Ángeles y arcángeles (10) Los arcángeles de la Ortodoxa Oriental

La Tradición Ortodoxa Oriental menciona miles de arcángeles; sin embargo, sólo siete arcángeles son venerados por su nombre. Miguel, Gabriel y Rafael poseen en todas las tradiciones un lugar especial. La Iglesia Ortodoxa celebra la Synaxis del Arcángel Miguel y los otros poderes Incorpóreos el 08 de noviembre del calendario litúrgico ortodoxo (para las iglesias que siguen el calendario juliano, 08 de noviembre cae el 21 de noviembre del moderno calendario gregoriano). Otros días de fiesta de los Arcángeles incluyen la Cena del arcángel Gabriel el 26 de marzo (8 de abril), y el milagro del Arcángel Miguel en Colosas el 6 de septiembre (septiembre 19). Además, todos los lunes durante todo el año está dedicada a los ángeles, con especial mención a que se realizan en los himnos de la iglesia de Miguel y Gabriel.

Los otros arcángeles de esta iglesia, que también reciben el apoyo y veneración dentro los practicantes del catolicismo son: Ariel (similar pero no igual a Uriel) y equiparado a veces a Anael; los otros tres son: Selafiel, Jegudiel y Barachiel. Algunos incluyen a un octavo —influencia turca en la región—, Jeremiel o Jerameel (exaltación de Dios) y que es venerado como un inspirador de los pensamientos que elevar a una persona hacia Dios, es el ángel de la fortaleza y es otro nombre de Remiel el ángel de la esperanza. Representado como un ángel que sostiene una balanza para medir las almas. Como en entradas anteriores, en esta entrada nos enfocaremos en Ariel, Selafiel, Jegudiel y Barachiel.

Mientras el libro de Enoc nos señala que los siete arcángeles son los ángeles del Apocalipsis, en la versión católica influenciada por la idea judía de los siete cielos y de ideas astrológicas, los siete arcángeles son los regentes de los ‘planetas astrológicos’ y por equivalencia rigen también los siete días de la semana. En la versión ortodoxa los arcángeles se les vincula con las virtudes que luchan contra los pecados; Serafiel ataca a la gula y representa a la templanza; Jegudiel ataca a la envidia y se le vincula con la caridad, Barachiel lucha contra la pereza bajo la forma del esmero o diligencia, Ariel frena la codicia bajo la forma de generosidad; eso nos deja a los tres grandes arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael luchando contra la soberbia, la ira y la lujuria respectivamente bajo a apariencia de la humildad, la paciencia y la castidad.

Miguel, Gabriel y Rafael en la Ortodoxia

Miguel ha sido representado desde los primeros tiempos del cristianismo como un comandante, que tiene en su mano derecha una lanza con la vence al demonio y en su mano izquierda una palma verde. En la parte superior de la lanza hay una cinta de lino con una cruz. Miguel es especialmente considerado como el guardián de la fe ortodoxa y un luchador contra las herejías. Gabriel es el heraldo de los misterios de Dios, especialmente la encarnación de Dios y todos los otros misterios relacionados con ella. Se le representa con su mano derecha sosteniendo una linterna con una vela encendida en el interior, y en su mano izquierda, un espejo de verde jaspe. El espejo representa la sabiduría de Dios como un misterio oculto. Rafael se representa con Tobías (que lleva un pez atrapado en el Tigris) con su mano derecha, y sosteniendo un frasco de alabastro de médico en la mano izquierda.

Ariel (Altar de Dios)

Aunque la tradición ortodoxa incluye a Uriel como el ángel de la Tierra y es para muchos el cuarto ángel; Uriel es representado con una espada en su mano derecha y una llama en su mano izquierda. Otros lo equiparan o igualan a Ariel, que es el ángel de la naturaleza. Ariel también es relacionado con Anael, y entre las formas de su nombre se incluyen: Ariel, Arael, y Ariael; variando el significado de su nombre de ‘Altar de Dios‘ a ‘León de Dios‘. Ariel está a cargo de la protección y la curación de animales, peces y aves, es así el veterinario y ecologista de los cielos; no sólo protege y cura a los animales domésticos o salvajes, sino también cuida del medio ambiente, del suelo y las aguas. Trabaja como Rafael en proporcionar la curación, pero en este caso la curación que necesitan las bestias, de acuerdo con la voluntad de Dios.

Como el arcángel Ariel está alineado con el mundo natural y con animales, también se relaciona con los elementales (es decir, hadas, elfos, duendes, gnomos, etc.). Así Ariel actúa como enlace para aquellos interesados en conectarse con los Reinos Elementales y se hace un llamado a Ariel para ofrecer plataformas de interacción positiva con las hadas, duendes, espíritus de la naturaleza y otros seres elementales.

