Ángeles y arcángeles (12) Otros ángeles del Islam

En punto anterior conocimos la versión árabe de los tres grandes arcángeles Gabriel, Miguel y Rafael; quienes entre los musulmanes son conocidos respectivamente: Jibrail, Mikael e Israfil; el primero es el ángel de las revelaciones, transmitió a Mahoma y el resto de los profetas las palabras de Dios/Alá/Allah; el segundo es para los árabes el ángel de la misericordia, ya que es responsable de traer la lluvia y el trueno a la Tierra; y el último es el ángel que señala la llegada del día del juicio al sonar la trompeta. El cuarto es el ángel de la muerte, que llamamos Azrael y es conocido entre los árabes como Izrail, quien es visto como el responsable de separar el alma del cuerpo. Otros ángeles dentro de la tradición islámica son:

Radwán/Ridwán (Guardián del paraíso)

Ridwán o Radwán es el guardián de los cielos, y su nombre traduce “placer“. Según la tradición islámica, Ridwán es el nombre del ángel a cargo de mantener el Paraíso; una función muy semejante a la Uriel, que con su espada de fuego protege el Edén de los mortales. Otras pronunciaciones del nombre son: Rizwán, Rizván, Ridván y Riduán.

Hoy en día este nombre se utiliza generalmente como un nombre masculino, ya sea por los árabes o musulmanes. El nombre de este ángel se da a menudo a los niños musulmanes en la mayoría de los países, ya que es un nombre de grandes virtudes.

Malik (Guardián del Infierno)

En contraposición al anterior tenemos al ángel Malik, que es el guardián del Infierno donde terminan las almas de los malhechores. En la fe islámica, Malik es un terrible ángel que guarda y mantiene el fuego del Infierno asistido por 19 guardianes o esbirros (zabaniya). En el Corán (Sura 43, 77) Malik les dice a los condenados que le imploran que deben permanecer en el Infierno para siempre, pues —aborrecieron la verdad cuando ésta les fue presentada—.

El nombre de Malik traduce ‘Rey‘; y es usado por los pueblos árabes para referirse en Asia a sus príncipes y reyes gobernantes; y la versión femenina Malikah o su equivalente en lengua persa Malekeh significa ‘Reina‘. En India traduce ‘maestro’ y el propio Alá es llamado Al-Malik que traduce ‘Rey de Reyes‘, por encima de todos los gobernantes terrenales.

Variantes del nombre son Malek y Melik. Este último nombre equivale a la palabra hebrea Melekh, que significa igualmente rey; entre los judíos el rezo en privado incluye la frase ‘El Melekh Ne’eman‘ (Dios, Rey fiel), una afirmación de fe pronunciada antes del recitar la Shemá; de donde deriva nuestra común palabra al final de los rezos de la liturgia cristiana: ‘Amén‘. La no pronunciación de esta frase en el rezo judío obedece a una razón de que el rezo Shemá se compone de 245 palabras, y la frase de ‘El Melekh Ne’eman‘ eleva el número hasta 248, correspondiente a cantidad de huesos humanos. Por su parte en servicios públicos de la sinagoga donde el Jazán repite las tres últimas palabras del Shemá en voz alta, el número de las palabras llega a 248 y el recital de ‘El Melekh Ne’eman‘ por consiguiente, se omite.

El por que Malik rige los infiernos tiene que ver con su origen o equivalente en la antigua Fenicia y su colonia Cartago. Para los semitas la palabra MLK que puede ser leída de muchas formas y traduce ‘Rey‘ es también el nombre dado a Moloch (Moloc, Molekh, Molok, Molek, Molock, o Moloc) el nombre de un antiguo dios amonita cuyo culto fue practicado por cananeos, fenicios y culturas afines en el norte de África y el Levante. Moloch es recordado sobre todo por propiciar el sacrificio de niños por los padres; algo que al parecer era propio de la región. Recordemos que Yahveh (YHVH) o Jehová pedía a Abraham el sacrificio de su único hijo Isaac, que después envió un ángel a detenerlo es otra historia; así el sacrificio humano fue detenido desde entonces entre los judíos y fue considerado un acto repudiable, pero nadie habla de lo que pudo haber habido antes. El sacrificio humano no solo fue repudiable entre judíos, sino entre los pueblos de Grecia y Roma, que lo consideraban un acto abominable y en contra del orden social, Zeus castigaba férreamente a los que cometían tales actos transformándolos en lobos, y los romanos llevaron a Cartago hasta las cenizas en parte usando esa excusa.

