Los Loas y la religión haitiana (8) Los mitos africanos originarios (Los Orishas menores)

La esposa de Inle es la diosa Abatá, reina de las playas de arena y los pantanos, papel que comparte con Elusú, el espíritu de las arenas. Otros hermanos y hermanas, también vinculados a las aguas, e hijas de Yemanja, son: Egbe, quien rige sobre las aguas estancadas y el agua de las tinajas; Ikokó, señor de las plantas acuáticas; Olona, que reina en los lagos, mientras Olosa es señora de las lagunas; Osará habita en las caídas y cascadas y Agganá, es el espíritu de la lluvia.

Abatá

Otros dioses menores, estos vinculados estos a la música, son: Aña, que habita en el sonido de los tambores, Fride en los sonidos de los instrumentos de cuerda y Poolo el espíritu de la música de los instrumentos de vientos. Finalmente habitantes de la noche tenemos a Irawó, señor de los astros, Onírawó; quien rige sobre los cometas, Oshupá; representa a la luna y Agba Lodé es el espacio infinito.

Aye

Poco conocido en tierras americanas, pero muy conocido en África tenemos a Ayé o Ajé Shaluga (Kobo) es el dios de la suerte y la fortuna; como la mayoría de otros dioses y diosas de la fortuna, se le califica de volátil y voluble, y se decía que daba sus dones de forma caprichosa y favoreciendo a los que menos la necesitan. Ayé es también el tesorero de los orishas, el encargado de mantener y proteger las riquezas minerales del planeta. Algunos dicen que es varón y otros que es hembra, además, creen que no tiene brazos. Otro dios vinculado a la suerte, pero en este caso es el destino que te ha tocado es Ori. Como su equivalente griego, el dios Fatum, las decisiones dadas por Ori no pueden ser alteradas por ningún otro Orisha.

Iyami

Iyami Oshooronga es la diosa de las brujas y hechiceros; en la tradición Yoruba, se cree que Oloddumare, el Creador del mundo, es bueno y quiere que el hombre tenga la mejor vida posible, pero existen elementos evidentes de maldad que alteran y rompen el flujo ordenado y uniforme de la vida. Se introduce la brujería para explicar las desgracias, así como cuando en vida social y doméstica surgen ansiedades y tensiones, cuando las cosas no marchan de acuerdo con lo previsto, cuando hay infecundidad, esterilidad, depresión o miseria, terribles accidentes, o muertes prematuras, fracasos en los negocios, en los estudios y otras actividades, los africanos culpan a la brujería. De esta forma, cuestiones que de otra manera hubieran resultado difíciles de explicar, encuentran una sencilla justificación.

Iku

Entre los espíritus malignos tenemos a Iku, la muerte misma, pero se acompaña de otros como Abiku, que traduce predestinado a la muerte, y que es el responsable de la muerte de los niños en su infancia y los que mueren jóvenes de forma sorpresiva. Abita que es el demonio mismo, la maldad encarnada; es visto como la forma negativa de Ossain, el dios de la naturaleza. Abita se suele acompañar por Ogueday, Iyabafún y Osawani.

Según los mitos Obanala y Abashele eran dos hijas de Obbatalá. Una noche aprovechando la salida de su madre, ambas emborracharon a su padre y se acostaron en él. Las consecuencias de esa noche se vieron a los pocos meses, cuando Obbatalá se percató del crecimiento de sus vientres, les reclamó saber quien era el hombre con quien habían estado para pedir el pago del agravio, pero ellas callaron. Obbatalá consultó a Orunmila y este reveló el pecado. Furioso Obbatalá quiso matar a las desgraciadas, pero Orunmila lo detuvo y sólo fueron expulsadas y condenadas a vivir siempre solas. Hijos de esa unión fueron Iyabafún y Osawani; quienes al estar solos en el mundo terminaron acostándose entre ellos y nacería Ogueday, que se volvió el desasosiego y la intranquilidad; sus padres pasaron a representar el pecado y el desenfreno sexual.

Oggán, Ogbón y Ogboni

Entre los guardias o acompañantes de los principales dioses tenemos a: Oggán, Ogbón y Ogboni que son los guardias de Obbatalá y de los secretos místicos de la tradición. Oggán era en sus primeros tiempos siervo de Aggayú, que reinaba en la tierra en ese entonces. Shangó que vivía con Aggayú deseaba el trono de su hermano (aquí hablamos del rey de Oyo) y convenció a Oggán de que evitara que llegaran los tributos de otras tierras. Oggán se prestó al trato con ayuda de sus hermanos Ogbón y Ogboni. Cuando no llegaron los alimentos, Aggayú consultó primero a Shangó, que era uno de sus guardias; este simplemente se disculpó de no saber. Aggayú consultó luego a Elegguá en secreto, quien le explicó lo ocurrido y por petición de Aggayú fue a detener a Oggán y sus hermanos. Cuando fueron traídos a la corte de Aggayú, los hermanos se salvaron de ser condenados a muerte por la visita de Obbatalá; quien pidió misericordia y estos pasaron a sus servicios en pago por salvar su vida.

Boromú y Boronsiá

Los dioses Boromú y Boronsiá (Bromú y Bronsiá, aquí en este aspecto son el rocío y la niebla) que son un par de hermanos que guardan los secretos de Oduduwa. Boromú es del dios de los desiertos, es descrito como un dios vinculado al reino de la muerte, ya que representa los huesos de los esqueletos, que es lo que queda de los hombres que se adentran sin saber en sus dominios. Boromú como dios infernal acompaña a Yewá en el reino de los muertos (los cementerios) y se enseñaron entre ellos a leer el oráculo (el destino). Boronsiá es el dios de los tornados y las tormentas de polvo; es una deidad infernal, guardian de las puertas de los cementerios. En algunas tradiciones Boromú y Boronsiá son los hijos de Yewá, que abandonados por su padre (Shangó), habitan donde las tormentas y lluvias no llegan (los desiertos).

Obacun es uno de los guardias de Shangó; mientras que Abokun (el rayo), es el fuego secreto que escupe Shangó cuando se está en guerra, o enojado. Alaromo es el compañero de Oggún y representa el poder de la guerra y el espíritu indomable; Oggún se acompaña en su fragua también con sus hijos Obekukako y Omotuto. Los guardias y mensajeros de Olodumare son Adán Beye y Adán Kolaye, quienes también acompañan a Abita (el dios del mal). Estos espíritus ejecutan los castigos de Olodumare; como cuando Obekukako y Omotuto ayudaron a la humanidad dándoles el don de la palabra y el lenguaje, hecho que molestó a Obbatalá (creador de la humanidad). Por ello Adán Beye y Adán Kolaye fueron enviados a castigar a los hermanos.

Ayarokotó

Alefi, es un dios del viento y mensajero de la diosa Oyá; otra de las compañeras y una de las siervas más fieles de la diosa de los vientos es Ajá o Ayaó, quien es otra diosa de la atmósfera, que fue una de las esposas de Olokun (el mar) y es puesta como madre de Ayarokotó (diosa de las olas), la mensajera de Olokun y Yemanja; que representa el horizonte donde el mar y el cielo se unen; y es la diosa de las olas del mar.

Aroni, era un guardia de Ossain, se le describe con una sola pierna y era el encargado de vigilar las hierbas medicinales, eso hasta que Ogbe, dios de las mentiras, que es un siervo de Eshu y un compañero de Oshosi (aquí como un dios de la justicia similar al bello Apolo) lo engaño y venció; por ello a cambio Aroni tuvo que entregar a Ogbe las hierbas que se requieren y que nunca deben faltar en los ritos.

Entre algunos de los dioses olvidados y/o menos conocidos encuentran Ayana o Ayama, río secreto en África que ha sido deificado como el río de la vida, es guardián de los secretos de la vida y vive en el centro de la tierra misma (un río subterráneo con aguas medicinales). Oba Molo Chun, una hermana menor de Obba; vinculada a la alegría de los hogares y el matrimonio. Otro dios del hogar es Olarosa, que se representa con un palo o una espada evitando que cualquier bruja o espíritu maligno entre al hogar. Osachin, es la patrona de los médicos; Oluweri, dios de los ríos y arroyos. Otro dios de los ríos es Igbá Omí, vinculado a los ritos de bautismo. Olimerin o Olori Merin, dios de las ciudades y pueblos, dispone de cuatro cabezas y patas de cabra; su culto ha desaparecido, probablemente debido al hecho de que requería el sacrificio de un recién nacido cada 3 meses.

