Ángeles y arcángeles (9) Regentes planetarios

En el punto anterior mencionamos la existencia de siete arcángeles, y señalamos que no existe un acuerdo en cuales son los nombres de estos (salvo por Miguel, Gabriel y Rafael); pero se dejó una pregunta pendiente: ¿por qué siete arcángeles?. La respuesta, aunque vinculada a los cielos, es bastante simple y terrenal, y muy poco ‘divina’. Para todas las religiones antiguas era importante el movimiento de los astros, las posiciones del Sol y la Luna marcaban el flujo de las estaciones, de cuando cultivar y cuando cosechar; así las luminarias más importantes de los cielos eran el Sol, que marcaba los días, y la Luna, que marcaba el paso de los meses. Pero hay otros astros que se mueven contra el fondo fijo de estrellas, estos son los planetas y para los antiguos sólo eran visibles cinco: Mercurio, Venus, Marte, Júpiter y Saturno; si contamos hay siete luminarias que se mueven en los cielos, así de simple y sencillo; nada de buscar explicaciones complicadas, filosóficas, metafísicas o exotéricas.

La imagen que tenían los antiguos de estos cielos; y esto se remonta a un momento pre-científico, antes de las Leyes de Kepler y de Newton; era que los planetas astrológicos orbitaban la Tierra (modelo geocéntrico); era cada planeta ‘caminaba’ en una esfera que rodeaba la tierra, empezando por la Luna, seguido por Mercurio y Venus, el Sol, y luego los planetas exteriores: Marte, Júpiter y Saturno; a semejanza de una especie de juego de muñecas rusas, donde cada esfera envuelve a la otra, hasta alcanzar la esfera de las estrellas fijas.

De igual manera era evidente que las cosas siempre caen a la Tierra, debía haber algo en su centro que atraía todo y era lógico asumirlo como el centro del universo. Pero los objetos en los cielos no caían, el Sol, la Luna y los planetas daban vueltas alrededor de la Tierra, así mientras en la Tierra lo normal eran que las fuerzas halaban en la misma dirección de acción, dando movimientos lineales, en los cielos estos movimientos eran círculos perfectos.

Esta idea de esferas celestes envolviendo la Tierra se mantuvo desde el mundo antiguo (Modelo de Tolomeo) hasta final de la Edad Media, y lo podemos ver perfectamente reflejado en la Divina Comedia (1304 a 1314) de Dante Alighieri (1265-1321); claro que el autor fue un poco más lejos; ya se imaginaba un mundo redondo; la parte norte incluía al mundo conocido, esta esfera (la Tierra) encerraba dentro de sí al infierno, los círculos del infierno son como esferas (es realmente descrito como un cono invertido) por debajo de la Tierra que iban encerrando en su interior al Demonio en su centro, a semejanza de la Tierra, que era el centro de las esferas celestes. Si las esferas internas en su parte norte eran el infierno, la parte austral de estas esferas eran el Purgatorio (visto aquí como un monte que se va ascendiendo); para salir al punto más alto (en el otro extremo del mundo) y el más cercano a los cielos.

Con la revolución heliocéntrica iniciada por Nicolás Copérnico a fines del siglo XV; el matemático Johannes Kepler trató, poniendo al Sol como nuevo centro de las esferas cósmicas, de relacionar el radio de las ahora seis esferas (la Tierra reemplaza a Sol en posición y la Luna ya no cuenta porque no es un planeta sino un satélite de la Tierra); con los cinco sólidos pitagóricos, la idea era simple, el radio de la primera esfera (Mercurio) quedaba dentro de uno de los sólidos y el radio de la segunda esfera (Venus) por fuera del sólido; y así se seguía hasta alcanzar Saturno. Claro que fueron muchos los intentos, pero no hubo forma de encontrar esta relación y al final tuvo que iniciar desde cero, después de muchos años pedidos. Sus resultados finales mostraron que los planetas alrededor del Sol no siguen órbitas circulares, sino elípticas, ello acababa finalmente con esa idea esferas en los cielos. Con las leyes de Isaac Newton se explicaba el porque de ello; y los cometas que eran vistos como malos augurios, dado que como fantasmas podían atravesar esas antiguas esferas, ahora eran perfectamente explicados por la ciencia. Con Newton y la gravedad, los hecho de la Tierra y el Cielo ya no eran cosas distintas sino que los movían las mismas leyes físicas.

Pero nuestro problema no es demostrar la falsedad de esas esferas, sino explicar la relación entre los siete arcángeles y los siete cielos de la tradición judía; llevados a nueve en la Divina Comedia. Si entendemos que estos siete cielos se refieren a las órbitas de los siete planetas astrológicos (Sol, Lunas, Mercurio, Venus, Marte, Júpiter y Saturno) lo demás es simplemente un problema astrológico (no astronómico). Para las astrología antigua existen doce constelaciones (doce lunas o meses al año); a cada constelación se le asocia uno de estos siete planetas; cuando el Sol esta más alto en el cielo (hemisferio norte) estamos en pleno verano y pasa por la constelación de Leo; aquí Leo tiene por estrella asociada al Sol; por tradición si el Sol es el Rey de los astros, la Luna es la Reina y se sienta a su izquierda, esto es ocupa la posición de Cancer; el resto de los planetas se alterna a la derecha o a la izquierda y ocupan dos posiciones (constelaciones) dependiendo si son visibles o invisibles (a la izquierda o a derecha de los reyes del cielo); así tendríamos la siguiente relación.

Cielo Astro Constelación Regente
Shamayim Luna Cancer Gabriel
Raquia Mercurio Geminis – Virgo Rafael
Sagun o Shehaquim Venus Tauro – Libra Anael
Zebhul o Machonon Sol Leo Miguel
Machon o Ma’on Marte Aries – Escorpio Camael
Zebul o Makhon Júpiter Piscis – Sagitario Sachiel
Araboth Saturno Acuario – Capricornio Cassiel

Asumiendo como valida esta correspondencia y con algunas diferencias lingüísticas en los nombres podemos explicar la relación de estos ángeles con la posición y regencia planetaria (se aclara que si las diferentes fuentes no están de acuerdo en las identidades y nombres de los siete arcángeles; en la asociación de cada arcángel cada con uno de los tradicionales siete “cuerpos celestes” tampoco hay acuerdo sobre a qué arcángel le corresponde que astro).

La idea de esta entrada, al igual que las anteriores no se trata de negar el sistema de creencias, sino conocer a los distintos ángeles, así tenemos los siguientes en nuestra larga  lista de arcángeles:

Miguel, Gabriel y Rafael en los cielos

En primer lugar Miguel, que traduce “Quien como Dios” es lógico que le corresponda el Sol; si Dios es como el Sol que alumbra a los planetas y estos como los ángeles brillan por la luz del Sol; Miguel que es el más parecido a Dios debe corresponderle el Sol y es por ello el regente del cuarto cielo. Recordemos también que Miguel representa el elemento fuego, y que más brillante y ardiente que el Sol mismo. Algunos sin embargo ubican a Miguel en el séptimo cielo, ya que es la esfera más cercana a Dios.

Gabriel se le asigna la regencia del primer cielo, la esfera de la Luna; dos razones explican esto, la primera es recordando que si Miguel está la derecha de Dios, a la izquierda está Gabriel, esto es la posición de la Luna en los asientos (constelaciones) celestes. La segunda es que Gabriel rige las aguas y la Luna es el cuerpo celeste que más afecta las aguas, la Luna es la responsable de las mareas; así que la vinculación con este astro es casi obligada.

