Hombre lobo en la ficción (5) Encasillando al mito.

Para la década de los treinta otras obras seguirán explotando el tema en relatos cortos y encasillando al personaje; cuentos como: ‘La muerte de un cazador furtivo‘ (1935) de H. R. Wakefield, ‘Los peludos bailarán‘ (1938) por Manly Wade Wellman y otras obras cortas repiten y reinventan las historias ya contadas.

Muchos de esos cuentos de algunos autores fueron reimprimidos años después como antologias; asi por ejemplo en 1960 fue reimpresa en tapa dura ‘Los invasores de la oscuridad‘ de Greye La Spina; publicada como novela seriada en la revista Weird Tales en 1925. Ambientada en Brooklyn, Nueva York, a mediados de la década de 1920, la viuda de un ocultista y una princesa rusa están enamoradas del joven Owen Edwards, quien investiga unas extrañas muertes y las pistas parecen apuntar a algo más peligroso que sólo los lobos amaestrados en la mansión de la princesa.

Otras historias de terror de hombres lobos, estas del autor H. Warner Munn de la citada revista fueron recopiladas y publicadas en dos volúmenes ‘Los Cuentos del clan de Hombres Lobos‘ en los años 1979 y 1980 respectivamente. Estas obras aún estaban libre de las ataduras impuestas tras ‘Un hombre lobo en París‘ de 1933

Es con cuento corto ‘Más oscuro de lo que piensa‘ (1940) por Jack Williamson, luego transformado en novela en 1948; que tenemos la primera obra significativamente diferente; en la obra se narra la historia de un grupo de hombres lobos y cambiaformas que viven ocultos entre los humanos y que esperan la llegada de su redentor.

Para 1941 ‘El Lobo Blanco‘ de Franklin Gregory ya se encasilla al mito; en la obra la presencia de un gran lobo blanco (muy asociada la imagen al mito de la mujer lobo) es vinculado a una serie de muertes violentas de niños; una joven ‘Sara’, es la posible causa, siete generaciones atrás ocurrieron hechos similares con un ancestro; pero un cáliz de plata aparece como arma contra la bestia.

Casi una década después las armas de plata son el recurso para acabar con el monstruo. En ‘No habrá oscuridad‘ (1950) de James Blish, un grupo de personas en una casa de campo a distancia que descubren que uno de sus ellos es un voraz hombre lobo; aquí los invitados al lugar fabrican balas de plata para acabar con la bestia.

En ‘El grito‘ (1977) de Gary Brandner se cuenta la historia de una pareja que se va a vivir al campo; la mujer escucha ruidos raros en la noche, a lo que su marido no da importancia; finalmente el marido es mordido por un lobo negro y cambia de conducta tras sobrevivir ante su mujer. La mujer pide ayuda a un amigo y descubren que toda la aldea vecina, incluyendo al marido, son hombres lobos; el amigo y la mujer huyen y un incendio arrasa con todo el bosque y la villa; a lo lejos se escuchan los lamentos de los lobos al arder entre las llamas.

La trilogía: “El Libro de la Bestia” : El huérfano (1980), La cautiva (1981), La Bestia (1982) de Robert Stallman; es considerado por mucho como la mejor obra sobre hombres lobos desde el clásico ‘Un hombre lobo en París‘; y no se trata de una obra de terror, sino del camino que sigue el protagonista, un joven huérfano en la zona rural centro-oeste de la década de 1930, y de la extraña y misteriosa criatura encerrada en su cuerpo.

La novela corta de terror de Stephen KingEl Ciclo del hombre lobo‘ (1983) narra cada capítulo un cuento en sí mismo y cada uno cuenta la historia de la aparición de un hombre lobo en una pequeña ciudad que aparece con cada luna llena. Y en ‘El grito oscuro de la luna‘ (1986) de Charles L. Grant; extrañas muertes están ocurriendo, asumir que es culpa de un hombre lobo y descubrir quién es,  es aquí el problema.

Es interesante cerrar este ciclo con los cuentos narrados en ‘La cámara sangrienta‘ (1979) de Angela Carter, aquí una recopilación de cuentos tradicionales en una versión moderna y feminista. En tres de los tantos cuentos recopilados y re-inventados tenemos la historia de Caperucita Roja en la que el lobo es en realidad un hombre lobo. Angela Carter declaró de su obra que no era su intensión hacer una versión americana, adulta y terrible de los tradicionales cuentos de hadas, sino extraer el contenido latente de las historias tradicionales.

Angela Carter saca el tema del feminismo, rechaza las convenciones de los cuentos de hadas donde la heroína ha de ser rescatada por el héroe masculino estereotipado. Contrastando con los elementos tradicionales de la ficción gótica, que suele representar personajes femeninos como débiles e indefensos; la mujer de Carter es sexualmente liberada y fuerte. Esta obra marca el final de un estereotipo, fin de la mujer sumisa; pero nos deja otro nuevo, el hombre lobo de hoy; ha pasado medio siglo desde el primer clásico y el mito se ha cerrado; las heridas provocadas por el hombre lobo contagian el mal; la luna hace la transformación y las armas hechas de plata matan a la bestia.

Hombre lobo en la ficción (2) Horrible realidad.

Las historias de hombres lobo amables se mantuvieron hasta el final de la edad media, hubo que esperar a un cambio de era para que cambiaran; en el siglo XVI Europa se debatía en una reconstrucción social, el feudalismo que ya tenía diez siglos no funcionaba y las naciones nacían en cruentos partos. En esta era de descubrimientos, luchas religiosas y deseo por el saber, una historia real devuelve al mito a hechos de canibalismo y tortura.

