Cosmogonía (7) Los hijos del Sol

A diferencia de los pueblos que dependían de los grandes ríos (Nilo, Eufrates y Tigris) donde el culto al Sol era importante y los dioses: Ra, Horus, Shamash, Nergal, y Mitra eran todo poderosos, reyes entre los suyos; no hubo entre los griegos un culto al Sol de singular importancia. Varios dioses, en distintos periodos, se ocuparon de manejo del carro solar, sin mayor importancia y/o culto. El primero de ellos fue Hiperión (quien camina en las alturas). Hiperión fue el titán que reinó en oriente (este), donde nace el sol, y ello es algo común a todas las culturas que ven elevarse por este punto cardinal al astro rey; mientras que su antípoda (el oeste) es para todas las culturas es el lugar de donde nace la noche (por desaparecer la luz del Sol), y es en esta dirección donde se ubicaba el mundo de los muertos.

hiperion

Hiperión fue uno de los cuatro hermanos que conspiraron con Cronos en la castración de Urano, su padre. El mito señala que cuando el cielo (Urano) descendía sobre la Tierra (Gea/Gaya), cuatro de sus hijos: Hiperion, Crío, Coios y Japetos lo agarraron por cada una de las extremidades manteniendo firme a su padre mientras Cronos lo castraba con una hoz. Así este mito tiene raíces de los pueblos de oriente próximo (Egipto y Mesopotamia) donde se habla de los grandes pilares que sostienen y separan el cielo y la tierra.

Hiperion fue el primero de los dioses que manejo el carro solar, y viajó con aquella esfera de fuego que daba luz y calor a la tierra por el cielo azul donde reinaba el Eter. Y como en todos los cultos, antes y después, Hiperion toma el nombre de ‘el que todo lo ve‘, es el dios (en el tiempo de los titanes) de la vigilancia y la observación. El movimiento del Sol y de la Luna (el carro manejado por la titanide Febe) sobre el cielo fue lo que dio paso al orden al mundo; son los ciclos diarios del Sol y mensuales de la Luna; que se mueven sobre las constelaciones celestes puestas sobre el cielo por su hermano Crío lo que dio origen al calendario. Así Hiperión al viajar sobre los cielos y sobre el fondo de estrellas (que gira una vez al año) permitió relacionar a los hombres los ciclos de la vida con las estaciones; por tanto se vuelve el dios de la sabiduría y la luz de la iluminación (la comprensión).

Theia_1-1

La compañera de Hiperion fue su hermana Theia (leída Tea en español, traduce la divina, la brillante), a veces se le pone el sobrenombre de Eurifesa (de ancho brillo). Los griegos creían que los ojos emitían un rayo de luz que permitía que uno viera; de aquí la idea de que el sol y la luna, cuyos rayos iluminaban la tierra, se conectaran con el don de la visión. Theia/Tea, que era la luz del día, llevaba como su esposo el titulo de ‘la que todo observa‘, es la diosa que tiene el don de la visión (la profecía); este don que compartía con sus hermanas: Febe (la visión de las estrellas —astrología—), Temis (la visión de la ley), Thetis (oráculo del agua) y Mnemosine (la visión de las palabras). A Theia se le atribuye el haber dado brillo al oro y la plata, a las piedras preciosas, a todo lo que fulgure y resplandezca; es por tanto diosa (entre los titanes) de los tesoros, de la riqueza (mineral), y de la belleza.

La pareja tuvo a saber por los mitos tres hijos: Helios (el Sol), Selene (la Luna) y Eos (la Aurora); tras la caída de los titanes, en su lucha con los olímpicos, el manejo del carro solar y del carro lunar pasaron de padres a hijos; en parte porque estos se mantuvieron en parte neutrales en la lucha, o al menos se negaron a participar a favor de Cronos y el resto de los titanes.

Eos (Aurora, la de rosados dedos) vino a suplir a la diosa Hemera (diosa primigenia del amanecer y la luz), y su nombre ha sido a servido como raíz para indicar inicios, se suele hablar de eones (cuando se refiere de tiempos muy antiguos o iniciales de la historia de la tierra), eozoico o eolítico, hace referencia a eón geológico antes de paleozoico —era primaria—, pero más comun es el termino pre-cambrico); el eoceno es el periodo geológico dentro del durante el cual surgieron todas las ramas de los mamíferos modernos de la era terciaria o Cenozoica. Como madre de los vientos se suele hablar de los vientos con el termino de eólico.

Eos

Eos es la diosa que trae la luz, la que corre el velo de la noche. Su mito se vincula a aquella que aleja de las camas a los hombres de sus mujeres (el levantarse con el alba para ir a trabajar); la razón de este mito es que esta diosa, así como sus padres y hermanos tenía el don de la visión, en este caso no de la profecía, sino más bien el de observarlo todo; tuvo la mala suerte de ser la primera en ver en la cama de Ares a la adultera Afrodita, chisme que no se guardó y se lo contó a Apolo (quien en ese momento era quien manejaba al carro solar), y este al marido de la adultera, Hefesto. Por tal intrusión Afrodita maldijo a Eos a ser una ‘devoradora de hombres‘.

El primer esposo oficial de la diosa del amanecer fue su primo, el titán Astreo; juntos serán los padres de los cuatro vientos estacionales: Boreas (viento del norte), Céfiro (viento del oeste), Notos (viento del sur) y Euro (viento del este). [Sobre esta familia hablaremos en otra entrada en más detalle]. También la pareja tuvo a saber una hija: Astrea (Estrella), quien fue por un tiempo diosa de la justicia, pero con la violencia de los hombres en la Edad de Bronce abandono la tierra y fue puesta en los cielos (constelación de Virgo y la balanza de la justicia es la constelación de Libra).