En el arte, Ariel es a menudo representado con un globo que representa la Tierra, o con elementos de la naturaleza (tales como agua, fuego, o piedras), para simbolizar el cuidado de Ariel por la creación de Dios en la Tierra. Ariel aparece a veces en forma masculina, y otras veces en forma de mujer. Por relación con su nombre, el león se considera su animal tótem. Nos recuerda que la naturaleza puede curar, la relajación y contemplación del mundo natural pueden muchas veces ser el mejor remedio para situaciones de estrés, angustia y agotamiento físico y mental.

Nombre de Ariel (que puede significar “altar”) se utiliza para referirse a la ciudad santa de Jerusalén en el libro de Isaías, y no a un arcángel.

—¡Ay de Ariel, de Ariel, ciudad donde habitó David! Añadid un año a otro, las fiestas sigan su curso. Mas yo pondré a Ariel en apretura, y será desconsolada y triste; y será a mí como Ariel. Porque acamparé contra ti alrededor, y te sitiaré con campamentos, y levantaré contra ti baluartes. Entonces serás humillada, hablarás desde la tierra, y tu habla saldrá del polvo; y será tu voz de la tierra como la de un fantasma, y tu habla susurrará desde el polvo. Y la muchedumbre de tus enemigos será como polvo menudo, y la multitud de los fuertes como tamo que pasa; y será repentinamente, en un momento. Por Jehová de los ejércitos serás visitada con truenos, con terremotos y con gran ruido, con torbellino y tempestad, y llama de fuego consumidor. Y será como sueño de visión nocturna la multitud de todas las naciones que pelean contra Ariel, y todos los que pelean contra ella y su fortaleza, y los que la ponen en apretura. Y les sucederá como el que tiene hambre y sueña, y le parece que come, pero cuando despierta, su estómago está vacío; o como el que tiene sed y sueña, y le parece que bebe, pero cuando despierta, se halla cansado y sediento; así será la multitud de todas las naciones que pelearán contra el monte de Sion. (Isaías 29:1-8)

En el texto judío ‘La sabiduría de Salomón‘, Ariel se le describe como ángel que castiga a los demonios. Los cristianos gnósticos dicen también que Ariel castiga a los malvados. Más tarde, los textos describen el papel de Ariel cuidado de la naturaleza, incluyendo la jerarquía de los ángeles bienaventurados (publicado en el 1600), que llama a Ariel “gran señor de la Tierra.”, por ello se le equipara a Uriel. Por ello Ariel es descrito también como un ángel que castiga a los que hacen daño a la creación de Dios destruyendo el medio ambiente, contaminando tierra, agua y aire.

Ariel es parte de la clase de ángeles llamados virtudes, que inspiran a la gente para crear grandes obras de arte y hacer grandes descubrimientos científicos; y algunos cristianos consideran a Ariel el santo patrono de los nuevos comienzos; ayudando a trascender las ilusiones que separan y limitan; nos recuerda que somos partes de un todo, que es la creación de Dios. Así al entender que somos partes de la naturaleza, nos anima, inspira, motiva y estimula nuestra fuerza natural interior y confianza; nos ayuda a redescubrir el valor y la confianza necesaria para buscar la felicidad.

Selafiel/Sealtiel (Oración de Dios)

Selafiel, también llamado Saeltiel (Plegaria a Dios), Sealtiel, Selatiel, Tzelathiel y es a veces identificado como el Salatiel del segundo libro de Esdras. Cuando se muestra en la iconografía se le muestra en una actitud de humilde oración, con la mirada baja y los brazos cruzados sobre el pecho. La oración es considerada su atributo especial, y los cristianos ortodoxos buscan su ayuda si la oración por el sufrimiento de las distracciones, falta de atención, o el frío. En la tradición católica, se le representa como un turiferario (quien porta el incienso). Por ello en algunas representaciones se lo muestra con las manos juntas en oración profunda o con el incienso de adoración, representando así su unión gozosa con Dios, ya que el incienso es el símbolo de la ofrenda y el sacrificio.

Combate el espíritu de la intemperancia (falta de moderación), la gula y del exceso en la bebida ya que la intemperancia lleva a toda clase de pecados y de delitos. El Salvador nos advierte:

—Estén alerta, no sea que se endurezcan sus corazones por los vicios, borracheras y preocupaciones de la vida. No sea que ese día caiga de repente sobre ustedes. (Lucas 21,34).

Contra estos vicios acude Selafiel enseñando las virtudes de la templanza y la renuncia. Ellas llevan a una inteligencia más clara, a una voluntad fuerte, a nuevas virtudes, al perdón de los pecados, a la escucha de las oraciones, a gracias extraordinarias y a la vida eterna. El origen de esta creencia se atribuye a la intervención del ángel sobre un misionero dado a la bebida y los excesos; y tras invocar a cada ángel por reparar sus pecados, sólo Selafiel respondió enseñándole que la oración es el primer paso en el camino de la salvación. A Selafiel como distribuidor de gracias se lo representa también llevando en sus manos una cesta con flores o frutos, o bien, va derramando los mismos; señal de la gloria, de la vida con Dios, de la práctica de las Santas Virtudes.