Rafael es el regente del segundo cielo, aquí se encuentra Mercurio; quien es el planeta más pequeño; y Rafael es el arcángel con la apariencia más joven. Pero Mercurio como dios de los antiguos romanos tenía algunas funciones importantes. La primera es que es el más veloz de los dioses y como mensajero de los dioses esta viajando constantemente entre el cielo y la tierra; algo visto en su movimiento en los cielos, que sube rápido para volver a bajar. Recordemos que nada, salvo el pensamiento, es más rápido que el viento; así Mercurio se le vincula con el elemento aire; el mismo elemento vinculado a Rafael. La segunda función de Mercurio era el guía que transportar las almas hasta las puertas del Hades, al estar Mercurio sumergiéndose en ese mundo inferior tantas y repetidas veces (desaparece por el horizonte visible); en la tradición judía Rafael es uno de los ángeles que guía las almas al Sheol (el infierno judío). Algunos ubican a Rafael en el cuarto cielo como regente del Sol.

Anael/Hanael (Alegría de Dios)

El tercer cielo se corresponde con Venus, y este astro estuvo vinculado a un ángel muy distinto: Luzbel (hoy Lucifer, un demonio); todas las descripciones lo ponen como el más hermoso de todos los ángeles, algo que concuerda perfectamente con la más bella y brillante estrella de los cielos; claro que tras su caída hubo que poner a otro en el puesto y hoy se asigna al ángel Anael, un ángel protegido de Miguel, quizás una forma de molestar al anterior en el puesto.

Por las razones señaladas antes es incluido como uno de los siete arcángeles; también conocido como Haniel, Hanael o Aniel, es un ángel de la tradición judía. Anael se asocia generalmente con el planeta Venus y la razón se vincula a su nombre. Anael/Hanael deriva de hana’ah que en hebreo traduce “alegría” o “placer”.

Lejos de las connotaciones eróticas, recordemos que Venus era la diosa romana del amor y la lujuria; Anael opera a semejanza a cupido, es el ángel del amor por excelencia. Se relaciona también a la salud, al romance, la fertilidad, la belleza, el placer y amistad. Este ángel suele ser invocado en asuntos amorosos: como un matrimonio, el nacimiento de un hijo, una ruptura sentimental, un romance, etc. Pero también se dice que rige las relaciones sociales entre los seres humanos como la amistad.

Como amor es también belleza, este ángel protege todos los asuntos de tipo artístico y placenteros como los espectáculos, las artes escénicas y el teatro, es por ello protector de los artistas, actores, actrices y músicos.

Anael es el protegido de Miguel, quien actúa como un padre para el joven ángel y algunos lo ven como un hijo o hija de Miguel, pero recordemos que todos los ángeles son emanaciones de Dios y no tienen sexo. Esta asociación se vincula en recordar que Venus (Anael) es la estrella que anuncia la llegada del Sol (Miguel) en la mañana siendo la última visible en la aurora; así como la primera visible en el crepúsculo.

Anael es representado como un chico de unos doce años, cuando aparece como Hanael sus vestiduras son violetas (color de la aurora y símbolo de la transmutación); y como Haniel es fulgor, fuego y verde tranquilizador (el crepúsculo que se pone en el valle fértil); es por lo general representado llevando una rosa roja, una lampara o sosteniendo una vara con punta de un cono de pino. Para pedir la ayuda del ángel se suele rezar empezando un martes de luna creciente, encender cada día una vela rosa y rezarle durante nueve días.

Camael/Samael (Ver a Dios)

Camael es conocido también como: Camiel, Camuel, Chamuel, Shemael, Khamael y Samael, entre otros nombres. Es un ángel en la mitología judeocristiana. Camael es uno de los ángeles más incomprendidos, rige sobre la violencia y la destrucción; en su aspecto más feroz se le asocia a Satanás, pero esta identificación es errónea ya que se trata de dos entidades distintas; y sus acciones son ordenes directas de Dios. Como regente del quinto cielo se le vincula a la severidad y es quien ejecuta el castigo de Dios.

Camael no es reconocido por la Iglesia Católica debido a la decisión del Vaticano de prohibir la veneración de los ángeles y no se menciona en la Biblia a Camael; quien es el ángel de la venganza que castiga a aquellos que están en contra de Dios. Camael es un guardián del cielo, es el jefe de los doce mil ángeles de fuego y destrucción y una vez fue visto como el dios de la guerra.

Camael es responsable de mantener en jaque al Leviatán, el monstruo del mal, que se tragará las almas de los pecadores en el Día del Juicio. Es representado como un guerrero vestido con una túnica roja; lleva armadura de placas de color verde, un casco de hierro y tiene grandes alas de color verde. Uno de los mayores roles de Camael es que se le pone como el patrón del Imperio Romano (a semejanza del dios Marte). Bajo estos aspecto la relación con el rojo Marte es evidente; Marte es el dios de la guerra y la destrucción de los romanos.

Camael en su forma benéfica es el ángel del amor divino y el ángel patrono de todos los que aman a Dios. Bajo este aspecto Camael personifica la justicia divina y protege a quienes no pueden protegerse. Da coraje y fuerza de sanación y le responde a la persona honesta. En la Cabala a Camael (Marte) se le ubica en una de las dos posiciones intermedias, esta tiene por nombre Gueburah en la posición izquierda, mientras la derecha recibe el nombre de Hesed (vinculada a Júpiter). Por su situación en el Árbol, Gueburah se encuentra a caballo entre las regiones superiores del Mundo de Deseos y las inferiores; así Camael es un administrador de las dos fuerzas (positivas y negativas) y esa dualidad se refleja en el ángel. En esta posición del recorrido del Árbol de la Vida la persona es como un adolescente, no quiere la compañía del padre (Júpiter) y quiere seguir solo su camino; y ello implica que como hombre y mujer que nos volvemos al crecer debemos aprender de nuestros propios errores y sobrevivir con los frutos de nuestro propio trabajo. Si las fuerzas positivas nos impulsan a crecer como ser independiente, las negativas se reflejan en la inexperiencia, la duda y el temor; y son esas fuerzas destructoras las que nos impide avanzar. Camael nos ayudará en los momentos de cambio en nuestras vidas cuando el miedo nos confunde, lo temores nos hagan dudar, tengamos que tomar decisiones y creamos que las puertas están cerradas, él prestará su ayuda y frenará nuestras dudas y detendrá nuestros miedos para así poder abrir la puerta de lo desconocido, para que veamos con claridad donde reside nuestra felicidad. Como militar y sanador, Camael es el patrón de militares y cirujanos, para reducir sus miedos a la hora de actuar.

Camael que traduce “ver a Dios” se le vincula con el ángel que detuvo el brazo de Abraham cuando estaba a punto de sacrificar a su hijo Isaac, el que lucho con Jacob, y en la tradición cristiana es uno de los ángeles que se apareció a Jesús en el huerto de Betsemani, el otro fue Gabriel; en todas estas situaciones los personajes de debatían ante la duda y sobre sus actos a futuros; en el caso de Jesús ambos ángeles son ángeles de la muerte, que era el destino que seguía a Jesús tras ser detenido por los soldados romanos en el huerto de los olivos.

En su forma de Samael (Severidad de Dios) tenemos el aspecto más oscuro de este ángel; la tradición talmúdica figura como un acusador, seductor y destructor, equiparable al papel de Satanás. En la tradición judía, Samael se dice que es el ángel de la muerte, por ello se le llama el ángel de la oscuridad, ya que en la oscuridad es invisible a los ojos de Jacob. Se lo identifica con el líder de las fuerzas que expulsó a Adán del Jardín del Edén. Camael fue el ángel de la guarda de Esaú (hijo de Isaac y hermano de Jacob); pero asociado o equiparado a un demonio se lo pone como el ángel que tentó a Eva bajo la forma de la serpiente, entonces la sedujo y la embarazó de Caín; aunque algunas fuentes identifican a Gadreel como el ángel realizó tales actos. A Samael se lo vincula con uno de los ángeles (demonios) que fornicó con Lilith cuando ella abandonó a Adán y se lo vincula como consorte de los ángeles de la prostitución sagrada que se ejercía en el cercano oriente y Babilonia (Eisheth Zenunim, Na’amah y Mahlat Agrat Bat). Aquí se le puede volver a comparar con Marte que se acuesta con Venus, la más liberada de las diosas romanas.

