Cosmogonía (7) Los hijos del Sol

A diferencia de los pueblos que dependían de los grandes ríos (Nilo, Eufrates y Tigris) donde el culto al Sol era importante y los dioses: Ra, Horus, Shamash, Nergal, y Mitra eran todo poderosos, reyes entre los suyos; no hubo entre los griegos un culto al Sol de singular importancia. Varios dioses, en distintos periodos, se ocuparon de manejo del carro solar, sin mayor importancia y/o culto. El primero de ellos fue Hiperión (quien camina en las alturas). Hiperión fue el titán que reinó en oriente (este), donde nace el sol, y ello es algo común a todas las culturas que ven elevarse por este punto cardinal al astro rey; mientras que su antípoda (el oeste) es para todas las culturas es el lugar de donde nace la noche (por desaparecer la luz del Sol), y es en esta dirección donde se ubicaba el mundo de los muertos.

hiperion

Hiperión fue uno de los cuatro hermanos que conspiraron con Cronos en la castración de Urano, su padre. El mito señala que cuando el cielo (Urano) descendía sobre la Tierra (Gea/Gaya), cuatro de sus hijos: Hiperion, Crío, Coios y Japetos lo agarraron por cada una de las extremidades manteniendo firme a su padre mientras Cronos lo castraba con una hoz. Así este mito tiene raíces de los pueblos de oriente próximo (Egipto y Mesopotamia) donde se habla de los grandes pilares que sostienen y separan el cielo y la tierra.

Hiperion fue el primero de los dioses que manejo el carro solar, y viajó con aquella esfera de fuego que daba luz y calor a la tierra por el cielo azul donde reinaba el Eter. Y como en todos los cultos, antes y después, Hiperion toma el nombre de ‘el que todo lo ve‘, es el dios (en el tiempo de los titanes) de la vigilancia y la observación. El movimiento del Sol y de la Luna (el carro manejado por la titanide Febe) sobre el cielo fue lo que dio paso al orden al mundo; son los ciclos diarios del Sol y mensuales de la Luna; que se mueven sobre las constelaciones celestes puestas sobre el cielo por su hermano Crío lo que dio origen al calendario. Así Hiperión al viajar sobre los cielos y sobre el fondo de estrellas (que gira una vez al año) permitió relacionar a los hombres los ciclos de la vida con las estaciones; por tanto se vuelve el dios de la sabiduría y la luz de la iluminación (la comprensión).

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La compañera de Hiperion fue su hermana Theia (leída Tea en español, traduce la divina, la brillante), a veces se le pone el sobrenombre de Eurifesa (de ancho brillo). Los griegos creían que los ojos emitían un rayo de luz que permitía que uno viera; de aquí la idea de que el sol y la luna, cuyos rayos iluminaban la tierra, se conectaran con el don de la visión. Theia/Tea, que era la luz del día, llevaba como su esposo el titulo de ‘la que todo observa‘, es la diosa que tiene el don de la visión (la profecía); este don que compartía con sus hermanas: Febe (la visión de las estrellas —astrología—), Temis (la visión de la ley), Thetis (oráculo del agua) y Mnemosine (la visión de las palabras). A Theia se le atribuye el haber dado brillo al oro y la plata, a las piedras preciosas, a todo lo que fulgure y resplandezca; es por tanto diosa (entre los titanes) de los tesoros, de la riqueza (mineral), y de la belleza.

La pareja tuvo a saber por los mitos tres hijos: Helios (el Sol), Selene (la Luna) y Eos (la Aurora); tras la caída de los titanes, en su lucha con los olímpicos, el manejo del carro solar y del carro lunar pasaron de padres a hijos; en parte porque estos se mantuvieron en parte neutrales en la lucha, o al menos se negaron a participar a favor de Cronos y el resto de los titanes.