Un folleto de dieciséis páginas publicado en el Londres de 1590, traducción de una copia alemana que no ha sobrevivido describe la vida Peeter Stumpp, sus presuntos delitos y su juicio, que incluye las declaraciones de muchos de los vecinos y testigos de los crímenes. Información adicional es proporcionada por los diarios de Hermann Von Weinsberg, concejal de Colonia, y por una serie de periódicos de gran formato ilustrado, que fueron impresas en el sur de Alemania y que se basaban probablemente en la versión en alemán del folleto de Londres. Los documentos originales se perdieron durante las guerra que se extendieron en los siglos que siguieron.

El folleto titulado ‘La maldita la vida y la muerte de Peeter Stubbe‘; Peeter Stumpp, mejor conocido como ‘El hombre lobo de Bedburg‘ fue un agricultor alemán, acusado de ser un asesino en serie y un caníbal. Peeter Stumpp, cuyo apellido suena a Stumpf que traduce del alemán “muñon”, hace referencia al hecho de que había perdido su mano izquierda, cortada por un accidente al picar leña, dejándole sólo un muñón. Los testigos señalan a las autoridades que un lobo, cuya su pata delantera izquierda estaba cortada, estaba atacando a su animales, y esa lesión fue lo que apuntaba a  la culpabilidad del rico hacendado.

Stumpp nació en la aldea de Epprath cerca de la población de Bedburg en Colonia. Su fecha de nacimiento no se conoce, los registros de la iglesia local fueron destruidos durante la Guerra de los Treinta Años (1618-1648). Él era un rico agricultor y miembro influyente de la comunidad rural. En la década de 1580 parece enviudar y queda con dos hijos, una niña llamada Beele (Sybil), que parece no haber tenido más de quince años, y un hijo de edad desconocida.

En el año 1589 Stumpp fue sometido al tormento del potro, práctica muy habitual para sacarle las confesiones. De lo que quedó de su juicio se desprende que Peeter acabó confesando, tras un período no definido de torturas, que practicaba la magia negra desde que tenía doce años de edad, lo que le había servido para hacerse tan rico. Agregó además que había recibido de manos del mismo Diablo un cinturón mágico que le permitía transformarse en lobo. Un ser con apariencia de lobo, fuerte y poderoso, con grandes y enormes ojos que brillaban como fuego por la noche, con afilados y crueles dientes, y con un cuerpo enorme apoyado en fuertes patas.

Según su confesión, cuando se sacaba el cinturón recuperaba su forma humana. Relató que durante 25 años se había estado alimentando del ganado de sus vecinos, pero que no llenándose con esto, había pasado a cazar presas humanas. Durante veinticinco años, Stumpp habría sido una ‘sanguijuela insaciable’, que se atiborraba de la carne de las cabras, corderos y ovejas, así como de los hombres, mujeres y niños que se le atravesaron. Con la tortura confesó matar y comer a catorce niños, dos mujeres embarazadas, y sus fetos. Uno de los catorce niños fue su propio hijo, cuyo cerebro, informó, había devorado. Así mismo también fue acusado de mantener relaciones incestuosas con su propia hija (algo que hubiese significado ya de entrada la pena de muerte en aquella época) y relaciones homosexuales con un primo suyo (otro delito mortal). También confesó haber tenido trato carnal con un sucubo (demonio femenino) que el propio Diablo le enviaba en varias ocasiones. Tras todas estas declaraciones, Peeter fue declarado culpable de canibalismo, asesinato y trato con el Diablo. Su condena fue ser ajusticiado con el tormento de la rueda.

El 31 de Octubre de 1589 Peeter fue atado a un banco, donde con unas tenazas al rojo vivo le extrajeron varios trozos de carne. A continuación le machacaron brazos y piernas con la parte roma de un hacha —para evitar su regreso desde la tumba—, y posteriormente fue decapitado. Su hija y su primo fueron quemados en la misma hoguera en la que quemaron los restos de Peter. Parece ser que antes de ser quemados vivos fueron desollados, la chica violada y estrangulada. La cabeza de Peeter sin embargo no fue quemada. La colocaron en un poste en el medio del pueblo, junto a la rueda que habían empleado con él y una figura con forma de lobo a modo de castigo ejemplarizante para que nadie repitiese sus acciones.

Pese a lo horrible de la historia, hay algunos hechos históricos que hacen inconsistente el folleto de Londres. Los años en que Stumpp se suponía que había cometido la mayoría de sus crímenes (1582-1589) estuvieron marcados por guerras internas en la región de Colonia, la luchas entre protestantes y católicos. El protestantismo era apoyado por el ex arzobispo Gebhard von Waldburg Truchsess y Adolfo, conde de Neuenahr , señor de Bedburg; y Stumpp fue sin duda un converso al protestantismo. La guerra trajo consigo la invasión de los ejércitos de uno y otro lado, los ataques por parte de soldados merodeadores y, finalmente, un brote de la plaga . El asesinato y la violencia eran la regla.

Cuando los protestantes fueron derrotados en 1587, el castillo de Bedburg se convirtió en la sede de mercenarios católicos bajo el mando del nuevo señor de Bedburg; Werner, conde de Salm-Dyck Reifferscheidt, que era un acérrimo católico decidido a restablecer la fe romana. Por lo tanto, no es inconcebible pensar que el juicio al hombre lobo, fue un juicio político disimulado, para que el nuevo señor de Bedburg intimidara a los protestantes del territorio ahora católico.