El dios Moloch es descrito como un ídolo de metal hueco, con brazos abiertos para recibir a sus víctimas, que eran lanzadas a su interior lleno de llamas ardientes, mientras los tambores sonaban a frenético ritmo para ocultar los gritos agonizantes de los niños que eran destinados al sacrificio. Es este recuerdo ardiente el que vincula al ángel Malik con Moloch; quien es considerado como uno de los tantos demonios importantes del Infierno; y como se señaló previamente los dioses de otros pueblos se transformaron en ángeles o en demonios depende de la visión que se de del mismo.

Munkar y Nakir (Ángeles del juicio)

Munkar (a veces traducido como Monkir) y Nakir son ángeles que ponen a prueba la fe de los muertos en sus tumbas; aunque su referencia no figura en el Corán. Muchos musulmanes creen que, después de la muerte, el alma de una persona pasa por una etapa llamada barzaj, en el que existe en la tumba (incluso si el cuerpo de la persona que fue destruido, el alma todavía va a descansar en la tierra cerca de su lugar de la muerte). El interrogatorio se iniciará cuando el funeral ha terminado y la última persona de la congregación funeraria ha dado un paso a 40 pasos de la tumba. Nakir y Munkar apoyan el alma del difunto en posición vertical en la tumba y hacerse tres preguntas: —¿Quién es tu Señor?, ¿Quién es tu Profeta?, ¿Cuál es tu religión?—. Un creyente justo responde correctamente, diciendo que su Señor es Alá, que Mahoma es su profeta y que su religión es el Islam. Si las respuestas de los fallecidos son correctamente respondidas, el tiempo transcurrido en espera de la resurrección es agradable. Aquellos que no responden como se describió anteriormente son castigados hasta que el día del juicio.

Estos ángeles son descritos con sólidos ojos negros y poseen grandes martillos. Si nadie responde a sus preguntas correctamente, el alma es golpeada todos los días, excepto los viernes, hasta que Dios le da permiso para que la paliza se detenga. Los musulmanes creen que una persona responderá correctamente a las preguntas, no recordando las respuestas antes de la muerte (comparado con el Libro Egipcio de los Muertos), donde se pesa el alma de difunto.

Raqeeb y Atheed (ángeles del registro)

Los dos últimos ángeles del islam son Raqeeb y Atheed, que llevan el registro de las obras de una persona en su vida, los buenos y malos actos son anotados respectivamente por esos dos ángeles.

En la creencia estos dos los ángeles (Raqeeb y Atheed) que registran las buenas y malas acciones de los seres humanos se sientan en el hombro, uno en el lado derecho y el otro a la izquierda; esta imagen nos recuerda aquellas comiquitas donde el ángel y el demonio susurran a los oídos del hombre para decirle que hacer. En la tradición islámica estos seres no son activos sino meros observadores, el que está en el lado derecho escribe las buenas acciones y las malas acciones se encuentra en el otro. Si el difunto es una persona justa, tras su muerte será visitado por los otros dos ángeles Munkar y Nakir.

Ángeles y arcángeles (6) Los ángeles en el mundo árabe

Las naciones islámicas forman parte de los pueblos cuyo tronco se remonta a los descendientes de Abraham; la creencia sobre los ángeles es similar a judíos y cristianos, con algunas diferencias menores. En el mundo árabe ángeles y los yinn aparecen en muchos de sus mitos y leyendas.

Jairat Al-Saleh refiere lo siguiente sobre estos seres dentro de la creencia musulmán:

Se dice que tanto los ángeles como los yinn poseen poderes sobrenaturales, pero mientras que los yinn, al igual que los humanos, tienen la libertad de escoger entre el bien y el mal, los ángeles son, por naturaleza, santos. Del mismo modo que los planetas giran alrededor del sol, y de él reciben luz y calor, los ángeles se mueven en la órbita de Dios; su luz y su poder derivan de El, y su hermosura es un reflejo de su esplendor.

