Cosmogonía (7) Los hijos del Sol

A diferencia de los pueblos que dependían de los grandes ríos (Nilo, Eufrates y Tigris) donde el culto al Sol era importante y los dioses: Ra, Horus, Shamash, Nergal, y Mitra eran todo poderosos, reyes entre los suyos; no hubo entre los griegos un culto al Sol de singular importancia. Varios dioses, en distintos periodos, se ocuparon de manejo del carro solar, sin mayor importancia y/o culto. El primero de ellos fue Hiperión (quien camina en las alturas). Hiperión fue el titán que reinó en oriente (este), donde nace el sol, y ello es algo común a todas las culturas que ven elevarse por este punto cardinal al astro rey; mientras que su antípoda (el oeste) es para todas las culturas es el lugar de donde nace la noche (por desaparecer la luz del Sol), y es en esta dirección donde se ubicaba el mundo de los muertos.

hiperion

Hiperión fue uno de los cuatro hermanos que conspiraron con Cronos en la castración de Urano, su padre. El mito señala que cuando el cielo (Urano) descendía sobre la Tierra (Gea/Gaya), cuatro de sus hijos: Hiperion, Crío, Coios y Japetos lo agarraron por cada una de las extremidades manteniendo firme a su padre mientras Cronos lo castraba con una hoz. Así este mito tiene raíces de los pueblos de oriente próximo (Egipto y Mesopotamia) donde se habla de los grandes pilares que sostienen y separan el cielo y la tierra.

Hiperion fue el primero de los dioses que manejo el carro solar, y viajó con aquella esfera de fuego que daba luz y calor a la tierra por el cielo azul donde reinaba el Eter. Y como en todos los cultos, antes y después, Hiperion toma el nombre de ‘el que todo lo ve‘, es el dios (en el tiempo de los titanes) de la vigilancia y la observación. El movimiento del Sol y de la Luna (el carro manejado por la titanide Febe) sobre el cielo fue lo que dio paso al orden al mundo; son los ciclos diarios del Sol y mensuales de la Luna; que se mueven sobre las constelaciones celestes puestas sobre el cielo por su hermano Crío lo que dio origen al calendario. Así Hiperión al viajar sobre los cielos y sobre el fondo de estrellas (que gira una vez al año) permitió relacionar a los hombres los ciclos de la vida con las estaciones; por tanto se vuelve el dios de la sabiduría y la luz de la iluminación (la comprensión).

Theia_1-1

La compañera de Hiperion fue su hermana Theia (leída Tea en español, traduce la divina, la brillante), a veces se le pone el sobrenombre de Eurifesa (de ancho brillo). Los griegos creían que los ojos emitían un rayo de luz que permitía que uno viera; de aquí la idea de que el sol y la luna, cuyos rayos iluminaban la tierra, se conectaran con el don de la visión. Theia/Tea, que era la luz del día, llevaba como su esposo el titulo de ‘la que todo observa‘, es la diosa que tiene el don de la visión (la profecía); este don que compartía con sus hermanas: Febe (la visión de las estrellas —astrología—), Temis (la visión de la ley), Thetis (oráculo del agua) y Mnemosine (la visión de las palabras). A Theia se le atribuye el haber dado brillo al oro y la plata, a las piedras preciosas, a todo lo que fulgure y resplandezca; es por tanto diosa (entre los titanes) de los tesoros, de la riqueza (mineral), y de la belleza.

La pareja tuvo a saber por los mitos tres hijos: Helios (el Sol), Selene (la Luna) y Eos (la Aurora); tras la caída de los titanes, en su lucha con los olímpicos, el manejo del carro solar y del carro lunar pasaron de padres a hijos; en parte porque estos se mantuvieron en parte neutrales en la lucha, o al menos se negaron a participar a favor de Cronos y el resto de los titanes.

Eos (Aurora, la de rosados dedos) vino a suplir a la diosa Hemera (diosa primigenia del amanecer y la luz), y su nombre ha sido a servido como raíz para indicar inicios, se suele hablar de eones (cuando se refiere de tiempos muy antiguos o iniciales de la historia de la tierra), eozoico o eolítico, hace referencia a eón geológico antes de paleozoico —era primaria—, pero más comun es el termino pre-cambrico); el eoceno es el periodo geológico dentro del durante el cual surgieron todas las ramas de los mamíferos modernos de la era terciaria o Cenozoica. Como madre de los vientos se suele hablar de los vientos con el termino de eólico.

Eos

Eos es la diosa que trae la luz, la que corre el velo de la noche. Su mito se vincula a aquella que aleja de las camas a los hombres de sus mujeres (el levantarse con el alba para ir a trabajar); la razón de este mito es que esta diosa, así como sus padres y hermanos tenía el don de la visión, en este caso no de la profecía, sino más bien el de observarlo todo; tuvo la mala suerte de ser la primera en ver en la cama de Ares a la adultera Afrodita, chisme que no se guardó y se lo contó a Apolo (quien en ese momento era quien manejaba al carro solar), y este al marido de la adultera, Hefesto. Por tal intrusión Afrodita maldijo a Eos a ser una ‘devoradora de hombres‘.

El primer esposo oficial de la diosa del amanecer fue su primo, el titán Astreo; juntos serán los padres de los cuatro vientos estacionales: Boreas (viento del norte), Céfiro (viento del oeste), Notos (viento del sur) y Euro (viento del este). [Sobre esta familia hablaremos en otra entrada en más detalle]. También la pareja tuvo a saber una hija: Astrea (Estrella), quien fue por un tiempo diosa de la justicia, pero con la violencia de los hombres en la Edad de Bronce abandono la tierra y fue puesta en los cielos (constelación de Virgo y la balanza de la justicia es la constelación de Libra).

Menos afortunados fueron los mortales que cayeron dentro de la voracidad de la diosa del alba; el príncipe troyano Titono, fue deseado por la diosa a tal punto, que pidió a los dioses del Olimpo que le concedieran la inmortalidad, pero se le olvido pedir eterna juventud; el pobre fue envejeciendo y cada vez se arrugaba y encogía más, hasta que la diosa finalmente tuvo piedad por el pobre y lo termino transformando en un grillo. Desde entonces cada vez que Eos se despierta por la mañana llora por el amado produciendo el rocío con sus lágrimas, y Titono se alimenta de las gotas de ese rocío; y al cae la noche los grillos cantan por la amada hasta que ella llega de nuevo en la mañana, en su canto se les escucha decir cri-cri-cri…, pero hay quienes escuchan mori-mori-mori… que traduce el deseo de aquel pobre príncipe: morir.. morir… morir.

Selene

Selene (Luna) es la diosa de la Luna, heredo el carro lunar de su tía Febe,  y lo condujo al inicio de la era de los olímpicos. Pese a haber otras diosas lunares: Hecate y Artemisa (nietas de Febe), es Selene la diosa lunar por derecho propio; tanto es así que los habitantes de la luna se les llama selenitas y no lunitas. Pero la luz de la Luna no es cálida como la del Sol, sino fría y pálida; ello en parte por la influencia de diosas como Hecate (cuando hay luna nueva) y de Artemisa (en la luna llena) que han tenido gran importancia en los cultos de las brujas y la asociación a espectros y fantasmas. En las noches de luna llena lo lobos aúllan con más fuerza a la Luna para que les devuelva la sombra que les robó, los locos están más activos (por eso se les llama lunáticos) y las brujas realizan sus aquelarres; y en las noches sin Luna, los espectros salen y se quedan en las encrucijadas esperando a aquellos transeúntes incautos que se atreven a salir en la oscuridad total; y que sin la luna no pueden encontrar su camino de regreso a casa, pudiendo ser llevados por aquellos fantasmas hasta el mismo inframundo.

Endimión

El gran amor de Selene fue un pastor de cabras y ovejas llamado Endimión (muchas veces confundido y fundido con el mito de un príncipe de la región de Elide —región occidental del Peloponeso— de igual nombre). Estaba el joven pastor durmiendo en una cueva con su ganado, cuando la diosa lo contempló y se enamoró del cuadro; pidió a los dioses del Olimpo mantener esa imagen para siempre y desde entonces el joven permanece como congelado en el tiempo, dormido por siempre y eternamente joven en aquella cueva donde la Luna en las noches lo contempla extasiada.

Helios-2

Helios (Sol) fue quien más descendencia tuvo entre sus familiares, al participar del lado de los dioses en su lucha contra sus padres, pudo conservar el carro solar; así Helios es el dios solar por excelencia. Se cuenta que cuando los dioses, ya victoriosos se dividieron el mundo, Helios llegó tarde a la reunión y ya no quedaban tierras en Grecia, por ello se le permitió subir de las aguas a la inundada isla de la ninfa Rodas, y de la relación con aquella ninfa de igual nombre tuvo a los siete heliadas y a la joven Electrionia (la radiante). El culto de los Heliadas se funde con otros grupos similares (coribantes, curetes, dactilos, etc.); se trato de un grupo de sabios que aprendieron el uso y manejo de la herrería, y que distribuyeron este saber por todas las islas del Egeo. Tal era su arte que fabricaron el famoso Coloso de Rodas, a petición de su madre para rendir culto a su padre; tal era la estatua de metal que servía de faro en el puerto de la isla y era tan grande que según entre sus piernas abiertas podían entrar los navíos.

Pero Helios logró tener entre sus dominios otras islas, estas más al oeste, entre ellas la famosa isla de los cíclopes (Sicilia), la tierra de la diosa Etna (el volcán), los cíclopes eran seres que estuvieron vinculados a labores de herrería y servían al dios de la metalurgia (Hefesto). Otros gigantes habitaban en islas cercanas, los Lestrigones (gigantes antropófagos) vivían el oeste de Sicilia o en la cara oriental de la isla de Cerdeña, más al norte tenemos a Córcega, y arriba posiblemente la mítica isla de Eea, donde reinaba una hija de Helios, la bruja Circe, (la ubicación de esta isla no esta clara, algunos la ubican en la costa oriental del Mar Negro, cerca de la Colquida, donde reinaba el hermano de la bruja, el rey Eetes, otros la ubican en las costas orientales del mar Adriático, pero por la secuencia del viaje de Odiseo lo más probable es que se tratara de alguna de las islas menores que rodean Córcega).

Circe

Circe (anillo, aro) es una poderosa bruja, adoradora de Hecate y con gran poder en la transformación de hombres en bestias; Odiseo supero su trampa al comer unas hierbas dadas por Hermes; pero otros no tuvieron tal suerte. De los amores de Odiseo y Circe se citan tres hijos: Telégono, Agrio y Latino quienes reinaron sobre los pueblos etruscos, y tras unirse con Eneas y el resto de los troyanos que escaparon de Troya, serán la base del futuro imperio romano. [En otras versiones Latino es hijo de Fauno, y este de Circe, o es el hijo de Telémaco (hijo de Odiseo y Penélope) con Circe].

Otros no fueron tan afortunados, entre ellos cuando el dios marino Glauco vino pidiendo ayuda por un filtro de amor y así encantar a la ninfa Escila, Circe le pidió que se quedara con ella, pero al no ser correspondida por Glauco le dio un filtro que transformó a la bella ninfa en un monstruo. Similar suerte tuvo Pico, un hijo del dios romano Saturno, quien al despreciar a la bruja por la diosa Canto (una diosa de los bosques cerca de Roma, hermana del dios del río Tiber, es una hija del dios Jano, y madre con Pico de Fauno en la tradición romana) o de Pomona (diosa romana de los frutos), la bruja lo convirtió en pájaro carpintero.

