Ángeles y arcángeles (10) Los arcángeles de la Ortodoxa Oriental

La Tradición Ortodoxa Oriental menciona miles de arcángeles; sin embargo, sólo siete arcángeles son venerados por su nombre. Miguel, Gabriel y Rafael poseen en todas las tradiciones un lugar especial. La Iglesia Ortodoxa celebra la Synaxis del Arcángel Miguel y los otros poderes Incorpóreos el 08 de noviembre del calendario litúrgico ortodoxo (para las iglesias que siguen el calendario juliano, 08 de noviembre cae el 21 de noviembre del moderno calendario gregoriano). Otros días de fiesta de los Arcángeles incluyen la Cena del arcángel Gabriel el 26 de marzo (8 de abril), y el milagro del Arcángel Miguel en Colosas el 6 de septiembre (septiembre 19). Además, todos los lunes durante todo el año está dedicada a los ángeles, con especial mención a que se realizan en los himnos de la iglesia de Miguel y Gabriel.

Los otros arcángeles de esta iglesia, que también reciben el apoyo y veneración dentro los practicantes del catolicismo son: Ariel (similar pero no igual a Uriel) y equiparado a veces a Anael; los otros tres son: Selafiel, Jegudiel y Barachiel. Algunos incluyen a un octavo —influencia turca en la región—, Jeremiel o Jerameel (exaltación de Dios) y que es venerado como un inspirador de los pensamientos que elevar a una persona hacia Dios, es el ángel de la fortaleza y es otro nombre de Remiel el ángel de la esperanza. Representado como un ángel que sostiene una balanza para medir las almas. Como en entradas anteriores, en esta entrada nos enfocaremos en Ariel, Selafiel, Jegudiel y Barachiel.

Mientras el libro de Enoc nos señala que los siete arcángeles son los ángeles del Apocalipsis, en la versión católica influenciada por la idea judía de los siete cielos y de ideas astrológicas, los siete arcángeles son los regentes de los ‘planetas astrológicos’ y por equivalencia rigen también los siete días de la semana. En la versión ortodoxa los arcángeles se les vincula con las virtudes que luchan contra los pecados; Serafiel ataca a la gula y representa a la templanza; Jegudiel ataca a la envidia y se le vincula con la caridad, Barachiel lucha contra la pereza bajo la forma del esmero o diligencia, Ariel frena la codicia bajo la forma de generosidad; eso nos deja a los tres grandes arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael luchando contra la soberbia, la ira y la lujuria respectivamente bajo a apariencia de la humildad, la paciencia y la castidad.

Miguel, Gabriel y Rafael en la Ortodoxia

Miguel ha sido representado desde los primeros tiempos del cristianismo como un comandante, que tiene en su mano derecha una lanza con la vence al demonio y en su mano izquierda una palma verde. En la parte superior de la lanza hay una cinta de lino con una cruz. Miguel es especialmente considerado como el guardián de la fe ortodoxa y un luchador contra las herejías. Gabriel es el heraldo de los misterios de Dios, especialmente la encarnación de Dios y todos los otros misterios relacionados con ella. Se le representa con su mano derecha sosteniendo una linterna con una vela encendida en el interior, y en su mano izquierda, un espejo de verde jaspe. El espejo representa la sabiduría de Dios como un misterio oculto. Rafael se representa con Tobías (que lleva un pez atrapado en el Tigris) con su mano derecha, y sosteniendo un frasco de alabastro de médico en la mano izquierda.

Ariel (Altar de Dios)

Aunque la tradición ortodoxa incluye a Uriel como el ángel de la Tierra y es para muchos el cuarto ángel; Uriel es representado con una espada en su mano derecha y una llama en su mano izquierda. Otros lo equiparan o igualan a Ariel, que es el ángel de la naturaleza. Ariel también es relacionado con Anael, y entre las formas de su nombre se incluyen: Ariel, Arael, y Ariael; variando el significado de su nombre de ‘Altar de Dios‘ a ‘León de Dios‘. Ariel está a cargo de la protección y la curación de animales, peces y aves, es así el veterinario y ecologista de los cielos; no sólo protege y cura a los animales domésticos o salvajes, sino también cuida del medio ambiente, del suelo y las aguas. Trabaja como Rafael en proporcionar la curación, pero en este caso la curación que necesitan las bestias, de acuerdo con la voluntad de Dios.

