Ángeles y arcángeles (8) Los siete arcángeles

Si bien ha sido un problema pasar de tres a cuatro, imagínese pasar a siete, y el por qué deben ser siete. En la tradición judía y en el viejo testamento siempre se hace mención de siete grandes ángeles que están al lado de Dios. La pregunta inicial es por qué siete y quienes son estos. Omitiremos por el momento la respuesta a la primera pregunta y nos limitaremos a la segunda. ¿Quiénes son estos siete arcángeles?; si bien las sagradas escrituras sólo nombran a Miguel y Gabriel, y con algún resquemor a Rafael; nunca aparecen los otros cuatro; pero seguro si se señala que son siete:

Juan, a las siete iglesias que están en Asia: Gracia y paz a vosotros, del que es y que era y que ha de venir, y de los siete espíritus que están delante de su trono (Apocalipsis 1:4)

Y vi a los siete ángeles que estaban en pie ante Dios; y se les dieron siete trompetas. (Apocalipsis 8:2)

Los nombres de los siete arcángeles aparecen en el libro de Enoc; en donde se citan en el capítulo 20.

He aquí los nombres de los santos ángeles que vigilan: Uriel, uno de los santos ángeles, llamado el del trueno y el temblor (temor); Rafael, otro de los santos ángeles, el de los espíritus de los humanos; Raguel, otro de los santos ángeles, que se venga del mundo de las luminarias; Miguel, otro de los santos ángeles, encargados de la mejor parte del la humanidad y del pueblo; Sariel, otro de los santos ángeles, encargado de los espíritus de los hijos de los hombres que pecan en espíritu; Gabriel; otro de los santos ángeles, encargado del paraíso, las serpientes y los querubines; Remiel, otros de los santos ángeles, al que Dios ha encargado de los resucitados.

Aunque muchas tradiciones concuerdan con los cuatro comunes: Miguel, Gabriel, Rafael y Uriel; los otros tres cambian; así aparecen nombres como: Jofiel, Samael y Zadkiel; Baraquiel, Jehudiel y Saeltiel; etc.. Y si trabajamos con los regentes de los siete cielos tendríamos: Sidriel, Baraquiel, Baradiel, Sandalfon, Zadkiel y Miguel; y si ponemos los nombres de los regentes de los siete planetas astrológicos tenemos a: Miguel (Sol), Gabriel (Luna); Rafael (Mercurio), Anael (Venus), Camael (Marte); Zadkiel (Jupiter) y Casiel (Saturno); y tras el descubrimiento de otros planetas aparecen: Uriel (Urano), Asariel (Neptuno) y Azrael (Plutón). Por su parte la Cábala Judía asocia cada punto del árbol de la vida a diez ángeles: Metraton, Rasiel, Casiel, Zadquiel, Camael, Rafael, Anael, Miguel, Gabriel y Sandalfon; y si nos referimos a los meses tenemos de enero a diciembre los siguientes regentes: Cambiel, Barchiel, Machidiel, Asmodel, Ambriel, Muriel, Verchiel, Hamaliel, Uriel, Barbiel, Advachiel y Anael. Podríamos hablar de los ángeles que presiden las cuatro estaciones y sus ayudantes; o los que vigilan cada una de las veinticuatro horas del día, pero la idea básica ya está planteada; podemos así seguir sin ponernos nunca de acuerdo en quienes son realmente los siete grandes arcángeles o si ellos son realmente siete; ya que los musulmanes hablan de ocho ángeles que transportan el carro de Dios.

Como la idea no es ponernos exigentes, asumiremos en esta entrada sólo los nombres dados en el libro de Enoc; como ya hablamos de Rafael, Miguel, Gabriel y Uriel; esta entrada la dedicaremos a Raquiel, Sariel y Remiel.

Raquel (Amigo de Dios).

Raguel no se menciona en las escrituras canónicas de la Biblia. Entre sus otros nombres tenemos: Raguil, Rasuil, Rufael, Suryan y Akrasiel. Su nombre se enumera en el Libro de Enoc, como uno de los siete arcángeles y quien mostró a profeta el fuego que guía las luminarias del cielo (estrellas) y transportó al profeta a los cielos. Raquel es identificado con el tercer ángel que toca la trompeta para abrir el abismo, ya que Juan presenta a los siete ángeles que están delante de Dios, a la manera del Libro de Enoc y Raguel en el Libro de Enoc es quien enseña al profeta las estrellas.

El tercer ángel tocó la trompeta, y cayó del cielo una gran estrella, ardiendo como una antorcha, y cayó sobre la tercera parte de los ríos, y sobre las fuentes de las aguas. Y el nombre de la estrella es Ajenjo. Y la tercera parte de las aguas se convirtió en ajenjo; y muchos hombres murieron a causa de esas aguas, porque se hicieron amargas. (Apocalipsis 8:10-11)

Raguel se refiere como el arcángel de la justicia, de la imparcialidad y de la armonía. Raguel observa a todos los ángeles y arcángeles para cerciorarse si están trabajando adecuadamente con mortales, de una manera armoniosa y ordenada, según la voluntad y el orden divinos (Apocalipsis 3:7-13), lleva la cuenta de sus errores (Mateo 18:10), y publica el castigo para los ángeles que han transgredido las norma de Dios (Daniel 7:10). Según esto, sus acciones contra otros ángeles no son propias del diablo y deben interpretarse como el cumplimiento de la misión divina de mantener cielo puro, limpio de la corrupción, en armonía con la voluntad de Dios. Es por ello que en el juicio final, sería Raguel quien ejecuta las condenas contra los malvados, sean el diablos y sus ángeles después de ser derrotados por Miguel y sus ángeles. Algunas tradiciones diferentes lo consideran un ángel del frío y no del fuego, que en el juicio final forma tropas de ángeles de nieve y hielo.

Sariel (Mandamiento de Dios)

Sariel es uno de los arcángeles para las tradiciones del judaísmo y el islamismo. Otras posibles versiones de su nombre son Seriel, Sauriel, Suriel, Suriyel, Seraquel, Saraqael, Sarakiel, Seraquiel, Saraqel, Sahariel,  Zerachiel, Surya, Esdreel, Asaryalyor, Juriel y Jariel.

De acuerdo con el Libro de Enoc (10:1-3) Sariel fue el ángel enviado a Noé; así fue su misión:

Entonces el Altísimo, Grande y Santo habló y envió a Sariel al hijo de Lamec. Y le dijo: —Ve hacia Noé y dile en mi nombre, ‘escóndete’; y revélale la consumación que viene, pues la tierra entera va a perecer, un diluvio está por venir sobre toda la tierra y todo lo que se encuentre sobre ella perecerá. En seguida enseña al Justo, al hijo de Lamec, lo que debe hacer para preservar su alma para la vida y escapar definitivamente, pues por él será sembrada una planta y serán establecidas todas las generaciones.

Para Enoc (40:9-10) Sariel es el cuarto ángel del señor (no Uriel), en toda la obra siempre lo nombra junto a Miguel, Gabriel y Rafael y afirma en ella:

… el cuarto, que está encargado de la esperanza de quienes heredarán la vida eterna, es llamado Sariel. Estos son los cuatro ángeles del Señor…

En algunas traducciones del Libro de Enoc se escribe Saraqael/Zerachiel; que en su versión anglo suena muy similar a Azrael. Si Azrael es el mismo Sariel, ello explica sus acciones en tres hechos distintos: (1) en la tradición Judía se le conoce como Suriel/Juriel y es el ángel de la presencia Divina; fue el ángel enviado para recuperar el alma de Moisés y de este ángel Moisés recibió todos sus conocimientos (Azrael es el ángel que recupera las almas); (2) en el libro de Enoc la función de Sariel es dar esperanza a las almas de los pecadores (como Azrael que busca salvar las almas del infierno), y (3) finalmente si asociamos los ángeles de las trompetas del Apocalipsis con los ángeles del libro de Enoc; Sariel sería el quinto ángel; que tras sonar la trompeta provoca la caída de una estrella, el polvo oscurece la tierra y saldrán langostas como escorpiones que atormentaran a los hombres por cinco meses (aquí opera como el Azrael ángel vengador).