Según definiciones tradicionales, los ángeles son seres inteligentes, etéreos y transparentes, creados a partir de la luz. Son invisibles para los humanos, pero son capaces de adoptar distintas formas, lo que posibilita el que se hagan visibles a nuestros sentidos. Tienen una naturaleza impecable, pura y sagrada; no codician ni sucumben a la ira o la pasión. La esencia de su carácter es la obediencia a su Señor. La oración es su alimento y el glorificar y alabar al Creador es su bebida. A menudo se habla de los ángeles como de la hueste celestial o la multitud celeste; son los habitantes del cielo, al cual protegen de los yinn que escuchan a escondidas, subiéndose unos encima de otros para llegar al cielo.

Se dice que los ángeles están organizados por jerarquías, comenzando por el ángel supremo, el Espíritu, continuando por los cuatro arcángeles, los cuatro (u ocho) ángeles que atienden el Trono Divino, y siguiendo con las diversas jerarquías angélicas. Los ángeles de mayor grado están dotados de magnitudes cósmicas. Su inmenso esplendor, si bien no es nada comparado con la majestuosidad de Dios, se representa siempre en términos de tamaño inimaginable y una terrible y deslumbrante luz.

El Espíritu (Al-Ruh) se considera, a veces, como el más imponente y el más santo de entre la multitud celestial, y se encuentra en el centro divino del universo; muchos incluso creen que es una creación más poderosa que los ángeles. Se le llama Espíritu porque a él se le confían todos los espíritus; cada aliento que exhala se convierte en el espíritu de un animal. El Señor le ha asignado a él el control de las esferas y de los planetas, los cuales se mueven y giran por orden suya y dejarán de hacerlo si El ordena que permanezcan inmóviles. También preside el reino mineral, animal y vegetal y controla los cuatro elementos: la tierra, el fuego, el aire y el agua.

Los cuatro arcángeles son Jibril (Gabriel), Mikail (Miguel), Israfil (Rafael) y el Ángel de la Muerte. Hay veces que a Jibril, el que le reveló al profeta Mahoma el Corán, se le llama el Santo Espíritu o el Santo Guardián. También se le conoce por el Pavo real de los ángeles. Jibril es el mensajero de Dios a los profetas, a quienes les trajo la revelación y a quienes prestó ayuda. Se llama Jibril porque participa de jabarui, la omnipotencia divina. Preside los terremotos, las tormentas, los volcanes y otros desastres naturales parecidos con los que Dios castiga a los pecadores.

Se dijo que después de que Adán fuera expulsado del paraíso, Jibril le consoló y le enseñó diversas habilidades, tales como el cultivo del trigo, el alfabeto y a trabajar el hierro. Después le acompañó a la Morada Divina de la Meca y le enseñó los ritos de la oración y de la peregrinación. También fue el guía del profeta Mahoma en su viaje nocturno al cielo y le trajo la yegua Buraq para que la montara. Se describe a Buraq como un animal alado, parecido a un caballo con el rostro de un. Sus ojos son como dos brillantes estrellas celestes que arden con una luz similar a la del sol; sus orejas son verde esmeralda y tiene una crin trenzada con perlas y rubíes que emiten una luz celestial. Es blanca entremezclada con negro, predominando el blanco en las cuatro patas. Buraq lleva en la cabeza una corona incrustada de perlas, símbolo de su origen divino.

En la literatura y en las leyendas religiosas se encuentran muchas descripciones de Jibril. A veces se le representa llevando un gran turbante blanco o una gran corona de oro adornada de perlas preciosas. Tiene seis alas, cada una de las cuales está formada por otras cien alas más pequeñas. Cada par de alas de Jibril podría abarcar el espacio comprendido entre el este y el oeste. Además, Jibril posee un par de alas más, que tan sólo desplegará el Día del Juicio final, cuando Israfil haga sonar su trompeta.

