotros mismos y a nuestros deseos y sueños, o simplemente porque nos hace sentir terriblemente incómodos. Algunos de nosotros no deseamos admitir ciertas sensaciones, porque nos gusta pensar que somos “mejores” que los que sienten, piensan o hacen “eso”. Pocos de nosotros desearíamos admitir los celos o a la lujuria, o nuestro deseo hacia personas “incorrectas” por ejemplo, el mejor amigo de nuestro marido o, peor, el hijo adolescente de nuestra mejor amiga.

Símbolos de Eris

Las insignias asignadas a la diosa Eris varían y con la aparición del nuevo planeta muchos ha propuesto símbolos para el recién llegado; una de las primeras imágenes asociadas a la diosa es la manzana dorada con la palabra “Kallisti = καλλίστη” —que en griego sería superlativo de bella; “la más bella”—.

Así la manzana con la letra Kappa (la K griega) es el primer símbolo asociado a la diosa. Sobre esa idea surge un circulo que encierra la letra K; que muchos asocian con caos (kaos), pero que tiene que ver realmente con la palabra Kallisti. Otra sugerencia ha sido colocar la “k” sobre la cruz de la materia; por lo general la cruz era usada como base o apoyo de los símbolos asociados a los asteroides; y la “k” aparece invertida mirando a la izquierda como una forma de denotar contracultura y caos. Otros sugieren que la manzana sea el hieroglífico y sobre este contorno se inserta la letra “e”, para nombrar a la diosa.

Como compañera de Marte/Ares algunos la identifican como su equivalente y sugieren un símbolo similar, pero invertido; la flecha ya no apunta al cielo; sino que va en caída. Los astrólogos Polacos asocian a Eris un inverso de Venus/Afrodita; la cruz de la materia corona a circulo del espíritu; pero esta es una cruz potente o potenzada (con los extremos de sus brazos adornados con potenzas, que son unas pequeñas piezas con forma de letra “T” mayúscula); que representan las cuatro esquinas del Mundo o a los cuatro elementos (según gustos). Esta cruz fue utilizada por los Cruzados en sus campañas.

El circulo (infinito) que encierra la punta de una flecha y el punto (origen/caos) fue sugerido como símbolo por el astrólogo Zane B. Stein; que es conocido como la principal autoridad astrológica del mundo sobre la influencia astrológica de Quirón. Este diseño se inspira en la imagen del “ojo de la providencia”; o el “ojo de Dios” que mira desde una pirámide al mundo entero.

Mucho antes del descubrimiento del planeta, surgió en 1957 una “religión/secta” que adora a la diosa Eris. La diosa ha logrado lo que ningún dios griego antiguo; ser adorada en una era de ateísmos y escepticismo. El Discordianismo se inicio hace unos cincuenta años; al parecer todo empezó una noche cuando dos jóvenes californianos, Greg Hill y Kerry Thornley (fueron luego conocidos como Omar Ravenhurst y Malaclypse el Joven), que eran compañeros de secundaria y aficionados a la ciencia ficción, la poesía y la filosofía, se reunían con otros amigos; ambos tuvieron una revelación en la que el tiempo se detuvo y un chimpancé les mostró un pergamino con un diagrama dibujando de una especie de Ying-Yang con un pentágono de un lado y una manzana con la inscripción ‘Kallisti’ (para la más bella) del otro, imagen que representaba el orden y el desorden complementándose. Esto fue suficiente para moverles el piso (así sería la droga que se fumaron). Unos días después, en un sueño, a los nuevos Mesías se les presentó la diosa misma y les hablo:

He venido a decirles que son libres. Muchos años atrás, mi consciencia dejó al hombre, para que pudiera desarrollarse. Vuelvo a encontrar esta conclusión acerca del desarrollo, pero obstaculizada por el miedo y la incomprensión. Ustedes han construido por sí mismos trajes psíquica de la armadura, y vestido con ellos, su visión es limitada, sus movimientos son torpes y dolorosos, su piel es golpeado, y su espíritu a la parrilla en el sol. Yo soy el caos. Yo soy la sustancia de la que sus artistas y científicos construyen ritmos. Yo soy el espíritu con el que sus hijos y se ríen en feliz anarquía payasos. Yo soy el caos. Estoy vivo, y te digo que eres libre.

Era evidente que a Malaclypse y Omar no les quedaba más remedio que crear una religión a partir de estos hechos extraordinarios. El Discordianismo gira alrededor de los conceptos del orden y el desorden como partes de una misma cosa: el Caos. El caos no considerado como algo malo, sino el verdadero principio del universo. El caos como el cambio constante necesario para vivir ya que todo lo que se rehúsa a cambiar, muere. El caos como esa flor que nace en una grieta en el cemento del estacionamiento. Así Omar Ravenhurst y Malaclypse el Joven escribieron un libro sagrado, el Principia Discordia (el Principio de la Discordia) que se considera la Biblia de los Discordianos.

