Los Loas y la religión haitiana (7) Los mitos africanos originarios (Los otros grandes Orishas)

Pese a ser Oshun la esposa oficial de Shangó, este no fue su primer marido, estuvo desposada antes con Oggún (Ogoun , Ogún , Ogou, Ogum, quien es uno de los hermanos de Shangó y amigo de Eshu/Eleggua, al que considera un hermano más). Oggún es un dios telúrico, más parecido a una mezcla de Ares y Hefesto; e igual de violento que su hermano Shangó. Oggún es el dios de la guerra, los metales, el fuego y la política. Enseño a los hombres la herrería y sin ella los mismos no podían cazar, fabricar machetes para el trabajo en el campo y otros utensilios de hierro. Entre los haitianos fue el dios que los ayudo a liberarse del yugo francés. Se cuenta que cuando joven era rebelde y salvaje, y vivía aislado en la selva. Simboliza por ello los comienzos, el principio, la mañana, la primavera, los animales carnívoros, el mando, la fuerza, la violencia, el impulso, la autoridad, la virilidad, la juventud, las armas y el fuego. Así como Eshu/Eleggua abre los caminos, es Oggún es quien los limpia con su machete; Oggún es el que tiene el derecho preferente de sacrificar, ya que le pertenece el cuchillo que es el objeto con el que generalmente se sacrifica. Oggún vive en las cuevas y cerca de la puerta al otro mundo, la de los muertos, cerrando con su presencia el paso de los males y demonios que existen al otro lado. Oggún y Shangó son rivales permanentes, sus peleas son legendarias; y en ellas han intervenido sus esposas, y Eshu/Eleggua a contribuido de tanto en tanto a esas disputas; ambos dioses han sido esposos de Oyá y Oshun; causas de muchas de sus disputas.

Oggun -

Cuando Oggún y los otros dioses descendieron a la tierra, bajando por la red divina que llegó al suelo, le dijeron a su gente que se estableciera; pero la gente era incapaz de hacerlo en los números que deseaban, porque necesitaban limpiar el bosque y los campos de las plantas, y con sus herramientas tal cosa era un proceso lento y poco práctico. Oggún, viendo la situación, visitó a Orunmila, hijo de Olorun, y de él aprendió el secreto de hierro, secreto que enseñó a los hombres, volviéndose así en el señor de las artes de la metalurgia y la forja.

En los primeros tiempos Oggún vivía en el bosque, y cuando las mujeres entraban en sus tierras, él las violaba y luego desterraba para siempre. Yemanja oyó estos cuentos y ello despertó su curiosidad, se disfrazó como una mujer humana y se aventuró en la selva, donde conoció a Oggún. Él la trató igual que las otras, pero al ser una diosa ella fue capaz de mantenerse al día con él, cuando él le ordenó que se fuera, ella le rogó que se le permitiera quedarse con él. Enfadado por su presunción, Oggún la arrojó fuera del bosque y ella se fue llorando donde su hermana Oshun, pidiendo ayuda para ganar su amor. Oshun accedió a ayudar y preparó un pote con miel mágica, que unto en todo su cuerpo antes de aventurarse en el bosque. Cuando Oggún la vio, se sintió abrumado por su belleza y la persiguió, pero cada vez que trató de agarrarla, la miel hizo que se deslizarse de entre sus manos, eludiendo los deseos del dios. Ella le llevó en una alegre persecución por el bosque hasta que fue imprudente, y le sirvió un poco de la miel magia a él, encantándolo. Los dos hicieron el amor en el bosque, y estaba tan embelesado Oggún que le pidió que fuera su esposa. Ella estuvo de acuerdo, pero le dijo que debía ir a su casa, donde había dejado Yemanja, cuando llegaron, ella se escabulló, y Oggún se acostó con Yemanja en la oscuridad, pensando que era Oshun. Cuando descubrió el engaño a la mañana, sin embargo, arrojó a Yemanja tan ferozmente por su comportamiento que ella huyó de él para siempre, y él esperó hasta que Oshun volvió para reclamarla como su esposa legítima.