Daddá

Korikoto es la orisha de la fecundidad y está asociada a los partos y la natalidad. Por su parte Obañeñe, llamada también Daddá y/o Agbañile, es la orisha de los recién nacidos y fue quien crío a Shangó cuando Obbatalá lo expulsó. Según esta versión Oggún había violado a su madre Yemanja (similar al mito de Orungan); Obbatalá ordenó que todos sus hijos varones fueran ejecutados, Eleggua/Eshu (el hermano mayor escondió a Shangó con su hermana mayor Daddá, quien le enseño el arte de curar; y ocultó a Orunmila bajo un árbol. Cuando Shangó creció su padre Obbatalá enfermó y Shangó lo fue a curar, salvándolo. A cambio de su vida Obbatalá perdonó la vida de sus hijos y Shangó rescató a su hermano Orunmila debajo del árbol, tumbando el mismo con su hacha; regalándole a Orunmila una mesa con la madera y el arte de la adivinación (Ifa). Es por eso que a Shangó se le vincula como un dios de la salud y es el primero que aprendió los secretos del Ifa.

Oroiña

Oroiña nació directamente de Olorun; representa la lava del volcán y la energía calórica del centro de la tierra, es donde nacen los terremotos, sus poderes forman las montañas, colinas y cordilleras; así se le considera la madre de Aggayú y hermana gemela de Orisha Oko.

Los Loas y la religión haitiana (7) Los mitos africanos originarios (Los otros grandes Orishas)

Pese a ser Oshun la esposa oficial de Shangó, este no fue su primer marido, estuvo desposada antes con Oggún (Ogoun , Ogún , Ogou, Ogum, quien es uno de los hermanos de Shangó y amigo de Eshu/Eleggua, al que considera un hermano más). Oggún es un dios telúrico, más parecido a una mezcla de Ares y Hefesto; e igual de violento que su hermano Shangó. Oggún es el dios de la guerra, los metales, el fuego y la política. Enseño a los hombres la herrería y sin ella los mismos no podían cazar, fabricar machetes para el trabajo en el campo y otros utensilios de hierro. Entre los haitianos fue el dios que los ayudo a liberarse del yugo francés. Se cuenta que cuando joven era rebelde y salvaje, y vivía aislado en la selva. Simboliza por ello los comienzos, el principio, la mañana, la primavera, los animales carnívoros, el mando, la fuerza, la violencia, el impulso, la autoridad, la virilidad, la juventud, las armas y el fuego. Así como Eshu/Eleggua abre los caminos, es Oggún es quien los limpia con su machete; Oggún es el que tiene el derecho preferente de sacrificar, ya que le pertenece el cuchillo que es el objeto con el que generalmente se sacrifica. Oggún vive en las cuevas y cerca de la puerta al otro mundo, la de los muertos, cerrando con su presencia el paso de los males y demonios que existen al otro lado. Oggún y Shangó son rivales permanentes, sus peleas son legendarias; y en ellas han intervenido sus esposas, y Eshu/Eleggua a contribuido de tanto en tanto a esas disputas; ambos dioses han sido esposos de Oyá y Oshun; causas de muchas de sus disputas.

Oggun -

Cuando Oggún y los otros dioses descendieron a la tierra, bajando por la red divina que llegó al suelo, le dijeron a su gente que se estableciera; pero la gente era incapaz de hacerlo en los números que deseaban, porque necesitaban limpiar el bosque y los campos de las plantas, y con sus herramientas tal cosa era un proceso lento y poco práctico. Oggún, viendo la situación, visitó a Orunmila, hijo de Olorun, y de él aprendió el secreto de hierro, secreto que enseñó a los hombres, volviéndose así en el señor de las artes de la metalurgia y la forja.

En los primeros tiempos Oggún vivía en el bosque, y cuando las mujeres entraban en sus tierras, él las violaba y luego desterraba para siempre. Yemanja oyó estos cuentos y ello despertó su curiosidad, se disfrazó como una mujer humana y se aventuró en la selva, donde conoció a Oggún. Él la trató igual que las otras, pero al ser una diosa ella fue capaz de mantenerse al día con él, cuando él le ordenó que se fuera, ella le rogó que se le permitiera quedarse con él. Enfadado por su presunción, Oggún la arrojó fuera del bosque y ella se fue llorando donde su hermana Oshun, pidiendo ayuda para ganar su amor. Oshun accedió a ayudar y preparó un pote con miel mágica, que unto en todo su cuerpo antes de aventurarse en el bosque. Cuando Oggún la vio, se sintió abrumado por su belleza y la persiguió, pero cada vez que trató de agarrarla, la miel hizo que se deslizarse de entre sus manos, eludiendo los deseos del dios. Ella le llevó en una alegre persecución por el bosque hasta que fue imprudente, y le sirvió un poco de la miel magia a él, encantándolo. Los dos hicieron el amor en el bosque, y estaba tan embelesado Oggún que le pidió que fuera su esposa. Ella estuvo de acuerdo, pero le dijo que debía ir a su casa, donde había dejado Yemanja, cuando llegaron, ella se escabulló, y Oggún se acostó con Yemanja en la oscuridad, pensando que era Oshun. Cuando descubrió el engaño a la mañana, sin embargo, arrojó a Yemanja tan ferozmente por su comportamiento que ella huyó de él para siempre, y él esperó hasta que Oshun volvió para reclamarla como su esposa legítima.

Oshosi

Oggún no se llevaba bien tampoco con sus otros hermanos, entre ellos Oshosi (Ochosi) era el dios de la cacería; aunque diestro con el arco y las flechas, y capaz de derribar un venado con un sólo tiro, se encontraba que después de matar a la presa no podía prepararla (abrirla) para poder cocinarla. Oggún tenía un problema parecido, pero a la inversa, no podía cazar la presa que deseaba, pero con sus cuchillos (como dios herrero) la podían abrir y preparar la carne para la cocina. Ambos hermanos, como casi todos los hermanos, no se llevaban muy bien entre ellos; y cada uno consultó su problema a Eshu por separado. Eshu pidió a cada una ofrenda y envió a ambos hermanos a encontrarse, sin que ellos lo supieran. En un primer momento ambos quisieron atacarse, pero al hablar de sus problemas mutuos comprendieron que solos no podían resolverlos, más juntos se complementaban. Desde entonces ambos hermanos salen a cazar juntos. Así como Oggún nos protege de la muerte en guerra; Oshosi, el cazador, nos protege de ser asesinado por los enemigos, que no caigamos en manos de la mala justicia o de la mala practica en los hospitales y es el Orisha que provee los alimentos.

Oshosi tuvo por esposa a Oshun; en aquellos tiempos sus habilidades para la caza de Oshosi lo volvieron el el dios cazador de los orishas; Olodumare le concedió ese honor y le pidió a cambio que a cada animal cazado lo desangrara, dejando la sangre como ofrenda para los dioses del cielo. Oshun curiosa de no entender el porque los animales que le llevaba para cocinar su esposo no tenían sangre le preguntó a su marido, pero este le señaló que eso no era de su incumbencia. Oshun dispuesta a averiguar lo que ocurría siguió a su esposo a escondidas, pero este la descubrió cuando estaba desangrado una presa, furioso Oshosi le dijo que ya que tanto la gustaba la sangre, ella sangraría todos los meses por el resto de su vida fértil, maldiciéndola con la menstruación.

Un tercer hermano es Osun (Ozun) y él forma un cuarteto conocido como los dioses guerreros junto con: Eshu (Orunmila), Oggún y Oshosi. Osun (Ozun), es el Orishas de los antepasados, se le pone como una manifestación (hijo) de Oduduwa (señor del los muertos y el más allá) y/o el bastón en que se apoya Orunmila. Así Eshu mientras abre los ritos y la presencia de Oggún es necesaria para hacer los sacrificios de sangre; Osun es el guardia que permite que los mortales puedan hablar con algún muerto, abriendo la puerta entre los mundos.