Eos (Aurora, la de rosados dedos) vino a suplir a la diosa Hemera (diosa primigenia del amanecer y la luz), y su nombre ha sido a servido como raíz para indicar inicios, se suele hablar de eones (cuando se refiere de tiempos muy antiguos o iniciales de la historia de la tierra), eozoico o eolítico, hace referencia a eón geológico antes de paleozoico —era primaria—, pero más comun es el termino pre-cambrico); el eoceno es el periodo geológico dentro del durante el cual surgieron todas las ramas de los mamíferos modernos de la era terciaria o Cenozoica. Como madre de los vientos se suele hablar de los vientos con el termino de eólico.

Eos

Eos es la diosa que trae la luz, la que corre el velo de la noche. Su mito se vincula a aquella que aleja de las camas a los hombres de sus mujeres (el levantarse con el alba para ir a trabajar); la razón de este mito es que esta diosa, así como sus padres y hermanos tenía el don de la visión, en este caso no de la profecía, sino más bien el de observarlo todo; tuvo la mala suerte de ser la primera en ver en la cama de Ares a la adultera Afrodita, chisme que no se guardó y se lo contó a Apolo (quien en ese momento era quien manejaba al carro solar), y este al marido de la adultera, Hefesto. Por tal intrusión Afrodita maldijo a Eos a ser una ‘devoradora de hombres‘.

El primer esposo oficial de la diosa del amanecer fue su primo, el titán Astreo; juntos serán los padres de los cuatro vientos estacionales: Boreas (viento del norte), Céfiro (viento del oeste), Notos (viento del sur) y Euro (viento del este). [Sobre esta familia hablaremos en otra entrada en más detalle]. También la pareja tuvo a saber una hija: Astrea (Estrella), quien fue por un tiempo diosa de la justicia, pero con la violencia de los hombres en la Edad de Bronce abandono la tierra y fue puesta en los cielos (constelación de Virgo y la balanza de la justicia es la constelación de Libra).

Menos afortunados fueron los mortales que cayeron dentro de la voracidad de la diosa del alba; el príncipe troyano Titono, fue deseado por la diosa a tal punto, que pidió a los dioses del Olimpo que le concedieran la inmortalidad, pero se le olvido pedir eterna juventud; el pobre fue envejeciendo y cada vez se arrugaba y encogía más, hasta que la diosa finalmente tuvo piedad por el pobre y lo termino transformando en un grillo. Desde entonces cada vez que Eos se despierta por la mañana llora por el amado produciendo el rocío con sus lágrimas, y Titono se alimenta de las gotas de ese rocío; y al cae la noche los grillos cantan por la amada hasta que ella llega de nuevo en la mañana, en su canto se les escucha decir cri-cri-cri…, pero hay quienes escuchan mori-mori-mori… que traduce el deseo de aquel pobre príncipe: morir.. morir… morir.

Selene

Selene (Luna) es la diosa de la Luna, heredo el carro lunar de su tía Febe,  y lo condujo al inicio de la era de los olímpicos. Pese a haber otras diosas lunares: Hecate y Artemisa (nietas de Febe), es Selene la diosa lunar por derecho propio; tanto es así que los habitantes de la luna se les llama selenitas y no lunitas. Pero la luz de la Luna no es cálida como la del Sol, sino fría y pálida; ello en parte por la influencia de diosas como Hecate (cuando hay luna nueva) y de Artemisa (en la luna llena) que han tenido gran importancia en los cultos de las brujas y la asociación a espectros y fantasmas. En las noches de luna llena lo lobos aúllan con más fuerza a la Luna para que les devuelva la sombra que les robó, los locos están más activos (por eso se les llama lunáticos) y las brujas realizan sus aquelarres; y en las noches sin Luna, los espectros salen y se quedan en las encrucijadas esperando a aquellos transeúntes incautos que se atreven a salir en la oscuridad total; y que sin la luna no pueden encontrar su camino de regreso a casa, pudiendo ser llevados por aquellos fantasmas hasta el mismo inframundo.