Oshosi

Oggún no se llevaba bien tampoco con sus otros hermanos, entre ellos Oshosi (Ochosi) era el dios de la cacería; aunque diestro con el arco y las flechas, y capaz de derribar un venado con un sólo tiro, se encontraba que después de matar a la presa no podía prepararla (abrirla) para poder cocinarla. Oggún tenía un problema parecido, pero a la inversa, no podía cazar la presa que deseaba, pero con sus cuchillos (como dios herrero) la podían abrir y preparar la carne para la cocina. Ambos hermanos, como casi todos los hermanos, no se llevaban muy bien entre ellos; y cada uno consultó su problema a Eshu por separado. Eshu pidió a cada una ofrenda y envió a ambos hermanos a encontrarse, sin que ellos lo supieran. En un primer momento ambos quisieron atacarse, pero al hablar de sus problemas mutuos comprendieron que solos no podían resolverlos, más juntos se complementaban. Desde entonces ambos hermanos salen a cazar juntos. Así como Oggún nos protege de la muerte en guerra; Oshosi, el cazador, nos protege de ser asesinado por los enemigos, que no caigamos en manos de la mala justicia o de la mala practica en los hospitales y es el Orisha que provee los alimentos.

Oshosi tuvo por esposa a Oshun; en aquellos tiempos sus habilidades para la caza de Oshosi lo volvieron el el dios cazador de los orishas; Olodumare le concedió ese honor y le pidió a cambio que a cada animal cazado lo desangrara, dejando la sangre como ofrenda para los dioses del cielo. Oshun curiosa de no entender el porque los animales que le llevaba para cocinar su esposo no tenían sangre le preguntó a su marido, pero este le señaló que eso no era de su incumbencia. Oshun dispuesta a averiguar lo que ocurría siguió a su esposo a escondidas, pero este la descubrió cuando estaba desangrado una presa, furioso Oshosi le dijo que ya que tanto la gustaba la sangre, ella sangraría todos los meses por el resto de su vida fértil, maldiciéndola con la menstruación.

Un tercer hermano es Osun (Ozun) y él forma un cuarteto conocido como los dioses guerreros junto con: Eshu (Orunmila), Oggún y Oshosi. Osun (Ozun), es el Orishas de los antepasados, se le pone como una manifestación (hijo) de Oduduwa (señor del los muertos y el más allá) y/o el bastón en que se apoya Orunmila. Así Eshu mientras abre los ritos y la presencia de Oggún es necesaria para hacer los sacrificios de sangre; Osun es el guardia que permite que los mortales puedan hablar con algún muerto, abriendo la puerta entre los mundos.

No vinculado a los guerreros, pero hermano de Oshosi, y uno de los amantes de Yemanja y Oshun, fue el dios Inle (Erinlé); quien rige sobre la pesca en río y el mar (de ahí su vinculación con la diosa de las costa y la diosa de los ríos); es descrito como un ser andrógino de gran belleza, o que es hombre la mitad del año y mujer la otra mitad. Según los mitos fue la capacidad de ir de hombre a mujer lo que atrajo a la diosa Oshun a que se enamorara de Inle, pero fue esa misma causa lo que los separó, como ‘mujer’ Inle habitaba las aguas de los ríos la mitad del año que estas entraban en el bosque, como ‘hombre’ Inle estaba la mitad del año dentro de la selva seca, y Oshun terminó por cansarse del estar tan sola la mitad del año que lo abandonó finalmente. Algunas historias señalan que Inle se enamoró de Obba, en ese entonces esposa de Shangó, viéndola tan triste Inle pensó que el dios no la trataba apropiadamente y se atrevió a ir a casa de Shangó para pedir que se le diera como esposa; la furia de Shangó fue tan grande que Inle escapó transformándose en un rio y nunca más se acercó a Obba.