Esta religión, como todas ellas, tiene su dogma, aunque es bastante menos complicado que el de muchas otras. Por ejemplo, para convertirse al Discordianismo solo hay que seguir un sencillo ritual, descrito en el Principia Discordia: Se requiere que el Discordiano salga solo un viernes y disfrute gozosamente de un perrito caliente. Esta ceremonia es una protesta en contra de los paganismos más populares de la actualidad: el de los católicos (no comer carne los viernes), el del Judaísmo (no comer carne de cerdo), el del Hinduismo y Budismo (no comer carne de ningún tipo).

Independiente de su origen y sus practicas de provocar el caos contra todo lo que se intente poner orden (desbarata los planes del otro); dos símbolos quedaron asociados a esta religión/secta satirica; el primero el famoso dibujo ying-yang mostrado por el mono; y el segundo la llamado “La mano de Eris“; una imagen de dos medias lunas unidas por su vértice, abiertas a lados opuestos y atravesadas por una espada/flecha/palo/vara. Imagen con que algunos identifican ahora al nuevo planeta; e incluso la hacen atravesar por otra vara perpendicular a la primera, para asemejarse a dos letras “e” divididas por un espejo. Otros inspirados en el símbolo del “Caos” proponen una estrella formada por cinco flechas que parten de un centro único, la “explosión” (big bang) de la que surgió  todo.

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para más información y textos originales puede consultar: aquí, aquí, aquí, aquí, aquí, aquí y aquí.

Hijos de la Noche (9) Los hijos de la discordia

En su Teogonía Hesíodo (siglos VIII y VII a.C) nos habla de los hijos de Eris [la Discordia], que aunque no se nombra su compañero, el dios Ares [dios de la guerra] suele ser citado como su hermano (podemos presumir de quienes son hijos estos demonios), así como algunos de sus hijos también se les hace hijos de Zeus; cita el autor a los siguientes espectros:

Por su parte Eris (la Discordia) parió al doloroso Ponos (el Trabajo duro), a Lete (el Olvido) y a Limos (el Hambre) y a las llorosas Algos (los Dolores), también a las Hisminas (las Disputas), las Macas (las peleas), los Fonos (las Matanzas), las Androctasias (las Masacres), las Neikea (los odios), las Anfilogías (los altercados), los Pseudologos (las mentiras), a Disnomia (el Desorden) y a Ate (el engaño y la Insensatez), todos ellos compañeros inseparables de Horcos (el Juramento), que es el que más problemas causa a los hombres de la tierra cada vez que alguno perjura voluntariamente.

Hay que señalar que la paternidad de algunos de estos espíritus se ve compartida con Eter [el aire superior] y Gaia [la tierra], de quienes tenemos según Pseudo-Higinio (Romano del siglo II d.C) como hijos a: Algos (el dolor), Dolus (el engaño), Lyssa (la Ira), Pentos / Luctus (la lamentación), Pseudologo / Mendacium (la falsedad), Horcos / Jusiurandum (el Juramento), Poine / Ultio (la venganza), Intemperantia (intemperancia), Anfilogía / Altercatio (los altercados), Lete / Obliuio (el Olvido), Socordia (Pereza), Deimos / Timor (Miedo —este también es hijo de Ares con Afrodita y hermano de Fobos, el terror—), Superbia (soberbia), Incestum (incesto) y Hisminas / Pugna (combate).

Ponos / Ponus


Ponos es el espíritu (daimon) de la dura labor y el trabajo; del trabajo físico extremo, como el que requieren los granjeros sólo para sobrevivir.

Disnomia / Dysnomia


Disnomia era el espíritu femenino (daimona) de la ilegalidad. Era compañera de Adikia (la Injusticia), Ate (el engaño) e Hybris (la Violencia). Su opuesto era la hora Eunomia (el Orden).

Lete / Leteo / Lêthê / Oblivio


Leteo es un espíritu femenino (daimona) asociado al olvido. Ella era a menudo asociada con uno de los ríos del infierno. Era opuesta a Mnemosyne (la Memoria), otro rio en los infiernos que era la encarnación de una de las Titanidas (Hijas de Gaia y Urano) y que fue madre con su sobrino Zeus de las nueve Musas (ninfas de las artes sociales). En los mitos griegos, las almas que podían reencarnar se les hacía beber de las aguas de este río [Leteo], para que se olvidaran de sus vidas pasadas.