El quinto ángel tocó la trompeta, y vi una estrella que cayó del cielo a la tierra; y se le dio la llave del pozo del abismo. Y abrió el pozo del abismo, y subió humo del pozo como humo de un gran horno; y se oscureció el sol y el aire por el humo del pozo. Y del humo salieron langostas sobre la tierra; y se les dio poder, como tienen poder los escorpiones de la tierra. Y se les mandó que no dañasen a la hierba de la tierra, ni a cosa verde alguna, ni a ningún árbol, sino solamente a los hombres que no tuviesen el sello de Dios en sus frentes. Y les fue dado, no que los matasen, sino que los atormentasen cinco meses; y su tormento era como tormento de escorpión cuando hiere al hombre. Y en aquellos días los hombres buscarán la muerte, pero no la hallarán; y ansiarán morir, pero la muerte huirá de ellos. (…) Y tienen por rey sobre ellos al ángel del abismo, cuyo nombre en hebreo es Abadón, y en griego, Apolión. (Apocalipsis 8:1-11)

Algunos señalan que el ángel de la quinta trompeta es Raquel ya es según Enoc es el ángel que preside las luminarias y por tanto vinculado a la caída de la estrella; pero igual función se pone al ángel de la tercera trompeta.

Remiel (Misericordia de Dios)

Remiel figura también como Jeremiel o Yeremiel en la versión latina, Iyârumial en la etíope y Ramiel en la siríaca. En el Libro de Enoc se le señala como el “Encargado de los resucitados” En el Apocalipsis de 1°Esdras (4:35-36), es él quien responde hasta cuándo deberán espera los justos por su recompensa: —… hasta que el número de los justos esté completo—. Y en el Apocalipsis 6:10-11 se responde una pregunta similar cuando el Cordero rompe el quinto sello “Y clamaban a gran voz, diciendo: —¿Hasta cuándo, Señor, santo y verdadero, no juzgas y vengas nuestra sangre en los que moran en la tierra?— (…) hasta que se completara el número de sus consiervos y sus hermanos, que también habían de ser muertos como ellos.

En el Apocalipsis de Baruc de origen siríaco, desempeña un papel protagónico y es presentado como “el ángel que preside las visiones verdaderas” (55:3). En los capítulos 56 y 74 hace una interpretación mesiánica de la visión de Baruc de “las aguas negras y las aguas blancas”, descifrando el sentido de la historia del pecado y la redención y manifestándose como el vencedor sobre Senaquerib (63:2-10), identificándose como el ángel de 2 Crónicas 32:21-22, Isaias 37:36-38; y no el ángel Uriel.

Si mantenemos la comparación entre los ángeles de Enoc y los del Apocalipsis de Juan; Remiel sería el séptimo ángel; para Enoc es el encargado de los resucitados, y su tarea fundamental es como ángel de la esperanza; es el que conduce las almas al Juicio y cuida de aquellas que aguardan la entrada en el Paraíso. Bajo este aspecto vemos al séptimo ángel al sonar la trompeta:

El séptimo ángel tocó la trompeta, y hubo grandes voces en el cielo, que decían: Los reinos del mundo han venido a ser de nuestro Señor y de su Cristo; y él reinará por los siglos de los siglos. Y los veinticuatro ancianos que estaban sentados delante de Dios en sus tronos, se postraron sobre sus rostros, y adoraron a Dios, diciendo: Te damos gracias, Señor Dios Todopoderoso, el que eres y que eras y que has de venir, porque has tomado tu gran poder, y has reinado. (Apocalipsis 11:15-17)

Tras estas palabras vendrán los aspectos más terribles del Apocalipsis, es la lucha Miguel contra el Dragón, la caída de la gran ramera, las siete plagas y otros eventos; pero al final será el juicio de los muertos y vendrá el Reino de los Cielos, estos aspectos coinciden perfectamente en Remiel como el ángel del juicio final, pero también de la esperanza.

Nota final

Un aspecto a tener en cuenta en el Libro de Enoc es la semejanza entre los nombres de los arcángeles y el de los vigilantes (ángeles que se acostaron con las mujeres de los hombres); señalan muchos escritores que es un problema de Parónimos, palabras que escritas distintas suenan igual y por ello el problema en las traducciones.

He aquí los nombres de estos Vigilantes: Shemihaza, quien era el principal y en orden con relación a él, Ar’taqof, Rama’el, Kokab’el, -‘el, Ra’ma’el, Dani’el, Zeq’el, Baraq’el, ‘Asa’el, Harmoni, Matra’el, ‘Anan’el, Sato’el, Shamsi’el, Sahari’el, Tumi’el, Turi’el, Yomi’el, y Yehadi’el. Y los que siguen son los nombres de sus ángeles, de sus jefes de centenas y cincuentenas. El primero es Yeqon, éste indujo a todos los hijos del cielo y los hizo descender sobre la tierra y los sedujo con las hijas de los hombres. El nombre del segundo es Asbe’el, éste dio un mal consejo a los hijos del cielo y los condujo a corromperse a sí mismos con las hijas de los hombres. El nombre del tercero es G’adri’el, este mostró a las hijas de los hombres todas las formas de dar muerte, fue él quien sedujo a Eva y él es quien enseñó a los hijos de los hombres los escudos, las corazas, las espadas de combate y todas las armas de muerte; desde su mano ellos han procedido en contra de quienes viven en la tierra desde ese día y por todas las generaciones. El nombre del cuarto es Panamu’el, éste mostró a los hijos de los hombres lo amargo y lo dulce y les reveló todos los secretos de su sabiduría: les enseñó a los humanos a escribir con tinta y papiros y son muchos los que se han descarriado a causa de ello, desde el comienzo hasta este día. Porque los hombres no han sido traídos al mundo con el propósito de afianzar su creencia en la tinta y el papel, sino que los humanos han sido creados con la intención de que vivieran puros y justos para que la muerte que todo lo destruye no pudiera alcanzarles. Pero por culpa de este conocimiento suyo, el poder de ella me devora. El nombre del quinto es K’asdeya’el, este mostró a los hijos de los hombres todas la plagas de los espíritus y los demonios: la plaga de embrión en el vientre para que aborte, la mordedura de serpiente, la plaga que sobreviene con el calor de mediodía, el hijo de la serpiente cuyo nombre es Taba’et. Enoc (69:1-12)

Ángeles y arcángeles (7) Azrael Arcángel

La necesidad de un nombre y función para el cuarto ángel varía de una religión a otra; en el libro de Enoc se mencionan al inicio cuatro ángeles y siempre aparecen juntos: Miguel, Sariel, Rafael y Gabriel; Uriel, que aparece en el capitulo 20 del libro de Enoc es considerado, sin embargo, el cuarto arcángel dentro de la cristiandad. Para algunas tradiciones no cristianas como la teología islámica y el sijismo (mezcla de hinduismo e islam), así como en algunas tradiciones hebreas, el cuarto ángel es Azrael, que traduce del hebreo “A quien Dios ayuda“, y es el nombre del arcángel de la muerte. Es también llamado Abu Yaria por los musulmanes y Mordad entre los persas, y tiene por misión recibir las almas de los muertos y conducirlas para ser juzgadas.

En el misticismo judío, que se conoce comúnmente como Azriel, y se identifica a veces como una encarnación del mal (un demonio); sin embargo, el Zohar (el libro sagrado de la rama del judaísmo llamada Kabbalah), presenta una descripción más agradable de Azriel; al señalar que Azriel recibe las oraciones de los fieles cuando llegan a los cielos. La tradición rabínica listan catorce ángeles de muerte: Yetzerhara, Adriel, Yehudiam, Abaddon, Samael, Azrael, Metatrón, Gabriel, Mashhit, Hemah, Ha-Mavet de Malach, Kafziel, Kesef y Leviatán.