Jegudiel (Elogio a Dios)

Jegudiel, también llamado Jhudiel, Jeguidiel, Jehudiel o Yhudiel es uno de los siete arcángeles en el ortodoxa tradición. Él es a menudo representado en la iconografía sosteniendo una corona y un látigo terminado en tres hilos. Jegudiel es el patrón de todos los que trabajan en algún campo de actividad, y la corona que simboliza el premio por el éxito de labores espirituales, es la señal de la recompensa divina para aquellos que son fieles a Dios y lo alaban.

Jegudiel es el asesor y defensor de todos los que trabajan en puestos de responsabilidad de la gloria de Dios, y como tal se recurre a la de los reyes, jueces, y otros en posiciones de liderazgo. A Jegudiel también se conoce como el portador de Dios, del amor misericordioso y bajo esta imagen es representado con un corazón en llamas (el Sagrado Corazón) en la mano.

Jehudiel combate al espíritu de la envidia y de celos, que exterminan toda serena paz del alma, y pedimos nos proteja de individuos obsesivos llenos de estos pecados; le pedimos que derrame en nuestras almas y en las de las personas que nos rodean la fidelidad a la Ley de Dios.

Barachiel (Bendición de Dios)

Barachiel, también: Baraquiel, Baraqiel, Barchiel, Barkiel, Barbiel; es uno de los siete arcángeles en la ortodoxa tradición. Se dice que controla los relámpagos y junto a Uriel se le invoca para ganar al juego. Su nombre traduce a veces ‘Bendición de Dios’ en otras ‘Relámpago de Dios’ y es por ello asociado a uno de los ángeles que controla el relámpago, y vinculado al planeta Júpiter, el dios romano de los rayos. Júpiter es el regente de Piscis, igual regencia se le da a Barachiel, a quien también se le atribuye la regencia de febrero. Este ángel señala que es mucho mas fácil nadar con la corriente que en contra de ella; el ayuda si ‘si fluyes’ (sigues) a Dios, trayendo así abundancia a tu espíritu.

En la iconografía ortodoxa Barachiel a veces se le muestra sosteniendo una rosa blanca contra el pecho, o con pétalos de rosa esparcidos sobre todo el manto; pero en el catolicismo romano, Barachiel es representado sosteniendo una cesta de pan, símbolo de la muerte y resurrección de Cristo. O portando un canastito lleno de flores y frutos preciosos (los frutos de la Vocación cumplida).

El pan es un gran simbolo cristiano, en un primer momento el grano muere al ser molido, pero al se amasado y horneado se transforma en un elemento de vida, pero el pan también reviste simbolismo alquímico; la tierra nutre al grano, el agua permite crear la masa, que sino sería solo polvo; el aire produce la fermentación y eleva la masa, y el fuego finalmente protagoniza el milagro de la transformación. Ya en la última cena Jesús señala al pan como un medio transformador; si para Adán y Eva comer del fruto del bien y del mal trae promesa de muerte; para Jesús comer el pan trae promesa de vida:

—Yo soy el pan de la vida. El que viene a mi jamas tendrá hambre. El que cree en mi, jamás tendrá sed. (Juan 6:35).

La asociación con el pan lo vincula a la prosperidad y abundancia en todas sus formas; es por ello que para la iglesia Católica Barachiel se le designa como protector de los matrimonios, ya que el pan es signo de abundancia y prosperidad. Se pide a Barachiel que nos proteja de caer en la pereza y la indiferencia a las Cosas Santas.

En el Tercer Libro de Enoc se le describe como uno de los príncipes angelicales, con una miríada de cerca del medio millón de ángeles guardianes que le atienden. Responsabilidades Barachiel son tan variados como las bendiciones que el arcángel llama. Su misión es abrir nuestros corazones para estar mas abiertos a todo lo bueno. A Barachiel se puede rezar como el ángel de la guarda y es descrito en la Alma del de Salomón como el ángel de la luz.

Ángeles y arcángeles (8) Los siete arcángeles

Si bien ha sido un problema pasar de tres a cuatro, imagínese pasar a siete, y el por qué deben ser siete. En la tradición judía y en el viejo testamento siempre se hace mención de siete grandes ángeles que están al lado de Dios. La pregunta inicial es por qué siete y quienes son estos. Omitiremos por el momento la respuesta a la primera pregunta y nos limitaremos a la segunda. ¿Quiénes son estos siete arcángeles?; si bien las sagradas escrituras sólo nombran a Miguel y Gabriel, y con algún resquemor a Rafael; nunca aparecen los otros cuatro; pero seguro si se señala que son siete:

Juan, a las siete iglesias que están en Asia: Gracia y paz a vosotros, del que es y que era y que ha de venir, y de los siete espíritus que están delante de su trono (Apocalipsis 1:4)

Y vi a los siete ángeles que estaban en pie ante Dios; y se les dieron siete trompetas. (Apocalipsis 8:2)

Los nombres de los siete arcángeles aparecen en el libro de Enoc; en donde se citan en el capítulo 20.