Inle -

Inle era un cazador, y como no tenía ni esposa ni familia a vivir, se construyó una cabaña en el corazón del bosque, donde vivía y cazaba. Para entretenerse en su soledad, empezó a cantar para sí mismo, hasta que fue descubierto por algunos curanderos locales que regresaban a casa del mercado y así averiguaron dónde vivía. Encantados por su canto alegre, difundieron su fama como artista hasta que llegó a oídos de Oggún que había un hombre extraño que era igual a él en el arte de la caza. Oggún lo visitó y encontró impresionante canto, le ofreció a enseñarle el arte de tocar el tambor a cambio de que le enseña el arte del canto. A partir de entonces los dos fueron eran grandes amigos y rara vez estaban ser separados, vagando por el bosque juntos como hermanos

Inle en algunas versiones es una forma de Oshosi, en otra a Inle se le pone como padre o equivalente del dios Logun Edé (el hijo perdido de Oshosi y Oshun) y que reinaba entre ambos reinos (el agua dulce y la selva), siendo también un dios de la pesca y un hermafrodita. Es esta habilidad de cambiar de sexo de Inle y de Logun Edé la que los ha vuelto los patrones de gays y lesbianas. Como cazador Inle acompañaba a Oshosi y a Oggún a la selva (otra coincidencia con Logun Edé, ya que Oshosi y a Oggún son puestos como padres, el legitimo y el adoptivo del joven dios) y por su capacidad de vivir en la tierra y el agua (mitad del año en una y en otra) a Inle se le considera que sabía los secretos de la vida y por tanto se ve designa como el Orisha de la medicina y la salud. En una de las versiones señala que Yemanja cortó su lengua para que no pudiera contar que se acostaba con ella; pasando a la tradición como un dios mudo.

Logun Edé es según los mitos hijo de los amores de Oshun y Oshosi. Oshun, como diosa de los ríos, inundaba de tanto en tanto la selva, el reino de Oshosi; quien le reclamaba que la inundación ahogaba y espantaba sus animales de caza. Oshun señalaba que sin ella los bosques morirían de sed; pero la disputa entre ambos creció tanto que finalmente intervino Obbatalá. Oshun dejó de inundar los bosques y pronto estos empezaron a morir por la sequía y los animales a desaparecer. Oshosi se lamentó de la muerte de su reino, mientras que Oshun languidecía ante la falta del contacto con los animales y el bosque. Oshosi tuvo que llamar a Obbatalá por ayuda y este le indicó que solo reconciliándose con Oshun se superaría la crisis. De estos amores nacería Logun Edé; el Orisha que reina entre el río y el bosque y que terminaría viviendo la mitad del año con su madre cuando los ríos inundaban el bosque y la otra mitad con su padre en la selva seca.

Logun Ede

Se cuenta que cuando Oshun inició amores con Shangó, este le exigió que abandonara al bastardo. Aunque Oshun amaba a su hijo, más deseaba convertirse en la reina de los dioses; por ello cuando su hijo curioso entró disfrazado de criada y la espió en la cama con Shangó, la diosa lo castigó transformándolo en un hermafrodita y separándolo para siempre de su lado. Es por ello que en algunas tradiciones Logun Edé pasa a ser el hijo perdido de Oshun, y algunos señalan que es la forma masculina de la diosa, una característica común de todos los Orishas, que tienen dos aspectos generalmente, uno masculino y otro femenino.

Otras versiones señalan que cuando niño Logun Ede; que era curioso y vanidoso como sus padres; y era también desobediente; y un día nadó río adentro, lejos de la orilla. Obba que era dueña de ese río, para vengarse de Oshun, con quien tuvo disputas antiguas por Shangó, comenzó a ahogar a Logun Ede; pero Oya salvaría al niño y prendada de su belleza lo llevó con ella y con su amante de turno Oggún, de quien el chico aprendería el arte de la herrería. Cuando Oya se fue con Shangó, Logun Edé volvía a perder una nueva madre por culpa de Shangó y se generaría un odio permanente en el chico contra el rey de las tormentas.

Logun Ede, que vive entre las aguas y la tierra nunca se caso, ello por su carácter infantil y hermafrodita; siendo su compañía predilecta Yewá; que también vive, como él, sola y entre de dos mundos diferentes (el de los vivos y los muertos). Logun Ede se volvió el enlace entre la tierra y las aguas dulces. Logun Ede paso a representar a la juventud, la belleza, las artes (pintura, escultura) y los ritos de iniciación. Logun Ede heredó de su padre el arco y las flechas y de su madre el espejo; juntos ambos objetos forman su icono.