Como el arcángel Ariel está alineado con el mundo natural y con animales, también se relaciona con los elementales (es decir, hadas, elfos, duendes, gnomos, etc.). Así Ariel actúa como enlace para aquellos interesados en conectarse con los Reinos Elementales y se hace un llamado a Ariel para ofrecer plataformas de interacción positiva con las hadas, duendes, espíritus de la naturaleza y otros seres elementales.

En el arte, Ariel es a menudo representado con un globo que representa la Tierra, o con elementos de la naturaleza (tales como agua, fuego, o piedras), para simbolizar el cuidado de Ariel por la creación de Dios en la Tierra. Ariel aparece a veces en forma masculina, y otras veces en forma de mujer. Por relación con su nombre, el león se considera su animal tótem. Nos recuerda que la naturaleza puede curar, la relajación y contemplación del mundo natural pueden muchas veces ser el mejor remedio para situaciones de estrés, angustia y agotamiento físico y mental.

Nombre de Ariel (que puede significar “altar”) se utiliza para referirse a la ciudad santa de Jerusalén en el libro de Isaías, y no a un arcángel.

—¡Ay de Ariel, de Ariel, ciudad donde habitó David! Añadid un año a otro, las fiestas sigan su curso. Mas yo pondré a Ariel en apretura, y será desconsolada y triste; y será a mí como Ariel. Porque acamparé contra ti alrededor, y te sitiaré con campamentos, y levantaré contra ti baluartes. Entonces serás humillada, hablarás desde la tierra, y tu habla saldrá del polvo; y será tu voz de la tierra como la de un fantasma, y tu habla susurrará desde el polvo. Y la muchedumbre de tus enemigos será como polvo menudo, y la multitud de los fuertes como tamo que pasa; y será repentinamente, en un momento. Por Jehová de los ejércitos serás visitada con truenos, con terremotos y con gran ruido, con torbellino y tempestad, y llama de fuego consumidor. Y será como sueño de visión nocturna la multitud de todas las naciones que pelean contra Ariel, y todos los que pelean contra ella y su fortaleza, y los que la ponen en apretura. Y les sucederá como el que tiene hambre y sueña, y le parece que come, pero cuando despierta, su estómago está vacío; o como el que tiene sed y sueña, y le parece que bebe, pero cuando despierta, se halla cansado y sediento; así será la multitud de todas las naciones que pelearán contra el monte de Sion. (Isaías 29:1-8)

En el texto judío ‘La sabiduría de Salomón‘, Ariel se le describe como ángel que castiga a los demonios. Los cristianos gnósticos dicen también que Ariel castiga a los malvados. Más tarde, los textos describen el papel de Ariel cuidado de la naturaleza, incluyendo la jerarquía de los ángeles bienaventurados (publicado en el 1600), que llama a Ariel “gran señor de la Tierra.”, por ello se le equipara a Uriel. Por ello Ariel es descrito también como un ángel que castiga a los que hacen daño a la creación de Dios destruyendo el medio ambiente, contaminando tierra, agua y aire.

Ariel es parte de la clase de ángeles llamados virtudes, que inspiran a la gente para crear grandes obras de arte y hacer grandes descubrimientos científicos; y algunos cristianos consideran a Ariel el santo patrono de los nuevos comienzos; ayudando a trascender las ilusiones que separan y limitan; nos recuerda que somos partes de un todo, que es la creación de Dios. Así al entender que somos partes de la naturaleza, nos anima, inspira, motiva y estimula nuestra fuerza natural interior y confianza; nos ayuda a redescubrir el valor y la confianza necesaria para buscar la felicidad.

Selafiel/Sealtiel (Oración de Dios)

Selafiel, también llamado Saeltiel (Plegaria a Dios), Sealtiel, Selatiel, Tzelathiel y es a veces identificado como el Salatiel del segundo libro de Esdras. Cuando se muestra en la iconografía se le muestra en una actitud de humilde oración, con la mirada baja y los brazos cruzados sobre el pecho. La oración es considerada su atributo especial, y los cristianos ortodoxos buscan su ayuda si la oración por el sufrimiento de las distracciones, falta de atención, o el frío. En la tradición católica, se le representa como un turiferario (quien porta el incienso). Por ello en algunas representaciones se lo muestra con las manos juntas en oración profunda o con el incienso de adoración, representando así su unión gozosa con Dios, ya que el incienso es el símbolo de la ofrenda y el sacrificio.