En esos tiempos los juicios a brujas y hombres lobos recaían en personas solas (mujeres viudas cuyas tierras eran codiciadas por otros), igual puede suponerse para los juicios a hombres lobos. Un aspecto más que apoya esta idea es que los procedimientos de la tortura eran algo caros, por ello son enjuiciados inicialmente gente de la clase alta —una forma de quitar de en medio a la oposición política y religiosa—. Poco a poco se pasa a la gente común, aquí los costos son asumidos por las administraciones de las comunidades, quienes se aprovechan de los bienes del enjuiciado para enriquecer sus arcas. Buscar culpables de uso de la magia negra era relativamente sencillo, bastaba encontrar aquellos que hacían manipulación financiera o tenían un enriquecimiento repentino.

La viuda de Reichmann (de 50 años) de Frohnhausen que era conocida por su ayudas en actividades de curación; por su tono amistoso poco, no había sido precisamente popular en el pueblo. Testigos la acusan de robar grano disfrazada de loba, y otros señalaban que una de sus sobrinas había sido ejecutada en Niederscheld. Ella fue interrogada y finalmente torturada para hacerla confesar que había matado a su marido, así como algunos de sus hijos, con el difunto. El 29 de Agosto 1631 fue finalmente ejecutada. A veces se devuelven a los cargos a los propios instigadores; en 1630 el maestro de escuela Johann Jacob Offenbach Henrich (48 años), que había detenido a tres mujeres, incluida su propia madre, fue denunciado como un hombre lobo, y está en grave peligro de sospechas ya se habían planteado juicios contras uno de sus antepasados.

Otro aspecto vinculado a estos juicios son el componente sexual y las relaciones sexuales no permitidas, tales como el incesto y la homosexualidad; muchas víctimas de torturas eran obligadas a confesar actos seguramente inciertos. En el caso de Lemgoer Olischläger Johan, que abusó de su esposa y su criada; parece ser que el componente sexual domina todo. En 1631 el tribunal condenó al acusado, no como un adúltero, pero si como un hombre lobo.

Estos juicios a brujas y hombres lobo se extenderán hasta un poco más de la mitad del siglo XVII. El hombre lobo que en los siglos de la edad media era un ser atormentado y bueno, pasa a convertirse en una excusa para juzgar y eliminar rivales, ahora es un monstruo caníbal, lujurioso, pedofilo, infanticida, violento y cruel, que tiene pactos con el diablo y las brujas; sus transformaciones son por lo general producto de cinturones y ungüentos mágicos, y la literatura sólo muestra como se torturaba a aquellos desdichados para hacerlos confesar delitos, muchas veces inexistentes. Caperucita Roja es la heredera literaria de esas historias de lobos antropófagos; inicialmente enseñando a los niños de no ir solos al bosque y de los peligros de que lobos y criminales los atacaran. Habrá que esperar hasta fines del siglo XIX e inicios del XX para que resurja una nueva cara del mito.

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Textos originales y más información: aquí, aquí y aquí

Hombre lobo en la ficción (1) Del mito al romance

La idea de hombres lobo se remonta a la antigüedad; posiblemente como una forma de asustar a sus enemigos, los guerreros antiguos de tribus ancestrales se cubrían con piel de lobos, el mayor depredador europeo, para así provocar miedo y zozobra en sus adversarios

En el siglo V a.C., El historiador griego Herodoto, inspirado seguramente en esos hechos, relata que entre los habitantes de las orillas del Mar Negro había magos muy inteligentes, capaces de transformarse a su antojo. En aquellos tiempos lejanos, estas mutaciones extrañas eran el resultado de humanos que practicaban el canibalismo, y tomaban la apariencia de un lobo como un modo de satisfacer sus apetitos monstruosos. De esta imagen se pasa al mito y la transformación. El rey Licaón y varios miembros de su familia fueron transformados en lobos, por el delito del canibalismo. El hombre lobo surge así, ya no como un acto de transformación voluntaria, sino como un castigo divino. Los romanos dan al mito una razón distinta, es un acto voluntario y no hay explicación de la causa por la cual ocurre; la obra del Satiricón de Petronio (en el 61 d.C.) Narra en pocas letras el cuento de un soldado que viajando con un compañero en la noche este se trasforma en lobo.

Logré que uno de mis compañeros de hostería —un soldado más valiente que Plutón— me acompañara. Al primer canto del gallo, emprendimos la marcha; brillaba la luna como el sol a mediodía. Llegamos a unas tumbas. Mi hombre se para; empieza a conjurar astros; yo me siento y me pongo a contar las columnas y a canturrear. Al rato me vuelvo hacia mi compañero y lo veo desnudarse y dejar la ropa al borde del camino. De miedo se me abrieron las carnes; me quedé como muerto. Lo vi orinar alrededor de su ropa y convertirse en lobo. El lobo, se rompió a dar aullidos y huyó al bosque. Fui a recoger su ropa y vi que se había transformado en piedra. Desenvainé la espada y temblando llegué a casa. Melisa se extrañó de verme llegar a tales horas. —Si hubieras llegado un poco antes —me dijo— hubieras podido ayudarnos; un lobo ha penetrado en el redil y ha matado las ovejas; fue una verdadera carnicería; logró escapar, pero uno de los esclavos le atravesó el pescuezo con la lanza. Al día siguiente volví por el camino de las tumbas. En lugar de la ropa petrificada había una mancha de sangre. Entré en la hostería; el soldado estaba tendido en un lecho. Sangraba como un buey; un médico estaba curándole el cuello.