El reino del dios del Sol llegó hasta las columnas de Hércules (estrecho de Gibraltar), donde el dios tenía parte de su rebaño de toros rojos, estos al cuidado del gigante Gerión y el pastor Euritión (un hijo de Ares y con la hesperide Eritia).

El dios Helios tuvo dos hijas, Faetusa (luminosa) y Lampetía (brillante), con la ninfa Neera (recién nacida, una clara alusión al sol naciente), la oceanide que habitaba la mítica isla Trinacria = Sicilia). Faetusa y Lampetía cuidaban el ganado del dios Sol en la isla de los cíclopes. Se cuenta que cuando Odiseo y sus hombres llegaron a la isla se les advirtió de no tomar ninguna de las reces consagradas al dios solar, pero el hambre tras estar varados en la isla por varias semanas hizo que los hombres de Odiseo rompieran ese mandato; Lampetia corrió a avisarle a su padre y este tomo gran furia, los marinos abordaron por ultima vez la nave, pero el mar (Poseidón) apoyando a Helios terminó por hundir la nave y el único sobreviviente fue Odiseo, que agarrado a los restos del arco llegó a la isla de Calipso.

El culto a las ninfas Faetusa y Lampetía se funde con otras de sus media hermanas, y muchas veces estas ninfas son puestas como parte del grupo de las Heliades, hermanas de Faetón (brillante), quien es el más conocido de los hijos de Helios. La Heliade y Faetón son hijos de la oceánide Climena-Merope (Fama, la que gira el rostro) y no confundir con Asia-Climena, la esposa del titán Japeto). Climena-Merope funde su mito con el de otra ninfa, Clitia (Girasol, que también gira su rostro ante el paso de carro solar), según los mitos Helios (aquí posiblemente Apolo, muchos mitos de ambos dioses se combinan y funden) tras descubrir los amores de Afrodita ante Hefesto; la diosa del amor cobro cara esa imprudencia. Helios/Apolo que por ese momento cortejaba a la ninfa Clitia hizo que el dios se enamorara de la hermana de la misma, Leucótoe (no confundir con Leucotea, la diosa de la espuma blanca del mar), y profundizo el amor de Clitia por Helios/Apolo cuando este la abandono por la hermana. Clitia molesta y celosa le dijo al padre de su hermana frecuentaba a un desconocido, y el padre enojado por la traición enterró viva a la hija, quien murió bajo tierra. Helios/Apolo no perdono la maldad de Clitia y esta languideció mientras veía pasar al Sol por el cielo todos los días, no comía, ni bebía, finalmente, tras nueve días, los dioses se compadecieron y la transformaron en un girasol; mientras que a Leucótoe fue revivida en el árbol de incienso o en un arbusto de Leucotoe, que se caracteriza por hojas con colores dorados a azafranes, simbolizando los colores de la salida y puesta del sol.

Faeton

Faetón fue el más conocido de los hijos de Helios, cuando molesto por ser descalificado por otros semidioses, pidió a su padre que para demostrar su descendencia deseaba conducir el carro del Sol ante todos ellos. Helios no estaban muy seguro, pero por promesa previa debía cumplir el deseo de su hijo. Faetón perdió rápidamente el control de los caballos y estos desbocados iniciaron una carrera por el cielo y la tierra; quemando las llanuras de África dando origen al desierto del Sahara; y oscureciendo la tez de esos pueblos, explicando así origen a los pueblos de raza negra. Su madre Climena-Merope, hace referencia a la ciudad de Merope en Etiopía. El carro también quemó los cielos y los humos de aquel incendio aun son visibles en las noches, es la Vía Láctea. Faetón fue finalmente detenido por un rayo de Zeus, que mato al inexperto auriga y este cayó a la tierra; mientras Apolo, ahora, se hacía con el carro solar. Según los mitos, Faetón cayó cerca del río Po (Italia) y sus hermanas (las Heliades) que tanto lo lloraron fueron transformadas en álamos y sus lagrimas en ámbar. Faetón sin embargo no fue olvidado, y fue puesto en las estrellas como la constelación de Auriga [aunque existen muchas otras versiones sobre el origen de esta constelación, en tiempos primitivos todo este conjunto de estrellas representaban a un rebaño de cabras, y en los astrónomos del mundo árabe pusieron a muchas de esas estrellas nombre de cabras, la más conocida es Capella (Alfa Auriga) (la cabra), que hace referencia entre los griegos a la cabra que alimentó al infante Zeus; pero entre los árabes era llamada Al Rakib (el conductor o el pastor), siendo el resto del grupo el conjunto de cabras que viajan por el cielo].

Se supone que esta imprudencia por parte de Helios, que puso en peligro el cielo y la tierra, no sólo provocó la salida de Helios de los cielos, sino que su hermana Semele, que rara vez se metía en asuntos ajenos, también fue desplazada por la hermana de Apolo, la diosa de la caza, Artemisa.

Los últimos hijos importantes de Helios son los que tuvo con la ninfa Perseis/Persa (la destructora). Se aclara que hubo al menos cuatro personajes con este nombre (dos femeninos y dos masculinos), la traducción de Persa como destructora es una alusión segura que hacían los pueblos griegos a aquellos pueblos ubicados al este del río Tigris. El primero de estos personajes es Perses, el titán de la destrucción, hijo de titán Crío y Euribia; hija de este Perses es Hecate, la diosa de la magia y la brujería, a quien también se la llamaba Perseis.

Aunque Hecate es para muchos cultos una diosa virgen, su relación con la ninfa Perseis es más que manifiesta en una simple coincidencia de nombres. Según el mito entre los hijos de Perseis y Helios tenemos a la bruja Circe, su hermana Pasifae (la madre del minotauro), Eetes (el rey de la Cólquida, entre el mar Negro y el mar Caspio, dueño del vellocino de oro, y padre de la bruja Medea) y Perses (aquí un hijo de Helios y Perseis). Entre los griegos Jasón y los Argonautas fueron hasta la Cólquida (actual Georgia) en busca del vellocino de oro; manto mágico capaz de revivir a los muertos y que era usado por el rey Eetes para revivir a los soldados que estaban a su mando en las batallas. Cuando con la ayuda de Medea (la bruja adoradora de Hecate), Jasón huye con vellocino; Eetes pierde su poder y es reemplazado por su hermano Perses (que reinaba en Persia); años después, cuando Jasón traiciona a Medea y esta regresa a su nación, saca del poder a su tío y ella se apodera del trono, siendo desde entonces los pueblos de esa región conocidos como medos.

genalogía de Hiperion

Cosmogonía (5) Los Dioses Rústicos, los hijos de las Montañas

Antes de los Titanes, Gea/Gaya engendró por si misma no solo a Urano (el cielo) y Ponto (el mar); de su vientre vieron luz las montañas; una serie de espíritus que no se entrometieron en las peleas de sus hermanos y de sus hijos (titanes y olímpicos), simplemente vivieron sus vidas como correspondía, en los campos, alejados de esos asuntos más urbanos. Se citan entre ellos al menos ocho nombres conocidos; siendo el más famoso el dios que guardaba la montaña que lleva su nombre, Olimpo, entre la región de Tesalia y Macedonia; siguen: la diosa del volcán más famoso de Italia, Etna; Oreos el señor de la montaña Otris, en Tesalia, padre de los hamadríades; a ellos se juntan más al sur, en la región central de la Grecia continental (Beocia) los señores: Citerón, Helicón, y Parnes. Más al noreste, en Tracia (hoy región compartida por Grecia, Turquía y Bulgaria) tenemos a Athos; y más al este, en la península de Anatolia (Turquía) tenemos a Tmolos.

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La mayoría de estos señores de las montañas no tomaron partido por ningún bando, sin embargo como hijos de la madre tierra eran poderosos y sus opiniones tomadas en cuenta; actuando muchas veces como jueces en las peleas y disputas menores de los dioses mismos. Entre ellos Citerón era el señor de una montaña entre Beocia y el Ática. Se cuenta que en una ocasión la diosa Hera estaba enfadada con Zeus, seguramente cansada de los amoríos de su esposo; Citerón aconsejó al dios de los cielos que construyera una estatua de madera y la vistiera de forma tal que se pareciese una novia y que la llevase en su carro. Cuando Hera vio la figura de su rival en el carro de su marido, se abalanzó sobre la misma ella descubriendo el engaño, entendió la indirecta y se reconcilió con su esposo, a miedo de que este desposara a otra en su lugar.

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Citerón es identificado también como Sileno; bajo esta apariencia de sátiro, se le hace el mentor de joven Baco, cuyo nombre griego es Dioniso (el dios de Niso, nombre dado también al sátiro mismo que lo crió), quien cuando niño estuvo al cuidado de las hijas del sátiro; las ninfas Nisiades, quienes se convirtieron en las primeras bacantes (seguidoras de Baco). Según los poetas se citan entre ellas los nombres de: Nysa (señora del monte Nisa, donde fue raptada Perséfone por Hades, en algunas versiones se la pone como una hija de Aristeo); Cisseis (diosa de la hiedra); Bromis/Bromia (la de fuerte grito), Erato (la amante), Erifia (la cabrita), Polixo (la diosa de los espesos bosques), Fito (diosa de las siembras), Eudora (la bien dotada), Pedile (la que calza sandalias), entre otros nombres.

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El culto a Sileno se funde con el de otros dioses menores; entre ellos Hecatero, un primitivo dios de la danza, padre de los cinco Dactilos y los cinco Hecateros; quienes a su vez son identificados con los nueve Curetes (dioses que ocultaron con sus danzas y cantos al joven Zeus de Cronos). A Sileno se le conoce con tres nombres (que son puestos como hijos del sátiro o como formas equivalentes del mismo), quienes educaron al joven Baco en el arte de hacer el vino y que acompañaron al dios en su viajes; ello son: Marón (dios menor de Moroneia, región en Tracia reconocida por sus cultivos de uvas, y quién enseño a Baco a cultivar la vid), Astraios (quien le enseño a recoger la uva, y no se le debe confundir con el titán Astreo, señor de la oscuridad y padre de los vientos) y Leneo (quién le enseño a pisar la uva para sacar el vino). Los hijos de estos tres dioses menores, o formas de Sileno, serían el resto de los sátiros que pueblan los bosques.

Aristeo

Astraios está muy vinculado con el dios menor Aristeo, un hijo de Apolo y la ninfa Cirene (reina soberana). Aristeo era el dios rústico de los pastores (como Pan, quien era llamado Agreo (de la caza) y Nomio (de los pastos); ambos epítetos también los tenía Aristeo), se le pone como quien enseño la fabricación del queso, también enseño la apicultura a los hombres (se le vincula aquí a Meliso, uno de los curietes, o a la ninfa Melia/Melissa), enseño a hacer el aguamiel (un licor), el cultivo del olivo y de las hierbas medicinales (como su medio hermano Asclepio). A Aristeo se le hace señor de los vientos etesios (vientos estacionales que soplan por el mar Egeo) y ello lo vincula tambíen con Astreo el titán de la oscuridad y de los vientos. Su nombre se deriva de la palabra griega Aristos (excelente o muy útil). El hijo de Aristeo fue Acteón, con una hija del rey de tebas, Cadmo, (hermano de Europa); Acteón, al igual que su padre tenía gusto por la caza, tuvo la mala suerte de encontrar a la diosa Artemisa cuando se bañaba en una fuente del bosque, ella lo transformó en ciervo y Acteón fue destrozado por sus propios perros.

Acteón

La imagen de los sátiros es variada, en unas tienen torso humano y la parte interior de piernas de caballo (solo dos, para diferenciarse de los centauros que tiene las cuatro patas); en la otras se funden con las imágenes de los faunos romanos; estos con versiones más juveniles, con patas de cabras y de cuernos más cortos que los sátiros; ya que ambos son espíritus de los bosques.