Combate el espíritu de la intemperancia (falta de moderación), la gula y del exceso en la bebida ya que la intemperancia lleva a toda clase de pecados y de delitos. El Salvador nos advierte:

—Estén alerta, no sea que se endurezcan sus corazones por los vicios, borracheras y preocupaciones de la vida. No sea que ese día caiga de repente sobre ustedes. (Lucas 21,34).

Contra estos vicios acude Selafiel enseñando las virtudes de la templanza y la renuncia. Ellas llevan a una inteligencia más clara, a una voluntad fuerte, a nuevas virtudes, al perdón de los pecados, a la escucha de las oraciones, a gracias extraordinarias y a la vida eterna. El origen de esta creencia se atribuye a la intervención del ángel sobre un misionero dado a la bebida y los excesos; y tras invocar a cada ángel por reparar sus pecados, sólo Selafiel respondió enseñándole que la oración es el primer paso en el camino de la salvación. A Selafiel como distribuidor de gracias se lo representa también llevando en sus manos una cesta con flores o frutos, o bien, va derramando los mismos; señal de la gloria, de la vida con Dios, de la práctica de las Santas Virtudes.

Jegudiel (Elogio a Dios)

Jegudiel, también llamado Jhudiel, Jeguidiel, Jehudiel o Yhudiel es uno de los siete arcángeles en el ortodoxa tradición. Él es a menudo representado en la iconografía sosteniendo una corona y un látigo terminado en tres hilos. Jegudiel es el patrón de todos los que trabajan en algún campo de actividad, y la corona que simboliza el premio por el éxito de labores espirituales, es la señal de la recompensa divina para aquellos que son fieles a Dios y lo alaban.

Jegudiel es el asesor y defensor de todos los que trabajan en puestos de responsabilidad de la gloria de Dios, y como tal se recurre a la de los reyes, jueces, y otros en posiciones de liderazgo. A Jegudiel también se conoce como el portador de Dios, del amor misericordioso y bajo esta imagen es representado con un corazón en llamas (el Sagrado Corazón) en la mano.

Jehudiel combate al espíritu de la envidia y de celos, que exterminan toda serena paz del alma, y pedimos nos proteja de individuos obsesivos llenos de estos pecados; le pedimos que derrame en nuestras almas y en las de las personas que nos rodean la fidelidad a la Ley de Dios.

Barachiel (Bendición de Dios)

Barachiel, también: Baraquiel, Baraqiel, Barchiel, Barkiel, Barbiel; es uno de los siete arcángeles en la ortodoxa tradición. Se dice que controla los relámpagos y junto a Uriel se le invoca para ganar al juego. Su nombre traduce a veces ‘Bendición de Dios’ en otras ‘Relámpago de Dios’ y es por ello asociado a uno de los ángeles que controla el relámpago, y vinculado al planeta Júpiter, el dios romano de los rayos. Júpiter es el regente de Piscis, igual regencia se le da a Barachiel, a quien también se le atribuye la regencia de febrero. Este ángel señala que es mucho mas fácil nadar con la corriente que en contra de ella; el ayuda si ‘si fluyes’ (sigues) a Dios, trayendo así abundancia a tu espíritu.

En la iconografía ortodoxa Barachiel a veces se le muestra sosteniendo una rosa blanca contra el pecho, o con pétalos de rosa esparcidos sobre todo el manto; pero en el catolicismo romano, Barachiel es representado sosteniendo una cesta de pan, símbolo de la muerte y resurrección de Cristo. O portando un canastito lleno de flores y frutos preciosos (los frutos de la Vocación cumplida).

El pan es un gran simbolo cristiano, en un primer momento el grano muere al ser molido, pero al se amasado y horneado se transforma en un elemento de vida, pero el pan también reviste simbolismo alquímico; la tierra nutre al grano, el agua permite crear la masa, que sino sería solo polvo; el aire produce la fermentación y eleva la masa, y el fuego finalmente protagoniza el milagro de la transformación. Ya en la última cena Jesús señala al pan como un medio transformador; si para Adán y Eva comer del fruto del bien y del mal trae promesa de muerte; para Jesús comer el pan trae promesa de vida:

—Yo soy el pan de la vida. El que viene a mi jamas tendrá hambre. El que cree en mi, jamás tendrá sed. (Juan 6:35).