Es este aspecto demoníaco es el que hace pensar a muchos que Camael y Samael son dos entidades distintas (ángel y demonio); un leyenda en el judaísmo señala que Samael se llevó sus doce mil ángeles de sus ángeles para tratar de impedir que el Moisés recibiera la Torá en la mano de Dios; y por ello Moisés y/o Dios marcó su caída en desgracia. Es por eso que en algunas tradiciones Samael es uno de los personajes de alto rango del infierno. Otros señalan que el ángel vinculado a tales hechos lleva por nombre Kemuel o Qemuel y se puede tratar de un problema de homófonos.

Sachiel/Zadkiel (Justicia de Dios)

Sachiel también se le conoce como: Zadkiel, Zadakiel, Zidikiel, Zedekiel, Zedekul, Zadykiel, Zachariel, Zatquiel o Hesediel; es el ángel de la misericordia, la justicia, la libertad y la benevolencia. Es el ángel patrono de todos los que perdonan; ya que el perdón nos libera de odios, rencores, inseguridades y miedos. Siendo justos creamos un balance perfecto en nuestro interior ya no hay mas pensamientos y emociones que nos estanquen; encontrando nuestra verdad, reconociéndola, aceptándola y transmutando todo lo negativo.

Como tantos otros ángeles a Zadkiel se le señala como otro más de aquellos que le achacan haber impedido a Abraham de sacrificar a su hijo, Isaac. Y por eso aparece sosteniendo una daga y asociado con el color violeta, el color de la transmutación; por ello es también el ángel de la Magia y de la Alquimia. Zadkiel es uno de los dos abanderados (junto con Jofiel) que siguen directamente detrás de Michael como el arcángel jefe entra en la batalla contra la bestia.

En el misticismo judío y la magia ritual occidental, Zadkiel está asociado con el planeta Júpiter. La posición del ángel en el cuarto Sefirot, que corresponde a la misericordia, llamada aquí Sesed. Tiene (principalmente) dos significados: uno más legalista en sentido de cumplir aquello que fue acordado o dar al otro aquello que le es debido según lo previamente acordado; un segundo sentido, más intuitivo y espiritual, asume el significado de acto gratuito y espontáneo de bondad y amor. Júpiter para los romanos es el padre de los dioses, y representa el orden y la ley; vemos en esta relación con la cábala que Zadkiel es un ángel vinculado a la justicia. Si con Casiel (Marte) tenemos al joven que desea ir y aprender por si mismo, con Zadkiel tenemos a la experiencia que indica que es correcto y que está mal, es por ello también el ángel de la memoria, del recuerdo y de las tradiciones.

Zadkiel tiene relación con el dios Sydyk, Sydek o Sedek; que era el nombre de una deidad fenicia y que los griegos llamaron Dikaion o Dike (Justicia); y se relaciona con las deidades asirio-babilónica llamadas Kittu y Misharu; otra asociación es con Saduq un dios ugarítico vinculado a la justicia y que entre los judíos se denomino Tzedek. Es evidente que como muchas culturas se fusionaron en la región, dioses de unos se transformaron en ángeles o demonios en la cultura judía; ya que para este pueblo Dios es uno.

Casiel/Cassiel (Velocidad de Dios)

Casiel o Cassiel, en hebreo se le conoce como Kafziel o Tzafkiel (Conocer a Dios); es un ángel de la mitología judeocristiana, sobre todo de la Cábala. Se le representa como un hombre viejo; se le asocia con la carta de ‘El Ermitaño’ en el Tarot, sosteniendo un farol, una guadaña y un reloj de arena. Esta imagen es vinculante con Saturno, ya que su lento movimiento en los cielos lo hace ver a los ojos humanos como un anciano. Saturno preside el tiempo y las estaciones; el reloj de arena es la imagen de este dios, así como la guadaña, indicando que se trata de un ángel de la muerte; y se dice que presidirá la muerte de los reyes. Este en el ángel de la soledad y las lágrimas, ya que Saturno representa la última etapa de nuestras vidas, la vejez, donde poco a poco nos vamos quedando solos, mientras nuestros conocidos y compañeros se van yendo de este mundo. Cassiel es un ángel poderoso su guadaña no sólo lo señala como un ángel de la muerte, sino también como un ángel de la destrucción, en algunas representaciones aparece montado sobre un dragón, indicando su poder letal; la muerte de los reyes también implica la caída de reinos e imperios; es así un ángel de la renovación que opera a un nivel más macro que micro; más global que individual.

A diferencia de otros ángeles, Cassiel es simplemente un observador, dando testimonio de todos los acontecimientos que se desarrollan dentro de nuestro universo, o en la creación de Dios. Se dice que Cassiel tiene prohibido interferir en cualquiera de los eventos de lo que es testigo. A diferencia de los otros ángeles, Cassiel sigue siendo fiel a los mandamientos de Dios y no se mezcla con los mortales. Como guardián del umbral entre este mundo y el siguiente, el séptimo cielo es la puerta al más santo de todos los cielos, ya que tras estas puertas se alberga el Trono de Gloria de Dios y por ello Cassiel permanece lejos de la interacción con los niveles inferiores o individuales y trabaja a niveles más macros o globales.

Cassiel aparece poco en los mitos antiguos, en parte por su propia naturaleza de no intervención; sin embargo nuevos movimiento, la literatura moderna y series de televisión han empezado a cambiar esa visión. Los grupos de la Nueva Era (New Age) afirman que Cassiel es un ángel de fuego, y que disfruta mucho la compañía de los humanos. Bajo esta representación mucha ficción moderna lo señala como un ángel que se disfraza de hombre para poder entendernos; y encarnando en un ser humano trata descubrir la manera de vivir del mundo actual. Así Cassiel es el ángel del entendimiento, producto de la meditación. Y el conocimiento que brinda Saturno es un conocimiento frío y sin emociones; es sólo razón y lógica. Dentro del Árbol de la Vida, el Sefirot Biná es la chispa divina creativa, la inspiración; y se vincula a Saturno, Biná simboliza el entendimiento o sabiduría procesada, es decir es el proceso racional que se utiliza para lograr una idea plena. Cassiel es el ángel al que se le reza cuando hay falta equilibrio en la vida, o cuando te sientes totalmente abrumado por el estrés; para que nos de luz lógica en la oscuridad que nos abruma.

Bajo su aspecto de Kafziel se le conoce como el ángel de la comprensión y la compasión. Él ayuda a las personas aprender a amar a los demás con el amor incondicional que Dios tiene para ellos, resolver conflictos, a perdonar, y desarrollar la compasión que motiva a la gente para servir a otros en necesidad. Como Tzafkiel es a menudo llamado la Atalaya de Dios, porque se le representa a menudo de pie sobre las nubes celestiales, mirando por encima de ellas, lo que representa su papel de velar por las personas. En la astrología está relacionado con las aguas primordiales, la oscuridad y la  inercia. Tzafkiel también se le muestra sosteniendo un cáliz de oro en sus manos, que simboliza el agua del que fluye el conocimiento.

Uriel y Azrael en la reforma astrológica

Así tras la aparición de nuevos planetas, fue necesario asociarle ángeles regentes a cada uno; no hubo problema con Urano, a quien se le asoció por semejanza de nombre el ángel Uriel; a Plutón se le vinculó Azrael y Neptuno con algo de dificultad se le puso como regente Asariel, lo cual cambió muchos aspectos del ángel que presidía la vida de los mares.