Tmolos

Aunque existen casi infinitos sátiros, algunos han pasado a las leyendas por sus tristes finales; entre ello Marsias, un joven sátiro, hijo de Olimpo; quien se atrevió a desafiar en manejo de los instrumentos musicales al señor de las Musas, el dios Apolo; el juez fue el dios de la montaña de Anatolia, Tmolos; tras ser vencido por Apolo, el dios ató a Marsias a un árbol y lo desolló vivo.

Marsias

Ampelos

Otros sátiros conocidos fueron Ampelos (uva), un joven sátiro cuya temprana muerte, por el cuerno de un toro, hizo que Baco lo convirtiera en una vid (árbol de la uva). Komos/Comus (juerga/fiesta) tuvo mejor suerte, se convirtió en el copero de Baco, quien lo adopto como padre. Argios fue un sátiro que trato de violar a la ninfa Amymone (noble) cuando fue a beber agua a su fuente; Poseidón lo expulso y se acostó con la ninfa en su lugar.

Komos

Entre aquellos sátiros que formaron el cortejo de Baco y lo acompañaron en sus viajes se citan a: Poimenio (de los pastores); Tiaso (de la tropa), Hipsicero (de grandes cuernos), Orestes (de las montañas), Flegraeo (encendido), Napaio (de la arboleda), Gemón (de las cargas), Ferreo (de las bestias), Petreo (de las rocas), Lenobio (de los barriles de vino), Lamis (de la hondonada), Escirto (de los saltos), Estro (de los aguijones, Cisso (de las hierbas) entre otros.

Pese a lo que se pudiera pensar, no todos los sátiros descienden de Sileno; hay algunos cuyo padre es el dios Hermes; un primer trío, hijos del dios con la ninfa Iftime, una nieta de Helen/Heleno (el hijo de Pirra y Deucalión), quienes fueron los mensajeros de Baco fueron: Ferespondo (de las ofrendas), Licón/Lico (de los lobos) y Pronomo (del pastoreo). Pero el más notorio de todos los sátiros hijos de Hermes fue, sin embargo, el dios Pan; la madre según era una de las hijas del rey Driópe, quién gobernaba en el centro de la Grecia, en la región cercana la monte Parnaso, hasta que fueron expulsado por los dorios, estableciéndose este pueblo en el Peloponeso.

Pan_2

Pan era el dios de los pastores, se le describe como un fauno y/o sátiro, con piernas de cabra y cuernos; y como los sátiros, perseguidor incansable de ninfas y driades; entre sus víctimas se encuentran: Siringe, una nayade, ninfa del río Ladón, quien para huir del sátiro se transformó en la mata de cañas que crece a la orilla del río y lleva su nombre; cañas con las que Pan creo sus flautas; Pitis, una de las oreiades, ninfas de los bosques de las montañas, quién para escapar se transformó en un abeto. Incluso se culpa a Pan del destino de Eco; quien fue maldecida por Hera a repetir las últimas palabras que otro dijera, por haber ayudado por su esposo a distraerla cuando él estaba con alguna de sus amantes; la ninfa que había sido amante de Pan, se enamoró del joven Narciso, pero cuando el chico le hablaba, ella repetía las palabras, este pensó que se burlaba y la abandono; Eco terminó así haciéndose invisible, quedando solo su voz.

Crotos

Hijo de Pan con la ninfa Eufeme (buen hablar) fue Crotos, quien habitaba en el monte Helicón con su madre; se volvió amigo de las Musas y les enseñó el ritmo de los tambores. Su madre Eufeme era una nayade (ninfa de alguna fuente en la montaña) y fue la niñera que crió a las Musas, de cuyas aguas se decía que inspiraban a los poetas. Los hijos de Pan fueron llamados los Paneides o Paniskoi (pequeños panes); a saber se mencionan al menos doce nombres, pero seguramente hubo muchos más: Celaneo (de pelo negro); Argennon (blanca oveja); Egicoro (lleno de cabras), Eugenio (barbudo), Omester (carnívoro), Dafoeneo (sangriento), Frightener (brillante), Filamnos (amigo de los corderos), Xantos (rubio), Glauco (del pelo gris), Argos (del pelo de plata, blanco) y Forbas (de los pastos).

familias de Pan, Parnaso, Fauno y Aristeo

Otro sátiro famoso fue Fauno, la tradición griega lo pone como hijo del poderoso Poseidón con la bruja Circe, una hija de Helios, el Sol; pero en la tradición romana este dios rupestre es hijo de Pico (un hijo de Saturno/Cronos con una ninfa de los bosques cuando habitó en Italia tras ser desterrado por los dioses) y la ninfa Canto (una hija del dios romano Jano);  aunque también se pone a Fauno como hijo de Pico y sus amores con Circe, antes de que la bruja lo transformara en pájaro carpintero por haber preferido a Canto. Fauno es el equivalente romano de Pan; y quien sería el padre de todos los faunos que pueblan los bosques italianos.

Los faunos, a diferencia de los sátiros solían ser más juveniles y traviesos que sus contrapartes griegas, aunque ambos les gustaba asustar a los que se acercaban a sus dominios, nuestra palabra ‘pánico’ deriva justamente de Pan. En algunas de las primeras versiones los sátiros tenían piernas humanas, salvo la cola del caballo; mientras que los faunos siempre fueron representados con patas de cabras y cuernos; pero, dado que ambos grupos tenían a su cuidado los bosques y protegían a sus criaturas, las representaciones de ambos grupos se terminaron fusionando.

Fauno_1

El pastor Acis es puesto como hijo de Fauno (en algunas versiones de Pan) y de la náyade Simetis, hija Simeto, el río principal de Sicilia. Acis tuvo amores con la nereida Galatea, pero el cíclope Polifemo también pretendía a la ninfa por lo que arrojo una roca sobre el rival. la sangre derramada de Acis fue convertida en un pequeño arrollo de rojas y frías aguas que desciende del monte Etna.

Existen otras razas de sátiros cuyo parentesco no esta entre los dioses de las montañas; entre los mitos se mencionan a los sátiros de Libia, quienes habitaban las montañas Atlas, los sátiros de Etiopía y los sátiros de las islas (islas en el norte de África); todos descritos como salvajes, pero seguramente era la visión de los marinos de los monos africanos desconocidos por los europeos. Entre mitos similares a la inversa tenemos a los sátiros Acmon (yunque) y Passalo (pernos/clavo), llamados en conjunto los Cercopes (unidos), según el mito eran unos ladrones en la región de Libia, Zeus los castigo transformándolos en monos.

El monte Helicón fue el primer hogar de las Musas; y tanto entusiasmó el canto de las ninfas sobre los cielos y sus maravillas a Helicón, que este se hinchó y elevó para alcanzar los cielos; Poseidón sin embargo castigó su intento estremeciendo la tierra y haciéndolo descender estruendosamente para siempre. El carácter de Helicón siempre provocaba que su montaña tuviera aludes de piedras, entre los más recordados derrumbes esta la pelea con su hermano Citerón. Era ya época de paz, con los olímpicos en el trono, Citerón participó en un concurso de canto con las Musas como jueces; el suyo versaba de cómo Zeus fue escondido de Cronos en su infancia; recibiendo los votos de la mayoría de los presentes y Hermes gritaba hurras al ganador; pero su hermano Helicón, que era uno de los oponentes, no le gustó el resultado y enfurecido agarró una gran roca de la montaña, lo que provocó otro derrumbe de la montaña misma.

Parnaso

Las Musas, cansadas de estos vaivenes de humor del dios de la montaña, terminaron por mudarse al monte de Parnaso. Parnaso era un hijo de Poseidón con la nayade Cleodora; ella con su hermana Melaina y su madre Coricio (diosa de la cueva de Coricio, cercana a Delfos) formaban un trío de profetisas, que adivinaban el futuro lanzando piedras. Así se juntaron las Musas y el dios de las profecías, luego dios de las artes.

Dafnis

Dafnis (laurel) fue un pastor que era hijo de Coricio y el dios río Cesifo (en otras versiones de Hermes y una ninfa desconocida); fue abandonado por su madre y recogido por Apolo, quien junto con las Musas le enseñó la poesía, y Pan le enseño a tocar la siringa (una especie de flauta de cañas). Al crecer el mancebo tendría gran belleza y enamoraría a muchas doncellas, finalmente una nayade (el nombre varía con las versiones) le pediría fidelidad, y aunque el chico lo intentó, más puedo la carne que la palabra empeñada, por ello la ninfa lo castigó y lo dejó ciego. Dafnis entonces ciego se retiró con sus cabras a los montes, lejos de estos problemas, y se volvió en otro dios de los pastores; y con sus cantos dio origen a la poesía bucólica.

El dios del monte Athos se unió a los gigantes cuando estos intentaron conquistar vencer a los dioses; Zeus lo venció en Macedonia y lo convirtió en piedra, desde entonces la montaña ha permanecido en el lugar. Parnes o Parnitha es el monte más alto en la región de Atica, con sus 1400 metros es la montaña más alta y cercana a Atenas, de ahí su culto por los pobladores cercanos.

Pero la montaña por altura de toda Grecia es el Olimpo; la segunda más grande de las montañas de los Balcanes (la otra es Musala en Bulgaria, que lo supera por algo más de 10 metros), el Olimpo con más 2900 metros no podía ser sino el lugar más apropiado para que los dioses instalaran sus residencias. El dios de la montaña más alta hace hoy de casero para los olímpicos; pero ha tenido varios inquilinos en sus alturas, primero Ofión (serpiente) quien ocupó esos predios hasta que fue expulsado por Cronos; luego Cronos, hasta que lo expulso propio su hijo Zeus, por un tiempo corto Tifón, cuando expulso a los dioses, así sus laderas fueron terreno de batalla para dioses y gigantes, y otros tantos que intentaron apoderarse de esa cumbre; Olimpo a tenido que lidiar con los más vario pintos inquilinos y con una que otra reconstrucción de sus laderas por culpa de estas luchas.

Si bien se atribuye a Citerón/Sileno/Niso el ser el padre directo de la mayoría de los sátiros; sus hermanos en conjunto los Ourea (las montañas) se les atribuye la paternidad del colectivo de las ninfas Oreiades (diosas de los pinos y coníferas, y un sub-grupo de las ninfas dríades, señoras de los arboles). Los antiguos bosques de la antigua Grecia se encontraban principalmente en las montañas, ya que la mayoría de las tierras bajas habían sido despejadas para la agricultura; era natural para los griegos pensar en las Oreiades como diosas de las montañas y forestas. Las dríades como grupo colectivo eran las ninfas de los arboles, la idea era que cada árbol tenía un espíritu o alma que lo habitaba, mientras el árbol existiera, ese espíritu lo acompañaba; al morir el árbol, igual ocurría con la dríade que el árbol habitaba.

Melia

Las dríades incluyen varias familias, entre ellas las ninfas Melias, nacidas de la sangre derramada por Urano en su castración. Ellas eran las dríades de los fresnos de las montañas y su unión con los hombres de la Raza de Plata la que dio origen a los hombres de la Raza de Bronce. La más conocida y de la que deriva el nombre del grupo es Melia o Melissa (miel o toronjil; en relación a la resina dulce que produce el fresno). Los mitos ponen a Melia como una de las ninfas que ocultó al niño Zeus de su padre Cronos en Creta [aunque hubo varias ninfas con igual nombre y por ello las leyendas se mezclan]. A esta acción se sumaron dos ninfas más, hijas de Melia, [o de Meliso (mielero), nombre dado a uno de los Curetes, quienes con sus cantos y ruidos ayudaron a ocultar los llanos del infante]; ellas eran Ida (diosa del monte de igual nombre en Creta), y Adrastia (ineludible), quienes colaboraron con su madre (y/o padre) y con los Curetes a ocultar la infante dios.