Ossain

Otro dios menor Ossain (Ozain, Osanyin) es el dios de la naturaleza virgen (una versión masculina de la diosa Artemisa). Dueño y sabio de todos los secretos de la naturaleza, señor absoluto del monte y la vegetación, conocedor de las plantas y sus propiedades, animales y minerales, y por tanto de los conocimientos para salvar la vida. Un día apareció en la tierra y por ello se le desconoce padre y madre. Como Inle, un dios de la medicina, es visto más en el aspecto de farmacia; es también un Orisha de los adivinos. Si Inle es mudo, Ossain es tuerto, manco y cojo.

Oggue

Por otra parte Oggue es el Orisha de los rebaños, fue el hechicero de Shangó y lo salvó de una traición, desde entonces vive junto al rey de las tormentas. Oggue hace una trilogía con Orisha Oko (dios de los cultivos) y Oke, el señor de las montañas; llamado también el trono de Obbatalá; juntos los tres rigen todos los movimientos de la tierra; Oke es puesto como otro hermano de Oshosi e Inlé, pero es inseparable o vinculado a Obbatalá.

Oke

Poco mencionados en las historias, pero muy reverenciados en Nigeria son los dioses gemelos (Ibeji = literalmente Gemelos); en la cultura de Nigeria los gemelos, trillizos y otros partos múltiples son muy agradecidos por los lugareños; significan para la familia bendición y fecundidad; algo a tomar en cuenta considerando las tazas de mortalidad infantil. Nigeria es el país con la taza de nacimiento de gemelos más alta del mundo. En los mitos, aunque los nombres de los gemelos varían, la idea principal del mito es que dos gemelos (niño y niña generalmente) eran muy queridos y amados, ellos eran igualmente alegres y siempre felices, eso hasta que uno de ellos muere ahogado en el río y el otro inconsolable llora la pena; finalmente Olodumare se compadece y da descanso al que sufre.

Ibeji-2

Cuando muere un gemelo se teme en la familia la muerte del otro y por ello se tallan imágenes de madera (llamadas también Ibeji) donde el alma del difunto se pueda albergar y no arrastre al hermano vivo con él al otro mundo. Los Ibeji personifican la fortuna, la suerte y la prosperidad. Son capaces de salvar de la muerte y de lo malévolo; son los patrones de todos los niños. Se encuentran en los caminos de los montes, protegen a los caminantes; esto en base a un mito en el que los caminos entre los pueblos estaban cerrados, quien se aventura a viajar por ellos no volvía. Finalmente los Ibeyis usando unos tambores mágicos dados por Yemanja, quien fue su nana en los mitos, lograron espantar a Abita. En algunas tradiciones los primeros gemelos fueron los hijos de Shangó y Oshun, y criados por Yemanja.

Oranmiyan

Uno de los orishas más extraños fue Oranmiyan; de acuerdo al mito tuvo dos padres, Oggún y Oduduwa, quienes al mismo tiempo (la misma noche) se acostaron con una joven mujer en una de las tantas guerras de conquistas de Oggún. El resultado de esas acciones fue un chico que tenía la mitad del cuerpo piel blanca y la otra mitad piel negra, llamado Oranmiyan. Cuando fue adulto buscó construir su propio reino y recibió de sus ‘padres’ una bolsa que contenía una sustancia oscura, veintiún barras de hierro, una cigüeña, un caracol y una nuez de palma. Sin más el chico bajó al mar y con la ayuda del caracol fabricó un pequeño montículo con la tierra que tenía en la bolsa y sobre ella coloco a la cigüeña, que escarbaba y con los huevos que ponía, estos se mezclaban con la tierra convirtiéndola en tierra firme. Cuando intentaron apoderarse de su tierra tomó las veintiún barras de hierro y creó lanzas y flechas para defenderse. De esta manera se ganó el respeto y el título de dueño y señor de la tierra firme.