Menos afortunados fueron los mortales que cayeron dentro de la voracidad de la diosa del alba; el príncipe troyano Titono, fue deseado por la diosa a tal punto, que pidió a los dioses del Olimpo que le concedieran la inmortalidad, pero se le olvido pedir eterna juventud; el pobre fue envejeciendo y cada vez se arrugaba y encogía más, hasta que la diosa finalmente tuvo piedad por el pobre y lo termino transformando en un grillo. Desde entonces cada vez que Eos se despierta por la mañana llora por el amado produciendo el rocío con sus lágrimas, y Titono se alimenta de las gotas de ese rocío; y al cae la noche los grillos cantan por la amada hasta que ella llega de nuevo en la mañana, en su canto se les escucha decir cri-cri-cri…, pero hay quienes escuchan mori-mori-mori… que traduce el deseo de aquel pobre príncipe: morir.. morir… morir.

Selene

Selene (Luna) es la diosa de la Luna, heredo el carro lunar de su tía Febe,  y lo condujo al inicio de la era de los olímpicos. Pese a haber otras diosas lunares: Hecate y Artemisa (nietas de Febe), es Selene la diosa lunar por derecho propio; tanto es así que los habitantes de la luna se les llama selenitas y no lunitas. Pero la luz de la Luna no es cálida como la del Sol, sino fría y pálida; ello en parte por la influencia de diosas como Hecate (cuando hay luna nueva) y de Artemisa (en la luna llena) que han tenido gran importancia en los cultos de las brujas y la asociación a espectros y fantasmas. En las noches de luna llena lo lobos aúllan con más fuerza a la Luna para que les devuelva la sombra que les robó, los locos están más activos (por eso se les llama lunáticos) y las brujas realizan sus aquelarres; y en las noches sin Luna, los espectros salen y se quedan en las encrucijadas esperando a aquellos transeúntes incautos que se atreven a salir en la oscuridad total; y que sin la luna no pueden encontrar su camino de regreso a casa, pudiendo ser llevados por aquellos fantasmas hasta el mismo inframundo.

Endimión

El gran amor de Selene fue un pastor de cabras y ovejas llamado Endimión (muchas veces confundido y fundido con el mito de un príncipe de la región de Elide —región occidental del Peloponeso— de igual nombre). Estaba el joven pastor durmiendo en una cueva con su ganado, cuando la diosa lo contempló y se enamoró del cuadro; pidió a los dioses del Olimpo mantener esa imagen para siempre y desde entonces el joven permanece como congelado en el tiempo, dormido por siempre y eternamente joven en aquella cueva donde la Luna en las noches lo contempla extasiada.

Helios-2

Helios (Sol) fue quien más descendencia tuvo entre sus familiares, al participar del lado de los dioses en su lucha contra sus padres, pudo conservar el carro solar; así Helios es el dios solar por excelencia. Se cuenta que cuando los dioses, ya victoriosos se dividieron el mundo, Helios llegó tarde a la reunión y ya no quedaban tierras en Grecia, por ello se le permitió subir de las aguas a la inundada isla de la ninfa Rodas, y de la relación con aquella ninfa de igual nombre tuvo a los siete heliadas y a la joven Electrionia (la radiante). El culto de los Heliadas se funde con otros grupos similares (coribantes, curetes, dactilos, etc.); se trato de un grupo de sabios que aprendieron el uso y manejo de la herrería, y que distribuyeron este saber por todas las islas del Egeo. Tal era su arte que fabricaron el famoso Coloso de Rodas, a petición de su madre para rendir culto a su padre; tal era la estatua de metal que servía de faro en el puerto de la isla y era tan grande que según entre sus piernas abiertas podían entrar los navíos.

Pero Helios logró tener entre sus dominios otras islas, estas más al oeste, entre ellas la famosa isla de los cíclopes (Sicilia), la tierra de la diosa Etna (el volcán), los cíclopes eran seres que estuvieron vinculados a labores de herrería y servían al dios de la metalurgia (Hefesto). Otros gigantes habitaban en islas cercanas, los Lestrigones (gigantes antropófagos) vivían el oeste de Sicilia o en la cara oriental de la isla de Cerdeña, más al norte tenemos a Córcega, y arriba posiblemente la mítica isla de Eea, donde reinaba una hija de Helios, la bruja Circe, (la ubicación de esta isla no esta clara, algunos la ubican en la costa oriental del Mar Negro, cerca de la Colquida, donde reinaba el hermano de la bruja, el rey Eetes, otros la ubican en las costas orientales del mar Adriático, pero por la secuencia del viaje de Odiseo lo más probable es que se tratara de alguna de las islas menores que rodean Córcega).

Circe

Circe (anillo, aro) es una poderosa bruja, adoradora de Hecate y con gran poder en la transformación de hombres en bestias; Odiseo supero su trampa al comer unas hierbas dadas por Hermes; pero otros no tuvieron tal suerte. De los amores de Odiseo y Circe se citan tres hijos: Telégono, Agrio y Latino quienes reinaron sobre los pueblos etruscos, y tras unirse con Eneas y el resto de los troyanos que escaparon de Troya, serán la base del futuro imperio romano. [En otras versiones Latino es hijo de Fauno, y este de Circe, o es el hijo de Telémaco (hijo de Odiseo y Penélope) con Circe].