Endimión

El gran amor de Selene fue un pastor de cabras y ovejas llamado Endimión (muchas veces confundido y fundido con el mito de un príncipe de la región de Elide —región occidental del Peloponeso— de igual nombre). Estaba el joven pastor durmiendo en una cueva con su ganado, cuando la diosa lo contempló y se enamoró del cuadro; pidió a los dioses del Olimpo mantener esa imagen para siempre y desde entonces el joven permanece como congelado en el tiempo, dormido por siempre y eternamente joven en aquella cueva donde la Luna en las noches lo contempla extasiada.

Helios-2

Helios (Sol) fue quien más descendencia tuvo entre sus familiares, al participar del lado de los dioses en su lucha contra sus padres, pudo conservar el carro solar; así Helios es el dios solar por excelencia. Se cuenta que cuando los dioses, ya victoriosos se dividieron el mundo, Helios llegó tarde a la reunión y ya no quedaban tierras en Grecia, por ello se le permitió subir de las aguas a la inundada isla de la ninfa Rodas, y de la relación con aquella ninfa de igual nombre tuvo a los siete heliadas y a la joven Electrionia (la radiante). El culto de los Heliadas se funde con otros grupos similares (coribantes, curetes, dactilos, etc.); se trato de un grupo de sabios que aprendieron el uso y manejo de la herrería, y que distribuyeron este saber por todas las islas del Egeo. Tal era su arte que fabricaron el famoso Coloso de Rodas, a petición de su madre para rendir culto a su padre; tal era la estatua de metal que servía de faro en el puerto de la isla y era tan grande que según entre sus piernas abiertas podían entrar los navíos.

Pero Helios logró tener entre sus dominios otras islas, estas más al oeste, entre ellas la famosa isla de los cíclopes (Sicilia), la tierra de la diosa Etna (el volcán), los cíclopes eran seres que estuvieron vinculados a labores de herrería y servían al dios de la metalurgia (Hefesto). Otros gigantes habitaban en islas cercanas, los Lestrigones (gigantes antropófagos) vivían el oeste de Sicilia o en la cara oriental de la isla de Cerdeña, más al norte tenemos a Córcega, y arriba posiblemente la mítica isla de Eea, donde reinaba una hija de Helios, la bruja Circe, (la ubicación de esta isla no esta clara, algunos la ubican en la costa oriental del Mar Negro, cerca de la Colquida, donde reinaba el hermano de la bruja, el rey Eetes, otros la ubican en las costas orientales del mar Adriático, pero por la secuencia del viaje de Odiseo lo más probable es que se tratara de alguna de las islas menores que rodean Córcega).

Circe

Circe (anillo, aro) es una poderosa bruja, adoradora de Hecate y con gran poder en la transformación de hombres en bestias; Odiseo supero su trampa al comer unas hierbas dadas por Hermes; pero otros no tuvieron tal suerte. De los amores de Odiseo y Circe se citan tres hijos: Telégono, Agrio y Latino quienes reinaron sobre los pueblos etruscos, y tras unirse con Eneas y el resto de los troyanos que escaparon de Troya, serán la base del futuro imperio romano. [En otras versiones Latino es hijo de Fauno, y este de Circe, o es el hijo de Telémaco (hijo de Odiseo y Penélope) con Circe].

Otros no fueron tan afortunados, entre ellos cuando el dios marino Glauco vino pidiendo ayuda por un filtro de amor y así encantar a la ninfa Escila, Circe le pidió que se quedara con ella, pero al no ser correspondida por Glauco le dio un filtro que transformó a la bella ninfa en un monstruo. Similar suerte tuvo Pico, un hijo del dios romano Saturno, quien al despreciar a la bruja por la diosa Canto (una diosa de los bosques cerca de Roma, hermana del dios del río Tiber, es una hija del dios Jano, y madre con Pico de Fauno en la tradición romana) o de Pomona (diosa romana de los frutos), la bruja lo convirtió en pájaro carpintero.