He aquí los nombres de los santos ángeles que vigilan: Uriel, uno de los santos ángeles, llamado el del trueno y el temblor (temor); Rafael, otro de los santos ángeles, el de los espíritus de los humanos; Raguel, otro de los santos ángeles, que se venga del mundo de las luminarias; Miguel, otro de los santos ángeles, encargados de la mejor parte del la humanidad y del pueblo; Sariel, otro de los santos ángeles, encargado de los espíritus de los hijos de los hombres que pecan en espíritu; Gabriel; otro de los santos ángeles, encargado del paraíso, las serpientes y los querubines; Remiel, otros de los santos ángeles, al que Dios ha encargado de los resucitados.

Aunque muchas tradiciones concuerdan con los cuatro comunes: Miguel, Gabriel, Rafael y Uriel; los otros tres cambian; así aparecen nombres como: Jofiel, Samael y Zadkiel; Baraquiel, Jehudiel y Saeltiel; etc.. Y si trabajamos con los regentes de los siete cielos tendríamos: Sidriel, Baraquiel, Baradiel, Sandalfon, Zadkiel y Miguel; y si ponemos los nombres de los regentes de los siete planetas astrológicos tenemos a: Miguel (Sol), Gabriel (Luna); Rafael (Mercurio), Anael (Venus), Camael (Marte); Zadkiel (Jupiter) y Casiel (Saturno); y tras el descubrimiento de otros planetas aparecen: Uriel (Urano), Asariel (Neptuno) y Azrael (Plutón). Por su parte la Cábala Judía asocia cada punto del árbol de la vida a diez ángeles: Metraton, Rasiel, Casiel, Zadquiel, Camael, Rafael, Anael, Miguel, Gabriel y Sandalfon; y si nos referimos a los meses tenemos de enero a diciembre los siguientes regentes: Cambiel, Barchiel, Machidiel, Asmodel, Ambriel, Muriel, Verchiel, Hamaliel, Uriel, Barbiel, Advachiel y Anael. Podríamos hablar de los ángeles que presiden las cuatro estaciones y sus ayudantes; o los que vigilan cada una de las veinticuatro horas del día, pero la idea básica ya está planteada; podemos así seguir sin ponernos nunca de acuerdo en quienes son realmente los siete grandes arcángeles o si ellos son realmente siete; ya que los musulmanes hablan de ocho ángeles que transportan el carro de Dios.

Como la idea no es ponernos exigentes, asumiremos en esta entrada sólo los nombres dados en el libro de Enoc; como ya hablamos de Rafael, Miguel, Gabriel y Uriel; esta entrada la dedicaremos a Raquiel, Sariel y Remiel.

Raquel (Amigo de Dios).

Raguel no se menciona en las escrituras canónicas de la Biblia. Entre sus otros nombres tenemos: Raguil, Rasuil, Rufael, Suryan y Akrasiel. Su nombre se enumera en el Libro de Enoc, como uno de los siete arcángeles y quien mostró a profeta el fuego que guía las luminarias del cielo (estrellas) y transportó al profeta a los cielos. Raquel es identificado con el tercer ángel que toca la trompeta para abrir el abismo, ya que Juan presenta a los siete ángeles que están delante de Dios, a la manera del Libro de Enoc y Raguel en el Libro de Enoc es quien enseña al profeta las estrellas.

El tercer ángel tocó la trompeta, y cayó del cielo una gran estrella, ardiendo como una antorcha, y cayó sobre la tercera parte de los ríos, y sobre las fuentes de las aguas. Y el nombre de la estrella es Ajenjo. Y la tercera parte de las aguas se convirtió en ajenjo; y muchos hombres murieron a causa de esas aguas, porque se hicieron amargas. (Apocalipsis 8:10-11)

Raguel se refiere como el arcángel de la justicia, de la imparcialidad y de la armonía. Raguel observa a todos los ángeles y arcángeles para cerciorarse si están trabajando adecuadamente con mortales, de una manera armoniosa y ordenada, según la voluntad y el orden divinos (Apocalipsis 3:7-13), lleva la cuenta de sus errores (Mateo 18:10), y publica el castigo para los ángeles que han transgredido las norma de Dios (Daniel 7:10). Según esto, sus acciones contra otros ángeles no son propias del diablo y deben interpretarse como el cumplimiento de la misión divina de mantener cielo puro, limpio de la corrupción, en armonía con la voluntad de Dios. Es por ello que en el juicio final, sería Raguel quien ejecuta las condenas contra los malvados, sean el diablos y sus ángeles después de ser derrotados por Miguel y sus ángeles. Algunas tradiciones diferentes lo consideran un ángel del frío y no del fuego, que en el juicio final forma tropas de ángeles de nieve y hielo.