Cielo Astro Constelación Regente
Shamayim Luna Cancer Gabriel
Raquia Mercurio Geminis – Virgo Rafael
Sagun o Shehaquim Venus Tauro – Libra Anael
Zebhul o Machonon Sol Leo Miguel
Machon oMa’on Marte Aries Camael
Zebul oMakhon Júpiter Sagitario Sachiel
Araboth Saturno Capricornio Casiel
Urano Acuario Uriel
Neptuno Piscis Asariel
Plutón Escorpio Azrael

Aquí uno podría preguntarse porque no aparecía Uriel entre los arcángeles regentes de los planetas conocidos en la antigüedad, y la respuesta es simple; Uriel es el arcángel de la Tierra, aunque tras el descubrimiento de Urano se le asoció a este planeta (por semejanza lingüística) y con la reestructuración astrológica se le vinculó a Acuario; pero eso ya es tratar de seguir actualizando un sistema de creencias (astrología) a los nuevos descubrimientos y donde las razones originales dejaron de tener sentido.

Si Uriel es un ángel vinculado a la Tierra, los terremotos y volcanes, con la visión futura y la aguda visión y Urano es el dios de la esfera celeste, y astrológicamente rige sobre la libertad, independencia y creatividad de espíritu. ¿Cómo pueden estar relacionados?, Uriel en los mitos es el ángel que con su trabajo arduo construyó el Edén y por tal obra fue elevado a arcángel y recompensado con una gran memoria. Así Uriel y Urano se vinculan con la libertad y el arte de la creación; el deseo de superar las expectativas y la visión del futuro.

Azrael no estaba presente en esta disposición celeste inicial, pero como ángel de la muerte al ser descubierto Plutón (el dios que rige los infiernos y los muertos) se asocia a Azrael con este astro y modernamente con la constelación de Escorpio.

Asariel (Ayuda de Dios)

Neptuno fue un mayor problema en encontrar el ángel regente, finalmente se le asoció el ángel Asariel, también llamado Azariel o Arariel. En la tradición rabínica es el ángel que se hace cargo de los mares, pero sobre todo de la vida que estos albergan. Los pescadores lo invocan para tener pesca favorable y abundante. Asariel alimenta la vida de los mares y las aguas; así como Uriel es el responsable de la vida sobre la tierra y el aire.

Neptuno en astrología se le asoció el signo de Piscis; Asariel cumplía con la imagen del Neptuno como dios romano de las aguas y con el signo que se presenta con los peces. Neptuno en los cielos fue conocido como el místico, su descubrimiento se vinculó a la aparición en creencias ocultistas; por ello Asariel se vincula a la espiritualidad, la vida interior, los sueños y a creer en la intuición; protege la clarividencia y a los médium.

Asariel es el ángel de la fe y la esperanza. Sostiene la esperanza en la Tierra, cuando las pruebas de la vida nos oprimen, nos brinda refugio en tiempos de conflicto y crisis. Te da la certeza que Dios está contigo en las buenas y en las malas. Asariel es invocado también para curar la estupidez. Para invocarlo se le reza el cuarto día después de la luna llena, a una copa de agua de mar mezclada con agua de río sobre un plato cubierto de arena.

Ángeles y arcángeles (3) Miguel Arcángel

El termino “arcángel” sólo aparece dos veces en la Biblia, y sólo en el Nuevo Testamento, donde el prefijo (arc-), traduce del antiguo griego “que gobierna, dirige, comanda, o lidera”; así los arcángeles indican supremacía, son los primeros en su clase; arcángel traduciría a “Líder de los ángeles”. Por su parte Miguel que traduce del hebreo “Quién como Dios” y es conocido por los musulmanes con el nombre de Mijaíl o Mikail; y es para las tres grandes religiones judía, islámica y cristiana quien ocupa el cargo de Jefe de los Ejércitos de Dios.

Miguel es un arcángel en la tradición judía, la cristiana, y en las enseñanzas islámicas. Los católicos romanos, anglicanos, luteranos y se refieren a él como San Miguel Arcángel o simplemente como San Miguel. Los cristianos ortodoxos se refieren a él como el Arcángel Miguel. En hebreo, Miguel significa “quién como Dios“, que tradicionalmente se interpreta como una pregunta retórica: “¿Quién como Dios?“, y se espera una respuesta en sentido negativo, dando a entender que nadie es como Dios. De esta manera, Miguel se reinterpreta como un símbolo de humildad ante Dios.

Las fiestas en honor a Miguel varían según las distintas tradiciones cristianas; así el 08 de noviembre en nuevo calendario de las Iglesias Orientales Ortodoxas y 21 de noviembre en el antiguo calendario Iglesias Orientales Ortodoxas, 29 de septiembre para la Iglesia Católica, Anglicana y Luterana; y otras tantas fechas en muchas fiestas locales e históricas.

Miguel es santo patrono de la Iglesia Católica y protector del pueblo judío. Bajo su papel de patrón especial del pueblo elegido en el Antiguo Testamento, se volvió también el guardián de la Iglesia, no se vio raro que el ángel fuera reverenciado por las órdenes militares de caballeros en la Edad Media junto con San Jorge, ello lo convirtió en el santo patrono de la caballería y ahora también es considerado el santo patrono de policías, militares y paracaidistas.

Es patrón también de los bodegueros o vendedores de verduras, aunque no se aclara el por que de ello. En la Iglesia Ortodoxa lo pone como el patrón de los enfermos y los que sufren. Basado en una leyenda de su aparición en el siglo VIII en el Mont-Saint-Michel (que lleva por ello su nombre), en noroeste de Francia, el arcángel es el patrono de los marineros en este famoso santuario. Después de la evangelización de Alemania, donde las montañas que se dedicaban a menudo a los dioses paganos fueron “cristianizadas” colocado muchas bajo el patrocinio del arcángel, y numerosas capillas de montaña aparecieron por toda Alemania, Miguel se convirtió en el patrón de Alemania. Él ha sido el santo patrono de Bruselas, desde la Edad Media y la ciudad de Arkhangelsk, en Rusia debe su nombre del arcángel. Ucrania y su capital Kiev también consideran Miguel su santo patrono y protector; así como el San Jorge lo es de la ciudad de Moscú, en ambos caso son los santos que vence al dragón.

El Rabí Eliezer ben Jacob señala a Miguel como uno de los tres hombres (ángeles) que visitaron a Abraham para anunciarle el nacimiento de Isaac, este es único hecho mencionado en el Coran sobre Miguel. Mikail como lo conocen los pueblos islamicos sólo se le menciona en la azora 2:98, y en la 11:72 y 11:69 donde se dice que era uno de los tres ángeles que visitaron a Ibrahim (Abraham) para anunciar el nacimiento de Isaac y Jacob. La tradición judía lo señala como uno de los ángeles que anunciaron a Lot la destrucción de Sodoma y Gomorra.

Para los judíos fue Miguel quien rescató a Abraham del horno donde había sido arrojado por Nimrod (o Nemrod). Este hecho es sin embargo imposible ya que Nimrod era bisnieto de Noé y el constructor de la torre de Babel (Babilonia). Entre ambos personajes existe una separación de diez generaciones; pero en la edad media la tradición rabínica creo este encuentro en el cual se repiten hechos similares a la vida de Moisés y Jesús. En estas versiones presentan a Nimrod como un hombre opuesto a Dios. Algunos señalan que se autoproclamó dios y que fue adorado por sus súbditos; así en ocasiones su leyenda se entremezcla con la de Nino, el mítico fundador de Nínive.

Cuentan que una señal en los astros anunció a Nimrod y a sus astrólogos el nacimiento de Abraham, quien pondría fin a la idolatría. Así que Nimrod ordenó matar a todos los niños recién nacidos. Sin embargo, la madre de Abraham escapó y dio a luz secretamente. Al crecer Abraham confrontó a Nimrod y le dijo que desistiera de su idolatría, por lo cual Nimrod mandó que fuera quemado. Dicen que se recogió madera por cuatro años para quemar a Abraham en la hoguera más grande que jamás se hubiera visto. En todas Abraham es echado al fuego y sale caminando. Nimrod entonces declara la guerra a Abraham y se presenta al mando de un enorme ejército, pero Abraham trae un ejército de insectos que destruye el ejército de Nimrod. En algunas versiones dicen que un mosquito entró hasta el cerebro de Nimrod volviéndolo loco (lo mismo dice la tradición judía que sucedió con Tito, el emperador romano que destruyó el Templo de Jerusalén).