Ath / Atê / Ate / Até / Atea / Nefas


Ate era el espíritu femenino (daimona) del engaño, la ruina, la tontería ciega, la acción precipitada y el impulso temerario que lleva a los hombres a perder el camino, la diosa de la fatalidad, la personificación de las acciones irreflexivas y sus consecuencias. Típicamente se hacía referencia a los errores cometidos tanto por mortales como por dioses, normalmente debido a su Hybris o exceso de orgullo, que les llevaban a la perdición o la muerte. Su poder era opuesto a las Litas (las Oraciones) qué siguen en su estela. Ate, según Hesiodo era una hija de Eris, y según Homero una hija de Zeus, era una divinidad griega antigua que llevó a dioses y hombres a las acciones desconsideradas y al sufrir. Por ello algunos autores la consideran hija de Zeus con Eris.

Ella una vez incluso indujó a Zeus ante el nacimiento de Heracles, a que Zeus tomara un juramento, por cuya forma de decreto permitió a Hera dar a Euristeo el poder que se había destinado para Heracles. Cuando Zeus descubrió su error lanzó a Ate del Olimpo y la desterró para siempre de las moradas de los dioses. Ate vagó entonces por el mundo, pisando las cabezas de los hombres en lugar de la tierra, provocando el caos entre los mortales.

Las intrigas de Hera con Ate no terminaron, en su vendeta con Dioniso (hijo de otra rival), Hera incita a Ate para persuadir a Ampelos, un joven a quien Dioniso amaba apasionadamente, para que impresionase a éste cabalgando un toro. Ampelos acabó por caerse del mismo, rompiéndose el cuello, siendo entonces transformado en vid por las Moiras.

En los escritores trágicos Ate aparece con una luz diferente; ella venga los hechos malos e inflige sólo castigos en los ofensores y su posteridad, asi que su carácter aquí casi es igual que el de Némesis y las Erinias.

Horco / Jusjurandum


Horco (Orko, Horkos, Horcus, Jusjurandum) era el espíritu (daimon) de juramentos y que infligia castigo por los perjurios. Él es el compañero punitivo del Dike de la diosa (la Justicia). Esopo (la fábula griega del siglo VI a.C.):

Un cierto hombre tomó un depósito de un amigo pero pensó guardarlo para él. Cuando el depositante lo convocó jurar con respecto al depósito entonces, él comprendió el peligro que estaba y se preparó para dejar la ciudad e ir a su granja. Cuando él alcanzó las verjas de la ciudad, él vio a un hombre cojo que también estaba saliendo del pueblo. Él le preguntó al hombre quién era y a donde iba. El hombre dijo que él era el dios nombrado Horcos y que estaba de camino. El hombre le preguntó entonces a Horcos cuán a menudo él volvió a visitar cada ciudad. Horcos contestó, —yo vengo de regreso cada de treinta, o a veces cuarenta años—. Asi al siguiente día el hombre no dudó jurar que él nunca había recibido el depósito. Pero entonces al final del día el hombre se encontró con Horcos que lo arrastró al borde de un precipicio. El hombre le preguntó a Horcos cómo estaba aquí si había dicho que no regresaba hasta dentro de treinta años o más. Horcos explicó, —Usted también necesita saber también que si alguien piensa provocarme, yo acostumbro a regresar el mismo día— dijo soltando al hombre al vacio.

Limos / Limus / Etón / Famas


Limos era el espíritu (daimon) del hambre y la inanición. Su opuesto la diosa Demeter. Su equivalente romano era la diosa Famas, de donde proviene nuestra palabra famelico. Jugó el papel de verdugo en algunos castigos que los dioses infligieron a mortales, En la mitología griega Eresictón o Erisictón era un rey de Tesalia. Eresictón despreciaba a los dioses y no les hacía sacrificios. Una vez que quiso construir un techo para su sala de banquetes y no dudó en talar, ayudado por una veintena de gigantes, un árbol sagrado que formaba un santuario ancestral de la diosa Deméter construido por los pelasgos, el pueblo que habitaba Tesalia antes de ser expulsados por el padre de Eresictón. Las dríades que habitaban estos árboles corrieron a solicitar auxilio de la diosa. Deméter tomó la forma de su sacerdotisa Nicipe y de esta intentó de buenas maneras hacer desistir a Eresictón de continuar con el sacrilegio. Pero este, lejos de dejarse disuadir, amenazó a la diosa con matarla con el mismo hacha que estaba utilizando. Fue entonces cuando Deméter, víctima de una ira sin precedente llamó a una ninfa de las montañas (una oreade) para que fuera en busca de Limos, (los destinos, Las Moiras, habían decretado que ambas diosas nunca podrían encontrarse; la oreade buscó a Limos y le dio el mensaje de la diosa. El terrible monstruo penetró en las entrañas de Eresictón de tal forma que desde entonces nada saciaría sus ganas de comer, y cuanto más engullera más crecería su hambre. Erisictón vendió todas sus posesiones para comprar comida, su padre se encargó de alimentarle, pero fue tal su voracidad que en poco tiempo acabó con las riquezas de Tríopas y Erisictón acabó convirtiéndose en un mendigo que comía inmundicias. Ni siquiera vendiendo a su hija Metra pudo conseguir alimentos suficientes para calmar su desazón. Metra obtuvo de su amante Poseidón el don de poder cambiar de forma, con lo que pudo huir del hombre al que había sido vendida. Cuando Erisictón descubrió esta facultad, la vendió repetidas veces a hombres distintos, pero los alimentos que obtenía a cambio no fueron suficientes para saciar su apetito. Erisictón terminó comiéndose a sí mismo, poniendo fin así a su tormento.