Sariel (Mandamiento de Dios)

Sariel es uno de los arcángeles para las tradiciones del judaísmo y el islamismo. Otras posibles versiones de su nombre son Seriel, Sauriel, Suriel, Suriyel, Seraquel, Saraqael, Sarakiel, Seraquiel, Saraqel, Sahariel,  Zerachiel, Surya, Esdreel, Asaryalyor, Juriel y Jariel.

De acuerdo con el Libro de Enoc (10:1-3) Sariel fue el ángel enviado a Noé; así fue su misión:

Entonces el Altísimo, Grande y Santo habló y envió a Sariel al hijo de Lamec. Y le dijo: —Ve hacia Noé y dile en mi nombre, ‘escóndete’; y revélale la consumación que viene, pues la tierra entera va a perecer, un diluvio está por venir sobre toda la tierra y todo lo que se encuentre sobre ella perecerá. En seguida enseña al Justo, al hijo de Lamec, lo que debe hacer para preservar su alma para la vida y escapar definitivamente, pues por él será sembrada una planta y serán establecidas todas las generaciones.

Para Enoc (40:9-10) Sariel es el cuarto ángel del señor (no Uriel), en toda la obra siempre lo nombra junto a Miguel, Gabriel y Rafael y afirma en ella:

… el cuarto, que está encargado de la esperanza de quienes heredarán la vida eterna, es llamado Sariel. Estos son los cuatro ángeles del Señor…

En algunas traducciones del Libro de Enoc se escribe Saraqael/Zerachiel; que en su versión anglo suena muy similar a Azrael. Si Azrael es el mismo Sariel, ello explica sus acciones en tres hechos distintos: (1) en la tradición Judía se le conoce como Suriel/Juriel y es el ángel de la presencia Divina; fue el ángel enviado para recuperar el alma de Moisés y de este ángel Moisés recibió todos sus conocimientos (Azrael es el ángel que recupera las almas); (2) en el libro de Enoc la función de Sariel es dar esperanza a las almas de los pecadores (como Azrael que busca salvar las almas del infierno), y (3) finalmente si asociamos los ángeles de las trompetas del Apocalipsis con los ángeles del libro de Enoc; Sariel sería el quinto ángel; que tras sonar la trompeta provoca la caída de una estrella, el polvo oscurece la tierra y saldrán langostas como escorpiones que atormentaran a los hombres por cinco meses (aquí opera como el Azrael ángel vengador).

El quinto ángel tocó la trompeta, y vi una estrella que cayó del cielo a la tierra; y se le dio la llave del pozo del abismo. Y abrió el pozo del abismo, y subió humo del pozo como humo de un gran horno; y se oscureció el sol y el aire por el humo del pozo. Y del humo salieron langostas sobre la tierra; y se les dio poder, como tienen poder los escorpiones de la tierra. Y se les mandó que no dañasen a la hierba de la tierra, ni a cosa verde alguna, ni a ningún árbol, sino solamente a los hombres que no tuviesen el sello de Dios en sus frentes. Y les fue dado, no que los matasen, sino que los atormentasen cinco meses; y su tormento era como tormento de escorpión cuando hiere al hombre. Y en aquellos días los hombres buscarán la muerte, pero no la hallarán; y ansiarán morir, pero la muerte huirá de ellos. (…) Y tienen por rey sobre ellos al ángel del abismo, cuyo nombre en hebreo es Abadón, y en griego, Apolión. (Apocalipsis 8:1-11)

Algunos señalan que el ángel de la quinta trompeta es Raquel ya es según Enoc es el ángel que preside las luminarias y por tanto vinculado a la caída de la estrella; pero igual función se pone al ángel de la tercera trompeta.

Remiel (Misericordia de Dios)

Remiel figura también como Jeremiel o Yeremiel en la versión latina, Iyârumial en la etíope y Ramiel en la siríaca. En el Libro de Enoc se le señala como el “Encargado de los resucitados” En el Apocalipsis de 1°Esdras (4:35-36), es él quien responde hasta cuándo deberán espera los justos por su recompensa: —… hasta que el número de los justos esté completo—. Y en el Apocalipsis 6:10-11 se responde una pregunta similar cuando el Cordero rompe el quinto sello “Y clamaban a gran voz, diciendo: —¿Hasta cuándo, Señor, santo y verdadero, no juzgas y vengas nuestra sangre en los que moran en la tierra?— (…) hasta que se completara el número de sus consiervos y sus hermanos, que también habían de ser muertos como ellos.