Si bien los romanos estaban influidos por esa noción de castigo y canibalismo del mundo griego, los lobos no eran seres tan terribles; uno de sus mitos principales era la historia de Romulo y Remo. En el mito el rey Numitor de Alba Longa fue encarcelado por su hermano Amulio, el cual procedió a matar a todos sus sobrinos con excepción de la única mujer, Rea Silvia. Con tal de que esta no tuviera descendencia, la obligó a dedicarse al culto de Vesta. Un día, mientras Rea dormía en la orilla de un río, el dios Marte la dejó embarazada y de esta unión nacieron los gemelos Rómulo y Remo. Sabiendo que si su tío se enteraba del hecho también los mataría, Rea puso a los recién nacidos en una cesta y la dejó en el río Tíber. La cesta se cruzó en el camino de la loba Luperca, quien los amamantó, y más tarde fueron recogidos por el matrimonio de pastores Fáustulo y Aca Larentia. Los gemelos crecieron y descubrieron su origen. Buscando venganza, volvieron a su ciudad natal para matar a su tío abuelo y reponer en el trono a su abuelo Numitor. Éste, en agradecimiento, les entregó los territorios al noroeste del Lacio; y decidieron fundar una ciudad justo donde la loba los encontró, la hoy ciudad de Roma.

Para la alta edad media, el hombre lobo adquiere una nueva dimensión, el amor romántico y caballeresco pone al hombre lobo frente al amor por una amada y la traición de esta. En el siglo XII, tenemos los ‘Lais de Marie de Francia‘ (Poemas/cantos de María de Francia), una serie de cantos octosilabos notables sobre todo por su celebración del amor, su originalidad y la viveza de sus descripciones, la identidad real de la autora (Marie) es desconocida y algunos asumen que se trata de María de Champagne, una hija de Leonor de Aquitania y hermana del famoso Rey Ricardo Corazón de León. Dentro de los poemas tenemos a “Bisclavret“, un relato sobre un hombre lobo. Bisclavret, barón de Bretaña, desaparece tres días por semana sin que nadie sepa dónde se esconde. Cuando su mujer le implora que le confiese su secreto, él le cuenta que es un hombre lobo, y que esconde sus ropas en una roca hueca para poder volver a su forma humana. Cuando el barón vuelve a irse, ella envía tras él a un caballero enamorado de ella para que robe la ropa de su marido; cuando éste no vuelve, la mujer se casa con su amante. Un año después, el rey, que era amigo de Bisclavret, se lo encuentra en forma de lobo durante una cacería, y éste le pide ayuda. El amante de la mujer de Bisclvret visita el castillo del rey, y el lobo lo ataca ferozmente. El rey luego lleva al bosque a la mujer y el lobo la ataca y le arranca la nariz. Tras interrogar a la mujer, bajo tortura, ella confiesa y devuelve la ropa robada; el lobo recupera entonces su forma humana, el rey le devuelve sus tierras, y manda al exilio a la mujer, cuyos hijos nacen desde entonces sin nariz, como castigo. Nuevamente no se aclara la causa del cambio; pero se introduce un nuevo elemento, que será muy común en toda la literatura posterior, el lobo siempre termina atacando a la amada, quien por lo general lo traiciona con un amante.

Otro lai anónimo de origen bretón del siglo XIII, cuenta la historia de Melion, un caballero que sirve el Rey Arturo, que se transforma en un hombre lobo por amor a su esposa, quien lo traiciona. Era la era del amor cortés, Melion hace votos de que nunca se casará con una mujer que ha amado a otro hombre. Así le es casi imposible encontrar a una mujer en la corte. Un día, mientras cazaba, Melion conoce a la hija del rey de Irlanda, quien le dice que ella nunca ha amado a un hombre que no sea él. Se casan y tienen dos hijos. Tres años más tarde, Melion, su esposa, y un escudero ven un ciervo hermoso, del que se antoja la mujer. Para cazarlo Melion se transforma en lobo usando un anillo mágico. La mujer roba la ropa de Melion y el anillo, y ella se fuga a Irlanda con el escudero. Melion como lobo caza, junto con otros lobos, a gente y los animales. La gente se queja de que el rey, que persigue los lobos hasta que solo queda Melion. A la llegada del Rey Arturo, el lobo es dócil y amigable. En visita al rey de Irlanda, Melion ve al escudero y lo ataca, este confiesa y la mujer es obligada a traer el anillo mágico para devolver la forma humana al lobo. Después de convertirse en un hombre nuevo, Melion considera castigar a su esposa por transformarlo en un lobo, pero en cambio, él la deja y vuelve a Inglaterra con el rey Arturo.

Otro anónimo poema romántico del siglo XIII, este de origen francés, es ‘Guillaume de Palerme‘ (Guillermo de Palerne o Willian of Palerne en ingles); escrito por encargo de la condesa Yolande (que generalmente es identificada como Yolanda, hija de Balduino IV, conde de Hainaut). En la historia, Guillermo, un expósito (huérfano/abandonado) fue criado en la corte del emperador de Roma, y ama a Melior la hija del emperador, que está destinada a un príncipe griego. Los amantes huyen a los bosques, disfrazados con pieles de oso. Alfonso, que es primo hermano de Guillermo y príncipe español, ha sido transformado en lobo por los encantamientos de su madrastra. Alfonzo proporciona alimento y protección a los fugitivos. Guillemo finalmente triunfa sobre el padre de Alfonso, y gana para si su reino. El benevolente hombre lobo es desencantado tras vencer a la madrastra, y se casa con la hermana de Guillermo. El hombre lobo recuerda al mito romano de Romulo y Remo, fundadores de Roma, los amantes fugitivos son protegidos por un lobo; pero ya se ve influenciado por las historias de otros poemas de la época cuando el hombre lobo ataca a su malvada madrastra para así librase de la maldición.