Otros no fueron tan afortunados, entre ellos cuando el dios marino Glauco vino pidiendo ayuda por un filtro de amor y así encantar a la ninfa Escila, Circe le pidió que se quedara con ella, pero al no ser correspondida por Glauco le dio un filtro que transformó a la bella ninfa en un monstruo. Similar suerte tuvo Pico, un hijo del dios romano Saturno, quien al despreciar a la bruja por la diosa Canto (una diosa de los bosques cerca de Roma, hermana del dios del río Tiber, es una hija del dios Jano, y madre con Pico de Fauno en la tradición romana) o de Pomona (diosa romana de los frutos), la bruja lo convirtió en pájaro carpintero.

El reino del dios del Sol llegó hasta las columnas de Hércules (estrecho de Gibraltar), donde el dios tenía parte de su rebaño de toros rojos, estos al cuidado del gigante Gerión y el pastor Euritión (un hijo de Ares y con la hesperide Eritia).

El dios Helios tuvo dos hijas, Faetusa (luminosa) y Lampetía (brillante), con la ninfa Neera (recién nacida, una clara alusión al sol naciente), la oceanide que habitaba la mítica isla Trinacria = Sicilia). Faetusa y Lampetía cuidaban el ganado del dios Sol en la isla de los cíclopes. Se cuenta que cuando Odiseo y sus hombres llegaron a la isla se les advirtió de no tomar ninguna de las reces consagradas al dios solar, pero el hambre tras estar varados en la isla por varias semanas hizo que los hombres de Odiseo rompieran ese mandato; Lampetia corrió a avisarle a su padre y este tomo gran furia, los marinos abordaron por ultima vez la nave, pero el mar (Poseidón) apoyando a Helios terminó por hundir la nave y el único sobreviviente fue Odiseo, que agarrado a los restos del arco llegó a la isla de Calipso.

El culto a las ninfas Faetusa y Lampetía se funde con otras de sus media hermanas, y muchas veces estas ninfas son puestas como parte del grupo de las Heliades, hermanas de Faetón (brillante), quien es el más conocido de los hijos de Helios. La Heliade y Faetón son hijos de la oceánide Climena-Merope (Fama, la que gira el rostro) y no confundir con Asia-Climena, la esposa del titán Japeto). Climena-Merope funde su mito con el de otra ninfa, Clitia (Girasol, que también gira su rostro ante el paso de carro solar), según los mitos Helios (aquí posiblemente Apolo, muchos mitos de ambos dioses se combinan y funden) tras descubrir los amores de Afrodita ante Hefesto; la diosa del amor cobro cara esa imprudencia. Helios/Apolo que por ese momento cortejaba a la ninfa Clitia hizo que el dios se enamorara de la hermana de la misma, Leucótoe (no confundir con Leucotea, la diosa de la espuma blanca del mar), y profundizo el amor de Clitia por Helios/Apolo cuando este la abandono por la hermana. Clitia molesta y celosa le dijo al padre de su hermana frecuentaba a un desconocido, y el padre enojado por la traición enterró viva a la hija, quien murió bajo tierra. Helios/Apolo no perdono la maldad de Clitia y esta languideció mientras veía pasar al Sol por el cielo todos los días, no comía, ni bebía, finalmente, tras nueve días, los dioses se compadecieron y la transformaron en un girasol; mientras que a Leucótoe fue revivida en el árbol de incienso o en un arbusto de Leucotoe, que se caracteriza por hojas con colores dorados a azafranes, simbolizando los colores de la salida y puesta del sol.

Faeton

Faetón fue el más conocido de los hijos de Helios, cuando molesto por ser descalificado por otros semidioses, pidió a su padre que para demostrar su descendencia deseaba conducir el carro del Sol ante todos ellos. Helios no estaban muy seguro, pero por promesa previa debía cumplir el deseo de su hijo. Faetón perdió rápidamente el control de los caballos y estos desbocados iniciaron una carrera por el cielo y la tierra; quemando las llanuras de África dando origen al desierto del Sahara; y oscureciendo la tez de esos pueblos, explicando así origen a los pueblos de raza negra. Su madre Climena-Merope, hace referencia a la ciudad de Merope en Etiopía. El carro también quemó los cielos y los humos de aquel incendio aun son visibles en las noches, es la Vía Láctea. Faetón fue finalmente detenido por un rayo de Zeus, que mato al inexperto auriga y este cayó a la tierra; mientras Apolo, ahora, se hacía con el carro solar. Según los mitos, Faetón cayó cerca del río Po (Italia) y sus hermanas (las Heliades) que tanto lo lloraron fueron transformadas en álamos y sus lagrimas en ámbar. Faetón sin embargo no fue olvidado, y fue puesto en las estrellas como la constelación de Auriga [aunque existen muchas otras versiones sobre el origen de esta constelación, en tiempos primitivos todo este conjunto de estrellas representaban a un rebaño de cabras, y en los astrónomos del mundo árabe pusieron a muchas de esas estrellas nombre de cabras, la más conocida es Capella (Alfa Auriga) (la cabra), que hace referencia entre los griegos a la cabra que alimentó al infante Zeus; pero entre los árabes era llamada Al Rakib (el conductor o el pastor), siendo el resto del grupo el conjunto de cabras que viajan por el cielo].