La asociación con el pan lo vincula a la prosperidad y abundancia en todas sus formas; es por ello que para la iglesia Católica Barachiel se le designa como protector de los matrimonios, ya que el pan es signo de abundancia y prosperidad. Se pide a Barachiel que nos proteja de caer en la pereza y la indiferencia a las Cosas Santas.

En el Tercer Libro de Enoc se le describe como uno de los príncipes angelicales, con una miríada de cerca del medio millón de ángeles guardianes que le atienden. Responsabilidades Barachiel son tan variados como las bendiciones que el arcángel llama. Su misión es abrir nuestros corazones para estar mas abiertos a todo lo bueno. A Barachiel se puede rezar como el ángel de la guarda y es descrito en la Alma del de Salomón como el ángel de la luz.

Ángeles y arcángeles (7) Azrael Arcángel

La necesidad de un nombre y función para el cuarto ángel varía de una religión a otra; en el libro de Enoc se mencionan al inicio cuatro ángeles y siempre aparecen juntos: Miguel, Sariel, Rafael y Gabriel; Uriel, que aparece en el capitulo 20 del libro de Enoc es considerado, sin embargo, el cuarto arcángel dentro de la cristiandad. Para algunas tradiciones no cristianas como la teología islámica y el sijismo (mezcla de hinduismo e islam), así como en algunas tradiciones hebreas, el cuarto ángel es Azrael, que traduce del hebreo “A quien Dios ayuda“, y es el nombre del arcángel de la muerte. Es también llamado Abu Yaria por los musulmanes y Mordad entre los persas, y tiene por misión recibir las almas de los muertos y conducirlas para ser juzgadas.

En el misticismo judío, que se conoce comúnmente como Azriel, y se identifica a veces como una encarnación del mal (un demonio); sin embargo, el Zohar (el libro sagrado de la rama del judaísmo llamada Kabbalah), presenta una descripción más agradable de Azriel; al señalar que Azriel recibe las oraciones de los fieles cuando llegan a los cielos. La tradición rabínica listan catorce ángeles de muerte: Yetzerhara, Adriel, Yehudiam, Abaddon, Samael, Azrael, Metatrón, Gabriel, Mashhit, Hemah, Ha-Mavet de Malach, Kafziel, Kesef y Leviatán.

Algunas fuentes han especulado acerca de una conexión entre Azrael y el sacerdote Esdras, o Azra, como a veces se pronuncia o escribe. Azra/Esdras fue un escriba y juez sobre su pueblo, redactó una colección de leyes y castigos que según los texto provienen del Arcángel Uriel (2° Libro de Esdras) y se menciona del profeta que entró en el cielo “sin probar la muerte”. Por lo tanto, “Azra-El” podría ser visto como un “ángel vengador”. Sin embargo, la autenticidad Esdras ha sido cuestionada por muchas razones, y no es considerado canónico en la mayoría de las Biblias o de las creencias cristianas; y aunque el libro en su totalidad no es considerado canónico por los cristianos, sigue siendo, no obstante respetado y considerado de tener algo de verdad.

Azrael es el arcángel de la muerte y señala que no debemos temer a la muerte ya que en ella está la paz eterna. Tras la muerte el alma regresa al Cielo; pero era evidente para los ángeles que las almas que llegaban era en menor número que las personas que morían. Azrael resolvió el problema al descubrir que algunas almas iban a un mundo subterráneo, donde esperaban el juicio divino. Pero tras la llegada de los ángeles caídos a este mundo subterráneo; estos, ahora demonios, torturaban y destruían las almas retenidas en el sitio ahora conocido como ‘Infierno‘. Así Azrael adquirió como misión rescatar las almas que fueron injustamente al infierno; y es por ello que él y su coro de ángeles estaban continuamente yendo y viniendo del cielo, impidiendo que los demonios se apropiaran de las almas que no les correspondían.