En el Apocalipsis de Baruc de origen siríaco, desempeña un papel protagónico y es presentado como “el ángel que preside las visiones verdaderas” (55:3). En los capítulos 56 y 74 hace una interpretación mesiánica de la visión de Baruc de “las aguas negras y las aguas blancas”, descifrando el sentido de la historia del pecado y la redención y manifestándose como el vencedor sobre Senaquerib (63:2-10), identificándose como el ángel de 2 Crónicas 32:21-22, Isaias 37:36-38; y no el ángel Uriel.

Si mantenemos la comparación entre los ángeles de Enoc y los del Apocalipsis de Juan; Remiel sería el séptimo ángel; para Enoc es el encargado de los resucitados, y su tarea fundamental es como ángel de la esperanza; es el que conduce las almas al Juicio y cuida de aquellas que aguardan la entrada en el Paraíso. Bajo este aspecto vemos al séptimo ángel al sonar la trompeta:

El séptimo ángel tocó la trompeta, y hubo grandes voces en el cielo, que decían: Los reinos del mundo han venido a ser de nuestro Señor y de su Cristo; y él reinará por los siglos de los siglos. Y los veinticuatro ancianos que estaban sentados delante de Dios en sus tronos, se postraron sobre sus rostros, y adoraron a Dios, diciendo: Te damos gracias, Señor Dios Todopoderoso, el que eres y que eras y que has de venir, porque has tomado tu gran poder, y has reinado. (Apocalipsis 11:15-17)

Tras estas palabras vendrán los aspectos más terribles del Apocalipsis, es la lucha Miguel contra el Dragón, la caída de la gran ramera, las siete plagas y otros eventos; pero al final será el juicio de los muertos y vendrá el Reino de los Cielos, estos aspectos coinciden perfectamente en Remiel como el ángel del juicio final, pero también de la esperanza.

Nota final

Un aspecto a tener en cuenta en el Libro de Enoc es la semejanza entre los nombres de los arcángeles y el de los vigilantes (ángeles que se acostaron con las mujeres de los hombres); señalan muchos escritores que es un problema de Parónimos, palabras que escritas distintas suenan igual y por ello el problema en las traducciones.

He aquí los nombres de estos Vigilantes: Shemihaza, quien era el principal y en orden con relación a él, Ar’taqof, Rama’el, Kokab’el, -‘el, Ra’ma’el, Dani’el, Zeq’el, Baraq’el, ‘Asa’el, Harmoni, Matra’el, ‘Anan’el, Sato’el, Shamsi’el, Sahari’el, Tumi’el, Turi’el, Yomi’el, y Yehadi’el. Y los que siguen son los nombres de sus ángeles, de sus jefes de centenas y cincuentenas. El primero es Yeqon, éste indujo a todos los hijos del cielo y los hizo descender sobre la tierra y los sedujo con las hijas de los hombres. El nombre del segundo es Asbe’el, éste dio un mal consejo a los hijos del cielo y los condujo a corromperse a sí mismos con las hijas de los hombres. El nombre del tercero es G’adri’el, este mostró a las hijas de los hombres todas las formas de dar muerte, fue él quien sedujo a Eva y él es quien enseñó a los hijos de los hombres los escudos, las corazas, las espadas de combate y todas las armas de muerte; desde su mano ellos han procedido en contra de quienes viven en la tierra desde ese día y por todas las generaciones. El nombre del cuarto es Panamu’el, éste mostró a los hijos de los hombres lo amargo y lo dulce y les reveló todos los secretos de su sabiduría: les enseñó a los humanos a escribir con tinta y papiros y son muchos los que se han descarriado a causa de ello, desde el comienzo hasta este día. Porque los hombres no han sido traídos al mundo con el propósito de afianzar su creencia en la tinta y el papel, sino que los humanos han sido creados con la intención de que vivieran puros y justos para que la muerte que todo lo destruye no pudiera alcanzarles. Pero por culpa de este conocimiento suyo, el poder de ella me devora. El nombre del quinto es K’asdeya’el, este mostró a los hijos de los hombres todas la plagas de los espíritus y los demonios: la plaga de embrión en el vientre para que aborte, la mordedura de serpiente, la plaga que sobreviene con el calor de mediodía, el hijo de la serpiente cuyo nombre es Taba’et. Enoc (69:1-12)

Ángeles y arcángeles (2) Rafael Arcángel

Rafael que traduce del hebreo “Dios sana” es un arcángel del judaísmo, el cristianismo y el Islam; y entre estos últimos se conoce como Israfil. Los ángeles son mencionados en la Torá, (los libros más antiguos de la Biblia hebrea) y no tienen nombres. Afirma el Rabí Shimón ben Lakish de Tiberias (230-270 d.C.) que todos los nombres específicos de los ángeles fueron traídos por los Judíos desde Babilonia, y los comentaristas modernos tienden a estar de acuerdo con esta afirmación.