El reino del dios del Sol llegó hasta las columnas de Hércules (estrecho de Gibraltar), donde el dios tenía parte de su rebaño de toros rojos, estos al cuidado del gigante Gerión y el pastor Euritión (un hijo de Ares y con la hesperide Eritia).

El dios Helios tuvo dos hijas, Faetusa (luminosa) y Lampetía (brillante), con la ninfa Neera (recién nacida, una clara alusión al sol naciente), la oceanide que habitaba la mítica isla Trinacria = Sicilia). Faetusa y Lampetía cuidaban el ganado del dios Sol en la isla de los cíclopes. Se cuenta que cuando Odiseo y sus hombres llegaron a la isla se les advirtió de no tomar ninguna de las reces consagradas al dios solar, pero el hambre tras estar varados en la isla por varias semanas hizo que los hombres de Odiseo rompieran ese mandato; Lampetia corrió a avisarle a su padre y este tomo gran furia, los marinos abordaron por ultima vez la nave, pero el mar (Poseidón) apoyando a Helios terminó por hundir la nave y el único sobreviviente fue Odiseo, que agarrado a los restos del arco llegó a la isla de Calipso.

El culto a las ninfas Faetusa y Lampetía se funde con otras de sus media hermanas, y muchas veces estas ninfas son puestas como parte del grupo de las Heliades, hermanas de Faetón (brillante), quien es el más conocido de los hijos de Helios. La Heliade y Faetón son hijos de la oceánide Climena-Merope (Fama, la que gira el rostro) y no confundir con Asia-Climena, la esposa del titán Japeto). Climena-Merope funde su mito con el de otra ninfa, Clitia (Girasol, que también gira su rostro ante el paso de carro solar), según los mitos Helios (aquí posiblemente Apolo, muchos mitos de ambos dioses se combinan y funden) tras descubrir los amores de Afrodita ante Hefesto; la diosa del amor cobro cara esa imprudencia. Helios/Apolo que por ese momento cortejaba a la ninfa Clitia hizo que el dios se enamorara de la hermana de la misma, Leucótoe (no confundir con Leucotea, la diosa de la espuma blanca del mar), y profundizo el amor de Clitia por Helios/Apolo cuando este la abandono por la hermana. Clitia molesta y celosa le dijo al padre de su hermana frecuentaba a un desconocido, y el padre enojado por la traición enterró viva a la hija, quien murió bajo tierra. Helios/Apolo no perdono la maldad de Clitia y esta languideció mientras veía pasar al Sol por el cielo todos los días, no comía, ni bebía, finalmente, tras nueve días, los dioses se compadecieron y la transformaron en un girasol; mientras que a Leucótoe fue revivida en el árbol de incienso o en un arbusto de Leucotoe, que se caracteriza por hojas con colores dorados a azafranes, simbolizando los colores de la salida y puesta del sol.

Faeton

Faetón fue el más conocido de los hijos de Helios, cuando molesto por ser descalificado por otros semidioses, pidió a su padre que para demostrar su descendencia deseaba conducir el carro del Sol ante todos ellos. Helios no estaban muy seguro, pero por promesa previa debía cumplir el deseo de su hijo. Faetón perdió rápidamente el control de los caballos y estos desbocados iniciaron una carrera por el cielo y la tierra; quemando las llanuras de África dando origen al desierto del Sahara; y oscureciendo la tez de esos pueblos, explicando así origen a los pueblos de raza negra. Su madre Climena-Merope, hace referencia a la ciudad de Merope en Etiopía. El carro también quemó los cielos y los humos de aquel incendio aun son visibles en las noches, es la Vía Láctea. Faetón fue finalmente detenido por un rayo de Zeus, que mato al inexperto auriga y este cayó a la tierra; mientras Apolo, ahora, se hacía con el carro solar. Según los mitos, Faetón cayó cerca del río Po (Italia) y sus hermanas (las Heliades) que tanto lo lloraron fueron transformadas en álamos y sus lagrimas en ámbar. Faetón sin embargo no fue olvidado, y fue puesto en las estrellas como la constelación de Auriga [aunque existen muchas otras versiones sobre el origen de esta constelación, en tiempos primitivos todo este conjunto de estrellas representaban a un rebaño de cabras, y en los astrónomos del mundo árabe pusieron a muchas de esas estrellas nombre de cabras, la más conocida es Capella (Alfa Auriga) (la cabra), que hace referencia entre los griegos a la cabra que alimentó al infante Zeus; pero entre los árabes era llamada Al Rakib (el conductor o el pastor), siendo el resto del grupo el conjunto de cabras que viajan por el cielo].

