Cosmogonia 11 – Tiempo de Gigantes

Los mitos de la mayoría de los pueblos incluyen a seres de apariencia antropomórfica y de altura enorme. La variación en la altura puede ir desde duplicar la estatura del hombre promedio (unos tres a cuatro metros) hasta alcanzar las proporciones de montes y montañas (unos cuantos cientos de metros). Resto de aquellos seres sobreviven hoy en los ogros devora niños de los cuentos infantiles y en los troles escandinavos.

Gigantes famosos en otras culturas tenemos entre los nórdicos al primogénito Ymir, quien en aquellos fríos parajes se engendro a si mismo y dio forma (modelo) la nieve y el hielo para crear otros seres semejantes a él; así nacerían la raza de los Jötnar (los gigantes del hielo, en singular Jötunn) y que los griegos identificaron como sus gigantes hiperboreos, todos de menor tamaño que su progenitor original, ademas de monstruos marinos como los gigantescos krakens, los lobos gigantes, mamuts, dragones blancos y otras tantas bestias de aquellos parajes helados. Los dioses del norte (los Ases), con Odín y sus hermanos al frente darían muerte a Ymer, con su carne construirían la tierra y su sangre llenaría el océano, ahogando a muchos de sus hijos y creaciones, así de enorme era aquel gigante.

Entre los semitas (hebreos) los gigantes fueron el resultado contranatural de la unión de ángeles (emisarios/siervos divinos) y las hijas de los hombres. Esta raza fue llamada los Nefilim (Nephilim), termino que traduce ‘los que hacen caer’ (desmoronan). Según los mitos vivieron antes del diluvio y cuando este arrasó la tierra, se llevó y ahogó entre sus aguas a aquellos seres enormes que poblaron los montes de la hoy golpeada Palestina.

Pero la tradición que más gigantes ha dado a los mitos en el mundo occidental ha sido la greco-latina. A diferencia de las otras dos mencionadas en la presentación anterior, los gigantes del antiguo mundo Mediterráneo están asociados, directa o indirectamente, a la primera madre universal, Gea/Gaya la tierra misma, y en segunda medida de los dioses del mar, entre ellos Poseidón fue padre de muchos de aquellos seres tras la era de los titanes y en tiempos de los dioses olimpicos.

Hecatónquiros y Ciclopes

Descendientes directos de Gea/Gaya son los cíclopes, los titanes, los hecatónquiros y los primeros gigantes (nacidos de la tierra), todos seres de proporciones enormes, los primeros de alturas similares a montañas; los últimos más cercanos a los montes.

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Los Hecatónquiros, también conocidos como los centimanos (cien manos), eran descritos como seres con cincuenta cabezas e igual número de pares de brazos; representan para los mortales las enormes tormentas ciclónicas que de tanto en tanto llegan del sur (el mar) y cubren con sus vientos y aguas las costas del norte Mediterráneo, vinculados así a fenómenos metereológicos. Estos gigantes formaron una triada y sus nombres fueron: Briareo (poderoso), Giges (robusto) y Coto (rencoroso).

Los mitos señalan que a estos gigantes, y sus hermanos, los Cíclopes y los Titanes, su padre Urano los había encerrado dentro del vientre de su madre, Gea/Gaya. Cuando Cronos derrotó a su padre Urano, sólo libero a los Titanes, al resto los mantuvo ahí encerrados; pues a los Hecatónquiros y a los Cíclopes los consideraba muy peligrosos para liberarlos sobre la tierra. Los Hecatónquiros, junto con los Cíclopes, fueron liberados luego por Zeus, quien así pudo igualar y superar fuerzas para poder derrotar a su padre y tíos (los Titanes) e iniciar la era de los dioses olímpicos.

Los Hecatónquiros fueron premiados por su ayuda y establecieron sus dominios en el mar adentro. De los tres, Briareo tras su liberación por Zeus paso a habitar el mar Egeo, por ello su mito suele confundirse, fusionarse o sustituir al gobernante original llamado Egeón (Nereo). Se cuenta que cuando Zeus, tras haber esta sido capturado y atado en una cueva por los dioses: Hera, Poseidón y otros más que conspiraron contra el padre de los dioses, la titanesa Thetis (en otras la nereida Tetis, la madre de Aquiles) fue en busca de Briareo, quien pudo soltar los nudos que ataban a Zeus, y hasta ahí llegaron los intentos de los otros dioses de oponerse y derrocar al rey de todos ellos.

De los tres, sólo a Briareo se le conoce esposa y descendencia; su mujer fue la ninfa Cimópolea (Cimo, Cimódoce, Cimótoe, y otras variantes ortográficas… ) [una nereida, o en otras versiones una hija de Poseidón, quien regia sobre las tormentas marinas]. Fruto de esa unión tenemos a Eolica (oios-lykos = loba solitaria), una diosa menor de los mares que hace referencia a aquellos vientos que generaban una ola grande y rompiente que caía sobre los barcos abriéndolos en dos con su fuerza.

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Un segundo grupo de gigantes originales fueron los Cíclopes. Los estudiosos de los mitos señalan dos o tres generaciones de estos gigantes con un único ojo en el frente. Los primeros llamados Cíclopes Mayores fueron los hijos de Gea/Gaya y Urano, su número, al igual que sus hermanos, los Hecatónquiros, es la de una triada; ellos fueron: Brontes (trueno), Estéropes (rayo) y Arges (relámpago); son, como indican sus nombres, representaciones de la fuerzas eléctricas en las tormentas y nuevamente vinculados a la actividad atmosférica. Tras su liberación por Zeus forjarían las armas de los dioses; el tridente de Poseidón, el casco de la invisibilidad de Hades, el arco y las flechas de Apolo y Artemisa, el escudo de Atenea, la lanza de Ares, y otras más, pero sobre todo la poderosa arma de Zeus, el rayo mismo.

Señalan los mitos a una segunda generación de estos señores de la fragua, estos son hijos o descendientes de los anteriores, conocidos como los Cíclopes Menores; y cuya cantidad varia, siendo generalmente cuatro, se conoce los nombres de: Elatreo (forjador), Eurialo (ancho mar), Halimedes (gobernante del mar) y Traco (tosco), pero se incluyen ademas nombres como: Acmonides (hijo del yunque) o Gasteroquerio (golpe en el vientre). La asociación de todos estos seres (mayores y menores) con la fragua y en una cantidad de entre tres, siete o diez hacen que se los vinculen con otros grupos de gigantes y entes primitivos vinculados a las fraguas, tales como: los hecateros, los curetes, los dáctilos, los coribantes, los cabiros y los telquines.

Otro aspecto importante que parece apoyar esta idea es la fisonomía de los estos gigantes, descritos con un solo ojo en medio de la frente, ello no deja de recordar a los herreros modernos y sus cascos de seguridad con un gran visor en medio de la mascara, para proteger los ojos de las chispas que saltan. Posiblemente, y para todos los efectos, se trataban de los mismos seres con versiones e historias adaptadas a las distintas localidades, y asociadas a cultos mistericos vinculados a los secretos de la herrería y la forja de armas; algo que era prioritario para aquellas sociedades de la edad del bronce, como hoy lo es la industria de las armas para los ejércitos modernos. De esta segunda generación se sabe que todos fueron asesinados por Apolo, en venganza por la muerte de su hijo Asclepio, a quien Zeus fulminó con un rayo; arma fabricada por estos gigantes en la fragua de Hefesto, quien para ese entonces ya mantenía a los Cíclopes como sus ayudantes en su residencia bajo el monte Etna.

Los gigantes protogenicos

Los primeros gigantes no fueron el fruto de los amores de Urano y Gea/Gaya; sino el resultado fecundador de la sangre derramada por el dios del cielo sobre la fértil tierra tras su castración; y nacidas de igual forma, era las hermanas de estos gigantes, ellas fueron las ninfas Meliades (dríades de los fresnos) y las Erinias o Furias, señoras de la venganza y castigo. Estos seres (los gigantes) a diferencia de sus predecesores (Hecatónquiros, Cíclopes y Titanes) no estuvieron encerrados dentro del vientre materno y desde su nacimiento vagaron sobre la tierra hasta que fueron eliminados posteriormente por dioses y héroes. Su altura permitió identificarlos con los distintos montes que existían en la península griega, en Anatolia, en los Balcanes, y en las costa de Italia, Sicilia y otras grandes islas del Mediterráneo.

Los gigantes son así vistos dentro de la imaginación de los mortales como los restos petrificados de aquellos seres que fueron derrotados y asesinados por los dioses cuando se opusieron a los mismos, y para aquellos que no murieron en la batalla y terminaron encerrados bajos los montes, aún su furia sale a la tierra y se les pone como la razón de que los volcanes expulsen fuego. Eso hace que en algunos mitos se los tenga como los hijos de la madre tierra (Gea/Gaya) y el ardiente Tartaro, el señor de las mayores profundidades del inframundo, pero esta es también una de las versiones del origen del monstruoso Tifón, por lo que se confunden y mezclan ambos mitos; incluso el destino similar de mostruoso Tifón y del gigante Encelado, hace que muchos los identifiquen a ambos como el mismo ser.

A diferencia del mito clásico (Gea-Urano) del poeta griego Hesíodo (siglo VII a.C), es la relación con los volcanes, el fuego y la tierra lo que hace que el poeta Higinio defienda este segundo enlace (Gea-Tartaro). Sin embargo se aclara que la naturaleza de la obra donde se cita esta segunda paternidad es atribuida a los trabajos de Higinio el astrónomo (supuestamente del siglo II d.C), para diferenciarlo del filósofo latino Cayo Julio Higinio (final del siglo I a.C); pero algunos estudiosos señalan que se trataría del mismo autor y que las obras ‘Fábulas’ y ‘Astronómica Poética‘, que son una serie de compendios de mitos y de leyendas sobre las constelaciones y que se difundieron ampliamente en la Edad Media, son en realidad compilaciones posteriores la obra de Cayo Julio Higinio, pero nada de esto es comprobable a la fecha, siendo para unos un solo autor y para otros dos distintos y con obras escritas diferenciadas.

La batalla entre los dioses olímpicos y los gigantes fue conocida como la Gigantomaquia, para muchos otra versión de la guerra de dioses y titanes. De aquellos gigantes primigenios se conoce que su número rondaba entre doce o trece (tradición clásica) a veinticuatro (según el poeta Virgilio), pero algunos mitos dicen que alcanzaban en número la centena; pero para efectos de la historia de la Gigantomaquia aquellos que atacaron el Olimpo eran igual en número a los dioses y sus aliados.

Se tiene presente además que la mayoría de las peleas contra los dioses fueron producto de los vaivenes de Gea/Gaya; en primer lugar cuando Urano encierra a sus hijos dentro de ella, ella conspira con estos para derrotar a su amante; cuando Cronos asume el control, pero no libera a todos los encerrados, Gea/Gaya conspira con sus nietos para lograr esto último; así los dioses ganan a los Titanes al liberar a Cíclopes y Hecatónquiros; pero la muerte y encierro de los titanes por parte de los dioses hizo que Gea/Gaya volviera a conspirar, ahora contra los dioses (sus nietos y bisnietos) enfrentándolos con los Gigantes; y cuando estos fueron derrotados, engendró al ultimo monstruo, Tifón, para lograr sus deseos. Es quizás el haber perdido en sus dos últimos intentos lo que hizo que Gea/Gaya dejara de meterse e interferir más con los dioses, y dejar las cosas como estaban ya.

Las razones por las cuales los gigantes atacaron el Olimpo sigue estando en duda, ya sea instigación de Gea/Gaya; por una promesa incumplida, como las muchas historias que cuentan de que Hera había convencido al gigante Porfirión de matar a Dioniso a cambio de la mano de su hija Hebe, igual se cuenta de los intentos de Hera de convencer al gigante Ctonio con trato similar, ofreciendole a cambio a Afrodita. Otros cuentan que las disputas se iniciaron por el robo del ganado sagrado de Helios en Sicilia por parte de los gigantes, o por impulso y deseo propio, al enterarse estos que los dioses no podían vencerlos si no iban acompañados de un mortal; lo cierto es que los gigantes un buen día decidieron invadir el Olimpo y alcanzar el cielo.

Estos seres que tenían esa ventaja, eran inmortales a menos que fueran atacados por un dios y un mortal a la vez, según señaló el oráculo. Enterándose de esta situación, se dice que Gea/Gaya descubrió una hierva que impediría tal suceso (ser muertos por un mortal), pero Zeus se adelantó y le dijo a Eos (la aurora) y Helios (el sol) y Selene (la luna) que no brillaran para poder tener los dioses acceso a esta mata antes que los gigantes. Resuelto este problema menor, faltaba encontrar el mortal que quisiera unir sus fuerzas con los dioses, algo que los mortales no les gustaba mucho, ya que los dioses eran para sus efectos muy veleidosos y apoyar a uno implicaba muchas veces molestar a otro. El mortal que fue convocado por los dioses, y convencido por Atenea ante el pedido de su padre de traer su ayuda, fue el más famoso de todos los héroes griegos, el poderoso Heracles (Hércules), que para aquellos tiempos se le conocía más por su nombre de nacimiento, Alcides.

El rey de los gigantes, Eurimedonte (amplia decisión), también es llamado en otras fuentes Porfirión (ebullición), atacó a Hera, seguramente para cobrar en ella misma el pago ofrecido por la diosa, pero los intentos de violación fueron frustrados por Zeus y Alcides, quienes con el rayo y las flechas envenenadas por la sangre de la hidra pusieron fin al rey de los gigantes. Desde entonces Alcides tomo el nombre de Heracles, que traduce, el salvador de Hera, seguramente muy a disgusto de la diosa.

Una de las hijas de Eurimedonte/Porfirion era la giganta Periboia (alrededor del ganado) tuvo con Poseidón un hijo, Nausítoo, quien se volvió el rey de los feacios, reino a cuyas costas llegó luego Ulises/Odiseo tras escapar de la isla de la ninfa Calipso. Los feacios eran un pueblo del mar, descrito por algunos marinos como una raza de gigantes.

Varios de los gigantes terminaron sus dias encerrados por los dioses bajos los montes, siendo así explicación en el mito del origen de los volcanes de las tantas islas del Mediterráneo; así Polibotes (hambriento) fue perseguido por Poseidón, al llegar a la isla de Kos (costa este de Anatolia), el dios agarró un pedazo de la isla y la lanzó sobre el gigante, que quedo aplastado formando el islote de Nisiro (hoy el volcán más joven del mar Egeo). Encélado (exhortación) fue perseguido por Atenea, quien al igual que su tío, empujo sobre el gigante parte del monte Etna, encerrándolo dentro. El monte Etna parece ser famoso lugar para encerrar aquellos que atentan contra los dioses, ya que los mitos también ponen bajo sus laderas al terrible Tifón; por ello el volcán Etna quizás siempre esta encendido, hay demasiados presos abajo gritando por salir.

Mimas, repitió la suerte de sus anteriores hermanos, fue sepultado bajo una masa de hierro fundido por Hefesto con la ayuda del dios Ares quien contenía al gigante mientras tanto; el lugar de su encierro cerca de la isla de las sirenas y es hoy identificado como el monte Vesubio.

Otros gigantes no tuvieron tal suerte, entre las víctimas mortales de aquella batalla entre dioses y gigantes tenemos a: Efialtes (pesadilla) fue muerto por dos flechas, una de Apolo en el ojo izquierdo y la flecha envenenada de Heracles en el derecho; y otro que cayó ante las saetas, esta vez de la diosa Artemisa, fue el gigante Gratión (beodo). Hipólito (guerrero) fue apuñalado por Hermes, quien se acercó al gigante usando el casco de invisibilidad de su tío Hades; Oranion (celestial) y Eurito (ancho) fueron vencidos por Dioniso con su tirso (látigo); luego Dioniso persiguió a Alpo (elevado) hasta Sicilia donde le introdujo su tirso en la garganta, haciendo caer asfixiado al gigante; se dice que la ola que levanto su caída fue tan grande que apago por largo tiempo las llamas del Etna. Apuñalado por la lanza de Ares tenemos a Peloro (piedra); mientras que Clitio (glorioso) fue encendido vivo por las antorchas de Hecate; y finalmente Agrio (salvaje) y Thoos (rápido) fueron golpeados por las Moira (Parcas) con sus mazos de bronce hasta que cayeron al piso.