Rafael es nombrado en varios libros judíos apócrifos; entre ellos en el libro de Enoch donde es enviado a detener a Azazel, una entidad espiritual hebrea que significa “chivo expiatorio” expuesta en Levítico 16:8-10, y que no vuelve a ser mencionada en ninguna parte más de la Biblia hebrea canónica. De acuerdo con el libro de Enoch, Azazel era el líder de los grigori (también conocidos como los “observadores”), un grupo de ángeles caídos que copularon con mujeres mortales, dando origen a una raza de gigantes conocida como los Nephilim.

Azazel es particularmente significativo entre los grigori porque fue él quien enseñó a los hombres cómo forjar las armas de guerra así como enseñó a las mujeres cómo hacer y utilizar los cosméticos. Con el tiempo las enseñanzas de Azazel crearon tal iniquidad entre los hombres que Dios decidió destruir toda la vida en la Tierra con una gran inundación, salvando solamente a Noé, la familia de Noé, y a las parejas de cada especie de animales.

De acuerdo a Enoc 10:4-6; tenemos:

Y además, el Señor le dijo a Rafael: —Encadena a Azazel de pies y manos, arrójalo en las tinieblas, abre el desierto que está en Dudael y arrójalo en él; tira sobre él piedras ásperas y cortantes, cúbrelo de tinieblas, déjalo allí eternamente sin que pueda ver la luz, y en el gran día del Juicio que sea arrojado al fuego. Después, sana la tierra que los Vigilantes han corrompido y anuncia su curación, a fin de que se sanen de la plaga y que todos los hijos de los hombres no se pierdan debido al misterio que los Vigilantes descubrieron y han enseñado a toda la tierra que ha sido corrompida por medio de las obras que fueron enseñadas por Azazel, impútale entonces todo pecado.

De los siete arcángeles en la angelología del Judaísmo post-exilio, sólo Miguel y Gabriel, son mencionados por su nombre en las escrituras que llegaron a ser aceptadas como canónicas por todos los cristianos. Rafael sólo se menciona por su nombre en el libro de Tobías, que es aceptado como canónico por católicos, anglicanos y ortodoxos. Los otros cuatro, sin embargo, se nombran en el libro de Enoc (capítulo XX): Uriel, Raguel, Sariel, y Remiel.

El nombre del ángel Rafael sólo aparece de acuerdo con el Libro de Tobías  cuando Rafael fue enviado por Dios para acompañar a Tobías, hijo de Tobit, en un largo y peligroso viaje para conseguirle una esposa piadosa al joven. Ésta será Sara, quien había visto morir a siete prometidos debido a que un demonio, de nombre Asmodeo, que estaba enamorado de la mujer y mataba al esposo en la noche de bodas. Convirtiendo a Sara en una mujer maldita ante los ojos de todos.

En un principio Rafael se presenta como «Azarías, hijo del gran Ananías», pero al finalizar el viaje cura la ceguera de Tobit y se manifiesta como «el ángel Rafael, uno de los siete en la presencia del Señor». Durante el viaje, da instrucciones a Tobías para pescar un pez, del que extraería las vísceras que usaría más tarde para alejar al demonio Asmodeo y curar la ceguera de su padre. Debido a esto, a Rafael se le considera protector de los novios o el noviazgo, mas no quien promueve los noviazgos como el Eros (Cupido) grecorromano.

En el Nuevo Testamento, sólo los arcángeles Gabriel y Miguel son mencionados por su nombre (Lucas 1:9-26; Judas 1:9). Más tarde, los manuscritos de Juan 5:1-4 se refieren a la piscina de Betesda, donde la multitud de enfermos yacía esperando la agitación del agua, para que un ángel del Señor bajaba de tiempo en tiempo a la laguna y removiera el agua. Y aquel que entrara por primera vez en el estanque después del movimiento del agua, quedaba curado de cualquier mal que tuviera. Debido al papel asignado a la curación este ángel particular, se asocia generalmente con el arcángel Rafael.

El día de la fiesta de Rafael se incluyó por primera vez en el calendario romano en el año 1921, para celebrarlo  el 24 de octubre. Con la reforma del calendario Católico Romano de los Santos en 1969, esta fiesta fue trasladada al 29 de septiembre para la celebración, junto con San Miguel y San Gabriel. Dentro de ciertos límites, la Iglesia Católica Romana sigue permitiendo el uso del calendario de 1962. La Iglesia de Inglaterra también se celebra el “Miguel y Todos los Angeles” el 29 de septiembre.

La ciudad de Córdoba tiene entre sus santos patrones al arcángel San Rafael, desde que se atribuyó su protección contra una epidemia de peste. Tras varias apariciones al Padre Roelas, en la madrugada del 7 de mayo de 1578, le dijo al sacerdote: “Yo te juro, por Jesucristo Crucificado, que soy Rafael, ángel a quien Dios tiene puesto por guarda de esta ciudad”. Al poco tiempo dejaron de morir personas en Córdoba a causa de la epidemia.