Se dice que Miguel fue el ángel que impidió que Isaac fuera sacrificado por su padre y llevó un carnero para tomar su lugar; Miguel salvó a Jacob, aun desde el vientre de su madre, de ser asesinado por Samael. Más tarde, Miguel impidió a Labán hacer daño a Jacob; y fue Miguel quien luchó con Jacob y que después le bendijo. Es Miguel quien habría sido el interlocutor inmediato de Moisés en el Monte Sinaí y es el ángel que protegió al pueblo de Israel durante su marcha por el desierto. Algunos describen a Miguel como el maestro de Moisés durante el Éxodo, además de ser quien protege a los israelitas frente al ejército del Faraón antes de cruzar el Mar Rojo.

Miguel actuó como defensor de Israel, y algunas veces tuvo que luchar con los príncipes de las naciones y en particular con el ángel Samael, el acusador de Israel. La enemistad de Miguel con Samael data de la época en la que fue arrojado del cielo y Samael agarró las alas de Miguel a quien quiso traer con él en su caída; pero Miguel fue salvado por Dios.

Miguel ejerce la función de abogado de los hebreos, cuando Samael (su adversario) acusa a los israelitas de idolatría y declara que constantemente murmuraban haber deseando haber muerto junto con los egipcios en el Mar. Es por ello que el Judaísmo invoca a Miguel como el protector de Israel y patrono de la sinagoga, y abogado de Israel frente a su acusador Samael o Satanás, por tanto tiene el papel de defensor de los hebreos, desde los tiempos de los patriarcas bíblicos. La idea de que Miguel era el abogado de los judíos se hizo tan popular que a pesar de la prohibición rabínica en contra de apelar a los ángeles como intermediarios entre Dios y su pueblo, Miguel llegó a ocupar un lugar determinado en la liturgia judía.

En escritos apócrifo se menciona que Samael (Satán) reclamó el alma de Moisés para sí, argumentando que el profeta provocó la muerte de muchos egipcios. Razón por la cual el arcángel se enfureció y luchó contra él, venciéndolo; y aún cuando el arcángel Miguel disputaba con el diablo, la posesión del alma Moisés, no se atrevió a decir maldición sino que dijo: —El Señor te reprenda.

En el libro de Enoc a Miguel correspondió llevar a cabo la destrucción del mundo, acabando con los hijos de los vigilantes (los gigantes), es por tanto el ángel del diluvio universal que limpio la tierra de toda maldad. En el “Paraíso perdido” de John Milton (1608-1674), publicado en 1667 le corresponde a Miguel expulsar a Adán y a Eva del paraíso; en el camino Miguel relata a Adán el futuro de sus hijos y la lucha en los cielos de los ángeles contra los demonios.

Miguel ayudó a Josué en Jericó y a Daniel contra el rey de Persia. En el libro de Josué se nombra al arcángel Miguel, no por su nombre, sino como “Capitán de los Ejércitos del Señor”, tras encontrarse con Josué, cerca de Jericó; (Josué 5:13-15):

Sucedió que estando Josué cerca de Jericó, levantó los ojos y vio a un hombre plantado frente a él con una espada desnuda en la mano. Josué se adelantó hacia él y le dijo: —¿Eres de los nuestros o de nuestros enemigos?—, Respondió: —No, sino que soy el jefe del ejército de Yahveh. He venido ahora—. Cayó Josué rostro en tierra, le adoró y dijo: —¿Qué dice mi Señor a su siervo?— El jefe del ejército de Yahveh respondió a Josué: —Quítate las sandalias de tus pies, porque el lugar en que estás es sagrado—. Así lo hizo Josué.

En la Biblia hebrea, y por lo tanto en el Antiguo Testamento, el profeta Daniel experimenta una visión después de haber pasado por un período de ayuno. En la visión de Daniel (10:13-21) un ángel identifica a Miguel como el protector de Israel (y de las naciones). Más tarde, en la visión Daniel (12:01) es informado sobre el papel de Miguel durante el “tiempo del fin”. Aunque las tres referencias a Miguel en el libro de Daniel indican que Miguel actuará de manera similar en los tres casos, los dos primeros se refieren a la hora local en Persia y la última al fin de los tiempos (Apocalipsis).

En el Nuevo Testamento de Miguel lleva los ejércitos de Dios a contra las fuerzas de Satanás en el libro del Apocalipsis, donde durante la guerra en el cielo que derrota a Satanás. En la Epístola de Judas, Miguel es específicamente referido como un “arcángel“. En el Apocalipsis Miguel es el ángel que tocará de la trompeta del arrebatamiento (1° Tesalonicenses 4, 16), y es el encargado de frustrar a Satanás, enemigo principal de Miguel por ser el arcángel de los ángeles caídos o del mal (Apocalipsis 12:7-9). Esta imagen hace representarlo como un ángel con armadura de general romano, amenazando con una lanza o espada a un demonio o dragón. También suele ser representado pesando las almas en la balanza, pues según la tradición, él tomaría parte en el Juicio final. En Apocalipsis 12, 7-9:

Hubo un gran combate en los cielos. Miguel y sus ángeles lucharon contra el Dragón. También el Dragón y sus ángeles combatieron, pero no prevalecieron y no hubo ya lugar en el Cielo para ellos. Y fue arrojado el Dragón, la Serpiente antigua, el llamado Diablo y Satanás, el seductor del mundo entero; fue arrojado a la tierra y sus ángeles con él.

En el siglo IV d.C. Miguel apareció en santuarios cristianos, cuando fue visto por primera vez como un ángel de la curación, y luego con el tiempo como un protector y el líder del ejército de Dios contra las fuerzas del mal. La devoción en el siglo IV d.C. al Arcángel Miguel fueron generalizadas tanto en las Iglesias de Oriente y Occidente.

Aunque hubiera sido natural para Miguel, defensor del pueblo judío, ser defensor de la Iglesia, dándoles la victoria en contra de sus enemigos, los primeros cristianos reconocieron a algunos mártires como sus jefes militares: san Jorge, san Teodoro, san Demetrio, san Sergio, etc.. A Miguel se le asignó el cuidado de los enfermos. En Frigia, donde fue venerado por primera vez, su prestigio como sanador angelical oscureció su interposición en asuntos militares.

La tradición relata que en los primeros tiempos, Miguel hizo una aparición medicinal en un santuario en Frigia (hoy Turquía), donde fueron curados todos los enfermos que se bañaron allí invocando a la Santísima Trinidad y a Miguel. Para la Iglesia Ortodoxa la imagen de Miguel es vestido con túnica como cualquier otro ángel; pero porta una espada y en la otra un globo transparente, coronado por una cruz, que representa el universo sobre el que Miguel tiene poder en nombre de Cristo. En las Iglesias Orientales se le considera defensor de la pureza y santidad de Dios, frente a las potencias falsamente luminosas. Es el ángel de la noche mística, “allí donde Dios despliega la luz verdadera”.

El primer santuario del antiguo cercano oriente se asoció con aguas curativas. El Michaelion fue construido en el siglo IV d.C. por el emperador Constantino en Calcedonia después de que Constantino derrotó a Licinio en el año 324 cerca de allí, llevando eventualmente a la iconografía estándar del Arcángel Miguel como un guerrero santo matando al dragón. El Michaelion fue una magnífica iglesia y en el tiempo se convirtió en un modelo para cientos de otras iglesias de la cristiandad oriental que se extendió la devoción del arcángel. En el siglo sexto, el punto de vista de Miguel como un sanador continuó en Roma, cuando ayudo a los enfermos de una plaga que dormían en la noche en la iglesia de Castel Sant ‘Angelo.