En un momento de la batalla Hyperbios (afortunado) y Agastenes (adorado) peleaban contra Zeus, mientras Hera a su lado daba fin con una espada a los gigantes Harpolykos (arrogante) y Foitos (pretendiente), cerca Heracles luchaba contra Pancrates (imponente); mientras el gigante Ctonio (de la tierra) era vencido por Demeter; y a su lado Atenea luchaba también contra Erictipo (antojado), tras haber dejado ya en el suelo al gigante Biata (violento).

Otros gigantes fueron principalmente alcanzados por los rayos de Zeus, entre ellos figuran: Alecto (incansable), Chionofilos (nevado), Enfitos (arrojado), Euboios (euforico), Euribias (fuerte), Euforbos (amigable), Euriale (amplio), Damysos (conquistador), Hyperfase (glotón), Molodros (corredor), Obrimos (aplastante), Ochteo (pujante), Olictor (asesino), Otos (desconocido), Rhoicos (rocoso), Theodamas (demonio), Theomises (divino), etc… , todos ellos y todos los anteriores terminaron rematados por las flechas envenenadas por la sangre de la hidra que le lanzó Heracles.

No todos estos gigantes primarios murieron en la batalla contra los dioses, se menciona que Aristeo (elevado) escapó a Sicilia y Siceo (higuera), quien fue perseguido por Zeus hasta Cilicia (Anatolia), ambos encontraron refugio con su madre (Gea/Gaya) quien los transformó en escarabajo e higuera respectivamente.

Otros gigantes hijos de Gea/Gaya

Los Gigantes de la primera generación fueron para los poetas un grupo donde, salvo por algunos nombres que quitan y ponen, es una historia común de lucha contra los dioses y el mortal (Heracles) que le daría muerte. Los que aparecieron luego en otras historias forman un grupo disperso, no todos ya hijos de la tierra, y surgieron como necesarios complementos para reforzar lo heroico de nuevas historias creadas por los poetas de antaño. Este grupo tiene en común su gran tamaño (en todo caso menor que el tamaño de sus predecesores) y fuerza; algunos conservan su apariencia monstruosas, pero ya ello no es necesario de mantener, tal es el caso de Orión, que es descrito como un gigante atractivo, si se puede obviar el tamaño. Un caso particular que será tratado en otra entrada es Tifón, quien dada su naturaleza y la de sus descendientes requiere un trato especial y aparte.

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Estos nuevos gigantes fueron muertos por los dioses y héroes en otras oportunidades (aparte de la gigantomaquia) y otros lugares. Entre ellos tenemos al gigante Alcioneo (el fuerte), quien era rey de los gigantes en una región peninsular de Tracia (costa sureste de los Balcanes) y tenía en don de la inmortalidad siempre que permaneciera dentro de los confines de sus reino. El mito de este gigante se confunde (dado su rango de rey) con el mito del gigante Eurimedonte y se pone muchas veces a Alcioneo como uno de los gigantes instigadores de la gigantomaquia.

Según la leyenda más común se tiene que Heracles se lo encontró en uno de sus viajes y mientras dormía el héroe lo incapacito con sus flechas y maza. Luego sabiendo de su poder y siguiendo los consejos de la diosa Atenea, el héroe arrastró al gigante hasta sacarlo fuera de la región de Trallene (su patria), tan pronto como salió de su tierra natal, el gigante cae muerto por el veneno de las flechas que ya tenía clavadas.

Se cuenta que las hijas del gigante al verlo caer corrieron a su lado y se transformaron en aves, en alciones (martines pescadores). Las siete hijas del gigante (las Alcionides) son a saber: Fitonia (ritmo), Ante (afirmar), Metone (costumbre), Alcippe (tartamuda), Pallene (fatiga), Drimo (lamento), y Asteria (estrella). [Mito que recuerda por su número comparable a las hijas del titán Atlas, las famosas Pléyades, que fueron transformadas en palomas para escapar del gigante Orión].

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En la región de Lidia (región occidental de la península de Anatolia) se tiene que los gigantes Anax (conocido) y Asterión (estrellado) (padre e hijo respectivamente) también fueron asesinados por Heracles, con ayuda de Atenea, cuando el héroe paso por aquellas tierras. El mito indica que la diosa uso las pieles impenetrables de los gigantes para forrar su égida (escudo); pero lo más probable es que se mezcle la narración de esta historia con el mito de la Titanomaquia, donde la diosa dio muerte al titán Palas (lanza) y uso su piel para tal fin (en algunas versiones como la de los poetas Apolodoro e Higino, Palas es citado como un gigante y no un titán). [Igual confusión ocurre con Egeón (tormentoso), muerto por las flechas de Artemisa; pero este no era un gigante, sino otro titán que gobernaba el mar Egeo y que apoyó a los titanes en la Titanomaquia; este titán (Egeón) se asocia o identifica con el dios Nereo que era gobernante del mar señalado en la época de los titanes, pero también se identifica con este nombre a Tifón y al hecatónquiro Briareo].

En la versión lidia Asterio reinaba la isla de Anactoria (Anax+Asterio) despues de la muerte de su padre; fue derrotado por un hijo de Apolo y Arce (una hija del rey Minos); los restos del gigante Asterión fueron enterrados en la pequeña isla de Lade; mientras que Anactora paso a tomar el nombre del héroe conquistador, y aún hoy es conocida como Mileto.

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Damasen (domador) era otro gigante lidio, el gigante había sido criado por la diosa Eris; y era famoso por haber dado muerte a un dragón serpiente en la región de Lidia (oeste de Anatolia); pero algunos estudiosos identifican el mito de Damasen y el dragón como una versión local del propio Heracles, quien en los mitos griegos mató a un dragón lidio que desbastaba la región. En el mito lidio la ninfa Moria (destino) vio como un dragón serpiente estrangulaba y mataba a su joven hermano, Tyllos (árbol); la ninfa pidió la ayuda del gigante Damasen para matar al dragón, mientras ella recuperaba el cuerpo de su joven hermano y usando unas hiervas mágicas lo devolvía a la vida. Los griegos identifican este mito con el de Tántalo y Pélope (el padre que mata al hijo para servirlo a los dioses, quien es luego revivido por las Moiras).

En la gigantomaquia se dice que Damasen murió atravesado por la lanza del dios Ares; y se le identifica también con el gigante Damysos (conquistador), que era conocido como el más rápido de los gigantes. Tan grande fue su leyenda al respecto, que los mitos señalan que el centauro Quirón desenterró los restos de Damysos e implantó los talones del gigante en el héroe Aquiles, explicación tardía en el mito de la gran rapidez en la carrera del mayor héroe griego que lucho en la guerra de Troya.

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Otro gigante libio fue Hilo; pero sobre este gigante hay poca información; y sólo se dice que un río local tomo su nombre y se volvió afluente del río Hermos (hoy río Gerdiz en Turquía). Hilo posiblemente fue eliminado por Heracles cuando estuvo como esclavo de la reina Ónfale en Lidia; pero los griegos lo identificaron con otro gigante, Gerión, que vivía al otro lado del mundo.

Hilo es generalmente un héroe local para los hileos (un pueblo que se estableció en la región norte de Tesalia, en la Grecia continental). Según los mitos Hilo es uno de esos tantos hijos regados por el mundo que dejó Heracles, en este caso cuando el héroe paso por la tierra de los feacios buscando ser purificado por el asesinato de sus hijos (una de los tantos logros de Hera contra el hijo bastardo del marido); en ese lugar tuvo amores con la nayade Mélite (dulce miel), hija del río Egeo (en Corcira, hoy isla de Corfu al oeste de Grecia, supuesta tierra de los feacios). Hilo habría sido adoptado por el rey Eginio de la región, en agradecimiento por la ayuda de Heracles para recuperar su trono. Hilo heredaría luego el trono de su padre adoptivo. Los intentos de Hilo por recuperar la patria de su padre tras su muerte (en el Peloponeso) resultaron fatales para el nuevo rey; pero tres generaciones posteriores lo lograron; siendo este hecho conocido como la invasión dórica del Peloponeso.

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En Arcadia (región del Peloponeso en Grecia) vivió el gigante Azeus (sequía); no está claro de que lado de la lucha entre los gigantes y los dioses luchó, y como murió; ya que otros gigantes arcadianos habían ayudado antes a los dioses. Azeus según el mito fue padre de Lycon (lobo), quien fue rey de los arcadianos, sucedido luego por su hijo Pelasgo, y finalmente por el hijo de este, el rey Licaón (lobo); un rey tristemente celebre por atreverse a servirle a los dioses la carne de su propio hijo Níctimo. Por tal atrevimiento Licaón y varios de sus hijos fueron transformados en lobos (el mito de los hombres lobo); sin embargo la mayoría de los hijos Licaón que lograron escapar de las furia de los dioses, vagaron por toda Grecia y más allá, fundando múltiples ciudades por todo el Mediterráneo. De Níctimo se dice fue luego resucitado por los dioses y reemplazó en el trono a su padre.

Otros gigantes arcadianos citados fueron Hopladamos (brazo armado) y Anytos (realizador). Hopladamos se recordado como el gigante que había ayudado a la diosa Rea, la madre los olimpicos, cuando Cronos, habiendo descubierto el engaño de ocultarle al neonato Zeus fue furioso contra ella. El gigante Anytos (realizador) figura como protector y guardian de la diosa Desponia (hija de Demeter y Poseidón). Hopladamos y Anytos suelen ser ubicados más dentro del Curetes (dioses rústicos, hijos de los Oureas, las montañas, que en Creta ocultaron al infante Zeus de su terrible padre) que como gigantes propiamente, aunque se aclara que los Curetes son descritos también como una raza de gigantes.

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Argos Panoptes (Argos ‘de todos los ojos’) fue un gigante de la región de Argolida, en el Peloponeso griego, cuya capital era la ciudad de Argos. Se le pone como hijo de Gea/Gaya, pero no se aclara el padre; posiblemente como muchos otros fue una creación de la diosa por si misma. El mito de este gigante se vincula a la región y los reyes de la ciudad de Argos, y por ello su ascendencia termina en algunas versiones como hermano o tío de Io, la nayade que provocó su muerte.

Pese a ello, en mayoría de las tradiciones la esposa de Argos Panoptes fue la nayade Ismene, hija del río Asopo, y ambos fueron padres de Yaso, uno de los primeros reyes de la ciudad de Argos. Hijo de este rey tenemos a su sucesor el rey Forbas; y luego al hijo de este, el rey Arestor, quien fue padre de Argus (quien fabrico el navío Argos con el que viajaron los argonautas en la búsqueda del vellocino de oro).

La esposa de Arestor era la nayade Micenas (hija del río Inaco y Melia (miel)), y hermana de esta ninfa era la nayade Io, quien estaba al servicio (sacerdotisa) de la diosa Hera. En otros mitos Inaco es visto como el fundador de la primera ciudad, y como el primer rey de Argos [aquí Yaso y Inaco disputan ese honor, y seguramente se funden sus mitos, en otras tradiciones se elimina este conflicto al poner a Yaso como un hijo o un nieto de Foroneo, hijo de Inaco; siendo Inaco el primero, Foroneo el segundo, y así…; pero hay que tener presente que según las fuentes la genealogía de la primera dinastía de la ciudad de Argos cambia mucho]. Igualmente Io es puesta en algunas versiones como hija de Yaso.

Pese a estas diferencias que para efecto de la historia poco abarcan, todas coinciden que este gigante es descrito como un ser con múltiples ojos (al menos cien), y era un guardián muy efectivo ya que siempre permanecían la mitad de esos globos oculares abiertos, incluso mientras dormía. En un principio Argos estuvo al servicio de los dioses, de Hera fue su adalid, quien lo uso para dar muerte a la ninfa Equidna (vivora) cuando ésta dormía en su cueva. Equidna era la esposa de Tifón, y fue la madre de muchos dragones y otros monstruos de la mitología griega, entre ellos la esfinge, la quimera, cancebero y Orto (los perros de tres y dos cabezas), asi como leones y cerdos monstruosos. Su muerte ponía fin a la generadora de bestias terribles y mortales, algo que su marido Zeus consideraba importante, ya que los héroes sólo probaban su valia a matar a alguno de los hijos de aquella ninfa de los mares; su muerte eliminaba el suministro constante de bestias que los futuros héroes necesitarian.

La principal historia del gigante Argos se vincula a su ultimo trabajo. La ninfa Io había estado siendo perseguida por Zeus. Io que era una sierva de Hera pronto tuvo que soportar la ira de la señora del Olimpo. Zeus para proteger a la amada la transformó en ternera, pero la diosa no pudo ser engañada y exigió como regalo a la blanca vaca; poniendo al gigante Argos a su vigilancia y cuidado. Pero Zeus, rey de los dioses, también sabía jugar y envió a Hermes a rescatar a su amante. El dios de las mentiras y los ladrones, entró disfrazado de pastor, y acunó al gigante para que durmiera con la música de su flauta de cañas, tan pronto todos sus ojos se cerraron el dios puso fin al gigante con su espada decapitándolo, y escapando con la becerra. Al final Hera recompensó a Argos por su servicio poniendo sus cien ojos en la cola de su pájaro sagrado, el pavo real.

Io escapo hasta llegar a Egipto donde nació el fruto de su unión con Zeus, el futuro rey Épafo; quien caso con Menfis (una hija del río Nilo), su hija Libia fue amante de Poseidón y fruto de esta relación nacieron los reyes que en los mitos griegos gobernarían Libia, Egipto, Etiopía, Arabia, Canaan (Palestina), Fenicia, Cilicia y Tracia; y descendientes de estos se volverían reyes de Creta, y la región de Tesalia en Grecia; y varios de ellos disputarían luego el trono de Argos, pero esa es otra historia.

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El último de los gigantes, hijo de Gea/Gaya, digno de mencionar es Ticio/Titio (violador); en primeras versiones es como todos los gigantes un hijo de la madre tierra; mitos posteriores lo ponen como hijo de Elara (una princesa) que fue visitada por Zeus. La joven sabiéndose preñada y conociendo la ira de la esposa del dios, o de su propio padre, se escondió en una cueva, pero al estar oculta ninguna diosa de los partos se presentó a ayudarla, y la criatura siguió creciendo hasta que reventó el vientre materno; siendo el neonato recogido y cuidado por Gea.

Ticio creció con una lujuria desenfrenada y en algún punto de la historia la diosa Hera lo instigo para que violara a Leto; pero los gritos de la diosa oculta atrajeron la atención de sus hijos. Apolo y Artemisa corrieron a salvar a su madre y cubrir de fechas al gigante. Como muchos gigantes este eran inmortal al estar en contacto con su madre, y la fechas poco pudieron contra la bestia; finalmente el propio Zeus tuvo que intervenir enviando al gigante con un rayo hasta el mismo Tartaro, donde fue atado con serpientes vivas y condenado a que su vientre fuera devorado todos los días por un buitre (acto que recuerda un poco el castigo impuesto a el titán Prometeo).

Muchos estudiosos sugieren que Ticio fue algún dios menor ctonico arcaico de Beocia, dada su relación con las cuevas; su apariencia y deseo sexual recuerda a criaturas como los sátiros, pero como muchos de estos mitos ellos fueron luego suprimidos y remeplazados con la llegada de dioses extrajeros vinculados a cultos mistéricos como fueron luego los cultos de Apolo y Artemisa, relacionados a los oráculos, ciclos de Sol y Luna, y a los bosques mismos.