Se supone que esta imprudencia por parte de Helios, que puso en peligro el cielo y la tierra, no sólo provocó la salida de Helios de los cielos, sino que su hermana Semele, que rara vez se metía en asuntos ajenos, también fue desplazada por la hermana de Apolo, la diosa de la caza, Artemisa.

Los últimos hijos importantes de Helios son los que tuvo con la ninfa Perseis/Persa (la destructora). Se aclara que hubo al menos cuatro personajes con este nombre (dos femeninos y dos masculinos), la traducción de Persa como destructora es una alusión segura que hacían los pueblos griegos a aquellos pueblos ubicados al este del río Tigris. El primero de estos personajes es Perses, el titán de la destrucción, hijo de titán Crío y Euribia; hija de este Perses es Hecate, la diosa de la magia y la brujería, a quien también se la llamaba Perseis.

Aunque Hecate es para muchos cultos una diosa virgen, su relación con la ninfa Perseis es más que manifiesta en una simple coincidencia de nombres. Según el mito entre los hijos de Perseis y Helios tenemos a la bruja Circe, su hermana Pasifae (la madre del minotauro), Eetes (el rey de la Cólquida, entre el mar Negro y el mar Caspio, dueño del vellocino de oro, y padre de la bruja Medea) y Perses (aquí un hijo de Helios y Perseis). Entre los griegos Jasón y los Argonautas fueron hasta la Cólquida (actual Georgia) en busca del vellocino de oro; manto mágico capaz de revivir a los muertos y que era usado por el rey Eetes para revivir a los soldados que estaban a su mando en las batallas. Cuando con la ayuda de Medea (la bruja adoradora de Hecate), Jasón huye con vellocino; Eetes pierde su poder y es reemplazado por su hermano Perses (que reinaba en Persia); años después, cuando Jasón traiciona a Medea y esta regresa a su nación, saca del poder a su tío y ella se apodera del trono, siendo desde entonces los pueblos de esa región conocidos como medos.

genalogía de Hiperion

Hijos de la noche (11) Erinias, Furias, Diras, Euménides, las oscuras

Las Erinias eran tres diosas del inframundo que castigaban los crímenes contra el orden natural. También se les llamaba Euménides (benévolas), para evitar su ira cuando se pronunciaba su verdadero nombre. Las Erinias (así nombradas en el inframundo) fueron conocidas por los romanos como Furias (cuando diosas estaban en la tierra) o Diras (cuando estaban en el cielo en compañía de Zeus). Los nombres de estas diosas son:  Alecto (implacable), que castiga los delitos morales; Megera (seductora), que castiga los delitos de infidelidad y Tisífone (vengadora), que castiga los delitos de sangre.

Las Erinias son representadas como mujeres feas, aladas con el pelo, los brazos y cinturas entrelazados con serpientes venenosas. Ellas usaban látigos y vestían túnicas negras y largas. Esquilo las ve como a las Gorgonas, sus cuerpos visten de negro, y serpientes se retuercen en su pelo, goteando sangre de sus ojos, con serpientes o antorchas en sus manos; Euripides y otros poetas más tarde los describen como los seres alados, con alas de dragones.