No vinculado a los guerreros, pero hermano de Oshosi, y uno de los amantes de Yemanja y Oshun, fue el dios Inle (Erinlé); quien rige sobre la pesca en río y el mar (de ahí su vinculación con la diosa de las costa y la diosa de los ríos); es descrito como un ser andrógino de gran belleza, o que es hombre la mitad del año y mujer la otra mitad. Según los mitos fue la capacidad de ir de hombre a mujer lo que atrajo a la diosa Oshun a que se enamorara de Inle, pero fue esa misma causa lo que los separó, como ‘mujer’ Inle habitaba las aguas de los ríos la mitad del año que estas entraban en el bosque, como ‘hombre’ Inle estaba la mitad del año dentro de la selva seca, y Oshun terminó por cansarse del estar tan sola la mitad del año que lo abandonó finalmente. Algunas historias señalan que Inle se enamoró de Obba, en ese entonces esposa de Shangó, viéndola tan triste Inle pensó que el dios no la trataba apropiadamente y se atrevió a ir a casa de Shangó para pedir que se le diera como esposa; la furia de Shangó fue tan grande que Inle escapó transformándose en un rio y nunca más se acercó a Obba.

Inle -

Inle era un cazador, y como no tenía ni esposa ni familia a vivir, se construyó una cabaña en el corazón del bosque, donde vivía y cazaba. Para entretenerse en su soledad, empezó a cantar para sí mismo, hasta que fue descubierto por algunos curanderos locales que regresaban a casa del mercado y así averiguaron dónde vivía. Encantados por su canto alegre, difundieron su fama como artista hasta que llegó a oídos de Oggún que había un hombre extraño que era igual a él en el arte de la caza. Oggún lo visitó y encontró impresionante canto, le ofreció a enseñarle el arte de tocar el tambor a cambio de que le enseña el arte del canto. A partir de entonces los dos fueron eran grandes amigos y rara vez estaban ser separados, vagando por el bosque juntos como hermanos

Inle en algunas versiones es una forma de Oshosi, en otra a Inle se le pone como padre o equivalente del dios Logun Edé (el hijo perdido de Oshosi y Oshun) y que reinaba entre ambos reinos (el agua dulce y la selva), siendo también un dios de la pesca y un hermafrodita. Es esta habilidad de cambiar de sexo de Inle y de Logun Edé la que los ha vuelto los patrones de gays y lesbianas. Como cazador Inle acompañaba a Oshosi y a Oggún a la selva (otra coincidencia con Logun Edé, ya que Oshosi y a Oggún son puestos como padres, el legitimo y el adoptivo del joven dios) y por su capacidad de vivir en la tierra y el agua (mitad del año en una y en otra) a Inle se le considera que sabía los secretos de la vida y por tanto se ve designa como el Orisha de la medicina y la salud. En una de las versiones señala que Yemanja cortó su lengua para que no pudiera contar que se acostaba con ella; pasando a la tradición como un dios mudo.

Logun Edé es según los mitos hijo de los amores de Oshun y Oshosi. Oshun, como diosa de los ríos, inundaba de tanto en tanto la selva, el reino de Oshosi; quien le reclamaba que la inundación ahogaba y espantaba sus animales de caza. Oshun señalaba que sin ella los bosques morirían de sed; pero la disputa entre ambos creció tanto que finalmente intervino Obbatalá. Oshun dejó de inundar los bosques y pronto estos empezaron a morir por la sequía y los animales a desaparecer. Oshosi se lamentó de la muerte de su reino, mientras que Oshun languidecía ante la falta del contacto con los animales y el bosque. Oshosi tuvo que llamar a Obbatalá por ayuda y este le indicó que solo reconciliándose con Oshun se superaría la crisis. De estos amores nacería Logun Edé; el Orisha que reina entre el río y el bosque y que terminaría viviendo la mitad del año con su madre cuando los ríos inundaban el bosque y la otra mitad con su padre en la selva seca.

Logun Ede

Se cuenta que cuando Oshun inició amores con Shangó, este le exigió que abandonara al bastardo. Aunque Oshun amaba a su hijo, más deseaba convertirse en la reina de los dioses; por ello cuando su hijo curioso entró disfrazado de criada y la espió en la cama con Shangó, la diosa lo castigó transformándolo en un hermafrodita y separándolo para siempre de su lado. Es por ello que en algunas tradiciones Logun Edé pasa a ser el hijo perdido de Oshun, y algunos señalan que es la forma masculina de la diosa, una característica común de todos los Orishas, que tienen dos aspectos generalmente, uno masculino y otro femenino.

Otras versiones señalan que cuando niño Logun Ede; que era curioso y vanidoso como sus padres; y era también desobediente; y un día nadó río adentro, lejos de la orilla. Obba que era dueña de ese río, para vengarse de Oshun, con quien tuvo disputas antiguas por Shangó, comenzó a ahogar a Logun Ede; pero Oya salvaría al niño y prendada de su belleza lo llevó con ella y con su amante de turno Oggún, de quien el chico aprendería el arte de la herrería. Cuando Oya se fue con Shangó, Logun Edé volvía a perder una nueva madre por culpa de Shangó y se generaría un odio permanente en el chico contra el rey de las tormentas.

Logun Ede, que vive entre las aguas y la tierra nunca se caso, ello por su carácter infantil y hermafrodita; siendo su compañía predilecta Yewá; que también vive, como él, sola y entre de dos mundos diferentes (el de los vivos y los muertos). Logun Ede se volvió el enlace entre la tierra y las aguas dulces. Logun Ede paso a representar a la juventud, la belleza, las artes (pintura, escultura) y los ritos de iniciación. Logun Ede heredó de su padre el arco y las flechas y de su madre el espejo; juntos ambos objetos forman su icono.

Ossain

Otro dios menor Ossain (Ozain, Osanyin) es el dios de la naturaleza virgen (una versión masculina de la diosa Artemisa). Dueño y sabio de todos los secretos de la naturaleza, señor absoluto del monte y la vegetación, conocedor de las plantas y sus propiedades, animales y minerales, y por tanto de los conocimientos para salvar la vida. Un día apareció en la tierra y por ello se le desconoce padre y madre. Como Inle, un dios de la medicina, es visto más en el aspecto de farmacia; es también un Orisha de los adivinos. Si Inle es mudo, Ossain es tuerto, manco y cojo.

Oggue

Por otra parte Oggue es el Orisha de los rebaños, fue el hechicero de Shangó y lo salvó de una traición, desde entonces vive junto al rey de las tormentas. Oggue hace una trilogía con Orisha Oko (dios de los cultivos) y Oke, el señor de las montañas; llamado también el trono de Obbatalá; juntos los tres rigen todos los movimientos de la tierra; Oke es puesto como otro hermano de Oshosi e Inlé, pero es inseparable o vinculado a Obbatalá.

Oke

Poco mencionados en las historias, pero muy reverenciados en Nigeria son los dioses gemelos (Ibeji = literalmente Gemelos); en la cultura de Nigeria los gemelos, trillizos y otros partos múltiples son muy agradecidos por los lugareños; significan para la familia bendición y fecundidad; algo a tomar en cuenta considerando las tazas de mortalidad infantil. Nigeria es el país con la taza de nacimiento de gemelos más alta del mundo. En los mitos, aunque los nombres de los gemelos varían, la idea principal del mito es que dos gemelos (niño y niña generalmente) eran muy queridos y amados, ellos eran igualmente alegres y siempre felices, eso hasta que uno de ellos muere ahogado en el río y el otro inconsolable llora la pena; finalmente Olodumare se compadece y da descanso al que sufre.

Ibeji-2

Cuando muere un gemelo se teme en la familia la muerte del otro y por ello se tallan imágenes de madera (llamadas también Ibeji) donde el alma del difunto se pueda albergar y no arrastre al hermano vivo con él al otro mundo. Los Ibeji personifican la fortuna, la suerte y la prosperidad. Son capaces de salvar de la muerte y de lo malévolo; son los patrones de todos los niños. Se encuentran en los caminos de los montes, protegen a los caminantes; esto en base a un mito en el que los caminos entre los pueblos estaban cerrados, quien se aventura a viajar por ellos no volvía. Finalmente los Ibeyis usando unos tambores mágicos dados por Yemanja, quien fue su nana en los mitos, lograron espantar a Abita. En algunas tradiciones los primeros gemelos fueron los hijos de Shangó y Oshun, y criados por Yemanja.

Oranmiyan

Uno de los orishas más extraños fue Oranmiyan; de acuerdo al mito tuvo dos padres, Oggún y Oduduwa, quienes al mismo tiempo (la misma noche) se acostaron con una joven mujer en una de las tantas guerras de conquistas de Oggún. El resultado de esas acciones fue un chico que tenía la mitad del cuerpo piel blanca y la otra mitad piel negra, llamado Oranmiyan. Cuando fue adulto buscó construir su propio reino y recibió de sus ‘padres’ una bolsa que contenía una sustancia oscura, veintiún barras de hierro, una cigüeña, un caracol y una nuez de palma. Sin más el chico bajó al mar y con la ayuda del caracol fabricó un pequeño montículo con la tierra que tenía en la bolsa y sobre ella coloco a la cigüeña, que escarbaba y con los huevos que ponía, estos se mezclaban con la tierra convirtiéndola en tierra firme. Cuando intentaron apoderarse de su tierra tomó las veintiún barras de hierro y creó lanzas y flechas para defenderse. De esta manera se ganó el respeto y el título de dueño y señor de la tierra firme.