Azrael reside en diferentes lugares, pero el más habitual es el tercer cielo. Otros señalan que él ha renunciado al cielo; por sus constantes salidas con todo su coro; y por ello los otros ángeles no hablan de él en el Cielo. Se dice que Azrael y su coro están encargados de la protección del último círculo del infierno, impidiendo la salida de los demonios y custodiando la puerta para que no puedan salir. Nadie sabe cuántas almas podrían haber salvado, o cómo él las rescata del Infierno, o donde van las almas que el ayuda, a los Cielos, a otra reencarnación, o simplemente al olvido.

Azrael como ángel de la muerte, es asemejado a daimon griego Fatum (Destino), se lo señala escribiendo y borrando nombres en un gran libro, lo que el escribe es el nacimiento de un hombre, y lo que borra es el nombre del hombre que morirá. En una de sus formas, tiene cuatro caras y cuatro alas mil, y todo su cuerpo se compone de ojos y lenguas, cuyo número corresponde al número de personas que habitan la Tierra.

En el Islam Azrael los árabes lo pronuncian es Izrail y aunque el Corán nunca lo nombra y se refiere a este ángel con el termino “Malak al-Maut“; que se traduce directamente como ángel de la muerte. El Corán dice que el ángel de la muerte se lleva el alma de cada persona y lo devuelve a Dios. Sin embargo, el Corán deja claro que sólo Dios sabe cuando y donde cada persona será tomada por la muerte, por lo que es claro que el ángel de la muerte no tiene poder propio. Varias tradiciones musulmanas relatan las reuniones entre el Ángel de la Muerte y los profetas. La más famosa es una conversación entre el ángel de la muerte y Moisés. Él vela por la muerte, separa el alma del cuerpo, y recibe a los espíritus de los muertos en las creencias musulmanas.

En los escritos del sijismo de Guru Nanak Dev Ji, Dios (Waheguru) envía Azrael sólo a las personas que son infieles y no se han arrepentido de sus pecados. Azrael aparece en la Tierra en forma humana y golpea a los pecadores en la cabeza con su guadaña para matarlos y extraer el alma de sus cuerpos. Luego lleva sus almas al infierno, y se asegura de que reciban el castigo que Waheguru decreto una vez que son juzgadas. Esto lo presenta más como un ángel vengador que como un simple ángel de la muerte.

Jairat Al-Saleh refiere a este ángel de la siguiente forma:

Izrail (Azrael), el Arcángel de la Muerte, no es menos magnífico ni inspira menos temor que los demás arcángeles. Es el ángel que jamás se ríe, el destructor del placer y de las alegrías, el dispersador de los amigos y los amantes; es el temido visitante que vacía los hogares y puebla las tumbas, dejando tras sí un grupo de desconsolados padres, de huérfanos y de viudas. (…). Su cabeza llega hasta los pilares del Trono Divino y la Tabla Guardada; uno de sus pies descansa sobre su asiento, mientras mantiene el otro sobre el puente que va desde el infierno hasta el paraíso. Sus ayudantes permanecen muy cerca de él, vigilando eternamente, esperando también las órdenes de Dios. A su izquierda se levanta un árbol gigantesco, cuyas hojas registran los nombres de toda la humanidad. El día en que muere una persona, se ennegrece su nombre en la Tabla Guardada; a continuación, la hoja que lleva su nombre se torna amarilla y se desprende del árbol. En este momento, el Ángel de la Muerte se pone en acción. En la mano lleva dos lanzas, una hecha con la luz y la piedad del Señor, y la otra fabricada con su ira. Si la persona que muere es buena, el ángel extrae su alma con la primera lanza., la lanza de la luz y la piedad, y la envía al séptimo cielo, donde llegan las almas de los creyentes; pero si la persona es mala, le extrae el alma con la lanza de la ira y la envía a un lugar bajo la séptima tierra, donde las almas de los malvados esperan hasta el día del Juicio, en una oscuridad que hierve y humea.

Se piensa que el primer Ángel de la Muerte fue un ángel corriente. Cuando Dios quiso crear a Adán, le ordenó al Arcángel Jibril (Gabriel) que le arrancara a la tierra un puñado de sus principales componentes. Pero, incitada por Iblis (el demonio), la tierra se negó y se resistió, y ni Israfíl (Rafael), ni Mikail (Miguel) lograron convencerla de que se plegara a la orden de Dios. Entonces, otro ángel se ofreció voluntario para llevar a cabo aquella difícil tarea y, debido a su dureza y crueldad, consiguió lo que los arcángeles no habían logrado y le arrebató a la tierra su tesoro. Viendo su carácter enérgico e impasible, el Señor le hizo Su Ángel de la Muerte.