Algunas fuentes han especulado acerca de una conexión entre Azrael y el sacerdote Esdras, o Azra, como a veces se pronuncia o escribe. Azra/Esdras fue un escriba y juez sobre su pueblo, redactó una colección de leyes y castigos que según los texto provienen del Arcángel Uriel (2° Libro de Esdras) y se menciona del profeta que entró en el cielo “sin probar la muerte”. Por lo tanto, “Azra-El” podría ser visto como un “ángel vengador”. Sin embargo, la autenticidad Esdras ha sido cuestionada por muchas razones, y no es considerado canónico en la mayoría de las Biblias o de las creencias cristianas; y aunque el libro en su totalidad no es considerado canónico por los cristianos, sigue siendo, no obstante respetado y considerado de tener algo de verdad.

Azrael es el arcángel de la muerte y señala que no debemos temer a la muerte ya que en ella está la paz eterna. Tras la muerte el alma regresa al Cielo; pero era evidente para los ángeles que las almas que llegaban era en menor número que las personas que morían. Azrael resolvió el problema al descubrir que algunas almas iban a un mundo subterráneo, donde esperaban el juicio divino. Pero tras la llegada de los ángeles caídos a este mundo subterráneo; estos, ahora demonios, torturaban y destruían las almas retenidas en el sitio ahora conocido como ‘Infierno‘. Así Azrael adquirió como misión rescatar las almas que fueron injustamente al infierno; y es por ello que él y su coro de ángeles estaban continuamente yendo y viniendo del cielo, impidiendo que los demonios se apropiaran de las almas que no les correspondían.

Azrael reside en diferentes lugares, pero el más habitual es el tercer cielo. Otros señalan que él ha renunciado al cielo; por sus constantes salidas con todo su coro; y por ello los otros ángeles no hablan de él en el Cielo. Se dice que Azrael y su coro están encargados de la protección del último círculo del infierno, impidiendo la salida de los demonios y custodiando la puerta para que no puedan salir. Nadie sabe cuántas almas podrían haber salvado, o cómo él las rescata del Infierno, o donde van las almas que el ayuda, a los Cielos, a otra reencarnación, o simplemente al olvido.

Azrael como ángel de la muerte, es asemejado a daimon griego Fatum (Destino), se lo señala escribiendo y borrando nombres en un gran libro, lo que el escribe es el nacimiento de un hombre, y lo que borra es el nombre del hombre que morirá. En una de sus formas, tiene cuatro caras y cuatro alas mil, y todo su cuerpo se compone de ojos y lenguas, cuyo número corresponde al número de personas que habitan la Tierra.

En el Islam Azrael los árabes lo pronuncian es Izrail y aunque el Corán nunca lo nombra y se refiere a este ángel con el termino “Malak al-Maut“; que se traduce directamente como ángel de la muerte. El Corán dice que el ángel de la muerte se lleva el alma de cada persona y lo devuelve a Dios. Sin embargo, el Corán deja claro que sólo Dios sabe cuando y donde cada persona será tomada por la muerte, por lo que es claro que el ángel de la muerte no tiene poder propio. Varias tradiciones musulmanas relatan las reuniones entre el Ángel de la Muerte y los profetas. La más famosa es una conversación entre el ángel de la muerte y Moisés. Él vela por la muerte, separa el alma del cuerpo, y recibe a los espíritus de los muertos en las creencias musulmanas.

En los escritos del sijismo de Guru Nanak Dev Ji, Dios (Waheguru) envía Azrael sólo a las personas que son infieles y no se han arrepentido de sus pecados. Azrael aparece en la Tierra en forma humana y golpea a los pecadores en la cabeza con su guadaña para matarlos y extraer el alma de sus cuerpos. Luego lleva sus almas al infierno, y se asegura de que reciban el castigo que Waheguru decreto una vez que son juzgadas. Esto lo presenta más como un ángel vengador que como un simple ángel de la muerte.

Jairat Al-Saleh refiere a este ángel de la siguiente forma:

Izrail (Azrael), el Arcángel de la Muerte, no es menos magnífico ni inspira menos temor que los demás arcángeles. Es el ángel que jamás se ríe, el destructor del placer y de las alegrías, el dispersador de los amigos y los amantes; es el temido visitante que vacía los hogares y puebla las tumbas, dejando tras sí un grupo de desconsolados padres, de huérfanos y de viudas. (…). Su cabeza llega hasta los pilares del Trono Divino y la Tabla Guardada; uno de sus pies descansa sobre su asiento, mientras mantiene el otro sobre el puente que va desde el infierno hasta el paraíso. Sus ayudantes permanecen muy cerca de él, vigilando eternamente, esperando también las órdenes de Dios. A su izquierda se levanta un árbol gigantesco, cuyas hojas registran los nombres de toda la humanidad. El día en que muere una persona, se ennegrece su nombre en la Tabla Guardada; a continuación, la hoja que lleva su nombre se torna amarilla y se desprende del árbol. En este momento, el Ángel de la Muerte se pone en acción. En la mano lleva dos lanzas, una hecha con la luz y la piedad del Señor, y la otra fabricada con su ira. Si la persona que muere es buena, el ángel extrae su alma con la primera lanza., la lanza de la luz y la piedad, y la envía al séptimo cielo, donde llegan las almas de los creyentes; pero si la persona es mala, le extrae el alma con la lanza de la ira y la envía a un lugar bajo la séptima tierra, donde las almas de los malvados esperan hasta el día del Juicio, en una oscuridad que hierve y humea.

Se piensa que el primer Ángel de la Muerte fue un ángel corriente. Cuando Dios quiso crear a Adán, le ordenó al Arcángel Jibril (Gabriel) que le arrancara a la tierra un puñado de sus principales componentes. Pero, incitada por Iblis (el demonio), la tierra se negó y se resistió, y ni Israfíl (Rafael), ni Mikail (Miguel) lograron convencerla de que se plegara a la orden de Dios. Entonces, otro ángel se ofreció voluntario para llevar a cabo aquella difícil tarea y, debido a su dureza y crueldad, consiguió lo que los arcángeles no habían logrado y le arrebató a la tierra su tesoro. Viendo su carácter enérgico e impasible, el Señor le hizo Su Ángel de la Muerte.

Otro cuento señala como el ángel obtuvo su pálida tez; se dice que tras la lucha entre los ángeles en el cielo y la caída de Luzbel (Lucifer); cuando el demonio toco la tierra miró a las alturas con tal odio y rabia a Miguel y al resto de los ángeles; y fue tan terrible su transformación que Azrael que la contemplo palideció de espanto y desde entonces el ángel de la muerte tiene el rostro blanco como el papel.

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Referencia: Jairat Al-Jaleh (1985) “Ciudades fabulosas, Príncipes y Yinn de la Mitología ÁrabeSerie Mitos y leyendas“. Quinta Edición 1991. Grupo ANAYA S.A. Madrid España (p. 96-97)

 

Ángeles y arcángeles (5) Uriel Arcángel

Uriel, que traduce “Fuego del señor”, también llamado: Auriel/Oriel “Dios es mi luz”. Es uno de los arcángeles de la tradición rabínica post-exilio, y también de ciertas tradiciones cristianas como la Copta. Su nombre puede tener analogías con Urías, que es el nombre de varios personajes de la Biblia. Uriel aparece en obras apócrifas, cabalísticas y ocultistas, donde ha sido igualado o se confundido con: Urial, Nuriel, Uryan, Jeremiel, Vretil, Sariel, Suriel, Puruel, Fanuel, Jehoel, Jacob, Izrail/Azrael y Israfil/Rafael.

Uriel es a veces descrito como el Arcángel de la Salvación. Uriel enseña el camino del corazón, el fuego del amor puro. Sin este amor puro y devoción al Espíritu Santo, todo estudio espiritual es solo un ejercicio intelectual. Por ello es reconocido como el santo patrón del sacramento de la Confirmación. Esta comprensión de la verdad del estudio espiritual se apoya además en la tradición de que Uriel se le atribuye haber enseñado a los hombres la alquimia, los arcanos celestes y la Cábala (ello inspirado en el Libro de Enoc, cuando enseña y explica al profeta los movimientos de los cielos).