Adrastia es vinculada a la diosa frigia (en Anatolia) Cibeles; que era una diosa madre de las montañas; y que fue equiparada por los griegos con Gea (la madre tierra), Rea (la madre naturaleza, madre de Zeus), Demeter (la diosa de la agricultura) y con la diosa romana Magna Mater (Gran Madre); también se la vincula con la deidad primordial Ananké (la necesidad); que era la esposa de Chronos, (aquí se habla del dios protogeno -primero/primordial/primigenio- del tiempo mismo, que luego se fusionó con Cronos, el titán del tiempo climático, y esposo de Rea,  la madre naturaleza).

Acompañaron a esta ninfas en el cuidado y protección del infante una cabra de nombre Amaltea (la tierna), cuya leche, así como la miel de las Melias sirvieron de alimentó al niño Zeus. Se suman en esta ayuda dos ninfas más: Cynosura (cola del perro, una oreiade, ninfa que habitaba en el monte Ida y puede ser otro nombre dado por razones distintas de la misma Ida) y Helice (la que gira, una oreiade, la ninfa del sauce, que tendría a ser otro nombre para Adrastia).

La tradición señala que Cronos enterado de la ayuda de las ninfas, transformo a Melia/Melissa en un gusano; Zeus la convirtió luego en la primera abeja. Las otras ninfas lograron huir de la furia del titán, y Zeus las recompensó luego poniéndolas en los cielos; Cynosura es nuestra actual estrella polar (que ocupa justamente la posición de la punta la cola de la osa menor, de ahí el nombre) y Helice en una de las estrellas de la Osa Mayor, sino la osa misma. Algunos mitos señalan que Melia fue amante de Sileno, de esta relación nació Folo (el centauro) y se atribuye a la pareja el resto de los centauros del Peloponeso.

Por su parte la cabra Amaltea fue subida a los cielos como la estrella Capella (la cabra) en la constelación del Auriga. Se cuenta que cuando niño, Zeus accidentalmente rompio un cuerno de la cabra, el chico compenso a la cabra señalando que quien portara el cuerno recibiría siempre buenos frutos; es el origen de la cornucopia (el cuerno de la abundancia).

Entre las dríades hay otro grupo particular, las Hamadríades, dioses y diosas de los cedros y robles; esta familia desciende de Oreos, dios de la montaña Otris, en Grecia central. Según la versión más extendida hijos de Oreos fueron: Oxilo (el espíritu del árbol de haya) y su hermana Hamadríade (el espíritu del ciruelo); estos a su vez fueron padres de: Balanos (del roble), Morea (del árbol de moras), Karya (del avellano, nogal o castaño), Kranea (del árbol de las cerezas), Aigeros (del abeto negro), Ptelea (del olmo), Syke (la higuera) y Ampelos (el árbol de la uva y cuya historia ya contamos antes).

Hamadriade

Las Epimelides son otro grupo de dríades, aunque de paternidad variada (los Ourea y Helios, el dios solar), eran ellas las diosas de los arboles frutales como las manzanas, peras, duraznos, etc. Se las vincula también como protectoras de los ganados, en especial de ovejas; de aquí su relación con Helios y con el dios Pan. Entre las hijas del dios Helios estaban las Heliades, las hermanas de Faetón, quienes tras la muerte de su hermano, en su tristeza fueron transformadas en álamos (dríades) y cuyas lagrimas se convirtieron en ámbar; y de distinta madre a las ninfas Faetusa (radiante) y Lampecia (brillante), con Egle (brillo), hija de Lampecia y Asclepio (hijo de Apolo, dios de la medicina); quienes eran las guardianas del rebaño de su padre en Trinacia (Sicilia), por ello identificadas como parte de las epimelides (diosas de los frutos y los ganados).

La mayoría de las Epimelides están más relacionadas con el dios Pan; entre ellas Nomia (pastos) era la señora del monte Nomia en Arcadia, en el Peloponeso; y fue una amada de Pan; por su parte Penelopia/Penelope (piel), no confundir con la esposa de Odiseo de igual nombre, era la ninfa del monte Cilene, también en Arcadia; es puesta como una hija del rey Driópe con alguna Oreiade no citada, y madre del dios Pan. Por su parte Sinoe (todo), era la diosa de monte de igual nombre, y fue la niñera de Pan. Otras ninfas oreiades a las que se le atribuye ser la madre del dios de los pastores son: Sose (seguro) la diosa del monte Sosa en Arcadia y Thymbris, la diosa de las hierbas florales silvestres (las thybras) propias de Grecia y Creta de igual nombre.

El monte Etna es el único de la lista de los Ourea con una diosa como señora del sitio. Etna, se la hace hija también de Océano y Thetis, siendo así una oceanide (diosas de las costas e islas); y también se le pone como hija del gigante Briareo (uno de los hecantoquiros). Etna fue la montaña donde fue finalmente encerrado el gigante Tifón; quien en sus arrebatos por liberarse de tanto en tanto mece la montaña y hace que expulse fuego.

Etna

Bajo la montaña ardiente Hefesto construyó finalmente su fragua, cansado de ser el hazmerreír del Olimpo, por los amoríos de su esposa Afrodita. Se dice que Hefesto tuvo amores con la diosa de la montaña (Etna) y fruto de esa relación nacieron los Palicos (los renacidos), un par de gemelos que se convertirían en los dioses de los géiseres y las aguas termales de la región de Palacia en Sicilia; estos dioses ofrecían refugio a los esclavos fugitivos, quienes pasaban a formar parte de grupo de siervos del dios de los herreros.

Otra tradición los pone como hijos de Zeus y una ninfa local llamada Talia [no confundir con una de las Musas o con una de las Carites/Gracias de igual nombre]; la celosa Hera hizo que la tierra (Gea) se tragara a la ninfa, tiempo después la tierra se abrió y saldrían los gemelos (de ahí el nombre), quienes en Sicilia se volverían patrones de la agricultura y la navegación [este mito recuerda también al gigante Ticio, cuya madre embarazada de Zeus se escondió en una cueva, pero la criatura creció enorme en el vientre materno hasta reventarlo, terminando Gea la gestación de la criatura]. La tercera tradición pone a Adrano como el hijo de la ninfa y Zeus, Adrano era un dios local de los volvanes (luego identificado por los griegos con Hefesto), pero que tenía raices fenicias y/o cartaginences, en su dios solar/fuego Adramelec (Adar-Malik/señor del fuego), y que fue asociado a Moloch por la tradición de sacrificar niños dentro de estatuas ardientes tanto en Fenicia, como en sus colonias, incluida Cartago. Los Palicos en esta tradición serian los hijos de Adrano y la ninfa Etna, y que luego los griegos y romanos la llevaron a la tradición clásica conocida.

Faetón, el mundo destrozado por Júpiter

La ley de Titius-Bode, incluso pudiendo ser solo una curiosidad matemática, tuvo una gran importancia en el desarrollo de la Astronomía de finales del siglo XVIII y principios del siglo XIX. Así en 1766 Johann Daniel Titius y posteriormente en 1772 el director del Observatorio de Berlín, Johann Elert Bode encontraron una regla simple matemática que daba de forma muy exacta la distancia de los planetas respecto al sol en Unidades Astronómicas; aunque algunos dicen que el primero en proponerla fue Christian Wolff en 1724.

La hoy conocida como ley de Titius-Bode señala que la distancia ‘a’ obedece a la relación: a=[(n+4)/10]; con n igual al doble del número anterior, empezando en 0 para Mercurio, 3 para Venus, 6 para la Tierra y así sucesivamente.

Planeta Posición respecto al sol n Distancia calculada Distancia oficial
Mercurio 1 0 0,4 0,39
Venus 2 3 0,7 0,72
Tierra 3 6 1,0 1,00
Marte 4 12 1,6 1,52
Ceres (1801) 5 24 2,8 2,77
Júpiter 6 48 5,2 5,20
Saturno 7 96 10,0 9,54
Urano (1781) 8 192 19,6 19,20
Neptuno (1846) 9 30,60
Plutón (1930) 10 384 38,8 39,44

Cuando originalmente se publicó, la ley era satisfecha por todos los planetas conocidos, desde Mercurio hasta Saturno, con un hueco entre el cuarto y quinto planeta; este hecho se consideró interesante, pero de ninguna importancia hasta el descubrimiento de Urano en 1781, que estaba a 19,18 UA, y qué encajó pulcramente en la serie y no hizo más que confirmar la ley publicada solo tres años antes; lo que llevó a pensar que faltaba un planeta, en el quinto lugar a 2,8 UA. Basado en su nueva credibilidad, Bode inició la búsqueda del quinto planeta.

En el congreso astronómico que tuvo lugar en Gotha, Alemania, en 1796, el francés Joseph Lalande recomendó su búsqueda. Entre cinco astrónomos se repartieron el zodiaco en la búsqueda del quinto planeta y finalmente el 1 de enero de 1801, en el Observatorio de Palermo el monje Giuseppe Piazzi, que no pertenecía a la comisión de búsqueda, descubrió Ceres, el primero de los asteroides. Carl Friedrich Gauss, el gran matemático, cálculo de la órbita de Ceres con los pocos datos de la órbita conseguidos por Piazzi. Calculada su órbita, resultó se un cuerpo que orbitaba entre Marte y Júpiter; es decir, el cuerpo que faltaba según la ley de Titius-Bode.

Sin embargo, en 1802 el astrónomo Heinrich Wilhelm Matthäus Olbers descubrió y nombró a otro objeto en la misma órbita general que Ceres, se trataba del asteroide Palas. Olbers propuso que estos nuevos descubrimientos fueron los fragmentos de un planeta alterado que anteriormente había girado en torno al sol. También predijo que más de estas piezas se encontrarían. El descubrimiento del asteroide Juno (1804) por Karl Ludwig Harding y Vesta (1807) por Olbers lo que reforzó la hipótesis de un planeta originario destrozado.

Así durante el siglo XIX, a medida que los asteroides eran descubiertos, estos nuevos objetos celestes eran considerados planetas. Júpiter paso a ser el sexto planeta tras el descubrimiento de Ceres. Entre 1845 y 1851, once asteroides adicionales fueron descubiertos y Júpiter se había convertido en el planeta número veinte. En este punto, los astrónomos empezaron a clasificar los nuevos cuerpo como asteroides (similares a estrellas). Después de la reclasificación de los asteroides en su propio grupo, Júpiter volvió a ser el quinto planeta una vez más. Con la nueva definición del término planeta en 2006, Ceres ya no es un asteroide, sino que entra en el conjunto de planetas enanos, siendo el único en esta categoría dentro del sistema solar interior.

El descubrimiento de los distintos asteroides del cinturón principal hizo que los científicos buscaran explicaciones lógicas para su origen y tratar de mantener la ley de Titius-Bode no como una curiosidad matemática, sino como algo cierto entre los cuerpos celestes; pero el descubrimiento de Neptuno en 1846, fuera de las predicciones de la Ley ya ponían en duda la veracidad de la misma. Pero la ley de Titius-Bode aún persistía en la mente de los científicos; el descubrimiento de Plutón en 1930 parecía corresponder con la posición que debería tener Neptuno, así la explicación era que Neptuno era un cuerpo extraño al sistema solar. Hoy nadie considera la ley de Titius-Bode salvo como algo más que un recurso mnemotécnico y no como un cálculo astronómico exacto; aunque se han hecho modificaciones a la misma, estas buscando relaciones logarítmicas entre los planetas, y en los gigantes gaseosos en sus grandes lunas encontrándose buenas correspondencias; pero ello bien lejos de la ley original.