La última de estas historias caballerescas, otra vinculada nuevamente al famoso rey Arturo, es la leyenda de Sir Marrok, que forma parte de la gran obra de Thomas Malory, Le Morte d’Arthur (La muerte de Arturo) (1469-1470). En la leyenda artúrica, un hombre lobo requiere quitarse toda su ropa antes de hacer su gran transformación, pero no será capaz de volver a su forma humana a menos que tenga su ropa de nuevo. Para Sir Marrok encontrar su ropa y cambiar de nuevo a su forma humana se le hizo un poco más difícil cuando su esposa la escondió durante siete años, lo que le obligó a permanecer como un lobo durante tanto tiempo. No tener la ropa para volver a un ser humano era uno de los peores destinos que le podía pasar a un hombre lobo de esa época.

Para los hombres lobos de la antigüedad y del alto medievo su drama no era la compulsión por cambiar a lobo sin control; estos cambios ocurrían a voluntad o por maldiciones; usando objetos o no; el problema real para todos estos lobos desafortunados era regresar a ser humanos.

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Fuentes y más información: aquí, aquí, aquí y aquí

Hombres lobo (5) La tragedia del hombre-lobo

Muchos de los hombres-lobo del pasado han sido explicados como casos de locura o como víctimas de enfermedades. Pero esto no responde a la pregunta crucial: ¿existen los hombres-lobo?

Aunque los antiguos griegos y romanos, y hasta cierto punto los árabes, creían en la existencia ocasional, localizada, de hombres-lobo, la situación era muy diferente en la Europa de la Edad Media, época en que se suponía que el proceso de transformación de la persona en bestia era un fenómeno cotidiano. Todavía hoy, en algunas regiones, esta superstición no ha perdido del todo su antiguo poder de captación de la imaginación.

Por ejemplo, en el interior de Argentina y Uruguay subsiste ampliamente la creencia de que todo séptimo hijo varón es siempre un lobisón, es decir, un hombre que todos los viernes de luna llena se convierte en lobo. (En algunas épocas ha sido costumbre en Argentina que los séptimos hijos varones sean apadrinados por el Presidente de la República, en un intento de contrarrestar su mal congénito.) En Galicia, la tradición del lobisome sigue tan arraigada como la de las melgas, y tampoco en Europa central y en Escandinavia ha desaparecido del todo esta creencia. ¿Cuál puede ser el origen de un fenómeno tan universal y —todavía— tan vivo?

Probablemente se trata de un origen mítico, pero no deja de presentar también elementos históricos, demoníacos y psicológicos. La ciencia moderna halla en el tema del hombre-lobo pocos elementos fácilmente explicables, y muchos realmente inexplicables; esto no resulta extraño, pues esta superstición, que se remonta a un período más de mil años anterior al Cristianismo, contiene muchos elementos imposibles de racionalizar por el pensamiento moderno.

A lo largo de los siglos, el desarrollo social del hombre ha reforzado todos los sentimientos benevolentes que nos distinguen de los animales. Por consiguiente, nuestros primitivos impulsos bestiales se están extinguiendo por falta de ejercicio, o están desapareciendo por efecto de las leyes. Pero este proceso que nos transforma de unos salvajes primitivos en personas a las que se llama civilizadas, es muy lento, y de vez en cuando se producen casos de lo que los psicólogos denominan atavismo, o sea, reversión a un tipo ancestral de carácter.

De vez en cuando, nacen en países civilizados personas dotadas de apetitos y aficiones bestiales, que se deleitan en la más refinada crueldad y a las que llega a gustar la carne humana. La psicología moderna sabe cómo clasificar y explicar estos casos anormales, mas para la mente medieval, nada científica y altamente susceptible, sólo podían justificarse como obras del Diablo.

Por tanto, tal vez no haya nada de extraño en el hecho de que en una época en que la transformación de hombres en lobos era una noción fácilmente admisible, estos monstruos de crueldad y depravado apetito fuesen considerados como capaces de asumir formas de bestias.

Al avanzar la civilización, tales mitos desaparecen junto con los animales que los originaron. Los sioux de Dakota del Norte, por ejemplo, creían antes firmemente en la aparición de un animal monstruoso que devoraba seres humanos; los sioux de hoy, en cambio, piensan de manera muy diferente ya que, tras olvidar su antigua mitología, comprenden ahora que la superstición surgió de la visión de unos simples huesos de mastodontes prehistóricos, hallados con frecuencia en aquellas llanuras.

El punto de partida de la superstición del hombre-lobo es probablemente una costumbre de las sociedades primitivas; ésta consistía en disfrazarse de animales para explorar el terreno. Como los lobos, merodeaban en busca de alimento, y es lógico pensar que las informaciones sobre ellos debían representarlos como poseedores, en sus disfraces, de todas las propiedades feroces del animal al que imitaban y, finalmente, incluso de la de poder asumir forma de animal, completa o parcial, durante períodos más o menos largos.

Algunas de las historias de los indios norteamericanos sobre hombres-lobo representan a estos seres sólo con cabeza, manos y pies de lobo. La transformación en lobo en Francia, Alemania, Escandinavia y algunos países de la Europa oriental es causada por una camisa o faja confeccionada con piel de lobo, una supervivencia de la capa o manto que originariamente cubría todo el cuerpo.