Los ángeles que se mencionan en los libros más antiguos de la Biblia hebrea no tienen nombres. De los siete arcángeles en la angelología del Judaísmo post-exilio, sólo dos, Gabriel y Miguel, se mencionan por su nombre en las Escrituras consistentemente. Rafael ocupa un lugar destacado en el libro de Tobías, libro retirado del canon judío en la antigüedad tardía y rechazado por los reformadores protestantes en el siglo XVII; este libro es sólo aceptado como Escritura por la Iglesia Católica y la Iglesia Ortodoxa Oriental.

En el Concilio de Roma de 745, el Papa San Zacarías, con la intención de aclarar la enseñanza de la Iglesia sobre el tema de los ángeles y poner freno a una tendencia de hacia culto a los ángeles y a la obsesión por la intervención e idolatría angélica; borró el nombres de muchos ángeles ‘de la lista de los elegibles’ para su veneración en la Iglesia de Roma, entre ellos Uriel. Sólo el respeto de los arcángeles mencionados en el canon católico reconocido de las escrituras, Miguel, Gabriel y Rafael, fueron considerados lícitos.

Pero la necesidad de un cuarto arcángel, que se añade a los tres conocidos, tuvo una razón más mundana; era necesario el cuarto ángel para poder representar los cuatro puntos cardinales y los cuatro elementos; así Uriel se convirtió en el cuarto. Uriel aparece como: (1) el tercer ángel que figura en el Testamento de Salomón (el cuarto es Sabrael); (2) en el Apocalipsis de Esdras, el profeta Esdras se dirige a Dios con preguntas sobre el juicio de los humanos y Uriel es enviado a responderle e instruirlo sobre la verdad. (3) El ángel que guía a Enoc por el infierno y explica el movimiento de los cuerpos celestes a través de las distintas puertas del cielo y (4) en varios evangelios apócrifos donde salva al niño Juan de morir por el edicto de Herodes.

La tradición judía le atribuyó ser uno de los ángeles que permanece junto a las puertas del Edén con una espada ardiente para evitar el acceso de los humanos al árbol de la vida; es quien saca del Edén a Adán y Eva después de la caída. La espada de fuego muestra que la materia negativa (deseos egoístas e impuros) se destruyen cuando uno realmente se centra en el amor de Dios, recordemos que el nombre de Uriel traduce el “fuego de Dios”. Asimismo, algunas versiones asignan a Uriel el papel de anunciar a Noé la llegada del Diluvio (pero otras versiones mencionan a Sariel cumpliendo esa misión). Es quien guió a Abraham hacia la tierra prometida tras salir de Babilonia; es otro de los ángeles que se le atribuye haber luchado con Jacob, y es el ángel que marco las puertas de las casas de los hebreos en Egipto, para protegerlos de la última plaga. Para el profeta Isaías (Isaías 63:9) es el ángel que al final de los tiempos mostrará la bondad de Dios al transformar a Jerusalén en el centro religioso más grande del mundo y que gentes de todas las naciones llegarán a ellas en peregrinación solemne.

Otras tradiciones judaicas ponen a Uriel como ángel destructor de los ejércitos del rey asirio Senaquerib, que quiso conquistar Jerusalén, la capital del reino de Judá, la Biblia dice 2 Reyes 1910-37:

Senaquerib envió de nuevo mensajeros a Ezequías para decirle: —Hablen así a Ezequías, rey de Judá: Que no te engañe tu Dios, en quien confías, haciéndote pensar que Jerusalén no será entregada en manos del rey de Asiria. (…)

Ezequías tomó la carta de la mano de los mensajeros y la leyó. Después subió a la Casa del Señor, la desplegó delante del Señor y oró, diciendo: —Señor de los ejércitos, Dios de Israel, que tienes tu trono sobre los querubines; tú solo eres el Dios de todos los reinos de la tierra, tú has hecho el cielo y la tierra. Inclina tu oído, Señor, y escucha; abre tus ojos, Señor, y mira. Escucha las palabras que Senaquerib ha mandado decir, para insultar al Dios viviente. (…). Pero ahora, Señor, Dios nuestro, ¡sálvanos de su mano, y que todos los reinos de la tierra reconozcan que tú solo, Señor, eres Dios!

Isaías, hijo de Amós, mandó a decir a Ezequías: —Así habla el Señor, Dios de Israel: Tú me has dirigido una súplica acerca de Senaquerib, rey de Asiria, y yo la he escuchado. (…) Por eso, así habla el Señor acerca del rey de Asiria: Él no entrará en esta ciudad, ni le lanzará una flecha; no la enfrentará con el escudo, ni levantará contra ella un terraplén. Se volverá por el mismo camino, sin entrar en esta ciudad —oráculo del Señor—. Y esta ciudad para salvarla, por mi honor y el de David, mi servidor.

Aquella misma noche, el Ángel del Señor salió e hirió en el campamento de los asirios a ciento ochenta y cinco mil hombres. Y cuando los demás se levantaron por la mañana, vieron que todos eran cadáveres, que estaban muertos. Entonces Senaquerib, rey de Asiria, levantó el campamento, emprendió el regreso y se quedó en Nínive.

Un día, mientras estaba postrado en el templo de Nisroc, su dios, Adramélec y Sarecer, sus hijos, lo mataron con la espada, y se pusieron a salvo en el país de Ararat. Asarhadón, su hijo, reinó en lugar de él.

Para la Iglesia Copta, Uriel aparece en varias ocasiones y en el Libro de Enoc se menciona a Uriel, como el ángel que vigila el lugar de los muertos (Hades, Tártaro, Sheol), por ello se le llama “el ángel del trueno y del temblor (o del temor)”. En este libro Uriel aparece como uno de los siete grandes ángeles que son nombrados en el Libro de Enoc (20:1-8); y a lo largo de la obra Uriel guía a Enoc, mostrándole el castigo y la prisión de los ángeles caídos, así como le muestra al profeta el curso del Sol y otras luminarias por las puertas del cielo.

Para el cristianismo en varios evangelios apócrifos Uriel participa en la crianza de Juan el Bautista, a quien salva de la masacre de bebés ordenada por Herodes. Uriel conduce a Juan y a su madre hasta Egipto, donde se reúnen con el niño Jesús, María y José. Y en el Apocalipsis de Pedro aparece como Ángel del Arrepentimiento, desprovisto de piedad; quien tiene la llave que abrirá el Infierno al Final de los Tiempos.

Uriel es representado llevando consigo un libro o un rollo de papiro, que simboliza su sabiduría; o sosteniendo una llama que representa un gran regalo a la humanidad. Es la llama del amor para encender el corazón al servicio de Dios. El planeta que se asocia con Uriel es Venus, el planeta que simboliza el amor; aunque otros autores lo vinculan al Sol o a Marte.

Señala M. González W. lo siguiente:

Uriel es uno de los príncipes regentes de los Serafines y de los Querubines y es uno de los ángeles regentes del Sol. Es también uno de los príncipes de la Divina Presencia y el ángel de la salvación. Su nombre significa “Fuego de Dios”.

Uriel es el ángel que protege del trueno y del terror, y rige los temblores de Tierra, los cataclismos y las explosiones volcánicas. Se dice que Dios lo envió a Noé para advertirle el diluvio universal. El poeta Milton en su obra Paraíso perdido nos dice que Uriel es el ángel que más aguda tiene la visión, él que mejor ve el futuro y a quien nada se le esconde. Tal vez es por eso que se pide su ayuda en las enfermedades de la vista y para que de más claridad mental.

Se cree que el nombre de Uriel fue derivado del profeta Uriah. Su símbolo es una mano que sostiene una llama. Francis Barrett en su obra ‘El Mago’ dice que Uriel fue quien enseñó los misterios de la alquimia y de la Cabala al ser humano.

El primer Libro de Enoch relata como el patriarca fue llevado por los ángeles del Señor a través de los Siete Cielos. Durante su jornada vio un sitio caótico y terrible donde no había ni cielo ni tierra. Allí pudo percibir siete ángeles o estrellas que estaban amarradas todas juntas, inmensas como montañas y quemándose en un gran fuego. Cuando el patriarca preguntó cuál había sido su pecado y por que habían sido lanzadas al fuego, Uriel, que era su guía en este trayecto del camino, le dijo que su pecado había sido romper los mandamientos de Dios y que permanecerían en ese sitio purificándose de sus pecados por diez millones de años, que era el número de sus pecados.