En la angelología del Pseudo-Dionisio, del siglo VI d.C. se le dio a Miguel un rango en la jerarquía celestial. Más tarde, en el siglo XIII, otros, como Buenaventura lo ubicaron como príncipe de los serafines, los primeros de las nueve órdenes angélicas; pero para Santo Tomás de Aquino es el Príncipe del coro de la última y la más baja, los ángeles.

La Iglesia Católica enseña que San Miguel tiene cuatro funciones principales. Su primer papel es el líder del Ejército de Dios y el líder de las fuerzas del cielo en su triunfo sobre los poderes del infierno. En su segunda función, Miguel es el ángel de la muerte, llevando las almas de todos los difuntos al cielo; a la hora de la muerte, Miguel desciende y da a cada alma la oportunidad de redimirse antes de morir. En su tercera función, que pesa las almas en su balanza perfectamente equilibrada y su cuarto papel, San Miguel, es el patrón especial del pueblo elegido en el Antiguo Testamento y el guardián de la Iglesia.

Se cuenta que el 13 de octubre de 1884 el papa León XIII experimentó una visión en la cual vio a Satanás y a sus demonios desafían a Dios, diciendo que podían destruir su Iglesia si querían. El pontífice pensó vio entonces aparecer a Miguel y lanzar a Satanás y sus legiones en el abismo del Infierno. Llamó a su Secretario para la Congregación de Ritos. Le entregó una hoja de papel y mandó que se enviara a todos los obispos del mundo, indicando que la oración que había escrito en honor al ángel tenía que ser recitada después de cada misa. Después del Concilio Vaticano II (1959), el mandato de recitar esta oración al finalizar la misa fue revocado, pero se puede continuar con esta práctica a manera de devoción.

En diferentes visiones de la Virgen María se suelen incluir alguna manifestación de la presencia del arcángel. Una de las apariciones más atestiguadas fue la de Fátima (Portugal) en 1916, donde el arcángel era visto postrándose, llevó el mensaje a tres niños pastores (Lucía, Jacinta y Francisco) invitando a orar de la siguiente manera: —Dios mío, yo creo, adoro, espero y te amo. Te pido perdón por los que no creen, no adoran, no esperan y no te aman.

La Iglesia Copta ha mantenido íntegramente la Septuaginta como su Antiguo Testamento, sin extraer ningún libro, por eso la Biblia Copta posee más libros que las Biblias de los demás cristianos. En estos libros que permanecieron solo en la Biblia Copta San Miguel ocupa una buena parte. Por ejemplo en el Libro de Enoc, se le menciona varias veces como “Gran Capitán”, el misericordioso y muy paciente; y el ángel encargado de la mejor parte de la humanidad y del pueblo.

Algunas iglesias, surgidas directamente en tiempos de la reforma protestante, como la anglicana o la luterana, comparten la mayoría de las ideas sobre el arcángel Miguel con las Iglesias católica, copta y ortodoxa. Pero no es así con los cristianos restauracionistas (como los Santos de los Últimos Días o mormones, adventistas y los Testigos de Jehová), cuya teología respecto a este arcángel difiere de la teología de las demás corrientes cristianas tradicionales.

En la teología de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, Miguel vivió una vida mortal siendo Adán. Por lo tanto, Miguel y Adán son considerados como el mismo personaje. Bajo el nombre de Adán fue conocido mortalmente y con el nombre de Miguel se conoció en la vida preterrenal; Miguel es, por ende, el nombre angelical de Adán. Así que todos los descendientes de Adán son descendientes terrenales de Miguel.

Por su parte los Testigos de Jehová creen que tanto Miguel como Jesús son una misma criatura angelical antes de venir a la Tierra, como después de regresar al cielo. Para Los Adventistas del Séptimo Día la concepción es muy similar a la de los Testigos de Jehová, asegurando que Jesucristo y el Arcángel Miguel son el mismo ser con la excepción de que los consideran como un mismo ser divino y no como un ángel.

Señala M. González W. lo siguiente:

Miguel es el símbolo de la justicia perfecta. Su nombre significa, “El que es como Dios”. Se le considera el más grande de todos los ángeles, tanto en el Judaísmo y el Cristianismo como en el Islam. Es por eso que se dice de él, que esta sentado al lado de Dios en su trono y que a menudo se identifica con Metratón y con la Shekina. Miguel también se identifica con San Pedro, ya que se dice que ambos tienen las llaves del cielo. Y algunas autoridades encuentran paralelos entre San Jorge y Miguel porque ambos vencieron al dragón, que es el símbolo de Satanás en el Cristianismo,

Los antiguos persas veneraban a este gran arcángel como Beshter, el protector de la humanidad. Miguel es el ángel incorrupto e incorruptible, es decir, imposible de corromper, tal es su perfección y su pureza. Es el ángel preferido del Creador y el más poderoso. La tradición Judeo-Cristiana enseña que la venganza le pertenece a Dios, quien crea el balance perfecto de la justicia a través de la balanza de Miguel.

En la iconografía cristiana Miguel se representa vestido de rojo y verde con sandalias y armadura romana. En una mano tiene la balanza de la justicia y en la otra una espada. Una de sus sandalias está firmemente plantada en el cuello del dragón que es Satanás, como símbolo de su vencimiento del Adversario de Dios en la batalla angelical.

Miguel es uno de los príncipes regentes de tres de los coros angelicales: los Serafines, las Virtudes y los Arcángeles. Es también regente del Cuarto Cielo, uno de los seis ángeles del arrepentimiento, ángel de la rectitud, de la compasión, de la santificación y príncipe de la Divina Presencia. Es también el ángel tutelar de Israel y de Alemania y se dice que fue él que dio las tablas de los 10 mandamientos a Moisés en el Monte de Sinaí.

El nombre de Miguel proviene del caldeo, igual que Rafael. Se dice que es el autor del Salmo 85, el cual se reza en su nombre para pedirle un milagro. En las enseñanzas sagradas Miguel se identifica a menudo con el Espíritu Santo, debido a su gran pureza.

De acuerdo a la tradición musulmana, las alas de Miguel son color esmeralda y cada uno de sus cabellos, rojos como el fuego, están cubiertos de millones de caras, cada una de las cuales implora en distintas lenguas el perdón de Dios para la humanidad. Se dice que Miguel llora continuamente por los pecados de los fieles y que de sus lágrimas se formaron los Querubines. Los musulmanes, que lo conocen como Mikail, dicen que cuando el gran arcángel llora sus lágrimas se convierten en piedras preciosas.

Miguel es regente del planeta Mercurio, del signo de Leo, del Sur y del elemento fuego en la magia ceremonial, y entre sus títulos está: Príncipe de la Luz, Príncipe de las Virtudes, Príncipe de los Arcángeles, Guardián de la Paz, Protector Divino, Comandante en Jefe de las Huestes Celestiales, Ángel Guardián de la Iglesia Católica, Ángel Guardián de Israel, Ángel de la Tierra y Príncipe de Dios, además del Archiestratega Divino. Es también el ángel que se le apareció a Moisés en el Arbusto Ardiente y el que rescató a San Pedro de la prisión y al profeta Daniel de la guarida de los leones. Se dice que es Miguel también él que ha de bajar del Cielo en el Juicio Final con la llave del Abismo sin Fondo, donde encerrará a Satanás durante mil años.

El nombre secreto de Miguel es Sabathiel. Algunas tradiciones lo visualizan en el Séptimo Cielo rodeado de las huestes angelicales. En el Cristianismo Miguel se venera como el ángel benévolo de la muerte a través de quien es posible alcanzar el perdón de Dios y la inmortalidad. Es el ángel que guía las almas de los fíeles a la luz eterna y también el que pesa las almas en el Juicio Final.