Los Loas y la religión haitiana (6) Los mitos africanos originarios (Shangó y sus esposas)

Shangó (Sango, Xangó o Changó, y en algunas tradiciones sustituye a Jakuta, un antiguo dios del rayo) es quizás uno de los más populares orishas, también conocido como el dios del rayo, del relámpago y el trueno; y cuando el rayo alcanza la tierra y enciende la sabana, tenemos también un dios del fuego. Shangó es el padre del cielo y el dios trueno entre loas y orishas, es un rey y líder de gran presencia y entusiasmo. Él es un mago que controla el mundo, así como portador de las tormentas y de la justicia rápida, a menudo duras sobre aquellos que han hecho mal. También cuenta con una de las mayores congregaciones de fieles entre su panteón, ya que su veneración continúa en África para el día de hoy, además de ser generalizada en el Caribe y las Américas. Él es un dios de la potencia increíble, ya que representa la virilidad sexual agudeza mental o el liderazgo en la batalla.

Shango

Los ascendentes de este dios, como la mayoría sus parientes son confusos y se prestan a distintas interpretaciones; por un lado los mitos lo ponen como hijo de Yemanja y Aganjú, hermano de Orungan; los más comunes lo ponen como hijo de Obbatalá y Odudua o Yembo; siendo Yemanja y Aganjú quienes lo cuidaron como hijo adoptivo, en otras versiones Shangó quiso reemplazar en su reino a Aganjú, de quien era aprendiz, y el dios del fuego lo expulsó por esa traición. La expulsión de Shangó por parte de Obbatalá obedece a que este quiso castigar con la muerte a todos sus hijos varones, cuando Yemanja fue violada por su propio hijo, Orungan; así la mezcla de versiones son tantas que termina Yemanja siendo la esposa de Obbatalá y no una de sus hijas, otras versiones ponen que Shangó fue criado, tras la expulsión, por su hermana mayor, la diosa Daddá, quien es puesta como su equivalente femenino, y que al igual que la diosa Yemanja es la diosa de la infancia y la enseñanza.

En una tradición se señala que Obbatalá, el dios de la razón, el orden y la justicia, caminaba un día hasta que llego a un gran río. Deseó a cruzarlo, por lo que llamó a Aganjú, el dios del fuego, que había inventado recientemente los barcos y navegaba por el río. Pidió que lo ayudara a cruzar, pero cuando explicó que no tenía nada con qué pagar, Aganjú se negó y este le dijo que tendría que nadar. Obbatalá se dio la vuelta y se escondió cerca, y por el uso de la brujería se convirtió en una mujer hermosa, cuando regresó al río, Aganjú no lo reconoció y aceptó cruzarla a cambio de pasar una noche con él. Esto fue acordado y Obbatalá pudo finalmente cruzar el río, pero al llegar al otro lado descubrió que estaba embarazada y se vio obligado a permanecer como mujer hasta el nacimiento de Shangó, así el hijo de dos padres, nació, después de lo cual Obbatalá regresó a su cuerpo masculino.

Cuando, Shangó fue adolescente, descubrió que Aganjú era su segundo padre, y estuvo decidido a darse a conocer a él. Mientras que él tenía la mente razonable de su padre Obbatalá, también era ardiente y temperamental como Aganjú, y él juró que no volvería a casa hasta que el dios del fuego le reconociera como su hijo. Cuando llegó a casa Aganjú, los dos dioses pelearon y Aganjú declaró que no tenía ningún hijo y que nunca había tenido uno, ya que Obbatalá nunca le había hablado de su embarazo. Shangó, decidido a forzar Aganjú a reconocerlo, construyó una enorme hoguera y se arrojó sobre él, y cuando se levantó de nuevo, intacto y con ojos furiosos ardiendo Aganjú se dio cuenta de que sólo un hijo suyo podría hacer tal hazaña; así que este hecho debía ser su hijo y le dio la bienvenida.

La herencia de ambos ‘padres’, se observa en los colores de Shangó, el rojo (color de Aganjú, dios del fuego) y el blanco (Obbatala, dios de la humanidad), quienes son puestos como sus padres y/o maestros, y su símbolo más conocido es el oshe (un hacha de doble hoja). Shangó es un dios guerrero, pero también de la danza y la pasión. Él es el epítome de todas las cosas masculinas, también un dispensador de la justicia en nombre de los agraviados; representa la necesidad y la alegría de vivir, la intensidad de la vida, la belleza masculina, la pasión, la inteligencia y las riquezas.

Shangó es el Zeus entre los Yoruba, y al igual que su equivalente griego, muchos de sus mitos se vinculan a la relaciones que tuvo con sus muchas mujeres. Se le describe como un hombre trabajador, valiente, buen amigo, adivino y curandero, pero también, algo mentiroso, mujeriego, pendenciero, jactancioso y jugador. Es un buen padre mientras el hijo sea obediente; y no admite hijos invertidos o cobardes.

Shangó fue en la tradición Yoruba el cuarto Alafín (rey) de Oyo, esta es la segunda dinastía de Oduduwa luego de la destrucción de Katonga, la primera capital administrativa del imperio Yoruba. Shangó llegó en un momento trascendental de la historia de este pueblo, que se había olvidado de las enseñanzas de Dios. Shango así fue enviado con su hermano gemelo por Oloddumare para limpiar la sociedad y que el pueblo siguiera nuevamente una vida limpia y acorde con las enseñanzas del Dios único. Luego de que se hizo rey, Shangó amplio el reino y con sus conquistas el imperio Yoruba se extendió desde Mauritania hasta Gabón. Pero esa expansión y constantes guerras provocaron que el pueblo comenzara a decir que Shangó era muy estricto e incluso tirano. Shangó terminó con su vida ahorcándose, pero regresó en su hermano gemelo Angayú (Aganjú), que con el uso de la pólvora acabó con los enemigos de Shangó, y posteriormente lo divinizó como Señor de los Truenos (por el ruido de la pólvora seguramente). Por ello Shangó tiene el poder de ayudar a ganar guerras, derrotar a los enemigos y ganar poder sobre los demás. Él asegura la victoria sobre todas las dificultades. Es al igual que Oggun, un dios de la masculinidad y la fuerza. Por su reforzamiento de la fe, se le vincula también como el dueño del sistema religioso de Osha-Ifá (Oráculo), es el adivino e intérprete y tiene una relación especial con el mundo de los Eggun (las almas de los muertos).

Aunque Shangó fue el primer awó (adivino), luego cambiara el ashé de la adivinación con Orungan (Orunla) por el de la danza, por esto es muy importante en el culto Ifá para los babalaos, para quienes la danza es importante en las sesiones de culto. Por otra parte, Shangó es hermano de corazón con corazón de Babalu Ayé (dios de las pestes), se llama a Shangó primero ya que es quien lo ayudó a curar de sus enfermedades. Y aunque parezca raro una de sus imágenes católicas es Santa Barbara (cuya fiesta el 4 de diciembre se vincula también al dios). Otras imágenes son San Juan Bautista, San Marcos y San Miguel Arcangel (quien es visto como el ángel justiciero que vence al mal)

Las amantes de Shangó son innumerables, aunque sus esposas oficiales fueron a saber tres hermanas, una tras otra son: Obba, Oyá y Oshun. Los parentescos de estas tres diosas varían, en algunas versiones se las hace hijas de Obbatalá y Yembó, siendo así hermanas de Yemanja y Yewá (Yegguá, Ewa, Iyewa la diosa de río Yewá en Nigeria); en otras son las hijas de Yemanja. Ellas eran originalmente diosas de los ríos, al igual que la Yemanja original se le ponía como diosa del río Ogun, Oyá (llamada también Yansa) era la diosa del río Niger, Oshun (Ochun, Oxum) era la diosa del río de igual nombre Oshun y Obba (Obá) la diosa del río Obá. Los papeles de todas estas diosas variaron al ser desposadas por Shangó y con su llegada a América, donde no existían esos ríos.