Los gigantes hijos de Poseidón

No todos los gigantes tuvieron final con la gigantomaquia, algunos clanes parecen que nunca se involucraron, o simplemente su presencia parece responder a mitos posteriores donde los héroes luchaban contra tales monstruos, generalmente comedores de carne humana. Poseidón fue padre de muchos de esos gigantes en tiempos de los olímpicos, y muchos de sus hijos terminarían a manos de varios de los héroes, pero principalmente ante Heracles; entre ellos se tiene a: el cíclope Polifemo; los Alóadas; Crisaor, padre del gigante de tres cuerpos Gerión y al cazador Orión, que es puesto muchas veces como un gigante.

gigantes - hijos de poseidon

Por su parte, el héroe Ulises/Odiseo se encontró en sus viajes a varios gigantes antropófagos; entre ellos los cíclopes que habitaban una isla (identificada como Sicilia, la isla donde estos gigantes uni-ojos trabajaban bajo el monte Etna como herreros para el dios Hefesto), y los lestrigones (sorprendentes), otra familia de gigantes que habitaban la isla de Lestrigonia (identificada generalmente como parte occidental de Sicilia, o con la isla de Cedeña). De estos gigantes, su rey Antífates se le pone como un nieto de Gea y Poseidón, siendo el padre de este el gigante Lestrigon, de quien derivaría el resto de la tribu. Otros hijos de esta pareja fueron el gigante Anteo y la ninfa Caribdis (succionadora), quien por intentar cubrir la tierra con las aguas del mar, para así ampliar el reino de su padre, fue transformada por Zeus en un monstruo, y colocada junto a otra ninfa, Escila, que tuvo similar destino; cada una en cada lado del estrecho de Mesina (entre Italia y Sicilia) donde los barcos al esquivar a una de las bestias, terminaban en garras de la otra. Los argonautas fueron capaces de evitar ambos peligros gracias a que los guió Thetis, una de las nereidas. Odiseo siguiendo el sabio consejo de Circe prefirió arriesgarse con Escila y sacrificar parte de su tripulación antes que perder el barco completo con Caribdis.

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De los lestrigones se cuenta que Odiseo y sus compañeros tras haber escapado de la isla de los cíclopes llegan con una docena de embarcaciones a un puerto rodeado por abruptos acantilados, con sólo una entrada entre dos promontorios. Los capitanes metieron sus naves dentro del puerto muy juntas entre sí. Odiseo guardó su propia nave fuera del puerto, amarrada a una roca y trepó a una roca alta para hacer un reconocimiento. Envió a tres de sus hombres para que averiguaran algo sobre los habitantes del lugar.

Los hombres siguieron por un camino y encontraron a una joven que era hija de Antífates, el rey, y ella los condujo a su casa. Cuando llegaron allí vieron una mujer gigantesca, esposa del rey; quien llamó a su marido, y este tan pronto apareció agarro a uno de los hombres y empezó a devorarlo. Los otros dos hombres escaparon horrorizados, pero fueron perseguidos por miles de lestrigones, que eran de tamaño gigantesco; los gigantes lanzaron rocas inmensas desde los acantilados con las que destrozaron los barcos, y arponearon a los hombres como a peces. Odiseo pudo escapar con un único barco por no estar dentro en el puerto; el resto de las embarcaciones y sus tripulantes, se perdieron. La tripulación superviviente llegaría después a morada de Circe en la isla Eea (identificadas como alguna de las islas Pontinas, en la costa de Italia, o algún otro islote cerca de Corcega).

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Los mitos señalan que existe un tercer grupo de Cíclopes, de naturaleza distinta a la de sus parientes herreros y ctonicos; ellos eran más bien granjeros y ganaderos. Esta era una raza de seres de naturaleza antropófaga que vivían en la “isla de los cíclopes“, lugar hoy asociado a la isla de Sicilia, ya que ahí estaba la fragua de Hefesto bajo el monte Etna, y seguramente donde estos seres se asentaron sabiendo que ya habían otros de sus semejantes.

Este grupo de Cíclopes tenía una naturaleza que no era tan ctonica como parecen ser aquellos señores originales de la fragua, y se cuenta que muchos de ellos fueron (al igual que los primeros gigantes) hijos de la sangre derramada por la castración de Urano; hay quienes dicen que ellos eran los monstruosos descendientes de los dioses del mar; resultados terribles y deformes de los amores de dioses y ninfas; siendo el más famoso de estos cíclopes, Polifemo; hijo de Poseidón y Toosa, una de las ninfas las corrientes marinas, hermana de seres terribles tales como Escila, Equidna, descritas todas como seres mitad mujer y mitad serpiente marina; todas ellas hijas de Ceto y Forcis, quienes son descritos como los padres de los monstruos marinos.

De Polifemo se narran dos historias, la primera su rivalidad con el pastor Acis, a quien elimina para así tratar de quedarse con la nereida Galatea; la segunda y más conocido, su encuentro con Odiseo y sus compañeros, quien tras devorar a varios de ellos, es engañado por el héroe griego y cegado por Odiseo y sus hombres, pero pese a que el héroe y el resto de sus hombres escapan de la isla de los cíclopes, no se quedaron sin recibir luego el castigo de Poseidón por haber lastimado a su hijo.

Polifemo había sido advertido de tal desgracia (quedarse ciego) por uno de sus congéneres, el cíclope Telemo, a quien los mitos describen como un vidente, pero no mencionan cual es la ascendencia y/o descendencia de este cíclope; lo más seguro se trataría de algún medio-hermano de Polifemo. En ese entonces el cíclope antropófago había perdido sus hábitos terribles por andar enamorado de una nereida; y contestó a profeta que él ya estaba ciego por la ninfa, menospreciando la posibilidad de que un mortal pudiera dañarlo.

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Anteo (hostil) habitaba en la isla de Irasa, la ubicación de esta isla es dudosa, se dice que estaba ubicada después del estrecho de Gibraltar (Columnas de Hércules) y en las costas de Libia (entendiendo que para los griegos Libia era toda la costa norte de África); siendo esta región lo que hoy serían las costas del actual Marruecos.

Anteo obligaba a los viajeros que pasaban por su tierra a competir con él en un combate de lucha libre; nadie resultaba vencedor de tal evento, ya que al estar conectado a la tierra (su madre) era invencible; y así mató a todos los que se atrevieron a pasar por sus tierras; usando luego los cráneos de sus víctimas para cubrir el templo de su padre Poseidón.

Su suerte terminó cuando Heracles pasó por el desierto libio hacia la tierra de las Hesperides, en su undécimo viaje. Al igual que con los viajeros anteriores Anteo reto al héroe a una lucha; tres veces el héroe lo tumbó sobre el tierra, pero milagrosamente el gigante recuperaba sus brios; dándose cuenta de ello finalmente Heracles lo sujetó por la cintura impidiendo que volviera a tocar la tierra para agarrar fuerza, debilitando al gigante el héroe fue así finalmente capaz de aplastar sus costillas y matarlo.

Los mitos Bereberes dicen que Heracles se unió esa noche con Tingis (Tinga, Tinjis), la mujer de Anteo (y de acuerdo a los mitos locales, una diosa local de la fertilidad), de esas relaciones nació Sufax (vigilante), y este ocupó el puesto de guardia del país de los Bereberes que antes era ocupado por el esposo de su madre. Muchas de estas tribus nómadas del desierto ponen a Sufax como uno de sus antepasados; y atribuyen a él y sus descendientes la creación de varias ciudades importantes en las rutas de comercio que abarcaron los antiguos reinos de Mauritania y Numidia (desde Marruecos a Túnez, por la costa norte de África). Entre ellas se cuentan la ciudad de Tingis, y hoy en grafía árabe es llamada ciudad de Tánger, ubicada en el lugar donde se dice fue sepultado Anteo y nombrada así por la madre de Sufax; de igual forma la ciudad Sfax en Túnez es nombrada por el hijo de Heracles; indicando lo extenso del territorio que abarcaron sus conquistas.

También los mitos señalan que de Tingis y Anteo tenían una hija, el nombre de esta niña no está claro, figuran entre ellos: Alceis, Barce o más comúnmente Ifione. Algunos escritos dicen que el héroe griego no sólo se acostó con la esposa del gigante, sino con la hija también; atribuyéndole a la relación un hijo llamado Palemon (luchador), al que debemos no confundir con el dios griego encargado de los puertos. Lo más probable que Palemón sea aquí un sobrenombre para Sufax; ya que también era un alias usado para alabar a su padre Heracles.

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Los Alóadas (los que aplastan) eran dos gemelos, hijos de Poseidón e Ifimedia (hija del rey Tríopas, uno de los helíadas, hijo Helios y la ninfa Rodo; Ifimedia era esposa del rey Aloe de la región de Acaya, en el Peloponeso). Los gemelos fueron conocidos como Oto (buho) y Efialtes (saltador), y pronto se descubrió su naturaleza divina ya que crecían cada año un codo de ancho y tres de altura. Cuando tenían nueve años sus cuerpos medían nueve codos de ancho y veintisiete de altura (unos cinco metros de ancho y catorce metros de alto aproximadamente, esto es ocho veces la altura humana promedio).

Los Alóadas eran famosos en las primeras historias de Grecia por su extraordinaria fuerza y su espíritu atrevido; se dice que ellos fueron al rescate de su madre y hermana Pancrátide cuando fueron raptadas por piratas tracios; y aunque pudieron matar a los secuestradores y rescatar a su madre, su hermana moriría en el asalto. Se les atribuye la fundación de la ciudad de Aloium en Tesalia, y el haber sido los primeros de todos los hombres que adoraron a las Musas en el monte Helicón. Fueron adorados como héroes también por los pobladores de la isla de Naxos, lugar donde fueron llevadas su madre y hermana por los piratas, y donde fueron a rescatarlas los gemelos. En estos lugares los Alóadas eran representados como un par de jóvenes cazadores, que terminaron sus días por una disputa entre ellos.

Otras leyendas no los muestran tan favorables, desde temprana edad, amenazaron a los dioses con la guerra, y trataron de poner montes unos sobre otros para alcanzar el Olimpo [similar a lo ocurrido en la gigantomaquia, y posiblemente el mito se confunde por que Efialtes era también el nombre de uno de los gigantes que atacó el Olimpo colocando montes sobre montes para escalar al cielo, y este gigante fue asesinado por Apolo en la gigantomaquia]; por ello Homero dice que los Alóadas habrían cumplido su objetivo, si se les hubiera permitido crecer hasta la edad de la virilidad; pero Apolo frustró sus planes y los destruyó antes de que comenzaran a aparecer sus barbas. Según Higinio, Apolo envió un ciervo entre ellos y al intentar capturarlo se mataron entre ellos. Apolodoro sin embargo no los hace perecer por intentar tomar el Olimpo; sino por el hecho de que amontonaron las montañas una sobre otra, y amenazar con cambiar la tierra en el mar y el mar en la tierra.

En la mayoría de los mitos sobre estos gigantes se cuenta que Ares fue el primero en enfrentarlos, pero los gigantes lo encerraron en un barril, lugar donde permaneció por más de un año antes de ser rescatado por Hermes, quien supo donde se encontraba atrapado. En otras versiones sólo fue liberado cuando Artemisa se ofreció a acostarse con Oto, lo que hizo que Efialtes sintiera envidia y se pelearan. La diosa se transformó en cierva y huyó saltando entre ellos. Los Alóadas, que no querían dejarla escapar, arrojaron las lanzas y así cada uno mató al otro. Como castigo por su presunción se cuenta que en el reino de Hades fueron atados a un pilar con serpientes, con la cara vuelta el uno al otro, y fueron perpetuamente atormentados por los gritos de un búho.

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Crisao (espada dorada) es según Hesiodo el hijo de Poseidón y la gorgona Medusa. En los mitos las gorgonas (las terribles) eran hijas de los dioses marinos Forcis y Ceto; cuando terminó la titanomaquia, estas ninfas de gran belleza, en oposición a sus hermanas las Greas (las grices/las viejas), fueron invitadas al Olimpo. Las versiones cambian sobre las circunstancias, pero el punto común de todas las historias es que Poseidón se acostó con Medusa en el templo de Atenea. La diosa tuvo poca piedad con aquella hija de los mares, y tal fue su rabia que transformó, no sólo a Medusa, sino a sus hermanas también, en grotescas criaturas.

Las gorgonas son descritas con alas de oro, garras de bronce y colmillos de jabalí en sus bocas; pero su rasgo más conocido son las serpientes donde ante hubo hermosas cabelleras (imagen que comparten con otras criaturas ctonicas como las erinias/furias); tal era su terrible aspecto que congelaban y convertían en piedra a aquellos que se atrevieran a mirarlas. La furia de Atenea fue contra la gorgona Medusa tan grande que de las tres, ella era la única mortal (podía morir a manos de mortales).

Correspondió al héroe Perseo, hijo de Zeus, el destino de vencer a la gorgona; y el joven recibió la ayuda de la diosa Atenea, quien le dijo como matar al monstruo. Se cuenta que a la muerte por decapitación de Medusa, nacieron de la misma dos criaturas, una era el caballo alado Pegaso y la segunda un joven que nació todo armado (al igual que Atenea cuando nació por la cabeza de su padre Zeus), de nombre Crisao, aunque en otras historias el joven gigante es reemplazado por un jabalí alado.

Perseo poco se fijo en aquel chico, ya que tan pronto vio a Pegaso, se montó en el potro y voló para retornar a su tierra y entregar la cabeza al rey Polidectes, quien pretendía desposar a la fuerza a la madre del chico. En su camino de regreso uso el poder de la mirada de Medusa para convertir en piedra al titán Atlas (convirtiéndose en la cordillera de montañas que hay el noroeste de África y que toman el nombre de titán), quien así pudo descansar de soportar el peso del firmamento; transformó en piedra también a Ceto, quien como dragón marino iba a devorar a Andromeda, sacrificio humano ofrecido para apaciguar la ira de los dioses del mar, cuando la reina Casiopea de Etiopia los ofendió al asegurar que su hija era más hermosa que las hijas del mar; y termina con el chico volviendo piedra a Polidectes y su corte, al rescatar a su madre. La cabeza de la gorgona fue entregada finalmente en el templo de Atenea, y la diosa la coloco en su égida (escudo).

De Crisao, salvo por su milagroso nacimiento no hay más referencias; se le pone como un rey en Iberia (España), posiblemente antepasado directo de los reyes de la mítica Tartessos. Crisao desposó a la oceánide Caliore (bello flujo); fruto de esa unión tenemos a un gigante que sobrepaso por su apariencia en fama a su padre. Gerión (de la tierra) es descrito como un ser con tres cuerpos unidos en el torso; vivía en la isla de Eritrea (roja) en el extremo occidental donde Océano rodea la tierra (la región que se identifica actualmente con la región donde esta la actual ciudad de Cáliz).

Se cuenta que Gerión poseía un fabuloso ganado cuyas pieles eran del rojo a la luz de la puesta del sol. Heracles fue enviado en su décimo trabajo a conseguir, sin pedirlo, ni comprarlo, dicho ganado. Cuando el héroe llegó a la isla se encontró primero y mató con su masa al perro guardián de dos cabezas Ortos, quien había olido su presencia; luego el pastor Euritión (honrado) quien había acudido a ayudar al fiel perro; y finalmente al propio Gerión, a quien dio muerte con una de sus flechas envenenadas, atravesando de un tiro los tres corazones del gigante. Hoy se cuenta que las cabezas del gigante están enterradas en el mismo lugar donde se levantó la Torre de Hércules en La Coruña. Con esta tarea completa el héroe puso el ganado en su barco y los condujo de nuevo al Peloponeso griego. Algunos proponen que las actuales constelaciones de Orión, Tauro, Canis Major y Canis Menor; eran en tiempos de los antiguos griegos identificadas con el gigante Gerión, su ganado y su perro de dos cabezas Orto.

Eritia (roja) hace mención a dos ninfas distintas, la primera es una Hesperide, la segunda una hija de Gerión, y quien daba el nombre de una de las islas frente a Tartessos, mítica civilización de la edad del bronce asentada en la hoy desembocadura del río Guadalquivir. La hesperide Eritia es puesta como madre de Euritión junto con el dios Ares; por otra parte la Eritia hija del gigante Gerión fue madre con Hermes de Norax, mítico héroe de Tartessos, fundador la ciudad de Nora, la primera en la isla de Cerdeña.