Ellas estaban particularmente vinculadas con los homicidios, los crímenes filiales, crímenes contra los dioses y el perjurio. Una víctima que busca la justicia podría llamar la maldición de las Erinias. La más poderosa de estas maldiciones era la de los padres sobre los hijos, ya que mito las hace hijas de la sangre de Uranos, caída sobre Gaia, cuando fue castrado por su hijo Cronos, aunque otros dioses primigenios se les achaca el honor de ser sus padres, entre ellos: Nix y Érebo. Eran las diosas sirvientes de Hades y Perséfone en el infierno dónde ellas vigilaban la tortura de delincuentes en los Calabozos del inframundo (donde algunos poetas antiguos las  hacen hijas de Hades y Perséfone). Como divinidades más antiguas que los dioses olímpicos no estaban bajo las normas de Zeus, aunque ellas lo honraban y estimaban. Ellas habitaban en la oscuridad profunda del Tartaro, temidas por dioses y hombres

La ira de las Erinias se manifiesta de varias maneras. La más severa de éstas era la locura atormentadora infligida en un parricidio o matricida. Los asesinos podrían sufrir enfermedades y pestes; incluso cubrir de males la nación de un delincuente, que podría sufrir la carestía, hambre y enfermedad. Sólo podría aplacarse la ira de las Erinias con ritos de purificación y la realización de alguna tarea para la expiación.

Las Erinias eran similares, pero no iguales a otras ninfas del inframundo, suelen confundirse y no diferenciarse de las Arai (las maldiciones) y las Maniai (las locuras y el frenesí); también algunos hablan de las Poinas, para describir a los espíritus vengadores de los homicidios que representaba la venganza y el castigo por matar a un hombre, eran según los mitos todas hijas de Nix y Érebo, o hijas de Éter y la Gaia. Se usaba el término Poina (Poena, Ultio en Roma) para denominar el dinero que entregaban los asesinos a la familia de la víctima con el fin de expiar su crimen. Una Poina fue llamada por Apolo para vengar la muerte de uno de sus hijos, está adoptó la forma de un dragón y fue asociada luego con una Lamia o con Equidna (ambas mujeres con torso humano y parte inferior de serpiente).

A las Erinias  se les aplicaba el epíteto Praxídiceas, pero estas también son tres diosas (daimonas) de la justicia en el inframundo. La principal y de la que deriva el nombre del grupo es Praxidike (literalmente: praxis: aplicación; dike: justicia, es la diosa de la justicia estricta), esta diosa es identificada luego con la diosa Perséfone, es acompañada y forma la triada con sus hijas Arete (la Virtud) y Homonoia (la Concordia) —hijas de Zeus con la joven diosa—. En otras tradiciones sus nombres son Thelxineia, Alkomeneia y Aulis, y era hijas del Rey de Beotia (Reino de Tebas). Al parecer las dos tradiciones se solaparon.

Hay que señalar que en el Olimpo hubo otras diosas de la justicia, la más importante es Temis, que con Zeus será madre de las Horas, diosas del orden natural y las estaciones,  sirvientes de Hera y quienes abrían los cielos a Apolo, entre las más conocidas de estas diosas son: Eunomina —el orden—, Irene —la paz— y Dike (Astrea para los romanos) —la justicia—; pero también se citan nombres vinculados a la germinación y los frutos: Auxo/Auxesia (crecimiento, equivalente a Perséfone), Carpo/Damia (Fruta, equivalente a Demeter) que aparecen como Carites formando trío junto con Talo/Hegemona (germinación, equivalente a Artemisa), otro trío también vinculado a la germinación son: Ferousa (sustancia), Euporia (abundancia), Ortosia (Prosperidad).