Yewa

Yewá (que traduce Eva) es en la mayoría de los mitos hija de Obbatalá, se decía que era de gran belleza y cuando esta noticia llegó a los oídos de Shangó, el dios apostó que la volvería suya. Mientras Yewá arreglaba unas flores, miró por la ventana, vio a Shangó y se enamoro del dios. Él se acercó y quiso ganar su amor; pero Obbatalá sabiendo que se trataba de una apuesta envió a su hija lejos donde ningún hombre podría verla. Obbatalá volvió a Yewá la reina de los muertos, y se la puede encontrar sólo en los cementerios. Así Yewá permaneció virgen; es por ello diosa de la soledad, la contención de los sentimientos, la castidad femenina, la virginidad y la esterilidad.

Existe una segunda versión sobre los amores de Yewá y Shangó; en ella ambos tuvieron relaciones, pero habiendo logrado su propósito, Shangó se fue; pronto Yewá descubrió que estaba embarazada. Temiendo la furia de su padre Yewá se realizó un aborto y ocultó los resto del feto en el suelo, retirando las flores que ahí crecían, y plantando otras. Obbatalá se dio cuenta del cambio de flores y preguntó a su hija por el mismo; Yewá trató de mantener la mentira, pero finalmente su padre descubrió la verdad y la condeno a reinar en los cementerios y recibir sólo flores como ofrenda, que le recuerdan su pecado. Yewá se sincretiza con ‘Nuestra Señora de los Desamparados‘.

Babalú Ayé

Pese a su soledad, Yewá estaba acompañada en el mundo de los muertos por hermano Babalú Ayé. Los mitos señalan que Babalú Ayé fue criado por Yemanja. Babalú Ayé fue castigado con la muerte por Olodumare, cuando el nieto se acostó con una mujer en un día consagrado al dios de la creación. La diosa Oshun rogó por su vida y cual historia de Lazaro, este regresó del mundo de los muertos. Pero su regreso no fue en su forma original, Olodumare lo transformó; quedó con la apariencia de un mendigo ciego con muletas que suele estar acompañado por un perro que lo guía; de su estancia en el mundo de los muertos trajo las pestes y las enfermedades, de las que se convirtió en el dios, así Olodumare garantizaba como castigo que nadie quisiera estar cerca de Babalú Ayé otra vez. En algunas tradiciones Shangó lo curó, y por ello toda curación pasa o inicia con el dios de las tormentas. Pese a todo lo anterior, Babalú Ayé es un dios poderoso, puede dar riqueza, salud y prosperidad a sus seguidores, o dar castigos rápidos y violentos a sus enemigos.

Obba

Obba fue la primera esposa oficial de Shangó, es descrita como la más bella de las tres hermanas, pero sufría enormemente ante las infidelidades de su marido. Como la Hera griega o la Juno romana, Obba se la volvió la diosa de los matrimonios y la fidelidad; ya que pese a tener muchas aventuras, Shangó siempre volvía con ella, su favorita. Eso fue hasta que Oyá la engaño. Aunque las versiones varían, se dice que Obba consultó a Oyá, que era conocida también como una gran hechicera, y la preguntó cómo retener a su marido. Oyá, aconsejó a su hermana de que sirviera un plato con un encanto a su marido, pero que para provocar el encanto debía sacrificar una parte de su cuerpo. Obba siguió la sugerencia y preparó el plato, el cual completó con una o ambas de sus orejas. Cuando Shangó volvió le preguntó del por que se cubría la cabeza y su hermoso pelo (ocultando su mutilación). Obba no tuvo suerte con su intento, antes de probar el plato con el encantamiento, Shangó descubrió que su mujer se había cortado la oreja, despreció la comida señalando que hacia brujería y la expulsó para siempre. Obba repudiada y avergonzada se puso a llorar; y lloró tanto que originó los lagos, pantanos y lagunas; volviéndose la diosa de las aguas estancadas. Obba terminó refugiándose con Yewá y habitando los cementerios.

En la tradición americana quien engañó a Obba fue Oshun. Según esta versión Shangó tenía tres esposas (polígamo), a las que visitaba con igual regularidad, eso hasta que Obba se sintió abandonada por el dios, ya que comía primero donde Oshun y luego en su casa apenas probaba bocado, sintiendo que él entraba, apenas comía y se iba, dejándola muy sola. Obba preguntó a Oshun como conseguía mantener a Shangó en su casa, y esta ofendida por la investigación, se llenó de resentimiento. Oshun le contó su secreto, una mentira realmente, el cuento de la oreja cortada, secada, hecha polvo y servida en la comida del esposo; Obba regresó a su casa e hizo lo indicado, pero Shangó descubrió la trampa y pensó que quería envenenarlo, expulsándola para siempre por bruja, y mientras la perseguía con el oshe; Obba se convirtió en el río que lleva su nombre.

Aprovechando la salida de Obba, Oyá se convierte en la segunda esposa, y a diferencia del carácter tranquilo de su hermana, Oyá es una amazona, no se queda en la casa, va con su esposo de viaje, y se la acusa de haber robado los secretos de su marido, convirtiéndose así en la diosa de los vientos, la centella y la tempestad. A diferencia de Obba que se aguantaba las infidelidades de Shangó, Oyá cuando se enfurece se muestra desenfrenada y terrible, se llena de maldad y se convierte en un torbellino de furia que todo lo destruye (ciclones o tifones). Pero tras la destrucción siempre viene la reconstrucción. Oyá es entonces vista como una diosa del cambio.

Oya

La joven esposa de Shangó, Oyá, era descrita como un ardiente diosa de la guerra, con un genio que coincidía con la del dios; quien se enamoró de su rápido ingenio y lengua afilada, y con frecuencia se dirigía a la batallas con ella a su lado. Un día, Shangó al ver que los otros dioses se levantaban de la tierra, decidió que tenía que aumentar su poder y envió un mensaje a Eshu (en su apariencia de Kalfu), el dios de la magia, pidiendo un medicamento que lo hiciera más poderoso y que llenara de miedo los corazones de todos los hombres. Eshu acordó hacer esto por él, pero insistió en que se enviara a la volátil Oya para recogerlo, afirmando que si Shangó se acercaba y consumía la pócima estando él demasiado cerca y tendría miedo de permanecer en su presencia. Cuando llegó Oyá, le dio el paquete de la medicina y le advirtió a ella sobre la fuerza, el poder y la importancia de la entrega. Le hizo tanto hincapié a la diosa que ella se llenó de curiosidad y abrió el paquete de camino a casa, sin saber de que se trataba el encanto. Cuando nada pasó, ella continuó a su casa y entregó el paquete a Shangó, quien se alegró de verla, y cuando ella abrió la boca para hablar con él, sin embargo, la medicina que había consumido hizo que disparara de su boca rayos; Shangó supo que ella había robado algo de la poción. Enfurecido la persiguió a través de toda África, blandiendo su hacha y lanzando rayos, truenos y relámpagos tras sus talones, hasta que fue acorralada y se convirtió ella misma en una oveja con el fin de esconderse de él en un rebaño. La población local pidió Shango no destruir todas las ovejas, que eran su medio de vida, así que dio media vuelta y regresó a su reino, declarando que Oyá no debía poner un pie allí de nuevo si apreciaba su vida. Oyá fundó su propio reino, en los límites con el otro mundo, acompañando a Yewá y a Obba. En la medida de lo posible allí se escondió de Shangó, y allí practica la magia que aprendió al robar el poder de su marido.

Oyá como diosa del río Niger es conocida como la diosa de los nueve rostros (alusivas a las nueve desembocaduras del río Niger). El Niger era la entrada y salida del comercio en la región, por tanto Oyá es vista también como la diosa del mercado o comercio, pero en la tradición americana Oyá es vista como la que conecta a los afroamericanos con la tierra madre (África); en este caso el comercio y la negociación se ven como la relación con los ancestros; por ello Oyá se vuelve además en la única diosa con la fuerza de detener a los Eggun (espíritus de los muertos), ello la vuelve también una diosa infernal y guardiana de las puertas del cementerio (la entrada al mundo de los muertos). Por otra parte Oyá como diosa atmosférica es la primera en enterarse de lo que acontece en la tierra y se convierte en la mensajera de Olodumare, llevándole noticias de todo lo que acontece. Oyá como bruja es falsa y mentirosa, y no es una mujer fiel, tuvo amores con Oggun y otros dioses; eso según algunos provocó la rotura de su matrimonio. Aunque algunos señalan que sigue acompañando a Shangó cuando el dios de las tormentas sale por los cielos, pero que ya no es su esposa oficial.