En otra versión de la historia se contaba en todo el mundo antiguo de la belleza del ganado del rey Crisao; del rey se sabía que tenia tres hijos, trillizos; y del padre y de sus hijos se contaban historias de valentía en los combates y en la guerra; además se decía que cada uno de estos hijos tenía a su disposición grandes fuerzas reclutadas de las tribus guerreras vecinas. Fue por estos informes que Euristeo, pensando en cualquier expedición contra estos ellos sería demasiado difícil para tener éxito, había asignado el décimo trabajo a Heracles, (robo de los bueyes de Gerión) que acabamos de describir; y Heracles, al darse cuenta de que la tarea requería preparación a gran escala e implicaba grandes penalidades, reunió un armamento notable y una multitud de soldados, como sería adecuado para tal expedición. Los hermanos, que actuaban como uno solo, no atacaron a Heracles a motu proprio, sino que, viéndolo robar sus reses, procedieron a recuperar lo que les había sido arrebatado por medio de la fuerza

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Orión es uno de esos héroes/gigantes de la mitología clásica que a diferencia de otros como Heracles/Hércules, Perseo, Jasón o Teseo, no tuvo a ningún poeta que registrara su historia. Aparece como nota marginal en muchas obras, entre ellas Homero lo cita en la Ilíada como una constelación y la estrella Sirio como su perro; y en la Odisea, el protagonista (Odiseo) lo ve cazando en el inframundo con un garrote de bronce, y Virgilio, en la Eneida, muestra a Orión como un gigante vadeando el mar Egeo. En la obra de Hesíodo, ‘los Trabajos y los días‘, Orión es también una constelación cuyos movimientos son usados para datar las faenas agrícolas; pero la leyenda más extensa que Hesíodo dio sobre este héroe se encuentra en una obra perdida. Es sobre esta historia perdida que otros autores hicieron sus propias adaptaciones; las principales diferencias entre las distintas versiones de su historia se encuentran en su nacimiento y su muerte; otros mitos han sido incluidos en la historia como complementos, así como son distintas las muchas peleas extras de Heracles vinculadas a sus doce trabajos.

Del nacimiento de Orión se dan dos historias básicas. La primera es que Orión es hijo de Poseidón y Euriale, normalmente una hija del rey cretense Minos; pero los nombres de la hija del rey pueden variar, e incluso la madre, en una de mis versiones preferidas Euriale (terrible) no era otra que una de las gorgonas, una hermana de Medusa. La segunda versión pone a Orión como hijo de tres dioses, Zeus, Poseidón y Hermes, quienes viajando por Beocia se hospedaron en la casa del rey Hirieo de Tanagra; por su hospitalidad los dioses le ofrecieron un deseo y el anciano rey pidió un hijo. Los tres dioses orinaron sobre una piel de buey y la enterraron, a la décima luna el rey exhumo la piel y encontró a un niño dentro al que llamó Orión (urea/orina); pero el nombre también se vincula a la fuerza dadora de vida de la madre tierra (nacido de la tierra); y por tanto el nombre Orión se relaciona con los Ourea (las montañas), siendo así emparentado o identificado como un gigante.

Orión fue seguramente uno de esos tantos héroes del mundo griego, y cuyo mito se funde con otros, como el caso del Horus ciego de Egipto; el cazador Cefalo, seducido por la diosa Eos; el cazador Acteón que fue transformado en ciervo y muerto por sus propios perros cuando si querer vio a Artemisa bañándose mientras él estaba de cacería; e incluso el gigante Ticio que intentó violar a la diosa Leto, muerto por las fechas de Apolo y Artemisa.

Orión es descrito como un gigante majo, seguramente era en comparación a los pobladores de aquellos tiempos un hombre de gran altura, sin ser necesariamente un gigante en el sentido estricto, y su vida estuvo atrapada en amores no correspondidos.

Cuando joven Orión cazaba en su tierra natal y en una de esas tantas cacerías descubrió a las hijas del titán Atlas, desde entonces y durante siete años persiguió a las ninfas Pleyades; finalmente los dioses intervinieron, en unas versiones Zeus, en otras Artemisa, y transformaron a las ninfas en palomas, y estas subieron al cielo, lejos del gigante que las acosaba, formado el pequeño y brillante grupo de estrellas que llevan su nombre.

Es sobre esta leyenda que el poeta Higino conecta Orión con una de las constelaciones más reconocidas de los cielos. Según la versión del poeta cuando Orión perseguía a las ninfas, Zeus interpuso entre ellas y el cazador y sus perros a un toro (Tauro); las ninfas ya como palomas están a un lado del toro; y Orión y sus dos perros (Canis Mayor y Canis Menor) del otro lado; la constelación de la liebre, a los pies del cazador es una constelación moderna, y se pone como la presa que persiguen modernamente los perros.

Se dice que Orión tenía de su padre (Poseidón) el don de caminar sobre las aguas, así llegó a la isla de Quios (próxima a la costa de Turquía) donde Orión se enamoró de la hija del rey, Hero (también llamada Erope o Merope (elocuente)) y pidió su mano. El rey Enopión (beodo), hijo de Dioniso y Ariadna, había emigrado desde Creta con su esposa e hijos, y se había establecido en Quios, enseñando a sus habitantes el arte de fabricar el vino, y no estaba dispuesto a entregar a la joven, así que entretuvo al pretendiente enviándole a cazar toda bestia salvaje que hubiera en la isla. Finalmente las presas y la paciencia del cazador se fueron agotando, y Enopión fingiendo ceder ante el cazador, emborrachó una noche a su huésped, le sacó los ojos y lo abandonó en la playa. [Se señala que en algunos mitos este fue el castigo que dio el rey al cazador que violo a su hija, en otros que Hero/Merope no es la hija, sino la esposa, o una de las concubinas del rey].

Orión entonces viajó a través del mar hasta la isla de Lemnos, guiándose por los sonidos de los martillos y yunques de la fragua de los cíclopes, ahí pidió ayuda al dios Hefesto para recuperar su vista. El dios puso como lazarillo a Cedalión (puro), uno de sus jóvenes ayudantes en la fragua. [Cedalión pudo ser uno de los Caberios, hijos del dios de las fraguas y la ninfa Cabeira, una hija del dios Proteo; o podía tratarse de alguno de los jovenes cíclopes]. Cedalión guió a Orión, montando en los hombros del gigante, hasta el lugar donde asciende el sol. Apolo entonces restauró su visión [En los mitos se dice que fue el dios Helios, pero seguramente para aquellos tiempos ya Apolo conducía el Sol, tras el desastre provocado por Faetón, y Apolo es también dios de la medicina, poder que no tenía el anterior conductor del carro solar, y en algunas historias fue el hijo de Apolo, el dios Asclepio, quien curó la visión del gigante]. Con su visión restaurada Orión regresó a Quios para exigir su venganza, pero el rey se escondió en una cámara subterránea de bronce construida por ordenes de Poseidón por el mismo Hefesto. Viendo lo inútil de sus intentos, Orión finalmente abandono la isla y regreso a Grecia. [Esta historia nos recuerda un poco el mito del dios egipcio Horus, cegado por su tío Seth en su lucha por el trono de Egipto].

Con otro de sus planes de conquistas amorosas resultando infructuoso, Orión llegó finalmente a la isla de Delos, donde se convirtió en un compañero de caza de la diosa Artemis. En algunos mitos se pone a la diosa como la amante del cazador; en otros como la enemiga y asesina del mismo. Es sobre la muerte de este gigante que, al igual que el nacimiento, las versiones proliferan. La más conocida es que Orión se jactó de poder dar muerte a toda las bestias en la tierra; eso disgustó a Artemis, o a la propia Gea/Gaya, quien envió una modesta criatura, un escorpión picaría al cazador y con su veneno le daría muerte. En otra de las versiones Orión intentó violar a Artemis y ella es socorrida por el ponzoñoso arácnido, o fue Apolo quien envió al escorpión para defender a su hermana.

Las segunda de las versiones es que Orión murió a ser alcanzado por las flechas de la diosa; las circunstancias de esta muerte también varían; están el atrevimiento de Orión de intentar cazar toda bestia en la tierra, que Orión reemplazó a la diosa por perseguir al Eos (diosa de la aurora), por intentar violar a Opis, una de las sacerdotisas de la diosa, o tratar de violar a la diosa misma; también se cuenta que Apolo, molesto por la relación amorosa de su hermana y el gigante, cuando el gigante estaba bañándose en un lago a la distancia que era irreconocible, engaño a su gemela apostándole que no podía alcanzar con sus flechas al bulto oscuro que se podía observar en el lago, y acertándole la chica mató a Orión.

Tras su muerte, a petición de la diosa (Artemisa), Zeus acepto colocar a Orión, o al escorpión que la defendió de los ataques del gigante, en los cielos. Así Orión acompañado de sus perros, es elevado a los cielos y persigue infatigable nuevamente a las Pleyades, separado de ellas por el toro (Tauro). Los dioses elevaron a Orión y al escorpión (ahora del tamaño del gigante) a los cielos, colocándolos en extremos opuestos de la bóveda celeste, de forma que cuando Escorpio sale por el horizonte, Orión se oculta huyendo del animal que causó su muerte.

Los últimos gigantes

Los últimos gigantes son los restos de cuentos creados por poetas clásicos y latinos para condimentar sus épicas historias. Entre estos se tiene al gigante latino Caco, nombrado por Virgilio en su Eneida, como condimento latino a la historia del décimo trabajo de Heracles/Hércules, en su regreso con el ganado del gigante Gerión; y Talos, un androide mecánico construido por Hefesto y que custodiaba las costas de Creta, según narra Apolodoro en su gesta sobre el viaje de los argonautas.

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Polifonte (asesina) era una nieta del dios Ares. Deseando seguir siendo una virgen huyó a las montañas para hacerse sierva de la diosa Artemisa. Afrodita, que consideraba la virginidad algo absurdo y despreciable en una mujer, y quizás para molestar a la virginal diosa de las forestas, provocó en la chica una lujuria incontenible y Polifonte se unió en la montaña con un oso. Pasada la demencia la chica tuvo que huir del bosque, temiendo el castigo de Artemisa, y regreso a casa de su padre; donde dio a luz a dos híbridos humanoides (el resultado de su unión con el oso). [Este mito parece combinar los mitos de Pasifae (la brillante) y su unión con el toro sagrado de Mimos, y cuyo fruto contranatura fue el nacimiento del Minotauro come hombres, y el mito de Calisto (la bella) transformada en osa por Artemisa por el atrevimiento de violar sus votos de celibato].

Agrio (salvaje) y Oreo (montaña) crecieron hasta que se convirtieron en enormes hombres de inmensa fortaleza; por su naturaleza salvaje no honraban ni a los hombres, ni a los dioses; y de hecho eran caníbales que atacaban a extraños en el camino. Zeus que despreciaba tales actos (el canibalismo) envió a Hermes a castigarlos como le pareciera, y pronto fueron capturados y atados, y el dios casi les amputa las extremidades si no fuera por la intervención de Ares, bisabuelo de los gemelos; para que se conmutara la sentencia. Polifonte fue transformado en una pequeña lechuza, Oreo convertido en un búho real (un ave de mal agüero cuando se ve) y Agrio se convirtió en un buitre (cuyo habito de comer cadáveres era desagradable a los dioses); de estos castigos no se salvó ni la sierva de Polifonte, que ayudó a criar a los monstruos y que fue transformada en pájaro carpintero (supuestamente un signo de buena suerte si se ve antes de una caza).

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En la mitología romana, Kako (Caco) (malvado/ladrón) era un hijo de Vulcano (Hefesto). Su mito aparece en la Eneida de poeta romano Virgilio, y se pone como un complemento a la aventuras de Heracles/Hércules en su décimo trabajo en su paso por Italia.

De acuerdo a la historia, Heracles condujo el rebaño de bueyes tras haber derrotado a Gerión, hasta que llegó a las orillas del Tíber. Mientras los dejaba pastar, se durmió y Kako, robó cuatro parejas de bueyes que condujo a su cueva. El robo hubiera pasado desapercibido por el héroe si no fuera que cuando el rebaño paso cerca de la cueva los bueyes dentro empezaron a llamar a sus hermanos fuera. Kako había trancado la entrada con una roca enorme que mantenían sujeta unas cadenas forjadas por Hefesto/Vulcano; entonces el héroe a arrancó la cima de la montaña para abrirse paso hasta la cueva.

Kako era descrito como un gigante, parte humano y parte sátiro, vivía en una cueva del monte Aventino en la región del Lacio (lugar de la Roma actual), y en su puerta colgaba, para horror de los habitantes, las cabezas sangrantes de los humanos que devoraba. Herencia de su padre, dios de los volcanes, Kako tenía la capacidad de escupir remolinos de llamas y humo; y cuando Heracles se abrió paso por la montaña, el gigante escupió humo para ocultarse y espantar al héroe; pero Heracles sin amilanarse se dirigió a la zona en la que el humo era más denso y estranguló a gigante, recuperando a los bueyes.

En algunas versiones Kako tenía una hermana, Kaka (Caca); y fue ella quien le dijo al héroe donde se encontraba la cueva de su hermano. Kaka era una primitiva diosa menor del hogar en la región del Lacio, papel que ocuparía luego la romana Vesta (la Hestia griega). Así algunos proponen que Kako y Kaka eran originalmente una pareja local de Penates, dioses/genios del hogar, vinculados a proteger las despensas domesticas y la cocina.

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Nuestro ultimo gigante no se trató de un ser vivo; sino de una creación mecánica; era un androide antropomórfico de bronce creado por Hefesto, dios de la fraguas, en unos casos por solicitud de su padre, Zeus, y que fue otorgado como regalo a la princesa Europa; en otras versiones un regalo del dios herrero al rey Minos. Historias diferentes ponen al gigante como una creación del talentoso Dédalo (creador del laberinto del Minotauro), o el último de una temible raza de gigantes de bronce. Este gigante mecánico permanecía como guardia de la isla, recorriéndola dos a tres veces cada día; impidiendo la entrada a los extranjeros y la salida sin el permiso del rey salir a los habitantes del lugar. El castigo por tal acto era que el gigante se metía se metía en el fuego hasta calentarse al rojo vivo y luego abrazaba a sus víctimas hasta calcinarlas.

Cuando Jasón y los argonautas llegaron a Creta tras obtener el vellocino de oro, el gigante les impidió desembarcar arrojando grandes rocas a la bahía donde intentaban tocar tierra. Pero la bruja Medea conocía su debilidad, la vida del gigante androide era por la acción del icor (la sangre de los dioses) que circulaba en su interior hueco, y que era irrigado por una única vena diminuta que lo recorría desde el cuello al tobillo, donde estaba rematada por un clavo que le impedía desangrarse, y ese era su único punto débil [un poco el mito de Aquiles y su talón].

Distintas variantes se dan respecto a como este pequeño clavo fue retirado; la versión más razonable es que algunos de los hombres de Jasón lograron acercarse lo suficiente y con flechas u otra arma rompieron el clavo en el talón, derramándose la sangre divina que lo mantenía vivo. Otras versiones, las más comunes, ponen que la bruja Medea engañó al gigante haciendo que este se quitara el clavo por su propia cuenta.

El planeta Vulcano, un fantasmal mundo entre el Sol y Mercurio

En 1840, François Arago, director del Observatorio de París, sugirió al matemático francés Urbain Le Verrier que trabajaran en el tema del movimiento orbital del planeta Mercurio alrededor del Sol. El objetivo de este estudio fue construir un modelo basado en las leyes del movimiento y la gravitación de Sir Isaac Newton. En 1843, Le Verrier publicó su teoría provisional sobre el tema, que se probó durante un tránsito de Mercurio a través de la cara del Sol en 1843. Al final resultó que, las predicciones de la teoría de Le Verrier no lograron igualar las observaciones.