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Y entre las imágenes de las estaciones tenemos también los nombres de: Kheimon (el invierno personificado) que es representado como un joven con alas envueltas en una capa, con una bandeja de frutas secas; se le asocia como un aspecto de Boreas, el viento del norte. Phthinoporon (el otoño de personificado) lleva una cesta de frutas de otoño en el hombro; un aspecto de Euros, el dios alado del viento del este. Theros (el verano personificado) tiene un haz de espigas de trigo y un cuchillo de la cosecha en sus manos, es un aspecto de Notos, el dios alado del viento del sur; y Eiar (la primavera personificada) sostiene una cesta de fruta verde en la mano; que es un aspecto de la Cefiro, el dios alado del viento del oeste.

Esquilo (siglos VI a.C al V a.C.) narra en la tercera parte de la Orestíada, y donde aparece por primera vez el nombre de Euménides, como las Erinias persiguen a Orestes por la muerte de su madre Clitemnestra. La escena se desarrolla en el santuario de Delfos, principal templo de Apolo, donde se encuentra el ombligo del mundo y luego pasa a Atenas donde Orestes, Apolo, y las Erinias comparecen ante un jurado de atenienses en el Areópago (colina de Ares) donde el tribunal de homicidios de Atenas celebraba sus sesiones, para decidir si el asesinato de Clitemnestra por parte de su hijo, Orestes, le hace merecedor del tormento que le han infligido. Orestes por instigación de su hermana Electra y el dios Apolo, había matado a su madre Clitemnestra, quien a su vez había asesinado a su esposo (padre del chico), el rey Agamenón, en venganza porque este había matado a su hija Ifigenia (hermana del chico). Orestes se refugia en el templo de Apolo en Delfos, y el dios le aconseja su huida a Atenas, bajo la protección de Hermes, para someterse al juicio de la diosa Atenea. El dios lanza un conjuro sobre las Furias que lo persiguen, para retrasarlas; pero el fantasma de Clitemnestra despierta a las durmientes Erinias, instándolas a que sigan persiguiendo a Orestes. La escena se traslada a Atenas. Cuando las Erinias localizan a Orestes en Atenas, Orestes ha abrazado a una pequeña estatua de Atenea como suplicante. Las Erinias lo rodean. La diosa aparece en escena y decide que un jurado de doce atenienses juzgue al suplicante. Las Erinias que aceptan que se realice un juicio y dicte sentencia, protestando no obstante por el hecho de se dicten leyes nuevas que impidan el castigo inmediato y sin contemplaciones de los crímenes de sangre.

Esta idea da una explicación mítica a un progreso social: la sustitución de la venganza por la justicia. De automática y sin miramientos en los inicios de la civilización, la justicia pasa a ser un instrumento para introducir la razón en los procesos de culpabilidad al tiempo que ha de ser administrada por un poder delegado de la comunidad.

Apolo actúa de abogado de Orestes mientras las Erinias actúan como abogado de la fallecida Clitemnestra. Las Erinias, diosas de la venganza de sangre, sostienen que, si no se condena a Orestes, en la ciudad cualquiera se sentirá libre de cometer cualquier tipo de acto por venganza propia. Apolo indica de que en un matrimonio el marido es más importante que la mujer (machismo del más puro) señalando que por que el hijo tiene la misma sangre que el padre que lo ha generado, tiene el derecho de vengarse, cortando así por fin la cadena de crimen, venganza, crimen,… mediante un juicio donde intervienen, jueces humanos y no la implacable venganza sin consideraciones de los dioses. Después del recuento, los votos son iguales en cada lado, pero Apolo convence a Atenea para que sea ella el voto de desempate. Atenea declara que en adelante los empates entre los jurados deben resolverse en beneficio del acusado, siendo Orestes absuelto, puesto que la misericordia debe prevalecer siempre sobre la severidad e insta a las Furias de que acepten su decisión. Las Erinias, increpan a Atenea por vulnerar viejas leyes; pero, al final se someten. Atenea entonces les da otro nombre, Euménides (Benevolentes), quienes se comprometen a mostrar su lado más benigno a Atenas. Las Erinias serán entonces honradas por los ciudadanos de Atenas para asegurar su prosperidad.