La última de las esposas de Shangó fue Oshun, ella es la Venus entre los Orishas. Diosa de lo femenino, la belleza, la coquetería, la gracia, la sensualidad femenina y el amor. Mientras Yemanja se identificaba cada vez más con la imagen de la madre y se volvía diosa de las costas marinas, y sus hermanas pasaban a gobernar los lagos y las lluvias; Oshun se quedó como diosa de las aguas dulces que fluyen en el mundo, los arroyos, manantiales y ríos, personificando la fertilidad, la vida (el agua es vida); viviendo en los ríos y asistiendo a las parturientas. Como sus hermanas Oshun era considerada una bruja; capaz de resolver tanto, como de provocar riñas entre los Orishas y los hombres, al igual que Afrodita que despertaba pasiones entre hombres y dioses. Es amiga íntima de Eshu/Eleggua, quien la protege; y ella siempre acompaña a Yemanja. Se la representa como una mulata bella, simpática, buena bailadora, fiestera y eternamente alegre, con el persistente tintineo de sus campanillas.

Oshun

Oshun es en la mitología Yoruba la diosa del amor, la intimidad, la belleza, la riqueza y la diplomacia. De acuerdo a los ancianos, Oshun es la ‘madre invisible presente en todas las reuniones’, porque ella representa las fuerzas cosmológicas del agua, la humedad y la atracción. Por lo tanto, es omnipresente y omnipotente. Según los antiguos, era la única mujer entre los 401 enviados desde el reino espiritual para crear el mundo. Como tal, es venerada como la dulce madre de todos nosotros. Según algunas tradiciones cuando los varones se burlaron de la femineidad de Oshun, ella quitó el aché (el poder del nacimiento, gestación, creación) a todos los hombres. Estos arrepentidos suplicaron a la diosa, y la creación no comenzó hasta que Oshun dio a luz a su primer hijo. Este hijo se convirtió en Eleggua, el gran conducto de aché en el Universo y también lo eterno y lo finito o mortal. Así Oshun es madre de todas las cosas.

Oshun es llamada ‘la que tiene orejas‘, debido a la rapidez y eficacia que responde a las oraciones. Cuando ella entra en sus seguidores, ella baila, coquetea y luego llora, porque nadie puede amar lo suficiente al mundo y no ver la belleza que ella sabe que podría ser. Oshun es benéfica y generosa, y muy amable, pero tienen un temperamento terrible, aunque es difícil provocar su ira. Oshun gobierna las aguas dulces (ríos y arroyos). Sus ofrendas preferidas son la miel, joyería de cobre o monedas en múltiplos de cinco. Ella está asociada con Santa Cecilia, y en el Lucumí con la Virgen de la Caridad del Cobre, la protectora de Cuba. Sus colores son amarillo y oro. En el vudú, Oshun ha sido reemplazada por Erzulie. A diferencia de su predecesora Erzulie usa colores en tonos de color rosa. Erzulie tiene un aspecto más vengativo, es de naturaleza más despiadada cuando se enoja, pero sobre esta diosa trataremos más adelante con más detalle.

Los Loas y la religión haitiana (5) Los mitos africanos originarios (Los dioses del destino y la muerte)

Yembo

Los primeros Orishas fueron Obbatalá y Yembó (versión femenina de Oduduwa, que es señora de las aguas y que reemplaza a Olokun); y ellos serían padres de la primera generación de dioses. Entre los muchos hijos de la pareja tenemos primero a Orunmila, también conocido como Eshu o Eleggua. Orunmila fue uno los grandes dioses primigenios y paso a servir a su abuelo Olodumare como el testigo de todos estos hechos, alguien que observa todo desde afuera. Es reconocido no sólo como el Orisha de la renovación, la transmutación, el cambio, lo misterioso, las fuerzas ocultas, el inconsciente colectivo y la magia. Es también el Orisha de los oráculos, que por medio de Ifa avisa a los hombres de su destino y suerte. Su otra apariencia es Eshu (Esu Elegbara, Exu, Eshun, Elegba, Eleggua, es el Legba de los Fon).

Eshu

Eshu o Eleggua como un aspecto o cara de Orunmila adquiere una connotación oscura y maligna, y por ello son considerados muchas veces como dioses distintos, incluso Eshu y Eleggua, son otras veces puestos como entidades distintas, gemelos opuestos, siendo Eleggua el mensajero y Eshu el tramposo, teniendo así a tres dioses distintos: Orunmila (el observador de la creación y señor del oráculo), Eleggua (el mensajero que transmite el oráculo y similar al Hermes psicopompo) y Eshu (el dios de los engaños y la mala suerte). Su leyenda recuerda un poco al mito de Lucifer, el ángel predilecto de Dios que baja a la tierra para ser testigo de los actos humanos y que termina siendo un acusador; por ello Eshu es visto como un dios de la muerte y la maldad. Pero en la tradición Yoruba se aplica el principio de la paridad, para que exista el bien y la vida, debe existir la contrapartida que es el mal y la muerte, por tanto Eshu es un dios del mal, necesario para el equilibrio, similar y a la vez diferente al diablo cristiano.

Oko

Otro de los hijos de Obbatalá fue Orisha Oko, que quien su padre envía a los hombres para enseñarle a cultivar la tierra, Orisha Oko es el orisha de la prosperidad en la tierra, dios de la agricultura y los cultivos; a semejanza de Olokun, que es el orisha de la prosperidad en el mar. Orisha Oko fue esposo de Olokun y quien revelo su condición de hermafrodita y aunque esta lo dejo, siempre viven juntos (el mar siempre al lado de la tierra). Orisha Oko también tuvo amoríos con su hermana Yemanja, a quien sedujo para quitarle el secreto del ñame y entregárselo a Shangó. Orisha Oko tiene dos personalidades, la primera durante el día, que es maestro de los cultivos; en la noche se transforma y se convierte en Ikú, dios de la muerte. La relación de Orisha Oko y Ikú tiene que ver con los ciclos de crecimiento y renovación; así como con la idea de la paridad; la vida no puede existir sin la muerte, el muerto regresa a la tierra y sus restos fertilizan la tierra, esa relación no puede ser desvinculada y es algo simplemente natural.

Eshu/Orunmila está vinculado a la muerte, pero él es más como una mezcla entre los dioses Hades y Hermes de los griegos, por un lado es un señor de los muertos, pero por otro Eshu es el mensajero de avisaba a Ikú, quien es el verdadero dios de muerte, para que busque el alma que era requerida por Olodumare para ser llevada a su presencia. Así Ikú tenía una función únicamente de psicopompo. Olodumare decidía si esta alma se quedaba en el Orun (mundo espiritual) o era regresada para reencarnar nuevamente en el Ayé (mundo material). Ikú quiso pasar por encima de Olodumare a la hora de ir por las almas, sin esperar el pedido del creador; para ello se unió a espíritus oscuros (demonios), pero Ikú fue vencido por Eshu, perdiendo Ikú con ello la posibilidad de culto por parte de los hombres.

Dos de los hijos más grandes de Obbatalá y Yembó fueron Yemanja y Aganjú. Yemanja (Yemoja, Ymoja, Yemowo, Yemanjá, Iemanjá, Janaína, Yemayá, Yemayah, Iemanya, Yemalla, Yemana, Yemoja, La Sirène, LaSiren —entre los haitianos—, Mami Wata, Watra Mama, etc., …) es una de las diosas más importantes del panteón Yoruba. Su nombre traduce ‘madre de todos los peces’. Inicialmente era una diosa de los ríos y las aguas dulces; con el tiempo, y sobre todo en América, se volvió la diosa de la vida en todas las aguas y finalmente una diosa que reina en los mares, es por ello que su culto ha reemplazado a sus antecesoras Yembó, Odudua y Olokun, y se sincretizando con sus equivalentes en la cultura Fon, Nana Buluku y Mami-Wata.

Yemanja

Yemanja es la madre de los siete mares, la Diosa de la Creación, la fertilidad y la maternidad. Ella ofrece protección a las mujeres. Ella se la sincretiza con la Virgen de Regla, patrona de los santos y con María. A menudo representada como una sirena, se asocia con la luna, el océano, las mareas y los misterios femeninos. Ella gobierna los esfuerzos subconscientes y lo creativo. Como tal, ella es la institutriz de la familia y de las cuestiones relativas a la mujer, incluyendo la seguridad del parto, la concepción, la infancia, el amor y la sanación. Extremadamente compasiva y misericordiosa, Yemanjá gobierna el tiempo del sueños, los profundos secretos, la sabiduría antigua, está en el agua salada, en las conchas de mar, y el inconsciente colectivo.