Se supone que esta imprudencia por parte de Helios, que puso en peligro el cielo y la tierra, no sólo provocó la salida de Helios de los cielos, sino que su hermana Semele, que rara vez se metía en asuntos ajenos, también fue desplazada por la hermana de Apolo, la diosa de la caza, Artemisa.

Los últimos hijos importantes de Helios son los que tuvo con la ninfa Perseis/Persa (la destructora). Se aclara que hubo al menos cuatro personajes con este nombre (dos femeninos y dos masculinos), la traducción de Persa como destructora es una alusión segura que hacían los pueblos griegos a aquellos pueblos ubicados al este del río Tigris. El primero de estos personajes es Perses, el titán de la destrucción, hijo de titán Crío y Euribia; hija de este Perses es Hecate, la diosa de la magia y la brujería, a quien también se la llamaba Perseis.

Aunque Hecate es para muchos cultos una diosa virgen, su relación con la ninfa Perseis es más que manifiesta en una simple coincidencia de nombres. Según el mito entre los hijos de Perseis y Helios tenemos a la bruja Circe, su hermana Pasifae (la madre del minotauro), Eetes (el rey de la Cólquida, entre el mar Negro y el mar Caspio, dueño del vellocino de oro, y padre de la bruja Medea) y Perses (aquí un hijo de Helios y Perseis). Entre los griegos Jasón y los Argonautas fueron hasta la Cólquida (actual Georgia) en busca del vellocino de oro; manto mágico capaz de revivir a los muertos y que era usado por el rey Eetes para revivir a los soldados que estaban a su mando en las batallas. Cuando con la ayuda de Medea (la bruja adoradora de Hecate), Jasón huye con vellocino; Eetes pierde su poder y es reemplazado por su hermano Perses (que reinaba en Persia); años después, cuando Jasón traiciona a Medea y esta regresa a su nación, saca del poder a su tío y ella se apodera del trono, siendo desde entonces los pueblos de esa región conocidos como medos.

genalogía de Hiperion

Cosmología (4) Los hijos de Thalassa.

Mientras los titanes se repartían la tierra y el cielo, en medio de la misma un gran charco de agua (el Mediterráneo), rodeado por la tierra conocida (Europa/norte, África/sur y Asia/este), al oeste de estas aguas encerradas se abría por un pequeño paso hacia lo desconocido (columnas de Hércules), donde el Océano (titán y río que rodea toda la tierra) separaba el mundo conocido de los vivos del mundo desconocido de los muertos.

Thalassa

Ponto, hijo de la madre tierra (Gea) no fue el único señor de estas aguas en esos tiempos primigenios, su poder lo compartía con una diosa, Thalassa/Talasa, hija del Eter (luz/cielo azul) y Hemera (amanecer). Thalassa fue la creadora de la vida en los mares y se la hace madre de todos los peces; era para muchos era el agua misma del mar. Se la pone como madre de la diosa Afrodita en virtud de que los genitales castrados de Urano fueron a caer al mar y lo fecundaron.

Telquines_1

Thalassa tuvo amores con Ponto y de esta relación nació un raza de daimones, los Telquines (calumniadores/difamadores), gigantes cinocéfalos (con cabeza de perro) y/o con apariencia de hombres-pez; cuyo número varia de cuatro a nueve; entre ellos estaban: Licos (tiburón hambriento), Crisón (descubridor del oro), Argirón (descubridor de la plata), Calcón (descubridor del bronce), Escelmis (sequía), Damnameneo/Damón/Démonax (fabricante de hechizos), Megalesio (gran liberador), Hormenio (retoñador) y Actaeo (promontorio en la costa), aunque se citan otros nombres más, seguramente descendientes de los primeros.

Estos fueron habitantes originarios de la isla de Rodas, la cuarta isla más grande en el mar Egeo, después de Creta, Eubea y Lesbos; situada frente a la costa suroccidental de Anatolia/Turquía. Los Telquines a saber fueron los primeros que trabajaron el arte de la metalurgia, que según las referencias crearon la hoz con la que Cronos castro a su padre Urano. Fueron enviados a las profundidades del mar por Zeus, por haber potenciado el tridente de Poseidón, arma que uso para romper las montañas y transformarlas en islas ampliando así su reino (desde entonces Poseidón se volvió señor de los terremotos), aunque otras versiones ponen que fue el castigo por hacer uso de la magia para controlar los fenómenos atmosféricos de la cual el dios del cielo se consideraba único propietario. Muchos señalan que sobrevivieron a la inundación enviada por orden de Zeus para acabarlos (Poseidón seguramente no pretendía perder a semejantes aliados) y se dispersaron por diversas islas del mar Egeo, enseñando a los hombres el arte de la metalurgia.

De Damón se dice que se estableció en Creta, y fue padre de varias ninfas, entre ellas Dexítea, que termino siendo una de las esposas del rey Minos, quién pretendía con esta unión fortalecer su poder en la isla emparentándose con los primeros pobladores. Esta relación entre los Telquines y los primeros pobladores de Creta hace que se les confunda y/o iguale a otro grupo de gigantes, los Curetes, quienes también eran herreros y ayudaron con los ruidos de su forjas a esconder al infante Zeus de su padre Cronos; y de quienes se dice que fueron los primeros pobladores de Creta.