A principios del siglo XVII, cuando el joven hombre-lobo francés Jean Grenier fue sometido a juicio por el asesinato de varios niños, el tribunal mostró una compasión poco corriente en aquellos tiempos. Tuvo en cuenta tanto la edad del muchacho (tenía 13 años) como la opinión médica, según la cual Grenier era víctima de una locura alucinatoria, o licantropía, y por tanto, en vez de condenarlo a la hoguera, le impuso una sentencia de encarcelamiento perpetuo entre los muros del monasterio franciscano de Burdeos.

La idea de que el hombre-lobo era una víctima de la locura no era ni mucho menos nueva —pocos años antes, 14 personas juzgadas en Francia por brujería y transformaciones en lobos fueron subsiguientemente absueltas—, pero el caso Grenier marca el comienzo de una nueva y significativa aproximación al fenómeno de los hombres-lobo. Los jueces, ante la dificultad de ignorar por más tiempo los alegatos cada vez más enérgicos de los médicos, llegaron a convencerse de que muchos de los presuntos hombres-lobo eran de hecho enfermos que sufrían diversas formas de alucinación mental, una forma de locura que en nada aliviaban las potentes drogas y hechizos a los que se sometían tales pacientes.

Data de esta época la división legal y médica de las personas afectadas por alucinaciones de tipo animal en dos categorías bien diferenciadas: hombres-lobo y licántropos. El primero era la criatura mítica, y el segundo el enfermo mental.

En toda Europa, los eruditos aplicaban nuevas definiciones a la enfermedad. En su tratado médico clásico, The anatomy ofmelanchoíy (1621), el clérigo inglés Robert Burton la calificó simplemente de «locura lobuna». En el siglo XVII, Alfonso Ponce de Santa Cruz, médico de Felipe II, equiparó la enfermedad con un síntoma de humor melancólico, un producto de la bilis que, según creían los médicos medievales, atacaba al cerebro.

Hoy en día, los médicos consideran los aspectos alucinatorios de la licantropía como de origen psicológico: al parecer, la hipocondría puede convertirse a veces en licantropía. Un reciente manual de historia de la psiquiatría ofrece un inquietante relato contemporáneo sobre un paciente de 30 años de edad, que primero se sumió en la melancolía y después presentó una monomanía que le hacía creer que se había transformado en lobo (licantropía); huyó de los hombres y buscó refugio en los montes, donde pasaba las noches aullando, visitando el cementerio e invocando a los muertos. No resulta difícil imaginar cómo, en el todavía poco ilustrado siglo XVII, a los presos víctimas de demencia alucinatoria se les podía persuadir para que «confesaran» llanamente historias de hechos sangrientos y metamorfosis de seres humanos en lobos. No cabe la menor duda de que miles de personas fueron ejecutadas a causa de la creencia popular en los hombres-lobo —los archivos de los tribunales así lo narran—, pero ello es un ejemplo más de cómo la superstición convierte una enfermedad —aquí casos bien claros de licantropía— en alimento con el que saciar su afán de crueldad. Es también un monumento a la más supina ignorancia.

Pero volviendo a otras cuestiones más recientes, en su libro clásico sobre sadismo, masoquismo y licantropía, Man into wolf (1951), el antropólogo británico Robert Eisler hace la fascinante observación de que Adolf Hitler tal vez padeciera la enfermedad de la licantropía. El doctor Eisler hace referencia al ya legendario relato según el cual el Führer «mordía la alfombra» en sus accesos de rabia: «Si las historias sobre las crisis de rabia de Hitler son ciertas, parece como si se tratara de estados maníacos licantrópicos

El psicoanalista norteamericano Nandor Fodor interpreta la licantropía menos como una condición psicológica que como un «mecanismo psíquico». El doctor Fodor concede gran importancia a los sueños, especialmente a aquellos que contienen transformaciones, derramamiento de sangre, crímenes crueles y la propia figura del hombre-lobo. Su interpretación de estos sueños licantrópicos se convertiría en tema de varios libros y de una importante comunicación publicada en el Journal of American Folklore en 1945. He aquí un ejemplo de su catálogo de casos:

Una mujer de Londres despierta por la mañana y descubre dos ojos centelleantes en la cabeza de un animal de aspecto lobuno que la contempla desde un lugar cercano a la chimenea. Aterrorizada, enciende la luz y el animal desaparece. Ella cree que se trataba de un hombre-lobo.

Al interrogarla en busca de asociaciones, Lobo («Wolf») resulta ser el nombre de un hombre por culpa del cual ella había perdido mucho dinero, y que una noche, en Francia, había trepado hasta su dormitorio amenazándola con estrangularla si no dejaba a su marido y se iba con él. Con sus grandes ojos pardos y crueles, se le podía calificar de hombre-lobo. Sin embargo, .. la visión del ser lobuno tuvo lugar antes de que el hombre invadiera el dormitorio de la mujer en cuestión. No obstante, la asociación nos proporciona una pista para poder comprender su alucinación. Representa unas expectativas sexuales de tipo sádico. El brillo en los ojos del lobo era el centelleo de su propio deseo de verse asaltada, y la chimenea era un símbolo topográfico adecuado de la pasión que ardía en ella.