Los Loas y la religión haitiana (4) Los mitos africanos originarios (La creación entre los Yoruba)

La mitología Yoruba del Niger se encuentra entre las más evolucionadas de África, comparable a la Greco-Latina, la Celta-Anglosajona y la Nordico-Germana, por la cantidad de dioses (superior al cuatrocientos) y leyendas. Aunque estos dioses no tuvieron templos y lugares de cultos como los espacios europeos; tienen aún hoy, a diferencia de sus equivalentes europeos, adoración y rezos. La creencia en los mismos ya no se limita al continente negro, sino a casi todo el nuevo continente con habla latina (español, portugués y francés) en la costa atlántica y principalmente caribeña; ahí donde los pueblos africanos crecieron y se florecieron, tras haber sido arrancados por las manos esclavistas y plantados en la tierra nueva.

Obbatala

Los Yoruba formaron uno de los reinos más importantes del África precolonial; el Imperio Oyo se extendía en hoy el noroeste de Nigeria. Este imperio iniciado en el siglo XIV creció hasta alcanzar su esplendor entre los siglos XVII y XVIII, cuando incluso absorbieron reinos vecinos como el de Dahomey. Terminaría por caer finalmente ante la presión colonial europea a fines del siglo XVIII y las disputas internas con los reinos africanos que había absorbido, a los que ya no podía controlar. En la tradición Yoruba ocurrió algo muy similar a la cultura romana, donde los emperadores romanos fueron divinizados por sus coterreaneos e igual paso en el pueblo Yoruba. Hubo una correspondencia entre los dioses Yoruba y los míticos primeros reyes, empezando por el primer rey Oduduwa, seguido por la disputa entre sus hijos: Ooni (el primogénito y heredero) y Oranyan (Orungan) el segundo y quien al perder su disputa con su hermano emigra y funda Oyo); Oranyan es sucedido por su hijo Ajaka (Angayú, Aganjú), pero este es reemplazado por su hermano Shangó, Tras la muerte de Shangó, Ajaka regresó al poder, y deifica a su hermano Shangó como dios del rayo y el trueno. Su sucesor Kori terminaría de consolidar al reino.

Fuera de estas leyendas originales sobre el origen del pueblo Yoruba y su reino Oyo; la tradición Yoruba inicia con un creador, un ser todopoderoso del que emana toda la creación. Olodumare es el principio de todo, creador del cielo (Orun, más en el sentido del mundo espiritual) y la tierra (Aye, el mundo material). Es inalcanzable y como su equivalente Nana Buluku es un ser andrógino, principio masculino y femenino a la vez. Olodumare lo podemos identificar perfectamente con Aida Wedo y/o Damballah Wedo, la serpiente arcoiris. Entre el Candomblé brasileño a Olodumare se le conoce como Oxumaré (Oshumaré); aunque en otras versiones Oxumaré es la gran serpiente arcoiris, equivalente a Aida Wedo y es puesta como hijo de Olodumare, así como hermano de Irokó y de Babalú Ayé. Olodumare, como Dios supremo tiene tres manifestaciones: Olodumare, el Creador; Olorun, gobernante de los cielos y la fuente de toda la energía (adorado como el Sol), y Olofi, que es el conducto entre Orun (el cielo) y Ayé (la tierra), el calor que recibimos del Sol.

Olodumare

En la creencia Yoruba se acepta la existencia del Ayanmo (el destino, la suerte); por otra parte el reto de los hombres es volver a ser uno con este principio creador y para ello las acciones y pensamientos de cada persona en el Ayé (el mundo físico) afectan a todos los demás seres vivos, incluyendo a la propia Tierra. Así cada persona busca lograr la trascendencia y alcanzar el Orun (el reino espiritual de aquellos que hacen cosas buenas y beneficiosas), moviéndose entre los ciclos de vida y muerte, y el espíritu humano evoluciona para alcanzar esa trascendencia deseada, esto es volver a ser uno con el creador (una idea nada diferente al pensamiento de tradiciones abrahamica —judía, cristiana y musulmana— de tras la muerte el espíritu se espera reencontrarse con la divinidad en el cielo). Y esta evolución se dice que es más evidente entre los Orishas, los visires divinos del Dios Todopoderoso; siendo los Orishas (Orichas, Orisas o Orixas) las entidades que posee la capacidad de reflejar algunas de las manifestaciones de Olodumare y se les describe a menudo como intermediarios entre el hombre y lo sobrenatural.