La hija de la pareja (PontoThalasa) fue Halia (salada), por ella a las mayoría de las ninfas marinas o asociadas a las costas se les llama halias, aunque no estén emparentadas. Halia es conocida también como Kapheira/Cafira, quién cuidó al niño Poseidón tras ser vomitado por su padre Cronos. El mito señala que Halia fue una de las tantas amantes de Poseidón, con el dios del mar Halia fue madre de otro grupo de daimones marinos, seis en número, los Proseos, llamados en conjunto los gigantes del este.

Halia

La versión más conocida sobre Halia señala que cuando Afrodita, nacida de la espuma del mar y transportada por una concha marina paso por Rodas y pidió posada, los hijos de la ninfa se negaron a brindarle ayuda, y la diosa del amor los embrujo haciendo que violaran a su propia madre. Halía no soportó tal horror y se lanzó al mar para morir ahogada; mientras que Poseidón molesto por el pecado de sus hijos los encerró dentro de cavernas submarinas bajo la isla.

El mito de Halía en este momento se desdibuja y mezcla con otro similar. En Tebas vivía Ino, una princesa griega que cuidó al hijo de su hermana Semele con Zeus (Dioniso/Baco). Por tal ayuda la siempre celosa Hera enloqueció a Atamas/Atamante, el esposo de Ino, quien en un ataque de locura atacó a toda la familia, matando a todos sus hijos con la princesa. Ino logró escapar con el menor, Melicertes; hasta finalmente lanzarse por el acantilado al mar. En este punto ambas historias se funden con el mito de la diosa Leucotea (la diosa blanca), quien gobernaba el mar Jonico. Leucotea era una diosa primitiva del mar, posiblemente una versión de Thalassa, pero que los mitos posteriores la hacer ser Ino o Halía transformada en la diosa blanca (la espuma del mar) por los dioses que se apiadaron de su suicidio. Los romanos llamaban a esta diosa Matuta, una diosa del amanecer y los puertos, lo que la vincula nuevamente como una forma de Thalassa.

Leucotea

Según la versión tebana, Melicertes fue transformado en Palemón (luchador), un joven dios que juega con los delfines y que los romanos llamaron Portunus (puerto) y quien era el dios de los puertos. Melicertes según algunos tiene vinculación con el dios marino fenicio Melkart o Melqart, dios patrón de la ciudad de Tiro/Fenicia, aunque no hay ningún mito que los relacione, salvo el hecho de que Cadmo, hijo de Agenor, rey de Tiro, era el padre de Ino. Melkart/Melqart tuvo dos connotaciones en Tiro, una como un dios del mar y otra como un dios del inframundo, equiparado al dios solar babilonio Nergal; aunque no se tiene claro si era primero dios del mar y luego del sol o a la inversa.

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Existe una versión de que la ninfa de las isla de Rodas era Himalia (molinera), quien enseñó a los hombres a fabricar el pan. Cuando Zeus, tras haber acabado con los titanes en su paso por la isla para acabar con los Telquines, se acostó con la ninfa. Fruto de esa unión nacieron: Esparteo (sembrador), Cronio (sazonador/cocinero) y Cito (panadero) quien guarda el grano en los silos; los tres con relación directa con el mito del origen del pan. Durante el diluvio que acabó con la raza del bronce, los tres hijos sobrevivieron en las zonas más altas de la isla de Rodas. Himalia aparece en esta versión ser otro nombre de Halia.

Según los mitos, tras la inundación que ahogó y/o expulso a los Telquines de la isla de Rodas; mientras los dioses se repartían, tras vencer a los titanes el mundo, Helios que llegó atrasado a la reunión se encontró de pronto sin ninguna tierra para que se le adorara. Pero la isla de Rodas permanecía aún bajo las aguas, y con consentimiento de Zeus, Helios la reclamó para si. El sol tomo posesión de la misma y la elevó del mar.

Rodas

Halia, también aquí llamada Polife (ingenio) tuvo una hija con Poseidón, de nombre Rodas; conocida por algunos como Atenea Hippeia (Atenea de los caballos y que no debe confundirse con la diosa Atenea, hija de Zeus). Rodas fue amante del dios sol, Helios, quien desposo a la ninfa que había permanecido en la isla, y por quienes sus hijos pondrían el nombre con que finalmente se conoce a la isla. Tanto fue el amor de la ninfa por el dios solar que hizo construir el famoso Coloso de Rodas.

Rodas tuvo con Helios a los helíadas: Óquimo, Cércafo, Macareo, Actis, Ténages, Tríopas y Cándalo y una hija, Electriona (madrugadora); según las versiones la chica murió virgen y fue adorada por los pobladores de la isla como una diosa menor del amanecer, su nombre hace una combinación de electra (ambar = dorada) y alector (gallo) lo que hace referencia a esta versión.

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Los hijos de la ninfa se convirtieron en legendarios astrónomos y gente del mar (marinos). Se señala que cuando nació Atenea, el primer pueblo que adorara la diosa sería siempre favorecido por la misma, los helíadas iniciaron la construcción de un templo a la diosa, pero fueron vencidos por los atenienses, de quienes la diosa es hoy aún patrona de la ciudad de Atenas.