Otro cuento señala como el ángel obtuvo su pálida tez; se dice que tras la lucha entre los ángeles en el cielo y la caída de Luzbel (Lucifer); cuando el demonio toco la tierra miró a las alturas con tal odio y rabia a Miguel y al resto de los ángeles; y fue tan terrible su transformación que Azrael que la contemplo palideció de espanto y desde entonces el ángel de la muerte tiene el rostro blanco como el papel.

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Referencia: Jairat Al-Jaleh (1985) “Ciudades fabulosas, Príncipes y Yinn de la Mitología ÁrabeSerie Mitos y leyendas“. Quinta Edición 1991. Grupo ANAYA S.A. Madrid España (p. 96-97)

 

Ángeles y arcángeles (5) Uriel Arcángel

Uriel, que traduce “Fuego del señor”, también llamado: Auriel/Oriel “Dios es mi luz”. Es uno de los arcángeles de la tradición rabínica post-exilio, y también de ciertas tradiciones cristianas como la Copta. Su nombre puede tener analogías con Urías, que es el nombre de varios personajes de la Biblia. Uriel aparece en obras apócrifas, cabalísticas y ocultistas, donde ha sido igualado o se confundido con: Urial, Nuriel, Uryan, Jeremiel, Vretil, Sariel, Suriel, Puruel, Fanuel, Jehoel, Jacob, Izrail/Azrael y Israfil/Rafael.

Uriel es a veces descrito como el Arcángel de la Salvación. Uriel enseña el camino del corazón, el fuego del amor puro. Sin este amor puro y devoción al Espíritu Santo, todo estudio espiritual es solo un ejercicio intelectual. Por ello es reconocido como el santo patrón del sacramento de la Confirmación. Esta comprensión de la verdad del estudio espiritual se apoya además en la tradición de que Uriel se le atribuye haber enseñado a los hombres la alquimia, los arcanos celestes y la Cábala (ello inspirado en el Libro de Enoc, cuando enseña y explica al profeta los movimientos de los cielos).

Los ángeles que se mencionan en los libros más antiguos de la Biblia hebrea no tienen nombres. De los siete arcángeles en la angelología del Judaísmo post-exilio, sólo dos, Gabriel y Miguel, se mencionan por su nombre en las Escrituras consistentemente. Rafael ocupa un lugar destacado en el libro de Tobías, libro retirado del canon judío en la antigüedad tardía y rechazado por los reformadores protestantes en el siglo XVII; este libro es sólo aceptado como Escritura por la Iglesia Católica y la Iglesia Ortodoxa Oriental.

En el Concilio de Roma de 745, el Papa San Zacarías, con la intención de aclarar la enseñanza de la Iglesia sobre el tema de los ángeles y poner freno a una tendencia de hacia culto a los ángeles y a la obsesión por la intervención e idolatría angélica; borró el nombres de muchos ángeles ‘de la lista de los elegibles’ para su veneración en la Iglesia de Roma, entre ellos Uriel. Sólo el respeto de los arcángeles mencionados en el canon católico reconocido de las escrituras, Miguel, Gabriel y Rafael, fueron considerados lícitos.

Pero la necesidad de un cuarto arcángel, que se añade a los tres conocidos, tuvo una razón más mundana; era necesario el cuarto ángel para poder representar los cuatro puntos cardinales y los cuatro elementos; así Uriel se convirtió en el cuarto. Uriel aparece como: (1) el tercer ángel que figura en el Testamento de Salomón (el cuarto es Sabrael); (2) en el Apocalipsis de Esdras, el profeta Esdras se dirige a Dios con preguntas sobre el juicio de los humanos y Uriel es enviado a responderle e instruirlo sobre la verdad. (3) El ángel que guía a Enoc por el infierno y explica el movimiento de los cuerpos celestes a través de las distintas puertas del cielo y (4) en varios evangelios apócrifos donde salva al niño Juan de morir por el edicto de Herodes.