Pero fuera de esta discusión sobre la veracidad o no de la ley de Titius-Bode, había que dar una explicación al origen del cinturón principal de asteroides; la propuesta inicial fue la existencia de un planeta entre Marte y Júpiter que existía en donde hoy se ubica el cinturón de asteroides, ello se conoció como la ‘Teoría de la Interrupción‘. Esta teoría afirma que hubo una vez un planeta importante dentro del sistema solar que circulaba en la brecha actual entre Marte y Júpiter, que fue destruido cuando se desvió demasiado cerca de Júpiter y fue destrozado por la poderosa gravedad del gigante de gas, otros proponen que este cuerpo fue golpeado por otro gran cuerpo celeste. En el siglo XX, el investigador sobre meteoritos ruso, Yevgeny Leonidovich Krinov, que participaba en la investigación del suceso de Tunguska, sugirió que el planeta que explotó en la teoría de Olbers debía ser nombrado Faetón (Phaeton, Phaethon) en referencia al hijo del dios del sol de la mitología griega, que trató de conducir el carro solar de su padre un día con resultados desastrosos y que fue finalmente destruido por Zeus (Júpiter).

Planeta Faetón

Hoy, la hipótesis Faetón se ha sustituido por el ‘Modelo de acreción‘. La mayoría de los astrónomos creen que los asteroides en el cinturón principal son los restos del disco protoplanetario, y que en esta región la agrupación de remanentes protoplanetarios para formar uno o más planetas fue impedido por la gran perturbación gravitatoria inducida por Júpiter durante el período de formación del sistema solar. Pero la hipótesis del mundo Faestón sigue siendo defendida por algunos no científicos. Un defensor notable es Zecharia Sitchin, quien ha propuesto, basado en su lectura de la antigua mitología Sumeria, que el planeta conocido por los sumerios como Tiamat fue destruido por un planeta errante llamado Nibiru y resultado de ese choque nacieron la Tierra, la Luna y el cinturón de asteroides; pero esta obra es ampliamente considerada como pseudociencia. Otras propuestas son en 1988, Donald W. Patten que escribió un libro titulado ‘El catastrofismo y el Antiguo Testamento‘ aquí un pequeño planeta que llamo Astra se acercó a Marte y, al llegar al límite de Roche, se rompió al igual que el cometa Shoemaker-Levy 9 hizo cuando se acercó a Júpiter en 1994, pero esta propuesta está también dentro de la pseudociencia ya que el tamaño de Marte hace que su límite de Roche se encuentre casi a un radio del planeta.

La idea de la existencia de un quinto planeta no ha sido del todo abandonada por la ciencia; tras el descubrimiento de los primeros planetas extras solares se observó que la mayoría eran cuerpos gaseosos similares a Júpiter, pero, a diferencia de nuestro gigante gaseoso, estos mundos giran muy cerca de la estrella, fueron llamados Júpiter calientes, y están a distancias incluso menores que nuestro Mercurio del Sol, donde no era posible que esos mundos se formaran, y se postulo que tras la formación de estos gigantes gaseosos, los mismos iban perdiendo momentum angular al chocar con los distintos cuerpos del disco protoplanetario original de sus sistemas solares. El frenado hacía que los planetas entraran en orbita espiral hasta alcanzar órbitas muy cercanas a sus respectivos soles. En 2002 los científicos John Chambers y Jack Lissauer plantearon la propuesta del Planeta V; un cuerpo que debió haber existido entre Marte y Júpiter, y al igual que los planetas extrasolares, desarrollo una orbita excéntrica e inestable producto de las colisiones con los restos del disco protoplanetario, el resultado es que hace unos cuatro mil millones de años este cuerpo terminó entrando dentro del sistema solar interior hasta terminar cayendo dentro del Sol; hechos que ocurrieron justo con el periodo de bombardeo pesado tardío; aunque este mundo no tuvo nada que ver con la formación del cinturón de asteroides; su existencia apunta a resolver situaciones como la existencia del Helio-3 en la superficie solar; el Helio-3 es un isótopo raro en las estrellas, pero común en los gigantes gaseosos; y otros problemas similares.

Faetón en los mitos

Faetón (Phaeton o Phaethon, que traduce brillante) forma parte de una genealogía distinta a la rama de los dioses olimpicos (hijos o familiares de Zeus). Sus padres eran el titán Helios (el dios sol, hermano de Semele, la diosa de la Luna y Eos, la diosa de la Aurora) y la oceánide Climena/Merope (nombre que traduce Fama/La que gira el rostro, y con este segundo nombre se relaciona con otra ninfa Clitia (Gloria), que al perder el amor del sol, aquí Apolo, se volvió un girasol, cuya flor lo sigue en el cielo; pero hay que tener cuidado de no confundir con otra ninfa de igual nombre Asia/Climena, esposa del titan Japeto y madre del Prometeo, Epimeteo, Atlas y Menecio, quien aquí se refiere a la oceánide que habitaba en Anatolia y que dio nombre a todo el continente al oriente de Grecia). Los abuelos por parte paterna de Faetón fueron Hiperión (fuego astral, el dios sol en la época de los titanes), el titan que gobernaba oriente y Tea (Theia, la diosa de la vista —oráculo, astrología—).

faeton

Así Faetón era en principio hermano de las ninfas Heliades; aunque otras versiones le ponen como madre a la ninfa Rodas (Rhode, también llamada Halia = sal marina), siendo por esta rama hermano de los Heliadae (genios marinos que sacaron a los Telequines, daimones marinos, de su isla y se dieron a su madre, isla que paso a llevar su nombre y donde la ninfa instauró el culto a su amante celeste, resultando en la construcción del Coloso de Rodas). Su padre Helios tiene entre sus otros nombres el de Febo (Phoebus = resplandeciente), mismo epíteto dado al dios Apolo, por ello ambos dioses (Helios y Apolo) se confunden muchas veces como padres de Faetón. Otras medio hermanas famosas de Faetón fueron la bruja Circe que transformó a los hombres de Odiseo/Ulises en cerdos y Pasifae la reina cretence esposa de Minos y madre del Minotauro; estas son algunas de hijas que el dios Helios tuvo con otra ninfa llamada Perces.

Helios

Fuera de estas discrepacias y otros parentescos en su ascendencia el mito de este joven titán se refiere a pedir a su padre manejar el carro del sol, con consecuencias funestas para todos. Según las historias Epafo (hijo de Zeus e Io) reinaba en Egipto, donde su madre había huido de la furia de Hera, y tenía gran amistad con Faetón, pero aunque eran amigos, las disputas por su ascendencias se presentaban entre ambos; tuvo la mala fortuna Epafo que llegó a reprocharle a Faetón de que era hijo de padre desconocido; ya que su madre ya lo cargaba cuando desposo con Merope (aquí un rey de Etiopía), él cual que había adoptado a Faetón.

Hiperion

Ante esta ofensa Faetón fue donde su madre y pidió que le revelara el verdadero nombre de su padre, así como consejo para perpetrar una venganza o hallar algún modo de recuperar el honor perdido. Climena reveló a su hijo que su padre era el increíble dios del sol, y le aconsejó a su hijo que solicitara el permiso de su verdadero padre para conducir su carro aunque sólo fuera por un día para así demostrar a todo el mundo la verdad de su nacimiento. Faetón acudió a Helio para comprobar si era verdad, el dios al saber lo ocurrido reconoció su paternidad y juro por la diosa de laguna Estigia (lo que convertía el juramento en irrevocable) que ayudaría a su hijo a cobrar la afrenta; fue cuando su hijo, siguiendo el consejo de su madre, pidió a su padre en manejar el carro del sol por un día. Imposibilitado de no poder romper el juramente Helios tuvo que ceder ante los ruegos de su hijo, consciente de los peligros que implica conducir el carro solar y se dispuso a preparar el carro para el siguiente amanecer.

Coloso de Rodas

Faetón había montado ya en el carro, pero antes de que emprendiera el vuelo, Helios le aconsejó que no subiera demasiado al cielo, pero que tampoco estuviera muy cerca de la tierra, pues ambas cosas resultarían muy peligrosas. Pero la juventud de Faetón fue pronto notada por los briosos corceles, y el joven fue incapaz de mantener el control de las riendas y de los caballos. El carro dejó su curso acostumbrado, y primero se apartó y atravesó el cielo, prendiéndole fuego, las marcas de ese incendio celeste aún son visibles en lo que hoy se llama la vía láctea, y después el carro trajo los rayos abrasadores a muchas partes de la tierra habitada y quemado la tierra misma, así surgió el desierto del Sahara, y sus gentes se volvieron de tez oscura; secó entonces los ríos, y Poseidón surgió de las aguas con su tridente a tratar de detenerlo, pero no pudo con el intenso calor y se vio obligado a bajar a las profundidades del mar que ya empezaba a evaporar. La tierra (Gaia) gimió de desesperación y pidió a Zeus que detuviera tal tormento. Zeus, enojado por lo que había sucedido, hirió Faetón con un rayo y envió a su hijo Apolo a que llevara al carro del sol a su curso acostumbrado.

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Faetón, que cayó a la tierra en un torbellino hasta golpear contra la desembocadura del río Erídano, llamado en esas tierras con el nombre de Pados (el actual río Po, al norte de Italia). El sitio donde cayó su cuerpo calcinado oscureció las aguas dando origen al betún del río, aguas que hasta hoy día se ven afectadas hasta el punto de agotamiento por el olor nauseabundo que dejó el cuerpo humeante de Faetón.

El rey Cicno de los Ligures (en el norte de Italia) fue hasta el lugar para tratar de ayudar a su amigo y rescatar el cuerpo; pero la pena de su muerte pudo más que sus fuerzas, apenas logró llegar a la orilla, sus llantos envolvieron el lugar, y los dioses lo transformaron en cisne, que desde entonces odia el fuego y el calor, por ello los cisnes migran al norte escapando del sol ardiente del verano.

faeton_2

Sus hermanas, las Helíadas, finalmente llegaron y recogieron su cuerpo, le rindieron honores fúnebres y lo enterraron. Sumidas en la tristeza sus lágrimas constituyeron el ámbar que se encuentra aún en ese río y después, fueron metamorfoseadas en álamos. Por su parte Helios perdió no solo a su hijo, sino el carro solar, que pasó por orden de Zeus a su hijo Apolo, que desde entonces es el dios que conduce el carro solar. La moraleja de esta leyenda es que los padres deben aprender a no ser excesivamente permisivos con los caprichos de sus hijos, porque, como en este caso, podrían procurarle la muerte.

Apolo y las musas; la Aurora abre el día

Los cambiaformas (5) Las Metamorfosis

Los dioses tiene por su naturaleza la posibilidad de cambiar de forma y apariencia; los mortales que están sometidos a sus designios no tanto, en los mitos griegos el cambiar forma implicaba, con raras excepciones, ir a una forma y nunca más volver. Los caprichos de los dioses iban desde premiar a sus favoritos o a castigar cruelmente a sus caídos de la gracia divina. Entre los cuentos griegos destacan:

Los desgraciados amoríos de Apolo.

Apolo era el dios del orden, la luz, las artes, la verdad; su padre de dio el don de la profecía y las musas le hicieron la corte. A diferencia de su padre, sus amores nunca fueron correspondidos, y a semejanza también del mismo, sus amores estuvieron signados por la desgracia; aunque por razones distintas. La más conocida es su aventura con una dríade —ninfas de los bosques y los arboles— llamada Dafne, que era hija de un dios río (Ladón de Arcadia o Peneo de Tesalia).