Así entre el pueblo Yoruba, la creación inicia con Olodumare (Olorun o Olofi), quien habiendo creado el universo decide dar forma a la tierra para que sea habitable. El mundo material (Ayé) era un lugar cubierto por las aguas y regido por Olokun (literalmente ‘el propietario de los océanos‘, equivalente al Neptuno romano). Olokun es al igual que Olorun, un ser andrógino, vinculado a la sabiduría. En algunas tradiciones Olurun toma el aspecto masculino y Olokun es el femenino, siendo ambos padres de Obbatalá y Oduduwa.

Olokun

Posiblemente ambos (Olorun y Olokun) son aspectos y formas del mismo dios, equiparados así con Dam Aida Wedo y Nana – Buluku. Otras fuentes hacen que en su aspecto femenino a Olokun se le vincule a otras diosas africanas como Yembó, Yemanja y Mami Wata. Los cuentos señalan que Olokun reinaba sobre todo el mar, pero cuando quiso destruir a la humanidad con un diluvio, Olorun lo encadeno por castigo al fondo del mar; así las costas pasaron a ser dominio de Yembo y más tarde de su hija Yemanja.

Retomando la historia de la creación, Olorun al ver que la Tierra era un lugar muy húmedo (cubierto por las aguas) y poco acto para la vida, envió a su hijo predilecto, Obbatalá (rey de pañuelo blanco, también llamado: Osala, Ohala, Oxalá, Orisala, Orishala, Orixalá), a ayudar a crear la tierra. Obbatalá con ayuda de la concha de un molusco recogió la tierra húmeda del fondo marino y la acumuló en un gran montículo, que terminó rodeado por el agua del mar, a este lugar elevado lo llamó Ife (la cuna de la existencia), y en esta tierra fértil las plantas comenzaron a crecer y dispersarse.

Obbatala 1

Viendo el trabajo en la Tierra, Olorun agarró los gases dispersos en el cielo y provocó una explosión que dio forma a una bola de fuego (el Sol), que secó la Tierra aún húmeda. Por ello a Olorun se le asocia el Sol y es visto como el señor de los cielos. La energía o fuerza vital de Olorun se manifiesta en los seres humanos como el Ashé, y está presente en todos los seres vivos. Por lo general, los seres humanos no interactúan directamente con Olorun pero reciben la energía vivificante del Sol y reconocen así el poder de Olorun sobre sus vidas. Obbatalá entonces creó a los humanos del barro por orden de Olorun, quien lanzó el ‘aliento de vida’ a volar a través de la tierra, y en las figuras tomaron vida y se volvieron los primeros pobladores del Ife.

Oduduwa

A Obbatalá se le iba a dar el honor de gobernar la tierra y a los hombres, pero según algunas versiones Obbatalá creó el licor a partir del fruto de la planta de palma y se emborrachó, Olorun temiendo por destino de la creación, envió al hermano menor a terminarla. Oduduwa, la esencia de la conducta, (como Odudua, Oodua se le considera una forma femenina), Oduduwa que ya era un señor del otro mundo y del destino; terminará de dar forma al mundo; y tras su intervención tendremos finalmente los reinos animal, el vegetal y el mineral. Oduduwa se convirtió por tanto en el primer rey de los hombres y les enseñó las normas y costumbres. Oduduwa vive en las tinieblas profundas de la noche; y representa los misterios, rige en los secretos de los Egún (almas de los muertos) y sobre Ikú (la muerte).

Obbatalá y Oduduwa fueron en principio rivales y desde su desliz con el licor, a Obbatalá se le conoce como el dios de los borrachos, título que según algunos no le agrada mucho y por ello se prohibe el licor cuando se invoca al dios; salvo por el licor de Anis. Según algunas relaciones Oduduwa asumió una forma femenina, llamada Odudua, y normalmente asimilada a la diosa Yembó, que sería una primera Yemanja, representando la mar en calma y se volvería su esposa; aunque Yembó también se equipara a Nana Buluku, llamado entre los orishas Nana Buruku, y es a veces llamada Nana Yemanja.