La tradición judía le atribuyó ser uno de los ángeles que permanece junto a las puertas del Edén con una espada ardiente para evitar el acceso de los humanos al árbol de la vida; es quien saca del Edén a Adán y Eva después de la caída. La espada de fuego muestra que la materia negativa (deseos egoístas e impuros) se destruyen cuando uno realmente se centra en el amor de Dios, recordemos que el nombre de Uriel traduce el “fuego de Dios”. Asimismo, algunas versiones asignan a Uriel el papel de anunciar a Noé la llegada del Diluvio (pero otras versiones mencionan a Sariel cumpliendo esa misión). Es quien guió a Abraham hacia la tierra prometida tras salir de Babilonia; es otro de los ángeles que se le atribuye haber luchado con Jacob, y es el ángel que marco las puertas de las casas de los hebreos en Egipto, para protegerlos de la última plaga. Para el profeta Isaías (Isaías 63:9) es el ángel que al final de los tiempos mostrará la bondad de Dios al transformar a Jerusalén en el centro religioso más grande del mundo y que gentes de todas las naciones llegarán a ellas en peregrinación solemne.

Otras tradiciones judaicas ponen a Uriel como ángel destructor de los ejércitos del rey asirio Senaquerib, que quiso conquistar Jerusalén, la capital del reino de Judá, la Biblia dice 2 Reyes 1910-37:

Senaquerib envió de nuevo mensajeros a Ezequías para decirle: —Hablen así a Ezequías, rey de Judá: Que no te engañe tu Dios, en quien confías, haciéndote pensar que Jerusalén no será entregada en manos del rey de Asiria. (…)

Ezequías tomó la carta de la mano de los mensajeros y la leyó. Después subió a la Casa del Señor, la desplegó delante del Señor y oró, diciendo: —Señor de los ejércitos, Dios de Israel, que tienes tu trono sobre los querubines; tú solo eres el Dios de todos los reinos de la tierra, tú has hecho el cielo y la tierra. Inclina tu oído, Señor, y escucha; abre tus ojos, Señor, y mira. Escucha las palabras que Senaquerib ha mandado decir, para insultar al Dios viviente. (…). Pero ahora, Señor, Dios nuestro, ¡sálvanos de su mano, y que todos los reinos de la tierra reconozcan que tú solo, Señor, eres Dios!

Isaías, hijo de Amós, mandó a decir a Ezequías: —Así habla el Señor, Dios de Israel: Tú me has dirigido una súplica acerca de Senaquerib, rey de Asiria, y yo la he escuchado. (…) Por eso, así habla el Señor acerca del rey de Asiria: Él no entrará en esta ciudad, ni le lanzará una flecha; no la enfrentará con el escudo, ni levantará contra ella un terraplén. Se volverá por el mismo camino, sin entrar en esta ciudad —oráculo del Señor—. Y esta ciudad para salvarla, por mi honor y el de David, mi servidor.

Aquella misma noche, el Ángel del Señor salió e hirió en el campamento de los asirios a ciento ochenta y cinco mil hombres. Y cuando los demás se levantaron por la mañana, vieron que todos eran cadáveres, que estaban muertos. Entonces Senaquerib, rey de Asiria, levantó el campamento, emprendió el regreso y se quedó en Nínive.

Un día, mientras estaba postrado en el templo de Nisroc, su dios, Adramélec y Sarecer, sus hijos, lo mataron con la espada, y se pusieron a salvo en el país de Ararat. Asarhadón, su hijo, reinó en lugar de él.

Para la Iglesia Copta, Uriel aparece en varias ocasiones y en el Libro de Enoc se menciona a Uriel, como el ángel que vigila el lugar de los muertos (Hades, Tártaro, Sheol), por ello se le llama “el ángel del trueno y del temblor (o del temor)”. En este libro Uriel aparece como uno de los siete grandes ángeles que son nombrados en el Libro de Enoc (20:1-8); y a lo largo de la obra Uriel guía a Enoc, mostrándole el castigo y la prisión de los ángeles caídos, así como le muestra al profeta el curso del Sol y otras luminarias por las puertas del cielo.

Para el cristianismo en varios evangelios apócrifos Uriel participa en la crianza de Juan el Bautista, a quien salva de la masacre de bebés ordenada por Herodes. Uriel conduce a Juan y a su madre hasta Egipto, donde se reúnen con el niño Jesús, María y José. Y en el Apocalipsis de Pedro aparece como Ángel del Arrepentimiento, desprovisto de piedad; quien tiene la llave que abrirá el Infierno al Final de los Tiempos.