Los helíadas sin embargo no tuvieron mucha suerte entre ellos mismos, se cuenta que cuatro hermanos [Actis, Tríopas, Macareo y Cándalo] conspiraron por celos contra otro de ellos [Tenages], que parecía ser más hábil en las ciencias. La muerte de Tenages provocó la expulsión de la isla de los cuatro hermanos y los dos que quedaron Óquimo y Cércafo se disputaron luego el control de la isla. Macareo llego a Lesbo (isla frente a Turquía) donde se volvió rey. Actis terminó en Egipto, donde fundo Heliopolis, en honor a su padre. Tríopas escapó a Caria (en Anatolia/Turquía) y fundó la ciudad de Cnido; y Cándalo terminó en Cos, otra isla cercana. Óquimo quedó con el control de la isla y luego fue sucedido por su hermano Cércafo, quien había desposado a la hija del anterior, sobrina para el caso, y cuyos tres hijos Camiro, Lindo e Ialiso fueron los reyes de las hoy tres principales ciudades de la isla, que llevan sus nombres.

Faetón, el mundo destrozado por Júpiter

La ley de Titius-Bode, incluso pudiendo ser solo una curiosidad matemática, tuvo una gran importancia en el desarrollo de la Astronomía de finales del siglo XVIII y principios del siglo XIX. Así en 1766 Johann Daniel Titius y posteriormente en 1772 el director del Observatorio de Berlín, Johann Elert Bode encontraron una regla simple matemática que daba de forma muy exacta la distancia de los planetas respecto al sol en Unidades Astronómicas; aunque algunos dicen que el primero en proponerla fue Christian Wolff en 1724.

La hoy conocida como ley de Titius-Bode señala que la distancia ‘a’ obedece a la relación: a=[(n+4)/10]; con n igual al doble del número anterior, empezando en 0 para Mercurio, 3 para Venus, 6 para la Tierra y así sucesivamente.

Planeta Posición respecto al sol n Distancia calculada Distancia oficial
Mercurio 1 0 0,4 0,39
Venus 2 3 0,7 0,72
Tierra 3 6 1,0 1,00
Marte 4 12 1,6 1,52
Ceres (1801) 5 24 2,8 2,77
Júpiter 6 48 5,2 5,20
Saturno 7 96 10,0 9,54
Urano (1781) 8 192 19,6 19,20
Neptuno (1846) 9 30,60
Plutón (1930) 10 384 38,8 39,44

Cuando originalmente se publicó, la ley era satisfecha por todos los planetas conocidos, desde Mercurio hasta Saturno, con un hueco entre el cuarto y quinto planeta; este hecho se consideró interesante, pero de ninguna importancia hasta el descubrimiento de Urano en 1781, que estaba a 19,18 UA, y qué encajó pulcramente en la serie y no hizo más que confirmar la ley publicada solo tres años antes; lo que llevó a pensar que faltaba un planeta, en el quinto lugar a 2,8 UA. Basado en su nueva credibilidad, Bode inició la búsqueda del quinto planeta.

En el congreso astronómico que tuvo lugar en Gotha, Alemania, en 1796, el francés Joseph Lalande recomendó su búsqueda. Entre cinco astrónomos se repartieron el zodiaco en la búsqueda del quinto planeta y finalmente el 1 de enero de 1801, en el Observatorio de Palermo el monje Giuseppe Piazzi, que no pertenecía a la comisión de búsqueda, descubrió Ceres, el primero de los asteroides. Carl Friedrich Gauss, el gran matemático, cálculo de la órbita de Ceres con los pocos datos de la órbita conseguidos por Piazzi. Calculada su órbita, resultó se un cuerpo que orbitaba entre Marte y Júpiter; es decir, el cuerpo que faltaba según la ley de Titius-Bode.

Sin embargo, en 1802 el astrónomo Heinrich Wilhelm Matthäus Olbers descubrió y nombró a otro objeto en la misma órbita general que Ceres, se trataba del asteroide Palas. Olbers propuso que estos nuevos descubrimientos fueron los fragmentos de un planeta alterado que anteriormente había girado en torno al sol. También predijo que más de estas piezas se encontrarían. El descubrimiento del asteroide Juno (1804) por Karl Ludwig Harding y Vesta (1807) por Olbers lo que reforzó la hipótesis de un planeta originario destrozado.

Así durante el siglo XIX, a medida que los asteroides eran descubiertos, estos nuevos objetos celestes eran considerados planetas. Júpiter paso a ser el sexto planeta tras el descubrimiento de Ceres. Entre 1845 y 1851, once asteroides adicionales fueron descubiertos y Júpiter se había convertido en el planeta número veinte. En este punto, los astrónomos empezaron a clasificar los nuevos cuerpo como asteroides (similares a estrellas). Después de la reclasificación de los asteroides en su propio grupo, Júpiter volvió a ser el quinto planeta una vez más. Con la nueva definición del término planeta en 2006, Ceres ya no es un asteroide, sino que entra en el conjunto de planetas enanos, siendo el único en esta categoría dentro del sistema solar interior.

El descubrimiento de los distintos asteroides del cinturón principal hizo que los científicos buscaran explicaciones lógicas para su origen y tratar de mantener la ley de Titius-Bode no como una curiosidad matemática, sino como algo cierto entre los cuerpos celestes; pero el descubrimiento de Neptuno en 1846, fuera de las predicciones de la Ley ya ponían en duda la veracidad de la misma. Pero la ley de Titius-Bode aún persistía en la mente de los científicos; el descubrimiento de Plutón en 1930 parecía corresponder con la posición que debería tener Neptuno, así la explicación era que Neptuno era un cuerpo extraño al sistema solar. Hoy nadie considera la ley de Titius-Bode salvo como algo más que un recurso mnemotécnico y no como un cálculo astronómico exacto; aunque se han hecho modificaciones a la misma, estas buscando relaciones logarítmicas entre los planetas, y en los gigantes gaseosos en sus grandes lunas encontrándose buenas correspondencias; pero ello bien lejos de la ley original.