Le Verrier renovó su trabajo y, en 1859, publicó un estudio más exhaustivo del movimiento de Mercurio. Esto se basó en una serie de observaciones meridianas del planeta, así como catorce tránsitos. El rigor de este estudio significaba que cualquier diferencia entre la observación y los calculos serían causados por algún factor desconocido. De hecho, todavía quedaba alguna discrepancia. Durante la órbita de Mercurio, su perihelio avanza una pequeña cantidad cada órbita, técnicamente el fenómeno fue llamado precesión del perihelio. El fenómeno era algo predicho por la mecánica clásica, pero el valor observado difería de el valor predicho por la pequeña cantidad de 43 segundos de arco cada siglo.

Le Verrier postula que el exceso de precesión podría explicarse por la presencia de un pequeño planeta dentro de la órbita de Mercurio, y propuso el nombre de Vulcano para este objeto. En la mitología romana, Vulcano era el dios del fuego, la herrería y los volcanes, por lo que era un nombre adecuado para un planeta tan cerca del sol. Reciente éxito de Le Verrier en el descubrimiento del planeta Neptuno utilizando las mismas técnicas prestó veracidad de su afirmación, y los astrónomos de todo el mundo trataron de observar al nuevo planeta, pero nunca se encontró nada.

Vulcano _planeta hipotetico

En diciembre de 1859, Le Verrier recibió una carta de un médico francés y astrónomo aficionado llamado Edmond Modeste Lescarbault, quien afirmó haber visto un tránsito del planeta hipotético que a principios de año. Le Verrier tomó el tren hasta el pueblo de Orgères-en-Beauce, a unos 70 kilómetros al suroeste de París, donde Lescarbault había construido un pequeño observatorio. Le Verrier llegó sin previo aviso y procedió a interrogar al hombre.

Lescarbault describe en detalle cómo, el 26 de marzo de 1859, se dio cuenta de un pequeño punto negro en la cara del Sol, que estaba estudiando con sus modestos 3,75 pulgadas (95 mm) refractores. Pensando que era una mancha solar, Lescarbault no estaba sorprendido primero, pero después de algún tiempo había pasado se dio cuenta de que se estaba moviendo. Habiendo observado el tránsito de Mercurio en 1845, supuso que lo que estaba observando era otro tránsito, este un cuerpo que no había sido descubierto. Tomó algunas medidas precipitadas de su posición y la dirección del movimiento, y el uso de un reloj viejo y un péndulo con el que tomó el pulso a sus pacientes, se estima que la duración del tránsito en 1 hora, 17 minutos y 9 segundos.

Le Verrier pensó que estaba convencido de que Lescarbault había visto el tránsito de un planeta desconocido. El 2 de enero 1860 se anunció el descubrimiento de Vulcano a una reunión de la Academia de Ciencias de París. Lescarbault, por su parte, fue galardonado con la Legión de Honor y el invitado a comparecer ante numerosas sociedades científicas. Sin embargo, no todo el mundo acepta la veracidad de ‘descubrimiento’ de Lescarbault. Un eminente astrónomo francés, Emmanuel Liais, que trabajaba para el gobierno de Brasil en Río de Janeiro en 1859, afirmó que había estudiando la superficie del Sol con un telescopio el doble de potente que Lescarbault en el momento en que Lescarbault dijo que observó a su misterioso tránsito. Liais, por lo tanto, estaba en condiciones de negar, de la manera más positiva, el paso de un planeta sobre el sol en el momento indicado.

Basado en ‘tránsito’ de Lescarbault, la órbita de Le Verrier calculada para Vulcano señalaba que debía girar alrededor del Sol en una órbita casi circular, a una distancia de 21 millones de kilómetros (0,14 unidades astronómicas). El período de la revolución fue de 19 días y 17 horas, y la órbita se inclinaba a la eclíptica de 12 grados y 10 minutos (un increíble grado de precisión). Así visto desde la Tierra, la más grande elongación de Vulcano respecto al Sol era de 8 grados.

Numerosos informes —no todos ellos fiables— comenzaron a llegar a Le Verrier de otros astrónomos aficionados que afirmaron haber visto tránsitos inexplicables. Algunos de estos informes hace referencia a las observaciones hechas muchos años antes, y muchos no pudieron ser fechados correctamente. Sin embargo, Le Verrier continuó jugando con los parámetros orbitales de Vulcano con cada nuevo avistamiento reportado que llegaba. Con frecuencia anunciando fechas para futuros tránsitos de Vulcano, pero estos no se materializaban. Así desde mucho antes de la propuesta de Vulcano, a inicios del siglo XIX, hasta casi finalizar el siglo se reportaron múltiples observaciones del objeto, pero ninguna definitiva.

En 1877 Le Verrier murió convencido de haber descubierto otro planeta. Con la pérdida de su principal defensor; sin embargo, la búsqueda de Vulcano amainó. Después de muchos años de búsqueda, los astrónomos dudaban seriamente la existencia del planeta. En 1915 la teoría de la Relatividad de Albert Einstein da un enfoque totalmente diferente para entender la gravedad de una forma distinta a la mecánica clásica, resolviendo el problema. Las ecuaciones de la relatividad predicen exactamente la cantidad observada de avance del perihelio de Mercurio sin recurrir a la existencia de un hipotético Vulcano. La nueva teoría modifica las órbitas predichas no sólo de Mercurio, sino de todos los planetas, pero la magnitud de las diferencias con respecto a la teoría de Newton disminuyen rápidamente a medida que uno se aleja del sol. Además, la órbita bastante excéntrica de Mercurio hace que sea mucho más fácil de detectar el desplazamiento del perihelio que en el caso de las órbitas casi circulares como la de Venus y de la Tierra.

Cuando en 1915, cuando Albert Einstein explicó satisfactoriamente la aparente anomalía en la órbita de Mercurio, la mayoría de los astrónomos abandonaron la búsqueda de Vulcano. Unos pocos, sin embargo, siguieron convencidos de que no todas las supuestas observaciones de Vulcano eran infundadas. Entre ellos fue Henry C. Courten, del Dowling College, New York. estudiaron las placas fotográficas del 1970 eclipse solar, él y sus colaboradores detectaron varios objetos que parecían estar en órbitas cercanas al sol. A pesar de lo que representaban los objetos, Courten sintió que al menos siete de los objetos eran reales. La aparición de algunos de estos objetos se confirmó por otro observador en Carolina del Norte, mientras que un tercero observador en Virginia vio a uno de ellos. Courten cree que existe un planetoide intra-Mercurial de entre 130 y 800 kilómetros de diámetro en órbita alrededor del Sol a una distancia de alrededor de 0,1 UA. Otras imágenes en sus placas de eclipse lo llevaron a postular la existencia de un cinturón de asteroides entre Mercurio y el Sol.

Pero al igual que con Vulcano, ninguna de estas afirmaciones nunca se ha probado después de cuarenta años de observación. Se ha conjeturado, sin embargo, que algunos de estos objetos dentro de la órbita de Mercurio pueden existir, tratándose de cometas o pequeños asteroides desconocidos. Hoy en día, continúa la búsqueda de estos denominados asteroides Vulcanoides, que se cree que existen en la región en la que Vulcano alguna vez fue buscado. Ninguno de ellos ha sido encontrado todavía y búsquedas han descartado asteroides mayores de 6 km.

Sr Spock _ vulcano

Hoy el planeta Vulcano sólo existe en la imaginación, su nombre se usa dentro el universo de Stak Trek para el mundo de la raza de donde la lógica es más importante que las emociones, y su mayor exponente es el celebre Sr. Spock. Este mundo no se encuentra en el sistema solar, sino en 40 Eridani (también conocida como Omicron Eridani, o con el nombre árabe de Keid = Concha), un triple sistema estelar a menos de 16,5 años luz de distancia de la Tierra. Otras obras que hacen referencia al Vulcano dentro del sistema solar son: Taller de Vulcano (Astounding Stories , junio de 1932), cuento de Harl Vincent sobre una colonia penal que se encuentra en Vulcano.  En el Centro de Gravedad ( Astounding Stories , junio de 1936), tenemos otro cuento, este por Ross Rocklynne donde narra como dos personas se encuentran atrapados dentro de un Vulcano hueco. Las Crónicas de Sten (ocho libros entre 1982 a 1993) de Allan Cole y Chris Bunch; aquí Vulcano es un planeta artificial; originalmente una estación espacial industrial que crece mediante la adición de nuevas instalaciones de producción y por lo tanto se acerca a proporciones similares a un planeta; y que muestra una critica política vista en los ojos de los obreros que trabajan en la estación. También la serie de ciencia ficción Dr. Who en el capitulo ‘El poder de los Daleks‘ (1966), hace referencia a una colonia terrestre en el siglo XXI,  pero no si está claro si este mundo Vulcano en un sistema solar cercano o dentro del propio en el Sistema Solar.

Vulcano/Hefesto, el dios de la forja

En la antigua religión romana Vulcano es el dios del fuego y la forja, pero también es el patrón de los oficios relacionados con hornos (cocineros, panaderos, pasteleros) como se atestigua en las obras antiguas que ponen al dios como cocinero en la boda de Eros y Psique. Como el herrero divino, forjador de los rayos de Júpiter se le representa a menudo con un martillo de un herrero (que es su avatar), pero también se incluyen el yunque y un par de pinzas, así como el avatar de Venus es el espejo y los de Marte son el escudo y la lanza. Su equivalente griego es el dios Hefesto y entre los etruscos se le identifica con el dios Sethlans.

Hefesto_Vulcano

Gérard Capdeville (1964-) sugiere que el origen Vulcano como dios romano del fuego se remonta al dios cretense Velchanos, ello principalmente bajo la sugerencia de la similitud de sus nombres. Entre los cretenses Velchanos es un joven dios maestro del fuego y compañero de la Gran Diosa (ambos llegados del cercano oriente). La concepción prehelénica de Velchanos lo pone como un joven sentado frente a un árbol (el dios y la diosa madre que se representaba con el árbol sagrado), ello denota que se trata de un dios de la vegetación y la primavera; el árbol es el símbolo de la unión del Cielo y la Tierra y de su poder generador. En Creta Velchanos era el dios de las prácticas de iniciación de los jóvenes, y se le vincula al culto al toro (las imágenes de jóvenes brincando sobre los toros). Esta vinculación al toro recuerda a Zeus que transformado en toro trajo a la princesa fenicia Europa desde su tierra natal a Creta, fundando el reino minoico. Pero también el culto al toro venido del cercano oriente y anatolia lo identifica con Teshub, dios de las tormentas que cabalga sobre toros; y cuyo origen se remonta a dios sumerio Adad. Todo esto pone a Velchanos, el primer ancestro de Vulcano, equiparable al mismo Zeus griego o Júpiter romano; un poderoso dios de los cielos y las tormentas y el renacimiento de la naturaleza; y el fuego divino no es otro que los rayos y relámpagos, que al caer a la tierra la encienden.

Otro equivalente venido de oriente se encuentra en la tradición cananea/ugarita, aquí el dios Kothar-wa-Khasis (que traduce ‘el Hábil y Listo’) es un dios herrero, artesano, ingeniero, arquitecto, e inventor; también es adivino y hechicero, creador de palabras sagradas y los hechizos. Los mitos señalan que Kothar ayuda a Baal (dios del las tormentas) en sus batallas fabricándole armas (rayos). También fabrica hermosos muebles adornados con plata y oro como regalos para Asherah (la diosa madre de los cananeos); y construye un palacio de plata, oro, lapislázuli, y madera de cedro fragante para Baal; desde donde el dios de los cielos puede ver la tierras bajo sus pies. La morada de Kothar está en Egipto, y ello lo equipara al dios artesano y constructor, el poderoso Ptah.

Vulcano _2

Pero si Vulcano tuvo a dioses tan poderosos entre sus iguales, como terminó siendo uno de los menos agraciados y respetados entre sus congéneres; ello ocurre por que su culto se identifica con el dios Hefesto de la mitología griega, aquí es donde Velchanos se transforma en el Vulcano fabricante de armas y joyas de varios dioses y héroes, principalmente de los rayos de Júpiter. Los mitos de ambos dioses se funden de tal manera que el antiguo dios cretence pierde su atractivo juvenil por otro menos agraciado, el de cojo y deforme dios que es despreciado por los otros dioses; algo raro si se considera que en su ascendencia se tiene que Hefesto/Vulcano es hijo de los reyes de los dioses: su padre es Zeus/Júpiter y su madre Hera/Juno.

Según algunos de los mitos Hera/Juno estaba embarazada de su primer hijo; hacia poco tiempo atrás dos bastardos de su marido habían nacido de la amante de turno Leto/Latona; Apolo/Febo y Artemisa/Diana eran todo lo que unos dioses podían ser, hermosos y brillantes; pero sería la envidia de la reina de los dioses y su persecución sobre la amante de su marido lo que provocó consecuencias; quiso el destino (Fatum) equilibrar las cosas y cuando su hijo nació, Hera/Juno quedó asqueada de lo oscuro y poco atractivo de su primer vástago; era pequeño y feo, con una cara roja que no paraba de berrear. Hera/Juno estaba tan horrorizada que arrojó el pequeño bebé desde el Monte Olimpo.

Hefesto/Vulcano cayó durante un día y una noche desde el cielo, aterrizando en el mar. Por desgracia, una de sus piernas se rompió al golpear el agua, y nunca se desarrolló correctamente. Desde la superficie, Hefesto/Vulcano se hundió como una piedra en las profundidades azules y frescas, donde las ninfas marinas, Tetis (madre de Aquiles) y Eurinome lo encontraron y lo llevaron a su cueva bajo el agua, criándolo como un hijo propio.

Hefesto/Vulcano tuvo una infancia feliz con delfines como sus compañeros de juego y las perlas como sus juguetes. Al final de su infancia, encontró los restos del incendio de un pescador en la playa y se fascinó con un carbón que seguía al rojo vivo y brillante. Hefesto/Vulcano cerró cuidadosamente este precioso carbón en una concha de almeja y lo llevó a su gruta submarina e hizo un fuego con él. En el primer día después, el joven dios se quedó mirando el fuego durante horas y horas. Al segundo día, descubrió que cuando hacía el fuego más caliente con ayuda de un fuelle, ciertas piedras sudaban hierro, plata y oro. En el tercer día con el metal enfriado hizo pulseras, cadenas, espadas y escudos. Hefesto/Vulcano hizo cuchillos y cucharas para su madre adoptiva con mango de nácar; y una carroza de plata para sí mismo que iba guiada por caballos de mar para transportarse rápidamente.

Vulcano _1

Tuvo Tetis que dejar luego su gruta submarina para asistir a una cena en el Monte Olimpo; llevaba un hermoso collar de plata y zafiros, que Hefesto/Vulcano había hecho por ella. Hera/Juno admiraba el collar y le preguntó de dónde podría conseguir uno. Tetis nerviosa tuvo que reconocer la verdad; por fin la reina de los dioses descubrió que el bebé que una vez había rechazado se había convertido en un talentoso herrero.

Hera/Juno estaba furiosa y exigió que Hefesto/Vulcano regresara al Olimpo, una demanda a la que el joven dios se negó. Sin embargo, él envió a Hera/Juno una silla hermosa hecha de plata y oro, con incrustaciones de madre perla. Hera/Juno estaba encantada con este regalo, pero, tan pronto como se sentó en ella su peso soltó resortes ocultos y bandas de metal brotaron atando a su ocupante. Cuanto más gritó y luchó, con mayor firmeza el trono mecánico se apoderó de ella, la silla era una trampa inteligentemente diseñada. Durante tres días Hera/Juno estuvo atrapado en la silla, no podía dormir, no podía estirarse, no podía comer. Los demás dioses rogaron a Hefesto/Vulcano que volviera al Olimpo y la dejara ir, pero él se negó, diciendo: —No tengo madre—.