Según el mito Apolo se burló del joven Eros, indicándole que el arco y las flechas eran armas de hombres (que eran también sus armas) y no de un niño. Eros, que si bien tenía apariencia de niño, era un protogenos (un primero) y un daimon, que fue traído a carne con ayuda de los amores de Afrodita y Ares, no dijo nada pero su venganza no fue menos que terrible.

Mientras Apolo disfrutaba un paseo por el bosque, en una de sus tantas cacerías con su hermana Artemisa, vio a la joven Dafne, que acompañaba en el cortejo; Eros apuntó una flecha dorada al corazón del dios y este prendado de la driade la persiguió. Sobre Dafne la flecha de Eros fue de plomo, y un asco y desprecio se prendió en la joven driade contra el apuesto dios.

Mientras más corría Apolo por alcanzarla, más huía Dafne, que al llegar a la orilla del río de su padre pidió su ayuda y él la transformó en un arbusto de laurel. Las hojas del árbol desde entonces coronan a Apolo, a los héroes y a atletas vencedores.

Coronis era una joven griega pretendía y amada por Apolo; pero que era deseada también por un joven de la región de tesalia (los diversos autores no se ponen de acuerdo con el nombre del chico); para vigilar a la amada Apolo deja un cuervo, pero este viendo una posible pareja se distrae de sus labores. Para ocultar su falta el cuervo miente sobre la relación entre el chica y el joven de tesalia. Molesto Apolo vuelve negras las blancas plumas del cuervo y castiga no sólo al ave, sino a toda su raza por ser un ave que trae malos augurios; luego baja a la tierra y disparas sus flechas en la joven, que estaba embarazada del dios. Tarde descubre el dios su error y haciéndole la cesárea rescata al bebe quien será llamado Asclepio, y quien se convertirá en el dios de la medicina.

Otras de sus “casi amantes” fue Casandra, princesa troyana a quien dio el don de la profecía a cambio de ser su amante, pero la chica después de recibir el don se negó a pagar el resto del trato; al no poder quitar un don dado, Apolo la maldijo escupiéndole en la cara y nadie creería sus predicciones. El don ahora convertido en maldición la termino casi por volver loca; cuando predijo que su hermano —París— traería la destrucción de su pueblo, nadie le creyó; que el caballo de madera destruiría Troya, nadie le creyó. Su familia creía que estaba loca y la mantenían encerrada en la casa.

Una vez concluida la guerra de Troya, durante el saqueo de la ciudad, Áyax (el menor, ya que hubo dos héroes de igual nombre luchando en Troya), encontró a Casandra refugiada bajo un altar dedicado a Atenea y la princesa se agarró a la sagrada estatua de la diosa para evitar ser violada, cosa que no pudo evitar y como castigo a la violación de su templo, Atenea pidió a Poseidón que hundiera la nave de Áyax.

La nave se hundió con la tormenta, pero Áyax terminó sobre unas piedras. Una vez que la tormenta pasó y Áyax despertó, comenzó a burlarse del dios que por más esmero no había conseguido matarlo. Poseidón surgió de las aguas y sosteniendo su tridente y se lo arrojó. El arma atravesó el pecho de Áyax y se ensartó a la roca, matándole al instante. Tan pronto como su alma le abandonó, el tridente y su cuerpo se transformaron en piedra y allí quedaron, como una roca alta que sobresale de las aguas del mar Egeo para el resto de los días.

Volviendo a Casandra, fue convertida en esclava-concubina de Agamenón; y cuando le dijo al rey de su pronta muerte por traición, este tampoco le creyó, el rey y Casandra morirían pronto a manos de la reina Clitemnestra y su amante Egisto.

La madre de Casandra, la reina Hécuba, según algunos mitos fue transformada en una perra, que aúlla en la noche lamentándose de la muerte de sus hijos en la guerra.

Leucótoe y su hermana  Clitia de  estaban enamoradas de Apolo. Al ganar Leucótoe el puesto de amante de amante del Sol, su hermana Clitia le contó a su padre los amores de su hija. Órcamo ordenó que Leucótoe fuese enterrada viva. Apolo intentó devolverle la vida pero no pudo, así que la transformó en una planta de incienso (o en una planta de de leucotea, de rojas hojas). Clitia no fue perdonada por Apolo y ésta desesperada estuvo nueve días sin comer, sólo viéndolo pasar por el cielo (Sol), hasta que los dioses por compasión la convirtieron en girasol; aun así el girasol sigue todos los días mirando y siguiendo el paso del  sol.

Aunque hubo más chicas, Apolo no tuvo mejor suerte; viendo a su padre traer a Ganímedes al Olimpo como amante, Apolo decide probar suerte con los efebos y se enamora del joven espartano Jacinto. En unos juegos para demostrar su poder Apolo realiza un lanzamiento de disco; pero otro dios está también interesado en el joven espartano. Céfiro, el viento del oeste, molesto por haber sido rechazado sopla y el disco termina en la testa del joven Jacinto, que cae muerto. Apolo no permitió que los emisarios del Hades se llevaran el alma y transformó al amante en la flor de jacinto, que desde entonces se usa como señal de luto. En castigo a Céfiro, Apolo lo convirtió en una suave brisa.

Los castigos de Artemisa

Las diosas más que premiar castigaban muchas veces; al hermana de Apolo fue una de las más crueles; Artemisa era diosa de los bosques vírgenes; era la naturaleza misma; diosa de la caza recorría los bosques acompañadas por innumerables ninfas; Afrodita diría que era sólo virgen de hombre.

En una de tantas, el príncipe tebano Acteón estando de caza con su perros en el bosque la vio mientras se bañaba con sus chicas en una laguna; Artemisa furiosa lo transformó en un ciervo que fue devorado por sus propios perros. Otro joven tuvo mejor suerte, Sipretes era un muchacho cretense que vio accidentalmente a Artemisa bañándose desnuda, ésta lo transformó en una chica.

Como diosa de la caza Artemisa apoyaba a los héroes cazadores, pero castigaba a aquellos que se desviaban de sus deberes y votos. Adonis se debatía como amante de Afrodita y Perséfone; Zeus dictamino que pasaría cuatro meses del año con cada diosa y cuatro eran libre para él. Los cuatro meses restantes los dedicaba a la caza, eso hasta que prefirió pasarlos con la diosa del amor. La diosa de caza lo castigo por su desprecio, según otros como represalia a Afrodita por la muerte de Hipolito;  enviándole un jabalí que lo mató, aunque algunos dicen que era el propio Ares disfrazado por pretender a su amada.

Afrodita roció néctar sobre su cuerpo, de forma que cada gota de su sangre se convirtió en una flor roja llamada anémona. Cuando Afrodita corrió a socorrerle se hirió con unas zarzas y sus gotas de sangre se transformaron en unas flores parecidas a las rosas que se llamaron adonis.

Orión era según los mitos un hijo de Poseidón, creció alto y fuerte y se volvió un gran cazador; tanto fueron sus ínfulas que dijo que podía matar a cualquier bestia; Gea/Gaya —la madre Tierra— por un lado y Artemisa por el otro, se molestaron con el cazador y en castigo le enviaron un pequeño escorpión que lo mato al picarlo en el pie, aunque otras versiones lo hacen un poco más grande. Los dioses subieron a Orión, sus perros y al escorpión a los cielos, ubicándolos en antípodas y eso explica porque nunca son visibles al mismo tiempo en los cielos.

Oto y Efialtes eran dos gemelos hijos de Poseidón y fueron conocidos como los Alóadas. Crecían cada año un codo a lo ancho y una braza a lo alto. Eran agresivos y buenos cazadores. Oto pretendía a Artemisa y Efialtes a Hera, para tomarlas como esposas. Artemisa se transformó en una cierva y al saltar entre los dos, los Alóadas, para evitar que huyera, arrojaron sus lanzas y se mataron uno al otro.

Aunque Artemisa, por ser virgen no fue madre, cuidaba y protegía a las niñas; cuando Agamenón quiso sacrificar a su hija menor Ifigenia para tener vientos favorables, transformó a la chica en cierva; y cuando Atalanta era una bebe abandonada en el bosque, envió una osa para que la cuidara y amamantara. Al crecer Atalanta tras muchas aventuras evitaba el amor, por considerar que ningún hombre podía vencerla; Afrodita ayudó a Hipomenes en una carrera contra Atalanta para ganar la mano de ésta, dándole tres manzanas con las que la distrajo. Sin embargo, como la pareja no dio las gracias a Afrodita y ésta los convirtió en leones.

En Tebas, Níobe la reina de Tebas y esposa de Anfión, alardeó haber sido mejor madre que Leto porque había tenido catorce hijos, siete varones y siete mujeres, mientras Leto había tenido solo uno de cada. Apolo y Artemisa los mataron a todos con flechas. Al ver a sus hijos muertos, Anfión se suicidó y Níobe devastada fue convertida en piedra cuando lloraba su pena.

A Artemisa se culpa de la transformación de Calisto en osa y cuando su hijo con Zeus, Arcas, en una cacería casi la mata; Zeus los subió a ambos a los cielos. Calisto se convirtió en la constelación de la osa mayor y Arcas en la constelación de en la constelación Boötes. Otros afirman que el chico fue transformado en osezno y es la constelación de la osa menor. Sin embargo otros mitos señalan que la osa menor es en realidad otra ninfa amante de Zeus, llamada Fenice,  también castigada por la diosa; que tenía afición por los  ciervos y los osos.

Finalmente Aura era la diosa griegas de las brisas de los días fríos y como Artemisa era una cazadora y se enorgullecía de su castidad. Un día, afirmó que el cuerpo de Artemisa era demasiado “femenino” y dudó de su virginidad. Artemisa hizo que Aura fuera violada por Dioniso. Aura enloqueció, convirtiéndose en una asesina peligrosa.

Los premios y castigos de Afrodita

Afrodita era diosa del amor y la lujuria, cuando Arsínoe, una hija de rey de Chipre, que tuvo un pretendiente tan enamorado de ella que se suicidó al ser repetidamente rechazado. Cuando el funeral paso frente a la casa de Arsíone, ella fue tan cruel que no derramó una sola lágrima, lo que enojó tanto a Afrodita, que la convirtió en pedernal.

Y lo opuesto hizo luego, cuando Pigmalión un escultor que no había hallado mujer alguna digna de su amor. Las mujeres de la ciudad de Pigmalión deseaban como esposo tan apuesto escultor, pero él las rechazó a todas; ellas pidieron la ayuda de Afrodita a que le obligase escoger. Afrodita aceptó y fue a ver a Pigmalión y le dijo que escogiera él o ella lo haría. No queriendo casarse, Pigmalión le suplicó más tiempo, pidiéndole que le permitiese hacer una escultura suya antes de que tuviese que elegir novia. La diosa halagada, aceptó.

Pigmalión por mucho tiempo hizo pequeñas esculturas de arcilla para poder elegir la pose adecuada, eso hasta que la diosa lo apuró. Cuando comenzó a hacer la escultura real lo hizo rápido, incluso sabiendo que tendría que casarse con alguien al hacerlo. La razón era que se había enamorado de la escultura.

En el mismo momento en que Pigmalión se separó de la escultura terminada, Afrodita apareció y le dijo que eligiera novia. Pigmalión eligió la estatua, a lo que Afrodita respondió que no podía ser. Pigmalión abrazó la estatua y pidió a Afrodita que le transformase en estatua para así poder estar con ella. Afrodita en vez de esto infundió vida a la estatua, a quien llamaron Galatea.