Algunos señalan que la leyenda de Yemanjá se originó en Egipto y deriva del culto a la Diosa madre Isis, se cree que por los esclavos nubios pasó a diferentes partes de África y en su paso cambió de nombre. El mito dice que Yemanjá dio a luz a la mayoría de dioses y diosas yoruba; reemplazando a Yembo y a Odudua en la creencia general, por ello es vista muchas veces como la gran madre entre los Yorubas. Según lo mitos cuando su útero se rompió, sus aguas uterinas provocaron la gran inundación que creó los océanos, así Yemanja es una de las grandes madres mitológicas. Yemanja es equiparable a la diosa Atenea griega o a la Minerva romana; una diosa de la sabiduría y la inteligencia, vinculada a los aspectos de enseñar a los pueblos, ya que en los mitos Yemanja es la institutriz y maestra de muchos de los dioses.

Aganjú

Aganjú (Aggayú), aunque ha tenido poco culto (no hay volcanes, ni desiertos en las grandes islas caribeñas, no así en las pequeñas Antillas orientales), es por su parte un dios telúrico, de carácter belicoso y violento; está vinculado a la furia de los volcanes, al poder de los desiertos, es señor de las cuevas (guardián de las puertas con el mundo de los muertos), señor del mundo subterráneo, de los tesoros minerales y del subsuelo; es dios del fuego y la lava, pero también de los grandes ríos que fluyen sobre la tierra, es señor las tierras salvajes que van desde los desiertos hasta las montañas.

Se cuenta que cuando Yemanja tuvo que atravesar un poderoso río no le quedó más remedio que pedir ayuda a su hermano Aganjú. Como Yemanja no tenía como pagarle, se acostó con él, el fruto de esa unión nacieron entre otros los dioses Orungan y Shangó; aunque a este último se le pone la mayoría de las veces como el hijo rebelde de Obbatalá y Yembó. Este mito muestra el solape de las historias y leyendas, así como las genealogías de los dioses Yorubas; por un lado Yemanja sustituye a Yembó/Odudua/Olokun (versión femenina) como diosa de las aguas y los misterios, y madre de todos los Orishas; mientras que Aganjú sustituye a Obbatalá/Oduduwa/Olokun (versión masculina) como dios de la tierra y el más allá.

Orungan

Cuando Orungan se hizo hombre, violó una vez a su madre Yemanja, cuando lo intentó en una segunda oportunidad el cuerpo de esta estalló (fue el diluvio,y el agua derramada de su útero fue tan grande que llenó los mares, por ello Yemanja es vista como una diosa marina) y de ese parto múltiple surgieron los Orishas menores, en un número que varía de diez a quince.

Orungan es el dios del mediodía y es Adonis entre los Orishas, el más bello de entre los dioses yoruba, es el dios de la juventud (masculina) y el amor (similar a Eros o Cupido); su equivalente femenina es la diosa Oshun (la Venus de los Orishas). Se dice que Orungan habita en la piel de los hombres y los animales, es por tanto un dios de la vida y la fertilidad.

Ifa

Un mito involucra a Orungan y a Eshu; se cuenta que cuando el mundo era joven y la raza humana era escasa en número, los dioses estaban limitados en sacrificios y así pasaban hambre con frecuencia. Ifa era un hombre que se puso a pescar (en algunas versiones es hijo de Orungan) pero no tenía éxito y por ello pasaba hambre. Ifa finalmente consultó a Eshu (Elegguá o Orunmila), este le dijo que si podía conseguir y traer las nueces de la palma de Orungan, le enseñaría a Ifa como pronosticar el futuro y beneficiar a la humanidad; pero Eshu estipuló que el primero de todos los sacrificios debería ser para él. Ifa accedió y fue donde Orungan para pedirle las nueces, diciéndole el propósito por las que las pedía. Orungan, encantado con la perspectiva, se apresuró a recoger las nueces y se las dio a Ifa. Eshu entonces dio clases a Ifa, que a cambio se las enseñó a Orungan, volviéndose así Orungan en el señor de los presagios y la adivinación y el dios de los babalawos (babalaos = adivinos). Ifa paso a convertirse en una divinidad de la adivinación, y más propiamente en la tradición es el arte de la adivinación, las predicciones, el oráculo; mientras que Eshu/Eleggua ve volvió el mensajero divino, sus adoradores lo consideran el inicio y el fin de todos los caminos, señor del destino, es el nacimiento y la muerte, el bien y el mal; presidiendo el inicio y final de todos los ritos.

Los Loas y la religión haitiana (4) Los mitos africanos originarios (La creación entre los Yoruba)

La mitología Yoruba del Niger se encuentra entre las más evolucionadas de África, comparable a la Greco-Latina, la Celta-Anglosajona y la Nordico-Germana, por la cantidad de dioses (superior al cuatrocientos) y leyendas. Aunque estos dioses no tuvieron templos y lugares de cultos como los espacios europeos; tienen aún hoy, a diferencia de sus equivalentes europeos, adoración y rezos. La creencia en los mismos ya no se limita al continente negro, sino a casi todo el nuevo continente con habla latina (español, portugués y francés) en la costa atlántica y principalmente caribeña; ahí donde los pueblos africanos crecieron y se florecieron, tras haber sido arrancados por las manos esclavistas y plantados en la tierra nueva.

Obbatala

Los Yoruba formaron uno de los reinos más importantes del África precolonial; el Imperio Oyo se extendía en hoy el noroeste de Nigeria. Este imperio iniciado en el siglo XIV creció hasta alcanzar su esplendor entre los siglos XVII y XVIII, cuando incluso absorbieron reinos vecinos como el de Dahomey. Terminaría por caer finalmente ante la presión colonial europea a fines del siglo XVIII y las disputas internas con los reinos africanos que había absorbido, a los que ya no podía controlar. En la tradición Yoruba ocurrió algo muy similar a la cultura romana, donde los emperadores romanos fueron divinizados por sus coterreaneos e igual paso en el pueblo Yoruba. Hubo una correspondencia entre los dioses Yoruba y los míticos primeros reyes, empezando por el primer rey Oduduwa, seguido por la disputa entre sus hijos: Ooni (el primogénito y heredero) y Oranyan (Orungan) el segundo y quien al perder su disputa con su hermano emigra y funda Oyo); Oranyan es sucedido por su hijo Ajaka (Angayú, Aganjú), pero este es reemplazado por su hermano Shangó, Tras la muerte de Shangó, Ajaka regresó al poder, y deifica a su hermano Shangó como dios del rayo y el trueno. Su sucesor Kori terminaría de consolidar al reino.

Fuera de estas leyendas originales sobre el origen del pueblo Yoruba y su reino Oyo; la tradición Yoruba inicia con un creador, un ser todopoderoso del que emana toda la creación. Olodumare es el principio de todo, creador del cielo (Orun, más en el sentido del mundo espiritual) y la tierra (Aye, el mundo material). Es inalcanzable y como su equivalente Nana Buluku es un ser andrógino, principio masculino y femenino a la vez. Olodumare lo podemos identificar perfectamente con Aida Wedo y/o Damballah Wedo, la serpiente arcoiris. Entre el Candomblé brasileño a Olodumare se le conoce como Oxumaré (Oshumaré); aunque en otras versiones Oxumaré es la gran serpiente arcoiris, equivalente a Aida Wedo y es puesta como hijo de Olodumare, así como hermano de Irokó y de Babalú Ayé. Olodumare, como Dios supremo tiene tres manifestaciones: Olodumare, el Creador; Olorun, gobernante de los cielos y la fuente de toda la energía (adorado como el Sol), y Olofi, que es el conducto entre Orun (el cielo) y Ayé (la tierra), el calor que recibimos del Sol.

Olodumare

En la creencia Yoruba se acepta la existencia del Ayanmo (el destino, la suerte); por otra parte el reto de los hombres es volver a ser uno con este principio creador y para ello las acciones y pensamientos de cada persona en el Ayé (el mundo físico) afectan a todos los demás seres vivos, incluyendo a la propia Tierra. Así cada persona busca lograr la trascendencia y alcanzar el Orun (el reino espiritual de aquellos que hacen cosas buenas y beneficiosas), moviéndose entre los ciclos de vida y muerte, y el espíritu humano evoluciona para alcanzar esa trascendencia deseada, esto es volver a ser uno con el creador (una idea nada diferente al pensamiento de tradiciones abrahamica —judía, cristiana y musulmana— de tras la muerte el espíritu se espera reencontrarse con la divinidad en el cielo). Y esta evolución se dice que es más evidente entre los Orishas, los visires divinos del Dios Todopoderoso; siendo los Orishas (Orichas, Orisas o Orixas) las entidades que posee la capacidad de reflejar algunas de las manifestaciones de Olodumare y se les describe a menudo como intermediarios entre el hombre y lo sobrenatural.