En el segundo Libro de Esdras, Uriel es descrito como el intérprete de la visión de este profeta. En el quinto capítulo del libro, Esdras reprocha a Dios preguntando por qué castiga a Israel y protege a sus enemigos. Uriel, que camina con Esdras, le dice que él le va a revelar las razones de Dios por permitir esto pero sólo si Esdras puede pesar el fuego, medir el viento y traer de nuevo el día anterior. Cuando Esdras se queja de que lo que el ángel pide es imposible, Uriel le dice que si conociendo lo que es el fuego, el viento y los días, no sabe comprenderlos, como va a poder comprender los designios de Dios, a quien no conoce. Abochornado, Esdras se postra a los pies de Uriel y le pide perdón por sus palabras.

A pesar de su labor como paciente guía e instructor de patriarcas y profetas, Uriel tiene la capacidad de ser terriblemente severo en los castigos que da a los que ofenden al Creador. En el Apocalipsis de San Pedro, Uriel castiga a los que blasfeman contra Dios colgándolos de la lengua sobre un fuego inextinguible.

Para pedir un milagro a Uriel se le ofrece una vasija de cristal llena de agua clara en el fondo de la cual se ha colocado un cuarzo blanco. Por ser el regente del elemento Tierra punto norte, se pide su ayuda en asuntos de negocios, propiedades y dinero.

Uriel es regente de septiembre y puede ser invocado especialmente por los nacidos en este mes a los que protege grandemente. Es también el regente del signo de Acuario y los cuarzos blancos se le ofrecen para multiplicar su poder. Para que Uriel de su energía cósmica a un cuarzo blanco éste se purifica poniéndolo en agua de sal de mar por 24 horas. Luego se enjuaga y se coloca sobre un poco de tierra y se rodea con cuatro velas verdes en forma de cruz. Cuando se terminan las velas se guarda el cuarzo en una bolsita verde con un poco de trigo para dinero y prosperidad y se carga cerca de la persona.

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Referencias: “Angelorum, el libro de los ángeles” Migene González Wippler (1999) Llewelyn Wolrd Wide – USA.  Pag 129-131

Ángeles y arcángeles (4) Gabriel Arcángel

En las religiones monoteístas del mundo surgidas en el cercano oriente, el arcángel Gabriel, que traduce del hebreo “Dios es mi fuerza” y que los pueblos árabes llaman Jibril/Yibril, es arcángel que sirve como un mensajero de Dios a los seres humanos. Las Iglesias Católica, Ortodoxa y algunas protestantes, junto con el Islam, lo consideran un arcángel, por ser junto con Miguel y Rafael, los únicos ángeles con nombre en las escrituras, y son los encargados de llevar misiones importantes.

Para el mundo cristiano es el ángel de la Anunciación y para los musulmanes el ángel de la revelación a Mahoma. Gabriel es el ángel que revela a Juan el libro del Apocalipsis y por ello algunos ponen a Gabriel como quien sopla el cuerno que anuncia el Día del Juicio. Otros lo señalan como el ángel que vigila la entrada del Edén, para evitar que entren los descendientes de Adán y Eva, idea que es mostrada en el “Paraíso Perdido” (1667) de John Milton donde Gabriel hace de jefe de los guardias ángelicales ubicados sobre el paraíso; aunque hay algunos que afirman que quien vigila es el Arcángel Miguel.

La iconografía cristiana representa a Gabriel de rodillas ante María, las manos cruzadas sobre el  pecho y sosteniendo un pergamino, un cetro o un lirio. El lirio que el Arcangel Gabriel ofrece a la Virgen en la Anunciacion, simbliza la inocencia, la pureza, la virginidad, la luz. En otras representaciones al Arcángel Gabriel,  como líder las huestes angelicas que dirige, sostienen una trompeta que anuncia una buena nueva o algun acontecimiento importante, la trompeta representa la voz de Dios; el sonido que despertara a el que duerme en la inconsciencia. Hoy ha pasado a representar la trompeta que anuncia el fin de los días. Por su papel en la anunciación, Gabriel es el patrono de las comunicaciones y de los comunicadores, porque trajo al mundo la más bella noticia: que el Hijo de Dios se hacía hombre. Se señala también que si Miguel está a la derecha de Dios, Gabriel se encuentra a la izquierda. Como señor del elemento agua se le vincula a las tormentas y marejadas; señala la Madre Shipton; una gran vidente inglesa del siglo XV este hecho y lo vincula con la trompeta que sopla el arcángel:

La rabia de las tormentas y el rugir los océanos ocurren cuando Gabriel se encuentra entre mar y costa, y mientras él sopla su cuerno maravilloso, el viejo mundo muere y un nuevo mundo nace.

En la tradición Judía, Gabriel aparece como el destructor de las huestes de Senaquerib (jefe de los ángeles  que se acostaron con las mujeres y dieron origen a los gigantes). Ayudo a José en su esclavitud en Egipto, previno a la reina Vasti de aparecer desnuda frente al Rey Ahasuerus y sus invitados, y fue uno de lo ángeles que enterró a Moisés. Se lo señala como la voz que previno a Noé del diluvio; la voz invisible que detuvo a Abraham de sacrificar a su hijo Isaac; la fuerza invisible que luchó con Jacob, y la voz de la zarza ardiente que hablo con Moisés. (aunque muchos de estos hechos son también atribuidos a otros ángeles, en especial a Miguel).

La primera vez que aparece formalmente en la Biblia es en el Libro de Daniel, donde da explicaciones a las visiones de Daniel y posteriormente en el Evangelio de Lucas, Gabriel anuncia el nacimiento de Juan el Bautista y de Jesús.

Daniel es uno de los profetas del Antiguo Testmento, los cristianos lo incluyen entre los Profetas Mayores, junto a Isaías, Jeremías y Ezequiel. los judíos lo excluyen de los Profetas (Nevi’im) y lo colocan entre los Escritos (Ketuvim) lo que parece dar a entender que la colección de libros proféticos ya estaba completa y cerrada cuando se escribió Daniel. Algunas partes cristianas del Libro de Daniel no aparecen en la Biblia Hebrea; entre ellas la Historia de Susana (una joven acusada de adultera por dos ancianos) y las Historia de Bel y del Dragón. De igual forma el libro incluye dos partes muy distintas y fue escrito en tres lenguas: hebreo, arameo y griego que aportan más confusión sobre la obra.

La primera parte del libro narra la historia del profeta Daniel, quien vivió en Babilonia como exiliado junto con el resto del pueblo hebreo en el siglo VI a. C. En esta parte se narran las vicisitudes de Daniel y otros tres compañeros por ser fieles a Dios contra el mandado por Nabucodonosor II, rey de los babilonios. Narra la sabiduría de Daniel al interpretar correctamente los sueños y visiones del rey; lo que sucedió con Daniel cuando los babilonios fueron conquistados por los medos, comandados por Darío el Medo, los cuales más tarde fueron sometidos por los Persas. La segunda parte profetiza sobre: Alejandro Magno, Roma y Ciro entre otros.

Gabriel aparece como el ángel que salva a los tres compañeros de Daniel de morir en el horno por orden de Nabucodonosor; es el angel que ayuda a interpretar las visiones de Daniel sobre el destino de Babilonios, Medos y Persas; aunque no se señala es el ángel que seguramente explica el sueño de Nabucodonosor a Daniel y quien lo protege de los leones cuando es condenado por Darío.

Gabriel hace su primera aparición salvando a tres judíos que se negaron a adorar un ídolo de oro hecho por Nabucodonosor. En Daniel 3:23-25 cuenta:

Y estos tres varones, Sadrac, Mesac y Abdenago, cayeron atados dentro del horno de fuego ardiendo. Entonces el rey Nabucodonosor se espantó, y se levantó apresuradamente y dijo a los de su consejo: —¿No echaron a tres varones atados dentro del fuego?—. Ellos respondieron al rey. —Es verdad, oh rey—. Y él dijo: —He aquí yo veo cuatro varones sueltos, que se pasean en medio del fuego sin sufrir ningún daño; y el aspecto del cuarto es semejante a hijo de los dioses.