Uriel es representado llevando consigo un libro o un rollo de papiro, que simboliza su sabiduría; o sosteniendo una llama que representa un gran regalo a la humanidad. Es la llama del amor para encender el corazón al servicio de Dios. El planeta que se asocia con Uriel es Venus, el planeta que simboliza el amor; aunque otros autores lo vinculan al Sol o a Marte.

Señala M. González W. lo siguiente:

Uriel es uno de los príncipes regentes de los Serafines y de los Querubines y es uno de los ángeles regentes del Sol. Es también uno de los príncipes de la Divina Presencia y el ángel de la salvación. Su nombre significa “Fuego de Dios”.

Uriel es el ángel que protege del trueno y del terror, y rige los temblores de Tierra, los cataclismos y las explosiones volcánicas. Se dice que Dios lo envió a Noé para advertirle el diluvio universal. El poeta Milton en su obra Paraíso perdido nos dice que Uriel es el ángel que más aguda tiene la visión, él que mejor ve el futuro y a quien nada se le esconde. Tal vez es por eso que se pide su ayuda en las enfermedades de la vista y para que de más claridad mental.

Se cree que el nombre de Uriel fue derivado del profeta Uriah. Su símbolo es una mano que sostiene una llama. Francis Barrett en su obra ‘El Mago’ dice que Uriel fue quien enseñó los misterios de la alquimia y de la Cabala al ser humano.

El primer Libro de Enoch relata como el patriarca fue llevado por los ángeles del Señor a través de los Siete Cielos. Durante su jornada vio un sitio caótico y terrible donde no había ni cielo ni tierra. Allí pudo percibir siete ángeles o estrellas que estaban amarradas todas juntas, inmensas como montañas y quemándose en un gran fuego. Cuando el patriarca preguntó cuál había sido su pecado y por que habían sido lanzadas al fuego, Uriel, que era su guía en este trayecto del camino, le dijo que su pecado había sido romper los mandamientos de Dios y que permanecerían en ese sitio purificándose de sus pecados por diez millones de años, que era el número de sus pecados.

En el segundo Libro de Esdras, Uriel es descrito como el intérprete de la visión de este profeta. En el quinto capítulo del libro, Esdras reprocha a Dios preguntando por qué castiga a Israel y protege a sus enemigos. Uriel, que camina con Esdras, le dice que él le va a revelar las razones de Dios por permitir esto pero sólo si Esdras puede pesar el fuego, medir el viento y traer de nuevo el día anterior. Cuando Esdras se queja de que lo que el ángel pide es imposible, Uriel le dice que si conociendo lo que es el fuego, el viento y los días, no sabe comprenderlos, como va a poder comprender los designios de Dios, a quien no conoce. Abochornado, Esdras se postra a los pies de Uriel y le pide perdón por sus palabras.

A pesar de su labor como paciente guía e instructor de patriarcas y profetas, Uriel tiene la capacidad de ser terriblemente severo en los castigos que da a los que ofenden al Creador. En el Apocalipsis de San Pedro, Uriel castiga a los que blasfeman contra Dios colgándolos de la lengua sobre un fuego inextinguible.

Para pedir un milagro a Uriel se le ofrece una vasija de cristal llena de agua clara en el fondo de la cual se ha colocado un cuarzo blanco. Por ser el regente del elemento Tierra punto norte, se pide su ayuda en asuntos de negocios, propiedades y dinero.

Uriel es regente de septiembre y puede ser invocado especialmente por los nacidos en este mes a los que protege grandemente. Es también el regente del signo de Acuario y los cuarzos blancos se le ofrecen para multiplicar su poder. Para que Uriel de su energía cósmica a un cuarzo blanco éste se purifica poniéndolo en agua de sal de mar por 24 horas. Luego se enjuaga y se coloca sobre un poco de tierra y se rodea con cuatro velas verdes en forma de cruz. Cuando se terminan las velas se guarda el cuarzo en una bolsita verde con un poco de trigo para dinero y prosperidad y se carga cerca de la persona.

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Referencias: “Angelorum, el libro de los ángeles” Migene González Wippler (1999) Llewelyn Wolrd Wide – USA.  Pag 129-131