Pero fuera de esta discusión sobre la veracidad o no de la ley de Titius-Bode, había que dar una explicación al origen del cinturón principal de asteroides; la propuesta inicial fue la existencia de un planeta entre Marte y Júpiter que existía en donde hoy se ubica el cinturón de asteroides, ello se conoció como la ‘Teoría de la Interrupción‘. Esta teoría afirma que hubo una vez un planeta importante dentro del sistema solar que circulaba en la brecha actual entre Marte y Júpiter, que fue destruido cuando se desvió demasiado cerca de Júpiter y fue destrozado por la poderosa gravedad del gigante de gas, otros proponen que este cuerpo fue golpeado por otro gran cuerpo celeste. En el siglo XX, el investigador sobre meteoritos ruso, Yevgeny Leonidovich Krinov, que participaba en la investigación del suceso de Tunguska, sugirió que el planeta que explotó en la teoría de Olbers debía ser nombrado Faetón (Phaeton, Phaethon) en referencia al hijo del dios del sol de la mitología griega, que trató de conducir el carro solar de su padre un día con resultados desastrosos y que fue finalmente destruido por Zeus (Júpiter).

Planeta Faetón

Hoy, la hipótesis Faetón se ha sustituido por el ‘Modelo de acreción‘. La mayoría de los astrónomos creen que los asteroides en el cinturón principal son los restos del disco protoplanetario, y que en esta región la agrupación de remanentes protoplanetarios para formar uno o más planetas fue impedido por la gran perturbación gravitatoria inducida por Júpiter durante el período de formación del sistema solar. Pero la hipótesis del mundo Faestón sigue siendo defendida por algunos no científicos. Un defensor notable es Zecharia Sitchin, quien ha propuesto, basado en su lectura de la antigua mitología Sumeria, que el planeta conocido por los sumerios como Tiamat fue destruido por un planeta errante llamado Nibiru y resultado de ese choque nacieron la Tierra, la Luna y el cinturón de asteroides; pero esta obra es ampliamente considerada como pseudociencia. Otras propuestas son en 1988, Donald W. Patten que escribió un libro titulado ‘El catastrofismo y el Antiguo Testamento‘ aquí un pequeño planeta que llamo Astra se acercó a Marte y, al llegar al límite de Roche, se rompió al igual que el cometa Shoemaker-Levy 9 hizo cuando se acercó a Júpiter en 1994, pero esta propuesta está también dentro de la pseudociencia ya que el tamaño de Marte hace que su límite de Roche se encuentre casi a un radio del planeta.

La idea de la existencia de un quinto planeta no ha sido del todo abandonada por la ciencia; tras el descubrimiento de los primeros planetas extras solares se observó que la mayoría eran cuerpos gaseosos similares a Júpiter, pero, a diferencia de nuestro gigante gaseoso, estos mundos giran muy cerca de la estrella, fueron llamados Júpiter calientes, y están a distancias incluso menores que nuestro Mercurio del Sol, donde no era posible que esos mundos se formaran, y se postulo que tras la formación de estos gigantes gaseosos, los mismos iban perdiendo momentum angular al chocar con los distintos cuerpos del disco protoplanetario original de sus sistemas solares. El frenado hacía que los planetas entraran en orbita espiral hasta alcanzar órbitas muy cercanas a sus respectivos soles. En 2002 los científicos John Chambers y Jack Lissauer plantearon la propuesta del Planeta V; un cuerpo que debió haber existido entre Marte y Júpiter, y al igual que los planetas extrasolares, desarrollo una orbita excéntrica e inestable producto de las colisiones con los restos del disco protoplanetario, el resultado es que hace unos cuatro mil millones de años este cuerpo terminó entrando dentro del sistema solar interior hasta terminar cayendo dentro del Sol; hechos que ocurrieron justo con el periodo de bombardeo pesado tardío; aunque este mundo no tuvo nada que ver con la formación del cinturón de asteroides; su existencia apunta a resolver situaciones como la existencia del Helio-3 en la superficie solar; el Helio-3 es un isótopo raro en las estrellas, pero común en los gigantes gaseosos; y otros problemas similares.

Faetón en los mitos

Faetón (Phaeton o Phaethon, que traduce brillante) forma parte de una genealogía distinta a la rama de los dioses olimpicos (hijos o familiares de Zeus). Sus padres eran el titán Helios (el dios sol, hermano de Semele, la diosa de la Luna y Eos, la diosa de la Aurora) y la oceánide Climena/Merope (nombre que traduce Fama/La que gira el rostro, y con este segundo nombre se relaciona con otra ninfa Clitia (Gloria), que al perder el amor del sol, aquí Apolo, se volvió un girasol, cuya flor lo sigue en el cielo; pero hay que tener cuidado de no confundir con otra ninfa de igual nombre Asia/Climena, esposa del titan Japeto y madre del Prometeo, Epimeteo, Atlas y Menecio, quien aquí se refiere a la oceánide que habitaba en Anatolia y que dio nombre a todo el continente al oriente de Grecia). Los abuelos por parte paterna de Faetón fueron Hiperión (fuego astral, el dios sol en la época de los titanes), el titan que gobernaba oriente y Tea (Theia, la diosa de la vista —oráculo, astrología—).