Más adelante Daniel menciona el nombre de este ángel cuando el mismo le explica sus visiones: Daniel 8:15-17 y 9:20-21:

Y aconteció que mientras, yo Daniel, consideraba la visión y procuraba comprenderla, he aquí se puso delante de mí uno con apariencia de hombre. Y oí una voz de hombre entre las riberas del Ulai, que gritó y dijo: Gabriel, enseña a éste la visión. Vino luego cerca de donde yo estaba; y con su venida me asombré, y me postré sobre mi rostro. Pero él me dijo: Entiende, hijo de hombre, porque la visión es para el tiempo del fin. (…) Aún estaba hablando y orando, y confesando mi pecado y el pecado de mi pueblo Israel, (…) aún estaba hablando en oración, cuando el varón Gabriel, a quien había visto en la visión al principio, volando con presteza, vino a mí como a la hora del sacrificio de la tarde.

En el nuevo testamento un ángel se le apareció Zacarías y a María anunciando los nacimientos de Juan y Jesus: Lucas 1:5-38

Hubo en los días de Herodes, rey de Judea, un sacerdote llamado Zacarías, de la clase de Abías; su mujer era de las hijas de Aarón, y se llamaba Elisabet. Ambos eran justos delante de Dios, y andaban irreprensibles en todos los mandamientos y ordenanzas del Señor. Pero no tenían hijo, porque Elisabet era estéril, y ambos eran ya de edad avanzada. Aconteció que ejerciendo Zacarías el sacerdocio delante de Dios según el orden de su clase, conforme a la costumbre del sacerdocio, le tocó en suerte ofrecer el incienso, entrando en el santuario del Señor. Y toda la multitud del pueblo estaba fuera orando a la hora del incienso.

Y se le apareció un ángel del Señor puesto en pie a la derecha del altar del incienso. Y se turbó Zacarías al verle, y le sobrecogió temor. Pero el ángel le dijo: —Zacarías, no temas; porque tu oración ha sido oída, y tu mujer Elisabet te dará a luz un hijo, y llamarás su nombre Juan. Y tendrás gozo y alegría, y muchos se regocijarán de su nacimiento; porque será grande delante de Dios. No beberá vino, ni sidra, y será lleno del Espíritu Santo, aun desde el vientre de su madre. Y hará que muchos de los hijos de Israel se conviertan al Señor Dios de ellos. E irá delante de él con el espíritu y el poder de Elías, para hacer volver los corazones de los padres a los hijos, y de los rebeldes a la prudencia de los justos, para preparar al Señor un pueblo bien dispuesto.

Dijo Zacarías al ángel: —¿En qué conoceré esto? Porque yo soy viejo, y mi mujer es de edad avanzada.

Respondiendo el ángel, le dijo: —Yo soy Gabriel, que estoy delante de Dios; y he sido enviado a hablarte, y darte estas buenas nuevas. Y ahora quedarás mudo y no podrás hablar, hasta el día en que esto se haga, por cuanto no creíste mis palabras, las cuales se cumplirán a su tiempo.

Y el pueblo estaba esperando a Zacarías, y se extrañaba de que él se demorase en el santuario. Pero cuando salió, no les podía hablar; y comprendieron que había visto visión en el santuario. El les hablaba por señas, y permaneció mudo. Y cumplidos los días de su ministerio, se fue a su casa. Después de aquellos días concibió su mujer Elisabet, y se recluyó en casa por cinco meses, diciendo: —Así ha hecho conmigo el Señor en los días en que se dignó quitar mi afrenta entre los hombres.

Al sexto mes el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un varón que se llamaba José, de la casa de David; y el nombre de la virgen era María. Y entrando el ángel en donde ella estaba, dijo: —¡Salve, muy favorecida! El Señor es contigo; bendita tú entre las mujeres.

Mas ella, cuando le vio, se turbó por sus palabras, y pensaba qué salutación sería esta. Entonces el ángel le dijo: —María, no temas, porque has hallado gracia delante de Dios. Y ahora, concebirás en tu vientre, y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre Jesús. Este será grande, y será llamado Hijo del Altísimo; y el Señor Dios le dará el trono de David su padre; y reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin.

Entonces María dijo al ángel: —¿Cómo será esto? pues no conozco varón.

Respondiendo el ángel, le dijo: —El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por lo cual también el Santo Ser que nacerá, será llamado Hijo de Dios. Y he aquí tu parienta Elisabet, ella también ha concebido hijo en su vejez; y este es el sexto mes para ella, la que llamaban estéril; porque nada hay imposible para Dios.

Entonces María dijo: —He aquí la sierva del Señor; hágase conmigo conforme a tu palabra. Y el ángel se fue de su presencia.

De acuerdo con el libro no-canónico de Enoc 9:1-2, Gabriel, junto con Miguel, Rafael y Sariel escuchan el clamor de la humanidad bajo la presión de los Nephilim/Nefilim (gigantes). Era tal su súplica al “Anciano de Días” (Yahweh), que llevó a Dios llamar al profeta Enoc. Después Enoc informó a los Vigilantes (Grigori, ángeles que se acostaron con las mujeres de los hombres) de la caída de la gracia. El Señor envió a los arcángeles a la tierra para completar diversas tareas. Mientras Rafael tiene la misión de encadenar al jefe de los Grigori, Azazel; Sariel debe avisar a Noé para que fabrique el arca; Miguel encerrará a los Grigori y le correspondió a Gabriel acabar con los Nefilim. Enoc 10:9-10 señala como Gabriel fue enviado en esta misión:

Y el Señor dijo a Gabriel: —Procede contra los bastardos y réprobos hijos de la fornicación y haz desaparecer a los hijos de los Vigilantes de entre los humanos y hazlos entrar en una guerra de destrucción, pues no habrá para ellos muchos días. Ninguna petición en su favor será concedida, pues esperan vivir una vida eterna o que cada uno viva quinientos años.

Aunque la Biblia hebrea y el Nuevo Testamento no indican un ángel particular para quien sopla la trompeta que marca el fin de los tiempos y la resurrección en el Juicio Final; esta tarea ha sido asociada a Gabriel y Miguel en el mundo cristiano y a Rafael entre los pueblos islámicos. La imagen que asocia a Gabriel con la trompeta del final de los días proviene del mundo ingles. Quizás de inspiración en los mitos nórdicos, que recuerdan como el dios Heimdall sonará la Gjallarhorn, alertando a los Æsir (dioses nórdicos) de la llegada del Ragnarök (donde termina el mundo y renace.)

Hay una primera imagen que asocia a Gabriel y el cuerno, viene de las Profecías de la Madre Shipton; de esta mujer se sabe que fue la hija ilegitima de una niña de sólo quince años, la joven se ocultó en una cueva por dos años con la bebe, hasta que fue entregada en adopción después. La bebe, llamada Ursula, casa a los 24 años con carpintero llamado Toby Shipton, del cual tomó el apellido. La asociación Gabriel soplando la trompeta se reflejo incluso en la matemática cuando Evangelista Torricelli (1608-1646) inventó un sólido matemático paradójico de revolución que tiene infinita superficie pero volumen finito y que lleva por nombre “Cuerno de Gabriel“.

En la tradición musulmana Gabriel, conocido como Jibril o Yibril ocupa el papel de uno de los principales arcángeles y todos los comentarios históricos lo ponen como el transmisor del Corán y es quien dio un mensaje a la mayoría de los profetas, si no todos, dejando al descubierto sus obligaciones. Los musulmanes creen que Gabriel fue el ángel que informó a Zacarías del nacimiento de Juan y a María del futuro nacimiento de Jesús; y que Gabriel fue uno de los tres ángeles que había informado anteriormente a Abraham del nacimiento de Isaac. Se le llama el jefe de los cuatro ángeles favorecidos y es el espíritu de la verdad. En el Islam es llamado “el creado del Espíritu Santo” que no se debe confundir con el “Espíritu Santo de Dios” en el cristianismo, que es venerado como Dios mismo. Algunos modernos, especialmente exponentes de la Nueva Era retratan a Gabriel y a Rafael como femeninos o andróginos; pero para los católicos son masculinos, o más propiamente asexuales, ya que los ángeles no tienen sexo.