Se dice que Mikail lleva su nombre por la naturaleza de las tareas que tiene encomendadas; preside las nubes, el viento y la lluvia, pesando las aguas a fin de distribuirlas por todos los rincones del mundo. Mide las cantidades (makayil) asignadas a las plantas y a los árboles, luego les ordena a sus ayudantes que las echen a las nubes, ocasionando la lluvia, que proporcionará vida a la tierra y alimentos para todos los seres vivos.

También se encarga de las almas de los humanos, inspirándoles conocimientos, sabiduría y el deseo de alcanzar la perfección. En el séptimo cielo existe un mar denominado el Mar Retenido, a cuyas orillas se alza Mikail en todo su fabuloso esplendor, desafiando cualquier descripción con sus innumerables alas e inmensa magnitud. Ni siquiera la hueste celestial puede soportar la magnificencia de Mikail y quedarían convertidos en cenizas si se acercaran demasiado a él.

En cuanto al Señor de la Trompeta de la Resurección, Israfil, se dice de él que fue el primero de los ángeles en postrarse ante Dios. Como resultado de esto, el Señor le confió la custodia de la Tabla Guardada, que lleva suspendida sobre la frente. A veces se le asocia con el Trono Divino, como uno de los ángeles portadores de éste. También se entiende que Israfil es el ángel que transmite las decisiones divinas que, primero, la Pluma escribe en la Tabla Guardada y, más tarde, Israfil comunica al resto de los arcángeles y a sus ayudantes. Israfil se yergue con los pies asomando por debajo del séptimo cielo y la cabeza rozando los pilares del Trono Divino. Tiene cuatro alas principales, una tapando el este, otra tapando el oeste, otra con la que vuela a la tierra y una cuarta que utiliza a modo de velo para protegerse del esplendor y la majestuosidad de Dios. Con los ojos fijos en el Trono, sostiene eternamente la Trompeta junto a sus labios, dispuesto a hacerla sonar tan pronto como lo ordene su Señor. La trompeta de Israfil es monumental, y su longitud equivale a la distancia que hay entre el cielo y la tierra. Según la leyenda las almas de los difuntos permanecen en las oquedades de esta trompeta, aguardando el momento en que Dios le ordenará a Israfil que haga sonar tres veces la trompeta: el primer trompetazo será el del temor, el segundo será el del trueno y la aniquilación, y el tercero el de la resurrección. Al tercer sonido de la trompeta, las almas de los difuntos saldrán de allí, ardiendo ferozmente, en busca de los cuerpos que solían habitar en la tierra. Entonces a la orden dada por Dios, las almas volverán a entrar en los cuerpos de los difuntos ocupándolos por completo, extendiéndose por ellos con la rapidez del veneno. Los difuntos se levantarán de sus tumbas y avanzarán, en espera del juicio de su Señor. Tres veces durante el día y otras tres durante la noche, Israfil dirige su mirada hacia el infierno y llora de pena y dolor, temblando violentamente, las lágrimas corriéndole por las mejillas.

Izrail (Azrael), el Arcángel de la Muerte, no es menos magnífico ni inspira menos temor que los demás arcángeles. Es el ángel que jamás se ríe, el destructor del placer y de las alegrías, el dispersador de los amigos y los amantes; es el temido visitante que vacía los hogares y puebla las tumbas, dejando tras sí un grupo de desconsolados padres, de huérfanos y de viudas. (…) El guardián del paraíso es el ángel Radwán, cuyo asiento está hecho de luz. Su rostro y su figura brillan con una hermosura celestial y con el resplandor de su vestido, repleto de espléndidas joyas. Contrastando con él está el ángel del infierno, Malik, a quien Dios creó como emanación de su ira y venganza. Al igual que el Ángel de la Muerte, jamás sonríe; tiene un ceño tan ferozmente fruncido que, de sernos revelado, aniquilaría a la humanidad, hundiría los mares y descuajaría a las montañas de sus cimientos.

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Referencia: Jairat Al-Jaleh (1985) “Ciudades fabulosas, Príncipes y Yinn de la Mitología ÁrabeSerie Mitos y leyendas“. Quinta Edición 1991. Grupo ANAYA S.A. Madrid España (p. 95-97)