Licantropía y hombres-lobo constituyen evidentemente un tema complejo, plagado de trampas, y para comprenderlo a fondo hay que tener en cuenta cuestiones tales como la magia negra, el canibalismo, la demencia, la credulidad, los bajos niveles de inteligencia, el sadismo, la embriaguez, la susceptibilidad, la fantasía, la proyección astral… y la rabia. La medicina de la antigüedad pudo haber confundido fácilmente la forma licantrópica de la psicosis con la rabia canina contagiosa, transmisible a los perros por mordeduras de lobo y al hombre por mordeduras de perro, y que mueve a hombre y perro a atacar y morder a todo ser que se ponga a su alcance, difundiendo con ello tan terrible enfermedad.

Durante miles de años, el factor principal para identificar a un hombre-lobo era la espuma en la boca, síntoma que también identifica al hombre víctima de la hidrofobia. Por tanto, cuando el poeta romano Ovidio explica la transformación de Licaón en lobo, ¿se basa su descripción en un lobo rabioso o en un hombre atacado por la rabia? Dice al respecto:

En vano intentó hablar; desde aquel mismo instante sus mandíbulas se cubrieron de baba, y su sed sólo podía saciarla la sangre.

Ovidio habla, en realidad, de un hombre-lobo. De acuerdo con la tradición, la mordedura de uno de ellos convierte a la víctima en lobo, y ser mordido por un lobo rabioso transmite a la víctima la rabia. Imagínese el dilema de un rústico, para el cual un lobo rabioso no era sino un hombre-lobo rabioso, e imagínese su terror si era atacado por el animal enfermo y después aparecían en él los síntomas de la rabia. Para quienes lo observaban, él era ya otro hombre-lobo.

Actualmente, algunos científicos no han descartado por completo la posibilidad de que hayan existido en realidad hombres-lobo; cabe todavía preguntarse si, en realidad, es razonable suponer que la leyenda, si no está basada en hechos, pueda sustentarse gracias tan sólo a la fantasía. Y si nada hay de cierto en esta creencia perenne en la metamorfosis animal, ¿por qué científicos y médicos doctos le han dedicado tanto estudio en todas las épocas?

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Fuente: Texto original (todo) de Criaturas del Más Allá. El mundo de lo insólito.  Orbis Publishing Limietd. (1984). Versión castellana Editorial Debate S.A. Madrid. España (1986).  Pag. 77-79

Hombres lobo (3) Locura o metamorfosis

Son muy abundantes las historias de personas que afirman ser hombres-lobo, y que se comportan de modo salvaje y bestial, conservando sin embargo su aspecto humano. Este tipo de locura se da todavía hoy en día. ¿O se trata de una raza diferente?

La mayoría de personas se imaginan que un hombre-lobo es un hombre-bestia extremadamente peludo y feroz que camina sobre dos patas, gruñe, echa espuma por la boca y está provisto de dos largos y sucios colmillos.

Naturalmente ésta es la imagen familiar que nos ofrecen las clásicas películas de terror; sin embargo, esta imagen resulta imprecisa en todos sus aspectos. La historia y la mitología son muy claras cuando nos describen la transformación de un hombre en un hombre-lobo, muy parecido a un lobo natural, excepto por ser un poco más grande que las especies salvajes.

Los que no están muy familiarizados con la cuestión, tienden también a comparar los hombres-lobo con los licántropos, y hablan de ellos como si se tratase de una misma cosa. Sin embargo no lo son. Un licántropo es un enfermo mental que cree haber asumido el aspecto, voz y comportamiento de un lobo, a pesar de que realmente no haya sufrido ninguna transformación física.

En los siglos XV y XVI se creía que el pelo del lobo crecía debajo de la piel, por lo que muchos licántropos dieron esta explicación cuando se les preguntaba por qué, si efectivamente eran lobos, tenían todavía el mismo aspecto de una persona. Un hombre-lobo, en cambio, es tradicionalmente un hombre que, por efectos de magia o por propensión natural, posee la habilidad de transformar su aspecto en el de un lobo.

Todas las características típicas de aquel animal —la ferocidad, la fuerza, la astucia y la rapidez— son en ellos claramente manifiestas, para horror de todos aquellos que se cruzan en su camino. Puede permanecer con su aspecto animal únicamente por espacio de unas cuantas horas, o bien permanentemente.

Cuando Peter Stump, un famoso «hombre-lobo» alemán que sufrió una terrible muerte cerca de Colonia en 1589, confesó que poseía poderes mágicos de autotransformación, podríamos inclinarnos a considerarle tan fanático como crédulos a sus jueces. Sin embargo, puesto que mató, mutiló y devoró a centenares de víctimas humanas y animales (a pesar de que él admitió haber asesinado únicamente a 16 personas) mientras estaba absolutamente convencido de ser un lobo, no podemos dudar de que sufría la enfermedad denominada licantropía. «Licantropía» y «licántropo» derivan directamente de las palabras griegas lykos, que significa «lobo», y anthropos, que significa «hombre». A pesar de que la licantropía se refiriese originalmente al antiguo fenómeno de un hombre capaz de sufrir una metamorfosis animal (un fenómeno en el que creían fervorosamente médicos griegos tales como Cribasios y Aetios), gradualmente llegó a ser un término que se aplicaba exclusivamente a los hombres que imaginaban haberse transformado en bestias.