Señala M. González W. lo siguiente:

Gabriel es el ángel de la Anunciación, de la muerte y de la resurrección, de la venganza y de la compasión. Pero sobre todo, Gabriel es el mensajero divino que revela la voluntad de Dios a la humanidad. Según la tradición musulmana Gabriel tiene ciento cuarenta pares de alas. Este arcángel se para en el Oeste, que es donde se pone el sol y de esta manera sella la puerta donde mora el mal. La tradición esotérica dice que el Oeste es la puerta del mal porque al ponerse el Sol en ese punto cardinal, la Tierra se cubre con manto oscuro de la noche, la cual siempre se ha identificado con las fuerzas malignas.

Cuando el cuerpo humano perece, Dios envía a Gabriel a recoger al espíritu de la persona para llevarlo a descansar y a buscar el perdón de sus pecados. Es también el guía los espíritus a la tierra durante cada encarnación. Es por eso que es el Ángel de la Anunciación porque sabe cuando un niño va a nacer. Las mujeres que desean el don de la maternidad le piden este milagro a Gabriel, por lo cual es también conocido como el Ángel de la Esperanza. Una de las tradiciones judías dice que Gabriel instruye al niño en el vientre de la madre durante los nueve meses de embarazo.

Cuando una persona es desahuciada por los médicos, se le pide a menudo a Gabriel para que interceda ante Dios y se extienda la vida de esa persona. En el día del Juicio Final es Gabriel el que toca la trompeta que despierta a las almas de los muertos que duermen en el polvo.

En la Pseudoepígrafa, que contiene las visiones apocalípticas de varios de los profetas, el Ángel de Dios, que en este caso es Gabriel, le revela al profeta Ezra los Siete Caminos a la Divina Presencia por los que un alma tiene que pasar para llegar a Dios, si esto le es permitido. El primer camino, dice Gabriel, es terrible y fascinante; el segundo es aterrador e indescriptible; el tercero es un infierno helado; el cuarto está marcado por escalofriantes batallas. Si el alma es justa comienza a brillar cuando llega al quinto camino; si es pecadora, se oscurece. En el sexto camino, el alma justa destella como el Sol. En el séptimo, Gabriel guía al alma al gran Trono Divino, que según el ángel está frente al Jardín del Edén y donde resplandece la Gloria de Dios. Es obvio, según esta descripción de Gabriel, que los caminos a los cuales el ángel se refiere son los que atraviesan los Siete Cielos.

De acuerdo con el tercer Libro de Enoch es Gabriel, en vez de Miguel, el que rige el fuego. Según la misma fuente Gabriel rige el Sexto Cielo en vez del Primero. En el Evangelio según San Lucas es Gabriel quien le anuncia a Zacarías el próximo nacimiento de su hijo, el staba destinado a conocerse como Juan Bautista. Gabriel es un consumado y le enseñó a José, el hijo de Jacobo, los setenta lenguajes que se hablaron en la Babel en una sola noche.

El nombre de Gabriel significa “Dios es mi Poder”. El arcángel es representado con un lirio en la mano, símbolo de la Virgen María o con una trompeta, símbolo del Juicio Final. De acuerdo a la tradición hebrea fue Gabriel el que destruyo a las ciudades de Sodoma y Gomorra. Es el ángel que reveló Daniel lo que va a suceder durante Final y el que luchó toda la noche Jacobo, aunque otros ángeles también acreditan con esta hazaña. Se dice también que Gabriel es el ángel que está a cargo de madurar a las frutas.

En una de las antiguas leyendas, Gabriel perdió el favor de Dios por no llevar una de sus órdenes exactamente como había indicado. En estos tiempos Dios muy airado por los pecados de Israel y ordenó a Gabriel que lloviera carbones de fuego sobre los israelitas y luego que ayudara a los babilonios a destruir a los sobrevivientes del fuego divino. Pero Gabriel, lleno de compasión por Israel, escogió al ángel mas ocioso del Cielo para que tirara los carbones encendidos a la Tierra. El ángel se tomó tanto tiempo en reunir los carbones que estos se enfriaron antes de ser lanzados y no ocasionaron destrucción alguna. Luego Gabriel convenció a los babilonios que no destruyeran a Israel y solo obligaran a los israelitas a emigrar a Babilonia. Esto llenó de tanta indignación al Creador que sacó a Gabriel de inmediato de presencia. Y si vamos a escuchar lo que nos dice Enoch sobre este caso, Gabriel recibió unos cuantos latigazos de fuego por esta desobediencia y luego ordenado a permanecer detrás de la Cortina Sagrada que protege trono de Dios. Por varias semanas Gabriel fue remplazado por el ángel Dubbiel, regente de los persas. Mientras Gabriel estuvo en este corto destierro, los judíos sufrieron cruelmente bajo la bota persa, cuyo ángel regente Dubbiel el estaba en poder en el Paraíso. Pero Gabriel, que estaba esperando la oportunidad perfecta detrás de la Cortina Sagrada, hizo una sugerencia tan brillante durante uno de los concilios celestiales, que fue restituido de inmediato a su posición frente al Trono del Señor. Tal vez por haber perdido su posición en el Cielo, Dubbiel pasó mas tarde a ser uno de los ángeles rebeldes.

De acuerdo a la tradición musulmana Gabriel, conocido en Islam como Jibril, fue quien le dictó el libro del Koran al profeta Mahoma. Y según Juana de Arco, él fue quien la inspiró a batallar por el rey de Francia en contra de los Ingleses en la llamada Guerra de los Cien años, un acto heroico por el cual fue quemada en la hoguera.

Para pedirle un milagro a Gabriel se espera una noche de Luna Llena, se le enciende una vela plateada a la luz de la luna y se le pide el milagro. La vela luego se apaga en una copa de agua mineral bien fría la cual se toma de un solo trago sin respirar. Esto se repite por nueve Lunas Llenas con la misma vela. La última noche se deja terminar la vela.

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Referencias: “Angelorum, el libro de los ángeles” Migene González Wippler (1999) Llewelyn Wolrd Wide – USA.  Pag 126-129

Ángeles y arcángeles (2) Rafael Arcángel

Rafael que traduce del hebreo “Dios sana” es un arcángel del judaísmo, el cristianismo y el Islam; y entre estos últimos se conoce como Israfil. Los ángeles son mencionados en la Torá, (los libros más antiguos de la Biblia hebrea) y no tienen nombres. Afirma el Rabí Shimón ben Lakish de Tiberias (230-270 d.C.) que todos los nombres específicos de los ángeles fueron traídos por los Judíos desde Babilonia, y los comentaristas modernos tienden a estar de acuerdo con esta afirmación.

Rafael es nombrado en varios libros judíos apócrifos; entre ellos en el libro de Enoch donde es enviado a detener a Azazel, una entidad espiritual hebrea que significa “chivo expiatorio” expuesta en Levítico 16:8-10, y que no vuelve a ser mencionada en ninguna parte más de la Biblia hebrea canónica. De acuerdo con el libro de Enoch, Azazel era el líder de los grigori (también conocidos como los “observadores”), un grupo de ángeles caídos que copularon con mujeres mortales, dando origen a una raza de gigantes conocida como los Nephilim.

Azazel es particularmente significativo entre los grigori porque fue él quien enseñó a los hombres cómo forjar las armas de guerra así como enseñó a las mujeres cómo hacer y utilizar los cosméticos. Con el tiempo las enseñanzas de Azazel crearon tal iniquidad entre los hombres que Dios decidió destruir toda la vida en la Tierra con una gran inundación, salvando solamente a Noé, la familia de Noé, y a las parejas de cada especie de animales.

De acuerdo a Enoc 10:4-6; tenemos:

Y además, el Señor le dijo a Rafael: —Encadena a Azazel de pies y manos, arrójalo en las tinieblas, abre el desierto que está en Dudael y arrójalo en él; tira sobre él piedras ásperas y cortantes, cúbrelo de tinieblas, déjalo allí eternamente sin que pueda ver la luz, y en el gran día del Juicio que sea arrojado al fuego. Después, sana la tierra que los Vigilantes han corrompido y anuncia su curación, a fin de que se sanen de la plaga y que todos los hijos de los hombres no se pierdan debido al misterio que los Vigilantes descubrieron y han enseñado a toda la tierra que ha sido corrompida por medio de las obras que fueron enseñadas por Azazel, impútale entonces todo pecado.