Hefesto/Vulcano fue el único de los dioses, que expulsado del Olimpo, regreso finalmente a su casa. Le correspondió al joven Dioniso/Baco el trabajo de ir a buscarlo y llevarlo finalmente de regreso. Para lograr su cometido compartió su vino intoxicante con el dios herrero, y lo llevó de vuelta al Olimpo a lomos de un mulo acompañado de sus juerguistas, mientras Dioniso/Baco sostiene el freno del animal y lleva las herramientas de Hefesto/Vulcano, incluyendo el hacha de doble filo.

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Zeus/Júpiter finalmente intervino, prometió a Hefesto/Vulcano que si soltaba a Hera/Juno le daría por esposa a Afrodita/Venus, la diosa del amor y la belleza. Hefesto/Vulcano siendo el más inquebrantable de los dioses, se doblegó al dársele la mano de Afrodita/Venus en matrimonio. Zeus/Júpiter pensaba que así también reducía los conflictos que provocaban los otros dioses al disputar la mano de la ardiente diosa, debido a su inmensa belleza; ya que desde la llegada de la diosa nacida de la espuma del mar, ella había sido causa de disputas entre los dioses; y por ello la casó con Hefesto/Vulcano, matando dos problemas al mismo tiempo. Hefesto/Vulcano estaba tan contento de haberse casado con la diosa de la belleza que forjó para ella una hermosa joyería y una faja que la hacía incluso más irresistible a los hombres.

Finalmente en el Olimpo, Hefesto/Vulcano construyó su propio palacio, con su taller, yunque y fuelles que trabajaba en su fragua; aquí fabricó gran parte de las magníficas armas de los dioses. Diseñó el casco alado y las sandalias de Hermes/Mercurio, el Aegis peto (la famosa faja) de Afrodita/Venus; las armaduras de Aquiles y las armas de Heracles/Hercules, el carro del Helios, los arcos de Apolo, Artemisa/Diana y de Eros/Cupido; el tridente de Poseidón/Neptuno y el Casco de la invisibilidad de Hades/Plutón; el carro de Ares/Marte, y el carro solar de Helios/Sol. Entre sus artesanías más conocidas se encuentran la diadema de Ariadna (esposa de Dioniso/Baco) y el collar maldito de Harmonía.

Vulcano  y Venus

A Hefesto/Vulcano le correspondió apresar en el Caucaso a Prometeo por castigo por robar el fuego y dárselo a los hombres, así como fabricar a Pandora y la caja que contiene los males; donde los dioses encerraron a las pestes y plagas. Se dice que el águila gigante del Caucaso que todos los días devoraba el hígado de Prometeo era también una creación del dios.

Otras de sus creaciones fueron: Talos, un gigante de bronce que Zeus/Júpiter dio a Europa para que protegiese las costas de Creta. Las Kourai Khryseai (doncellas doradas) eran dos autómatas de oro con la apariencia de jóvenes mujeres vivas que se decía que poseían inteligencia, fuerza y el don del habla y atendían a Hefesto/Vulcano en su palacio del Olimpo. Para el rey Eetes (el padre de la bruja Medea) de la Cólquida, creó dos perros guardianes, uno era de oro y otro de plata; así como un par de toros de bronce que echaban fuego por la boca y a los que tuvo que vencer Jasón cuando viajó con los argonautas ha este reino para robar el vellocino de oro. También se le atribuye la creación de dos caballos de bronce y hierro para dos de sus hijos, los Cabiros.

Pero el matrimonio arreglado al fin tuvo sus consecuencias. La infelicidad de Afrodita/Venus con su matrimonio la hizo que buscase la compañía de otros, y la diosa rápidamente puso amantes en su cama matrimonial. Por ella pasaron Hermes/Mercurio, con quien fue madre de Hermafrodito (joven del que la ninfa Salmacis se enamoró y al ser rechazada se fundió con el joven, dando origen a un ser con los dos sexos) y Peito (dios de la persuasión), con Dioniso/Baco fue madre de Himeneo (dios de las bodas) y Priapo (el dios de la perenne erección); pero con quien más engaño la diosa a su esposo fue con el hermano menor del mismo, el ardiente y belicoso Ares/Marte; fruto de esos amores fueron: Eros/Cupido (el dios del amor sexual); Anteros (el gemelo opuesto de Eros, dios del amor sentimental y vengador del amor no correspondido), Himero (dios del deseo), Fobos y Deimos (Miedo y Terror, dioses que acompañaban a su padre en sus batallas) y finalmente Hamonía (la única de sus hijas, de belleza igual que la madre y diosa de la concordia; ella fue dada como esposa al príncipe fenicio Cadmo, fundador de Tebas; en su boda Hefesto/Vulcano regaló a su hijastra un hermoso collar, salvo que la hermosa prenda estaba maldita y traía desgracias a su poseedor, siendo la más conocida de sus maldiciones la historia de Edipo, quien mata sin saber a su padre y se acuesta con su madre; provocando más tragedias luego en sus hijos e hijas, así como otros familiares por la disputa posterior del reino). Entre los amantes mortales de la diosa se encuentran el príncipe fenicio Adonis (quien también compartía cama con la diosa infernal Perséfone/Proserpina, y que fue muerto por un jabalí salvaje), el príncipe troyano Anquises, de quien tuvo a Eneas, fundador de Roma; y Buto (un hijo de Poseidón/Neptuno que acompañaba a los argonautas, cuando pasaron cerca del sitio donde reinaban las sirenas, fue el único que no pudo resistir su canto y se lanzó al mar, donde la diosa lo salvo)

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Hefesto/Vulcano fue informado del adulterio que su esposa mantenía con Ares/Marte por Apolo, quien estaba entre los pocos dioses con los cuales no se acostó la diosa. Como venganza, el dios de la herrería, atrapó ingeniosamente a los amantes con una red de finas cadenas que había dispuesto sobre el lecho para que cayeran al más mínimo contacto. Atrapados en una inquebrantable red tan pequeña como para ser invisible, el dios los arrastró hasta el monte Olimpo para avergonzarlos delante de los demás dioses por venganza. Entonces llamó a todos los dioses para mostrar el adulterio y pedir el divorcio; sin embargo, las diosas se quedaron en sus templos, todas se excusaron por vergüenza. Por otra parte la mayoría de los dioses se rieron al ver a los amantes desnudos. Hefesto/Vulcano se sintió nuevamente menospreciado por los demás dioses, ya que incluso alguno que otro comentaba desenfadado que no le habría importado sentir tal vergüenza. La risa duro hasta que Poseidón/Neptuno convenció a Hefesto/Vulcano de liberarlos a cambio de una garantía de que Ares/Marte pagaría una multa por el adulterio; pero al levantarse la red ambos escaparon y no mantuvieron su promesa.

Hefesto/Vulcano se mudo nuevamente fuera del Olimpo; se construyó otra fragua, esta vez bajo el monte Etna en la isla de Sicilia. El divorcio nunca le fue concedido; y ya era para todos evidente que el dios no podía mantener quieta a su esposa; y cada vez que Afrodita/Venus le era infiel, Hefesto/Vulcano enojado golpeaba el metal al rojo vivo con tal fuerza que las chispas y el humo se elevan desde la cima de la montaña, creando la erupción volcánica. Afrodita/Venus y Hefesto/Vulcano nunca tuvieron hijos, aunque la paternidad legal de Eros/Cupido se le atribuye al dios; y para quien el dios le fabricó su arco, carcaj y fechas, y trato como un hijo. Hefesto/Vulcano tuvo amores con una ninfa menor; Aglaea, una de las Carites (hijas de Eurinome), diosas que servían a su esposa; de esas relaciones nacieron: Eucleia (Reputación), Eutenia (Prosperidad), Eufemia (Alabanza) y Filofrosina (Acogida).

Aunque nunca tuvo relaciones con la diosa virgen Atenea, estuvo enamorado de la diosa de la artes y la guerra. Según los mitos se dice que Atenea visitó el dios herrero Hefesto para solicitar algunas armas, pero Hefesto estaba tan abrumado por el deseo por la diosa de que trató de seducirla en su taller. Decidida a mantener su virginidad, Atenea huyó, perseguida por Hefesto. A pesar de la cojera logro atraparla y trató de violarla; durante la lucha, su semen cayó sobre el muslo, Atenea se logró librar y con disgusto sacudiéndose el semen este cayó sobre la tierra, impregnando a Gaia/Tierra, que posteriormente dio a luz a Erictonio. El joven Erictonio fue criado por Atenea hasta convertirse en uno de los grandes reyes de la ciudad de Atenas.

Vulcano _6

Como Vulcano propiamente se le atribuye la paternidad de dos hijos: el primero es Caco, un gigante escupe fuego que fue muerto por Hércules cuando el gigante se atrevió a robarle algunas cabezas de ganado que el propio Hércules había robado al gigante Gerión en su décimo trabajo. El segundo fue Caeculus, un chico que fundó la ciudad de Praeneste (actual Palestrina, Italia); su naturaleza divina se descubrió en un incendio donde salió sin daño de las llamas, salvo por haber perdido la vista (su nombre significa pequeño ciego)

Tuvo amores el dios con otra ninfa, Cabeiro, una hija del dios marino Proteo (el cambiante); fruto de esa relación nacieron dos gemelos llamados colectivamente como los Cabiros, dos chicos de nombres Alcon y Eurimedonte (en las versiones iniciales los Cabiros eran Axiocerso y Cadmilo, padre e hijo respectivamente y dioses locales de la fertilidad del mar, en versiones posteriores son descritos como dos gemelos hijos de dios herrero, y más tarde se incluyen otro par de gemelas: Axiocersa y Axíero; o incluso se habla de toda una tribu). Todos estos dioses menores eran de naturaleza daimones ctonicos (representaban los géiseres de los volcanes); y acompañaban en la fragua a su padre; ademas de ayudar a marinos. Los mitos cuentan como los Cabiros alojaron en su isla (Lemnos) a los argonautas en su viaje y los invitaron a una orgía alcohólica. En Sicilia, estos seres ctonicos eran conocidos como los Palicus (otro par de gemelos), aquí eran hermanos de Talia, la hija dios herrero con ninfa Etna (la diosa de la montaña de igual nombre, donde el dios construyó su segunda fragua).

La fragua de Vulcano

Los principales compañeros en la fragua fueron sin embargo los tres Cíclopes ctonicos, hijos de Gaia (la Tierra): Brontes (Trueno), Estéropes (Rayo) y Arges o Pyraemon (Relámpago); con ellos fabricaba el arma de su padre, el poderoso rayo. Cuando Apolo molesto por la muerte de su hijo Asclepio/Esculapio por el rayo de Zeus/Júpiter, mató a los cíclopes, Zeus/Júpiter tuvo que devolverlos a la vida (traerlos del reino de Hades/Plutón), y conceder la subida al cielo desde el infierno al hijo de Apolo; así de importantes eran para el rey de los dioses los encargados de fabricar en la fragua de Hefesto/Vulcano su poderosa arma.

Pese a todas sus desventuras, Hefesto/Vulcano fue un dios muy apreciado entre los mortales, no solo era dios del fuego y los metales, fabricante de maquinas y herramientas, del horno y las comidas, él simbolizaba el progreso y la técnica, y pasó a ser considerado el dios de la civilización traída a la Tierra por Prometeo a través del fuego; así el dios que tuvo el encargo de castigar al titán que trajo el fuego a los hombres, enseñaría a los hombres el poder creador de mismo, manteniendo y mejorando el legado de su predecesor. Hefesto/Vulcano era el único dios que trabaja y pasaba su tiempo forjando bellas creaciones a golpe de martillo sobre un yunque. Es curioso cómo el dios que era considerado el más feo, es el que construía las cosas más bellas.

Griegos y Troyanos peleando en los cielos (7) Odiseo, el planeta de la trampa

(1143) Odiseo es un asteroide troyano de Júpiter, descubierto en 1930, y es el segundo troyano de Karl Wilhelm, recibiendo el nombre del héroe griego que, según la mayoría de las leyendas, ideó la trampa del caballo de Troya para poder entrar a la ciudadela y finalmente poner fin a la guerra. Con 126 kilometros de diámetro medio, (1143) Odiseo es el octavo troyano más grande de Júpiter conocido.

Odiseo (en latín, Ulises) es hijo de Laertes y Anticlea, y nieto de Arcisio por parte paterna, y de Autólico, por parte materna; pero existe la versión de que su padre era Sísifo, según esta Autólico (uno de los argonautas) se había convertido en un exitoso ladrón gracias a que su padre, Hermes (el dios de los ladrones), que le había otorgado el don de poder cambiar el color de todas las cosas que robase, por lo que podía actuar impunemente. Pero Sísifo logró descubrirlo simplemente porque notó que el número de reces de Autólico aumentaba mientras que el suyo disminuía. Para descubrirlo, hizo marcas en las pezuñas de su ganado, por lo que pudo reconocerlo incluso si había cambiado de color. Cuando Sísifo acudió a casa de Autólico para reclamar su ganado, se entretuvo varios días y finalmente consiguió seducir a Anticlea, la hija del ladrón. Poco después, Anticlea casó con Laertes y tuvo a Odiseo, por lo que muchos dudaban de la auténtica paternidad de Laertes. La hija de Laertes y Anticlea fue Ctímene, hermana menor de Odiseo; fue esposa de Euríloco; quien fue compañero de viaje de Odiseo.

Como tantos héroes griegos, Odiseo fue discípulo del centauro Quirón, en el monte del centauro recibe una herida por un jabalí, que le deja una cicatriz en una rodilla, por la que habría de ser reconocido a su regreso a Ítaca tras la guerra de Troya. En Lacedemonia recibe de Ífito el arco de Éurito, que era regalo de Apolo; a cambio de una espada y una lanza; y que nadie salvo el verdadero dueño podía usar. Al llegar a la mayoría de edad, Laertes le entrega el reino con todas sus riquezas y Odiseo se encarga de reconstruir su casa. Adquiere fama por su hospitalidad y por su respeto a los dioses, en especial a Zeus y Atenea, diosa ésta que le habría de proteger siempre.

Como muchos acudió como pretendiente a la casa de Tindaro para pedir la mano de Helena, al darse cuenta de las escasas posibilidades que tenía de conseguirla, decidió solicitar a Penélope, hija de Icario y sobrina de Tindaro. Para asegurarse la ayuda de éste en tal propósito, le aconsejó que obligase a todos los pretendientes de Helena a jurar que respetarían la elección de ella y que defenderían al elegido contra cualquier agravio, evitando así disputas ulteriores que podrían ser funestas para el propio rey. Ello sería vital a la hora de rescatar a Helena de los troyanos.

Tras el rapto de Helena, Menelao y Palamedes, que estaban reclutando a los expedicionarios para su rescate, llegan a la corte de Odiseo en Ítaca, este se finge loco, pero su treta es descubierta y en su partida dice a Penélope que si él muere, se case de nuevo cuando Telémaco, el hijo, aún niño de ambos, alcance la edad viril.

En Troya Odiseo dará muerte a muchos troyanos, Odiseo es el encargado de devolver a Criseida a su padre, el sacerdote Crises. Con Agamenón se encarga de concertar el combate singular entre París y Menelao, y con Héctor mide el escenario del mismo para poner fin a las hostilidades. Tras el reinicio de hostilidades y la muerte de Patroclo, Odiseo calma a Aquiles y le indica esperar hasta terminar los funerales del joven. Tras la muerte de Aquiles, Odiseo y Ayax (primo de Aquiles) pelean por las armas del héroe; cuando Agamenón se las entrega a Odiseo, Ayax enloquece y finalmente se suicida.

Odiseo fue quien captura al vidente Héleno, arrancándole el secreto de que Troya no será conquistada sin el concurso de las flechas de Heracles, los restos de Pelope y el Paladio (estatua de Atenea en Troya). Sabedor de que tales armas estaban en poder de Filoctetes, quien por consejo suyo había sido abandonado en la isla de Lemnos tras haber sido mordido por una serpiente, consiguió su colaboración desplazándose allí en compañía de Diomedes. Junto con Diomedes entra en Troya disfrazado de mendigo, y consigue robar el Paladio. A él, en fin, se le atribuye la idea de construir el caballo de madera en cuyo interior se alojaron treinta guerreros escogidos, mientras los demás simulaban poner fin al asedio, lo que fue finalmente la caída de Troya.