En una de las tantas aventuras de Zeus, la ninfa Eco ayudó distrayendo a la celosa Hera con su charla; molesta Hera al descubrirlo condeno a la ninfa sólo repetir las últimas palabras de alguien más. Condenada así Eco vagó por los bosques hasta que vio al joven Narciso, cuya hermosura ya había hecho estragos entre feminas y varones.

En una historia helénica el joven Ameinias ama a Narciso pero es rechazado cruelmente por él. Como una forma de burlarse de Ameinias, Narciso le entrega una espada, espada que Ameinias utiliza para suicidarse ante las puertas de la casa de Narciso, mientras reza a la diosa Némesis —la venganza— pidiéndole que Narciso un día conozca el dolor del amor no correspondido.

Narciso era hijo de la ninfa Liríope, que preocupada por la actitud de su hijo decidió consultar al vidente Tiresías sobre el futuro de su hijo. Tiresías le dijo a la ninfa que Narciso viviría hasta una edad avanzada mientras nunca se conociera a sí mismo.

Volviendo a Eco, un día, mientras Narciso estaba cazando ciervos, la ninfa siguió sigilosamente al joven a través de los bosques, pero era incapaz de hablar primero. Cuando finalmente Narciso escuchó sus pasos detrás de él pregunta:

—¿Está alguien ahí?

—¡Ahí! —repitió Eco, lo que sorprendió a Narciso, pues nadie estaba a la vista.

—¡Ven! —¡Ven! —¿Por qué me eludes? —¿Por qué me eludes? —¡Unámonos aquí!

—¡Unámonos aquí! —repitió Eco, y corrió alegremente del lugar donde estaba oculta a abrazar a Narciso. Pero él sacudió la cabeza rudamente y se apartó.

—¡Moriré antes de que puedas yacer conmigo! —gritó.

—Yace conmigo —suplicó Eco.

Pero Narciso se había ido, y ella pasó el resto de su vida en cañadas solitarias, consumiéndose de amor y mortificación, hasta que sólo quedó su voz.

Para Afrodita (en otras versiones fue Artemisa, Némesis o la misma Hera) fue demasiado y cuanto Narciso un día sediento se acerco a un lago para tomar agua, al ver su reflejo tan esplendoroso se enamoro de sí mismo, por lo que no se atrevió a beber por miedo a dañarlo y no fue capaz de dejar de mirarlo. Finalmente acabó arrojándose a las aguas. En el sitio donde su cuerpo había caído, creció una hermosa flor, que hizo honor al nombre y la memoria de Narciso; pero el alma de Narciso, según algunos, es atormentada en el Inframundo contemplando un reflejo que no se corresponde a su amor.

Más premios y castigos

Enumerar a la cantidad de mortales e inmortales que fueron transformados por los dioses sería una labor de nunca acabar; sin embargo mencionaremos a Medusa transformada en monstruo por Atenea por haber hecho el amor con Poseidón en su templo; a la ninfa Escila, a quien la bruja Circe transformó en otro ser monstruoso al no ser correspondida por Glauco.

Cuando Urano fue castrado por Cronos, entre los muchos seres que nacieron se encuentran las ninfas melíades; que fueron transformadas en fresnos, cuando sus hijos —los hombres de la edad de bronce— fueron acabados por los dioses con una gran inundación.

Hermafrodito era uno de los tantos hijos ilegítimos de Afrodita; cuando el chico creció en una de sus cacerías se baño en la laguna de la ninfa Salmacis, quien prendada del joven lo atrapó y no quiso soltarlo; Salmacis al ver que el joven se le rehuía pidió a los dioses que los fusionaran, surgiendo un ser con los dos sexos.

El joven dios Vertumno se transformó en una anciana para engañar y enamorar a Pomona, diosa de los frutos.

Por su parte Alcíone al saber la muerte de su esposo, Ceix, muerto en el mar se arrojó del precipicio a la costa. Los dioses transformaron a la pareja en martines pescadores. Cicno se lanza al río para rescatar el cuerpo de su amigo Faeton, llorando su pena hasta el final de sus días, los dioses convirtieron en cisne, dejándolo en el agua y lejos del temible fuego abrazador del sol que tanto odio; y a las hermanas de Faetón, las Helíades, que lloraron su muerte durante cuatro meses y los dioses las convirtieron en álamos y a sus lágrimas en ámbar.

Filemón y Baucis, un par de viejos y pobres campesinos dieron alojamiento a Zeus y Hermes, que disfrazados de mortales pidieron un lugar para pasar la noche. En agradecimiento Zeus les ofreció un deseo, el matrimonio deseó estar unidos para siempre y morir juntos y a su muerte, Zeus los convirtió en dos árboles que se inclinaban uno hacia el otro: Filemón en roble y Baucis en tilo.

Las Piérides eran nueve jóvenes doncellas orgullosas dotadas con un excepcional talento para la música, el canto y la poesía. Estaban tan orgullosas que se atrevieron a retar a las Musas; tras perder, como era lógico ante diosas, fueron transformadas en urracas, y bajo ésta forma conservaban aún el mismo temperamento de charlatanas e inoportunas.

Aracne era una gran tejedora que alardeó de ser más habilidosa que Atenea y la diosa se presentó ante ella, tomando la figura de una vieja con bastón, para aconsejarle que desistiera de medirse con una diosa. La respuesta de Aracne fue retar a Atenea a probarse en una competición. Abandonando su disfraz, la diosa se presentó con todo su esplendor. Enfrentadas en distintos telares, fueron tensándose las finas urdimbres y se entretejieron la púrpura, los oros y los delicados matices de la transición de los colores. Atenea creó un tejido en que los dioses aparecerían soberbios y centrales en su augusta majestad. Pero Aracne dibujó a las deidades con sus debilidades más carnales, en un trabajo tan brillante y delicado, que la diosa, fuera de sí, rompió su obra y golpeó a su rival. Viendo la furia divina que había provocado su insana soberbia, la joven mortal intentó terminar con su vida pasándose un lazo por la garganta. Atenea no lo permitió. Vive, sí, pero cuelga, le dijo. Y rociando a Aracne con los jugos de una hierba, maldijo su destino y su descendencia. La convirtió en una araña tejedora cuya misión es pender y tejer eternamente.

Procne estaba casada con era el héroe Tereo de Tracia y a quien el de dió un hijo llamado Itis. Pero Procne sentía nostalgia de su hermana Filomela y pidió a Tereo que le permitiera verla. Este accedió pero con la condición de que el encuentro se llevara a cabo en Tracia. Así Tereo marchó a Atenas para buscar a Filomela y llevarla a Tracia. Pero la juventud y la hermosura de Filomela provocaron la pasión de Tereo que al llegar a Tracia la violó, y para que no hablara le cortó la lengua y la encerró en una solitaria prisión. Luego dijo a Procne que su hermana había muerto. Filomela en su solitaria prisión tejió su triste historia y la hizo llegar a su hermana Procne, que así se enteró de que su esposo la había engañado. Procne se recató a Filomela y par acastigar a su marido ambas mataron a Itis y se lo sirvieron a Tereo. Cuando este preguntó por su hijo, Procne le dijo que estaba en su estomago mientras le mostraba su cabeza. Enfurecido, Tereo inició la persecución de las asesinas, pero los dioses acabaron con la cadena de actos crueles transformando a los tres en aves: a Filomela en ruiseñor, a Procne en golondrina, y a Tereo en la abubilla, semejante a un guerrero con penacho y agudo pico.

Los primeros hombres lobo

Licaón era un rey de Arcadia, era muy religioso, muy querido por su pueblo, pero su apasionada religiosidad le llevó a realizar sacrificios humanos; llegando al punto de sacrificar a todos los extranjeros que llegaban a su casa a los dioses, violando la sagrada ley de la hospitalidad. Enterado de esta aberración, Zeus se hizo pasar por un peregrino y se hospedó en su palacio. Licaón se preparó para asesinarle, pero alertado por algunas señales divinas, quiso asegurarse antes de que el huésped no era un dios, como afirmaban sus temerosos súbditos. Para ello hizo cocinar la carne de su propio hijo Níctimo; y se lo sirvió a Zeus. Éste montó en cólera y transformó a Licaón en un lobo, incendiando después el palacio que había sido testigo de tanta crueldad.

Los hijos de Licaón no tuvieron mejor suerte ya que ayudaban a su padre y por ello Zeus fulminó a algunos con su rayo, a otros los convirtió en lobos —como a su padre— y algunos tuvieron que exiliarse para siempre. Después devolvió la vida a Níctimo, que se hizo cargo del reino de Arcadia. La hermana de Níctimo fue Calisto —la del cuento de la osa—, y su hijo con Zeus, Arcas sucedió a su tío en el trono. Estos hechos de canibalismo fueron los que provocaron el diluvio de Deucalión, del que sólo se salvaron Filemón y Baucis.

Hijos de la noche (10) Moiras, Parcas, Fatas, los Destinos

En el puesto diez en la lista de los hijos de la noche parece apropiado colocar a las diosas del destino, este es el número de la rueda en el tarot, que representa eso, el fin de un ciclo e inicio del otro, ya que hasta ese número que podemos contar con la mano antes de volver a empezar. Las moiras era las diosas que personificaban al destino ineludible de los hombres. Ellas asignan a cada persona su destino en el esquema de cosas. Su nombre significa: las que distribuyen las partes o las porciones.

Entre los muchos dioses de las cuales se las hace hijas tenemos: Nix y Érebo, Nix y Cronos, el propio Caos, Océano o Ponto con Gaia, y como una forma de ponerlas bajos el dominio de Zeus, se las hace hijas de Zeus y Temis (la diosa de la justicia y madre de las horas). Esta relación surge en parte porque cuando Perséfone es devuelta de los infiernos con su madre, es acompañada por las Moiras, relacionando así a estas diosas del inframundo con el ciclo de las estaciones (las horas).

Las moiras, como diosas primigenias no estaban obligadas a obedecer a los dioses, así el destino de cada ser estaba guiado y signado por leyes eternas que debían tomar su curso sin obstrucciones; por tanto Zeus, así como los otros dioses y hombres tenían que someterse a ellas. Como señala una vieja frase —las tres diosas tejen y destejen el destino de hombres y dioses—, así de grande es su poder.

Se cuenta que cuando Zeus pidió ayuda de todos los seres para luchar contra su padre Cronos y el resto de los titanes, prometió que aquellos que no tenían rango ningún que serían recompensados, y aquellos que los tuvieran podrían mantenerlos, en este grupo entraron las Moiras, estas se pusieron de parte de los dioses en su lucha contra los titanes, y por ello Zeus las recompensó manteniéndolas como regidoras de las vida de hombres y de dioses. Las moiras agradecieron el gesto y le dieron a Zeus el sobrenombre de Moiragetes (apellido dado al dios y su hijo Apolo), que significa líder de los destinos.

Los nombres de este trío de diosas son: Cloto que significa: la hiladora, hila el hilo de vida. Láquesis cuyo nombre significa, la repartidora, hila el hilo de vida en la tela del destino; finalmente Átropos (o Aisa —Dispensación o Designio—) cuyo nombre significa: lo que no puede cambiarse, corta el hilo de vida. Los romanos llamaron a estas diosas las Parcas y su nombres eran: Nona, Decuma y Morta.