La tradición Yoruba termina su mito de la creación explicando el por qué de la búsqueda de los hombres del creador Olodumare. Según algunos cuentos la explicación de esto es que Olodumare bajaba de tanto en tanto al Ayé a visitar a los hombres y a los Orishas; bajo este aspecto es llamado Olofi; pero al ver las constantes disputas entre los hombres y entre los mismos Orishas, y de estos por tener su atención, terminó regresando al Orun para no regresar jamas y dejó de importarle lo que hacían los hombres y los propios Orishas. Es por ello que el pensamiento de la tradición Yoruba se plantea la permanente búsqueda de volver a ser uno con el creador.

Aunque existe otra versión distinta, en ella el espíritu de la tierra (Obbatalá) llegó a considerarse superior y mejor que el cielo mismo, ya que soportaba le peso del cielo, señalaba que él era tangible y real, mientras que el aire no se podía tocar, ni ver. Olodumare decidió darle una lección y sin decir una palabra elevo los cielos; y la tierra experimentó por primera vez la sed; la sequía y el calor acabaron con casi toda la vida en la tierra; y el sol que antes iluminaba los cielos dejo de hacerlo y surgió la noche y el frío, y los miedos, que sólo existen en la oscuridad. Cuando la sequía se prolongó, el espíritu de la Tierra suplicó al Cielo por agua; y este no respondió. Hubieran muerto todos los seres de no ser por un árbol que sobrevivía, y con cuya sombra cobijó a los animales y a los hombres del calor inclemente de los cielos en el día y del frío en la noche. El espíritu del árbol del mundo se llama Irokó (Iroké); en África era el espíritu de la Caoba, en América su equivalente fue la Ceiba, único árbol que permanece verde oscuro en plena sequía, cuando todos los demás ya se han secado, perdido las hojas y marchitado. Finalmente el árbol produjo flores, cuyas semillas que flotaron en el viento y con ellas suplicó a los cielos por la nueva vida; así el cielo permitió el regreso de las lluvias y la tierra sedienta por fin pudo volver a la vida. Pero Olodumare, que hasta entonces había mantenido a los cielos suaves, llevando lluvia y brisas moderadas, no regresó igual; ahora podían existir temporadas de sequía y de intensas lluvias que ahogaban la tierra, épocas de mucho calor y otras de frío; algunas con vientos suaves y otras con tifones, fue cuando el mal entró en el mundo, el orgullo del espíritu de la tierra lo pagaron muy caro todos los seres que en ella habitaban.

Iroko

Pero incluso el poderoso Irokó no se salvo del pecado del orgullo. Obbatalá (llamado Aragbá en esta historia) e Irokó se habían, tras los hechos anteriores, vuelto rivales, eso hasta que Eshu intervino. Se cuenta que cuando Eshu se convirtió en el dios de los caminos y las puertas (inicio de los ritos) solicitó a los hombres y dioses de la tierra un sacrificio al cielo. Aragbá no se quiso arriesgar otra vez con un mandato de los cielos, pero Irokó se consideró superior al dios mensajero de los cielos; por ello se negó a rendirle culto. Eshu entonces dijo a los hombres que no había nada mejor para construir algo duradero que la madera del árbol de caoba, regalándoles a los hombres el hacha. El gran e indestructible árbol que hasta entonces había sido intocable se vio arremetido por el poder del hacha. La caída de Iroko fue tal que el eco retumbo en todo el bosque, cuando Aragbá escucho el ruido, pregunto que estaba sucediendo y se le dijo que era el Gran Iroko que había caído bajo el hacha del ataque humano. Iroko quedo convertido en puertas, ventanas, mesas y sillas; y aún hoy sigue siendo así, la madera de caoba es una de las mejores para este tipo de actividad. Dentro de la tradición Irokó (caoba o ceiba) es por haber salvado a la humanidad de la ira del cielo el dios de los deseos (buenos o malos), pero tras su caída sus rezos pasan y/o se conjugan con los de Obbatalá (Aragbá, el espíritu de la Tierra).