Tras la guerra muchos de los griegos serían castigados por sus abusos en la toma de Troya, en su regreso a su patria; algunos no volverían a la misma, muriendo en el camino. Odiseo fue el que más tiempo pasó fuera de su casa; los diez años que duró la guerra y otros diez, Poseidón lo castigó haciéndolo vagar por todo el Mediterráneo, esta es la segunda obra de Homero, La Odisea, que narra las desventuras del héroe en su regreso a casa. Odiseo pasó veinte años fuera de Ítaca: los diez que duró la guerra de Troya y otros diez años que transcurrieron desde el fin de la guerra hasta su regreso a Ítaca.

La Odisea no inicia con el relato de Odiseo, sino de su hijo Telémaco, que era todavía un niño cuando su padre marchó a la guerra de Troya, y en sus casi veinte años de ausencia creció hasta hacerse adulto. Atenea pide a su padre Zeus que es hora de que Odiseo vuelva a su tierra, y este permite a la diosa iniciar la historia; disfrazada de Mentor, un maestro de Telémaco, Atenea exhorta al chico de que expulse a los pretendientes de su madre y vaya en busca de información de su padre. Pese a que nadie en el pueblo lo ayuda para expulsar a los pretendientes, el chico logra emprender el viaje en busca de noticias de su padre. En Pilos pide noticias a Néstor, este relata lo que sabe de los que pasó a los héroes griegos pero nada sabe de Odiseo, envía a Telémaco a Esparta, con Menelao, y acompaña al chico, el hijo menor de Néstor, Pisístrato. En Esparta Menelao relata su regreso y como supo a través de Proteo, un dios marino cambia forma, que derrotó para saber su camino a casa, que Odiseo era retenido por la diosa Calipso. Mientras tanto, los pretendientes sabiendo del viaje del joven, le preparan una emboscada a su regreso.

Pero la decisión de los dioses ya esta dada y Zeus envía con Hermes un mensaje a Calipso, que suelte su prisionero. Calipso hace su último intento de retener al héroe y tienta a Odiseo con el regalo de la inmortalidad, pero el héroe sabiendo que puede irse prepara una balsa y abandona la isla de la diosa. La balsa no aguanta las olas y zozobra, Poseidón aún lo persigue por el daño a su hijo el cíclope Polifemo. Odiseo apenas logra llegar a la isla de los feacios, donde es rescatado por Nausícaa, la hija del rey Alcínoo. Aquí tras reponerse Odiseo narra su viaje desde Troya; con lo que el rey queda impresionado y le ofrece la mano de su hija, mas Odiseo no acepta, por lo que el rey cambia su ofrecimiento por ayudarlo a llegar a su isla.

En su historia Odiseo cuenta que primero destruyeron la ciudad de Ísmaro (donde estaban los cicones), donde perdió a bastantes compañeros. Más tarde llegaron a la isla de los lotófagos. Allí, tres compañeros comieron el loto, y perdieron el deseo de regresar, por lo que hubo de llevárselos a la fuerza. Posteriormente, llegaron a la isla de los cíclopes. En una caverna se encontraron con Polifemo, hijo de Poseidón, que se comió a varios de sus compañeros. Estaban atrapados en la cueva, pues estaba cerrada con una enorme piedra que les impedía salir. Odiseo, con su astucia, emborrachó con vino a Polifemo y mandó afilar un palo con el que cegaron al cíclope mientras éste dormía. Consiguieron escapar ocultándose debajo  de las ovejas de cíclope.

Viajaron hasta la isla de Eolo, que trató de ayudarles a viajar hasta Ítaca. Eolo entregó a Odiseo una bolsa de piel que contenía los vientos del oeste. Al acercarse a Ítaca, sus hombres decidieron ver lo que había en la bolsa, dejando salir a todos los vientos y crearon una tormenta que hizo desaparecer la esperanza del regreso al hogar. Tras seis días de navegación, llegaron a la isla de los Lestrigones, gigantes antropófagos que devoraron a casi todos los compañeros de Odiseo. Huyendo de allí llegaron a la isla de Circe. Cuando Odiseo llegó a la isla de la bruja mandó bajar a la mitad de la tripulación, quedándose él en su barco. Circe invitó a los marineros a un banquete, envenenando la comida con una de sus pociones, transformándolos en cerdos con una vara después de que se hubieran atiborrado. Sólo Euríloco, su cuñado, sospechando una traición desde el principio, logró escapar y avisó a Odiseo y a los otros que habían permanecido en el barco. Odiseo partió al rescate de sus hombres pero en el camino fue interceptado por Hermes, quien le dijo que se hiciese con algunas hierbas de moly para protegerse del mismo destino. Cuando Circe no pudo convertirlo en animal Odiseo le obligó a devolver a sus hombres a la forma humana.

Más tarde Circe se enamoró de Odiseo y le ayudó en su viaje de regreso a casa después de que él y su tripulación pasasen un año con ella en su isla. Según Homero, Circe sugirió a Odiseo dos rutas alternativas para volver a Ítaca: bien hacia las «rocas errantes» (las pumíceas islas Lípari), donde reinaba el rey Eolo, o bien pasar entre la peligrosa Escila y el remolino de Caribdis, normalmente identificado con el estrecho de Mesina.

En su camino al estrecho se detiene en el país de los Cimerios y realiza un sacrificio de varias ovejas a Hades; Odiseo así visita la morada de Hades para consultar con el adivino Tiresias, quien le profetizó un difícil regreso a Ítaca. A su encuentro salieron todos los espectros, que quisieron beber la sangre de los animales sacrificados. Odiseo se la dio en primer lugar a Tiresias, luego a su madre Anticlea y también bebieron la sangre varias mujeres destacadas y algunos combatientes que habían muerto durante la guerra de Troya.

De nuevo en ruta, lograron escapar de las sirenas, cuyo canto hacía enloquecer a quien las oyera. Para ello, siguiendo los consejos de Circe, Odiseo ordenó a sus hombres taparse los oídos con cera exceptuándolo a él y manda ser atado al mástil. Escaparon también de las peligrosas Caribdis y Escila. Consiguieron llegar a Trinacria (nombre griego de Sicilia), la isla del Sol. Pese a las advertencias de no tocar el ganado de Helios, los compañeros sacrificaron varias reces, lo que provocó la cólera del dios. Al hacerse de nuevo a la mar, Zeus lanzó un rayo que destruyó y hundió la nave, sobreviviendo únicamente Odiseo. Finalmente, arribó a la isla de Calipso hasta que pudo salir de la misma.

Acompañado por navegantes feacios, Odiseo llega a Ítaca. Se disfraza de vagabundo para evitar ser reconocido. Por consejo de la diosa Atenea, va a pedir ayuda a su porquerizo, Eumeo. Odiseo no revela su verdadera identidad a Eumeo, quien le recibe con comida y manta. Eumeo relata su vida y sus orígenes al mendigo, y de cómo llegó al servicio de Odiseo. Es cuando Telémaco regresa a Ítaca, quien consigue eludir la trampa que los pretendientes le habían preparado a la entrada de la isla. Una vez en tierra, se dirige a la casa de Eumeo, donde conoce al supuesto mendigo. Cuando Eumeo marcha a casa de Penélope a darle la noticia del regreso de su hijo, Odiseo revela su identidad a Telémaco, asegurándole que en verdad es su padre, a quien no ve desde hace veinte años. Tras un fuerte abrazo, planean la venganza. Al día siguiente, Odiseo, de nuevo como mendigo, se dirige a su palacio. Sólo es reconocido por su perro Argos que, ya viejo, fallece frente a su amo. Al pedir comida a los pretendientes, es humillado e incluso golpeado por éstos.

Odiseo, aún ocultando su verdadera identidad, mantiene una larga conversación con Penélope, quien ordena a su criada Euriclea que le bañe. Ésta, que fue nodriza del héroe cuando era niño, reconoce la cicatriz que a Odiseo, en su juventud, le hizo un jabalí cuando se encontraba cazando en el monte Parnaso. La esclava, pues, reconoce a su amo, que le hace guardar silencio para no hacer fracasar los planes de venganza. Odiseo aprovecha para ver quién es fiel al desaparecido rey, y librarse así de la venganza. Un profeta, amigo de Telémaco, advierte a los pretendientes que pronto los muros se mancharán de su sangre. A pesar de que algunos de ellos creen en la profecía y huyen, la gran mayoría de ellos se ríe de la adivinación.

Penélope esperó durante veinte años el retorno de su marido de la guerra de Troya. Por esta razón se le considera un símbolo de la fidelidad conyugal hasta el día de hoy. Mientras su esposo está fuera, Penélope es pretendida por múltiples hombres. Para mantener su castidad ante la ausencia de su marido idea un gran plan. Les dice a los pretendientes que aceptará la desaparición de Odiseo, con la consecuente promesa de un nuevo enlace, cuando termine de tejer un sudario. Para mantener el mayor tiempo posible este tejido en elaboración, procura deshacer por la noche lo que creó durante el día, y de esta forma soporta los veinte años. Justo cuando Odiseo llega a casa, Penélope termina la labor. Aquí Penélope señala a los pretendientes que se casará con aquel que consiga hacer pasar la flecha por los ojos de doce hachas alineada, usando el arco de su esposo. Uno tras otro, los pretendientes lo intentan, pero ni siquiera son capaces de tensar el arco. Odiseo pide participar en la prueba, ante la negativa de los demás. Tras la insistencia de Telémaco, le es permitido intentarlo. Con suma facilidad, Odiseo tensa el arco y consigue hacer pasar la flecha por los ojos de las hachas, ante el asombro de los presentes. A la señal de su padre, Telémaco se arma, preparándose para la lucha final.

Antinoo, jefe de los pretendientes, se encuentra bebiendo cuando Odiseo le atraviesa la garganta con una lanza, dándole muerte. Ante las quejas de los demás, Odiseo responde con amenazadoras palabras, y los pretendientes temen por sus vidas. Se inicia la feroz lucha, con los numerosos pretendientes por un lado y Odiseo, su hijo y dos fieles criados por otro. Todos aquellos que traicionaron a Odiseo van muriendo uno por uno. Los esclavos traidores son colgados del cuello en el patio del palacio. Odiseo manda a Euriclea que haga fuego y limpie el patio con azufre. La esclava avisa a las mujeres que fueron fieles al héroe, que abrazan a su amo.

Después de que Odiseo matase a los pretendientes que se hospedaban en su casa. Odiseo manda a los presentes a que vistan sus mejores trajes y bailen, para que los vecinos no sospechen de lo ocurrido. Con la ayuda de Euriclea, el héroe se presenta a Penélope, pero ella no le reconoce ya que ella estaba convencida de que él estaba muerto y el aspecto que tenía en ese momento no era el mismo que cuando se marchó a la guerra. Entonces, Odiseo describe el lecho conyugal del matrimonio, y cómo lo hizo él mismo de un olivo. Penélope, convencida ya, abraza a su esposo, que le narra sus aventuras, como por ejemplo el enfrentamiento que tuvo con Polifemo, el monstruo de Escila, cuando Circe convirtió en animales a todos sus marineros y así sucesivamente. Finalmente le cuenta que aún tendrá que hacer otro viaje, antes de terminar su vida en una tranquila vejez.

El hijo de Odiseo fue puesto en los cielos en 1997, (15913) Telémaco; quien ha sido descubierto al menos cuatro veces, como señalan sus nombre alternativos: 1997 TZ27, 1996 RY29, 1998 WQ10 y 2000 AY7. Por su parte su esposa se encuentra en el cinturón principal de asteroides desde 1879, dando el nombre al asteroide (201) Penélope, cuyo diámetro es de unos 68 km.

Odiseo es ante todo un tramposo, no es que haga la trampa por maldad propiamente, sino como una forma de vencer y de sobrevivir. Engaña a los troyanos con el Caballo de Troya, haciéndoles creer que es una ofrenda de paz, mientras los griegos parecen retirarse; emborracha a Polifemo, para así poder vencerlo, cegándolo luego y escapar disfrazados de ovejas; se disfraza de mendigo para poder entrar en su casa y descubrir quienes son sus amigos y enemigos.

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Pero Odiseo es también el esposo fiel, no acepta la inmortalidad que le ofrecen las diosas Circe y Calisto; rechaza a la princesa Nausícaa y su reino; todo por volver con su contra-parte Penélope; ambos como pareja, más ella que él, son símbolo de la fidelidad matrimonial. Telémaco es el hijo que trata de proteger a su madre y ayudar a su padre, como niño no le hacen mucho caso, pero por su familia es capaz de todo, es signo de paciencia, sabe que su hora ya llegará; tuvo que aguantar durante toda su infancia a los pretendientes de su madre, que no sólo lo vejaban, sino también se devoraban los bienes de la casa; pero al tener su oportunidad, acabó con cuantos pudo. El grifo de Odiseo deriva del arco de Ulises, que él utilizó para vencer a los pretendientes de su esposa Penélope que habían acampado con arrogancia en su casa en su ausencia. Su hijo tiene igual inspiración; por su parte Penélope deriva del velo que tejía y destejía cada día y noche.

Los cambiaformas (6) Dioses Griegos.

El cambiaforma es un tema común en la mitología y folklore así como en la ciencia ficción y las historias de fantasía. En su sentido más amplio, es cuando un ser (humano o no) tiene la habilidad de alterar su apariencia física.

Los antiguos mitos hablan de dioses mitad humanos, mitad animales; cuando los antiguos egipcios asociaron los poderes sobrenaturales y divinos con los animales que estaban presentes crearon una cosmogónica donde sus dioses eran seres con cuerpo humano y cabeza animal. Así Horus y Ra, símbolos del sol eran representados con cabeza del halcón que vuela en lo alto; Sejmet, diosa de la guerra era imaginada con la fuerza de una leona; Anubis, dios de los muertos era vinculado a chacal que ronda por carroña en los cementerios. Si bien los dioses egipcios eran en su mayoría seres quimericos zoocefalos; las transformaciones como tales de un ser en otro totalmente distinto no es tan evidente; realmente es más bien un proceso en el cual el animal divino adquirió forma humana para ser más cercano al hombre, pero sin dejar de perder su identidad animal-divina.

Es en la mitología griega donde tenemos, no sólo a la teriantropía, que es la supuesta habilidad de cambiar de forma humana a animal y viceversa, termino que proviene del griego “therion” que significa “animal salvaje” o “‘bestia”, y de “anthropos” que significa “hombre”; siendo la licantropía (lykos = lobo + anthropos = hombre) un caso particular más especifico. En el mundo griego las transformaciones iban de humanos a animales, plantas o cosas inanimadas (agua, aire, piedra, etc.); pero también era posible lo inverso.

Entre los dioses antiguos destacan dos dioses marinos, conocidos como los ancianos del mar; por un lado Proteo o Proteús es un antiguo dios del mar, si bien era en sus inicios uno de los protogonos (primeros), como su nombre indica (proteo = proto = primero), con la llegada de los olímpicos se le hizo hijo de Nereo y Doris, de Océano y una nayade o del propio Poseidón y alguna ninfa. Independiente de su afiliación paterna discutible; los mitos señalan que Poseidón lo pone como pastor de las manadas de focas y/o leones marinos. Entre sus muchos poderes estaba el de poder ver el futuro; pero para no ser molestado constantemente por los consultantes cambiaba de forma para evitar tener que hacerlo y sólo contestando a quienes eran capaces de capturarlo. Es por ello que la palabras «proteo» y «proteico», aluden a quien cambia frecuentemente de opiniones y afectos.