Miguel es el ángel que según la tradición bíblica salvó a Meshach, Shadrach y Abednego, los compañeros del profeta Daniel, del fuego del horno a donde los lanzara el rey Nabucodonosor por negarse a adorar a sus ídolos. Es también el ángel que se arrodillara frente a la Virgen María, con un cirio encendido en la mano, para anunciarle su próxima muerte. Cuando la Virgen le preguntó su nombre, Miguel le contestó, “Grande y Poderoso”.

Miguel es el patrono de los bomberos, de los policías, de los marineros, de los soldados y los bodegueros. Una forma de pedir un milagro a Miguel es quemando una manzana roja con laurel en el fuego mientras se reza el salmo 85. Las cenizas luego se colocan en una bolsita roja la cual se carga encima hasta recibir el milagro. Esto debe hacerse un martes en luna creciente. Después que el milagro es realizado, las cenizas se esparcen en la tierra alrededor de la casa de la persona para recibí protección del arcángel.

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Referencias: “Angelorum, el libro de los ángeles” Migene González Wippler (1999) Llewelyn Wolrd Wide – USA.  Pag 125-126

Mitos del oriente próximo (2) El origen de dioses y demonios

El universo apareció por primera vez cuando Nammu un abismo sin forma se separó y dio origen a Tiamat (el mar tumultuoso y principio femenino) y a Apsu (el océano primordial y principio masculino); de la unión de estas dos fuerzas nacerá el resto de la creación. Nació primeramente Mummú, la niebla; luego Lahmú y Lahamú, los manglares; de estos dos nacieron An-Shar y Ki-Shar, los pilares del cielo y la tierra, que engendran primero a An/Anu (el cielo —un ser equivalente al Urano greco-romano—) y luego hacen surgir de las aguas a los gigantes (las montañas) que se asientan sobre el Apsu, una montaña, Ki/Antum al elevarse muy alto sobre las aguas alcanza a An/Anu, del encuentro de An y Ki nacerá En-Lil (literalmente Señor —En— del viento —Lil—; el dios del aire, del viento y las tormentas), que los separa dando origen a la atmósfera.

En-Lil fue equiparado en las regiones semitas con El o Elohim (el supremo), hoy conocido como Yahvé o Jehová entre los judíos y que en Arabia llamaban Eloáh o Eláh, que en árabe moderno es Allah (Alá). En-Lil, el primogénito, heredará de su padre el título de rey de los dioses; de quien recibirá las Me —las tablas del destino—, que como el famoso Código de Hammurabi tienen las normas a seguir para gobernar la creación.

El segundo hijo de la pareja fue Nusku, dios de la luz y el fuego en la antigua Mesopotamia, conocido como Girru en Babilonia. Nusku se volvió visir de En-Lil y su símbolo era una lámpara de aceite. El tercero es Isimud (Ismuz o Ismud), un dios mensajero en la antigua Mesopotamia, que era reconocido por poseer dos caras que miran hacia lados opuestos, comparable al dios Jano romano y que se volvería visir del dios En-Ki; el cuarto hijo fue Kakka; que se volvería heraldo de su padre. El último hijo de la pareja fue una diosa; la gran diosa madre llamada Nin-Hursag, señora de las montañas, que ocupo el lugar de su madre Ki/Antum en el dominio de la tierra.

Fruto de una aventura de An/Anu con Nammu (Tiamat) nacerá el dios En-Ki o Ea como lo denominaron los acadios, es como su nombre indica (En = señor y Ki = tierra) el dios de la tierra. En-Ki, pese a ser un primogénito de An, no venía de la rama celeste y terrestre y no pudo adquirir el título de rey de los dioses, otorgándose sólo el título de príncipe entre dioses; algo que no le gustó mucho y sería motivo de una rivalidad permanente entre En-Lil y En-Ki/Ea por el control del mundo.

De forma independiente Tiamat creará a los hombres pez, los Apkallus o Abgales, para que la sirvan, y que luego al servicio del dios En-Ki enseñaran a la humanidad las artes de la civilización. Se destacan entre estos seres mitad hombre mitad pez o anfibios: Oannes o Uanna, —equiparado al propio En-Ki y con el primer rey de los hombres Adapa (Adán)—; por el año 3000 a.C. Suben de las aguas: Eudocus, Eneugamus, Eneuboulus, Anemeutus; el último de estos seres que a subió la tierra fue llamado Anodaphus, según Apolodoro, hecho ocurrido allá por el año 2450 a.C. A estos seres luego se les llamó Musarus (seres repulsivos) y seguramente por ello no volvieron. Algunos suponen que estos seres eran los sobrevivientes de las destruidas Atlantis, Lemuria o Mu, que trataban de llevar a los humanos supervivientes de la catástrofe, y vueltos a la edad de piedra, algo de los restos de aquellas civilizaciones perdidas.

Tiamat crea a los hombres escorpión, que serán enviados a conquistar las montañas; los grifos —mitad león y mitad águila— que acompañan a los primeros; los lammasus y las esfinges, con cuerpo de toro o león, alas de águila y cabeza humana se dispersan sobre la tierra creada.

Enmesarra, fue un dios de las leyes; su compañera era Ninmesarra; juntos controlaba o redactaron las ME (las leyes divinas). Estos dos dioses habitan hoy en el Kur, y eran conocidos como los ancentros de todos los dioses; son por tanto una forma de An-Shar y Ki-Shar.

An/Anu viendo el soplo fuerte de En-Lil, llenará el aire con los Utukki — los demonios —, mitad hombre y mitad aves; de número tal que llenan los cielos y de los cuales se conocen los nombres de: Muttabriqu (relámpago); Sarabda (siervo), Rabishu (escondido), Tirid (expulsado), Idiptu (viento); Bennu ( quien se adapta), Sidana (quien se tambalea), Miqit (el que acaricia), Bel Uri (señor del cielo); Umma (caliente fiebre); Libu (canalla); también se incluyen entre estos seres a los siete Gallu, que estaban generalmente ligados a las tempestades, y dice la leyenda que fueron enviados para llevar a Dumuzi al inframundo, todos ellos volaron más allá de las montañas y se instalaron en la tierra de Kur (el inframundo). Asag es un demonio monstruoso que causa enfermedades; descrito como algo tan horrible que su presencia hace hervir peces vivos en los ríos. Se dice que era acompañado en la batalla por un ejército de sus hijos, demonios de roca, nacidos de su unión con las propias montañas. Este demonio sería derrotado por Ninurta o por Ishkur. El demonio Han-Bi o Han-Pa no es otro que el propio Satanas; y sería padre de Pazuzu; asociado con la serpiente del mal que tentó a Adán y Eva tenemos a Dimpemekug el demonio de la tentación.

Los Edimmu o Ekimmu eran fantasmas de los que no habían sido enterrados correctamente y que venían como malos vientos a chupar el aire de los vivos. Un grupo de siete demonios fueron puestos luego al servicio del dios Nergal/Erra, y eran llamados Sebitti, los siete dioses guerreros; es posible también que se trataran de las almas de grandes guerreros que muertos en la lucha fueron recompensados por el rey de infierno y convertidos en sus heraldos.

Hubo dioses de otros pueblos que luego fueron transformados y absorbidos por la cultura sumeria, quedaron al servicio de los dioses del inframundo; destacan: Sumuqan, dios acadio del ganado, que paso a cuidar el ganado de Ereshkigal y que era conocido también como Shakka, Shakkan o Amakandu. La diosa Belet-Tseri, era una diosa acadia conocida como ‘reina del desierto’ y que se convirtió en quien llevaba el registro de los muertos que entraban en el inframundo. Belet-Tseri era esposa del dios de los nomadas amoritas, Amurru; otro dios pastor y de las tormentas, conocido también como Sadi Belu o Sade Bel (señor de la montaña) y que puede ser equiparado al dios Ishkur/Adad. Nisroch, un dios asirio de la agricultura que tenía cuerpo humano, con alas y cabeza de águila y cuidaba el árbol de la vida; adorado por los habitantes de Nínive, donde se lo identificaba con Nusku; fue equiparado al demonio hebreo Belfegor, y este a su vez venia del dios Moabita de la región de Pe’or; llamado simplemente Baal-Phegor (señor de Pe’or). El demonio Druaga provenía del dios Ahriman (un dios persa) conocido también como Angra Mainyu y que era el opuesto a dios Ahura Mazda, literalmente “El gran sabio”; y en el dualismo zoroástrico, Angra Mainyu es el destructor (Satanás).