Rafael es homenajeado en el Islam como uno de los grandes arcángeles.  Rafael es el ángel responsable de la llegada del Día del Juicio Final al soplar la trompeta. Según la tradición, la trompeta, serán sonada dos veces. El primer golpe de la trompeta marcará el comienzo del último día y el segundo golpe marcará el momento en que todas las almas se reunieron para el Juicio Final. Se le conoce más comúnmente como “Israfil” en la tradición islámica y según el Corán, que ha estado conteniendo el aliento, esperando las órdenes de Allah para soplar al Sur.

El ángel Rafael, junto con muchos ángeles destacados, aparece en el “Paraíso perdido” de John Milton, en el que es asignado por Dios para volver a advertir a Adán sobre el pecado de comer del árbol del conocimiento del bien y del mal. También expone a Adán de la Guerra en el Cielo en la que Lucifer y los demonios cayeron, y la creación de la Tierra.

Para La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días (Mormones) Rafael es considerado un ángel del Señor que, juntos con otros ángeles como Gabriel y el Arcángel Miguel, participó en la Restauración del evangelio en éstos, los últimos días. Una característica muy propia de los mormones es la revelación continua, lo que resulta en la publicación de otros libros canónicos aparte de la Biblia y aparece en uno de estos libros canónicos “Doctrina y Convenios“, en el cual se menciona a Rafael y explica su importante rol en estos últimos días.

Señala M. González W. lo siguiente:

Rafael es el ángel de la alborada, regente del segundo cielo y uno de los príncipe regentes de los querubines y de los arcángeles; jefe del coro de las virtudes. Pertenece a cuatro de los coros angelicales: los Serafines, los Querubines, las Dominaciones y los Potestades. Su nombre es de origen caldeo y originalmente era Labiel.

El nombre de Rafael significa “Dios ha sanado”. En la Iglesia Católica es conocido como el Medico Divino ya que se dice que tiene el poder de curar toda enfermedad por más seria que esta sea. Rafael es también protector de la tierra, a la que sana. Se dice de este arcángel que es el regente del sol en el medio cual está parado. Rafael se identifica a menudo con Ramiel, Raguel, Raffarel (…). En el libro de Tobías, Rafael esconde su identidad angelical bajo el nombre de Azarias.

Rafael es el ángel que guarda al Árbol de la Vida, uno de los seis ángeles del arrepentimiento, el ángel de la oración, de la alegría y de la luz. Es también el ángel de la ciencia, de la medicina, de la sabiduría y uno de los siete ángeles del Apocalipsis. Cuando Salomón pidió ayuda a Dios en la construcción del Templo, el Creador le regaló un anillo en el que estaba inscrito un pentagrama, el cual es una estrella de cinco puntas. Rafael fue el mensajero divino a quien Dios entregó este anillo para que se lo diera a Salomón. Es posible que la práctica de usar un pentagrama para invocar a los arcángeles provenga de esta historia.

A Rafael se le representa con un cayado en la mano y un pez en la otra como símbolo de su odisea con Tobías. En esta historia, Rafael le enseña a Tobías como utilizar el corazón y el hígado de un pescado para exorcizar al espíritu infernal Asmodeo y como utilizar la bilis del mismo pez para curar la ceguera de su padre.

A Rafael se le pide para que cure enfermedades, para ayuda en los estudios y en contratos, papeles, libros y todo tipo de negocios. Una forma sencilla de pedirle es escribiendo lo que se desea en un papel amarillo, el cual luego se quema en la llama de una vela amarilla también. Las cenizas se dispersan en el aire desde un sitio alto ya que Rafael rige el elemento aire. Esto, como toda devoción o ritual angelical, solo se debe hacer en luna creciente y si es posible en un día miércoles, que es el día regido por Rafael.

De Rafael se dice también que es uno de los Guardianes o Grigori, que tienen una continua vigilia sobre las puertas del Cielo y también uno de los guías en Sheol, donde según los judíos van las almas cuando muere. Es uno de los cuatro grandes príncipes que están frente al Trono de Dios, y según fuentes rabínicas, uno de los ángeles que visitaron a Abraham; los otros son Miguel y Gabriel. Se le conoce como el ángel de la simpatía, ya que siempre está risueño y es el ángel de la sexta Séfira en el árbol de la Vida.

En tiempos recientes se han estado corriendo rumores de que Rafael es una entidad femenina, pero en realidad los ángeles son espíritus sin forma material. Toman apariencia física sólo cuando desean ser percibidos por los seres humanos.

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Referencias: “Angelorum, el libro de los ángeles” Migene González Wippler (1999) Llewelyn Wolrd Wide – USA.  Pag 122-125