En la Odisea se cuenta que la arenosa isla de Faro, situada frente al delta del Nilo estaba el hogar de Proteo. Menelao narra a Telémaco (hijo de Odiseo/Ulises) que se encontraba varado en la isla durante su viaje de vuelta de la Guerra de Troya. Menelao supo por Idotea (una hija de Proteo) que si podía capturar a su padre, podría obligarle a revelar a cuál de los dioses había ofendido y cómo apaciguarlo para volver a casa. Cuando Proteo salió del mar para dormir entre su colonia de focas, Menelao logró atraparlo, a pesar de que se transformó en león, serpiente, leopardo, cerdo, e incluso agua y árbol. Proteo le respondió entonces a Menelao lo que necesitaba saber y le dijo además que su hermano Agamenón había sido asesinado por traición de su mujer y su amante, que Áyax había naufragado y muerto, y que Odiseo estaba varado en la isla de Calipso.

Nereo o Nereus era otro de los viejos del mar, era el dios de los peces y vivía en las profundidades del mar Egeo. Al igual que su antecesor tenía el don de la profecía y era un maestro cambiaformas. Y es en el encuentro con Heracles/Hercules quien iba en la labor n°11, cuando se muestra su poder:

Euristeo, esta vez le encargó a Heracles que le traiga las manzanas de oro que la diosa Gea le había regalado a Hera como regalo de casamiento y, que Hera, había plantado en un jardín lejano de occidente custodiado por las Ninfas de la tarde, conocidas como Hespérides y un dragón de cien cabezas llamado Ladón. El recorrido que hizo Heracles para llegar al misterioso jardín es muy complicado ya que nadie conocía bien su ubicación. Primero Heracles fue a visitar unas Ninfas para que lo orientaran, pero las Ninfas le dijeron que tenía que buscar al dios Nereo, ya que era el único que conocía la ubicación precisa. Heracles buscó a Nereo y lo capturó para obligarlo a revelar el secreto. Nereo no quería decir ni media palabra. Heracles lo encadenó y Nereo que era un dios, se transformó en león, luego en serpiente y más tarde en llamas. Pero Heracles se mantuvo firme sin asustarse y Nereo finalmente confesó el sitio secreto del famoso jardín.

Otras versiones hablan de que el pescador Glauco, transformado en criatura marina al comer unas algas que tenían la virtud de revivir los peces que había pescado, fue acogido entre los dioses marinos, que vieron en él un igual; y le enseñaron el arte de la profecía. Sería Glauco quien ayudaría a Menelao a volver a casa y a los Argonautas, de cuya nave se dice que ayudo a construir cuando era pescador.

Los dioses del mar eran, como el mar mismo, cambiante, mutable y por tanto poseían no sólo el secreto de la transformación, sino también el de la profecía. Cuando Zeus era joven enamoró a la Oceanide Temis (Literalmente “Consejo”) y que era la diosa del saber; de ella obtuvo la poción para que su padre, Cronos, vomitara a sus hermanos devorados; y también aprendió todo lo que pudo para su provecho.

En la titanomaquia (la lucha de Zeus y sus hermanos contra su padre Cronos y sus tíos) el joven Zeus pretendió desposar a tan sabia esposa; pero por un lado, según algunos una profecía de Metis, o por otros una maldición de Cronos o de Urano, se decía que Metis daría primero a luz una hija y después un hijo que estaría destinado a gobernar el mundo. Zeus habiendo aprendido todo lo que podía de tamaña maestra le pidió una muestra del poder de la transformación a la diosa; y esta se transformo en una mosca; que rápidamente Zeus devoró, una forma final y cruel para apoderarse del saber de la diosa. Si ignoraba el tramposo Zeus que Metis ya estaba embarazada o no, es discutible; lo que si es que ella permaneció viva dentro de su cabeza el tiempo suficiente para construir una armadura para su hija neonata. Los golpes de la fabricación de la armadura metalurgia hicieron que Zeus tuviera un horrible dolor de cabeza, y tuvo Hefesto que abrir su cabeza con una hacha. De la apertura de la cabeza de su padre, Atenea surgió totalmente crecida y lista para la batalla que todavía se daba contra los titanes.

Zeus uso el poder de la transformación muchas veces, principalmente para ocultarse de su mujer Hera cuando estaba con alguna de sus amantes. Pero uso incluso este poder para engañar a la propia Hera, que estaba reacia a sus avances y pretendía al igual que Hestía (diosa del fuego del hogar) mantenerse virgen. Según el mito Hera se había criado en Arcadia y allí fue a buscarla Zeus transformado en cuco. Era invierno y cuando Hera tomó al cuco en sus manos para protegerlo del frío, Zeus recuperó su verdadera forma y la violó. Después de este encuentro Hera y Zeus se casaron y Hera pasa a ser la reina indiscutible del Olimpo.

Cuando el orden fue establecido, los dioses le pidieron a Zeus que creara divinidades capaces de cantar al nuevo orden en el Universo. Disfrazado de pastor, Zeus se unió durante nueve noches consecutivas con Mnemosine, hija de Gea y Urano, hermana de Cronos. Mnemosine, era la personificación de la memoria, “sabe todo lo que ha sido, es y será ” ; posee el conocimiento de los orígenes y de las raíces, poder que traspasa los límites del más allá. Con Metis tenía el pensamiento y con Mnemosine la memoria, recuerda un poco a los dos cuervos (pensamiento y memoria) de Odín que vuelan sobre el mundo e informan a su amo de todo lo que acontece. De esta unión surgirán las nueve musas, patronas de las artes.

Calisto era una cazadora perteneciente al cortejo de Artemisa, diosa de la caza, para lo cual había hecho el obligatorio voto de castidad. Sin embargo, Zeus se enamoró de ella y, para seducirla, adoptó la forma de la propia Artemisa para acercarse y poder violarla, de tal acto terminó Calisto embarazada. Artemisa sorprendió a Calisto bañándose en un río y advirtió que su vientre había crecido. Artemisa le preguntó el motivo de ello y Calisto, a quien Zeus había seducido bajo la forma de la diosa, replicó que era culpa suya. Artemisa, enfadada por la respuesta, transformó a Calisto en osa y la expulsó de su cortejo. Arcas, el hijo de Calisto, fue dado por Zeus a la pléyade Maya para que lo criase. Años después, durante una cacería Arcas persiguió a la osa, sin reconocerla, hasta el santuario de Zeus, donde ningún mortal tenía permiso para entrar. Aquí Zeus interviene para evitar la desgracia y subió a ambos hasta las estrellas, Calisto es la Osa Mayor y Arcas la constelación de Boötes, el Guardián de la Osa, que hoy se le representa acompañado por dos perros de caza, la constelación de Lebreles. Se cuenta que esta constelación de la Osa Mayor siempre órbita alrededor del cielo sin bajar nunca del horizonte porque Tetis, esposa de Océano y niñera de Hera, prohibió que se sumergiese en el mar, pues odiaba la intrusión de Calisto en el lecho de su ahijada. Esto explicaría por qué es circumpolar.

La historia de la seducción de Dánae es una de las más hermosas del abultado historial del dios transfigurado. Dánae era hija de Acrisio, rey de Argos, quien había sido avisado por un oráculo de que seria muerto por su propio nieto. Para intentar torcer la voluntad del destino, decidió poner fuera de toda posibilidad de galanteo a su hija. Así hizo, encerrándola en una torre de bronce, o en una cueva, según las distintas leyendas. Zeus, excitado sin duda por la dificultad, se transformó en una sutil lluvia de oro y consiguió su propósito, engendrando al buen Perseo quien, a la postre, sería causante involuntario de la muerte de Acrisio, al lanzar la jabalina, que, en lugar de probar la fuerza y destreza del joven, afirmaría el poder de los oráculos y la inexorabilidad del destino, utilizándole a él como un simple vehículo mortal de las decisiones del eterno Fatum.

Leda estaba casada con Tíndaro, rey de Esparta, y su matrimonio discurría con normalidad y sin sobresaltos. Al menos, hasta que se presentó ante la bella Leda un no menos hermoso cisne. La joven esposa se dejó embelesar con la graciosa ave, que no era otra cosa que un zoomórfico disfraz del astuto Zeus. De nuevo, Zeus obtuvo en su romance el éxito deseado y de esa unión la pareja no tuvo hijos, sino huevos: cuatro, para ser más exactos, y estos huevos se abrieron para dar vida a Cástor y Pólux por los varones y a Helena de Troya y Clitemnestra.

Ío era hija de Ínaco, un dios río, hijo del Océano, que fue juez en la disputa entre Hera y Poseidón, por ser alguien que no se oponía a los dioses no pudo dar respuesta y Hera ordenó que su hija Ío se convertiría en una de sus sacerdotisas vírgenes. Zeus, para fastidiar a su mujer se encaprichó con la joven, quien al final aceptó al dios, metamorfoseado en una densa niebla para tomarla. Pero como siempre ocurría con los amoríos del gran dios, de alguna forma llegaban a oídos de su celosa esposa Hera. Ante el peligro que la muchacha corría, Zeus decidió protegerla y convirtió a Ío en una ternera de una total y completa blancura, y juró a Hera que no había amado a tal animal nunca. Hera para probarlo le pidió que entonces se la regalara.

Zeus no tuvo opción, así Io paso a manos de la terrible diosa, quien la puso al cuidado de Argos, un monstruo de cien ojos. Zeus la visitaba esporádicamente en forma de toro para poder amarla, hasta que comprendiendo que el sufrimiento de Ío era demasiado decidió intervenir. Le pidió a Hermes que la liberara de su custodio Argos. Hermes durmió al pastor con la música de su flauta y luego mato al gigante de los cien ojos. Hera al ver muerto a Argos puso sus ojos en la cola del pavo real, que paso a convertirse en el animal sagrado de la diosa.

Sin embargo, Ío no quedó libre, porque Hera convencida de la traición de su marido, envío un tábano (mosca) agresivo e Ío desesperada empezó a correr por toda la costa de Europa, Asia hasta llegar a Egipto, donde recuperó su forma humana y tuvo un hijo de Zeus, Épafo. Tras varias aventuras para recuperar luego a su hijo, Ío se estableció en Egipto donde desposó a Telégono, el hijo menor de Circe y Odiseo; por su parte su hijo Épafo caso con Menfis una hija del Nilo.

En otra oportunidad Zeus estaba enamorado de Europa una princesa fenicia. Las fuentes difieren en los detalles acerca de su familia pero coinciden en que es fenicia, y de un linaje que descendía de la propia Ío. Zeus decidió seducirla y se transformó en un toro blanco y se mezcló con las manadas de su padre. Mientras Europa y su séquito recogían flores cerca de la playa, ella vio al toro y acarició sus costados y, viendo que era manso, terminó por subir a su lomo. Zeus aprovechó esa oportunidad y corrió al mar, nadando con ella a su espalda hasta la isla de Creta. Entonces reveló su auténtica identidad y Europa se convirtió en la primera reina de Creta. Hijos de esta relación fueron: Minos, Radamantis y Sarpedón. Los tres hermanos de Europa salieron en su búsqueda, Fénix regresó con sus padres y termino fundando Fenicia; Cílix, quien dio nombre a la región de Cilicia (actual Armenia) y Cadmo, quien llevó el alfabeto al continente griego, se estableció en Grecia.

En una de las aventuras más sonadas Zeus se convirtió en el vivo retrato de Anfitrión, esposo de Alcmena y rey de Tebas, para poder usurpar como marido la compañía de la gentil reina Alcmena. Anfitrión de Tebas, que había dejado su hogar para ir a la guerra contra Atenas volvió más tarde esa misma noche, y Alcmena quedó embarazada de gemelos. En la noche en que los gemelos nacieron, Hera, conociendo el adulterio de su marido, logró convencer a Zeus de que prestara un juramento según el cual el niño que naciera aquella noche miembro de la casa de Perseo sería un gran rey. Una vez Zeus hubo jurado, Hera corrió a la casa de Alcmena y demoró el parto sentándose con las piernas cruzadas y las ropas atadas con nudos. Al mismo tiempo, su hija Ilitia/Lucina provocaba que su primo Euristeo naciese prematuramente, haciendo así que fuese rey en lugar de Heracles.

Alcmena mientras estaba en un trabajo de parto que no terminaba y podía morir; Galantis la sirviente de Alcmena que asistía al parto y pide ayuda a Ilitia/Lucina y a Hera, pero esta última se niega; apretando más sus manos y cruzando sus piernas. Alcmena llena de dolor, maldijo los cielos estando casi al borde la muerte. Galantis observó a Ilitia/Lucina y dedujo los planes de Hera. Le dijo a la diosa que el niño ya había nacido, lo que la asustó tanto que saltó y abrió las manos, Hera desató así los nudos. Esto liberó a Alcmena, que pudo dar a luz. Galantis rió y ridiculizó a las diosas, siendo transformada en comadreja como castigo. Siguió viviendo con Alcmena tras su transformación. Alcmena dio a luz a los gemelos. Uno de los niños, Ificles, era mortal, mientras el otro era el semidiós Heracles, llamado inicialmente Alceo o Alcides.

Egina era una ninfa, esta nacida de Asopo, un río de Beocia. Zeus tuvo que ingeniarse un nuevo aspecto para eludir la celosa vigilancia del padre, pasando a ser una llama, tan ardiente como su pasión por la hermosa niña. Cuando la joven se acercó Zeus tomó la forma de un águila y raptó a Egina, llevándola a una isla del golfo Sarónico cerca de Ática llamada Enone o Enopia, y desde entonces por su nombre. El padre de Egina, Asopo, se enteró del rapto y corrió tras ellos, pero Zeus le arrojó su rayos, devolviéndolo a su cauce. Egina terminó dado a luz al hijo de Zeus, Eaco, que se convertiría en rey de la isla, y a su muerte en uno de los jueces del infierno, hunto con Minos y Radamantis.

Antíope era una hija del rey Nicteo de Tebas. Su belleza era tan extraordinaria que el mismo Zeus se fijó en ella, dejándola embarazada tras seducirla tomando forma de sátiro. Sin embargo, Antíope tuvo que huir de la cólera de su padre, que no creía que el amante de su hija fuera el rey de los dioses y la acusaba de blasfemia. Luego la historia adquiere matices de tragedia griega; Antíope se refugia en la corte de Epopeo, rey de Sición, con quien casa. Pero se inicia una guerra entre las dos ciudades y Nicteo resulta herido, pero antes de morir encargó a su hermano Lico que castigase el crimen de su hija. Lico usurpó el trono de Tebas y cumplió el encargo de su hermano, y tras la muerte de Epopeo logra capturar a Antíope y llevarla de vuelta a la capital beocia. En el camino de regreso a Tebas Antíope dio a luz los dos gemelos que había tenido de Zeus, que se llamarían Zeto y Anfión.

Antíope entregada en custodia a Dirce, la esposa de Lico, sufrió los tratos más inhumanos durante muchos años, hasta que la encerró en una celda oscura y le privó incluso de agua para beber. Pero la cautiva logró escaparse, huyendo donde vivían sus hijos. Éstos juraron vengar a su madre, destronaron a Lico y ataron a Dirce a un toro que la arrastró hasta matarla. Hechos que encolerizaron a Dioniso, del que Dirce era sacerdotisa. El dios del vino enloqueció a Antíope, que recorrió toda Grecia hasta que encontró a Foco, que no sólo la curó, sino que además se casó con ella. Cuando murió, Antíope fue enterrada en la misma tumba que su esposo Foco. Sus hijos no tuvieron mejor suerte.

Finalmente como águila Zeus sedujo al príncipe troyano Ganimedes; que fue secuestrado en el monte Ida de Frigia. Ganimedes pasaba allí el tiempo de exilio al que muchos héroes se sometían en su juventud, cuidando un rebaño de ovejas o, alternativamente, la parte rústica o ctónica de su educación, junto con sus amigos y tutores. Zeus lo vio, se enamoró de él casi instantáneamente, transformándose en águila él mismo y lo llevó al monte Olimpo.

En el Olimpo, Zeus hizo a Ganimedes su amante y copero, suplantando a Hebe. Todos los dioses se llenaron de gozo al ver la belleza del joven, salvo Hera, la esposa de Zeus, que lo trató con desprecio. Más tarde Zeus ascendió a Ganimedes al cielo como la constelación Aquarius, que todavía hoy está relacionada con el águila en la vecina constelación de Aquila.