 

Las tablillas de barro hacen mención de un grupo de dioses menores, equiparables en poder a las ninfas y los sátiros griegos, que eran siervos de los dioses de la tierra y el cielo, y que cansados de tanto trabajo se pusieron en huelga y revelaron; por ello los dioses crearon a la humanidad para que les sirviera con sus ofrendas. Estos dioses menores, conocidos como Igigi, fueron expulsados de los palacios y se volvieron demonios.

Una de las tablillas de barro habla de como siete demonios creados por An/Anu atacaron a los hijos y nietos de En-Lil en los cielos. Estos hechos ocurrieron tras el regreso de En-Lin del Kur y donde su hijo Nannar/Sin (dios de la Luna) y los hijos de este: Utu/Shamash (El sol) e Inanna/Ishtar (Venus) subieron a los cielos y dieron paso a la medición del tiempo.

Los nombres de los siete demonios no son descritos en las tablillas, pero en la mitología caldea los siete dioses del mal fueron conocidos como Shedu, siendo representados en forma de toro alados. La apariencia de las furiosas tormentas, de esos dioses del mal, despiadados demonios, que en la bóveda del cielo fueron creados son descritos como sigue:

De estos siete, el primero es el viento del Sur …

El segundo es un dragón, cuya boca al abrirse no se puede medir…

El tercero es un leopardo sombrío, que se lleva a los jóvenes …

El cuarto es un terrible Shibbu (lazo que envuelve) …

El quinto es un furioso lobo, quien no conoce el miedo,

El sexto tiene tal desenfreno … que marcha en contra de los dioses….

El séptimo es una tormenta, un viento maligno, que trae venganza…

Al oscurecerse el brillante Nannar/Sin en los cielos (eclipse), En-Lil envía a su hermano Nusku por la ayuda de En-Ki, juntos todos los hijos y nietos de An/Anu vencen a los demonios; aunque Nannar nunca se recuperó del todo y es por ello que la Luna ya no brilla por si misma y solo refleja la luz de su hijo Utu, el sol.

Quiénes eran estos demonios; el primero, una tormenta del sur puede tratarse del demonio Han-Bi o Han-Pa , que no es otro que el propio Satanas; El segundo es un dragón, cuya boca al abrirse no se puede medir (puede tratarse del dragón Leviatán, la gran serpiente marina; o también hacer referencia al demonio hebreo Asmodeo que cabalga sobre un dragón y es el demonio de la lujuria que desposo a Lilith). El tercero es un leopardo sombrío, que se lleva se los jóvenes (entre los hebreos es equiparable al demonio Sidragasum/Bitru/Sytry, que tienta a los jóvenes al sexo) El cuarto es un terrible Shibbu, un lazo, que podemos vincular a los tornados (Samael en la mitología hebrea es el ángel de la muerte y el envenenamiento, amante de Lilith, lo identifican con el espíritu que se ocultó tras la serpiente para seducir a Eva; era representado empuñando una espada o un arco. Su nombre puede estar relacionado con la palabra del alfabeto hebreo samech, que se interpreta por ‘serpiente’ o con la palabra samiel o simún, que es el viento del desierto). El quinto es un furioso lobo, que no conoce el miedo (entre los hebreos Andras es un demonio con cabeza de búho, cuerpo desnudo de ángel alado, que cabalga sobre un lobo negro; es el espíritu de la ira y las discordias). El sexto va desenfrenado en contra de los dioses y no hablamos sino de la diosa Lamashtu o Labartu (en sumerio Dimme) un demonio femenino mesopotámico que luego fue asimilado por Lilith. Lamashtu era considerada hija de Anu, el dios del cielo, y a diferencia de sus compañeros demoníacos, ella hizo la maldad por su propia voluntad; seduciendo a los hombres, dañando a las mujeres embarazadas, a las madres y a los recién nacidos, bebiendo su sangre y causando la enfermedad y la muerte. Ella es en el mito mesopotamico compañera de nuestro último demonio, el séptimo descrito como una tormenta o viento maligno seco que arrastra a las plagas (langostas) no es sino el demonio Pazuzu.

Dos demonios de Mesopotamia tienen una estrecha relación con Lamashtu/Lilith; Alu era originalmente un demonio asexual, que se hizo en los atributos femeninos, pero más tarde se convirtió en un demonio masculino. Alu le gustaba de vagar las calles como un perro callejero por la noche y meterse en las habitaciones de las personas mientras dormían para aterrorizarlos. Se le describía como mitad humano y mitad demonio. En la tradición judía era llamado Ailo, y se decía que era una hija de Lilith, que ha tenido relaciones sexuales con un hombre. El otro demonio era Gallu, cuyo nombre era también utilizado como un término general o nombre múltiples demonios o de un grupo de ellos. Gallu aparece como Gello , Gylo o Gyllou en la mitología bizantina y es un demonio femenino que robaba a las madres los niños. Entre los Judíos, Gilû era considerado un nombre secreto para Lilith.

Los Demonios (origenes)

Los demonios: son muy recurrentes en muchos de los cuentos de horror, el hacer trato con los mismos, o el ser tentados por ellos; incluso el tratar de engañarlos, es parte de los cuentos de miedo. El origen de los demonios varia con cada religión; en la versión judeocristiana, Dios creó el universo al primer día y a los ángeles entre el primero y el segundo; al llegar el séptimo día, Dios descansó y no termino de crear completamente a los demonios, de ahí que sean seres horrendos. Una segunda versión habla de la rebelión en el cielo; Lucifer (el primer ángel y el más bello) se reveló contra Dios, por muchas razones (orgullo, envidia, y otros pecados), al tratar de imitar la creación de Dios dio origen a seres monstruosos (los demonios y diablos), y arrastró tras él un tercio de los ángeles, los cuales darían origen a los grandes demonios; una tercera versión habla que Adán, estando solo (no tenía a Eva, ni a Lilit), conoció (entendamos el termino bíblico de lo que esto significa) a uno o varios ángeles, que se enamoraron de esta criatura predilecta de Dios, y sus descendientes fueron los demonios. Sea cuan sea el origen de los demonios, lo cierto es que en esta tradición, Lucifer pasó a convertirse en Satán o Satanás, a él se le fueron uniendo dioses de religiones vecinas a los judíos, así Ba’al (que significa señor en Asiria y Fenicia) paso a convertirse en sus múltiples manifestaciones en los distintos demonios de la tradición, por ejemplo Ba’al Zebúb (señor de las moscas, seguramente por las que llegaban después de los sacrificios de sangre) dio origen a Belcebú, Ba’al Pe’or (señor adorado en el monte Fegor y asociado a la muerte y resurrección de la naturaleza) dio origen al demonio Belfegor; etcétera. Por otro lado la palabra demonio proviene del griego “daimon” y sería el equivalente a lo que son hoy en día los genios y duendes del hogar y la familia; esto también se aplica a los mitos árabes, en la cual los “Djinns” son parte del grupo original que creó Dios; así el origen de los genios esta vinculado a aquel segundo tercio de ángeles que no participaron de ningún lado en la guerra de los cielos, dando origen así a los ángeles (bien), los demonios (mal) y los genios (lo que deseen); así la idea de demonios como un tipo de genio malvado, contrario a los dioses es común en el oriente, en India y en China, que representan las enfermedades, la miseria y los pecados.

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