Por este motivo, los psiquiatras consideran la licantropía fundamentalmente como un engaño, una ilusión. En cuanto al hombre-lobo propiamente dicho, se decía que había dos cualidades humanas que permanecían cuando un hombre se transformaba en lobo: su voz y sus ojos. Sin embargo, en todo lo demás la metamorfosis en hombre-lobo venía totalmente determinada por rasgos animales: tenían la piel peluda y las garras de un lobo salvaje. Sin embargo, en su forma humana, varias características físicas distinguían un hombre-lobo de un hombre normal. Se decía que sus cejas se encontraban en el punto medio del puente de la nariz, y que sus largas uñas en forma de almendra eran de un repugnante color rojo sangre; el tercer dedo, en particular, era siempre muy largo. Otros rasgos distintivos eran las orejas, situadas bastante bajas y hacia atrás de la cabeza, y la abundancia de pelo en las manos y en los pies.

Tradicionalmente se distingue entre tres tipos principales de hombres-lobo. El primero es el «hombre-lobo hereditario». Su enfermedad involuntaria era transmitida de generación en generación, como consecuencia de alguna terrible maldición familiar. El segundo es el «hombre-lobo voluntario». Su depravación mental le lleva voluntariamente al reino de los rituales de magia negra, y a utilizar todo tipo de terribles encantamientos, pociones, ungüentos, cinturones, pieles de animal y conjuras satánicas para conseguir la metamorfosis deseada. El tercer tipo es el «hombre-lobo bueno». Este descendiente amable y gentil de la familia del hombre-lobo es prácticamente una contradicción interna. No siente otra cosa que vergüenza por su aspecto brutal, y desea que a ningún hombre o animal le ocurra ningún daño.

Dos de los «hombres-lobo buenos» más conocidos están descritos en un bonito par de romances del siglo XII, Guillermo y el hombre-lobo, de Guillaume de Palerne, y el Lay du bisclavaret (bisclavaret es el nombre bretón del varulf, hombre-lobo normando), de Marie de France, que trata de uno de los caballeros más galantes de Bretaña.

La teoría medieval era que, mientras el hombre-lobo mantenía su forma humana, el pelo le crecía hacia dentro; cuando deseaba convertirse en un lobo, simplemente se daba la vuelta a sí mismo de dentro hacia afuera. Una investigación realizada sobre varios documentos judiciales literales demuestra que los presos —indudablemente licántropos— fueron interrogados concienzudamente y que se les invitó a revelar los «secretos» de la metamorfosis animal.

Cuando estos interrogatorios fracasaban y la paciencia de los jueces se terminaba, invariablemente a algunas de estas infelices víctimas se les cortaban los brazos y piernas o se las desollaba parcialmente, en un intento de encontrar la presunta pelambre interior. Otra teoría decía que la persona poseída conseguía asumir instantáneamente la forma y el carácter de un lobo simplemente poniéndose una piel de lobo encima.

Se percibe aquí una vaga similitud con el supuesto hecho de que el berserker, el hombre-oso escandinavo: deambulaba de noche por umbrosos bosques vestido con un pellejo de lobo u oso para adquirir, a través de la transformación, una fuerza sobrehumana. El hombre-lobo niño, Jean Grenier, poseía una piel de lobo de este tipo. En cambio, Jacques Rollet decía usar un bálsamo o ungüento mágico, tal como manifestó ante los tribunales el 8 de agosto de 1598.

«¿De qué se le acusa?», preguntó el juez.

«De haber ofendido a Dios —contestó el hombre-lobo acusado, que contaba unos 35 años—. Mis padres me dieron un ungüento; no sé de qué está compuesto.»

Entonces el juez preguntó: «¿Al frotarte con este ungüento te conviertes en lobo?»

«No —replicó Rollet— pero debido a todo esto maté y devoré al niño Cornier: yo era un lobo.»

«¿Ibas vestido de lobo?»

«Iba vestido como voy ahora. Tenía las manos y la cara ensangrentadas, porque había estado comiendo la carne de aquel niño.»

«¿Tus manos y pies se convierten en garras de un lobo?»

«Sí; sí se convierten.»

«¿Tu cabeza se vuelve parecida a la de un lobo? ¿Se vuelve más ancha?»

«No sé qué forma tenía mi cabeza en aquel momento; utilicé mis dientes, la cabeza la tenía como la tengo ahora. He herido y devorado a muchos otros niños pequeños.»

Otro método para convertirse en hombre-lobo consistía en obtener un cinturón, generalmente de origen animal, pero que podía también estar hecho de la piel de un ahorcado. Este cinturón se ataba con una hebilla de siete clavillos. Cuando se desabrochaba la hebilla, o se practicaba un corte en el cinturón, se rompía el hechizo.

Hombre lobo y el LSD medieval

Por qué tantas historias de hombres-lobo se remontan a la Edad Media? Una teoría sugiere que este hecho no se debe únicamente a la naturaleza supersticiosa de las mentes medievales: puede que para muchas personas las alucinaciones de origen bioquímico fueran entonces experiencias prácticamente cotidianas.

Los que practicaban el arte secreto de hacer creer a una persona que estaba volando, o que le estaban creciendo las uñas y se estaba convirtiendo en un animal, solían emplear extractos de piel de sapo, o plantas tales como la mandragora, el beleño y la belladona.

Pero estas alucinaciones no sólo las sufrían las personas que tomaban estas drogas. En los graneros medievales, el grano se clasificaba en dos montones: el grano limpio para la aristocracia y el clero, y el grano parasitado para los campesinos.

El grano afectado por el cornezuelo transporta un hongo que produce alcaloides parecidos al LSD (dietilamida del ácido lisérgico) y que también provoca sensaciones como la de sentirse transformado en animal.

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Fuente: Texto original (todo) de Criaturas del Más Allá. El mundo de lo insólito.  Orbis Publishing Limietd. (1984). Versión castellana Editorial Debate S.A. Madrid. España (1986).  Pag. 73-75