Algos / Algea


Algos (Algea en plural) son los espíritus femeninos (daimonas) del pesar y dolor (físico o emocional). Ellas eran las responsables del llanto y las lágrimas. Se mencionan tres de estas ninfas infernales: Luph/Lupê/Lupa [el dolor], Ania [la aflicción] y Aco/Akhos/Achus [tristeza por el duelo de alguien amado]. Estas ninfas estaban relacionadas con las Oizís (demonios de la angustia y la tristeza) y con las Pentos (demonios de la aflicción y los lamentos). Por lo tanto son los opuestos de las Cárites y a Hedoné (demonio del placer sexual/Lujuria).

Hisminas/Pugnas,  Macas / Neikeas y  Amfilogia/Atercatio.


Hismina (Hisminae en plural, Pugna en romano) eran los espectros femeninos (daimonas) de la lucha y el combate. Sus hermanas, las Macas / Makhê / Makhai / Machae representan el combate en los campos de batalla, mientras que las Hisminae están asociadas con las peleas callejeras. Entre las macas se citan los nombres de: Homados (gritos de batalla), Alala (llantos de guerra), Proioxis (avalancha), Palioxis (regreso a la lucha) y Kydoimos (Confusión) todas nombradas entre las macas.

Los neikeas (o Neiceas, Neikos, Neicus) era los espectros (daimones) de riñas, peleas y agravios que surgen espontáneamente en cualquier lugar y representan al odio que crece en las almas, también suelen ser denominados Anfilogias / Amfilogia / Amfilogiai / Amphilogia / Amphilogiai y por los romanos Atercatio (altercados).

Fono/Asesine y Androctasias.


Los Fonos (Fonoi, Phonos, Phonoi, Phonus, Phoni) eran los espectros (daimones) del asesinato y matanza fuera de las batallas. Sus hermanas las Androctasias (Androktasia, Androktasiai, Androktasia, Androktasiai, Androctasia, Androctasiae) representaban los Homicidios involuntarios, ambos son las imágenes de los asesinatos y la muerte fuera de los campos de la guerra. Son el equivalente de las Keres en versión urbana.

Pseudologos / Mendacium


Los Pseudologos eran los demonios (daimones) de las mentiras y falsedades, en la mitología romana los Mendacium serían sus equivalentes. Esopo en sus fábulas (siglo VI a.C.) narra:

Prometeo el alfarero que dio la forma a nuestra generación, decidió un día esculpir a Veritas [Aletheia, la verdad], usando toda su habilidad para que el pudiera regular la conducta de las personas. Mientras estaba trabajando, una llamada inesperada del poderoso Júpiter[Zeus] lo hizo salir. Prometeo dejó al hábil Dolus (el Engaño) encargado de su taller, Dolus se había vuelto uno de los aprendices del dios recientemente. Disparado por la ambición, Dolus usó el tiempo a su disposición para formar con sus dedos furtivos una figura del mismo tamaño y apariencia que Veritas, con los rasgos idénticos. Cuando él había completado casi la pieza que era verdaderamente notable él corrió afuera para buscar arcilla para sus pies. El amo volvió, así que Dolus (el Engaño) rápidamente se sentó en su asiento, temblando con el miedo. Prometeo estaba asombrado de la similitud de las dos estatuas y quiso parecer como si todo el crédito fuera de su propia habilidad. Por consiguiente, puso ambas estatuas en el horno y cuando ellas se habían sido cocidos completamente, él infundió a ambas con la vida sagrado; Veritas (la Verdad) caminó con los pasos moderados y derechos, mientras su gemelo inacabado estaba de pie tras sus huellas con pasos inciertos y tortuosos. Esa falsificación que producto de subterfugio, adquirió el nombre de Mendacium (Pseudologos, falsedad), y yo pronto las personas se dan cuentan que no tiene pie para apoyarse cuando algo es falso, puede empezar con éxito, pero con tiempo Veritas (la Verdad) seguro prevalecerá.