faeton

Así Faetón era en principio hermano de las ninfas Heliades; aunque otras versiones le ponen como madre a la ninfa Rodas (Rhode, también llamada Halia = sal marina), siendo por esta rama hermano de los Heliadae (genios marinos que sacaron a los Telequines, daimones marinos, de su isla y se dieron a su madre, isla que paso a llevar su nombre y donde la ninfa instauró el culto a su amante celeste, resultando en la construcción del Coloso de Rodas). Su padre Helios tiene entre sus otros nombres el de Febo (Phoebus = resplandeciente), mismo epíteto dado al dios Apolo, por ello ambos dioses (Helios y Apolo) se confunden muchas veces como padres de Faetón. Otras medio hermanas famosas de Faetón fueron la bruja Circe que transformó a los hombres de Odiseo/Ulises en cerdos y Pasifae la reina cretence esposa de Minos y madre del Minotauro; estas son algunas de hijas que el dios Helios tuvo con otra ninfa llamada Perces.

Helios

Fuera de estas discrepacias y otros parentescos en su ascendencia el mito de este joven titán se refiere a pedir a su padre manejar el carro del sol, con consecuencias funestas para todos. Según las historias Epafo (hijo de Zeus e Io) reinaba en Egipto, donde su madre había huido de la furia de Hera, y tenía gran amistad con Faetón, pero aunque eran amigos, las disputas por su ascendencias se presentaban entre ambos; tuvo la mala fortuna Epafo que llegó a reprocharle a Faetón de que era hijo de padre desconocido; ya que su madre ya lo cargaba cuando desposo con Merope (aquí un rey de Etiopía), él cual que había adoptado a Faetón.

Hiperion

Ante esta ofensa Faetón fue donde su madre y pidió que le revelara el verdadero nombre de su padre, así como consejo para perpetrar una venganza o hallar algún modo de recuperar el honor perdido. Climena reveló a su hijo que su padre era el increíble dios del sol, y le aconsejó a su hijo que solicitara el permiso de su verdadero padre para conducir su carro aunque sólo fuera por un día para así demostrar a todo el mundo la verdad de su nacimiento. Faetón acudió a Helio para comprobar si era verdad, el dios al saber lo ocurrido reconoció su paternidad y juro por la diosa de laguna Estigia (lo que convertía el juramento en irrevocable) que ayudaría a su hijo a cobrar la afrenta; fue cuando su hijo, siguiendo el consejo de su madre, pidió a su padre en manejar el carro del sol por un día. Imposibilitado de no poder romper el juramente Helios tuvo que ceder ante los ruegos de su hijo, consciente de los peligros que implica conducir el carro solar y se dispuso a preparar el carro para el siguiente amanecer.

Coloso de Rodas

Faetón había montado ya en el carro, pero antes de que emprendiera el vuelo, Helios le aconsejó que no subiera demasiado al cielo, pero que tampoco estuviera muy cerca de la tierra, pues ambas cosas resultarían muy peligrosas. Pero la juventud de Faetón fue pronto notada por los briosos corceles, y el joven fue incapaz de mantener el control de las riendas y de los caballos. El carro dejó su curso acostumbrado, y primero se apartó y atravesó el cielo, prendiéndole fuego, las marcas de ese incendio celeste aún son visibles en lo que hoy se llama la vía láctea, y después el carro trajo los rayos abrasadores a muchas partes de la tierra habitada y quemado la tierra misma, así surgió el desierto del Sahara, y sus gentes se volvieron de tez oscura; secó entonces los ríos, y Poseidón surgió de las aguas con su tridente a tratar de detenerlo, pero no pudo con el intenso calor y se vio obligado a bajar a las profundidades del mar que ya empezaba a evaporar. La tierra (Gaia) gimió de desesperación y pidió a Zeus que detuviera tal tormento. Zeus, enojado por lo que había sucedido, hirió Faetón con un rayo y envió a su hijo Apolo a que llevara al carro del sol a su curso acostumbrado.

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Faetón, que cayó a la tierra en un torbellino hasta golpear contra la desembocadura del río Erídano, llamado en esas tierras con el nombre de Pados (el actual río Po, al norte de Italia). El sitio donde cayó su cuerpo calcinado oscureció las aguas dando origen al betún del río, aguas que hasta hoy día se ven afectadas hasta el punto de agotamiento por el olor nauseabundo que dejó el cuerpo humeante de Faetón.

El rey Cicno de los Ligures (en el norte de Italia) fue hasta el lugar para tratar de ayudar a su amigo y rescatar el cuerpo; pero la pena de su muerte pudo más que sus fuerzas, apenas logró llegar a la orilla, sus llantos envolvieron el lugar, y los dioses lo transformaron en cisne, que desde entonces odia el fuego y el calor, por ello los cisnes migran al norte escapando del sol ardiente del verano.

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Sus hermanas, las Helíadas, finalmente llegaron y recogieron su cuerpo, le rindieron honores fúnebres y lo enterraron. Sumidas en la tristeza sus lágrimas constituyeron el ámbar que se encuentra aún en ese río y después, fueron metamorfoseadas en álamos. Por su parte Helios perdió no solo a su hijo, sino el carro solar, que pasó por orden de Zeus a su hijo Apolo, que desde entonces es el dios que conduce el carro solar. La moraleja de esta leyenda es que los padres deben aprender a no ser excesivamente permisivos con los caprichos de sus hijos, porque, como en este caso, podrían procurarle la muerte.

Apolo y las musas; la Aurora abre el día