Así entre el pueblo Yoruba, la creación inicia con Olodumare (Olorun o Olofi), quien habiendo creado el universo decide dar forma a la tierra para que sea habitable. El mundo material (Ayé) era un lugar cubierto por las aguas y regido por Olokun (literalmente ‘el propietario de los océanos‘, equivalente al Neptuno romano). Olokun es al igual que Olorun, un ser andrógino, vinculado a la sabiduría. En algunas tradiciones Olurun toma el aspecto masculino y Olokun es el femenino, siendo ambos padres de Obbatalá y Oduduwa.

Olokun

Posiblemente ambos (Olorun y Olokun) son aspectos y formas del mismo dios, equiparados así con Dam Aida Wedo y Nana – Buluku. Otras fuentes hacen que en su aspecto femenino a Olokun se le vincule a otras diosas africanas como Yembó, Yemanja y Mami Wata. Los cuentos señalan que Olokun reinaba sobre todo el mar, pero cuando quiso destruir a la humanidad con un diluvio, Olorun lo encadeno por castigo al fondo del mar; así las costas pasaron a ser dominio de Yembo y más tarde de su hija Yemanja.

Retomando la historia de la creación, Olorun al ver que la Tierra era un lugar muy húmedo (cubierto por las aguas) y poco acto para la vida, envió a su hijo predilecto, Obbatalá (rey de pañuelo blanco, también llamado: Osala, Ohala, Oxalá, Orisala, Orishala, Orixalá), a ayudar a crear la tierra. Obbatalá con ayuda de la concha de un molusco recogió la tierra húmeda del fondo marino y la acumuló en un gran montículo, que terminó rodeado por el agua del mar, a este lugar elevado lo llamó Ife (la cuna de la existencia), y en esta tierra fértil las plantas comenzaron a crecer y dispersarse.

Obbatala 1

Viendo el trabajo en la Tierra, Olorun agarró los gases dispersos en el cielo y provocó una explosión que dio forma a una bola de fuego (el Sol), que secó la Tierra aún húmeda. Por ello a Olorun se le asocia el Sol y es visto como el señor de los cielos. La energía o fuerza vital de Olorun se manifiesta en los seres humanos como el Ashé, y está presente en todos los seres vivos. Por lo general, los seres humanos no interactúan directamente con Olorun pero reciben la energía vivificante del Sol y reconocen así el poder de Olorun sobre sus vidas. Obbatalá entonces creó a los humanos del barro por orden de Olorun, quien lanzó el ‘aliento de vida’ a volar a través de la tierra, y en las figuras tomaron vida y se volvieron los primeros pobladores del Ife.

Oduduwa

A Obbatalá se le iba a dar el honor de gobernar la tierra y a los hombres, pero según algunas versiones Obbatalá creó el licor a partir del fruto de la planta de palma y se emborrachó, Olorun temiendo por destino de la creación, envió al hermano menor a terminarla. Oduduwa, la esencia de la conducta, (como Odudua, Oodua se le considera una forma femenina), Oduduwa que ya era un señor del otro mundo y del destino; terminará de dar forma al mundo; y tras su intervención tendremos finalmente los reinos animal, el vegetal y el mineral. Oduduwa se convirtió por tanto en el primer rey de los hombres y les enseñó las normas y costumbres. Oduduwa vive en las tinieblas profundas de la noche; y representa los misterios, rige en los secretos de los Egún (almas de los muertos) y sobre Ikú (la muerte).

Obbatalá y Oduduwa fueron en principio rivales y desde su desliz con el licor, a Obbatalá se le conoce como el dios de los borrachos, título que según algunos no le agrada mucho y por ello se prohibe el licor cuando se invoca al dios; salvo por el licor de Anis. Según algunas relaciones Oduduwa asumió una forma femenina, llamada Odudua, y normalmente asimilada a la diosa Yembó, que sería una primera Yemanja, representando la mar en calma y se volvería su esposa; aunque Yembó también se equipara a Nana Buluku, llamado entre los orishas Nana Buruku, y es a veces llamada Nana Yemanja.

La tradición Yoruba termina su mito de la creación explicando el por qué de la búsqueda de los hombres del creador Olodumare. Según algunos cuentos la explicación de esto es que Olodumare bajaba de tanto en tanto al Ayé a visitar a los hombres y a los Orishas; bajo este aspecto es llamado Olofi; pero al ver las constantes disputas entre los hombres y entre los mismos Orishas, y de estos por tener su atención, terminó regresando al Orun para no regresar jamas y dejó de importarle lo que hacían los hombres y los propios Orishas. Es por ello que el pensamiento de la tradición Yoruba se plantea la permanente búsqueda de volver a ser uno con el creador.

Aunque existe otra versión distinta, en ella el espíritu de la tierra (Obbatalá) llegó a considerarse superior y mejor que el cielo mismo, ya que soportaba le peso del cielo, señalaba que él era tangible y real, mientras que el aire no se podía tocar, ni ver. Olodumare decidió darle una lección y sin decir una palabra elevo los cielos; y la tierra experimentó por primera vez la sed; la sequía y el calor acabaron con casi toda la vida en la tierra; y el sol que antes iluminaba los cielos dejo de hacerlo y surgió la noche y el frío, y los miedos, que sólo existen en la oscuridad. Cuando la sequía se prolongó, el espíritu de la Tierra suplicó al Cielo por agua; y este no respondió. Hubieran muerto todos los seres de no ser por un árbol que sobrevivía, y con cuya sombra cobijó a los animales y a los hombres del calor inclemente de los cielos en el día y del frío en la noche. El espíritu del árbol del mundo se llama Irokó (Iroké); en África era el espíritu de la Caoba, en América su equivalente fue la Ceiba, único árbol que permanece verde oscuro en plena sequía, cuando todos los demás ya se han secado, perdido las hojas y marchitado. Finalmente el árbol produjo flores, cuyas semillas que flotaron en el viento y con ellas suplicó a los cielos por la nueva vida; así el cielo permitió el regreso de las lluvias y la tierra sedienta por fin pudo volver a la vida. Pero Olodumare, que hasta entonces había mantenido a los cielos suaves, llevando lluvia y brisas moderadas, no regresó igual; ahora podían existir temporadas de sequía y de intensas lluvias que ahogaban la tierra, épocas de mucho calor y otras de frío; algunas con vientos suaves y otras con tifones, fue cuando el mal entró en el mundo, el orgullo del espíritu de la tierra lo pagaron muy caro todos los seres que en ella habitaban.

Iroko

Pero incluso el poderoso Irokó no se salvo del pecado del orgullo. Obbatalá (llamado Aragbá en esta historia) e Irokó se habían, tras los hechos anteriores, vuelto rivales, eso hasta que Eshu intervino. Se cuenta que cuando Eshu se convirtió en el dios de los caminos y las puertas (inicio de los ritos) solicitó a los hombres y dioses de la tierra un sacrificio al cielo. Aragbá no se quiso arriesgar otra vez con un mandato de los cielos, pero Irokó se consideró superior al dios mensajero de los cielos; por ello se negó a rendirle culto. Eshu entonces dijo a los hombres que no había nada mejor para construir algo duradero que la madera del árbol de caoba, regalándoles a los hombres el hacha. El gran e indestructible árbol que hasta entonces había sido intocable se vio arremetido por el poder del hacha. La caída de Iroko fue tal que el eco retumbo en todo el bosque, cuando Aragbá escucho el ruido, pregunto que estaba sucediendo y se le dijo que era el Gran Iroko que había caído bajo el hacha del ataque humano. Iroko quedo convertido en puertas, ventanas, mesas y sillas; y aún hoy sigue siendo así, la madera de caoba es una de las mejores para este tipo de actividad. Dentro de la tradición Irokó (caoba o ceiba) es por haber salvado a la humanidad de la ira del cielo el dios de los deseos (buenos o malos), pero tras su caída sus rezos pasan y/o se conjugan con los de Obbatalá (Aragbá, el espíritu de la Tierra).