De los siete arcángeles en la angelología del Judaísmo post-exilio, sólo Miguel y Gabriel, son mencionados por su nombre en las escrituras que llegaron a ser aceptadas como canónicas por todos los cristianos. Rafael sólo se menciona por su nombre en el libro de Tobías, que es aceptado como canónico por católicos, anglicanos y ortodoxos. Los otros cuatro, sin embargo, se nombran en el libro de Enoc (capítulo XX): Uriel, Raguel, Sariel, y Remiel.

El nombre del ángel Rafael sólo aparece de acuerdo con el Libro de Tobías  cuando Rafael fue enviado por Dios para acompañar a Tobías, hijo de Tobit, en un largo y peligroso viaje para conseguirle una esposa piadosa al joven. Ésta será Sara, quien había visto morir a siete prometidos debido a que un demonio, de nombre Asmodeo, que estaba enamorado de la mujer y mataba al esposo en la noche de bodas. Convirtiendo a Sara en una mujer maldita ante los ojos de todos.

En un principio Rafael se presenta como «Azarías, hijo del gran Ananías», pero al finalizar el viaje cura la ceguera de Tobit y se manifiesta como «el ángel Rafael, uno de los siete en la presencia del Señor». Durante el viaje, da instrucciones a Tobías para pescar un pez, del que extraería las vísceras que usaría más tarde para alejar al demonio Asmodeo y curar la ceguera de su padre. Debido a esto, a Rafael se le considera protector de los novios o el noviazgo, mas no quien promueve los noviazgos como el Eros (Cupido) grecorromano.

En el Nuevo Testamento, sólo los arcángeles Gabriel y Miguel son mencionados por su nombre (Lucas 1:9-26; Judas 1:9). Más tarde, los manuscritos de Juan 5:1-4 se refieren a la piscina de Betesda, donde la multitud de enfermos yacía esperando la agitación del agua, para que un ángel del Señor bajaba de tiempo en tiempo a la laguna y removiera el agua. Y aquel que entrara por primera vez en el estanque después del movimiento del agua, quedaba curado de cualquier mal que tuviera. Debido al papel asignado a la curación este ángel particular, se asocia generalmente con el arcángel Rafael.

El día de la fiesta de Rafael se incluyó por primera vez en el calendario romano en el año 1921, para celebrarlo  el 24 de octubre. Con la reforma del calendario Católico Romano de los Santos en 1969, esta fiesta fue trasladada al 29 de septiembre para la celebración, junto con San Miguel y San Gabriel. Dentro de ciertos límites, la Iglesia Católica Romana sigue permitiendo el uso del calendario de 1962. La Iglesia de Inglaterra también se celebra el “Miguel y Todos los Angeles” el 29 de septiembre.

La ciudad de Córdoba tiene entre sus santos patrones al arcángel San Rafael, desde que se atribuyó su protección contra una epidemia de peste. Tras varias apariciones al Padre Roelas, en la madrugada del 7 de mayo de 1578, le dijo al sacerdote: “Yo te juro, por Jesucristo Crucificado, que soy Rafael, ángel a quien Dios tiene puesto por guarda de esta ciudad”. Al poco tiempo dejaron de morir personas en Córdoba a causa de la epidemia.

Rafael es homenajeado en el Islam como uno de los grandes arcángeles.  Rafael es el ángel responsable de la llegada del Día del Juicio Final al soplar la trompeta. Según la tradición, la trompeta, serán sonada dos veces. El primer golpe de la trompeta marcará el comienzo del último día y el segundo golpe marcará el momento en que todas las almas se reunieron para el Juicio Final. Se le conoce más comúnmente como “Israfil” en la tradición islámica y según el Corán, que ha estado conteniendo el aliento, esperando las órdenes de Allah para soplar al Sur.

El ángel Rafael, junto con muchos ángeles destacados, aparece en el “Paraíso perdido” de John Milton, en el que es asignado por Dios para volver a advertir a Adán sobre el pecado de comer del árbol del conocimiento del bien y del mal. También expone a Adán de la Guerra en el Cielo en la que Lucifer y los demonios cayeron, y la creación de la Tierra.

Para La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días (Mormones) Rafael es considerado un ángel del Señor que, juntos con otros ángeles como Gabriel y el Arcángel Miguel, participó en la Restauración del evangelio en éstos, los últimos días. Una característica muy propia de los mormones es la revelación continua, lo que resulta en la publicación de otros libros canónicos aparte de la Biblia y aparece en uno de estos libros canónicos “Doctrina y Convenios“, en el cual se menciona a Rafael y explica su importante rol en estos últimos días.

Señala M. González W. lo siguiente:

Rafael es el ángel de la alborada, regente del segundo cielo y uno de los príncipe regentes de los querubines y de los arcángeles; jefe del coro de las virtudes. Pertenece a cuatro de los coros angelicales: los Serafines, los Querubines, las Dominaciones y los Potestades. Su nombre es de origen caldeo y originalmente era Labiel.

El nombre de Rafael significa “Dios ha sanado”. En la Iglesia Católica es conocido como el Medico Divino ya que se dice que tiene el poder de curar toda enfermedad por más seria que esta sea. Rafael es también protector de la tierra, a la que sana. Se dice de este arcángel que es el regente del sol en el medio cual está parado. Rafael se identifica a menudo con Ramiel, Raguel, Raffarel (…). En el libro de Tobías, Rafael esconde su identidad angelical bajo el nombre de Azarias.

Rafael es el ángel que guarda al Árbol de la Vida, uno de los seis ángeles del arrepentimiento, el ángel de la oración, de la alegría y de la luz. Es también el ángel de la ciencia, de la medicina, de la sabiduría y uno de los siete ángeles del Apocalipsis. Cuando Salomón pidió ayuda a Dios en la construcción del Templo, el Creador le regaló un anillo en el que estaba inscrito un pentagrama, el cual es una estrella de cinco puntas. Rafael fue el mensajero divino a quien Dios entregó este anillo para que se lo diera a Salomón. Es posible que la práctica de usar un pentagrama para invocar a los arcángeles provenga de esta historia.

A Rafael se le representa con un cayado en la mano y un pez en la otra como símbolo de su odisea con Tobías. En esta historia, Rafael le enseña a Tobías como utilizar el corazón y el hígado de un pescado para exorcizar al espíritu infernal Asmodeo y como utilizar la bilis del mismo pez para curar la ceguera de su padre.

A Rafael se le pide para que cure enfermedades, para ayuda en los estudios y en contratos, papeles, libros y todo tipo de negocios. Una forma sencilla de pedirle es escribiendo lo que se desea en un papel amarillo, el cual luego se quema en la llama de una vela amarilla también. Las cenizas se dispersan en el aire desde un sitio alto ya que Rafael rige el elemento aire. Esto, como toda devoción o ritual angelical, solo se debe hacer en luna creciente y si es posible en un día miércoles, que es el día regido por Rafael.

De Rafael se dice también que es uno de los Guardianes o Grigori, que tienen una continua vigilia sobre las puertas del Cielo y también uno de los guías en Sheol, donde según los judíos van las almas cuando muere. Es uno de los cuatro grandes príncipes que están frente al Trono de Dios, y según fuentes rabínicas, uno de los ángeles que visitaron a Abraham; los otros son Miguel y Gabriel. Se le conoce como el ángel de la simpatía, ya que siempre está risueño y es el ángel de la sexta Séfira en el árbol de la Vida.

En tiempos recientes se han estado corriendo rumores de que Rafael es una entidad femenina, pero en realidad los ángeles son espíritus sin forma material. Toman apariencia física sólo cuando desean ser percibidos por los seres humanos.

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Referencias: “Angelorum, el libro de los ángeles” Migene González Wippler (1999) Llewelyn Wolrd Wide – USA.  Pag 122-125