Al nacer un hombre, las moiras crean el hilo de su vida futura, siguen sus pasos y dirigen las consecuencias de sus acciones, según el consejo de los dioses. No era un destino inflexible; Zeus, si deseaba tenía el poder de salvar aquéllos que ya estaban en el punto de cumplir su destino incluso. Los Destinos no interferían abruptamente en los asuntos humanos, pero eran útiles para causas intermedias: determinando, condicionando, empujando sus acciones e influenciando en los hombres. Como el destino de todo hombre termina con su muerte, las diosas del destino se volvieron con el tiempo en las diosas de la muerte.

Como las diosas de nacimiento y creación del hilo de la vida, tenían el poder de profetizar el destino del recién nacido, Ilitía (diosa de los partos, hija de Zeus y Hera) era entonces su compañera. Así las diosas del destino debían de haber sabido necesariamente el futuro y a veces ellas los revelaban; eran por consiguiente las deidades proféticas, adivinas que atienden los oráculos y acompañan a Apolo. Como las diosas de muerte, ellas aparecen junto con las Keres, Tanatos y las Erinias infernales.

Las Moiras son descritas como las mujeres viejas feas, a veces cojas para indicar la marcha lenta del destino, severas, inflexibles y duras. Cloto lleva un huso o un lleva el ovillo de lana con el que va hilando el destino de los hombres, Láquesis enrolla el hilo en un carrete y dirige el curso de la vida, a veces se la representa con un compás midiendo sobre el horóscopo en un globo celeste (similar a la musa Urania), y Átropos un pergamino, una vela, un reloj de sol, un par de balanzas, o unas sus tijeras de oro con las que corta el hilo de la vida sin respetar la edad, la riqueza, el poder, ni ninguna prerrogativa, y así ésta llega inevitablemente a su fin.

Las Moiras, como divinidades se las concibe como las diosas de nacimiento o como las diosas de muerte. Se puede inferir que quizás originalmente los griegos concibieron una sola Moira (destino), pero como la duración de vida humana es determinada por dos puntos: el nacimiento y la muerte; como consecuencia a su naturaleza y atributos llevaron a la creencia de dos, y finalmente en tres Moiras.

Para algunos el destino es inflexible, y hasta los dioses deben ceder. Otros, al contrario, señalan que Zeus, como el padre de dioses y hombres, pude alterar el destino de los hombres, en este caso las tres diosas se sentaban y lo asistían en su trono. Pero aun a veces ni el propio jefe de los destinos podía vencer sus designios, así por ejemplo cuando las moiras señalan que el hijo varón de Tetis sería más grande que su padre, ni Zeus, ni Poseidón se atrevieron a cortejar a la ninfa, dejándosela al mortal Peleo. También cuando nació Atenea, Cloto dijo que sería una diosa virgen y sin esposo.

Pero los destinos pueden ser alterados, cuando iba nacer Heracles (Hercules), bisnieto de Perseo, Zeus declara que el próximo niño que nacería (su hijo) sería el jefe de los Perseidas; Hera hizo nacer sietemesino a su primo Euristeo y así fue él quien quedó de rey.

Las tres moiras son famosas por otro hado: Meleagro, era hijo de Eneo (rey de Calidón) y Altea (hermana de Leda). Las Moiras anunciaron que su vida estaría ligada a un carbón de leña ardiente, y que cuando se consumiera el tizón, Meleagro moriría. Altea, tras saber esto, sacó el tizón del fuego, lo apagó y lo guardó, convirtiendo al chico en invulnerable. Cuando por el olvido de Eneo de haber dedicado sacrificios a la diosa Artemisa, esta castiga el reino enviando al peligroso jabalí de Calidón. Muchas partidas de caza fueron tras la bestia que azotaba el reino. Meleagro, a pesar de que estaba casado con Cleopatra (Hija de Idas y Marpesa), se enamoró de Atalanta, que también fue participante de la cacería y fue la primera que logró herir al jabalí, y fue a ella a la que ofreció el trofeo del jabalí muerto, ello motivó la irá de los Curetes (tíos maternos del chico), que querían para sí el trofeo. Meleagro los mató en una disputa y Altea acabó con la vida de su hijo lanzado el tizón de leña al fuego hasta que se consumió (tampoco le agradaba la joven cazadora que rompía con la norma). Cleopatra que es la que había estimulado a sus esposo a ir en la partida de caza se suicidó tras la muerte de Meleagro. El suicido es visto como una trampa o engaño al destino.

El volver de la muerte entra en esa misma situación, cuando Tántalo invitó a los dioses a un banquete, decidió ofrecer a su hijo Pélope como comida, descuartizó al muchacho y lo ofreció a los dioses; los dioses evitaron tocar la ofrenda; sólo Deméter, trastocada por la reciente pérdida de su hija Perséfone, no se percató de lo que era y se comió el hombro izquierdo del desdichado. Zeus ordenó a Hermes que reconstruyera el cuerpo de Pélope y lo volviera a cocer en un caldero mágico, sustituyendo su hombro por uno forjado de marfil de delfín, hecho por Hefesto y ofrecido por Deméter. Las parcas le dieron vida de nuevo y así obtuvo nuevas cualidades. Poseidón luego secuestró al nuevo Pélope y lo hizo su amante (pero esa es otra historia). A Tántalo se le castigó, enviándolo al Tartato y condenándolo a pasar hambre y sed rodeado de ricas viandas y dulces néctares, que escapaban de su alcance.

Similar situación tiene Euridice, cuando Orfeo desciende a los infiernos y canta para los dioses del inframundo, hasta las propias Erinias soltaron lagrimas, Euridice es liberada, pero Orfeo no debe verla tras él hasta salir del inframundo; al llegar a la entrada el joven se voltea, pero Euridice no había cruzado aún las puertas, y las hermanas repiten su tarea devolviendo a la chica al reino de Hades por segunda y última vez.

Del infierno solo han salido, con permiso de las tres diosas:

  • Perséfone al volver con su madre Demeter.

  • Sémele, rescatada por su hijo Dioniso, que la hizo inmortal dándole el nombre de Tione (la ardiente) y adorada como diosa del matrimonio (fastidiando así a Hera).

  • Cancerbero, sacado por algunas horas del infierno por Heracles, para cumplir su doceavo trabajo.

  • Hipolito, a solicitud de Artemisa, es devuelto a la vida por Asclepio (dios de la medicina).

  • Pélope revivido por orden de Zeus y luego llevado al Olimpo como amante de Poseidón.

  • El dios Hermes, que lleva las almas hasta las puertas del infierno, para luego volver al cielo.

  • Yolao (Iolas o Iolao) era uno de los más fieles compañeros de su tío Heracles, a quien ayudó en muchas de sus aventuras. Después de muerto el héroe (Heracles) por los celos de su esposa Deyanira, Yolao se inmolo en la pira funeraria junto con su tío. La familia del héroe no pudo hallar descanso; encontraron protección en Ática, y cuando Euristeo marcho contra los hijos de Heracles, Yolao pidió a los dioses del inframundo permiso para recuperar por una hora su juventud y volver de nuevo a la tierra para ayudarles. El permiso le fue concedido y así mató a Euristeo.

Otras formas de escapar a los destinos era transformando a los mortales en algún otro ser (planta, animal, pájaro o puesto en los cielos como una constelación)

  • Asclepio, hijo de Apolo y Coronis, es muerto por Zeus tras devolver a la vida a Hipolito, Apolo luego mata a los cíclopes que fabrican el rayo de su padre en venganza de la muerte de su hijo. Asclepio sale de los infiernos y es puesto como una constelación en los cielos. (Ofiuco: el serpentario)

  • Cástor y Pólux, los hijos de Zeus y Leda, tienen muerte alternada, subiendo a los cielos (constelación de Geminis) la mitad del año y bajando a los infiernos la otra mitad.

  • En sentido inverso, el centauro Quirón, único en su raza inmortal, Heracles accidentalmente le dio con una flecha envenenada con la sangre de la Hidra en el transcurso de una lucha con los centauros. Éste contrajo una dolorosa herida incurable, que le llevó a ceder su inmortalidad a Prometeo, para poder así poder morir y escapar del dolor. Fue puesto en los cielo como la constelación de Centauro.

  • El propio Heracles, tras su muerte fue puesto en los cielos y es la constelación de Hércules.

  • Ámpelos era un muchacho amado por el dios Dioniso, fue transformado por los Destinos, en una vid a su muerte. En otra versión es un sátiro que murió en un accidente al montar un toro enloquecido y las Moiras concedieron a Ámpelo una segunda vida como parra, de la que Dioniso prensó el primer vino.

  • Jacinto, amante de Apolo, muerto por Cefiro, fue transformado en la flor que lleva su nombre.

  • Cipariso, otro efebo amado por Apolo, recibió una jabalina para cazar del dios, por error el muchacho mató a su ciervo domesticado. Tanto fue su duelo y dolor que pidió al dios que le permitiera llorarlo para siempre. El dios aceptó su súplica y lo convirtió en un ciprés, árbol relacionado con el duelo y el dolor por los seres queridos.

  • Ceix muerto en el mar y Alcíone al saber la muerte de su esposo se arrojó al mar. Apiadándose de ellos, los dioses transformaron a la pareja en martines pescadores o alciones

  • Esaco, un hijo de Príamo con don de interpretar los sueños le dijo a Hécuba, poco antes del nacimiento de Paris, que el niño iba ser la causa de la ruina de su patria (Troya). Esaco tuvo un final desgraciado, pues su esposa murió por la mordedura de una serpiente, y él, enloquecido, se arrojó al mar. Compadecida, Tetis lo transformó en somormujo (pájaro zambullidor).

  • Leucótoe era una princesa, hija de Órcamo y hermana de Clitia. Fue seducida por Helios/Apolo/el sol. Clitia, amante inicial del sol, celosa de su hermana porque quería a Helios para sí, contó a Órcamo la verdad. Enfurecido, Órcamo ordenó que Leucótoe fuese enterrada viva. Helios intentó devolverle la vida pero no pudo, así que la transformó en una planta de incienso. También abandonó a Clitia, resentido por su traición; ésta desesperada estuvo nueve días sin comer, sólo viéndolo pasar por el cielo, hasta que terminó por convertirse en girasol.

  • Cicno, aunque varios personajes llevan este nombre, todas las leyendas son similares al final. Una de las más conocidas es la de Faeton (hijo de Helios que pierde el control del carro solar) que es muerto por Zeus; el cuerpo cae en el río Eridano, donde Cicno, amigo de Faeton, se lanza al río para rescatar el cuerpo de su hermano/amigo/amante, llorando su pena hasta el final de sus días. Sus canas al morir fueron transformadas en blancas plumas por los dioses al convertirlo en cisne, dejándolo en el agua y lejos del temible fuego abrazador del sol que tanto odio. Por su parte las Helíades, hermanas de Faetón, lloraron durante cuatro meses y los dioses las convirtieron en álamos y sus lágrimas en ámbar.

  • Filemón era un viejo y pobre campesino que vivía en la ciudad de Frigia con su esposa Baucis. Un día, Zeus y Hermes, tras un viaje disfrazados de mortales, llegaron a Frigia, donde pidieron a sus habitantes un lugar para pasar la noche. Tras la negativa de todos ellos, sólo Filemón y Baucis les permitieron entrar a su humilde cabaña. En agradecimiento por su comportamiento Zeus avisó al matrimonio que iba a destruir la ciudad y a todos aquellos que les habían negado la entrada. La pareja subió a una alta colina y vieron su ciudad destruida por una inundación. Zeus, solo había salvado su cabaña, que posteriormente fue convertida en templo. Cuando Zeus les ofreció un deseo, el matrimonio deseó estar unidos para siempre y morir juntos. Tras su muerte, Zeus los convirtió en dos árboles que se inclinaban uno hacia el otro: Filemón en roble y Baucis en tilo.